ATENCIÓN: A partir de este capítulo, finalizan los capítulos T rating y comienzan los M XDDD. Quería avisar –para los que buscan el fic por la clasificación- Que a partir de ahora va a estar en la categoría M, es decir, pasa a ser más explícito y todo. Los que a partir de aquí no quieran seguir leyendo, está perfectamente bien, y los que quieran seguir, ¡Gracias! : D
Ok, otro aviso más: Esto es más una aclaración que nada, pero voy a tratar de poner una trama un poco más ordenada a partir de ahora, con más personajes y toda la wea (?) así que disfruten y lean tranquilos xDD. Por cierto y antes de que se me olvide, en este fic supónganse que estaban en Marzo cuando lo empecé, así que como ya pasó un mes de su aniversario de vivir juntos, están en Primavera XD.
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Besos, caricias, mordidas, rasguños, embestidas… gemidos: dulces, dulces gemidos lo recompensaban. Por cada cariño que le hiciera a su piel, por cada rose que hiciera dentro de él, el menor gemía. Cada susurro de adoración profunda que le regalaba, hacía al menor suspirar su nombre, con la respiración entrecortada mientras la cama rechinaba por sus acelerados movimientos, acompañando el ritmo al que ambos corazones latían.
El albino proporcionaba besos y suaves mordidas, no permitiéndose herirlo mientras se deleitaba con el cálido interior del muchacho; el menor –por su parte- daba apasionados gritos y rasguños como muestra de su gozo con aquel acto, a veces dejando algunos besos sobre los labios del contrario, tratando de retener aquel instinto, esas ansias de morderlo, convertido en una bola de lujuria.
— ¡N-No pares, no pares! —Gritaba ya sin aliento el de ojos verdes, los cuales se habían obscurecido con el creciente placer que el mayor le entregaba, dejándose dominar mientras sentía ya cerca su propio éxtasis.
Haciendo caso omiso de las palabras del pecoso al que tanto adoraba, callaba sus exclamaciones mientras continuaba en complacerlo, haciendo más rápido el vaivén de sus embestidas, tratando de llegar tan profundo como podía...
Pronto los gritos de placer se fueron haciendo lejanos ecos, el delicioso sentimiento de ser apretado por el candente pecoso desapareció por un instante; su vista en blanco debido a su repentino despertar.
— ¿Pero qué…? — fue todo lo que pudo decir, aún adormilado y medio soñando; lentamente se incorporó, pasando a sentarse sobre su cama mientras dirigía su mirada al despertador, logrando ver finalmente la hora. — Las cuatro y media de la mañana… vaya, no me sorprende…
Al intentar moverse, pudo sentir la pegajosa sustancia blanquecina humedeciendo sus pantalones y provocándole más molestia de la que ya tenía por haberse despertado. Suspirando pesado, se decidió por levantarse y tomarse una ducha, tal vez eso le permitiría dormir un poco más y le bajaría un poco las hormonas de la cabeza.
Eligió su otro pijama más cómodo, buscó cualquier par de bóxers que pudiera encontrar, y se dirigió al baño, sorprendido al encontrar la puerta del pecoso cerrada y al pobre gato encerrado afuera, maullando indignado por haber sido dejado de lado. Escuchó pasos dentro de la habitación, y el incesante murmullo de hojas siendo trazadas con ferocidad, "Debe estar inspirado" pensó para sí el albino, abriendo la puerta con cuidado de no hacer ruido al notar que no tenía puesta llave. No lo asombró para nada encontrarlo con la cara casi pegada a la tela que colgaba de un pobre y viejo atril de madera, mientras trataba de hallar el color correcto en su paleta, acabando en un tono parecido al de la piel del albino. Hipo, que parecía finalmente contento con el color logrado, se sonrió mientras se dedicaba a pintar –ahora con más delicadeza- sobre la tela, nuevamente concentrándose en su pintura. "Debería darse un descanso, es algo tarde para andar pintarrajeando".
Una vez cerró la puerta con el mismo cuidadoso silencio, dio un largo y agotado bostezo, finalmente metiéndose a la ducha, aquellas imágenes que había visto en su fantasía comenzaban a regresar y prefería bañarse con agua fría a tener que explicarle al menor por qué de repente había tanta ropa para lavar.
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— ¡Déjame dormir! — Gritó el pecoso, aún medio dormido mientras su gato seguía pegándole en la cabeza como castigo por dejarlo fuera la noche anterior. Los maullidos irritados del pobre felino eran su manera de decirle que ya no pedía, sino exigía comida y más respeto para su gatuno ser. — ¡Sé que estás enojado pero yo tampoco dormí!
Viendo la cara de "Eso no es mi culpa, esclavo." Del gato, le lanzó la misma mirada sarcástica y se levantó de su cómoda cama, viendo como su gato mascota se acurrucaba ronroneando sobre las sábanas. Suspiró exhausto, escondiendo la pintura que tanto lo desveló la noche anterior, decidiéndose por ponerla sobre el armario. Bajando las escaleras comenzó a escuchar la televisión, estaban las caricaturas preferidas de Jack, al igual que su desayuno preferido estaba sobre la mesa. Le sorprendió, sin embargo, ver que el albino no se encontraba en ningún lado donde pudiera ser visto.
Se sentó sobre la mesa, contento de ver algunos sándwiches de nutella y helado de vainilla para los dos en sus respectivos platos. Cuando se iba a poner a comer, escuchó al mayor entrar por la puerta de atrás, trayendo algo de ropa limpia y entre todo eso pudo ver… ¿Su pijama?
— Buenos días, Jack… — Observó como el mayor de repente se dio vuelta, viéndolo sorprendido mientras trataba de meter la ropa en la secadora lo más rápido posible y recibiendo un pequeño gesto con su cabeza como saludo. — ¿Tuviste un accidente anoche? — Sonrió con su mejor sonrisa pícara, notando como el sonrojo del mayor crecía y crecía mientras continuaba fallando en meter su pijama dentro de la secadora.
— N-Nada raro, sólo me… Uuh, me… D-Daban calor, sí, eso es todo. — El nerviosismo del albino sólo lo hacía todo peor, siendo que tuvo que llegar hasta a darle una patada al aparato para que entrara toda la ropa.
— ¿Estás seguro~? — Haciendo como si su desayuno no fuera importante, se acercó al mayor con paso felino, lentamente inclinándose sobre el mayor, haciendo que este casi se sentara sobre el pequeño aparato. Suavemente se posicionó sobre él, acariciando su cabello con una sonrisa dulzona, plantando besos sobre su frente y mejillas mientras el mayor se iba perdiendo en el contacto… o eso hasta que su gato llegó bufando como loco, asustado de la nada.
Ambos dirigieron la mirada hacia donde el gato gritaba "peligro", viendo a Astrid parada en la entrada, con uno de los sándwiches a medio comer en la mano, el gato bufaba sí… pero ahora veían que no era de susto por la muchacha, sino por un desconocido para él; Justo a un lado de Astrid, estaba parado otro chico, de expresión socarrona, cabello azabache y ojos marrón café lodo*… El primo de Hipo…
— ¿¡QUÉ DEMONIOS HACE PATÁN AQUÍ!? — Gritó indignado el pecoso, mientras Jack lo miraba confundido.
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Marquitas (*): Si alguien no ve la serie "Dragones: Defensores de Berk" en Cartoon Network, esto es una referencia al capítulo "Liberen a Scauldy", donde Astrid describe el color de los ojos de Patán como color café lodo XDD.
