6:50 AM, el sol apenas estaba comenzando a hacerse presente y sin embargo ya escuchaba ruidos en la parte inferior de la casa. Usualmente, cuando se oía algún sonido, no era más que su gato revolviendo entre los gabinetes hasta que encontrara algo de comer, pero esta vez se escuchaba diferente. Estaban en plenas vacaciones, Jack estaba completamente descartado hasta después de las once de la mañana, así que tenía dos opciones: Una, su gato estaba siendo especialmente cuidadoso al rebuscar entre los gabinetes de la cocina, o Dos… alguien había decidido entrar a robar. Decidiendo bajar a inspeccionar, tanteó debajo de su cama hasta encontrar un bate viejo que tenía abandonado desde hacía algunos años y lo empuñó con fuerza sólo en caso de que tuviera que utilizarlo. Al terminar de bajar por las escaleras, sin embargo, no se encontró con ningún ladrón escurridizo ni tampoco con un pequeño desastre por parte de su compañero gatuno, sino más bien se halló de frente con un montón de cabellos coloridos, cortos y alborotados, un par de ojos púrpuras tan brillantes como gemas, y una sonrisa igual de radiante haciendo juego; era una sonrisa que se le hacía demasiado conocida para su gusto, una sonrisa demasiado parecida a la del muchacho que se hallaba junto a esta completa extraña. ¿Qué rayos hacía Jack despierto a esa hora? Dejó de lado el bate para luego mirar a ambos jóvenes más extrañado que sorprendido.

— ¿Este es el chico del que tanto me has hablado? ¡Oh, Jack, es aún más adorable de lo que me imaginaba! — Por un momento, parecía algo salida de sí, o al menos eso fue lo que logró ver antes de que aquella muchacha se le abalanzara y lo atrapara en un abrazo bastante fuerte, acompañando al momento con risillas divertidas que fluían de ella tan libremente como el canto de los pájaros.

— Jack… ¿Es tu hermana? Creí que sería más pequeña… — La muchacha se veía lo suficientemente joven como para serlo tranquilamente. Jack le había hablado de sus familiares hace no mucho tiempo, y había mencionado alguna vez tener una hermana pequeña, tal vez se había olvidado de mencionarle a su hermana mayor. El parecido con el de ojos azules era realmente innegable, sus rostros eran finos, sus ojos grandes y de un color bastante llamativo, pero cuando Jack describió a su hermana menor, no se esperaba aquella apariencia, esta ¿Mujer? Lucía de unos veinte años o sólo un poco más, no podía ser mucho mayor que Jack. Estaba demasiado concentrado en ofrecerse a sí mismo una respuesta cuando el albino finalmente logró sacarlo de su burbuja.

— No, no es mi hermana. Es mi tía, Hipo. — Dicho aquello, la expresión confundida y sorprendida del menor hizo a Jack reír, tal vez demasiado para su gusto ¿Es que acaso no podía confundirse? Ni siquiera sabía tanto de la familia del de ojos zafiros como para diferenciar entre sus hermanos y su familia por parte de sus padres. Oyó carraspear al mayor y nuevamente dirigió su mirada a él, aunque no se le estuviera dirigiendo directamente. — Tía Anna, él es Henrick, lo llamo Hipo por razones así como a ti te llamamos "Tooth".

Hubo un silencio cómodo entre ellos por unos momentos, Jack al parecer les estaba dando espacio para conocerse y formar vínculos… aunque su tía hasta ahora no hubiera hecho más que tirar de sus mejillas y repetirle cuán adorables eran sus pecas y cuán fuertes eran sus dientes; no paraba de repetirle que debería usar más hilo dental y conseguirse a algún buen odontólogo que se ofreciera a ponerle frenos por un precio justo, como ella ¡Sí, sí, ella sería quien lo hiciera! Claro que primero deberían conocerse bien y debían hablar y entonces tal vez considerara hacerle un descuento. De eso fue de lo que hablaron en su mayoría, entre otros temas como la cocina, la decoración, por qué lo llamaban "Hipo" y no "Henrick" cuando ese era un nombre tan bonito para un varón. Muchas cosas fueron discutidas y, cuando dieron las 8:30 AM, Jack decidió comenzar a hacer el desayuno.
El muchacho de cabellos blancos se dirigió a la cocina, dispuesto a prepararse algunos waffles para él, tres tazas de café, y una buena montaña de pancakes para los otros dos. Se divirtió escuchando las conversaciones tan animadas que su tía y su compañero de departamento eran capaces de hablar, y le parecía curioso cuán rápido habían logrado entrar en confianza, hablando de sus miedos más grandes y sus sueños más anhelados. Sonrió satisfecho, jamás se pudo haber imaginado que fueran a llevarse tan bien; con ese pensamiento en la cabeza, comenzó a preparar la cafetera y comenzó a tararear, perdiéndose en una melodía que le resultaba muy conocida, pero no recordaba dónde y cómo fue que la escuchó por primera vez. Esta cadena de pensamientos pronto lo llevó al cuadro que había encontrado en el cuarto del muchacho con quien convivía desde hacía ya un año y dos meses, aún no había hablado con él respecto a ese cuadro ni por qué había decidido pintarlo a él. Estaba bastante confundido al respecto, pero no tuvo mucho más tiempo para pensar más, ya que su tía entró a la cocina con una pequeña sonrisilla tímida pintando su bello rostro.

— Toc toc~, ¿Qué sucede, soñador, aún no has logrado despertar? — Su expresión se tornó a una profunda dulzura al notar que al parecer tenía razón, había sacado a Jack de su mente por un momento. — ¿Hay algo que estés queriendo decir que tal vez no te atreves? Sabes que puedes decirme lo que quieras, Jack…

— Lo sé, tía Tooth, sólo… me resulta extraño ¿Sabes? Hipo y yo nos hemos… "Conocido" desde hace ya un año y sin embargo aún no logro descifrar ni un cuarto de las cosas que pasan por su cabeza… No sé qué es lo que quiere hacer de su vida, a qué edad planea casarse o cuándo será que querrá irse… Ni siquiera sé si él sabe que lo considero un muy buen amigo… tal vez hasta incluso un poco más que eso… — Apartó un poco la mirada, estaba avergonzado y su tía había logrado notarlo. Entendía ahora por qué Hipo se había abierto tan fácilmente a ella, verdaderamente irradiaba una confianza y una apariencia comprensiva que te obligaba a confesar aunque no te dieras cuenta. Sintió una mano cálida posarse sobre su mejilla y nuevamente alzó la vista, encontrándose de lleno con la de su tía.

— Cariño… ¿Alguna vez te sentaste a charlar con él? ¿Sólo hablar y nada más? Hipo no es una persona que descifre el lenguaje personal muy fácilmente, y si esperas que sólo en base a eso logren conocerse… me temo que no te irá muy bien, querido… — Su pulgar acarició suavemente la mejilla del joven, quien pronto tomó su mano y besó el dorso de la misma, era una costumbre muy íntima claro, de la cual Hipo no tenía idea y por la cual ahora se encontraba observando extrañado aquella escena. No había logrado escuchar nada, pero vaya que había visto cosas que lograron confundirlo aún más.

Aprovechó que ninguno de los dos había notado su presencia y lentamente se retiró de la cocina, una extraña sensación lo recorrió por completo al recordar el modo tan suave con que Jack había besado la mano de su supuesta tía; pronto descubrió cuánto le molestaba no haber sido él. Hipo no se consideraba celoso, para nada, las personas a quienes quería no eran de su propiedad y lo sabía, por eso quedó perplejo ante tan amargo sentimiento que lo había tomado tan repentinamente. Sacudió su cabeza y alejó todo aquello de su mente mientras escuchaba los pasos de ambos jóvenes y el tintineo de algunos platos a medida que se acercaban. Frente a él se apareció un plato bastante lleno con una montaña de pancakes bañados de miel como le gustaban, a su lado una taza de café recién hecho que lanzaba un aroma delicioso y llevaba su mente a un buen descanso.
Las palabras que intercambiaron fueron demasiadas para recordar, tanto así que las ocho de la mañana pasaron a las diez sin darse cuenta. Hipo se disculpó y se levantó de la mesa, debía cambiarse rápido si quería tener tiempo para ir a hacer las compras; con las llaves del auto de Jack en mano, se despidió de ambos por el rato y cerró la puerta tras de sí, el sonido de motor llenando el calmo silencio de la mañana por unos momentos antes de alejarse por completo. Sólo el suspiro profundo de Jack se oyó después de eso.

— ¿Ves? Charla, cariño, sólo así lograrás que te entienda… ¿Jack? — Mientras veía a Hipo partir, el albino había regresado en sus pensamientos y nuevamente se hallaban estáticos en aquel cuadro tan exacto y a la vez tan fantasioso de su rostro que había pintado el muchacho. — Jack, querido, creo que necesitas más café… ¿Está todo bien, mi cielo?

— Tooth, creo… creo que quiero mostrarte algo… — Regresando a la realidad, el de ojos azules se levantó de su asiento y le hizo señales a su tía para que lo siguiera. Ambos subieron las escaleras hacia la habitación del pecoso artista, donde hallaron un leve desorden y al gato durmiendo plácidamente sobre una pila de ropa a un lado de la cama. Jack, quien era quien mejor conocía aquella habitación, inspeccionó con la mirada y rápidamente encontró el cuadro, nuevamente cubierto con una manta y con la cara dando hacia la pared.
Se acercó al armario y lo bajó con mucho cuidado, quitándole la manta de encima y apreciando nuevamente el cuadro que había estado llamándolo desde aquella solitaria habitación toda la mañana. Ciertamente ya estaba seco y parecía que el pecoso le había dado algunos detalles desde la última vez que lo vio; sus ojos, antes algo opacos, ahora parecían tener un brillo peculiar en ellos, un sentimiento que no sólo se reflejaba en aquel par de zafiros sino también sobre sus mejillas, que en el cuadro aparecían sonrosadas, resaltando aquella sonrisa radiante que el muchacho del cuadro traía. Jack no podía creer que fuera precisamente él a quien fuese a pintar el joven artista con quien vivía, y al parecer, tampoco su tía.

— Jack… este cuadro es hermoso… parece que Hipo se toma su tiempo en observarte, ¿Eh? Ya lo veía venir… tal vez lo que sientes sí sea correspondido al final… — Las palabras de su tía resonaban dulcemente en su cabeza, casi como un ligero consuelo mientras se esbozaba una pequeña y sincera sonrisa sobre sus labios. Un sentimiento cálido se apoderó de su pecho y más pronto de lo que esperaba, su rostro cambió para parecerse aún más al de aquél cuadro. — Oh, me encantaría que me lo regalara… pero él jamás aceptaría~

Con una sonrisa plasmada en sus rostros, bajaron las escaleras y se dedicaron a esperar. Hipo no tardó demasiado en aparecer, lo sorprendió ver que su cuadro más reciente se hallaba en manos de la tía de su compañero; encontró que eso también le molestaba bastante, pero no lo suficiente como para arrebatarle el cuadro, por lo menos lo trataba con el respeto que cualquier obra de arte se merece. Suspirando, saludó a aquella muchacha y se acercó a la cocina, sacando de las bolsas toda la mercadería que había comprado y comenzando a acomodarlos en los gabinetes de la cocina. No se había percatado de la presencia de Jack hasta que, como tantas otras veces, carraspeó llamando su atención. Podría jurar que a veces el muchacho se volvía invisible.

— ¡Jack! ¡Santo cielo, vas a matarme del susto un día de estos! ... Jack… escucha, sé que me dijiste que era tu tía pero, no estoy realmente seguro de que me hayas dicho la verdad… en serio, comienzo a creer que es más bien tu novia. — No tenía la más pálida idea de cómo ni por qué se había escapado aquella confesión de sus labios, estuvo muy confundido, pero Jack parecía estarlo aún más.

— ¿Qué? ¡No, no, no Hipo! ¡No te confundas! Somos muy cercanos porque somos familia, tendrías que ver a todos mis primos y… ¿Por qué te mentiría al respecto? No tengo nada que ocultarte… — Hipo no pudo evitar sonrojarse cuando sintió los dedos del mayor acariciar tan delicadamente desde sus mejillas hasta su mentón, como si estuviese hecho de porcelana; ese solo pensamiento fue suficiente para darle escalofríos, de los lindos escalofríos.

— Yo… la verdad no lo sé… no me agrada que seas tan cercano con ella y créeme que ni yo comprendo por qué… sólo sé que me molesta, demasiado. — El castaño jamás se esperó que Jack tomara su mentón y lo besara tan de repente, pero no por eso no correspondió. Se dejó llevar por la calidez de sus labios, por lo dulce del momento y la manera en que las manos de Jack lo recorrían, acariciándolo con ternura y suavidad, tanto que sentía que se derretía en sus brazos. Soltó un profundo suspiro y lanzó sus brazos sobre el cuello del mayor, aferrándose a él y besándolo como nunca antes creyó que lo haría, con todo el cariño que había estado acumulando en todo ese año.

No tardó mucho en sentir las manos de Jack bajar aún más, pero no para lo que creyó, sino más bien para levantarlo y subirlo a la mesada, donde pudieron reacomodarse y quedar aún más cerca. El rojo de sus mejillas pronto se tornó aún más obscuro mientras dejaba que sus dedos se enredaran en el cabello del mayor, permitiéndole más espacio para que acariciara, y Jack aceptó gustoso aquella invitación metiendo sus manos debajo de las prendas del pecoso. Aquellas suaves caricias se fueron tornando más y más lujuriosas, así como sus suspiros entrecortados se fueron transformando en gemidos a medida que Jack iba descubriendo la piel de su compañero, ansioso de recorrerla por completo con sus besos, pero cuando estaba a punto de hacer a Hipo comenzar a gozar de verdad, fue cuando su tía decidió entrar en la cocina. Su cara fue más de felicidad extrema que cualquier otra cosa y los muchachos, avergonzados, se despegaron sólo para que su tía los volviera a pegar en un abrazo que los estrujó a ambos.

La mañana transcurrió normalmente luego de alguna que otra explicación. A Hipo le sorprendió que a la mujer no le molestara lo que por algún momento había pensado de ella. Estaba más concentrada en rogarle que le regalara el cuadro de su tan apuesto y bello sobrino. El pecoso tampoco tardó demasiado en ceder, sonrojado hasta las orejas por la lluvia de halagos en que lo sumergió la mujer de cabellos coloridos. Jack, por su parte, se dedicó a observarlos comenzar, robando uno que otro beso del menor cuando su tía no miraba. Estaba contento de saber que al final si correspondía a su cariño, ahora sólo faltaba que durara un poco más. La tía de Jack finalmente se retiró a eso de las dos de la tarde, dejando a los chicos con su privacidad y llevándose consigo el cuadro que tanto le gustaba; después de todo, tenía al Jack original junto a él… tal vez valía la pena darle una oportunidad a aquellos ojos que lo miraban con tanta ilusión, a partir de entonces, esperaba poder verlos todas las mañanas.