GRAN ESPÍRITU

IV: ENCUENTRO

Santuario de Athena

A la mañana siguiente

Kiki se levantó sin muchas ganas y dejó escapar una expresión quejumbrosa, sintiendo todo su cuerpo entumido, como si lo hubieran molido a golpes durante la noche. El chico se desperezó y se rascó la cabeza. No entendía bien que le pasaba. Quien sabe, quizás había pescado un feo resfriado. El chico suspiró largamente y arrastró los pies hacia el cuarto de baño, llenando el lavabo de agua y metiendo la cabeza completa en un gesto derrotado. Mientras estaba ahí, con la cabeza sumergida en el agua, dejó escapar todo el aire, pensando que ese día sería de lo más aburrido. Sacó la cabeza, buscó a tientas la toalla y se secó.

Se miró al espejo. Incluso tenía ojeras. Seguro uno de los pequeños aprendices lo había contagiado del algún resfriado. Sí, eso debía ser.

Cuando bajó tambaleándose al comedor del templo de Aries y lo vio en esas condiciones, Mu lo miró benévolamente, un poco preocupado por él mientras que se sentaba a la mesa a tomar su desayuno.

-No te ves muy bien esta mañana, Kiki- le dijo el santo de Aries, mirándolo con interés mientras tomaba un sorbo de su taza de té- ¿estás enfermo o algo? Quizá sería buena idea que te quedaras a descansar esta mañana-

-No puedo, señor Mu- dijo Kiki, sacudiendo la cabeza. Vaya, incluso sacudir la cabeza hacía que le doliera un poco. Tomó un pan tostado distraídamente y le dio una mordida. Tragó, y después le dio un sorbo a su propio té- no puedo dejar mi entrenamiento-

Mu sonrió levemente tras su taza de té, sintiéndose un poco más orgulloso de su joven aprendiz. Quien iba a pensar que su pequeño e irresponsable estudiante se había vuelto un chico serio y responsable.

-Está bien, pero al menos hoy tómatelo con calma- dijo el santo dorado, mirando de reojo la cocina del templo de Aries- desde ayer he notado que te ves un poco cansado. Quizá estás comenzando con un resfrío…-

-Quizá- dijo Kiki, pensativo, tras terminarse su rebanada de pan- pero en serio estoy bien, maestro-

-De igual manera, prepararemos algo de sopa caliente para comer, quizá eso te haga sentir mejor- dijo Mu.

Kiki sonrió, agradecido, y asintió. La sopa no le haría nada mal tras un largo día de entrenamiento, sobre todo porque el clima comenzaba a enfriar a finales de octubre. El pelirrojo respiró hondo. No sabía exactamente que significaba la sensación extraña que había tenido la noche anterior. De hecho, después de salir del Coliseo, había buscado a Mu y le había contado lo que había pasado. El santo de Aries lo había escuchado con atención y tomado muy en serio lo que su aprendiz le había dicho, pero realmente no sabía qué podía significar esa extraña visión.

Una vez que terminó de desayunar, el chico se levantó de su asiento con dificultad y se agitó los cabellos con las manos, antes de tronarse los dedos y salir de Aries hacia los terrenos del Santuario.

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Hotel Plaka

Al mismo tiempo, Margot despertó con la misma sensación de que todo el cuerpo le dolía. Se frotó los brazos un par de veces. ¡Qué fea pesadilla había tenido! Esa niña que había conocido hacía todos esos años en Wyoming, Mika, y todos los Sioux, atacados por esos extraños monstruos negros que llevaban años plagando sus pesadillas. No. Sacudió la cabeza. Seguramente había sido solo un sueño: no había manera de que eso pasara en realidad

Se incorporó sobre la cama, y miró a su alrededor. Estaba sola en ese momento. No había señal de Lowe o Chanteloup. Sus padres habían salido de la habitación del hotel al parecer, quizá a comprar algo de desayunar para todos. Solo estaba Rémy, quien comenzaba a despertar y a lloriquear.

-¿Qué pasó, Rémy?- preguntó Margot, mientras su hermanito lloriqueaba y señalaba su propia panza- ya sé, yo también tengo hambre…-

-Magooooo- dijo Rémy- hambee….-

-Ya sé, papá y mamá no deben tardar- dijo la chica- yo…-

Iba a decir algo, cuando escucho su teléfono celular sonando. Sonrió y revisó sus mensajes. Nuevamente, todos eran de Louise.

¡Margot! No te lo vas a creer. Estoy en el aeropuerto, y en unas horas estaremos también en Atenas. Espero que termines con tus asuntos familiares pronto, porque tengo planeados muchos paseos en la ciudad para las dos. ¡Nos vemos muy pronto!

Margot sonrió. Louise era tan apasionada con conocer sitios nuevos como ella y sus padres. Le encantaba la idea. Solo esperaba que sus padres no le pusieran ningún problema para irse con su amiga a todos los sitios que querían conocer.

-Mago, hambre…- dijo Rémy.

-Lo sé, Rémy- dijo Margot, abrazándose su estómago, y tomando de nuevo su teléfono celular, para llamar a sus padres y saber donde estaban. Recibió como respuesta que pidiera servicio a la habitación, y que ellos llegarían un poco más tarde- bueno, enano, espero que te gusten los wafles-

-Wafeeeee- gritó Rémy, aplaudiendo repetidamente, y Margot sonrió, olvidando por un rato el asunto que le había causado tanta preocupación esa mañana.

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Hospital de Atenas

Los padres de Margot habían salido temprano para ir al hospital donde el padre de Bianca les había dicho que trabajaba Sofía. Bianca estaba emocionada por conocer por primera vez a su hermana menor, y jugaba nerviosamente con sus manos. Jérémie sonrió. Ah, su esposa le daba ternura. Extendió su mano y tomó su mano justo antes de entrar. Ambos respiraron hondo, y dieron el paso necesario para entrar al edificio.

Miraron a su alrededor en la entrada del hospital.

-¿Y ahora qué hacemos, mon amour?- preguntó Jérémie.

-Preguntar por ella, supongo- dijo Bianca, señalando el módulo de información del hospital.

-¿Cómo dijiste que se llama tu hermana, cariño?- preguntó él. Cuando su esposa iba a responder, se vieron interrumpidos por uno de los médicos, que se acercó a ellos.

-¿Sofi?¿qué haces aquí, si…? ¡Oh, lo siento!- dijo el chico recién llegado, que era Oskar, viendo a esa mujer tan parecida a Sofi. Se dio cuenta de su error tan pronto como la miró bien, porque a pesar de que se parecían muchísimo, la mujer parecía ser un poco mayor, y tenía cabellos castaños claros, no rojos como su amiga. Aún así, el parecido era impresionante.

-Tú… ¿tú conoces a Sofi?¿Sofía Lombardi?- dijo Bianca antes de que el chico se fuera, y Oskar asintió levemente, aún parpadeando sorprendido del impresionante parecido entre ambas mujeres- ¿puedo verla? Tengo… algo importante que decirle-

-Ella no está aquí el día de hoy- dijo Oskar, haciendo un esfuerzo para salir de su sorpresa- Sofi trabaja aquí, pero hace 3 meses que está incapacitada-

-¿Qué le pasó?- dijo Bianca con preocupación.

-Nada malo- dijo Oskar, sacudiendo la cabeza- está en licencia de maternidad por 6 meses-

Bianca miró a Jérémie y sonrió ilusionada.

-Por favor- le dijo Bianca, volviendo a mirar a Oskar- dime, ¿dónde la puedo encontrar? Por favor, es importante-

Oskar la miró, evaluando la situación. No sabía quienes eran esas personas, pero había algo en la chica que le recordaba mucho a Sofi. ¿Serían parientes? Una vez Sofi le dijo que tenía una media hermana que no conocía. ¿Sería la mujer que tenía enfrente? Se encogió de hombros.

-De acuerdo- dijo Oskar finalmente- ella vive aquí en Atenas, en el Santuario de Athena. Está casada con uno de los santos dorados-

-¿Y cómo podemos llegar ahí?- preguntó Jérémie.

Oskar sacó una hoja de papel y escribió las indicaciones, para después entregárselas. Tras agradecer al chico por su ayuda, la pareja salió rápidamente hacia el Santuario.

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Templo de Géminis

Horas más tarde

Después de mediodía, Aioros y Sofi habían llevado a los mellizos al templo de Géminis, para charlar con Saga y Cecy cuando la chica regresó de su trabajo en el museo. Kanon estaba fuera de nuevo, vigilando los terrenos del Santuario, y Satu había dejado a Elsita jugando con Carina y Markus.

-Menos mal que los pequeños se llevan bien entre ellos- observó Saga, recordando que Elsita se había comportado de manera difícil con sus papás, pero contento de ver que la pequeña compartía sus peluches con los bebés.

-Menos mal- repitió Satu.

-¿Cómo se ha comportado Elsita?- preguntó Cecy, recordando que la pequeña había empezado con sus berrinches.

-Mejor desde que nos enseñaste los tiempos fuera- dijo Satu, pensativa- a Kanon no le gusta mucho hacer eso, pero ya se resignó-

-Solo espero que estos dos no se pongan de acuerdo para hacer berrinches al mismo tiempo- observó Aioros, mientras que Carina reía al ver el llamativo cabello de Elsita. Sofi apoyó su cabeza en el hombro de Aioros, y éste comenzó a acariciar sus cabellos rojos.

Inesperadamente para ellos, Kanon regresó al templo de Géminis.

-¡Papá!- exclamó Elsita, olvidando por un momento a los mellizos, con los que había estado jugando, y caminando hacia él. Kanon sonrió levemente y alzó a su pequeña, pero se volvió a los demás.

-Lamento mucho interrumpir- dijo Kanon, mirando a Sofi y a Aioros- pero en la entrada del Santuario hay unas personas que vienen a ver a Sofi-

-¿Qué dices?- dijo Aioros, alzando las cejas con curiosidad. ¿Quién buscaría a Sofi en el Santuario?

-Claro que no- dijo Saga por su parte, frunciendo el entrecejo en una expresión algo preocupado, y se volvió a Aioros- no dejes que vaya sola, puede ser una trampa-

-No, Saga- dijo Kanon, volviendo su mirada de su hermano a Aioros, y luego a Sofi- realmente creo que deben de venir-

Aioros miró a Sofi, quien le devolvió la mirada, sorprendida. No sabía de qué se podía tratar, pero se puso de pie. Aioros hizo lo mismo y la tomó de la mano. Kanon puso a Elsita en el suelo de nuevo, en el corral con los otros dos bebés.

-Vengan, por aquí- dijo Kanon.

-Vamos- dijo Sofi, y se volvió a Saga y a Cecy- ¿les importaría…?-

-Para nada, nosotros nos encargamos- dio Cecy, sonriendo levemente- vayan-

Sofi sonrió, y comenzó a bajar hacia los terrenos del Santuario, sin soltar a Aioros, siguiendo a Kanon, quien había sonreído de manera extraña. Una vez que se quedaron solos, Satu levantó a Elsita, pues era hora de darle un baño, la pequeña comenzó a llorar y patalear. No duró mucho, pero el berrinche fue suficiente para asustar a los mellizos, quienes empezaron a llorar, un después del otro.

Saga y Cecy se miraron entre sí, y suspiraron, inclinándose al mismo tiempo para cargar a los pequeños y consolarlos.

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Entrada del Santuario

Kiki y Christoffer habían terminado de entrenar ese día, y habían bajado a los terrenos del Santuario para ver a Arthur, quien estaba entrenando ese día con Argol. Desde que Lena estaba en el hospital, y Shaka se había quedado con ella, Christoffer se había quedado a cargo del santo de Aries.

Mientras los dos chicos se dirigían a donde veían las chispas de cosmo volando, vieron que algunos de los guardias estaban cerca de la entrada del Santuario.

-¿Qué sucede, Kiki?- preguntó Christoffer.

-No tengo idea- dijo Kiki, entrecerrando los ojos y poniéndose la mano sobre la frente para cubrir sus ojos del sol y ver menor- quizá algunos turistas se perdieron e intentaron entrar al Santuario. Vamos a ver-

Los dos chicos se lanzaron a ver que era lo que estaba pasando. Argol, quien estaba observando el entrenamiento de sus dos aprendices, también lo notó, y se dirigió hacia la entrada junto con Arthur y Hadi.

En la entrada del Santuario estaban Jérémie y Bianca, el primero con Rémy en sus brazos, y Margot, quien seguía tímidamente a sus padres, y se mantenía escondida detrás de su papá. Los dos espíritus lobos, Chanteloup y Lowe, parecían estar algo inquietos, rodeando insistentemente a Margot, como si estuvieran seguros de que no deberían estar ahí. La chica no dijo nada, solo miraba a su alrededor nerviosamente, mientras que los santos de Athena comenzaron a acercarse.

No pasó mucho tiempo cuando el santo dorado que había ido por la hermana de Bianca venía regresando con ella. Incluso desde que la vieron de lejos, tanto Jérémie como Bianca sonrieron ampliamente. ¡Por supuesto que esa chica era exactamente la persona que buscaban! Excepto por el tono de sus cabellos, era casi idéntica a Bianca. Recordaba que su madre le había dicho varias veces que su hermana era pelirroja.

Mientras ambos bajaban, Aioros se detuvo en seco al ver a Bianca con una mirada sorprendida, casi al mismo tiempo Sofi hizo igual. Ambos miraron, asombrados, a la mujer que los estaba esperando en la entrada del Santuario. No lo podían creer.

-¿Sofi?- dijo Aioros, volviéndose a su chica- ¿quien es ella? Se parece mucho a ti-

-No puedo creerlo…- dijo ella en voz baja.

Kanon se detuvo a un lado de las dos parejas, y tanto Sofi como Bianca se miraron, como si estuvieran intentando encontrar diferencias entre ellas. Bianca era un poco más alta que Sofi, y tenía los ojos mucho más claros.

-Hola, Sofía- dijo Bianca, un poco nerviosa- me llamo Bianca Lombardi. Tú… no me conoces, pero mi papá es… bueno, quiero decir, él me dijo donde encontrarte, y… había querido venir antes, pero… -

Sofi sonrió ampliamente. Por supuesto, era imposible no darse cuenta. Esa mujer que tenía enfrente tenía que ser su hermana. Sofi había heredado muchas de sus facciones de la familia de su padre, y al parecer esta chica, Bianca, también.

-Tú eres mi hermana mayor- la interrumpió Sofi, sin poder reprimir un puchero, y cubrirse la boca con la mano- no puedo creerlo, Bianca, por fin te conozco-

Sofi soltó a Aioros, y se apresuró a abrazar a Bianca, quien se sorprendió de ello, pero finalmente también la abrazó, mostrando una gran sonrisa. El santo dorado sonrió: al parecer, ambas habían querido conocerse por mucho tiempo.

-¡No puedo creerlo!- exclamó Bianca, separándose un poco de ella y mirándola- en serio eres mi hermanita. ¡Estoy tan feliz de conocerte!-

Sofi sonrió como si fuera una niña pequeña, y Aioros sonrió también. Sabía muy bien que Sofi había tenido miedo de conocer a su hermana mayor porque su madre siempre la había desanimado de buscarla, diciendo que sería desagradable y trataría de menospreciarla por ser su media hermana. Al parecer había sido mutuo, pues ambas parecían plácidamente sorprendidas de que la otra no fuera desagradable.

Cuando Margot vio a su mamá abrazar a la chica que resultaba ser su tía y sonreír emocionada, la chica sonrió levemente. Vaya, la sonrisa de su mamá habían hecho que valiera la pena haber ido al Santuario, a pesar de que los espíritus no parecían estar ni un poco felices de estar ahí.

Margot dio un paso atrás, y se asomó hacia el interior del Santuario, ya que su padre estaba ocultándola a la vista. Vio a varios chicos, todos vestidos con el mismo uniforme de entrenamiento, pero hubo un grupo que le llamó la atención: un chico rubio, muy alto, junto a otro chico rubio de cabellos largos y atados en una coleta, y finalmente un chico pelirrojo, con ojos que parecían deslumbrarla.

De pronto, cuando sus ojos se fijaron en ese último chico, Margot escuchó a Chanteloup gruñir.

"¿Qué le sucede a Chanteloup?", se preguntó Margot, pensativa. El chico tenía una sonrisa traviesa, pero también tenía un extraño brillo bondadoso en sus ojos, en su expresión.

Desde el punto de vista de Kiki, el chico había sonreído al ver a Sofi conocer a su hermana.

-Ah, estoy contento por la señorita Sofi- dijo Chris en voz baja.

-¿Tú sabías eso?- preguntó Kiki, intrigado.

-Para nada- dijo Christoffer- pero es lógico, ¿no? Esa mujer es idéntica a ella, tienen que ser familia-

Kiki se volvió a mirar de nuevo. Junto al esposo de la mujer recién llegada, vio que se asomaba alguien. Kiki dio un paso a un lado para mirarla, y casi se quedó boquiabierto. ¡Era una chica muy hermosa! Largos cabellos castaños claros con tonos dorados, unos enormes y lindos ojos color rosado y piel blanquísima. La chica llevaba un suéter blanco y una falda de color verde, con botas cafés y un bolso cruzado de su hombro derecho del mismo color.

Y no fue el único en notar a la chica: también Arthur se quedó mirándola boquiabierto. Chris se echó a reír y les dio un par de codazos a cada uno de ellos.

Cuando los ojos azules de Kiki se fijaron en los ojos rosados de Margot, el chico sintió algo extraño. Era como si un millón de hilos invisibles lo rodearan, y tiraran de él, atrayéndolo a la chica. Sintió un extraño peso en la espalda, como si alguien lo estuviera empujando para que diera un paso al frente. Kiki tuvo que hacer un gran esfuerzo para no moverse ¿Porqué tenía esa sensación terrible y hermosa al mismo tiempo?

¿Quien era ella? Kiki tenía que saber. La chica volvió a posar sus ojos rosados en él, notando la atención que el pelirrojo le brindaba, y sus mejillas adquirieron el mismo tono rosado de sus ojos. ¡Se veía tan hermosa!

-Les van a entrar moscas en la boca, chicos- dijo Chris, burlándose de ambos chicos, sacando a Kiki de sus pensamientos.

Argol no iba a aguantar tonterías de parte de su joven alumno, así que alzó una mano y, ¡zape! De un golpe en la parte trasera de la cabeza, regresó a Arthur a la realidad. El chico se frotó la cabeza.

-Ay… ¡maestro!- se quejó Arthur.

-No es nada cortés quedarte viendo a una chica así- le dijo Argol.

-Pfff…¡por favor!- dijo Edith, quien había estado entrenando cerca de ellos, con un gesto exasperado de sus manos, y luego cruzándose de brazos. Le molestaba la actitud de sus dos amigos.

La chica desconocida pareció darse cuenta de que todos los aprendices la estaban mirando. Miró a su lado, como si hubiera algo ahí que nadie pudiera ver, y luego volvió a mirar a Kiki. Sus mejillas se enrojecieron aún más y dio un paso atrás, ocultándose detrás de su padre. Kiki sacudió la cabeza, decepcionado.

-¿Quién es ella?- preguntó Kiki en voz alta, sin poder quitarle los ojos de encima, esperando que volviera a asomarse- tengo que saber…-

Chris puso los ojos en blanco. Ya había perdido a su amigo. Edith dejó escapar nuevamente una exclamación reprobatoria y sacudió la cabeza.

Mientras tanto, la conversación de los adultos al parecer ya había terminado, y Sofi y Bianca quedaron de reunirse esa noche cerca del hotel donde se quedaban los Blanc para cenar juntas y ponerse al día. Para decepción de Kiki y de Arthur, la chica castaña se fue del Santuario, siguiendo a sus padres. El aprendiz de Aries se hizo a la idea de que más tarde saldría a buscar a la chica.

-¿Quién es ella?- dijo Kiki, volviéndose hacia Christoffer.

-¿No escuchaste?- dijo Chris- es la sobrina de la señorita Sofi-

-No me refiero a eso, yo…- comenzó Kiki.

-Vamos, ya fue bastante descanso, Schürzenjäger- dijo Christoffer, tomando a su amigo del brazo y tirando de él- volvamos al entrenamiento-

Kiki miró hacia atrás, mientras que los visitantes del Santuario desaparecían a lo lejos, rumbo a la ciudad. El chico aún sentía esa fuerza invisible que lo empujaba hacia ella. ¡Qué extraño! Christoffer le dio un zape para sacarlo de sus pensamientos.

-Ay, ¿qué fue eso?- se quejó Kiki.

-No te distraigas, o te daré una paliza de nuevo- dijo el chico rubio.

-En tus sueños- dijo el pelirrojo.

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Museo del Ágora de Atenas

Camus no estaba muy seguro de que fuera una buena idea, pero no tenía más opción que acompañar a Liliwen en su visita al ágora de Atenas. La chica tampoco parecía muy convencida, pero estaba muy preocupada por lo que había pasado el día anterior. Había tenido en el mejor de los casos un presentimiento, y en el peor, una premonición, así que tenía que hablar con la única persona que podía ayudarla a entender lo que había pasado.

Su padre, el dios Apolo.

-Ma cherie, ¿estás segura de que quieres hacer esto?- preguntó Camus, no muy convencido.

-Nunca me había pasado algo así- dijo Liliwen- quiero… preguntarle a mi ilustre padre si es algo normal en mí-

-Pues Apolo concedía el don de la profecía a los mortales- dijo el santo dorado, pensativo- quizá tú heredaste ello, porque eres su hija-

Camus sintió un escalofrío recorrer su espalda, cosa que siempre sucedía cuando estaban a punto de visitar a su "suegro". Desde aquel incidente en Caernarfon, Apolo le había dicho a su hija que podía hablar con él por medio de su estatua en el museo del Ágora de Atenas. Ya un par de veces Camus había acompañado a Lilu a saludar a su padre, pero esta iba a ser la primera vez que fuera específicamente a preguntarle algo.

Cuando los dos llegaron frente a la estatua, Liliwen tomó una pequeña varita de incienso y la puso a los pies de la estatua de Apolo Patroos, para después tomar la mano de Camus. No pasó mucho tiempo cuando ambos vieron la estatua volver a la vida, y mirar a la chica pelirroja con una gran sonrisa.

-Buenos días, Lilu- dijo Apolo, sonriendo benévolamente, como si estuviera complacido por la presencia de la chica- ¿a qué debo el placer de tu visita?-

-Ilustre padre- dijo Liliwen, inclinándose levemente- vine a preguntar sobre algo que me sucedió ayer. Tuve una… una rara sensación de que algo malo estaba a punto de pasar. ¿Fue una premonición?-

La expresión de Apolo, y su reacción a las palabras de su hija, fueron muy graciosas. Abrió los ojos grandemente, se llevó las manos a la boca y saltó de su pedestal al suelo junto a Liliwen y Camus, provocando que todo el museo resonara por el salto, y comenzó a mirar a la chica con curiosidad, caminando a su alrededor. Esa actitud del dios del sol puso muy nervioso a Camus, pero Apolo no dejó de sonreír.

-Awww, mi hijita ya está creciendo, ya eres una señorita- dijo Apolo con un tono cariñoso que Camus había visto muy pocas veces en el dios- tuviste tu primera premonición-

Liliwen se ruborizó casi tanto como sus cabellos por el tono que usó el dios, y bajó la mirada apenada. El santo dorado sonrió levemente.

-Ya te estás haciendo grande, Lilu- añadió el dios, lo cual no mejoró ni un poco el color de la piel de su hija.

-¡Papá!- dijo ella en tono de reproche, muy apenada. Las palabras dichas por Apolo en ese tono paternal sonaban bastante vergonzosas- pero no sé que significa… solo me sentí mal-

-No es nada malo, cariño- le dijo Apolo, dándole unas palmaditas en la cabeza- eres mi hija, por supuesto que vas a tener premoniciones, y poco a poco se irán haciendo más claras. Así que la próxima vez que sientas algo como la última vez, cierra los ojos y respira hondo, y el significado se revelará delante de ti-

Liliwen sonrió, y abrazó a su padre. Éste la abrazó de vuelta y la besó en el cabello, antes de regresar a su sitio en el pedestal y quedar inmóvil.

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Hospital de Atenas

Más tarde

Shaka suspiró mientras tomaba la mano de Lena de nuevo. La chica ya se encontraba mucho mejor que el día anterior. Apenas ahora le iban a permitir comer, pero si las cosas seguían así, quizá al día siguiente podían dejarla ir a casa.

-¿Cómo te sientes?- dijo Shaka en voz baja a ver que la amazona había vuelto a despertar.

-Tengo hambre- dijo ella. El santo dorado sonrió.

-Estoy seguro de que esas son buenas noticias, pyaar- dijo Shaka en voz baja- ¿quieres que te acomode la almohada?-

Y sin esperar respuesta, el santo dorado se inclinó hacia ella y la ayudó a levantarse, para acomodar la almohada sobre su espalda, y de nuevo la hizo tumbarse de nuevo sobre ella. Shaka aprovechó para darle un beso en la mejilla.

-¿Sabes? Te ves adorable con ese tono pálido en tu piel. ¿O es gris?- dijo Shaka- con esta poca luz no distingo bien los colores-

-Ya verás cuando me pueda levantar, Shaka- siseó Lena, mirándolo con los ojos entrecerrados- te patearé el trasero tan fuerte que…-

-No lo dudo- dijo Shaka, sin dejar de sonreír. Tomó la mesita y la acercó a la cama de Lena, el cual tenía una sopa que no se veía nada apetitosa, pero el chico suspiró, y se esforzó por hacerlo agradable a la chica- mira, quizá un poco de sopa te levante los ánimos. No huele nada mal-

Lena sonrió levemente, y extendió su mano hacia Shaka, tomando suavemente la mejilla del chico con una enorme sonrisa.

-Muchas gracias- dijo Lena, pero tenía una expresión triste en su rostro. La chica lo miró con enormes ojos, que comenzaban a humedecerse.

-¿Qué tienes, pyaar?- dijo Shaka con cariño, dejando a un lado el plato con sopa, sentándose a su lado en la cama y acariciando su rostro- no estés triste. Te vas a poner bien-

-Perdóname, Shaka- dijo la chica, bajando los ojos y frotándoselos con el dorso de su mano para hacer desaparecer las lágrimas de los ojos- estaba muy asustada cuando te lo dije-

-¿De qué hablas?- dijo él.

-El día que te dije que estaba embarazada- dijo Lena, sus mejillas rojas de pena- estaba muy asustada. No era parte… no era lo que yo tenía planeado, y sé que tu tampoco habías pensado que algo así pasaría, pero…- añadió, llevándose las manos al abdomen- quiero que sepas que estoy contenta-

Shaka sonrió, ilusionado, sus ojos brillando de contento, y se inclinó a besarla, justo cuando iba entrando la enfermera para tomarle los signos a Lena y ver si ya había comido lo que le habían llevado. Al ver que no, y que en vez de ello los dos chicos se estaban besando, procedió a regañarlos a ambos, y a salir furiosa, dando un portazo tan pronto como terminó el regaño.

Lena y Shaka se miraron y se echaron a reír.

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Camino al hotel Plaka, Atenas

Mientras caminaban de regreso al hotel, Margot sonrió enternecida de que su mamá estuviera tan contenta de haber conocido a su hermana menor, y no paró de hablar de lo agradable que le había parecido la chica, y lo equivocada que estaba su madre, la abuela Du Vallon, de haber pensado mal de ella y haberla convencido de no buscarla. Margot tenía que admitir que incluso ella se había emocionado un poco al conocer a su tía, y sabía que, de todos modos, cenaría con ella en la noche y conocería a sus primitos. Que raro sonaba eso.

Pero había otra cosa que le había llamado la atención de la visita. El chico pelirrojo que había visto en el Santuario. O más específicamente, el misterio de porqué los espíritus lobo se pusieron en guardia tan pronto como sus ojos se cruzaron con los de él. No solo Chanteloup, sino también Lowe comenzó a gruñir a la vista de ese chico pelirrojo con traje de entrenamiento.

-Chanteloup- dijo Margot en un susurro mientras caminaban de regreso al hotel, unos pasos atrás de sus padres y hermano. La espíritu lobo había estado mucho más aprensiva desde que habían salido del Santuario de Athena- ¿qué fue lo que pasó allá? Te pusiste muy agresiva-

-Ese muchacho pelirrojo- dijo la espíritu, entrecerrando los ojos- tiene un aura muy extraña. No sé porqué, pero tengo un mal presentimiento acerca de él-

-¿Mal presentimiento?- preguntó Margot- ¿es una mala persona?-

-No lo sé. No es tan sencillo como ser bueno o malo, Margot- dijo la espíritu lobo- pero sé que algo muy malo va a pasar si ese muchacho se acerca demasiado a ti-

Margot alzó las cejas. Bien, entonces lo que tenía que hacer era muy fácil, ¿no? Solamente mantenerse alejada del sujeto. No era nada difícil, ¿verdad? Solo evitarlo y ya.

-Ten mucho cuidado con él, Margot- dijo Chanteloup.

-No te preocupes, Chanteloup- dijo ella- me mantendré alejada-

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Territorio Sioux, Wyoming

Mika miró nerviosamente a los enemigos que los estaban rodeando, y después pasó la mirada por sus propios compañeros de la tribu. Los enemigos no sabían, y no podían saber donde estaba el Nahimana. Ninguno de los Lakotas lo sabían.

La chica tragó saliva. Eso no era exactamente cierto. Sí había una persona, un Lakota que conocía esa información. Cerró los ojos y respiró hondo.

Mika sabía muy bien quien era quien era la persona que poseía el Corazón del Cielo, y sabía muy bien que no era ninguno de los Lakotas que estaban siendo amenazados. Ella había visto, espiando la tienda de Pequeña Tortuga en medio de la conmoción hacía ocho años, cuando su anciana abuela le dio el Nahimana a esa niña blanca que los había visitado esa vez. Mika lo había visto con sus propios ojos, y sabía que la fuente de ese terrible y hermoso poder estaba a salvo de esos malditos asesinos que tenía enfrente mientras ella se mantuviera en completo silencio.

"Dejaré que crean que uno de nuestra tribu lo tiene", pensó la chica "dejaré que sigan intentando encontrarlo aquí. Mientras tanto, tendremos que seguirles en juego, y además, buscar una manera de liberar a la gente de estos asesinos"

Los líderes enemigos, a quienes Mika había escuchado llamar Emanuelle y Greta, parecían confundidos, y estaban examinando a uno por uno de los Sioux, a ver si encontraban alguna poder que los delatara como los poseedores del Corazón, pero no habían encontrado nada por obvias razones, cosa que los había hecho frustrarse cada vez más y más.

Mika rió al ver los berrinches de frustración que hacía la mujer alemana.

-Tú, mujer- dijo Bellini, señalando a Greta- ven acá-

Mika alzó la mirada, pero no mostró ninguna reacción. Se puso de pie, y caminó hacia ellos, confiada en que no encontrarían nada. Se detuvo frente a Greta, con los brazos cruzados y una expresión aburrida. Cuando Greta la examinó con su cosmo, de pronto frunció el entrecejo.

-Tú…- dijo la mujer con una mirada suspicaz- tú no eres normal. Tú lo has visto. Tú sabes donde está el Nahimana-

La expresión de Mika se ensombreció. ¿Cómo podía saber eso? Quizá tenía en su persona rastros del Nahimana por haberlo visto cambiar manos. ¡No podía ser! La chica tragó saliva y, tras tomar una piedra del suelo, la lanzó contra Greta y se echó a correr rumbo al bosque evitando a los hombres con las armaduras negras.

-Ella sabe algo- dijo Greta en voz alta, dirigiéndose a sus secuaces mientras miraba a la chica huir- ¡tráiganla!¡Tráiganla de regreso, no me importa que tengan que quemar todo el bosque para encontrarla!-

Mika se introdujo rápidamente entre los árboles del bosque que conocía muy bien desde su infancia, y comenzó a pensar en esconderse cerca de la torre del Diablo, lugar sagrado donde podía pedir ayuda al Gran Espíritu.

Mientras que Mika huía y los enemigos comenzaron a perseguirla, el resto de los Sioux se miraron entre sí. No sabían si Mika tenía o no el Nahimana, pero ninguno de ellos se iba a arriesgar a que la atraparan y se lo quitaran, si esa era la respuesta. Todos los Sioux que estaban siendo vigilados por los hombres portando armaduras se levantaron y comenzaron a atacarlos, principalmente para darle oportunidad a Mika de escaparse.

Greta se volvió a Bellini, alzando las cejas, quien asintió.

-Bien, si eso es lo que quieren, eso es lo que les daremos- dijo el italiano, encendiendo su cosmo en un gesto amenazante. Irían por esa mujer, y la obligarían a hablar, aunque fuera lo último que hicieran.

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor:

Pyaar (hindi): cariño

Mon amour: (francés) mi amor

Nahimana: (lakota) poder místico

Ma chérie: (francés) querida

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews y por seguirme leyendo. Les mando un abrazo a todos.

Abby L.