RÓMPEME—

POR ZURY HIMURA


Gracias a las personas que siguen leyendo. A Edi también por su ayuda en corregir.

Disclaimer: los personajes no me pertenecen, la historia sí.


Capítulo 6

Kaoru entró al modesto edificio, donde supuestamente encontraría a su nuevo profesor. Éste no parecía tan lujoso como lo había tenido en mente. No tenía ninguna clase de decoraciones ni objetos de alta tecnología. Para estar en el centro de la ciudad ese complejo de departamentos no daba tan buena pinta, o al menos para un profesor que seguro ganaba buen dinero.

Alzó los hombros deslizó su mochila por uno de sus brazos y volvió a sacar la nota para mostrársela al portero. —¿Disculpe estoy buscando este departamento, cómo llego ahí? —Preguntó ella desdoblando el papel para poner atención a las indicaciones del uniformado en negro y blanco.

—Es el séptimo piso —indicó el hombre, con una sonrisa pícara y ambas de sus cejas arqueadas. Aunque ella no entendió el gesto solo se atuvo a mirar los señalamientos de sus manos—. Sale del ascensor y camine hacia su mano derecha, cuatro departamentos al norte.

Kaoru sonrió y le agradeció con una reverencia pero poco a poco su gesto fue desapareciendo al ver la mueca extraña en el empleado del edificio. Curiosa, esperó un par de segundos pensando que el hombre tenía algo más que agregar, pero no fue así. Éste se quedó en su lugar esbozando una sonrisa, esperando a que ella se moviera para seguir con su trabajo. Ante el silencio y la atmosfera incomoda, Kaoru se dirigió al elevador presintiendo una sensación extraña de que era escrutada por más de un par de ojos.

Intrigada, ladeó su rostro, miró a la recepcionista y luego al del aseo. Ambos tenían su atención sobre ella. Seguramente pensaban que era otra estúpida que no sabía nada sobre la materia y que por eso iba en busca de ayuda. Aunque perdían su tiempo, se repitió orgullosa. No era por nada pero cuando el tutor se diera cuenta que era genial le haría firmar un papel, donde lo estipulaba y bajaría a presumírselos a todos esos incrédulos que dudaron de ella.

Orgullosa, alzó la barbilla y subió al elevador.

Tras desaparecer, el portero soltó un suspiro y miró a la recepcionista—. Y ahí va otra tonta…

—Lo sé, otra que no lo olvida —dijo el hombre de estatura mediana y cabello negro mientras limpiaba el piso—. Esto acabara mal. Haru, es mejor que tengas el teléfono a la mano por si tenemos que llamar a la policía, de nuevo.

La recepcionista asintió halando el aparato más cerca de ella—. Estoy lista, ¿comenzamos a contar? Los dos hombres asintieron tomando el tiempo en sus relojes. Y luego prosiguieron con sus obligaciones como si hablaran de algún asunto casual entre ellos.

II

Nerviosa, acomodó la tela de sus pantalones de mezclilla y fajó la camisa color vino de vestir sobre su cintura. Recogió algunos mechones de su largo y negro cabello tras su oído antes de soltar un suspiro y tocar la puerta de una vez. Ansiosa, esperó un par de segundos alzando los hombros y dando la media vuelta con una sonrisa triunfante cuando nadie atendió la puerta. Ni modo, ella había tratado, ahora nadie podía culparla de no haber ido.

Decepcionada con su escape, se detuvo, emprendiendo su paso en seguida y con más velocidad cuando escuchó el seguro de la puerta girando lentamente. Avergonzada, pero dispuesta a huir, miró por todos lados buscando otra salida. Solo estaban las escaleras y… una puerta de emergencia. Tomándola como su única esperanza, aceleró sus pasos, parando en el acto al sentirse escrutada por alguien a sus espaldas. Había fracasado, había sido descubierta; tenía que abortar la misión y actuar como la señora que vende a domicilio o algo.

Nerviosa, aclaró su garganta y se giró lentamente, fingiendo una sonrisa para comenzar con su actuación.

—¡Oh no, no, no, no! ¡Tienes que estar bromeando! —La voz del dueño del departamento salió con una mezcla de incredulidad y burla. Mientras alzaba la mano y retrocedía nuevamente al interior como si los papeles se hubieran revertido.

El hombre estaba cubierto de la cintura para abajo con solo una toalla húmeda, dejando al descubierto su parte superior y parte de sus piernas. Su cabello rojo estaba suelto, aún pegado a su piel desnuda mientras las gotas de agua cristalina aun rodaban por su delgado y marcado cuerpo. No sabía cómo era posible, pero se notaba a simple vista las largas sesiones de gimnasio o «algo» para quedar así.

Por su parte, los labios de la pelinegra se separaron con la intención de hablar y defenderse de lo que la estaba acusando. Pero en su lugar solo murmullos sin sentido se escucharon al tener frente a ella a un hombre recién salido de la ducha y en esas condiciones.

—¡Loca acosadora, sabía que tenías que buscar donde me mude! ¡Esto no es para nada divertido así que vete…!

Kaoru corrió imponiendo su pie en medio de la puerta antes de que esta fuera azotada. Enrolló el pedazo de papel que tenían en su mano y alcanzó a arrojarlo en la fisura de su puerta antes de salir de su camino. Estaba furiosa, pero su actitud «vanidosa» le facilitaba las cosas. Después de todo no tendría que pasar horas sin sentido junto a un hombre que no la toleraba por alguna razón que ella no conocía.

—Bien por mí, ¿solo le puedes decir eso a mi maestro? —Se alejó un poco ajustando los tirantes de su mochila mucho más animada y dispuesta a ir a tomar un helado como celebración. Ah, ese había sido un buen día. No solo se había quitado las mentados tutoriales de encima sino que había deleitado su vista con la copia de Kenshin, su Kenshin, no ese Kenshin.—¡Nos harás un favor a ambos! —Gritó, pero fue detenida por el ojo dorado que apareció nuevamente por un orificio de la puerta.

—Espera, ¿dijiste maestro? —Algo en su estómago pareció cobrar vida. Era una mezcla de cosquilleo junto con puñales que se encajaban hasta llegar a su espalda. Solo por ese mal presentimiento se detuvo y agachó la cabeza esperando que su mala actitud siguiera en pie.

—En el papel esta anotado su nombre y el número de teléfono. Puedes llamarle ahora y decirle lo que piensas de mí —añadió ella esperando que sus plegarias fueran escuchadas—. No quiero imponerme, ya sabes… menos cuando soy una loca acosadora.

Kenshin entrecerró la mirada antes de volver a cerrar la puerta y hablarle detrás de ella—. Espera ahí.

—No, no, no —Sus pies se movieron tan rápido que ni siquiera ella se dio cuenta cuánto había recorrido. ¿Cómo que espera ahí? ¡Ella era la loca acosadora! ¡No había un: espera ahí!—. Oye, no quiero tomar clases contigo, ¡solo dile que tú tampoco quieres y que no las necesito! Por favor, por favor, ¡no lo reconsideres!

Tocó y pateó la puerta varios minutos sin cesar, no logrando nada más que sacar a algunos vecinos de sus hogares por el escándalo mientras que unos la veían, sonreían y otros opinaban. Kaoru desvió su atención, sonrojada y sintiéndose como una niña caprichosa a la que le habían quitado el helado de la mano. Al parecer, ese tipo de espectáculos no eran nuevos en ese departamento, juzgando por los rumores. Lo que le hacía preguntarse ¡con qué clase de verdaderas locas acosadoras salía ese tipo!

Molesta y vencida, se recargó en la pared cruzándose—. ¡¿Qué?! —Exclamó en forma de justificación—. ¡Solo soy su alumna!

—Si claro… —Varios vecinos replicaron antes de entrar a sus casas murmurando sus sospechar o lo que para otros era obvio.

Hostigada con todo ese teatro, suspiró, desde un principio había presentido que era una mala idea. ¿Por qué, por qué no le había hecho caso a sus instintos? ¡¿Por qué le pasaba esto a ella?!

Bueno, mejor ya ni preguntaba. Después de todo en esa vida era una pueblerina o granjera con mala suerte y un lunar nuevo en su espalda… más bien, varios lunares. Reflexionando sobre el asunto agachó su rostro y acarició el pesado anillo que colgaba de su cuello, recuperando gradualmente sus ánimos. Corrigió su postura cuando la puerta se abrió dejando ante su vista a un pelirrojo totalmente vestido pero aun con cabello húmedo. Lucía un par de pantalones holgados negros y suaves y una camisa de cuello de V color blanco que se ajustaba a su cuerpo. Su cabello seguía suelto y se imaginaba que si no lo había secado era solo porque ella estaba ahí.

—Pasa —Él extendió su mano dándole la bienvenida a su departamento—. Acabo de hablar con el viejo y confirmó lo que dijiste. Ah, pero eso sí. Tendrás que pasar una de mis pruebas antes de que puedas cantar victoria.

¿Cantar victoria? ¡¿Pasar una prueba para tomar clases con él?! ¡En dado caso mejor reprobaba el examen y se largaba de ahí feliz y satisfecha! O bien, eso era lo que quería decir. Sin embargo, sus obligaciones eran otras. Kaoru no se movió, apretó sus dedos hasta tronarlos y cruzó su pierna—. Está bien.

Kenshin suspiró de cansancio… o de aburrimiento, desvió los ojos con molestia y le siguió. Esto tampoco le emocionaba a él, en si era un obstáculo indeseado en su vida. Algo que le removía y traía de nuevo malas experiencias del pasado. Pero no había más que hacer, tenía que resolver el asunto de su servicio comunitario y ella solía ser más que la presa perfecta para zafarse de ese compromiso. Indiferente, la cogió de la mano atrayéndola hacia el interior cuando se detuvo a meditar, y azotó la puerta tras ellos una vez que estuvieron adentro.

Luego, la soltó mostrando cero de satisfacción al tenerla compartiendo el mismo aire en el mismo cuarto, y se dirigió a un mueble de donde sacó un paquete con hojas blancas, algunos lápices y borradores.

Recelosa, se sobó la muñeca rápidamente y dio un paso hacia atrás cuando él se recargó sobre la puerta cerrada, estirándole algunos de esos papeles.

—Dejemos esto en claro —Kenshin chasqueó la boca con repudio mirándola directamente a los ojos con frialdad—. Tú no me agradas y yo no te agrado. Y si estoy aceptando a ayudarte es solo por dos cosas: por Hiko y porque… —Desvió su mirada hacia un lado—. Necesito las horas de servicio comunitario para mi carrera.

¿Qué? ¿Carrera? ¿Esa no era su profesión? Abrió los ojos en sobresalto. No podía ser… ¿acaso las estaba llamando servicio comunitario? ¡Oye! No, no… lo más importante era: ¿seguía en la escuela? ¿Cómo? ¡¿Dónde y a qué hora?! Sacudió esas locas preguntas de su cabeza que solo confirmaban que mentalmente si parecía una loca acosadora. Tragó con fuerza aceptando el papel, de todas formas eso a ella no le interesaba. Si él iba a la escuela o no, no le importaba. Para nada… solo debía preocuparse de cómo salir de ahí en una sola pieza.

—Y otra cosa —la interrumpió, estirando su mano solicitando sus zapatos y señalándolos en la entrada de su casa para que ahí los dejara—. No quiero que comentes nada de esto con las arpías del trabajo…

—¿Por qué? ¡Si son mis amigas! —¡Quién se creía prohibiéndole cosas! ¡Huh!

Su mirada peligrosa la recorrió de pies a cabeza y se detuvo una vez más en su rostro—. Sé sobre las apuestas y cómo ganan dinero extra… ese es motivo suficiente.

Bueno, así era otra cosa. Si le decía por las buenas no había más que discutir. Enfocada en su trabajo, arrojó sus zapatos hacia un lado, sacó su libro y sus artículos escolares y tomó las hojas de sus manos. Se hincó en el centro de la sala y se apoyó en la mesita de centro. —Muy bien, ¿cuál será mi prueba?

El pelirrojo caminó hacia la cocina mientras le daba instrucciones en voz alta. Una sonrisa suave adornaba sus labios mientras tomaba dos botellas de agua y regresaba hasta sentarse a su lado.

Que extraño era estar tan cerca de ella durante una tregua. Aunque seguramente por dentro ambos querían sacarse los ojos. —¿Qué te parece si comenzamos con un examen de dificultad media…? De ahí, decidiré si ayudarte o no.

Ella asintió dispuesta a aceptar el reto. Solo esperaba hacerlo tan mal que ni siquiera él querría ayudarla. Sí, ese era su maléfico plan. Sonrió, sabía que con esa actitud de Kenshin, rápido la descartaría por falta de paciencia. Y, así ambos podrían seguir con sus vidas.

III

Habían pasado tres días y dos tutorías desde su primera clase. Como era de esperarse durante la prueba lo había hecho tan mal, pero tan horrible, que para su desgracia Kenshin había acordado en ayudarle. Sí, a pesar de que ella le explicó la malinterpretación con sus palabras que había sufrido y que en realidad había fallado a propósito, él nunca le creyó. Aunque le había rogado por una segunda prueba y que esta vez la tomaría en serio, se había negado y era así como todo había seguido su rumbo. Aun así, su tutor le había prometido que la pena de tenerse que verse a diario y el horror de tener que convivir pasarían muy pero muy rápido si mejoraba.

Pues afortunadamente aquellos errores suyos que había descubierto parcialmente solo eran detalles que fácilmente podían corregir con la práctica de exámenes sorpresa. Cansada, bostezó y salió de su última clase, adentrándose a los pasillos de la universidad. Tenía que hablar con Hiko y entregarle la hoja firmada por su tutor y que constataba su asistencia en sus clases. Pero en seguida, tras descubrir una cabellera rojiza caminando junto a la alta e imponente figura de Hiko, despacio de su vista.

Mientras Hiko tenían su portafolios bajo su brazo y una taza de café en la otra mano, completamente vestido formalmente, su tutor lucía una chamarra de vestir verde militar con gorro cuyo borde estaba forrado de lo que imitaba el pelito de un zorro. Su cabello rojo desaparecía dentro de la capucha y se mezclaba con el color café de lo más llamativo de su prenda. Su mochila era de esas que se cruzaba por el tórax y quedaban colgando en uno de los costados, contrario a la del trabajo para la que usaba una similar pero más ajustaba dejándola descansar tras su espalda.

Cuidadosa, meditó las cosas y decidió volver otro día. Si ante los ojos de ese chico era una chica que hasta la talla del pantalón le había averiguado, no quería que creyera que los estaba siguiendo hasta en la escuela. Aunque, no sabía que estaba matriculado ahí y que algún día lo encontraría, prefería que fuera solo en el trabajo y en sus clases donde se vieran. No necesitaba más encuentros extraños. Al encontrar su solución, volvió a su casillero para dejar las notas que había estado por enseñarle a su profesor.

Después de la escuela tenía que ir a otra de esas clases especiales para quedar con los horarios y entonces ir al trabajo. En otras palabras, ese día estaría lleno de mucho Kenshin. Lo que le preocupaba en serio era llegar en el momento adecuado pues la última vez que había ido, se había topado con una chica saliendo como toda una loca de su departamento. No era ningún secreto lo que habían hecho, era obvio que la había hecho muy feliz al juzgar por su cara de borrego estúpido. Pero en realidad aunque no lo quisiera admitir él le empezaba a gustar piscas, pero no del todo.

No, no… ¡menos que pizcas! ¡Casi nada!

Aunque claro, cualquiera que conociera su historia seguramente le diría que era por ese otro Kenshin que había dejado en el pasado o que estaba en sus sueños. Pero la verdad era que si estaba debatiéndose moralmente por este que si estaba presente, era por su propia personalidad de chico malo. Y se sentía mal por eso. Imaginó, que con todas sus confusiones no significaba que caería como mosca como las demás mujeres. Sería su crush secreto y se lo llevaría hasta la tumba. Jamás se tiraría a sus pies y menos con esa personalidad.

IV

Terminó de pagar por el empardado que llevaría comiendo en el camino y se despidió de algunas de sus colegas de la escuela. Apresurada, regresó a su casillero para cambiar los libros que necesitaría para estudiar y para irse por fin de ahí.

—Kaoru, ¡mira que al fin te encuentro!

La conocida y ya familiar voz de una de sus compañeras de clase le perturbo su agenda mental que trataba de organizar. Fingiendo una sonrisa, la recibió realizando una reverencia. Okon era una chica muy alegre tanto que se le había acercado el primer día pidiéndole consejos amorosos y sobre su noviazgo en picada. Lo había hecho con tanta confianza y sin vergüenza que simplemente plantó esa espina en la que no sabía qué clase de fama le seguía como para dar esos aires de experiencia.

Finalmente, se la había quitado de encima diciéndole que solo había tenido un compañero intimo en el pasado y aunque era verdad, la castaña se había echado a reír como si se tratara de una broma. Sin sacarla de su error para que dejara de molestarla, simplemente le había dejado pensar lo que fuera que quisiera de ella. De todas formas lo que la gente le criticara no tenía efecto en ella. Mucho menos si se creían superiores por encontrarle defectos. Simplemente era patético.

Abrió su botella de agua y bebió un poco mientras era seguida por su nueva inseparable compañera. No era que le molestara pero en verdad estaba enfocada en otro tipo de cosas como para ponerse a socializar con todo el mundo. —Ah, mira, ahí está el chico que me gusta —señaló la muchacha delgada, alisando su camisa color negra y empujando hacia abajo un poco de su escote.

La de flequillo y coleta negra ladeó el rostro interesada, si la muchacha no se iba pronto no llegaría a tiempo a su clase con el ogro pelirrojo 'ese' y terminaría cancelando. Sorprendida, dejó de masticar el pedazo de pan que recién había mordido, al ver a Enishi Yukishiro junto a la misma melena pelirroja que había visto antes. Y, al parecer estaba discutiendo.

—¿Kenshin? ¿Te gusta Kenshin? —Preguntó alarmada, no porque fuera ahora su «crush secreto», sino porque verdaderamente la muchacha se veía inocente como para caer en sus garras.

Okon rio con demencia y palpó su hombro como si la estuviera consolando—. Por favor, Kaoru, ese chico es como las 'conejitas' de entretenimiento para adultos. Se puede ver y hasta se puede soñar con él… pero no se puede palpar. Yo prefiero algo más realista, algo más a mi alcance.

¿Palpar? Ese Kenshin ya estaba palpado, manoseado y hasta… Tocio, recuperando la compostura y cortando sus pensamientos cuando estos empezaron a subir de tono. No era necesario tanto detalle, solo un resumen: tenia vasta experiencia. Eso era todo, aunque Tae dijera que era muy selecto con lo que se llevaba a casa.

—¡Ven vamos a saludar! —La chica la tomó de la mano sonriente atravesando el pasillo en unos cuantos pasos que le parecieron una porción de segundo al no poder zafarse y quedarse atrás.

Nerviosa se quedó plantada tras su amiga, mirando hacia otro lado mientras la otra se presentaba. Kenshin había dicho que guardarían su distancia y ella estaba muy de acuerdo con eso. Si tenía que lidiar con él en el trabajo, en las clases y ahora en la escuela no quería parar en el hospital por una sobredosis de Kenshin.

—Mucho gusto Okon, si te he visto en una de mis clases —reveló Yukishiro besando su mano para demostrar su caballerosidad—. Este es mi mejor amigo —pausó un segundo y después se corrigió—. Bueno, este es Kenshin Himura.

El aludido alzó la barbilla en forma de saludo informal. Su atención estaba en una mata de cabellos negros que insistía con esconderse disimuladamente detrás de la joven que había llegado.

—Oh y esta es Kaoru —La chica la sacó de su refugio, simplemente dando un paso hacia un lado para dejarla al descubierto. Apenada por su comportamiento asintió y estiró su mano para presentarse, de nuevo. Porque ambos la conocían.

—Pero Kao, si ya te conocemos… oh, —Enishi se retractó en seguida recordando el problema que supuestamente le había afectado antes de entrar a la escuela—. Bueno a mí me conoces del otro día, ¿me recuerdas?

Kenshin entrecerró la mirada y dio media vuelta. Lo que menos quería era involucrarse con ese tipo de personas. Lo más seguro era escaparse antes de que lo vincularan con gente tan extraña.

—Pero Kenshin… —exclamó Okon tomándolo de la manga de su suéter—. ¿Me debes muchas, recuerdas? En la clase de biología, química y…

Ah, cierto. Mendiga era su suerte. Por eso no le gustaba deberle nada a nadie porque tarde o temprano se las terminaban cobrando y echando en cara. —Cierto —Fue su corta y seca respuesta.

—Mira esta es Kaoru, si Eni la conoce entonces eso significa que tú también —intuyó Okon por la fama que perseguía a la pareja en el pasado Kamiya y Yukishiro. Y claro, su ex compañero de cuarto Kenshin Himura. Sí, se había puesto a investigar sobre el de cabello plateado hasta indagar en el asunto. Le había costado tanto, como hacerle las tareas a sus fuentes de información como dejarlos copear en los exámenes. Y, bueno, una que otra caja de goma de mascar también habían sido el pago.

Una ceja rojiza se arqueó y su dueño regresó a su posición original extendiendo la mano con apatía—. No la conozco —argumentó desinteresado—. Pero es un gusto.

—Si, como sea… —contestó Kaoru bostezando y volteando hacia otro lado. Era obvio que no quería nada que ver con ella y para ser sincera ella estaba bien con su resolución. Él era bastante frio y huraño y si quería cambiar su vida debía rodearse de gente positiva y alegre para conseguir la calma.

Animada y decidiendo seguirle el juego lo rozó con apenas la yema de los dedos dejando caer su mano en seguida. Ese había sido su saludo, uno asqueroso y lleno de indiferencia por ambas partes. O eso pensó. Porque al mirar el frunce del de mirada ambarina supo que no le había parecido el gesto.

—Es raro que no se conozcan… pero bueno, ahora que ya todos lo hacemos podemos salir a divertirnos…

¡¿Que, qué?! Kaoru, Kenshin y Enishi voltearon abruptamente a mirar a la chica de ideas descabelladas. ¡¿Acaso los había usado y engañado para hacer una cita doble?!

—Okon, disculpa pero yo tengo cosas que hacer —se disculpó la de coleta alta acomodando el tirante de su mochila—. Tengo que ir a una tutoría, al trabajo y después a buscar departamento nuevo. No me puedo quedar.

—¿Tutoría de qué Kaoru? —Preguntó el de cabello plateado. No le sorprendía conociendo a la Kaoru del pasado seguro se trataba hasta de la clase de dibujo. Pero imaginaba que hacer conversación no estaría mal.

Kenshin sonrió. Quería ver si su 'ah sí, como sea' era el mismo como cuando lo había saludado. Pagaría por ver la cara de vergüenza de Kaoru, eso significaba que estaba dispuesto a sacar los billetes en ese mismo instante.

Ella tragó nerviosamente. Fácil podría decir de lo que se trataba, no era nada del otro mundo. Sin embargo… no quería que nadie se enterara por alguna extraña razón que ambos, el huraño y la chica bruta en matemáticas, tenían algo que ver. En ese momento no quiso molestarse para averiguarla.

—Bueno, es matemáticas y es un hombre viejo muy gruñón que cae mal —solucionó para que dejaran de molestarla—. Al parecer vive solo y no le gusta que lo dejen esperando, así que tengo que irme pronto.

Ah, ¿con que viejo gruñón que cae mal, huh?

—¿Viejo gruñón que cae mal? —Enishi se tocó la barbilla meditando en las descripciones y después, con una sonrisa, volteó a darle un par de golpecitos a Kenshin—. Oye, ese se parece a ti, 'amigo'.

El tutor de la chica no dijo nada, solo sonrió un poco molesto y se resumió a tomar su café. Aunque después del silencio se animó a contestar al ver que Kaoru sonreía triunfante—. Oye, niña… entonces tal vez debas irte de una vez, si no quieres que ese profesor gruñón te reporte y te reprueben por eso. Digo, es solo una sugerencia.

Ella sonrió con cinismo haciéndole gestos con la nariz a escondidas de su amiga, mientras se despedía de Yukishiro. Tras ella, Kenshin también organizó sus cosas para ponerse en marcha. Pero fue el de lentes el que lo detuvo sorpresivamente solo unos instantes antes de quedarse a solas con Okon, ayudándole supuestamente con una materia.

—Si 'no conocerla' fue tu decisión déjame decirte que fue una muy inteligente —dijo el de ojos café oscuro amenazantemente—. Lo que sucedió en el pasado ya no te concierne. Pero entonces no te metas con ella y déjala en paz.

Una sonrisa se formó en los labios del otro estudiante. Con desprecio, separó la mano del que lo amenazaba de su hombro. Nadie le prohibía nada ni mucho menos le parecía que ese tonto con el que habían jugado se tomara esas libertades de tocarlo. Y menos para defenderla. En realidad no quería hacer nada en contra de Kaoru. Solo no le caía bien y punto.

—Mejor, tú escúchame a mí, Yukishiro —Lo miró de manera fulminante sin importarle que Okon estuviera presente en su discusión—. No pelearé por una mujer como esa y me importa poco lo que hagas con ella. Tampoco soy tu niñero como para cuidarte como lo hacía en el pasado —Se sacudió la ropa donde le había tocado y comenzó a caminar—. Ah, y otra cosa. Si me acerco de nuevo a ella no es porque quiera, y lo sabes muy bien. En efecto, yo soy ese viejo gruñón. Que ella no quiera que lo sepas es muy su problema.

Con una sonrisa llena de satisfacción se echó a caminar. Aun podía ver la silueta de Kaoru a lo lejos. Tal vez, aunque lo odiaría, podía ir con ella a casa. O… tal vez después, todo dependía si el amargo sabor al pasado se disolvía rápidamente de su lengua… o de su cabeza.

Continuará…


Notas de autor: la historia ha cambiado, he decidido dejar de adaptarla en "X" experiencia/suceso/persona. Así que desde este punto he considerado otra alternativa para su trama, dejando todo nuevo.