GRAN ESPÍRITU

V: REACCIONES

Coliseo, Santuario de Athena

Kiki regresó a entrenar con los otros chicos, bajo la atenta mirada de Mu, quien estaba con una enorme sonrisa mientras los miraba pelear. No había pasado desapercibida a su mirada el súbito interés de su estudiante por la sobrina de Sofi. Prudentemente guardó silencio, pero se enterneció un poco al darse cuenta de que su joven aprendiz ya había crecido. Y tenía hormonas.

Mu sacudió la cabeza levemente, y se concentró en el entrenamiento de los chicos. Después de todo, él se había quedado a cargo de Christoffer mientras que Shaka estuviera en el hospital con su mujer.

Christoffer se había vuelto muy poderoso y, aunque no le gustaba decirlo, había sobrepasado la habilidad de Lydia para pelear. Sabía que se estaba conteniendo, pero que fácilmente hubiera podido vencerla. En cambio, el aprendiz de Shaka aún no había logrado sobrepasar a Kiki, quien había comenzado su entrenamiento mucho más pequeño que cualquiera de los dos.

Lydia se quitó su máscara, y se volvió para sonreír a Mu. Con un movimiento rápido, subió a las gradas y se lanzó a abrazar al santo de Aries, quien sonrió también y la abrazó de vuelta.

-¿Qué sucede, Lydi?- preguntó Mu.

-Kiki está muy distraído hoy- dijo la chica, sonriendo levemente- Chris le está pateando el trasero. ¿Sabes qué le pasa?-

-Creo que sí…- dijo Mu, sonriendo de nuevo, y se volvió a ella- Lydi, ¿cómo está Afro?-

-Él y Evelyn van a salir juntos esta noche- dijo la chica, alzando las cejas de manera significativa, haciendo sonreír a Mu- así que al parecer me quedaré a cargo del templo de Piscis hasta en la mañana-

Mu también se echó a reír.

-Aioros y Sofi también saldrán esta noche- dijo Mu- y Shaka aún está en el hospital con Lena, así que parece seremos menos en el Santuario-

-¿Oh?- dijo Lydia- ¿a donde van a ir mi hermano y cuñada?-

-Sofi conoció a su hermana mayor, ¿no lo escuchaste?- dijo Mu, y Lydia sacudió la cabeza- ella y Aioros van a cenar con ella y su esposo-

-¿Se llevarán a los mellizos?- preguntó ella.

-Posiblemente- dijo Mu.

Lydia se quedó pensativa. No sabía que Sofi tenía una hermana. Se encogió de hombros, porque la entendía perfectamente: era lindo haber conocido a sus hermanos después de tanto tiempo de creer que era hija única. Mu la había escuchado decir una vez que esa fue la mejor noticia que recibió en toda su vida.

Mu sonrió al recordar ello, y cuando lo hacía notó el raspón en el brazo de Lydia. Extendió su mano para tocarla, pero ella quitó su brazo.

-No es nada- dijo Lydia en voz baja- estoy bien-

Mu asintió levemente. Estaba preocupado, pero su chica sabía lo que podía tolerar.

-Chris se está volviendo muy fuerte- observó Mu.

-Lo sé- dijo ella- pero Kiki aún le gana. Excepto hoy- entrecerró los ojos- ¿porqué está tan distraído?- preguntó de nuevo- esta mañana que lo vi parecía que estaba algo enfermo, ¿no?-

-Quien sabe- dijo Mu, sonriendo y encogiéndose de hombros- quizá le picó algo…-

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Giudecca, Inframundo

Radamanthys se dirigió a Giudecca casi gruñendo. Detestaba que lo separaran de Victoria y de su hijita, pero esta vez era por un motivo necesario y urgente. Mientras se dirigía hacia el palacio de Hades y comenzaba a subir las escaleras, se encontró con Aiacos, que venía detrás de él, y luego con Minos, quien los alcanzó rápidamente.

-¿Qué están haciendo?- dijo Radamanthys.

-Voy a ver al señor Hades- dijo Minos, su habitual sonrisa completamente ausente. Esta vez tenía una expresión de total y completa preocupación- hay un patrón extraño en los libros de Lune-

-En todos los libros, al parecer- dijo Aiacos a su vez, igualmente preocupado- parece que estamos a punto de presenciar algo grave-

Los tres jueces asintieron y se apresuraron a Giudecca, donde Hades los estaba esperando. Perséfone ya se había retirado a sus habitaciones por ese día, pero el rey del Inframundo detectó que algo no estaba bien, y decidió esperar a que los jueces acudieran a explicarle que era lo que pasaba. Estaba sentado en su trono, con una expresión preocupada.

-¿Los tres?- dijo Hades, alzando las cejas, sorprendido al ver llegar a todos los jueces- ¿qué sucede?-

-Señor Hades, Tokusa y Lune han estado vigilando los cosmos de nuestros enemigos habituales- dijo Aiacos en preocupado- están atacando un campamento de los Sioux en Estados Unidos. Ambos reportan que están interrogando a los miembros de la tribu, y…-

-¿Y?- dijo Hades.

-Y si las cosas siguen así, señor, vamos a tener un genocidio muy pronto- dijo Minos, cruzándose de brazos.

-¿En Estados Unidos?- dijo Hades, pensativo, y los tres asintieron- ¿están seguros?- los tres asintieron de nuevo- bueno, será mejor que avisen a los santos y a los generales marinos, e ideemos un plan para detenerlos. Si tenemos suerte podremos terminar con esto de una vez por todas-

Iba a añadir que nada quería más que tener a esos dos malditos en lo más profundo del Tártaro, pero se contuvo. Estaba seguro que los tres jueces pensaban igual que él en ese tema.

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Coliseo, Santuario de Athena

Kiki y los otros aprendices terminaron el entrenamiento esa tarde, salieron de la arena del Coliseo y buscaron los cubos de agua para refrescarse. El pelirrojo miró por un momento hacia las gradas, y vio que su maestro estaba mirando el entrenamiento, acompañado de Lydia. Suspiró. Sabía que ese día había hecho el ridículo, y de paso recibido una paliza de parte de Christoffer. ¿Dónde estaba su cabeza?

Oh, sí, justamente sabía donde estaba su cabeza.

-¿Alguien de ustedes sabe quien era esa chica?- dijo Kiki mientras tomaba un poco de agua en el hueco de sus manos y se refrescaba la cara- ¿saben como se llama?-

Christoffer puso los ojos en blanco. A Kiki le había pegado duro. Y no era el único. También Arthur comenzó a mostrar señales de estar interesado en esa chica. El aprendiz de Virgo no pudo sino detectar el inicio de un enorme problema con sus dos amigos, sobre todo porque cada uno se había percatado que el otro estaba interesado en esa chica.

-Creo que escuché que se llamaba Margot- dijo Edith en voz baja, en su habitual tono sabiondo- pero no deberían estarla persiguiendo. Es sobrina de Sofi, y si la hacen enojar, el señor Aioros los va a usar de diana de prácticas-

-Así que se llama Margot…- dijo Kiki, que parecía estar en su mundo. Arthur también estaba poniendo atención.

-Oigan, ¿me están escuchando?- dijo Edith, comenzando a fastidiarse.

Kiki y Arthur no parecieron escuchar lo que dijo la chica. Christoffer puso cara de circunstancias, pero le guiñó un ojo a la amazona. Ya verían si se metían en problemas por no haberla escuchado.

De pronto, alguien se acercó a ellos, interrumpiendo la conversación (y las ensoñaciones de Kiki y de Arthur). Era Argol de Perseo, y venía acompañado de Hadi.

-¿Qué tanto hacen ustedes dos aquí?- preguntó el santo de plata. Los chicos se encogieron de hombros. Argol se volvió a Arthur- tienes que ir a darte una ducha, Arthur, vamos a salir a la ciudad esta noche-

-¿Porqué, maestro?- dijo el chico.

-El señor Aioros nos pidió que algunos de nosotros lo acompañáramos, va a ir a cenar con la familia de la hermana de Sofi, y van a llevar a los mellizos- dijo Argol- quiere que estemos cerca, en caso de que los enemigos intenten atacar-

Todos los presentes pudieron ver que a Arthur se le iluminaron los ojos al escucharlo. Cuando Christoffer vio que Kiki iba a decir algo, el aprendiz de Virgo intento en vano detenerlo.

-Señor Argol, ¿le molestaría mucho si yo también los acompaño? Necesito el ejercicio- dijo el pelirrojo- si mi maestro me da permiso de ir con ustedes, quiero decir-

Argol se sorprendió de aquel ofrecimiento del aprendiz de Aries. Alzó las cejas, extrañado, y evaluó al pelirrojo con la mirada por algunos segundos, preguntándose cuál sería el interés del chico, pero finalmente se cruzó de brazos, sonrió y asintió.

-De acuerdo- dijo Argol- si Mu no tiene inconveniente, por supuesto que puedes venir-

Kiki sonrió ampliamente, y la decepción en la expresión de Arthur fue evidente, pero el santo de Perseo no pareció darse cuenta de ello.

-A las ocho, en la entrada del Santuario- dijo Argol- no llegues tarde-

El santo de Perseo se fue a su casa, seguido de Arthur. Edith también se despidió, y se fue al recinto de las amazonas a buscar a June, quien se había quedado a cargo de ella mientras que Lena estuviera en el hospital. Tan pronto como se quedaron solos, Chris se volvió a Kiki con una expresión preocupada.

-Kiki, sé prudente por favor, recuerda que al señor Aioros no…- comenzó el chico, pero el pelirrojo no estaba escuchando. Christoffer suspiró largamente y se frotó la frente, intentando suprimir las ganas de darle un zape.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Saga y Cecy habían sobrevivido a cuidar a los mellizos de Aioros más temprano, quizá porque ambos tenían ya mucha experiencia cuidando a sus respectivos sobrinos.

Esa tarde Cecy estaba sentada en uno de los sofás de la sala del templo de Géminis con su computadora en el regazo, tomando una gran taza de café y terminando algunos reportes en su computadora para entregarlos al día siguiente en el trabajo. Saga le había dicho que saldría esa noche a acompañar a la familia de Aioros, pues cenarían con la hermana de Sofi, y quería asegurarse de que los gemelos estuvieran a salvo. La chica se había resignado a pasar esa tarde sola, cuando vio que alguien la estaba acompañando.

-¿Kostas?- dijo la chica, sorprendida de encontrar al niño ahí- ¿qué sucede?¿qué haces aquí?-

-Mi maestro también va a acompañar a tía Sofi- dijo Kostas, mirándola tímidamente- me dijo que esperara aquí a que regresaran- levantó la mirada, como si quisiera ver lo que estaba haciendo la chica- ¿puedo ver que haces?-

Cecy sonrió levemente, y dio un par de palmadas al sitio vacío en el sofá donde ella estaba sentada para invitar al pequeño a sentarse ahí. El niño sonrió, se sentó junto a ella, y miró interesado la pantalla.

-¿Qué es eso?- dijo Kostas.

-Es trabajo del museo- le dijo Cecy- estoy traduciendo los textos de algunas fotografías-

-¿Quien es él?- preguntó el niño, señalando la imagen de un dios en la pantalla de la computadora.

-Él es Zeus- dijo la chica, señalando al dios, y luego señaló a otro, uno que tenía un sol detrás de él- y mira, él es Apolo, el papá de Liliwen-

Kostas sonrió al reconocer al dios. Sí, alguna vez había ido al Santuario, sobre todo cuando Artemisa aún perseguía a Liliwen.

-¿Y ella es la señorita Athena?- preguntó Kostas, señalando una diosa, pero reconociendo el báculo de Athena en la imagen.

-Muy bien- sonrió Cecy. Kostas sonrió, orgulloso. La chica le sonrió y lo rodeó con su brazo, atrayéndolo hacia sí misma. El niño no se resistió, al contrario, abrazó a Cecy con tanto cariño que la chica se enterneció.

Cuando Saga se estaba preparando para salir, encontró a Cecy concentrada en su trabajo, mientras que distraídamente revolvía los cabellos de Kostas mientras que él estaba dormido en su regazo. El chico sonrió ampliamente, y suspiró antes de acercarse.

-Bueno, ya me voy- dijo Saga, inclinándose para besar a Cecy en la mejilla- nos vemos más tarde-

-Cuídate, Saga- dijo Cecy, levantando la vista y sonriéndole.

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Restaurante en el hotel Plaka, Atenas

Esa noche, Aioros asistió con su familia a cenar con la familia de la hermana de Sofi. Ahora que la volvía a ver, Bianca tenía una sonrisa idéntica a la de Sofi, y no le sorprendería que, a diferencia del cabello, podrían pasar una por la otra. Jérémie era un chico alto y delgado, rubio y usaba gafas delante de sus ojos rosados. La hija de Bianca, Margot, había heredado el tono claro de los cabellos de su mamá, y los ojos rosados de su papá. Tenía un aire agradable, aunque parecía distraída y estar en su propio mundo, aunque era amable e inteligente cuando se dirigían a ella. El pequeño, Rémy, prácticamente era idéntico a su papá, excepto por los lentes.

Y hablando de Rémy, el pequeño estaba muy interesado en los mellizos, sus primos, bajándose del regazo de su papá y mirándolos de cerca.

Aioros sonrió y le acarició la cabeza, y fue entonces cuando lo notó. Kiki, el aprendiz que Aries que había ido a apoyarlos con la vigilancia, estaba intentando asomarse para verlos mejor. El santo alzó las cejas por un segundo, pero casi de inmediato entendió lo que estaba pasando.

No solo Aioros se dio cuenta, sino también Margot se dio cuenta de que el chico pelirrojo que había visto en la mañana estaba intentando para mirarlos.

-Eh… ¿tío Aioros?- dijo Margot tímidamente. Era la primera vez que lo llamaba así, se ruborizó, pero pronto se le pasó al ver a Aioros sonriéndole amablemente también. El santo de Sagitario no tenía sobrinos de verdad, así que era agradable escuchar la frase.

-¿Dime?- dijo él.

-¿Quiénes son esos chicos de allá?- preguntó la chica, aunque intentaba parecer lo menos interesada posible- los vi… en el Santuario antes-

Aioros volvió a mirar. Kiki no estaba solo, estaba también con Arthur, el nuevo aprendiz de Argol.

-El chico rubio de cabello largo se llama Arthur, es el nuevo aprendiz de Perseo- dijo Aioros, sin quitar la vista de encima de los dos chicos- y el chico pelirrojo es el aprendiz de Aries, se llama Kiki-

Margot volvió a mirar, y su mirada cruzó con la de Kiki por un momento. Sus mejillas se enrojecieron furiosamente y quitó la mirada. Aioros rió en voz baja, y la chica le lanzó una mirada mortificada. El santo dorado le guiñó un ojo para tranquilizarla. No tenía porque avergonzarse, Kiki se había vuelto un chico fuerte y musculoso, y guapo a los ojos de algunas de las aprendices.

-Oye, tranquila- dijo Aioros- Kiki es un buen chico, y creo que le caíste bien-

La chica después volvió su mirada a Lowe que, invisible, se había acercado a la mesa a olfatear a Aioros y a Sofi, y parecía ronronear de contento después. Margot sonrió: sus nuevos tíos parecían ser buenas personas, según los estándares de los espíritus lobo.

-¿Porqué no me buscaste antes?- preguntó Sofi a su hermana.

-Mi mamá no me lo permitió- dijo Bianca, algo apenada, me dejé influenciar por lo que dijo-

-¿Qué dijo?- preguntó la pelirroja.

-Nada buena- dijo Bianca- que tú y tu mamá nos habían reemplazado. Y que no querrías conocerme-

-Curioso- dijo Sofi, sonriendo levemente- mi mamá me había dicho lo mismo…-

Al notar que su mamá y Sofi seguirían platicando de su abuelo y de sus respectivas madres, Margot recargó la espalda en el respaldo de su asiento, un poco aburrida. Al parecer Rémy también se aburrió de la conversación, porque salió corriendo hacia el jardín del restaurante, riendo al ver que había otros niños. Margot se disculpó de la mesa, sorprendiendo a Aioros por sus modales, y se levantó a buscar a su hermanito.

-Rémy- dijo Margot, tratando de alcanzarlo- regresa, sabes que a mamá no le gusta que salgas corriendo así-

Rémy seguía corriendo, al parecer persiguiendo unas lucecitas de colores, hasta que casi chocó con las piernas de un chico. Margot, que iba detrás de él, se detuvo a unos pasos. Levantó la mirada, y se dio cuenta que era uno de los aprendices del Santuario, el chico pelirrojo. Kiki se inclinó para detener a Rémy de un bracito, evitando que se cayera de espaldas al piso por el impulso que llevaba.

-Ten cuidado, pequeño- dijo Kiki con voz amable, y levantó la mirada, dándose cuenta de que Margot había seguido al niño. El aprendiz se puso casi tan rojo como su cabello al ver a la chica que lo miraba con curiosidad. Tragó saliva, y apenas una palabra pudo salir de su boca- hola-

-Hola- dijo Margot, sonriendo- tú eres uno de los aprendices del Santuario, ¿no es así?-

-Sí, señorita- dijo el chico, inclinando levemente su cabeza, con su piel sumamente roja. ¡Por los dioses! ¿Cómo se le quitaba el color rojo de la cara? Respiró hondo, luchando para su lengua pronunciara las palabras correctamente- me llamo Kiki, aprendiz de Aries-

-Me llamo Margot- sonrió la chica, un poco menos apenada que él, pero con un ligero tinte rosado en sus mejillas- es un gusto conocerte, Kiki-

-Lo mismo digo, Margot- dijo Kiki, sonriendo ampliamente y llevándose la mano nerviosamente a sus cabellos rojos, como siempre había hecho. Ese gesto hizo que Margot ampliara su sonrisa.

A Rémy pareció darle un ataque de timidez, y se aferró a la falda de Margot, La chica le acarició los cabellos, y se volvió de nuevo a Kiki.

-¿Hace mucho tiempo que eres aprendiz en el Santuario?- dijo la chica.

-Casi desde que nací fui aprendiz del maestro Mu de Aries- dijo él, frotándose las manos y creando nuevamente luces de colores que hicieron reír a Rémy, provocando que el pequeño saliera de su escondite detrás de la falda de su hermana y corriera alrededor de ambos, brincando para alcanzar las bonitas luces. Margot sonrió mientras seguía con la vista a su hermano.

-Ayer vi el Santuario. Creo que tienes suerte de vivir en un sitio tan lindo- dijo Margot, sonriendo- ha sido una de las vistas más hermosas que he tenido en mucho tiempo-

Kiki no dejó de sonreír.

-¿Has viajado mucho?- preguntó el pelirrojo. La chica asintió.

-He estado en 76 países distintos- dijo Margot, sonriendo orgullosa- mis papás hacen reportajes de casi todos los países del mundo-

-¿Lo dices en serio?- dijo Kiki, abriendo los ojos, sorprendido- ¿76? Vaya…-

Margot rió en voz baja. Era cierto, desde muy pequeña sus papás la habían llevado a todos sus viajes, y se consideraba muy afortunada en ese aspecto. Kiki, por su parte, siguió sonriendo, y al ver que Rémy se alejó un poco, jugando con las luces, el pelirrojo dio un paso hacia Margot.

-Hay más lugares lindos en Atenas- dijo Kiki en un intento para seguir conversando con ella- además del Santuario de Athena, quiero decir-

-¿En serio?- preguntó ella.

-¿Quieres…?¿No quisieras que pase por ti mañana para llevarte a conocer la ciudad? Puedo mostrarte algunos sitios hermosos de Atenas, y la aldea de Rodorio también-

Margot borró su sonrisa de pronto, sobre todo al escuchar a Lowe gruñendo por lo bajo. ¿Qué le había dicho Chanteloup? Que los espíritus lobo tenían una mala espina sobre ese chico. ¡Lástima! En lo poco que ambos acababan de charlar, no le había caído nada mal. Pero había prometido que se mantendría alejada. Y además, no podía, su amiga ya estaba en Grecia, y le había prometido que pasaría el día con ella.

-Oh… lo lamento mucho. Mi mejor amiga, Louise, ya me invitó a salir con ella a conocer la ciudad- dijo Margot con una expresión un poco apenada.

Kiki estaba decepcionado, pero hizo un esfuerzo en disimularlo. ¡Mala suerte! Ese pretexto de acompañarla a conocer la ciudad era bastante bueno. Sabía que Mu no tendría inconveniente si le explicaba la situación. En fin, tendría que pensar en otra cosa para volverla a ver.

-Ah… bueno, supongo que entonces nos veremos por ahí- dijo Kiki, intentando no parecer muy decepcionado.

-Sí, tal vez. Eso me gustaría- dijo Margot, sonriendo también, y tomando la mano de su hermanito, intentando ignorar los gruñidos de Lowe que habían comenzado a fastidiarla- me dio gusto conocerte, Kiki. Vamos, Rémy, mamá nos llama-

-También me dio gusto conocerte- dijo el pelirrojo.

Tras sonreír a Kiki, Margot regresó rápidamente hacia donde estaban sus papás y tíos. Kiki se quedó mirándola mientras se alejaban. Una vez que entró de nuevo al restaurante y desapareció de su vista, el pelirrojo suspiró, contento, y apoyó la espalda en la pared, con todo y su enorme sonrisa de idiota.

¡Le encantaba! Simple y sencillamente la chica le había encantado. Era una chica de lo más bonita, y era dulce, tierna y… algo llamó su atención.

Arthur, quien no se había perdido detalle de la conversación, se había puesto rojo de furia y, olvidando por completo de que se suponía que solo tenía que vigilar a la familia de Aioros, y quizá le salió un poco de su viejo orgullo pirata, y se apresuró a correr detrás de Margot y detenerla de un brazo antes de que llegara a la mesa con su familia, haciéndola volverse a él asustada y un poco ruborizada. Lowe ni siquiera gruñó, sino movió la cola alegremente, como si fuera a divertirse con ese intercambio.

-Eh… ¿puedo ayudarte en algo?- dijo la chica, alzando las cejas confundida y tirando levemente de su brazo para que la soltara. Ese chico era otro de los aprendices del Santuario, pero no le había gustado mucho esa manera de acercarse a ella.

-Solo quería saludar a la chica linda que acabo de ver, love- dijo Arthur, sonriendo ampliamente y guiñándole un ojo- me llamo Arthur-

Margot parpadeó, algo incómoda y sin entender bien que estaba pasando. ¿Era un intento de coqueteo? No sabía, pero mejor regresaba con sus padres.

-Ah, mucho gusto…- dijo ella, sin saber como reaccionar. Lowe parecía estar burlándose de la situación- discúlpame, tengo que regresar con mi familia-

-Por supuesto, fue un gusto en conocerte- dijo el chico.

Margot se despidió haciendo un movimiento con su cabeza, sin saber que pensar de lo que había pasado. Cuando llegó a donde estaba su familia se sentó a la mesa, y sentó a Rémy en su regazo. Aioros, que no se había perdido detalle de lo que había pasado, le sonrió amablemente y le guiñó un ojo de nuevo. Margot le devolvió la sonrisa. Su nuevo tío le caía muy bien.

-¿Dónde estaban, Margot?- preguntó Bianca al verla regresar a la mesa.

-Rémy salió al jardín, mamá- dijo la chica- no pasa nada, solo quería jugar-

Sofi y Aioros, quienes a pesar de estar cuidando a los mellizos y charlando habían visto a lo lejos el intercambio entre Kiki y Margot, y después con Arthur, se miraron entre sí y sonrieron divertidos.

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Caína, Inframundo

Valentine se cruzó de brazos, se dejó caer en el respaldo de su asiento y suspiró sin dejar de sonreír mientras esperaba sus órdenes del juez de Wyvern. Radamanthys había dejado su sapuri en su oficina, y caminó de su habitación hacia la oficina de Valentine con la nena en sus brazos, quien no paraba de reír y vocalizar mientras caminaban.

El lugarteniente de Caína sonrió al ver llegar a su jefe con la pequeña.

-Buenos días, señor Radamanthys y señorita Lucy- dijo Valentine, levantándose de su asiento e inclinándose levemente. Radamanthys sonrió.

-Buenos días, Valentine- dijo el juez- tengo órdenes para ti. Necesito que vayas con Lune y Tokusa a Estados Unidos, en una misión urgente-

-¿Oh?- dijo Valentine, frunciendo el entrecejo- ¿sucede algo malo?-

-No, pero creemos que algo malo está a punto de pasar- dijo Radamanthys- creemos que nuestros viejos enemigos van a atacar el campamento de los Sioux de Wyoming. No podemos permitir que causen un genocidio-

Valentine alzó las cejas. ¿Los sioux? ¿Qué era eso?¿cómo se come? El espectro miró a su jefe, y vio la seriedad en su expresión, por lo que Valentine asintió gravemente.

-Por supuesto, señor, partiré en seguida- dijo el espectro, haciéndose tronar los nudillos- pero… ¿porqué va a ir Tokusa? No es Violate quien nos acompaña cuando nos mandan a Lune y a mí?-

-Violate aún se recupera de su herida de hace uno par de meses- dijo Radamanthys, quien se veía mucho menos amenazante que de costumbre vestido de civil y con la pequeña vestida de rosado en sus brazos- ella quería ir también, pero Aiacos no la dejó-

Valentine sonrió. Lástima que no iría Violate, pero sabía que no debían meterse con Aiacos y sus aprensiones con la chica. Además, no le molestaba llevar a Tokusa.

-Bueno, entonces parto enseguida, señor Radamanthys- dijo Valentine, inclinándose levemente- con su permiso, señorita Lucy-

Y el espectro se puso su sapuri y salió apresuradamente para encontrare con los otros dos espectros, y regresar al mundo humano para llevar a cabo su misión. Quedándose solo con su nena, Radamanthys se dio media vuelta y regresó a sus habitaciones.

-Vamos, Lucy, tienes cara de que no falta mucho para que te dé hambre- dijo Radamanthys mientras comenzaba a caminar de regreso.

-¿Agu?- dijo Lucy, mirándolo con sus enormes ojos.

Radamanthys se fue caminando por los pasillos de Caína como papá pavorreal.

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Territorio Sioux, Wyoming, Estados Unidos

Greta se limpió la sangre de la comisura de la boca y sonrió maléficamente. A pesar de que los Sioux se habían levantado contra ellos y habían peleado valientemente y con todas sus fuerzas, no eran rivales para un grupo de personas, usando su cosmo para atacarlos sin piedad, todo para alcanzar a uno de ellos.

Los Sioux no sabían que secreto tenía Mika, pero si existía la mínima probabilidad de que la chica supiera donde estaba el Nahimana, todos se habían unido para defenderla y evitar que la atraparan para obligarla a revelar su secreto.

Cuando los Sioux fueron derrotados, Mika sacó su cuchillo e intentó atravesarse el cuello con él, pero dos hombres con armaduras la detuvieron. Takoda, el esposo de Mika, también intentó silenciarla, tomando su arco y flecha e intentar dispararle, y aunque lo hizo con lágrimas en los ojos, no se detuvo hasta que otros de los hombres lo detuvieron.

Mika y Takoda fueron llevados a rastras hacia la cabaña donde Bellini y Greta se estaban quedando. Los hombres les habían quitado las armas, y los habían atado con cuerdas a la pared de la cabaña.

Horas más tarde, ambos chicos sioux estaban muy golpeados, cubiertos de quemaduras azules y ensangrentados, pero ninguno de los dos había pronunciado una sola palabra, y guardaban obstinado silencio a las preguntas de los dos extranjeros sobre el Nahimana.

-Detente, Greta- dijo Bellini, deteniendo la mano de la mujer alemana antes de que golpeara de nuevo a Mika- la necesitamos con vida para encontrar esa cosa-

Greta gruñó, pero no volvió a golpearla. Mika permaneció en su obstinado silencio.

-¿Qué podemos hacer?- dijo Greta en su propio idioma, comenzando a desesperarse, y mirando furiosa la mirada cansada y, a la vez, sonriente de Mika, como si la chica la estuviera retando a hacer lo peor que se le ocurriera, y ni así lograría sacarle una palabra. La única vez que ella quitó su mirada desafiante fue cuando comenzaron a golpear a Takoda, pero aún así no dijo una palabra.

Era de esperarse, ambos sabían que mantener en secreto la localización del Nahimana era mucho más importante que la vida de cualquiera de ellos dos. Y eso le había quedado claro a Bellini: ninguno hablaría para salvarse a sí mismo, o al otro.

Entonces, tenía que encontrar otra manera de sacar el secreto de ella.

Los sioux eran un pueblo valiente, una tribu de guerreros. Pero si había algo con lo que podía quebrar el valor de esa chica era con miedo y con terror. Y Bellini sabía exactamente a quien recurrir para lograr quebrarla.

-Basta, Greta- dijo Bellini, cuando vio a la mujer tomar a Mika del cuello- tomemos a la chica y vayámonos de aquí. Creo que nada de lo que hagamos va a poder quebrarla, pero nuestros amos podrán hacerlo, y la obligarán a hablar-

Greta lo miró, interrogante, pero pronto entendió de qué estaba hablando su compañero.

-Tienes razón- dijo Greta, acercándose a Mika y forzándola a levantarse del suelo- levántate, pedazo de basura. Te arrepentirás de no haber hablado, y haberte salvado de este sufrimiento, y el que te espera-

Mika volvió sus ojos a Greta, y sintió algo de miedo al ver la sonrisa de la malvada mujer, pero persistió en su silencio.

-Bien, nos vamos de regreso a Grecia- dijo Greta de pronto a los guardias- y nos llevaremos a esta mujer-

-Pero señora, ¿qué haremos con este chico?- dijo uno de los guardias, señalando a Takoda- ¿y con el resto de la tribu?-

-Mátenlos a todos- dijo Greta- no nos sirven-

Mika palideció, y trató de soltarse de Greta, pero no lo logró. De un empujón, la pasó a uno de los guardias, quien la golpeó en la cabeza para hacerla perder la conciencia. Entre dos guardias la alzaron en brazos, y Greta y Bellini desaparecieron junto con ellos.

El único guardia que se quedó en la cabaña sacó su espada, y se preparó para asesinar con él a Takoda, y después saldría a avisar a sus demás compañeros que tenían que exterminar a todos los Sioux que pudieran. El hombre levantó la vista, y Takoda cerró los ojos, esperando el golpe, pero éste nunca llegó. Un arma, al parecer un látigo, se enredó alrededor de la mano derecha del hombre, y le tumbó la espada. Se escucharon dos golpes sordos, y el hombre cayó al suelo, En vez de su atacante, Takoda vio a tres chicos usando armaduras oscuras también, parecidas, pero diferente a la de los enemigos que había visto previamente.

-¿Quienes…?- dijo Takoda.

-No salgas de aquí- dijo uno de los tres recién llegados, que era Tokusa, mientras desataba al chico- aún es peligroso. Vamos a patear el trasero a los enemigos. ¿Te encuentras bien?-

-Gracias- dijo el nativo americano- estoy bien-

-¡Por Hades!- exclamó Tokusa, preocupado- por supuesto que no estás bien. No te muevas-

Takoda intentó levantarse, y Tokusa lo empujó para evitar que se levantara.

-No, no te muevas- dijo el espectro- cuando terminemos con los enemigos atenderemos tus heridas-

Los espectros, que eran Tokusa, Lune y Valentine, salieron de la cabaña y comenzaron a pelear contra los enemigos. Takoda los miró, sorprendido de verlos pelear, tan poderosos como los malvados que se habían llevado a Mika. Hizo una mueca. Si hubieran llegado un par de minutos antes…

Takoda sacudió la cabeza, y tomó su arco y flechas. Estaba terriblemente herido, pero no iba a dejar que los tres recién llegados fueran los únicos en vencer a los enemigos. Terminaría con ellos, y después buscaría a Mika. Después de todo, mejor si sus enemigos eran poderosos: así no tendría ningún remordimiento en acabar con ellos.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.