¡Hi hi! Supongo que se habrán preguntado donde estaba y todo eso XDD, bueno, en realidad no estaba muy inspirado y tuve que dejar un buen rato hasta que me volvió; no quiero tener que dejar todo esto a medio terminar así que esperé por un rato. Buah, a lo que vine (?), voy a necesitar que alguno de ustedes, si son tan amables, por favor me dejen el guion medio para poder copiarlo desde el review, del fanfic no me lo permite. Con eso ya me bastaría para poder configurar el Word y que me corrija el guion alto (-) con el que siempre utilizo para los diálogos. Bueno, gracias por pasarse a leer, y espero que les guste este nuevo cap. Como ya había dicho, esto ya va a estar en la categoría M por lo explícito y todo. Listo, lean tranquilos :)
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La cara de Hipo estaba tan roja que hubiera humillado al más maduro de los tomates; el color logrando obscurecer su piel al punto de que apenas lograba verse las miles de pecas que le cubrían el rostro. Podía sentir su cara acalorada, que ardía como si hubiera estado al sol todo el día o con fiebre. Sus ojos estaban clavados en el muchacho frente a él, que comía contento lo que pasó a ser su desayuno, mientras la rubia discutía con Jack sobre por qué el gato tenía que estar sobre la mesa cuando ellos aún estaban desayunando, los terribles maullidos indignados del felino hacían eco en la mente del pobre pecoso.
Todo el ruido de la casa lentamente hizo al castaño comenzar a perder la paciencia, las voces de su compañero y las visitas inesperadas comenzaban a provocarle zumbidos graves en la cabeza. El no haber desayunado y estar algo… erecto todavía no estaba ayudando a la situación, por lo cual decidió levantarse de la mesa –su imagen de la realidad ya algo distorsionada debido al leve mareo que sentía- y prepararse algo de desayunar, su anterior desayuno estaba ahora en manos de su insoportable primo y parecía disfrutarlo mucho más por esa misma razón.
Soltó un largo suspiro de cansancio y entró a la cocina, escuchando a Astrid levantarse y caminar hacia él, su sonrisa casi plasmada en la mente del muchacho aunque no pudiera verla, conocerse desde hacía tanto tiempo era una ventaja después de todo. Decidió no voltear a observar dicha sonrisa y se dedicó a prepararse una buena taza de café con leche, esperando que este lo despertara un poco mientras iba llenando de comida el plato de su felino, que a su vez se acercó apareciendo repentinamente contento, sus dulces ronroneos audibles para ambos amigos.
Astrid, que ya había notado el estado de ánimo del castaño, comenzó a lavar lo que había quedado del día anterior, por una parte como gesto de agradecimiento por atenderlos, y por otra parte por el leve sentimiento de culpa que se había acomodado en su cabeza. Buscaba la rubia las palabras correctas para hablar con Hipo antes de que este se desmayara o acabara lanzando la taza al suelo por andar distraído, pero antes de que pudiera decir algo, dicho pecoso interrumpió sus pensamientos.
— Aún no me dijiste a qué demonios vinieron o por qué trajiste a Patán, Astrid. — Tarde pero seguro, Hipo finalmente habló antes que la muchacha, mirándola con ojos cansados y algo irritados; la chica sólo supuso que se había desvelado haciendo alguna de sus tonterías artísticas la noche anterior.
— Bueno… Sólo digamos que quería venir a molestarte y pensé "¿Qué mejor manera de alegrarle la mañana a Hipo? ¡Pero claro! ¡Traerle de visita a su primo!" — Una sonrisa socarrona se hizo paso en sus labios, pero lentamente se ablandó un poco, viendo que en realidad al pobre chico nada de la situación le resultaba chistoso. — Oh vamos, ¿Vas a decirme que te molesta que te viera con tu novio? No es la primera vez que los encuentro así, pecoso, y lo sabes.
— En realidad, no somos novios Astrid, creo que es la Trigésimo Cuarta vez que te lo digo esta semana. — Al fin una sonrisa algo débil se asomó por el rostro de Hipo, pero era una sonrisa después de todo.
Con los ánimos algo más altos, esta vez ambos entraron en el comedor, pero no para hallar la paz en la que se fueron, sino más bien un caos de helado de vainilla y nutella por todas partes, trozos de pan con ambas delicias volaban por los aires, en lo que parecía ser un campo de batalla para los dos idiotas que tenían frente a ellos.
Al momento en el que entraran los mejores amigos, Jack se detuvo a medio lanzamiento y acabó recibiendo uno directo en la cara, lo cual no logró inmutarlo de ninguna manera comparada con el rostro lleno de ira que se iba formando en el menor. Tragó con dificultad y lentamente ambos tontos comenzaron a limpiar el desastre; Claro que pocos minutos después fueron echados a patadas al patio trasero, mientras los otros dos limpiaban.
Al cabo de media hora, ya todo estaba limpio y ordenado, Hipo y Astrid desayunaban dentro y los causantes del alboroto matutino seguían sin entrar, más por miedo a la cólera cada uno por su parte que por otra cosa. Finalmente, ambos muchachos entraron, siendo olímpicamente ignorados por los que aún se encontraban desayunando, o eso hasta que Jack decidió hablar.
— ¿Puedo entrar sin ser atacado o aún tengo que esperar? — Fue todo lo que se le ocurrió decir, y por la expresión en la cara de Hipo supo que sería castigado tarde o temprano cuando las "visitas" se largaran de la casa.
— O entras ahora, o te quedas afuera todo el día. Tú decides. — La cortante respuesta del castaño fue suficiente para el dúo que había quedado afuera, y que ahora se dignaba a poner un pie dentro de la casa.
Tal vez dos o tres horas más tarde, Astrid se ofreció a ayudar a Hipo y poner la mesa. El castaño tenía el día libre tanto en el trabajo como en la escuela y estaba decidido a dedicar su alma al almuerzo por muy mal que cocinara. Mientras aumentaba el barullo en la cocina y el… Patán de Sander –ese parecía ser su nombre- se robaba algunos de los videojuegos, a Jack se le dio por subir a hacer algo por el pecoso, y algo significaba hacer ambas camas. Apenas había dado un paso dentro de la habitación del menor, y ya podía sentir el olor a pintura que había quedado de la noche anterior; Claro que entre ese aroma estaba el de la colonia preferida del castaño y la fragancia frutal que usaba para perfumar un poco la habitación, pero lo que más atraía la atención del mayor era esa colonia, tan dulce y a la vez tan tosca, como a pino y menta.
Sin darse cuenta, siguió el aroma hasta la cama del muchacho, donde lentamente se recostó boca abajo, aspirando ese olor que tanto le recordaba al contrario; Suave y lentamente fue quedándose dormido, el más leve de los sonrojos cubriendo sus mejillas a medida que la imagen del menor se hacía más clara en su mente y sus ojos se cerraban, sus parpados pesados debido a la dulce caricia del Sandman sobre ellos.
No debían de haber pasado más de 30 minutos desde que Jack se había quedado dormido, e Hipo comenzaba a preguntarse dónde estaría el albino con el que compartía el hogar; ya era suficientemente raro que Patán se quedara quieto y callado por tanto tiempo, y que el de ojos azules desapareciera tan de repente simplemente fue la más clara prueba de que algo andaba mal. Temiendo que el mayor hubiera tenido uno de esos "pequeños" accidentes, subió rápidamente las escaleras, revisando primero en el cuarto del contrario, luego en el baño y finalmente en su propio cuarto, donde lo halló dormido y murmurando una que otra cosa inaudible. Suspiró aliviado al encontrarlo, pero pasó muy rápido aquél alivio hasta que lo atacó otra preocupación; Buscó por todas partes señales de que hubiera estado buscando algo, o tal vez de que más bien lo hubiera encontrado, pero por el contrario halló todo en su lugar. Lo único extraño de aquella situación era que el mayor no se hubiera despertado cuando él entró, siendo que por lo general parecía tener un sentido exclusivo para eso.
Una vez acomodados los pensamientos del castaño, se dedicó a sacar al albino de su cama con delicadeza, intentando mantenerlo dormido mientras hacía su cama. Nuevamente, el consuelo de saber que no había hallado nada que pudiera comprometer su convivencia en el departamento se había esparcido por completo en él, logrando tranquilizarlo hasta que acabó con ambas camas, colocando a Jack sobre la que le correspondía. Bajó nuevamente las escaleras y se dedicó a terminar de hacer el almuerzo, el ruido que se había armado en la cocina al principio ahora había disminuido considerablemente, lo suficiente como para seguir cocinando cómodamente.
Jack, por su parte, no pasó mucho más tiempo dormido, ya que al haberlo sacado Hipo de las cálidas sábanas de la cama, lo distrajo de los dulces y algo pervertidos sueños que había estado ideando hasta ahora en su mente. Al acercarse nuevamente a la habitación del pecoso, lo halló todo limpio, lo cual lo decepcionó un poco "Si no fuera un maníaco de la limpieza lo hubiera ayudado" fue todo lo que pudo pensar, mientras se sentaba a espiar en algunas de las cosas que se encontraban en la cómoda habitación del castaño.
— Fotos, cartas… sea lo que sea eso, lápices, pintura… Vaya que no se da un descanso. — Profirió el albino un largo suspiro irritado, ya no recordaba el por qué de haberse metido nuevamente al cuarto de su compañero, pero sus pensamientos cambiaron cuando halló algo que logró llamar su atención.
Un cuadro bastante grande reposaba sobre el armario del chico, estaba dado vuelta sobre la pared, de alguna manera ocultando el retrato que había pintado el menor. Jack, en su más puro estado de curiosidad, se trepó a uno de los muebles y alcanzó dicho cuadro, finalmente observando el parecido del muchacho del cuadro consigo mismo.
— Sabía que era guapo, pero la verdad no pensé que tanto… — Una suave risa escapó de sus finos labios, hasta que se dio cuenta de lo que tenía frente a él… — ¿Por qué sería que a Hipo se le dio por dibujarme?... es decir, soy muy apuesto, pero se supone que me odia… ¿Verdad? …
— ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo en MI habitación? — La voz irritada del pecoso hizo dar un buen salto del susto a Jack, quien de inmediato dejó el cuadro sobre la cama e intentó alejarse lo más posible de él. Hipo, por su parte, cerró con llave la puerta detrás de él, y se acercó rápida y peligrosamente hacia el mayor.
Jack, que hasta el momento seguía pegado a la pared como protección, intentó hacerse más para atrás en vano, el menor ya lo tenía acorralado y por su mirada parecía que no tenía planeado dejarlo huir. Su rostro se puso enteramente rojo cuando sintió el suave toque de los delgados dedos del castaño sobre su pecho, mientras estos lentamente hacían su camino hacia abajo, marcando con caricias el sendero desde su abdomen hasta su entrepierna con descarado cuidado.
El albino no pudo evitar sus gemidos cuando sintió la mano del muchacho frente a él meterse dentro de sus pantalones, tocando ahora más abiertamente su intimidad mientras lo observaba fijamente, sus ojos obscurecidos entre la ira y la lujuria que se habían asentado en su "inocente" mentecita.
— ¿Qué fue lo que hablamos sobre entrar a mi habitación sin permiso, Jack? Hace ya un año que vivimos juntos y pareces no comprender nada de lo que te explico con tannnto amor y cariño~ — El menor acercó los labios al oído del albino, proporcionándole pequeños besos y mimos mientras se encargaba de acariciar el bulto ya más prominente de su compañero.
— S-Sé que ya lo hablamos pero… ¿P-Podemos por favor al menos hacerlo esta vez? — Mala fue la propuesta del mayor al parecer, ya que lo único que provocó en el menor fue una risilla traviesa y un buen apretón a su intimidad.
— Pobrecito, en verdad crees que yo me aprovecharía así de ti~ — Nuevamente se alejó, dejándole ver su sonrisa al mayor a medida que se acercaba a besarlo con cuidado, el contrario lentamente se resbalaba hasta el suelo, cosa que Hipo aprovechó para poder acomodar su redonda retaguardia sobre aquella pequeña "carpa" que se había formado en los pantalones del contrario, los suaves movimientos de su cadera haciéndolo temblar.
Lentamente, los gemidos del albino se fueron haciendo más audibles debido a la atención que su parte íntima estaba recibiendo en ese momento, estaba bastante contento con la sensación que le provocaba la caricia de ese delicioso y virginal trasero sobre su zona más sensible; Lo único malo que Jack en realidad podía sacar de esta situación no era más que el hecho de saber que Hipo SÍ se aprovecharía de su vergonzosa situación, y que de hecho acabaría utilizándolo contra él un millón de veces más, tal vez hasta querría humillarlo públicamente siendo que se encontraban tanto Astrid como ese tipo Patán en el piso de abajo. Recordando esto comenzó a sentir como sus pantalones eran desabrochados, una mano traviesa parecía no conformarse con tocar sobre la fina tela de los bóxers azules del contrario, ahora entrando en contacto directo con la piel del miembro del mayor, que se encontraba ya casi completamente erecto por las cariñosas caricias que había estado recibiendo.
Como Jack había supuesto, en el piso de abajo comenzaban a escuchar los apasionados gemidos desde la habitación del pecoso, y Astrid no tardó demasiado en reaccionar para arrastrar con ella al de cabellos azabache, quien creía que iba a coquetearle o algo… claro que no terminó así. Apenas subieron a la habitación y hallaron la puerta con llave, Astrid se encargó de forzar la cerradura mientras Patán iba por la escoba en caso de necesitarla. Al cabo de algunos minutos, la puerta finalmente hizo un silencioso click y se permitió abrirse para ambos; Astrid la empujó suavemente, y no tardó en enrojecerse así como no había tardado en abrir, porque lo que halló no era nada parecido a algún tipo de acoso por parte de Jack a Hipo… sino más bien Al revés.
Hipo se encontraba sobre el albino, mordiendo su cuello con astucia mientras el contrario simplemente se retorcía con el exquisito toque de sus manos, casi derritiéndose por lo que la rubia y el de azabaches cabellos llegaban a ver. El castaño ya había dejado de morderle el cuello al mayor y ahora estaba murmurando cosas bastante obscenas en su oído, aprovechando para seguir acariciando el miembro ya completamente erecto del contrario. La cara del de ojos zafiro, sin embargo, era algo que no siempre se veía a comparación con las situaciones constantes en las que eran atrapados, esta vez estaba completamente entregado y no había dejado de gemir y suspirar, casi rogando por algo más de ese toque tan delicioso que le era otorgado.
Ya las excusas no le servirían a Hipo para explicarle esto a la rubia, que decidió darle una buena patada a la puerta para descargar la creciente furia que se le estaba subiendo a la cabeza. TODO un año, diciéndole que era el albino el culpable de todos sus problemas y de su estrés tan seguido como estaba; Hipo tendría que ser su esclavo todo un año para poder compensarle toda la preocupación que había tenido encima debido a los "problemas" de los que tanto se quejaba, y si no lo mataba un auto en su carrera por escaparse de ella, sería quien lo matara apenas se tropezara.
— ¡HIPOOOOOOOOOOOOOOOOOO! — El furioso grito de la muchacha lo escuchó casi todo el vecindario, así como el sonido de cosas estrellándose contra el suelo en el departamento, y alguno que otro grito desesperado por huir, pero nada más… o eso creían los pobres vecinos hasta que los vieron correr por casi todo el lugar, los insultos que escapaban de la muchacha no eran nada comparado a lo que se escuchaba en la televisión.
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— Siempre supe que eras gay, Hipo~~ - Dijo el primo del pobre pecoso, esbozando su sonrisa más socarrona mientras observaba como al castaño el sonrojo se le subía hasta las mejillas, su rostro tornándose cada vez más y más rojo.
—Tú cállate, idiota, hasta yo tuve más oportunidad que tú de salir con Astrid y si no fueras tan feo tal vez te iría mejor. —Se cruzó de brazos, volteando el rostro hacia la chica a su lado, quien sólo revisaba sus uñas con gesto de aburrimiento tras el escándalo que habían hecho en el lugar. Por supuesto que ya todo estaba limpio –Hipo se vio obligado a limpiar todo- Lo único que no estaba limpio era la mente del pecoso, que seguía centrada en recibir una respuesta por parte de su amiga.
— La próxima vez que necesites ayuda, sólo dímelo. No esperes a que venga y te encuentre haciendo eso otra vez, ¿Hecho? — Hubo un silencio de aprobación en la casa, sólo el sonido de la risa de Patán se escuchaba mientras ellos almorzaban dentro…
Todos menos Jack, claro, al que Astrid había sacado afuera para pagar por no haber evitado la situación, estaba no sólo almorzando afuera, sino también cuidando del exigente felino de su compañero. Pobre, de haber sabido que los roles se invertirían así, no estaría siendo arañado por el gato ¿Cierto? Pero por supuesto que sí.
