RÓMPEME—

Por Zury Himura

(S&E)


Gracias a Edi y a May, y a todos los demás por sus comentarios

Disclaimer: los personajes no son míos.


Capitulo 5

Abrió las cortinas del enorme ventanal de su departamento, dejando que la luz de la mañana entrara para que iluminara el lugar. Fríamente, fijó su mirada dorada hacia la dirección donde el sol se levantaba, dejando que sus rayos se fundieran con el color de su iris creando un color uniforme y delicado.

Sus dedos blancos recorrieron el cuello de su camisa de vestir color negro, dejando abiertos los primeros dos botones para mayor comodidad. Y lentamente, pasó una palma abierta sobre su flequillo rojo y lo alborotó un poco para romper la solides que el agua de la ducha le había creado. Desganado, caminó hacia la entrada mirando de reojo a la mujer que seguía reposando en su cama. Cogió su suéter y abrió la puerta con cuidado después de asegurarse que la nota seguía en el lugar donde la había dejado. Entonces, despues de algunos pasos desapareció en el ascensor del edificio.

La mujer se rodó sobre la cama bostezando y estirando sus brazos para relajar sus músculos, antes de buscar con su tacto el cuerpo desnudo que se imaginaba estaría a un lado de ella, aun reposando. Pero, terminó de despabilarse cuando el vacío en la cama la sorprendió.

Con rapidez, se sentó recta y de un solo movimiento. Arrojó las sabanas azules a un lado para ir en busca del dueño del departamento y dejarle saber lo mucho que no apreciaba el gesto. Pero su búsqueda fue en vano; lo único que encontró fue la simple nota en un buró con un sobre encima. Intrigada lo cogió entre sus dedos, leyendo la correspondencia.

"Gracias por la noche que me regalaste. Disculpa mi descortesía y porque no pude estar ahí para decírtelo personalmente, pero tenía cosas importantes que hacer y no quise despertarte. Te dejé algo de dinero en el sobre, así que por favor no quiero malinterpretes mis intenciones. Úsalo para un taxi y para desayunar o almorzar lo que gustes. Es lo único que puedo hacer por ti despues de una buena noche. Fue un placer conocerte… qué tengas muy buen día"

—Maldito… —blasfemó la mujer indignada, arrugando el papel y arrojándolo a un lado de la cama. Como si tratara de desquitarse con eso.

Estaba furiosa pero la culpa la tenía ella. Antes de que insistiera ir a su departamento, él había sido claro. Le había dicho que no estaba en busca de una relación y que solo salía con chicas que le parecían interesantes. Mientras éstas no llegaran, si desidia o no tener sexo solo se trataría de algo causal. Por eso, se le había recomendado no esperar mucho de él, más que un buen rato. Y, si en el dado caso de que hubiera una posibilidad entre ellos solo se daría cuenta si él iniciaba con el cortejo.

Esa era su forma de hacerle saber que estaba interesado, y, en su caso… no lo estaba.

Pero tan ingenua había sido, había creído que por su belleza lo atraparía en una sola noche. Y como consecuencia ahora estaba ahí, tirada en el piso haciendo berrinche por algo que no había sucedido como había planeado.

II

Resoplo y tomó asiento levantando el largo y variado menú que la mesera le había dado al llevarlo a su mesa. Acomodó sus gafas de sol y bajó el cuadernillo solo un poco para ver a la mujer que había descubierto sentada en una de las mesas de afuera del restaurante. Justo al otro extremo donde se sentaba él.

¿La conocía? Claro que por supuesto que conocía a la bruja esa. Gruño y volvió a alzar el menú empuñando sus manos en la cubierta de plástico.

Era ni más ni menos que la princesa frustrada y solterona que no había dejado de asecharlo desde que se habían conocido. La única mujer interesante y, a la misma vez, amargada que solo los cielos habían sabido como alejarla de él. Sí, la bruja de la universidad, la misma que ahora tomaba venganza seguramente contando sobre su vida personal a cualquiera que se le pegaba la gana, con tal de molestarlo. La astuta, la fría y calculadora, -y próxima pediatra- … Megumi Takani.

El pelirrojo entrecerró los ojos y blasfemó mentalmente cuando la vio ondear la mano para saludarlo al darse cuenta de su presencia. Solo bastaba con ignorarla, y si eso no servía, le diría a la mesera que era una loca que lo había confundido con alguien más para que la sacaran del restaurante. Sí, eso haría. Se giró incomodo mirando hacia otro lado para disimular. Esa escena le traía recuerdos que ahora en la actualidad lo hacían reír.

Hace algunos veranos atrás, cuando recientemente Aoshi y él se asociaron, juntando toda la herencia de su padre para comprar el negocio que ahora tenían, conoció a Megumi Takami. La pérdida de tiempo más lamentable en su edad dorada de estudiante universitario… y un desperdicio de belleza al ser parte de una personalidad tan prepotente.

La había visto desde lejos, un día en la biblioteca, comprando un libro de cocina y otro de decoración de casas. Misma edición que él tenía en su lista de libros que «tenia» que comprar debido a los comentarios en la web. Intrigado por su belleza comenzó a idealizarla y hasta valorarla como posible candidata para una cita. En ese entonces, así como en la actualidad, él era fiel a su lema: hermosas y con cerebro. Sino simplemente eran tratadas como amigas, y si insistían, simplemente eran marginadas de su grupo social.

Y es que hacía bastante tiempo que se había jurado nunca más caer en las garras del amor. Nunca.

En fin, después de algunas semanas cuando su fiebre por ella había bajado lo suficiente como para concentrarse en sus clases, comenzó el semestre, introduciendo a nuevos alumnos en clases más avanzadas debido a sus capacidades. Esas clases eran tan fáciles y aburridas para él que podía sentarse a mirar pajaritos todo el día sin necesidad de tomar notas en el salón. Solo le bastaba escuchar y de vez en cuando ver al pizarrón. Pensaba que ni siquiera valía la pena estar ahí, pues solo la gente aburrida entraba y salía sin ninguna posibilidad de socializar.

Quiso cambiar su clase a una más «normal» y pensaba que lo lograría, al menos eso creyó antes de ver a Takani cruzando la entrada del salón como nueva estudiante transferida y tomando asiento justo en las filas de enfrente.

Esa mujer…. Era un conejo que se había metido a la cueva de su depredador.

Pronto, la había notado participando insistentemente, respondiendo todas las preguntas con cifras correctas. Lo sabía porque con tan solo ver el problema en la pizarra podía calcular una respuesta en muy poco tiempo, suficiente como para saber de antemano y a pesar de su rapidez, si estaba mal o no. Aunque debía darle créditos, ella era muy rápida a comparación de los demás, causándole curiosidad y despertándole cierto interés en su manera tan determina de actuar.

Pronto esa mujer se había vuelto la segunda más rápida del salón, e incluso amenazaba con desbancarle. Por esa razón había decidido despertar de su holgazanería y entrar a su juego. «Eso»… su potencial le había interesado. Una mujer hermosa y además inteligente. Eso era lo que había buscado desde hacer un par de meses.

Después de algunos días, comenzó a retarse a sí mismo tomándolo como un desafío… y ella, se dio cuenta. Comenzaron intercambiando miradas, retadoras por parte de ella y coquetas de parte él. Haciéndolo pensar que por fin había caído.

Así fue como la había invitado a salir. Estaba seguro que las cosas avanzarían muy bien y por eso se lo había propuesto enfrente de todos. Como era de esperarse, la gente del salón había dado un grito en el cielo. Murmurando la hermosa pareja que hacían y lo afortunada que sería su descendencia.

Si ahora, en la actualidad, volviera a ver a todos los que habían dicho eso… ¡A la mierda los mandaría porque no le dijeron como era Megumi Takani!

Pero bueno, durante su cita ambos habían estado callados, sin nada que decir ni nada de qué hablar. Cada vez que abría la boca, era contradicho con una pésima e insípida respuesta que parecía ser sacada de la revista de la NASA o de cualquier otra enciclopedia de una forma altanera y burlona y, poco a poco comenzaba a colmarle. Sin sorprenderse, el ambiente entre ellos se había tornado hostil y lleno de rivalidad. Ambos habían comenzado a debatir sobre el calentamiento global y tonterías que jamás contaría en una cita. Y de las cuales ahora se avergonzaba recordar.

La nerd de Megumi lo estaba contagiando y él… se estaba dejando. Pero era más que nada por su prepotencia y las ganas de dejarla callada que participaba en su juego. Pero pronto, el poder de ambas familias había salido a relucir, la superioridad y las calificaciones. La inferioridad del otro y los privilegios de «ella». Mostrándole de peor manera los verdaderos colores de la que creyó su mejor opción para una cita. ¡Y… allí estaba su cita!

En serio… ¡¿cuándo se habían desviado hasta llegar hasta ahí?! ¿Qué le pasaba a esa loca sin vida social? ¿Acaso nunca había salido con alguien que no fuera su libro?

Desesperado, se cruzó de brazos preguntándole por qué demonios había aceptado salir con él.

—Para conocer al enemigo, por su puesto. Planeo graduarme con el más alto honor y necesito quitar de mi camino ciertos obstáculos… ¿tú qué creías?

Mierda, ¡esas eran mentiras! Ella, al igual que él, había creído que tendrían una oportunidad, juntos. Y lo podía decir firmemente con tan solo ver la forma en la que ella se había arreglado para verlo.

—Tuve consideración... —mintió él, decidiendo jugar el papel del patán—. Durante la clase tenías esta cara de desesperación.

—Sí, seguro estuve tan desesperada como para salir contigo, ¡idiota!

—¡Necesitas sexo!

—Probablemente pero no lo haré contigo.

—¡Gracias! ¡Me ahorras hacerte pasar por el rechazo!

—Pues bien.

Despues de eso, habían aguardado pacientemente por el mesero quien traía los tres platillos llenos de comida que ambos habían ordenado, antes de que se dieran cuenta del desastre natural que había arrasado con su supuesta cita.

—Aquí están los platos, salmón ahumado, pollo con hierbas de romero y carbona…

—Puedes llevártelo, no queremos nada —contesto el pelirrojo sacando su tarjeta de débito para pagar.

—¡Codo resentido! ¡¿Ahora me dejarás sin comer?! ¡¿Sabes cuánto tarde en quedar así de linda y las comidas que me salté?! Puedes largarte tú, yo puedo quedarme con la comida y puedo pagar por ella. Así que si no te importa… —Megumi se disculpó y tomó cada plato poniéndolo en la mesa mientras que con su mano ahuyentaba a Kenshin para que la dejara comer en paz.

—¡Amargada! —Cogió un tenedor y arrancó un pedazo de salmón—. Te ayudaré a pagar, si vine hasta acá y me tomé molestia para reservar, al menos apreciaré la comida.

—Vaya, hasta que «reaccionas» —se burló Megumi con una sonrisa.

—¡Vaya, hasta que sonríes! —Repitió él y siguió comiendo en silencio. Recordó en el dicho que decía: «después de la tormenta siempre venia la calma». Y, en su caso…. ¡No era así! Quería matar a los que habían incluido el «siempre» en esa oración. Comería y después se largaría… ya no quería estar con esa mujer que parecía anti-hombres.

Dos platos y medio después, se recargó tocándose el estómago para constatar lo bien que se sentía. Rara vez salía a comer fuera y más a un restaurante tan elegante, por eso su estómago seguro apreciaba el festín que le había dado como tributo a su sacrificio.

—¿Sabes? —Dijo ella limpiando sus labios con una servilleta—. En verdad me gustabas, por eso quise salir contigo.

Kenshin firmó su recibo y se lo dio al mesero. Había terminado pagando la comida, y no porque ella no quisiera porque había insistido. Pero porque había sido él el que la había invitado a salir.

—Lo mismo de mi parte... —confeso él sin planes de profundizar mucho en el tema—. Muy rara vez encuentras a alguien hermosa e inteligente como tú. Nunca invito a salir a nadie. Cuando apetezco, normalmente el sexo siempre se da muy fácil, así que no hay necesidad. Pero bueno, como dicen: «no juzgues a un libro por su portada». Porque mírate como saliste.

—¡Oye!

—Lo siento, pero es verdad.

—Bueno, lo mismo digo de ti. Ya conocía tu fama: carácter presuntuoso, muy difícil de complacer, difícil con las mujeres y un rompe corazones. Por alguna razón creí que sería diferente…

—¿Rompe corazones? ¿Yo? —se echó a reír. ¡Vaya ironía de la vida!

—Sí, dicen que sales con muchas chicas, las utilizas y después te das la vuelta y te largas.

—Es verdad que tengo muchas amigas, pero no significa que las lleve a todas a la cama. No soy ese tipo de hombres. Veras, así como algunas mujeres tienen esa regla de: sin amor no hay sexo, yo solo busco a alguien que me impresione.

—¿También?¿Eres de esos hombres de antigüedad?

—Claro que no, no seas ridícula —se burló poniéndose su saco y cogiendo una menta del plato que les habían dado—. Nunca hable de amor de mi parte. Si llego a tener una relación formal no será porque me enamore. Ya que de verdad, ese asunto pasó a la historia por mi bien y el de los demás. Pero bueno, si lo hago será porque esa persona me impresione, por su personalidad y locura. Pero claro, no locura como la tuya que eso es diferente y está critica la situación…

—¡Ya cálmate!

Kenshin rio recibiendo el pedazo de pan que la chica le había lanzado—. Pero bueno esas con mis condiciones que creí que cumplirías.

—Pero entonces, ¿por qué tienes tantas aventuras?

—¿Tantas? —Se rascó la barbilla pensando—. Creo que te has dejado llevar por las apariencias. Según yo, que mantener una vida sexual saludable y activa no tiene nada de malo. Pero en mi caso si la chica no me aburre y puede sostener una plática, entonces le soy claro. «No busco una relación pero me agradas». Y ya de ahí todo se da si se tiene que darse. Tampoco me creas un «foco de enfermedades», porque siempre ando en busca de alguien fuera de lo normal.

—Vaya, eres muy complicado. Quién diría que eres así… yo pensé que…

—¿Que me iba con cualquiera? —Rio dándole la mano—. Bueno cada quien saca sus conclusiones y a veces es mejor que la gente piense eso para que no se acerquen a ti. Por mi hubiera estado de maravilla si te la hubieras creído y no te me hubieras acercado.

—¡Hey! —Se zafó de un solo movimiento—. Aunque lo entiendo —Megumi estiró la mano para despedirse. Eso no significaba que eran amigos ni que era un adiós definitivo. Simplemente eran las paces—. Estoy cansada de besar sapos y quiero casarme, aunque tú tienes fachada sexy… creo que no eres el indicado —quiso ser clara.

Sonrió de medio lado resoplando entretenido—. Bien, «princesa», me facilitas mucho el trabajo, ya que yo tampoco deseo ser el príncipe de nadie. Nos vemos «criticona».

—¡Ah!

Sí. Así se había conocido y así habían terminado hasta que…

—Hermano, encontré el edificio ideal para el negocio. La locación está en el centro y justo a una cuadra de la universidad.

—¿Lo has comprado? —Preguntó el pelirrojo desabrochando su cinturón de seguridad para bajar del auto. Su hermano había insistido en ir por él. Pues quería darle una sorpresa.

—Sí, bueno más o menos, ven acá. La familia, dueña del edificio, nos dará la bienvenida. Ya firmé los papeles en la tarde, espero que no te moleste.

—Claro que no, te dije que te encargaras de todo, a mí no me importa… mientras genere ingresos y me devuelva lo que invertí.

Ambos entraron al edificio, de alrededor de cinco pisos de alto. Encontrando en una mesa a tres personas de espaldas, mientras bebían una limonada.

—Compórtate por favor, hermano. Pon tu mejor cara.

—¡Entiendo! —Kenshin fingió una gran sonrisa y acomodó su saco antes de encarar a la familia. Caminó hacia ellos, realizó una reverencia y los saludó, levantando lentamente su rostro—. Hola, muchísimo gusto en… ¡mierda! ¡¿Y tú qué demonios haces aquí?!

Y así, se había dado cuenta que Megumi era la hija del dueño al que su hermano le estaba comprando el edificio. Y, por los próximos días y años… se lamentaba haberle dejado todo al idiota de su hermano.

—¿Este asiento, está ocupado?

El tono de la pregunta lo molestó. Ya que esa mujer se había encargado de fastidiarlo por los últimos años despues de enterarse de ciertas cosas sobre él. Pero aun así se comportó como el adulto que ahora era y bajó el menú para recibirla.

—Mira a quien tenemos aquí, es más ni menos que la princesa Takani.

Megumi recorrió la silla y tomó asiento sin esperar a ser invitada. Sonrió y guardó sus lentes de sol en el estuche de marca que había sacado de su bolso.

—A propósito, princesa….

—¿Todavía recientes mi rechazo? Por eso insistes con el apodo…huh —Ella alzó la ceja, riendo.

—Sí, sobre todo porque sé que todavía no estas casada —contraatacó riendo malévolamente cuando ella entrecerró la mirada. Era muy fácil adivinar su punto débil y la soltería era el que más le dolía.

—¿Qué quieres, genio?

—Sabes que siempre me ha molestado que hables con Aoshi sobre mis asuntos personales y mucho más para enterarte de mi vida —comenzó pasando las hojas del menú al hablar sobre su hermano—. Pero, es diferente que hablas lo que te plazca con otras personas.

—Escúpelo, Himura, ¿a qué te refieres?

—¿Por qué mandaste a esa chica molesta al restaurante?

—¿Chica molesta? ¡Ah, ya! La inocente que salve de tus garras en el autobús.

Kenshin alzó sus gafas atorándolas sobre su cabeza, interesado por la nueva información—. ¿De qué hablas? ¿En el bus?

—En fin, yo no le hice nada. Solo la salve de tu mala actitud y de tus trampas pervertidas. Si ella te ha encontrado no tiene nada que ver conmigo —La mujer siguió tomando de su limonada a pesar de que el par de ojos dorados la estudiaban con incredulidad—. ¡¿Qué?! Además, puede que sea una confidencia, genio… o que en verdad este interesada en ti y te esté asechando.

Él se echó a reír, no porque fuera imposible, sino lo contrario. Ya había tenido varias experiencias como esas con las mujeres, que incluso ya se le hacía normal. Sin embargo, no le agradaba la idea ya que muchas de esas veces las cosas habían terminado muy mal.

—No me sorprendería si ese fuera el caso con esa chica.

Megumi separó los labios de su bebida y lo observó curiosa, encontrando algo interesante en su mirada.

—Dime, Himura… ¿la conoces?

—Yo vine aquí a desayunar no a hablar de personas irrelevantes en mi vida —Kenshin sonrió de medio lado y levantó un par de dedos para llamar al chico que atendía su mesa—. Mesero, un omelette de huevos con jamón y un jugo natural de naranja por favor.

III

Día tres: amo mi trabajo. Interactuar con las personas pareció dárseme naturalmente. Cada vez necesito menos ayuda de «él». Nota: no se ha ido con nadie.

Día cuatro: hoy una de las meseras no fue a trabajar y me tocó cubrirla. Estaba nerviosa pero me fue muy bien, no rompí ningún plato. Aunque me queme mi dedo y Kenshin me ayudó, parece que lo hizo de mala gana. ¡Además, nunca le pedí ayuda! Nota: él no ha actuado como la otra noche.

Día cinco: otra vez me tocó atender mesas y esta vez un cliente fue tan amable al dejarme propina con el valor de un cuarto de mi salario semanal. Kenshin sigue igual de frio e inapetente cada vez que le hablo. Nota: no ha hecho ninguna movida con ninguna mujer, comienzo a pensar que algo trae entre manos.

Día seis: hoy tuvimos «espectáculo» en el restaurante. Una mujer descubrió a su esposo cenando con la amante. Las cosas se tornaron agresivas así que Kenshin tuvo que intervenir… aunque no fue lo más sabio, salió abofeteado por defender al marido cuando se le pregunto su opinión. Nota: sigue sin conquistar a nadie.

Día siete: daré lo mejor en la escuela. Ah, a propósito… un grupo de chicas escandalosas entró al restaurante queriendo llamar la atención de Kenshin. Por su parte él…. Terminó llamando a la policía, qué pena. Nota: no creo que tenga que hacer nota aquí.

Día ocho: las chicas comienzan a desesperarse. Kenshin no ha hecho ningún movimiento y muchas dependen de las apuestas. Lo que me preocupa es que éstas comienzan a aumentar y acabo de pagar mi renta. Nota: él no ha movido ni un solo dedo aunque sigue sonriéndole a algunas mujeres. Creemos que es cuestión de tiempo.

Día nueve: me he dado cuenta que me mira de vez en cuando. Parece que me odia y que no sabe cómo expresarlo. Pues cuando lo encaro simplemente desvía la mirada con frialdad. Nota: me empiezo a desesperar, contaba con las apuestas.

Día diez: cada vez menos me afecta que tenga la apariencia del Kenshin en mis recuerdos. He llegado a la conclusión de que son distintas personalidades y nada tiene que ver. Aunque me sigue intrigando su comportamiento. Nota: creo que empezaré a buscar un segundo trabajo.

Día once: hoy por primera vez hizo algo bueno por mí… me ayudó a limpiar las mesas… no sé si eso cuenta. Nota: Creemos que ya tiene novia, así que comenzaremos a apostar en otro tipo de cosas si no actúa pronto. Aoshi es el siguiente blanco.

Kaoru terminó de leer las entradas de sus notas en su agenda y sonrió. Misao tenía razón, llevar un diario o algo parecido había resultado algo terapéutico y entretenido. Cerró la cubierta negra de su libreta pequeña y la guardó nuevamente en su bolso de mano. Checó nuevamente su peinado y salió de su habitación, con paso firme.

—Buenos días, mi niña —La dueña del edificio la saludó llevando consigo un sobre en la mano—. Iba en camino a hablar contigo.

Kaoru asintió. Hoy era su primer día de clases y justamente había salido con el tiempo necesario. Aunque no debía darse el lujo de interrumpir su organizado horario, optó por quedarse y escuchar a la señora.

—Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?

—Bueno mira, aquí traigo el nuevo contrato de renta ya que el viejo se acaba en un mes. Las clausulas han cambiado mucho y por eso te lo traje para que lo leas detenidamente.

La que estaba por irse a la universidad recibió el sobre abriéndolo con cuidado al sentir el grosor del paquete. ¿Pues cuantas hojas había ahí?

—Lo leeré cuando regrese —le prometió guardándolo en su mochila un poco ansiosa por el corto tiempo que tenía para llegar a la estación de autobús—. ¿Está bien?

—Muy bien, también… Comenzaras a pagar por todas las utilidades y la renta aumentara considerablemente ya que necesito hacer algunas reparaciones en el edificio. Son a largo plazo, pero te aseguro que saldrás beneficiada, ahí lo explica todo.

¡¿Qué, que?! Hasta ese momento estuvo segura que los colores se le habían ido del rostro. Se había dado cuenta en este mes que había pagado, que la renta ya era suficiente como para tomar las tres cuartas partes de su cheque dejándole el resto para comer y para pasajes. Eso sin contar que había tenido que irse caminando al trabajo con tal de completar para su comida. Y eso que había comenzado con un préstamo de Misao. Pues al poco tiempo de trabajar trabajando, y al hacer organizar sus gastos entre las dos se habían dado cuenta de lo que le pasaría a su salario.

Suspiro y asintió. Debía considerarlo mejor y tal vez si no le convenía terminaría buscando otro lugar. Más animada se despidió imaginándose que si ese era el caso podría comentarle a Misao y ofrecerle ser compañeras de cuarto. Después de todo una ayuda no le caía mal a nadie, ¿no?

IV

Agitada y con el alma saliéndosele del cuerpo había podido llegar hasta la primera clase del día que duraba dos horas y media. Había entrado al edificio un par de minutos tarde pues el bus que había planeado tomar, la había dejado.

Avergonzada, posó la palma abierta de su mano para empujar la puerta del salón. Podía escuchar la voz masculina y gruesa explicando algunas teorías matemáticas que no creyó escuchar hasta algunas semanas después del inicio de clases. Intimidada, cerró la puerta tras ella, agachando la mirada cuando se hizo un silencio escalofriante ante la interrupción.

—¡Vaya, miren a quién se le durmió la gallina! —la represiva voz del profesor fue así como la recibió.

Apenada, levantó el rostro para presentarse. Pues seguramente hasta ese punto todos ya lo habían hecho.

—Mi nombre es Kaoru Kamiya y estoy apenada por… —Sus labios se separaron al avistar y concentrarse solo en la figura de su maestro—. ¡¿Qué?!

Hiko se puso de pie, echando hacia un lado sus flequillos largos y negros mientras que levantaba delicadamente sus lentes de marco grueso y negro.

Parecía de esos modelos de revista, pero lo más importante… era una confidencia lo que su mala suerte le había traído. Suspiró bajando su dedo índice con el que lo había señalado. Maldiciéndose, se tapó la boca cuando se giró para revisar nuevamente el número del salón. Era el correcto no se había equivocado y odiaba a la secretaria que no le había impedido saltar a una clase más avanzada.

—¿Qué haces ahí parada? Busca asiento y presta atención en mi clase, señorita —repitió acomodando el cuello de su camisa blanca de vestir—. Si es que no quieres repetirla el próximo semestre, por su puesto.

La chica obedeció, disculpándose una vez más por su comportamiento. Caminó hasta el final de la fila, justo donde siempre se sentaban los que iban ahí por obligación y por no querer participar, al menos lo decía por su experiencia y punto de vista.

Aunque había deseado estar enfrente ya que matemáticas era una signatura que para nada se le facilitaba pero era buena en ello cuando se lo proponía. Rápidamente, sacó sus útiles y comenzó a tomar notas de todo lo escrito en el pizarrón y de lo que se hablaba. Tenía bastante que escribir y no podía darse el lujo de mirar directamente a Hiko por más que quería.

Estaba tan enfocada en entender lo que su lápiz escribía que no puso atención en la participación general de sus compañeros de clase. Y fue hasta que su apellido fue nombrado con fuerza que despertó de su trance.

Levantó la mirada alarmada y con el estómago retorciéndosele de temor. Era su primer día, y juzgando por la mirada burlona de sus demás compañeros desde ese momento seria conocida como la idiota despistada de la clase. Temerosa, llevó su atención al profesor, quien se había quitado los lentes y se había sostenido sus caderas con molestia al ser ignorado. Esperaba una respuesta a cualquiera que hubiera sido su pregunta.

—Bien, señorita. Quiero creer que estaba meditando la respuesta al problema que le di —habló con sarcasmo. La mujer no le había puesto nada de atención y de ello estaba consciente. Pero no podía sino presionarla al pensar que para ella todo se trataba de una broma.

La había visto varios años atrás perdiendo su tiempo en los corredores de la universidad con algunas de sus amistades, por eso había perdido el respeto hacia su vida estudiantil. Su hija le contaba anécdotas sobre ella y por eso deseó nunca tenerla como alumna. Pero tuvo la desgracia de conocerla formalmente, como cuando chocó con ella por casualidad de la vida, una semana atrás.

Se había largado de ahí cruzando los dedos porque ella no fuera su estudiante al verla en el edificio de matemáticas. Pero entonces su hija le había dado pistas que le confirmaban lo peor. Y, tras verla cruzar la puerta del salón… tarde, supo enseguida quien sería el «estudiante problemas» de ese año escolar. Con el cual no quería lidiar por consideración a su hija.

—No sé la respuesta, ¿puede repetir nuevamente el problema? —Sí, se moría de vergüenza pero no había vuelta atrás. No había escuchado la lectura por revisar sus notas. Pero tampoco estaba dispuesta a darse por vencida. Intentaría resolver el problema y no quedar como una idiota que…

—¿Está segura que no se equivocó de clase? —Pregunto Hiko, sinceramente preocupado. No por la fama de la chica ni por los malos puntos que había acumulado con él, sino porque ella parecía tan ida y despistada que no estaba seguro si había elegido la clase correcta o podría seguirle el ritmo. Se preocupaba por ella como estudiante.

La ceja negra y delgada de Kaoru se levantó con gracia. ¿Acaso estaba dudando de su capacidad? ¿Solo por un error?

—No me equivoque, estaba revisando mis notas y…

—Bien, sigamos con la pregunta y con el siguiente estudiante —El profesor decidió saltar a su alumna. De por sí ya estaba irritado con su actitud irresponsable como para enfrascarse en una conversación que lo único que resolvería sería nada.

El agarre en el lápiz de Kaoru se apretó que incluso alcanzo a escuchar el crujido de la madera del objeto en sus manos. La impotencia y coraje creció en su interior y no creyó ser capaz de dejarlo salir de otra manera menos escandalosa. Sacó otro lápiz y siguió escribiendo con un nudo en la garganta que se apretaba cada vez que veía a su profesor.

Y es que no estaba molesta exactamente con él. Sino con ella misma. No… en realidad tampoco había sido su culpa, ella había pedido una segunda oportunidad que se le había sido negada injustamente. Pero, lo que en verdad la irritaba era ese sentimiento de inferioridad, al ser subestimada nuevamente por una tontería. Al igual que en su otra vida, su pasado o lo que seguramente había sido un sueño que recordaba en vez de su realidad.

Siempre había sido así, subestimada, sobreprotegida y marginada por los demás de una manera inconsciente. Sus habilidades siempre habían sido tomadas como una broma o si las mostraba, por su condición de salud, había sido limitada por ello. A pesar de haberse recuperado exitosamente de su enfermedad.

Agachó la mirada. Las letreas y formulas se distorsionaron en su libreta, pero esto sirvió como la alarma que despertaba su nostalgia. Encajó la filosa punta de su lápiz en su libreta, mientras que con el dorso de su mano talló sus ojos con fuerza, simulando un poco de sueño, y para limpiar sus lágrimas.

Levantó la mirada. No solo tomaría las notas del pizarrón sino los problemas y procedimientos que eran discutidos en la clase. Solo así, solo así…

Más que eso…

Más que demostrarles a ellos…

Lo haría para sí misma

Porque los otros podían ir y tragar tierra si querían. La única beneficiada, la única que se enorgullecería al final sería ella. Y así disfrutaría su éxito y superación personal.

—Se pueden ir, nos vemos mañana —Hiko se despidió de sus alumnos mientras que acomodaba algunas carpetas para salir del salón—. Ah, Kamiya, espera un momento.

Kaoru terminó de guardar sus libretas y caminó hacia él. Después de todo era el profesor y ella la alumna. No era como si pudiera arrojarle la carpeta de coraje y salir corriendo como venganza. Así que obedeció y trató de neutralizar sus ansias de reclamarle por su injusticia durante la clase.

—Cuando te inscribiste a esta clase sabias que no venias a dormir, ¿cierto?

¡¿Qué?! ¡¿En serio estaba insinuando que ella estaba dormida?! ¡¿Qué clase de estudiante se creía que era?!

—Permítame hablar, pero…

—O tal vez porque creíste que eres la amiga de mi hija yo tendría alguna clase de consideración contigo, ¡¿huh?!

¿Hija? ¿Y quién era su hija?

—Yo nunca…

—Ya, hablaste suficiente —la interrumpió colgándose su bolsa negra en su hombro mientras le extendía una tarjeta con algo anotado en ella—. Ya no quiero escuchar más de tus excusas. Tal vez puedes engañar a la inocente de mi hija quien se creyó el cuento de que perdiste la memoria pero yo no.

—Es suficiente… ¡ni siquiera sé de qué está hablando!

—Lo sabes muy bien, Kamiya, mientras les dices a todos los profesores sobre tu problema de salud, todos tendrán consideración de ti y como consecuencia tendrás resultados favorables en las tareas o incluso exámenes.

Hiko hablaba muy enserio. Parecía molesto y en lugar de consejo parecía que le estaba sentenciando a muerte.

—Misao pudo haberse tragado tu mentira para no esforzarte, pero yo no. Conmigo no la tendrás tan fácil. Te he visto actuar todos estos años, siempre cuidando de la ignorancia de mi hija, y ahora que llegas a mis manos tienes que demostrarme que mereces estar en mi clase.

Kaoru ladeó el rostro con coraje. No sabía lo que la otra Kaoru o, en el peor de los casos, ella misma había hecho en el pasado. Pero sabía que esa era la causa de que se le estuviera criticando y enjuiciando tan duramente. Así que se prometió investigar de su vida pasada a profundidad después de ese inconveniente.

Hiko comenzó a caminar dejándola atrás. Le había dicho sus verdades y como era de esperarse no le habían agradado para nada—. En esa tarjeta está la dirección de un veterano de guerra que te ayudará a pasar mi clase.

—Pero no necesito ayuda, ¡yo sola puedo! ¡Si quiere puede darme un examen o lo que sea!

—Tan orgullosa, ¡¿huh?! —Ya estaba irritado por su actitud prepotente. Se juraba que si se tratara de otra Kaoru admiraría la confianza que se tenía al pedir un examen. Pero no, era Kaoru Kamiya, la chica de la que más había cuidado a Misao por los últimos años—. Bien, has alzado las apuestas. Ahora me interesa que tomes clases con él hasta al final del curso. Por cada clase quiero que tengas una firma de ese veterano y prodigio. Si no lo haces, yo me encargaré de que repruebes la clase y que te quiten la beca que tienes.

Kaoru se plantó en su lugar estrujando la tarjeta en sus manos. Lo que hacía el profesor era injusto. La estaba amenazando por lo que creía eran prejuicios o problemas personales. Y no se dejaría intimidar. ¡Jamás en su nueva vida!

—¡Veremos si la administración de la escuela piensa lo mismo! —Salió como un rayo. Tenía que llegar antes que Hiko hiciera algún movimiento, los alertara y los pusiera de su lado.

Al llegar a las oficinas pidió hablar con el encargado del departamento de matemáticas y después con el encargado de la administración.

—El líder del departamento está por llegar. Estaba dando una clase —le informó la secretaria, sospechando en seguida de la identidad de ese tal líder.

—Señorita, ¿puede decirme el nombre?

—Claro, es Hiko Soijuro.

Kaoru dio un paso atrás y corrió hasta llegar a la administración. Si en el departamento de matemáticas no podían hacer nada, seguramente en el de administración o su consejero, podrían cambiarla o incluso hacer justicia por ella.

Fue atendida en seguida, dándole la oportunidad de exponer su caso claramente a varios consejeros que habían estado interesados después de la mansión del nombre del profesor.

—¿Qué es lo que puedo hacer? —Estaba nerviosa ya que una respuesta clara no se le había dado hasta el momento, sino lo contrario, parecían dudosos y sin las ganas de ayudar.

—Toma las clases, eso es lo único que te queda. Aquí, en la universidad, tenemos a los profesores que se encargan de dar tutoría a los alumnos en sus tiempos libres, o incluso a estudiantes prodigios. Es por eso que éste te fue asignado especialmente a ti.

—¡¿Y por qué no puede ser aquí en la escuela?!

—Probablemente ese alumno toma clases en línea, o algo le es inconveniente... incluso puede que no se trate de un estudiante y sea un tutor profesional. Puedes intentar ir y averiguar de qué se trata. También puede investigar si su tutoría es legal y reconocida antes de asistir, solo búscalo en este web —Su consejero le apuntó el nombre—. Escribe la dirección y obtendrás algo. Pero si el profesor te envió es que seguro te servirá.

—¿Pero entonces el profesor tiene el poder de ponerle fin a mi beca? Es decir… él…

—La beca tiene una clausula. Cuando viniste a pedirla y te mandamos a comprar los libros lo explicamos, ¿recuerdas?

—Claro, dijeron que… —Hasta ese momento todo tuvo sentido para ella al recordar la condición de la ayuda financiara que le habían extendido—. Todas mis clases debían ser pasadas con calificación perfecta, no podía cambiar después de haberla iniciado y ni siquiera podía abandonarla.

—Exacto —Una de las consejeras le dio una palmadita para animarla—. Kaoru, necesitas esa clase para pagar tu carrera, así que toma las clases.

La de cabello azabache asintió y se puso de pie cogiendo sus cosas y agradeciéndoles por su ayuda. Desanimada, salió del edificio aun conmocionada por lo que eso significaba. No tenía salida, seria víctima de un profesor al que no le caía bien.

Apretó el bolso en sus manos y volvió a sacar la tarjeta arrugada que Hiko le había ofrecido. Lo extendió, respiró profundo y leyó el papel. El complejo de oficinas o departamentos, lo que fuera, estaba cerca. Solo tenía que terminar con las clases de ese día e iría a darse una vuelta. Se presentaría con el soldado del que Hiko hablaba y seguramente se llevaría muy bien con él, pues probablemente se trataba de un hombre de edad mayor para ser considerado un veterano de guerra.

Levantó los hombros y comenzó a caminar por el pasillo hacia su próxima clase. Solo esperaba que todo cambiara, ya que estaba feliz con esa vida y no quería que los mismos defectos por los que odiaba su pasado se presentaran nuevamente en el presente.

Quería superarse

Y

Dar lo mejor se sí misma.

Continuará…


Notas de autor: Gracias por todo.