Pasaron algunas semanas desde el último incidente ocurrido en el departamento que compartían los desdichados compañeros, ninguno se hablaba o se miraba y el silencio en el lugar se había instalado allí al parecer para ya no largarse. Los maullidos del gato aún atormentaban a los jóvenes por la noche, el sonido de las tareas diarias aún estaba presente, pero tras la visita tan inesperada de los amigos de Hipo, en la casa ya no se oía ni una palabra.
Jack parecía ofendido desde su último encuentro y apenas había salido o había cruzado la mirada con el otro muchacho desde entonces. Ambos iban a sus respectivas universidades, a sus respectivos trabajos, a sus respectivas habitaciones, aunque aquello molestara tan sólo a uno.
Daban las 8:30 A.M. en Burgess Hill Pass, y era ya casi un mes de no hablarse. Las frases clichés sobre los pajarillos cantando en el techo estaban totalmente descartadas para aquel día de lluvia torrencial. Las clases se habían cancelado, Hipo no podía asistir a su trabajo en bicicleta y no estaba dispuesto a pedirle a Jack que lo llevara. El albino, por su parte, tenía el día libre en su trabajo y estaba echado en el sillón, mirando por la ventana y oyendo el monótono sonido de la lluvia y los truenos que se escuchaban desde afuera. Lo máximo que llegó a hacer el albino que estuviera más o menos relacionado con el chico de pecas que se encontraba en la cocina, fue pedirle que cerrara la ventana cuando vio que el gato estaba intentando salir al patio en medio de la lluvia. "Ese sí que es un gato extraño" dijo para sí, volviendo a caer en el silencio cuando oyó el ligero "click" de la ventana siendo trabada. Los desesperados maullidos del gato fueron el siguiente sonido que llenara sus oídos, pero haber vivido con el otro muchacho durante ya casi un año y medio le dio la suficiente paciencia como para pasar por alto la indignación gatuna.
Hipo, que ya comenzaba a hartarse del insoportable silencio que los rodeaba, se acercó a la sala de estar, encendió el televisor y acto siguiente conectó el DVD. Podía sentir la mirada desconcertada del mayor sobre él, y decidió no prestarle mucha importancia mientras elegía alguna de las películas que compartían en gusto. "Coraline" fue la elegida y la colocó en el aparato, para luego pausarla en lo que preparaba algunos bocadillos para sentarse a ver la película. Jack, que seguía observándolo con cierta preocupación, se acercó a la cocina… pero no lo hizo en muy buen momento. Hipo se encontraba agachado, buscando entre los cajones la pequeña cazuela donde preparaba las palomitas de maíz que tanto le gustaban, moviendo su cadera sin mucha preocupación ya que no había advertido la presencia del contrario en la cocina todavía.
Los pensamientos de Jack rápidamente se transformaron en pequeñas fantasías que intentaba alejar de su mente, pero como ya se ha mencionado varias veces… ni Jack tenía mucha voluntad ni su mente era lo suficientemente fuerte como para quitarse aquello de encima tan rápido.
Cuando Hipo finalmente se levantó, Jack carraspeó suavemente para llamar su atención, logrando hacerlo pegar un buen salto del susto. Una mirada acusadora fue todo lo que recibió cuando el menor nuevamente se dio la vuelta, poniendo al fuego la cazuela con agua y azúcar, dedicándose únicamente a hacer las palomitas mientras Jack ponía la cafetera en funcionamiento. Pocos minutos más tarde, tenían las palomitas y dos tazas de café con leche; aún no se hablaban, pero el silencio entre ellos ya no pesaba tanto como el anterior, sino más bien era un silencio cómodo y reconfortante para ambos. Se sentaron en el sofá más cómodo que encontraron a intentar mirar la película y analizar la situación para que nada más sucediera.
El transcurso de la tarde fue bastante normal a partir de entonces, sólo que a medida que fueron cambiando de películas, también fueron cambiando de posición en el sofá, hasta el punto en el que Jack estaba recostado de espaldas con Hipo sobre él, el menor con su cabeza apoyada sobre el pecho del contrario. No pasó mucho hasta que se dieron cuenta, estaban en medio del drama de una película vieja bastante aburrida cuando finalmente Hipo levantó la mirada y encontró que la del mayor también se encontraba sobre él.
Lo que sucedió después de hecho fue repentino, el castaño se fue acercando lentamente al rostro del contrario, hasta finalmente encontrar sus labios en lo que parecía ser un beso de "disculpas"… o eso hasta que Jack decidió profundizarlo, tomando con dulzura el rostro del menor entre sus manos y correspondiendo al beso con aún mayor astucia de la esperada. Suavemente, las manos de ambos comenzaron a explorarse mutuamente, mientras Jack se iba posicionando para sentarse, la película ya olvidada al paso que ambos muchachos se iban perdiendo el uno en el otro. Al cabo de los algunos minutos, las ropas ya estaban en el suelo, y comenzaban a oírse los leves gemidos de placer por parte de ambos muchachos. Hipo, que comenzaba a atontarse con las caricias y los besos que estaba recibiendo, sintió como Jack lo posicionaba contra el respaldo del sillón, apegándose más a él y acariciando todo aquello cuanto alcanzaban sus manos. Perdido en tan deliciosas atenciones, también llegó a sentir como el contrario metía mano en su intimidad, logrando hacerlo soltar un gemido ahogado mientras echaba su cabeza hacia atrás, la repentina ola de placer le recorría todo el cuerpo haciéndolo temblar entre los brazos del albino.
Al fin intercambiaron palabra tras un mes de silencio, siendo el de ojos zafiro –que ahora se encontraban obscurecidos con lujuria- el que proporcionó las primeras palabras.
— Amo tu voz… por favor, déjame oírte — Fue su leve súplica mientras tomaba el rostro del menor y juntaba sus frentes, sin dejar de acariciar el miembro del pecoso, complacido al oír los apasionados gemidos y suspiros del castaño frente a él, que lentamente se había acostumbrado a su toque haciendo movimientos con su cadera al tiempo que recibía aquellas caricias.
Pronto, las caricias del mayor se volvieron leves tirones un poco más ajustados a la intimidad del castaño, logrando arrancarle aún más de aquellos sonidos que lograban hacer su imaginación volar como el primer día. La mente nublada de Hipo sólo podía pensar en lo que se encontraba haciendo con su compañero, estando entre avergonzarse o seguir gozando de las gentiles atenciones hacia su miembro. Poco pasó hasta que se decidiera por tomar con su propia mano el miembro del albino, ofreciéndole el mismo placer que él sentía, sonriendo algo pícaro cuando este comenzó a dar leves embestidas contra su mano.
La lluvia, la película, el gato, todos fueron olvidados bajo el creciente calor que se acumulaba entre los muchachos a medida que se acercaban más y más a sus propios orgasmos; Incluso la tensión que hasta hace poco había entre ellos yacía olvidada debido al acto, casi de cariño, que compartían los compañeros de departamento. Los gemidos se volvieron ligeros gritos, las suaves embestidas se volvían frenéticas al igual que su ritmo cardíaco. Acercaron sus rostros para unir sus labios en un apasionado beso cuando ambos acabaron en manos del otro, sus respiraciones agitadas cuando finalmente se soltaron.
— N-No me esperaba… Que esto acabara así…. — Decía casi sin aire el menor, limpiando con cuidado los restos de su orgasmo que se habían esparcido sobre el contrario. No se sorprendió al sentir los cálidos labios del albino tocar los propios, correspondiendo con dulzura al gesto de cariño que le era otorgado.
— A decir verdad… no me arrepiento de nada~ — Fue todo lo que logró decir el albino, antes de colapsar sobre el menor, dejándose rodear en un amoroso abrazo, a medida que ambos se iban quedado dormidos. El cansancio que se posaba sobre ambos tras tan fervoroso acto dio paso al más dulce de los sueños, mientras los terribles maullidos del gato de Hipo eran callados con un… "cariñoso" zapatillazo de parte del albino.
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— Entonces… esto significa que ya somos-
— No. No somos nada después de eso… — Hipo, que se encontraba disculpándose con su gato por no haberle dado de comer, se había adelantado a aquella pregunta desde que se despertó con el peso del albino sobre él y una sustancia pegajosa entre ambos. No tenía pensada una relación con el albino por ahora y no pensaba tenerla hasta conocerlo más -¿Quién dice que un año es suficiente para conocer a alguien?- y por lo tanto no estaba en consideración todavía.
Jack, por su parte, se dedicó a hacer trompitas y berrinches para recibir alguna otra muestra de afecto por parte del pecoso, resignándose al ver que a este se le daba por ignorarlo. Mala idea de su parte fue haberse acercado a él por detrás –como tantas otras veces- y haberle hecho tirar su última taza de porcelana al suelo. Sonriente y complacido con la reacción del menor, no se había puesto a pensar en que este aún tenía un As bajo la manga, y como tantas otras veces, lo atrajo a su red para luego lanzarlo fuera de la cocina junto con el gato, mientras preparaba la cena algo indignado. "¿Quién demonios te creíste?" estaba entre las fervientes críticas del pecoso hacia el albino que se había quedado del otro lado de la puerta.
