—Rómpeme—
Por Zury Himura
(S&E)
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen ni las marcas mencionadas, sin embargo la historia (con los respectivos permisos y adaptaciones lo es)
"Los individuos no sólo suelen romperse por fuera, sino que también se les rompe el alma, y, cuando eso pasa… casi siempre es el final de todo"
S. G.
Capítulo 3
Se había despedido de su nueva amiga, Megumi Takini, quien antes de bajarla casi a patadas del autobús al pasar su parada, le había dado su número de teléfono y dirección electrónica por si la necesitaba. Había dicho también que serían compañeras, después de que ella le rebelara algunos detalles sobre su vida, como la escuela y los problemas de salud que la habían asechado las últimas semanas. La bella mujer se había despedido con una sonrisa, deseándole lo mejor en la entrevista de trabajo a la que iba.
Miró su reloj por última vez un poco más calmada y sonrió al recordar el empujón de Megumi al ver su parada del bus a través de la ventana. Luego, mordió su labio y tragó con nerviosismo al estar solo a un metro de distancia del local. Ansiosa, acomodó su falda mientras ajustaba la carpeta negra bajo su brazo antes de abrir la puerta del restaurante-bar llamado «Blue Ocean», donde por fin se entrevistaría.
Determinada a obtener el empleo, cruzó el piso de madera haciendo sonar sus altos tacones negros por el establecimiento, ausente de clientela. Frunció el ceño y acomodó sus flequillos detrás de su oído para despejar su vista.
Curiosa y escéptica, recorrió el local con sumo interés en el negocio, no sabía si con esta pinta le darían el trabajo lleno de propinas que estaba buscando. Pues el lugar estaba vacío a excepción de una pareja, una abuelita, los empleados de la entrada y el barista. Indecisa y cruzando los dedos hasta del pie, caminó hacia la barra donde un chico cubierto hasta la cabeza con una hoodie negra acomodaba algunas botellas nuevas de licor.
Arrastró el banco de metal frente al bar y tomó asiento después de preguntar con una de las recepcionistas por el dueño del lugar y que esta le señalara dónde tenía que esperar. Paciente, se dedicó a examinar todo el lugar; se le había indicado que el dueño tardaría un poco y después saldría a atenderla, según la empleada del lugar.
Suspiró y se dedicó a observar la labor del joven que le daba la espalda mientras ella comenzaba a juguetear con algunas frituras con sus dedos en la barra de aluminio. Parecía enfocado en lo que hacía, organizaba todo no solo por categorías y tamaños, sino también por los favoritos de la clientela y orden alfabético.
—¿Dom Perignon, Armand de Brignac y Krug Brut Vintage 1988, eh? —comentó Kaoru risueña al ver sus marcas de champaña preferidas en las tapizas principales del bar. Con tranquilidad, trazó ciclos pequeños en la mesa con su dedo índice mientras el chico reía—. Creo que lo mejor es poner cada una por separado —sugirió ella con buenas intenciones—. Así sería más elegante y brillaría cada una por si sola.
El chico de la hoodie negra resopló juguetón mientras seguía las instrucciones de su nueva cliente, y entretenido por aquella voz a sus espaldas dijo:—. Pasé cinco minutos en la nevera pensando como las acomodaría, astuta dama. Debo decir que… —ronroneó mientras se limpiaba las manos con desinfectante y las dejaba secarse al aire.
El chico se movió de su lugar, girándose lentamente mientras aflojaba las tiras del gorro de su hoodie que había usado para sacar de la bodega las nuevas botellas. Y, entonces la vio.
Desilusionado por lo que sus ojos habían descubierto, deslizó su mano, rozando sus mechones escarlatas mientras ésta caía a su costado casi como si hubiera perdido la vitalidad en ella. Sus cejas rojizas se arrugaron con decepción al ver el rostro familiar de la joven de falda gris y camisa de vestir blanca sentada al otro extremo del bar, escogiendo las frituras del contenedor que recién había llenado.
¡Sí, que recién había llenado! Se giró velozmente y reacomodó las botellas de alcohol que había terminado de organizar de diferente forma.
—¿Decía? —Las pupilas de Kaoru viajaron del contenedor de cristal hasta donde la masculina voz había cesado. Y, tragó con dolor el último pedazo de fritura que ni siquiera había masticado, mientras su mano soltaba el puño de golosinas saladas que había separado, esparciéndolos en la superficie de metal donde descansaban sus codos.
Sus iris se dilataron ante la aparición y apariencia del barista mientras que la roja cascada de su espalda iba inundando sus claros azules, no solo de la sorpresa de verla descubrirse en el aire, pero por aquella que el dueño le había regalado una expresión fría que la habían dejado sin apetito al volverla a mirar.
—Eres tú… —suspiró Kaoru poniéndose de pie de un solo salto y doblándose el pie a consecuencia de la altura de sus tacones—. ¡Por los cielos que eres tú! —repitió sin importarle el ridículo que seguramente había hecho.
El pelirrojo exhaló fastidiado caminando hacia la dirección donde la mujer del bus parecía querer brincar de tan solo reconocerlo. Desvió la mirada, aburrido de tener que lidiar con ese tipo de mujeres hasta en su trabajo. La había descubierto insistentemente escrutándolo aquella tarde en el vehículo y se había sentido tan incómodo, que se había obligado a bajar paradas antes al sentirse asediado por una chica de su calibre.
Lamentablemente, al verla ahí, supo que no había valido la pena la caminata de quince minutos que se había dado. Desvió su mirada y alzó la barbilla maldiciendo la poca suerte que se cargaba ese día. Cogió una de las servilletas de papel a su costado y el frasco de limpiador de metal para poder arreglar lo que la mujer había ensuciado en su estación de trabajo.
—Kenshin, ¡por favor, dime que me reconoces y que simplemente lo de esta tarde en el autobús fue una broma…! —suplicó la joven de falda entallada con ojos suplicantes mientras detenía con su mano las mociones circulares de la palma masculina en la base metálica.
El pelirrojo fingió una sonrisa de medio lado al sentir el suave tacto de la delgada mano sobre la suya. Ahora que la veía a minuciosamente, estaba seguro que nunca en su vida había visto a esa mujer. Por ende, le enfurecía en gran manera las agallas que había tenido no solo de haberlo seguido y haber averiguado sobre él, sino que se inventara líneas tan tontas y poco creíbles para poder involucrarse en su vida.
De esa manera alzó su mano libre y encerró con sus dedos índice y pulgar la fina barbilla de la chica al sonreír—. Evocaría la esencia de tu cuerpo o las cosas que hicimos, pero si no te recuerdo es porque de verdad eres un auténtico mal recuerdo —Soltó su barbilla con indiferencia y desprendió sus dedos al alejarse de ella para seguir con su trabajo y reordenar las botellas que Kaoru le había señalado.
La encorvadura en los labios de Kaoru por fin había desaparecido junto con sus esperanzas de ser recordada por la única persona a la que más había amado y que tanto extrañaba. ¡Pero tenía que saberlo! Determinada, empuñó sus manos y se irguió con coraje, ¡necesitaba saber!—. ¿Eres Kenshin Himura, no? Hijo de Shinta y Hakari Himura…
El barista dejó escapar un largo y audible suspiro que no hacía más que demostrar lo irritado que estaba de tan solo escucharla—. Megumi hizo muy buen trabajo poniéndote al día con mi árbol genealógico. Pero si crees que darme datos de mi propia vida te dará puntos conmigo estás sumamente equivocada —Molesto, tomó el contenedor de frituras y lo alejo de la mujer, como si lo estuviera reclamando para sí—. Además tu voz me estresa y cuando estoy trabajando odio las cosas que lo hacen.
La ceja delgada y perfecta de Kaoru se curvó al escucharlo. Él conocía a Megumi y por lo que escuchaba… ¡Ella muy bien a él! Sin embargo, ¡ella había actuado como si no lo hicieran!
Sacudió su cabeza restándole importancia. Lo que le preocupaba era esa versión grosera de su Kenshin en ese mundo. Los mismos padres y apariencia, pero una actitud arrogante y altanera… y claro la ausente herida en su rostro. Insultada, tomó su folder de la superficie que iluminaba y reflejaba las luces del techo, y molesta, caminó hacia una de las paredes alejándose del chico y recargándose en ella. Ya no quería seguir hablando con él estaba saturada de su actitud.
Entrecerró la mirada, analizándolo y recurriendo al asedio para incomodarlo, como forma de venganza. Ese para nada era el tierno, respetuoso y amable de su novio, o el que había sido su novio. Reflexiva, llevó un par de dedos hacia el collar de su cuello, acariciando con delicadeza y sentimiento la fina cadena donde colgaba el anillo de Kenshin. Suspiró dándose por vencida y lo observó por última vez a través de la cascada oscura de flequillos que caía de su frente. Cuánto lo extrañaba, cuánto quería estar de nuevo con él.
Pues él era lo único que realmente necesitaba de su otra vida.
—¿Es Kamiya Kaoru?
La pelinegra se irguió correctamente ante la sorpresa de escuchar una joven y masculina voz a su lado. Con nerviosismo, acomodó el cuello de su blusa y los largos mechones de su cabello que no hacían más que esponjarse con la humedad de aquel día. Asintió obediente al ver los ojos grises azulados del hombre alto de corto cabello negro.
Parecía muy formal, serio y pulcro, tanto que le intimidaba severamente ser analizada y cuestionada por una persona con un porte como el de él. Movió su rostro, solo para confirmar que Kenshin seguía en los suyo y comenzó a caminar hacia el otro hombre.
La chica suspiró sabiendo que tenía que dejar ir ese recuerdo de su viejo amor, tal vez ya era tiempo de renunciar a los fantasmas de su vida pasada y comenzar a vivir de nuevamente. Él no era él, y debía parar de pensar que ambos tenían algún tipo de conexión. Probablemente, su pasado se trataba de alguna visión que había tenido de la gente a la que conocería o los que habían pensado que eran parte de su vida. Había sido la mera idealización de una premonición.
Alzó los hombros y los dejó caer al seguir al más alto. Desde ese momento dejaría el pasado atrás, y comenzaría a vivir su nueva vida. Acarició su anillo, o al menos eso intentaría. Trataría de vivir nuevas experiencias, atesoraría lo que ella creía era lo correcto y realizaría las cosas como ella quería que fueran. Así lo determinaría con un buen café después de la entrevista.
Miró una última vez la melena pelirroja moviéndose como un borrón a distancia. Sus ojos índigo ya no eran los mismos optimistas y positivos que habían llegado al lugar hace tiempo. Ladeó su rostro ocultando su interés al verse correspondida con desdén y recelo, ¿Qué le pasaba? ¿Por qué era así con ella si ni siquiera la conocía?
En seguida e ignorando al pelirrojo, entró a la oficina del gerente perdiéndose de una vez por todas del escenario flameante donde se le trinchaba con tan solo la mirada. Tomo asiento, ya no tan segura de que debía entrevistarse en ese lugar. Temerosa, sacó la hoja de recomendaciones que Misao le había ayudado a armar y la extendió, sonriendo esperanzada de que aquello fuera suficiente.
—Mucho gusto, Kaoru —agitó su mano y después se sentó—. Mi nombre es Shinomori Aoshi, pero me puedes llamar Aoshi simplemente —comenzó el pelinegro sacando un paquete de hojas de una carpeta color vino, escogiendo entre ellas las que necesitaría para la entrevista. Las separó con cuidado y comenzó a subrayar algunas palabras en ellas, ocasionándole a Kaoru aún más nerviosismo al hacerlo con lentitud.
Las piernas de Kaoru comenzaban a temblarle y sus manos a sudarle con solo escuchar lo cortada que estaba su respiración. Eso significaba que ese Aoshi podía ser el mismo de Misao. Pero enseguida, asintió al darse cuenta que así era, y entendió el porqué de la insistencia de su amiga al entregarle la lista de los empleos. Sin duda, su amiga había querido ayudarle… a su manera.
—¿Tienes experiencia de mesera, Kaoru? —cuestionó Aoshi atento a lo que la mujer respondería y listo para hacer las notas necesarias.
El sonrojo en las mejillas de Kaoru no se hizo esperar. Aclaró su garganta angustiada y negó. De pronto todo en el cuarto le daba vueltas y la temperatura comenzaba a elevarse dentro de ese atuendo tan ajustado—. No, pero soy una persona que aprende muy rápido y estoy segura que lo haré de maravilla —dijo, tratando de convencer a Aoshi tanto como a ella misma.
—Oh, ya veo —concedió él, apuntando algunas cosas en su hoja con su fina caligrafía—. ¿Puedes decirme una virtud, talento o destreza que tengas?
Kaoru asintió animada. Esa pregunta era sencilla, la gente a su alrededor había cambiado pero ella no—. Es muy fácil para mí desenvolverme en público. También me gusta ayudar a las personas, por lo cual hago un trabajo esplendido en equipo. Las matemáticas son mi fuerte y me gusta ser muy organizada.
—Me gusta… —asintió Shinomori subrayando algo con su marcador color morado. Después de quitarse sus gafas levantó la mirada penetrándola casi como si esperara que ella fallara en cualquier momento—. Y bueno, dime una de tus debilidades o defectos.
La pelinegra llevó un dedo hacia su barbilla meditando la mejor repuesta para esa ocasión—. Soy muy perfeccionista, y, aunque debí decir que ese era la más grande virtud que tengo creo que también es mi misma debilidad. Me gusta hacer todo a la perfección. Sin eso siento que mi trabajo es deplorable y no quedo satisfecha. Así que tendría que decir que es mi arma de doble filo.
Aoshi alzó la ceja sorprendido y prosiguió con el cuestionario—. Háblame de algún problema que hayas tenido en tus trabajos pasados y cómo lo arreglaste de forma favorable.
La chica frunció el ceño. ¿Cómo diablos le decía que nunca había trabajado en su vida y que todo lo que había escrito lo había inventado? La descubriría, estaba segura que lo haría. Se mordió el labio, pensativa. Tal vez si involucraba algún evento de su vida real y lo hacía pasar como algo laboral todo funcionaria. Sonrió aminada y comenzó a fabricar su nueva historia.
—Yo era una secretaria en mi antiguo trabajo, cometí un error al no explicar apropiadamente lo que necesitaba de uno de los compradores, lo cual causó algunos problemas dentro de la compañía. En seguida, al darme cuenta de la situación y al saber que no había marcha atrás con lo que había cometido —pausó recordando la fría mirada de Kenshin y la tierna mirada lavanda que había perdido de su novio—… hablé con mi supervisor. Me hice responsable de todo lo que había pasado. También llamé al comprador y expliqué mi falta de conocimiento y los errores que había cometido. El comprador aceptó darme otra oportunidad de vivir… —negó con la cabeza— es decir de cerrar el negocio y ofrecer lo que era correcto.
—¿Y qué más pasó?
—Hubo consecuencias, como era de esperarse —dijo ella sintiendo un nudo en el estómago al explicar lo que pasaba con su vida en una forma tan…laboral—. Pero cumplí con lo que se me fue impuesto, acepté los resultados de lo que había ocasionado y aprendí a vivir con ello.
—¿La echaron? ¿Eso es lo que me está diciendo?
—No, —sonrió animada—. Las cosas no cambiaron mucho. Aunque mi vida ya no era la misma en ese lugar tenía todo lo que quería y necesitaba, Excepto una cosa, lo que me había mantenido trabajando, moviéndome, amando ese lugar —Kenshin, quería decir—. Eso ya no estaba conmigo, y sin eso era imposible que yo siguiera ahí…
—¿Entonces? —la interrumpió Aoshi confundido.
—Entonces, —continúo Kaoru con un semblante pasivo mientras empuñaba las mangas de su camisa—. Me fui. No podía seguir viviendo en el pasado donde lo más querido por mí ya no existía —guardó silencio mientras aguantaba la picazón en los ojos que advertían la próxima aparición de sus lágrimas, arrugó la nariz valientemente y volvió a alzar el rostro con una sonrisa renovada—. Así que decidí renunciar a ese recuerdo y buscar otro lugar. Donde todo sería nuevo y aunque hubiera cosas similares tendría que aprender desde cero. Una nueva yo.
—Entiendo, aunque… —Aoshi rio sospechosamente y dejó sobre la mesa sus papeles con suavidad mientras que cruzaba su pierna y apuntaba a la chica frente a él con su pluma—. Misao me contó que padeces de amnesia….
—¿Misao?
—Sí, a este punto creí que ya te habías dado cuento… —sonrió el hombre y se puso de pie analizándola discretamente—. Creo que es curioso que padezcas de eso y recuerdes muy bien una de tus experiencias laborales…
Los ojos de Kaoru se habían cerrado con pesar. ¡¿Cómo había podido ser tan idiota?! ¡El hombre la estaba probando!—. Eso es una de las pocas cosas que logro recordar —mintió nuevamente.
—Ya veo… —Aoshi sonrió sabiendo lo que la chica tramaba y volvió a tomar asiento—. ¿Sabes que todo esto es una formalidad, verdad? —Explicó el hombre hojeando un pequeño libro entre sus manos mientras esbozaba una sonrisa llena de crueldad—. La vieja tú sabría que haría cualquier cosa por Misao, así que toma —le ofreció el articulo junto algunas otras hojas—. Ese es tu manual de trabajo, y, aunque Misao me aseguró que tenías experiencia como mesera…. lo que veo de ti me lo contrario, extrañamente…
Los labios de Kaoru se alegraron y se curvaron en una vasta sonrisa. Sus ojos irradiaban de felicidad, tanta que había querido saltar de su silla y abrazar al hombre—. Gracias, señor, se lo agradezco. En lo que sea que me contrate le aseguro que no le decepcionaré.
Aoshi bajó las manos tratando de tranquilizar a la conmocionada mujer que parecía saltar del asiento con cada palabra—. Misao me ha asegurado que siempre has trabajado duro y que vienes de una granja…
Los ojos de Kaoru se habían entrecerrado sospechosa. No sabía si sentirse indignada con la forma en la que aquel hombre había pronunciado la palabra «granja». ¿Que había tratado de implicar?—. Aja…
—Al ver tus manos y la forma en la que me has respondido, sé la clase de mujer que eres, así que... ¿Qué te parece si comenzamos con la recepción? —sugirió Aoshi seguro de que la mujer aceptaría.
—Yo… estoy segura de que puedo desempeñar trabajos aún más pesados —Casi le arrojaba el libreto en la cara al sentirse subestimada—. Así que le ruego que no me trate de esa manera, si no es mucho pedir.
El hombre de ojos azules se echó a reír. Esa nueva Kaoru sí que era un estuche de sorpresas, nada comparado a su yo del pasado. Pensó lo que le había pasado probablemente sería lo mejor para ella misma y después le dio la espalda. Comenzó a sacar algunas copias de su impresora, abrió varios cajones y otros cuantos más. Luego de un rato la volvió a encarar, esta vez un poco más serio—. Y no lo hago, muchacha. Lo digo por la forma en la que luces, eres muy bonita y necesitamos esa cierta belleza afuera… además he visto algo que no me ha sido mucho de mi agrado.
—¿Algo? —Preguntó llena de curiosidad al ver el nuevo porte sombrío del de ojos de cielo. Tomó las manillas de su asiento y se recorrió hasta la orilla casi como si se tratara de la confesión de un secreto—. ¿Tiene que ver conmigo?
—No te recomiendo que te acerques mucho a él, —continuó al escribir algunas palabras en su computadora.
—¿Él? ¿Kenshin? —¡Claro que se refería a ese él! Era con el único que la había visto hablar.
El de cabello corto asintió y prosiguió con su trabajo—. Él no es un hombre con el que quieras involúcrate, —asestó mientras deslizaba se dedo índice en la pantalla táctil de su computador—. No… Al menos una niña tan inocente como tú, cabe decir, tan perdida, insensata, ignorante y…
—Bien, ya entendí —No necesitaba que la defendería con esa clase de calificativos. Lo miró ceñuda pero incluso así continuó—… ¿Pero por qué? ¿Acaso es un mafioso y asesino, o algo así?
—Mafioso no, asesino no lo sé —replicó Shinomori alzando sus hombros listo para cerrar el tema—. Pero de una cosa si estoy seguro y es que no es muy bueno que digamos.
—¿Cómo? no entiendo…
—Mira, tu credencial esta lista. Tal vez puedas comenzar esta misma noche… —añadió al ofrecerle la placa con su nombre que recién se había terminado de imprimir.
—¿Enserio? —Preguntó animada y poniéndose de pie—. ¡Dígame qué es lo que tengo que traer! ¡¿Cómo tengo que venir vestida y peinada?! ¿Me entrenaran cierto?
El hombre sonrió y posó una mano sobre el hombro de la chica, asegurándole que todo estaría bien—. Vístete de negro, quiero verte formal o sexy. Lo que sea tu estilo y con lo que te sientas cómoda.
—¡Muy bien!
—Ah, y Kamiya…
—¿Sí?
—Hoy vendrás solo para ver cómo funcionan las cosas por las noches —confesó su nuevo jefe extendiéndole el contrato de empleo—. Así que te sugiero que mientras estés en eso pongas mucha atención a lo que te dije sobre Battousai.
—¿Battousai?
—El barista «asesino» de allá afuera.
—Ah… —asintió Kaoru asumiendo que ese era el apodo del chico en ese tiempo—. ¿Pero no sería más fácil si me lo dijera de una vez?
Aoshi paró bruscamente de hacer todo lo que estaba haciendo—. ¿Me estás diciendo qué hacer en tu primer día de trabajo?
Kaoru tragó en seco y negó frenéticamente al darse cuenta de su indiscreción—. No, no… claro que no.
Shinomori rio—. Tú y yo nos conocíamos antes. Eras una de mis más grandes amigas hasta que de una noche a otra desapareciste. Nunca hablamos de nuestros trabajos ni cosas íntimas, todo era por Misao —continuó aclarándose la garganta mientras daba un sorbido a su taza de café que había sacado de un microondas—. Después, ella llegó una vez a la casa diciendo lo que había pasado contigo y me pidió este favor.
—Claro —acordó Kaoru siguiendo a Aoshi hacia la salida después de que se lo ordenara—. Y gracias por la oportunidad, sé que no te defraudaré.
—Lo sé, a comparación de antes tu actitud brilla de diferente manera.
—¿De diferente manera?
—Sí, normalmente siempre estabas preocupada por el dinero —conmemoró el chico haciendo cuenta mental de todas aquellas veces que Kaoru le había pedido dinero prestado y que jamás le había devuelto. Siguió su paso, mostrándole las bodegas y la cocina—. Salías mucho a fiestas y estabas en planes de conquista con este chico…
—¿Quién? —preguntó ella horrorizada al enterarse de que todas sus suposiciones habían sido erróneas sobre la Kaoru de las fotos. La Kaoru de las fotos… era muy diferente a lo que ella se había imaginado, lo cual le preocupaba.
—Enishi, creo que se llama —Sacudió su mano llamándola hacia lo que sería la sala de recepción. Le mostró algunos uniformes y lo que ella ocuparía para recibir a los clientes y atender las llamadas de reservaciones.
—Enishi… entonces…
—La verdad no lo recuerdo, —contestó con sinceridad mientras que sus manos se encargaban de empujar a la chica hacia el área del bar. Si le tenía miedo al pelirrojo, sinceramente lo entendía.
Los bellos de la suave piel de Kaoru se erizaron al ver la fría mirada del pelirrojo deslizándose desde las manos de Aoshi, sobre sus hombros y hasta su rostro con pesadez y antipatía. Sin saber cómo reaccionar ante aquel incomodo gesto, caminó nerviosamente al frente y fue presentada por su nuevo jefe y amigo.
—Hermano, ella es Kaoru. —Aoshi se adelantó de la misma manera y entró al lugar de trabajo de su medio hermano para llamar su atención—. Este es Battousai, Kaoru.
El chico de los cabellos flameantes dio la media vuelta ignorándolos después coger algunos cubos de hielo y verterlos en un contenedor aún más grande. En seguida, elevó su brazo al escuchar a Aoshi, aclarando su garganta, y separó sus dedos realizando un símbolo de amor y paz.
Kaoru alzó una ceja y miró a Aoshi, confundida.
—Vaya, la chica seguro tuvo impacto en ti como para que te portes así —Aoshi se había acercado a su hermano y le había susurrado al oído después de presenciar su pésima actitud.
Battousai resopló fastidiado con el asunto. Parecía que todos habían confabulado en su contra para hacerle el día miserable. Dio la media vuelta con agresividad, se quitó su hoodie arrojándola dentro de un cajón y fingió una grande sonrisa—. Bienvenida a «Blue Ocean», donde todos tus sueños se hacen realidad. Si tienes alguna pregunta no dudes en preguntarle a… alguien más —ladeó el rostro desvaneciendo la mecánica curvatura en sus labios y miró a su medio hermano, retándolo—. ¿Feliz?
Aoshi negó con la cabeza y se alejó del lado del chico. No sabía que le pasaba, ese día en especial parecía haberse recargado con gestos y actitudes asquerosas que no le conocía. Sintiendo pena por Kaoru y restringiendo las ganas que tenía de regresarlo a su casa, sujetó a Kaoru del brazo con gentileza y comenzó a caminar hacia la salida, pero fue interrumpido.
—¡Ah! Y que llegue temprano esta noche —gruñó el pelirrojo mirando nuevamente con frialdad el agarre de Aoshi sobre el brazo delgado de la mujer—. Ya que más tarde no tendré tiempo de explicarle lo que seguramente querrás que le explique sobre el bar.
—Entendido, ¿verdad, Kaoru?
La joven mujer asintió contenta y agitó su mano de lado a lado en el aire para despedirse del hombre, descolocando colosalmente al barista después de la forma en la que la había tratado—. Hasta la noche, Kenshin.
El hombre ladeó el rostro y asintió molesto—... Hasta la noche, Kaoru.
Aoshi esperó que la figura femenina de su nueva empleada desapareciera tras las puertas de cristal. Pronto, sus ojos se habían vuelto peligrosamente hacia la delgada figura de su medio hermano frente a las vitrinas. Sabía que le molestaba la chica pero nunca lo había visto comportarse con una mujer de dicha manera. Se preguntaba si se habían conocido con anterioridad, o, dado a la condición… posiblemente había sido ella la que le había hecho algún desplante.
—Oye, Himura…
—¿Qué es lo que quieres, Shinomori…? —contestó cortante mientras terminaba de cortar y desarmar las cajas de cartón donde las bebidas habían estado guardadas.
—Más te vale que no involucres a esa niña en tus juegos —le sugirió amenazante mientras cortaba algunos limones para colocarlos junto con algunos cubos de hielo y alcohol en un vaso de vidrio.
—¿Juegos? ¡¿De qué hablas?! —Rio Battousai entretenido y moviendo con su dedo índice algunos flequillos de su frente—. Se ve que es un total fastidio, así que no me interesa.
—Aunque no me gusta oírte hablar de esa forma en contra de ella —sentenció el hombre mayor—. Prefiero esto a que la involucres en tu vida.
—¿Te interesa, eh…?
—Es mi amiga, ha pasado por mucho y la aprecio.
Battousai elevó su mano hasta la altura de sus hombros y echó hacia su espalda algunos mechones de su alta coleta carmesí. Su mirada se había entrecerrado en una delgada línea que dejaba expuestos algunos destellos de su helado ámbar—. ¿La aprecias?
—Sí, ¿tiene algo de malo?
Los orbes dorados del barista se arrastraron lentamente por el piso de madera—. Tranquilo, me parece que esa mujer me es sumamente repelente —alzó su vista dura, casi como si pudiera asesinarlo con ella—. Así que no te preocupes, no debes estar cuidándola.
Aoshi resoplo y lo abandonó al dirigirse a su oficina, recordando su mirada petrificante y amenazante mientras que sus frases le revoloteaban en la cabeza.
"Tranquilo, me parece que esa mujer me es sumamente repelente. Así que no te preocupes, no debes estar «cuidándola»"
—No me parece que te sea sumamente repelente…
Continuará…
Notas de autora:
