GRAN ESPÍRITU
II: APRENDICES
Templo de Aries, Santuario de Athena
Año 17 del Nacimiento de Athena
Todos en el Santuario tenían ganas de darle a Mu un puñetazo en la cara; pues cuando menos así podrían hacer que dejara de sonreír como estúpido. El santo de Aries estaba feliz y no dejaba de sonreír. El otro santo dorado que no dejaba de sonreír, presumiendo a todo quien lo escuchara por más de dos segundos que pronto sería padre, era Milo.
El santo de Aries suspiró. Le apetecía charlar con alguien, pero Lydia estaba en Piscis, aún entrenando con Afrodita, Aldebarán había bajado a la ciudad a conseguir algunas cosas, y Shaka, que era la otra persona con la que solía charlar cuando estaba aburrido, se encontraba en ese momento acompañando a Lena, quien no se sentía muy bien. Mu no sabía que tenía la amazona, pero a juzgar por las expresiones de ambos, podía deducir de lo que se trataba su preocupación.
Suspiró y levantó la mirada. Mientras esperaba en la entrada del templo de Aries, vigilaba con la mirada a Kiki y a Christoffer, quienes desde la llegada del segundo al Santuario se habían vuelto buenos amigos. No solo Christoffer, sino que también Edith, la aprendiz de Lena, y Arthur, el nuevo aprendiz de Argol.
Mientras Mu los observaba, notó que Arthur se dejó caer al suelo, frustrado.
-Me rindo, yo no puedo- dijo el chico en un tono decepcionado- ya llevo un mes, y aún no logro absolutamente nada-
Chris le puso una mano en el hombro, pues él sabía la frustración que podía sentir al principio, pero Kiki se sentó junto a él en el suelo y usó su telequinesia para lanzarle una pequeña piedra.
-¡Pero qué haces!- exclamó Arhtur, furioso- ¡déjame!-
-Detén las piedras- dijo Kiki, riendo- ¿no puedes?-
Arthur frunció el entrecejo, y con movimientos de su mano se defendió, evitando que las rocas lo golpearan. Chris y Edith sonrieron al ver que el chico se defendía bien.
-Lo estás haciendo bien, Arthur- dijo Kiki, dejando de lanzarle las rocas y ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse del suelo- solo que tienes que tener un poco de paciencia-
Arthur miró a Kiki, y aceptó su mano.
Mientras que miraba a los chicos, Mu sonrió ampliamente. Su aprendiz ya no era un niño pequeño, era un adolescente y un chico responsable. Pensó en que quizá sería buena idea dejarle un tiempo la armadura de Aries cuando tuviera una misión, como Afrodita hacía con Lydia en algunas ocasiones. Se encogió de hombros.
Quien sabe. Quizá con la esfera de Arquímedes destruída, los enemigos se olvidarían de atacarlos por fin, y podrían vivir en paz.
Digamos que estaba muy equivocado.
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Normandía, Francia
Margot se levantó del suelo y sonrió ampliamente. Pasaba sus tardes, después de la escuela, en el pequeño bosque a las afueras del pequeño pueblo en el que vivía en Normandía. Ese era su sitio preferido para pasar la tarde, tumbada en la hierba, a pesar de que comenzaba el frío del otoño. En verano siempre se quitaba los zapatos y metía los pies al pequeño arroyo que pasaba junto al sitio donde decidía pasar la tarde. Esa tarde Margot se mantuvo con sus botas puestas, pero disfrutó del aire fresco.
La chica cerró los ojos y puso sus manos sobre su corazón. Un pequeño brillo, visible solo para ella, surgió de su pecho, convirtiéndose en una mariposa de luz, y se puso a revolotear a su alrededor. Margot extendió su brazo al cielo, y la pequeña mariposa se posó entre sus dedos índice y medio.
Se había incorporado al escuchar el familiar sonido de la bocina del tren que pasaba todos los días a las seis de la tarde rumbo a París, que usualmente marcaba el final de su tiempo en el campo, pues tardaba al menos veinte minutos en llegar caminando a su casa, y quería llegar a tiempo para lavarse y cenar a las siete. La pequeña mariposa se desvaneció en el aire.
Margot se puso de pie, y se dispuso a caminar hacia el interior del pueblo, cuando las familiares sombras blancas la rodearon. Chanteloup y Lowe, un par de espíritus lobo, daban vueltas traviesamente a su alrededor. La chica rió. Esos dos ya se habían tardado en aparecer, pero miró al cielo y vio que el sol se estaba poniendo y la luna comenzaba a salir.
-¿A dónde vas, Margot?- preguntó Lowe, el pequeño lobo.
-Voy de regreso a casa, mamá y papá se enfadarán si llego tarde a cenar- dijo ella.
Lowe se veía muy decepcionado, pero Chanteloup solo miró a la chica mientras se encontraba sentada sobre sus patas traseras y movía la cola tranquilamente. Margot extendió su mano hacia ella, su favorita, y acarició su pelaje. A pesar de que a la vista no parecían más que un puñado de humo, cada uno de los lobos tenían un pelaje espeso y suave sobre el cual Margot disfrutaba tumbarse de vez en cuanto.
Y no olvidaba, a pesar de que ya habían pasado todos esos años, en esa terrible noche, que había sido Chanteloup quien la había salvado esa noche en el campamento Sioux, y la había conducido a salvo de vuelta a sus padres.
Lowe era un espíritu lobo, pequeño y travieso, pero muy divertido, que hacía que Margot nunca se sintiera sola, sobre todo cuando sus papás estaban ocupados con sus trabajos. Chanteloup era un espíritu lobo hembra mucho mayor, y de tamaño enorme comparado con Lowe, siempre seria y solemne, que cuidaba de ella.
-No la molestes, Lowe- dijo Chanteloup, quien tenía una voz bastante dulce, con un tono que hacía que la chica se pusiera de buen humor- parece que tus padres están de felices hoy, te darán una buena noticia-
La chica sonrió, emocionada. Se moría de ganas de saber las nuevas.
Margot sacó su celular y envió dos mensajes. Uno era para su mejor amiga, Louise, diciéndole que no olvidara llevarle al día siguiente los dibujos que le pidió. El otro era para su novio, Hugo, diciéndole que esa noche cenaría con sus padres. Se guardó el celular en el bolso, y tras sacudirse el pasto de su falda y de sus cabellos, se apresuró a regresar a casa. Mientras veía el tren de París alejarse de la estación, y el bosque desaparecer a su espalda, sabía muy bien que Chanteloup y Lowe estarían a su lado y no la dejarían sola.
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Templo de Sagitario
Después de la ardua rutina de alimentar y vestir a los mellizos, Aioros sonrió con una extraña sensación de éxito: lo había logrado en tiempo récord. Sofi no pudo evitar echarse a reír al verlo tan feliz por el logro.
-En serio, cada vez has mejorado tus tiempos- dijo Sofi, mirando su reloj- esta vez fueron… doce minutos y cuarenta y ocho segundos… dos minutos y seis segundos menos que ayer. Casi me ganas-
-Tú tienes ventaja por ser pediatra, tienes práctica. Si tan solo me dejaras hacerlo a la velocidad de la luz…- dijo el santo dorado en un tono esperanzado.
-No, ni lo sueñes- dijo Sofi, sacando a Markus de su cuna, quien aún reía a carcajadas, pensando que su papá había estaba jugando con él, no vistiéndolo- eso es trampa-
Aioros rió, y tras poner a Carina entre sus brazos, se sentó junto a Sofi y la besó en la mejilla. Por fin los dos estaban frescos y descansados: los mellizos habían dormido toda la noche por al menos una semana, y eso era la gloria para los nuevos padres. Y claro, ambos agradecían que aún faltara un buen rato antes de que aparecieran los berrinches. Elsita aún no cumplía dos años, y ya había comenzado.
-Aún no hemos sabido de tus padres- dijo Aioros, aunque estaba agradecido de no haber conocido aún a sus suegros: unos padres que se desentendían de un hijo como habían hecho con Sofi no le causaban ninguna simpatía, pero ahí estaba.
-Pues, mi madre me llamó hace unos días, creo que olvidé mencionártelo- dijo Sofi- dijo que ella y mi papá por fin se divorciaron hace un par de meses-
-Oh…- dijo Aioros, sin saber si eso eran buenas o malas noticias.
-Era de esperarse, amore mio- dijo Sofi, encogiéndose de hombros- desde mi diagnóstico, mis papás han estado peleando, echándose la culpa mutuamente. La verdad, es un alivio saber que por fin se separarán, así dejarán de pelearse todo el tiempo-
-Tonterías- dijo Aioros, pensando en lo ridículo que era que se culparan por la enfermedad de su hija.
-Lo sé- dijo la chica, cabizbaja- lastima que mi papá no quiera hablar conmigo, me gustaría que me dijera sobre mi hermana mayor. Ya somos adultas las dos, me gustaría conocerla-
Aioros sonrió, y recordó lo que Sofi le había contado en el pasado. Su padre había estado casado antes de conocer a su mamá, y había tenido una hija que era casi quince años mayor que Sofi. No sabía quien era, cómo era o dónde estaba, solo sabía que se llamaba Bianca. Para ese entonces, seguramente su hermana se habría casado, y ahora tendría otro apellido, haciéndola mucho más difícil de encontrar. Suspiró.
-¿Y porqué no lo llamas e insistes en que te diga lo que sabe?- preguntó Aioros, tras darle un beso en la mejilla a Carina- quizá en algún momento eventualmente te lo dirá. Solo necesitas su nombre completo, ¿no?-
Sofi iba a decir algo, pero el pequeño Markus le puso las manitas en su cara y se echó a reír, mientras que Carina le hizo segunda desde los brazos de Aioros. Ambos chicos sonrieron y se levantaron para salir un rato del templo de Sagitario. Les apetecía un poco de aire fresco.
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Terrenos del Santuario
Kiki sonrió al ver que su amigo Christoffer estaba realmente enamorado. Otra vez. La última vez, había sido de una espía de Phobos y Deimos, y casi le había costado la vida a él, a Lena y a su maestro. Esta vez, cuando conoció a Edith como aprendiz de la amazona de Corona Boreal, Christoffer se portó mucho más cauteloso, pero había logrado entrar en confianza con la chica, que esencialmente era muy seria pero tenía buen corazón, y había caído rendido. A diferencia de Deino, Edith era pequeña, muy bajita y delgada, pero todos los aprendices la reconocían como una chica muy poderosa.
El aprendiz de Aries estaba feliz por ellos dos. Hacían una pareja linda e incluso algo divertida, siendo Chris tan alto y la chica tan bajita. Edith era una buena persona, se esforzaba mucho, y Christoffer tenía buen corazón también.
Y luego estaba Arthur.
Kiki suspiró largamente. Realmente no sabía que pensar con el recién llegado aprendiz de Argol de Perseo. El chico era fuerte, pero aún no mostraba ninguna señal de tener cosmo. El maestro Shion había dicho que lo tenía, y que lo mejor sería entrenarlo de una vez, aunque fuera demasiado grande para comenzar con el entrenamiento.
Lo que hacía que Kiki no estuviera seguro de él era el hecho que Arthur había trabajado para el hechicero que había atacado el Santuario hacía un par de meses. Sí, tanto él como Tora, la chica que ahora estaba con el maestro Dohko, habían dicho que ambos fueron extorsionados para trabajar para él, aún así Kiki prefería tener precaución con él.
A pesar de sus sospechas, el pelirrojo lo trataba cordialmente, y Arthur poco a poco se sentía en casa, cosa que convencía a Kiki de que sus sospechas estaban infundadas, y que el chico rubio era buena persona.
Y de repente… ¡zape!
-Ay, ay, ay- se quejó Kiki, llevándose las manos a la cabeza y lloriqueando- ¿qué rayos…?-
-Vamos, levántate y deja de soñar, Kiki- dijo Seiya, quien se había acercado a mirar el entrenamiento de los chicos- no te veo entrenando-
-¡Seiya!- se quejó el pelirrojo, molesto y frotándose la cabeza- estaba tomando un respiro… no es mi culpa que estuvieras distraído y no hayas visto-
-Además, Kiki no es tu aprendiz, Seiya- añadió Hyoga, frotándose la frente en una expresión exasperada- déjalo en paz, o Mu vendrá a patearte el trasero otra vez-
Seiya gruñó, mientras que Kiki se echaba a reír, y miraba a los santos de bronce. Cierto, ahora casi todos los dorados estaban emparejados, y de los de bronce, solo Shun mantenía su relación con June desde hacía muchos años. Ah, y Shiryu y Shunrei, por supuesto. Quien sabe, quizá porque nadie lograba soportar a Seiya.
Kiki se volvió a ver a su maestro, quien los miraba de pie, con los brazos cruzados, pero con una sonrisa en su rostro. Claro, aunque Hyoga amenazara a Seiya, el pelirrojo sabía que no haría nada, estaba demasiado feliz porque por fin, después de esperar casi cinco años, se casaría con su chica. Kiki sonrió también. La chica de su maestro le caía bien, la quería como a una hermana mayor.
Kiki vio a su maestro hacerle una señal, y tras despedirse rápidamente de sus compañeros, acudió al lado de Mu.
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Casa de la familia Blanc, Normandía
Margot volvió a casa y tomó una ducha antes de bajar a cenar. La pequeña casa de la familia estaba compuesta de dos plantas. En la primera estaba una pequeña salita, el comedor y la cocina, y en la segunda planta había tres habitaciones: la de sus padres, la de visitas y la de Margot. Esta última era apenas un armario remodelado, pero al menos Margot estaba conforme con su habitación. Sonrió al mirar el atrapasueños sobre su cama, un recuerdo de cuando estuvo en América. Al observarlo, se llevó las manos al corazón, y sonrió levemente.
Después miró la pared de su habitación, la cual estaba tapizadas de fotos de ella a todas las edades, tomadas por sus padres, en todos los sitios que habían visitado en alguna ocasión. Sonrió al ver su figura en la foto frente a la torre Eiffel, la Torre de Londres, el Taj Majal, la Estatua de la libertad, el templo dorado de Kyoto, entre muchas otras.
Miró una de las fotos, de ella sentada en la fogata de los Sioux, rodeada de otras chicas y… Pequeña Tortuga. La chica extendió sus manos hacia la fotografía, pero de pronto escuchó una vez llamándola.
-¡Margot!- exclamó su padre desde la cocina- viens ici, ma petite. Necesitamos hablar contigo-
Margot sonrió emocionada, recordando lo que le había dicho Chanteloup, y bajó las escaleras casi corriendo mientras se amarraba el cabello en una trenza. Cuando llegó al pie de la escalera, se detuvo en seco, sorprendida y extrañada.
Había un hombre extraño en la sala, sentado con sus padres y su hermano menor. El desconocido tenía el cabello blanco, pero tenía una mirada que le parecía conocida. Miró alternadamente al hombre y luego a su mamá, y alzó las cejas. ¿Quién era ese señor?
-Ven, Margot, quiero presentarte a alguien- dijo su mamá, al verla que se había detenido, y miraba dudosa al extraño.
-¿Esta bambina es tu hija?- preguntó el hombre.
"Habla italiano, como mamá", pensó Margot, mientras miraba a su madre asentir.
La niña se acercó tímidamente a la sala, y se detuvo otra vez, buscando con la mirada a su padre, quien también sonreía tranquilo. Se volvió de nuevo a su madre.
-Mamá, ¿quién…?-
-Él es tu abuelo, Margot- dijo su mamá- hace muchos años que no lo veíamos, desde antes de que nacieras tú-
Margot volvió su mirada al hombre, y sonrió levemente al ver que le estaba sonriendo.
-Mucho gusto en conocerte, Margot- dijo el hombre en un tono neutral, sin parecer muy emocionado al respecto. La niña sonrió tímidamente otra vez, pero se sentó en el lado contrario, junto a su padre, mientras que Rémy, su hermanito, se deslizaba del regazo de su papá al suyo. El pequeño tenía dos años, pero era muy inquieto.
-Entonces, ¿dices que has hablado con mi hermana?- dijo Bianca, al parecer continuando con la conversación que llevaban antes de que Margot bajara a la sala- pero, ¿sabes donde vive?-
-Si no recuerdo mal, Sofía vive desde hace algunos años en Atenas. Pero no deberías preocuparte tanto por ella, Bianca- dijo el señor Lombardi, encogiéndose de hombros- lo último que escuché de ella era que se iba a casar… con un soldado, o algo parecido-
Bianca miró de reojo a Jérémie, quien se encogió de hombros.
-¿Tienes su dirección?- dijo Bianca- quizá, en alguno de nuestros viajes, podemos pasar a visitarla. La verdad me gustaría mucho conocerla-
El hombre se encogió de hombros otra vez, pero sacó del bolsillo de su camisa una agenda, y sacó de entre sus páginas una pequeña tarjeta, y se la entregó Bianca.
-Gracias, papá- dijo la mujer.
-Bueno, creo que es hora de irme- dijo el señor Lombardi- Honorine me está esperando-
Tanto Bianca como Jérémie sonrieron, y Margot alzó las cejas. La chica no lo sabía, pero sus padres estaban conscientes de que la única razón por la que había visitado ese pueblo de Francia era porque había pasado de visita con su nueva esposa, la tercera en su lista. ¡Vaya que Vincenzo Lombardi tenía sus mañas!
-Gracias por pasar a vernos, papá- dijo Bianca, mientras lo acompañaban a la puerta, seguida de Jérémie.
Una vez que Margot se quedó sola con su hermanito, se volvió a Rémy, y se encogió de hombros.
-No sé tú, pero yo prefiero al abuelo Blanc- dijo Margot en voz baja, y sonrió al escuchar la risa de su hermanito- aunque creo que eso significa que vamos a visitar Grecia muy pronto. ¿Qué tal suena eso, Rémy?-
Rémy aplaudió sin dejar de reír, y Margot se volvió a la ventana. Chanteloup estaba ahí, echada en el suelo y mirando hacia el sitio donde había desaparecido el visitante, y sacudió la cabeza repetidamente. Margot sonrió. Al parecer, a su amiga tampoco le había caído muy bien su abuelo.
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Templo de Virgo
Durante la madrugada
Shaka acarició los cabellos de Lena, quien estaba dormida en su propia cama. El santo de Virgo suspiró preocupado. Si bien ya tenía dos meses de embarazo, en los últimos días sus vómitos se habían vuelto casi incontrolables. Hacía unos minutos, la chica se había levantado a vomitar de nuevo, y tras lavarse los dientes se dejó caer en la cama.
El chico estaba muy preocupado, y una parte de él se sentía muy culpable por lo que le estaba pasando a Lena. Si bien era cierto que ninguno de los dos estaba preparado para ese embarazo, la chica era la que lo estaba llevando peor. ¡Cómo lo hacía sentir mal cuando la veía nauseosa!
Shaka vio a Lena agitarse en sueños de nuevo, y él se inclinó para besarla en la mejilla.
-Mmm… Shaka…- se quejó ella.
-Lo sé, la estás pasando horrible- le dijo el santo dorado- ¿qué puedo hacer para ayudarte?-
Lena no se respondió. Con un suave empujón hizo a un lado a Shaka, y se levantó de nuevo al baño. El santo la siguió, ayudándola a detenerle el cabello mientras vomitaba. A esas alturas, el santo de Virgo ya estaba muy preocupado: Lena no había podido mantener nada en su estómago por un todo un día, y eso no podía ser bueno, ni para ella ni para el bebé.
Una vez que terminó, Shaka no la dejó levantarse. En vez de eso, le puso una bata encima, asegurándose de que estuviera bien cubierta, y la alzó en brazos.
-Lo siento mucho, pyaar- le dijo Shaka en voz baja, tras besarla en la mejilla- pero esto ya fue demasiado. Tengo que llevarte al hospital-
-No- se quejó Lena débilmente- no quiero…-
-Yo tampoco, mera pyaar- dijo el santo de Virgo- pero ni siquiera tienes fuerzas para patearme el trasero. No puedo dejarlos así-
Lena no se resistió, sino renuentemente apoyó su cabeza en el pecho de Shaka. El chico la miró: estaba pálida y fatigada. No tenía tiempo que perder. Tras avisar por medio de su cosmo al Patriarca, a pesar de tener que despertarlo, tomó a su chica y comenzó a bajar los escalones de los Doce Templos.
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Templo de Aries
Kiki sintió el cosmo de Shaka pasar a través del templo de Aries, pero supuso que el santo tenía una buena razón para salir del Santuario a esa hora de la madrugada. Bajó a la entrada y, tras preguntar a Shaka si necesitaba algo, le hizo el favor de teletransportarlo a él y a Lena al hospital.
El pelirrojo realmente esperaba que la chica estuviera bien, y que no fuera nada serio.
Kiki regresó lentamente hacia su habitación una vez que se aseguró que Lena y Shaka hubieran llegado bien al hospital. De pronto, sintió algo extraño. Una extraña brisa fresca lo rodeó, y el chico se extrañó. Era agradable, pero ¿qué era eso?
Se apresuró a mirar por la ventana. Además de la luna llena, no parecía haber nada extraño en esa noche de octubre. Había algo extraño en el ambiente, aunque no podía ponerle el nombre aún.
El chico regresó a su cama, arrastrando los pies y dando un gran bostezo, se quitó la playera que tenía puesta para dormir más a gusto y disfrutar el fresco de la noche. Ya no era el niño regordete que había ayudado a los santos de bronce en el pasado. Ya era un chico atlético y fuerte.
Kiki suspiró y cerró los ojos, quedándose dormido casi de inmediato.
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Habitación de Margot
La chica abrió los ojos de golpe. ¿Qué rayos había pasado?
Había tenido el sueño muy extraño. Había soñado que algo malo había sucedido. Era una pesadilla más o menos recurrente en su vida. Había soñado de nuevo con Pequeña Tortuga, pero que esta vez no había salido corriendo del Tiki donde la anciana le había pasado el corazón dorado. Miró, con sus propios ojos, a un hombre mayor, vestido en un elegante traje, mirando con desdén a su alrededor. Algunos de los sioux eran golpeados y arrastrados hacia el hombre, que sacudía la cabeza repetidamente tan pronto como ponía sus ojos sobre ellos. Después, el hombre se volvía hacia Margot, y extendía los brazos hacia ella. Una horrenda sensación de terror se apoderaba de ella, y la hacía levantarse de golpe.
Margot no sabía que era lo que significaba eso, pero la había dejado un poco asustada. Se incorporó sentada sobre su cama y respiró hondo. No pasaba nada, todo iba a estar bien.
Al día siguiente, viajaría con sus padres a Grecia, al parecer a tomar más fotografías y hacer un reportaje, y al mismo tiempo, su mamá quería conocer a su hermana menor. Mientras meditaba en ello, la chica pensó en su hermanito y en lo horrible que sería pasar muchos años sin conocer a su propio hermano. Sonrió. Rémy era un pequeño muy dulce.
Margot se volvió a la ventana. Lowe y Chanteloup estaban mirando a través del cristal, y lo cruzaron.
-¿Qué sucede, Margot?- dijo Lowe.
-Mal sueño- dijo la chica- no te preocupes. Estoy bien-
Miró su teléfono celular. Tenía al menos una veintena de mensajes de Hugo. Margot puso los ojos en blanco. Había olvidado escribirle, y se había quedado dormida. Seguramente estaría molesto. Suspiró.
Hey, hola.
¡Margot! ¿Qué pasó?¡Me quedé preocupado!
Tranquilo, no pasó nada importante. Mamá quiere que viajemos a Grecia, a hacer un reportaje, y quiere que vayamos a conocer a su hermana.
¿A Grecia?¿Qué haría tu tía en Grecia? Creí que la familia de tu mamá era de Italia.
Es una larga historia.
¿Cuándo se van?
Margot se mordió el labio antes de responder. A Hugo no le haría ninguna gracia saber que al día siguiente, y que ella había olvidado contarle. Bueno, ni modo.
Mañana a primera hora.
Hubo un silencio.
¿MAÑANA?¿Y NO PENSABAS DECÍRMELO?
Hugo, mamá y papá lo decidieron apenas.
NO PUEDES IRTE. PASADO MAÑANA ES EL BAILE DE LA ESCUELA. ¿SABES CUÁNTO TIEMPO HE ESPERADO PARA…?
Margot suspiró mientras su novio seguía escribiendo furioso, con mayúsculas. Pasó su mirada hacia los dos espíritus. Lowe puso los ojos en blanco, y Chanteloup sacudió la cabeza. A ninguno de los dos les agradaba mucho Hugo.
Lo siento mucho, Hugo. Este tema parece ser importante para mi mamá. No tengo opción.
Hugo no le respondió más. Margot suspiró. Seguro estaba muy enojado con ella, así que decidió no decir nada más. Era tarde, y quizá era mejor irse a dormir. Levantó la vista, y acarició la cabeza de Chanteloup, quien estaba inusualmente callada. Margot se volvió a acostar, mientras que ambos espíritus lobo se echaron a sus pies.
-Buenas noches- dijo en voz baja.
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Viens ici, ma petite: (francés) ven aquí, mi pequeña.
Pyaar: (hindi) cariño.
Mera pyaar: (hindi) mi amor.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Pues después de ser extorsionada por Misao-CG para actualizar antes de tiempo, me quedaré actualizando como siempre, cada dos días en días pares. Espero que les haya gustado esta introducción. El papá de Sofi es… complicado, para decirlo amablemente. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
