GRAN ESPÍRITU

VI: LA PELEA

Habitación de Hotel

Cuando Margot y su familia regresaron a su habitación del hotel, la chica compartía la emoción de su mamá al haber conocido a sus parientes. Su tía, Sofi, era amable y divertida. Tenía un humor increíble, y tanto ella como su mamá se sorprendieron de lo normal que era a pesar de tener diabetes. Cuando les llevaron el postre, ella solo había oprimido algunos botones en su bomba antes de comerlo sin ninguna vergüenza, y arrugó la nariz cuando le insinuaron que no podía comer eso. Su tío Aioros era, por describirlo con una sola palabra, genial. Habían escuchado del abuelo que era un soldado, pero no, ¡era un santo de Athena! Y seguramente uno bastante épico.

Margot había escuchado sobre los santos de Athena en la escuela en alguna ocasión, pero jamás pensó que estaría emparentada con uno. El chico era alto, muy bien parecido, con una sonrisa amable casi permanente, y Margot se encontró pensando todas esas cosas de sus nuevos tíos. Sonrió levemente.

Sobre los mellizos, ambos eran lindísimos. Por lo que la tía Sofi le dijo, los dos estaban acostumbrados a pasar de un par de brazos a otro regularmente en el Santuario, ya que los pequeños tenían una gran cantidad de tíos adoptivos y autoproclamados ahí, y cuando Margot los tomó, uno por uno, se acomodaron contentos y sonrieron. Cuando cargó a Carina, algo gracioso sucedió. Margot sintió una extraña calidez en su corazón, y había escuchado a Chanteloup ronroneando contenta a su lado, y Lowe se había echado al suelo, moviendo la cola.

Y luego estaban esos dos aprendices.

Primero estaba Kiki, el chico pelirrojo. Estaba pensando en él cuando Margot suspiró con una sonrisa un poco boba para sus estándares. Sacudió la cabeza. El chico era más alto que ella, tenía impresionantes ojos azules y cabellos rojo que más bien parecían estar en llamas. El chico tenía una mirada y una expresión amable, sobre todo fue muy lindo con Rémy, distrayéndolo con las luces para que no saliera corriendo, y con ella misma. No sabía porqué, pero a pesar de que Lowe y Chanteloup se la pasaban gruñendo cuando el pelirrojo estaba cerca, Margot sentía que no había nada que temer con él. Era algo extraño que no podía describir.

Y Arthur. Bueno, el chico inglés la cohibió un poquito, sobre todo por la manera en la que la había abordado, y como la había llamado, pero el hecho de que la llamara "love" no pasó desapercibido para ella. También era extremadamente bien parecido, sus cejas pobladas lo hacían verse mucho más serio, su cabello largo amarrado en una cola, y un arete colgando de su oreja izquierda. Parecía, pensó riendo, un sexy chico malo.

Sacudió la cabeza. ¿Qué estaba haciendo? Ella tenía un novio de regreso en Normandía. No debía estar pensando en otros chicos, por más guapos, apuestos y… ¡arggg! Margot se llevó las manos a la cabeza, ante la divertida mirada de su papá.

-¿Qué pasa, Margot?- dijo Jérémie- ¿no puedes decidir cuál de esos chicos te gusta más?-

-¡Papá!- exclamó Margot en tono de reproche- ¡claro que no estoy pensando en eso!-

-Quizá deberías- dijo su padre- esos dos chicos parecen a punto de agarrarse a golpes por competir por ti. Y sirve que te deshaces de ese cabeza hueca que llamas tu novio-

-¡Papá!- reclamó Margot de nuevo. Jérémie se echó a reír.

-Ya, no te enojes, ma petite- dijo él, sin dejar de sonreír- ¿podrías bajar a pedir algunas almohadas? Anoche Rémy se cayó de la cama-

-Claro- dijo Margot, sonriendo y saliendo de la habitación, incluso olvidando su teléfono celular en su bolso.

La chica se dirigió a los elevadores y oprimió el botón repetidas veces. Una parte de ella deseaba que sus tíos aún estuvieran ahí. No solo ellos, sino también los chicos del Santuario. Seguramente lo estarían, aún no pasaba mucho tiempo. Sonrió levemente cuando entró al elevador y cerró la puerta. Ésta se abrió en el lobby, y la chica salió.

Y como lo había previsto, Kiki se había quedado atrás, al parecer Aioros le había pedido que se encargara de liquidar los costos del restaurante. La chica sonrió levemente cuando se acercó al mostrador, y Kiki sonrió también, agradablemente sorprendido al verla ahí.

-Hola- dijeron los dos al mismo tiempo, y rieron un poco sonrojados.

-Creí que ya te habías ido a dormir- dijo Kiki.

-Mis padres me mandaron por un par de almohadas- dijo Margot, encogiéndose de hombros, pero sin dejar de sonreírle. ¡Por los dioses! A Kiki le encantaba esa sonrisa- mi hermanito se rueda en la cama y se cae, y hay que ponerle almohadas para que no se caiga-

Kiki siguió sonriendo sin saber que decir mientras que Margot pedía las almohadas al encargado, y éste se apresuraba a ir por ellas.

-Y dime- dijo Kiki por fin- ¿a donde planeas ir mañana con tu amiga?-

-Oh- dijo Margot- no estoy muy segura de lo que Louise tiene planeado. Dijo que iríamos a la Acrópolis, obviamente, y algunos otros sitios. Y al final, supongo que al barrio de Plaka- rió en voz baja- ella lo describió como "un día de acción y aventura". Y conociéndola, sé que no bromea-

-Oh, el barrio de Plaka es muy lindo, lleno de colores- dijo Kiki, pensativo- estoy seguro de que te va a gustar mucho. Si acaso se llegan a aburrir, no duden en llamarme. Les puedo mostrar otros sitios menos conocidos de la ciudad. Digo, si quieren-

-Eso me gustaría mucho, Kiki- dijo Margot.

-O si quieres- añadió Kiki, como no queriendo la cosa- si quieres, podemos salir un rato en la noche. Si te queda un poco de tiempo, quiero decir-

Margot lo evaluó con la mirada unos momentos, manteniendo una expresión seria y pensativa que puso nervioso al pelirrojo. La chica finalmente sonrió y asintió, ilusionada por lo que había dicho el chico. Iba a decir algo más cuando el encargado regresó con las almohadas.

-Vaya, gracias- dijo Margot al encargado, y luego se volvió hacia Kiki- me gustaría mucho eso también. Si quieres, mañana nos ponemos de acuerdo-

-Me parece bien- dijo Kiki, sonriendo también mientras veía a Margot abrazar las almohadas contra ella misma- nos vemos mañana-

Margot asintió, y se apresuró a los elevadores. Ambos se miraron a los ojos mientras las puertas del elevador se cerraron. Cuando la chica desapareció al cerrarse las puertas, Kiki se llevó las manos a la cabeza y se giró sobre sí mismo, con una felicidad que amenazaba con hacerlo explotar. Vio que Argol y los demás se estaban retirando ya, y corrió a alcanzarlos.

Mientras tanto, dentro del elevador, Margot recargó la espalda contra la pared y abrazó las almohadas con más fuerza, sin borrar su sonrisa. ¡El chico la había invitado a salir otra vez! Quizá… quizá no sería tan mala idea darse la oportunidad de conocerlo.

Cuando se abrieron las puertas y caminó hacia su habitación, pensó un poco en Hugo. ¡Vaya! Parecían años desde que había hablado con él. Además, si salía con Kiki, como amigos, no estaba haciendo nada malo, ¿o sí?

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Terrenos del Santuario

Poco más tarde

Argol no era un santo feliz. Si bien durante la cena había comenzado a pensar que había sido una muy mala idea llevar consigo a Arthur o permitir que Kiki los acompañara, de regreso al Santuario lo confirmó perfectamente. Esos dos aprendices no pararon de mirarse con odio desde que dejaron el restaurante hasta que llegaron a los terrenos del Santuario.

El santo de plata suspiró sonoramente y puso los ojos en blanco. Finalmente, eran adolescentes. ¿Porqué tenían que interesarse en perseguir la misma falda?

A pesar de que ya era bien entrada la noche cuando regresaron al Santuario, Argol les ordenó que recogieran los equipos de entrenamiento que los aprendices habían dejado regados en los terrenos, y se llevó a Hadi con él. Arthur se volvió a Kiki, quien acababa de encontrarse a Chris y a Edith, y comenzaron a recoger el material. Mientras lo hacían, Arthur le dio un codazo "involuntario" al aprendiz de Aries.

-¿Qué rayos te pasa, mocoso?- le dijo Kiki en un tono molesto.

-Estás en mi camino- siseó Arthur.

-Estoy trabajando, igual que tú- dijo el pelirrojo, entrecerrando los ojos- tú eres el que está en mi camino-

-Yo la vi primero- dijo de pronto el inglés, dándole un empujón con ambas manos- aléjate de Margot-

Kiki parpadeó, Edith se cruzó de brazos, y Christoffer estuvo a punto de palmearse la cara. ¿Tanto problema por una chica? Si supiera que no tendría consecuencias, se pondría en ese momento a patear los traseros de ambos. Pero bueno, no quería causar más problemas de los que ya había.

Finalmente Kiki salió de su sorpresa.

-Mira, niño nuevo, yo fui quien la vio primero- dijo el pelirrojo, devolviendo el empujón que Arthur le había dado- y si sabes lo que te conviene, vas a dejarme en paz y te vas a alejar de ella-

-Ni de broma, zanahora- siseó Arthur.

Ambos estuvieron a punto de golpearse, pero Christoffer intervino, rodeándolos a ambos en esferas de energía por un segundo. Ambos le dirigieron miradas asesinas al aprendiz de Virgo, pero no tuvieron más opción que calmarse. Cuando Chris los liberó de las esferas de energía, Edith procedió a darles sendos zapes a cada uno de ellos.

-Auch- dijo el rubio.

-Ay…- se quejó Kiki- Edith, ¿porqué…?-

-Porque ustedes dos son un par de tarados- dijo Edith, molesta y levantando el brazo para darles otra ronda de zapes, que afortunadamente para ellos Christoffer la atajó y se lo impidió- ¡ah!¡Suéltame, Chris!-

-Lo que Edith quiere decir, muy a su manera- dijo Christoffer, mientras intentaba evitar que la amazona pateara a sus dos amigos- es que ambos tengan cuidado. Están metiéndose, y metiendo a la pobre chica, en problemas. Dejen de pelear, ¡son futuros santos de Athena, por todos los dioses!-

Los chicos se tranquilizaron, pero siguieron mirándose con odio. Los aprendices terminaron el encargo, y cada uno regresó a sus habitaciones para dormir.

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Hospital de Atenas

La mañana siguiente

Shaka sonrió aliviado al escuchar las noticias del médico después de revisar a Lena y confirmar que ella y el bebé estaban sanos y bien, y que la daría de alta esa misma mañana. La amazona estaba muy agradecida al respecto, pues realmente odiaba la comida de hospital, y no había podido dormir bien por las alarmas y ruidos a su alrededor.

-Gracias por todo, doctor- dijo Shaka al médico, cuando éste le entregó la receta con un par de medicamentos, y Lena aprovechaba para cambiar la molesta bata de hospital por su propia ropa.

-Es en serio- dijo Lena, ajustándose su blusa y mirando con desdén la fea bata que se acababa de quitar, que ahora se encontraba sobre la cama de hospital- hay un lugar especial en el infierno para quien inventó estas batas. ¡No son nada practicas!-

Shaka se echó a reír.

-No lo sé, son un poco reveladoras, ¿no crees? Yo creo que te ves linda con una de ella- dijo Shaka con una sonrisa un poco traviesa.

-Arggg- dijo Lena, frustrada, y estuvo a punto de darle un zape. Falló, y casi tropezó, pero el santo de Virgo la atrapó antes de que cayera de bruces al suelo.

-Ten cuidado, pyaar- dijo Shaka, dejando de sonreír por un momento mientras la sujetaba con firmeza para que no cayera- no querrás que te vuelvan a internar-

-Perdón- dijo Lena, apenada- no tengo el mismo equilibrio, y eso que la panza aún no me crece tanto-

Shaka sonrió y la besó repetidamente en el cuello antes de soltarla, haciéndola reír por las cosquillas que eso le provocaba. Lena se trenzó rápidamente el cabello y tomó su máscara, mientras que el santo dorado terminaba de empacar la maleta de su chica.

Una vez que ambos estuvieron listos, Lena le sonrió y tomó el brazo de Shaka, para salir juntos rumbo al Santuario. Esperaban que sus respectivos aprendices no hubieran dado muchos problemas.

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Hotel Plaka, Atenas

Esa mañana, Bianca se levantó temprano, y aún estaba muy emocionada por haber encontrado a su hermanita y haber charlado con ella la noche anterior. Oh, ya le diría a su mamá que se había equivocado por completo todo ese tiempo sobre Sofi. Su hermana menor era dulce y amable, y una parte de ella se arrepintió de no haber ido a buscarla hacía todos esos años, cuando se había enterado de que tenía una media hermana.

-Me da gusto que hayamos visto a tu hermana anoche, ma chérie- dijo Jérémie, sonriendo- podemos estar en contacto con ellos, y visitarnos mutuamente en el futuro-

-Así es- sonrió Bianca, mientras terminaba de vestirse- oh, Jérémie, ¡mi hermana es tan linda! Es todo lo que esperaba que fuera-

-Y su esposo es un chico muy agradable también- dijo Jérémie- se ve que está muy enamorado-

-Mi papá también estaba equivocado al respecto de Sofi- dijo Bianca, pensativa- él decía que para estas alturas, Sofi no se podría valer por sí misma, por su enfermedad. ¡Y mírala ahora! Casada, con los mellizos, como si no tuviera nada. ¡Vaya! No sabes lo contenta que estoy-

Jérémie la abrazó. Claro que sí sabía lo contenta que estaba. ¡Su mujer no había parado de hablar de ello desde la noche anterior! Pero él mismo estaba feliz por ella. Después de escucharla por un rato más, Jérémie se aclaró la garganta.

-Vamos, nos quedan pocos días en este viaje- dijo Jérémie, tomando su cámara fotográfica- tenemos que ir a varios sitios a tomar fotografías. ¿Dónde está Margot?-

Bianca puso los ojos en blanco.

-Louise y sus padres también están en Atenas- dijo la mujer- Louise pasó temprano por Margot-

Jérémie sonrió. Louise era la mejor amiga de Margot, y aunque era algo alocada para su gusto, él y Bianca conocían a la chica y a los padres, y sabían que no sería mala influencia para su hija. El hombre suspiró.

-Déjalas que se diviertan entonces- dijo Jérémie- para las fotos llevaremos a Rémy. Al pobre no lo hemos fotografiado tanto como a Margot. Cuando sea más grande va a ver todas las fotos que le tomamos a su hermana, y se va a poner celoso-

Bianca sonrió levemente, y asintió ofreciendo la mano al pequeño, quien la tomó contento.

-Bueno, vamos- dijo Jérémie- muchos sitios que ver, muy poco tiempo-

Su esposa sonrió y asintió.

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Acrópolis de Atenas

Margot miró a su alrededor, maravillada de observar el hermoso Partenón, tomó su pequeña cámara y tomó una fotografía.

-No puedes negar que eres hija de tus padres- dijo Louise, dándole un codazo en las costillas- no puedes dejar de tomar fotos a diestra…-

Margot sonrió, pero persistía con una expresión culpable. A pesar de que les había dicho a sus padres que se iría con Louise y su familia, los padres de su mejor amiga se fueron por otro lado, dejando solas a las dos amigas. Pero finalmente se encogió de hombros, eso no había sido su culpa.

-Me gusta tomar fotos- dijo Margot- es una linda forma de recordar donde he estado-

-Desde pequeña- dijo Louise- eres la niña más fotografiada del mundo, por tener como padres a un par de paparazzis-

-Mis papás no son paparazzis- dijo Margot, cruzándose de brazos y fingiendo molestia. Louise se echó a reír otra vez.

-Vamos al mirador, quiero ver la ciudad- dijo Louise, tomándola de la mano y tirando de ella para acercarse al borde de la Acrópolis. De inmediato Margot sonrió. ¡Vaya que Atenas era una ciudad hermosa! Y era un monstruo de ciudad, nada que ver con el pequeño pueblo en el que vivía.

-¿Lou?- dijo Margot.

-¿Sí?- dijo ella.

-¿Cómo dejaste las cosas en casa?-

Louise hizo un gesto extraño.

-¿Te refieres a Hugo?- dijo Louise, y Margot asintió- pues me temo que está muy enojado porque te perdiste el baile de la escuela por venir con tus papás. Pero bah- añadió, haciendo un gesto despreocupado- que se aguante. No era como que tenías opción: tus padres te dijeron. Además, era solo un tonto baile-

Margot se mordió el labio, un poco mortificada. Se imaginaba que tendría ya algunos problemas cuando regresara a casa.

-Tranquila- dijo Louise, sonriendo despreocupadamente- ya te lo he dicho varias veces. Hugo es un idiota y si se enoja por eso, peor para él-

Margot sonrió levemente. Mejor cambiaba de tema. No quería seguir sintiéndose culpable por cosas que no eran su culpa.

-¿Y bien?- dijo Margot mientras que ambas se dirigían a la salida- ¿a donde vamos ahora?-

La chica rubia sonrió.

-Vamos al teatro de Dionisio, creo- dijo Louise, visiblemente emocionada- oh, no te imaginas la lista de sitios que quiero visitar. ¡Te van a encantar todos!-

-Eso espero- dijo Margot sin poder ocultar la emoción en su voz, y ambas se apresuraron a bajar de la Acrópolis y dirigirse al siguiente destino.

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Territorio Sioux, Wyoming, Estados Unidos

Lune se sacudió las manos mientras hacía un gesto de fastidio. Habían dado una paliza a la mayoría de los enemigos, y habían logrado rescatar a casi todos los Sioux. Solo Takoda y un par de Sioux intentando defender a sus esposas habían resultado heridos en esa pelea. Valentine estaba interrogando al hombre que estuvo a punto de despacharse a chico cuando lo detuvieron, y Tokusa estaba vendando las heridas de Takoda y de los otros dos hombres que habían sido lastimados.

-Bestias- dijo Tokusa de mal humor. El joven espectro no olvidaba como habían hecho sufrir a su jefe, Aiacos, y a Violate en el Inframundo. Cada vez esos individuos caían más y más bajo- no te preocupes, no es grave, te recuperarás-

Takoda bajó la cabeza. No era él mismo por quien se preocupaba, sino por Mika. Si bien su esposa era una fuerte y poderosa guerrera, por alguna razón los enemigos creían que podían ser capaces de romper a la chica y hacerla rebelar el secreto. Y si eso pasaba, realmente estarían en problemas.

-¿Sabes algo de esos hombres?- preguntó Tokusa al verlo tan furioso y preocupado- aquí sentimos el cosmo de nuestros viejos enemigos-

Takoda miró a Tokusa y a los otros dos. Eran amables, y estaban ayudando a su gente. Lune se acercó a Tokusa, y Valentine regresó con el hombre que había intentado matar a Takoda, temblando de miedo y lloriqueando.

-No nos equivocábamos- dijo el espectro de Arpía, acercándose a los otros dos- esos malditos son los que estuvieron detrás de todo esto. Emmanuelle Bellini y Greta Neuer son los que ordenaron que asesinaran a todos los habitantes antes de huir cobardemente-

-Esos dos se llevaron a mi mujer- dijo Takoda por fin- el hombre de traje y la mujer rubia-

Tokusa se sentó en el suelo frente a Takoda.

-¿Sabes que querían de ella?- dijo Tokusa. Sorpresivamente para el espectro, el chico asintió- ¿nos puedes decir qué es?-

Takoda dudó unos segundos. Sí, los espectros los habían salvado, pero aún no sabía si podían confiar en ellos completamente. Los evaluó con la mirada.

-Ella… conoce un secreto muy peligroso- dijo Takoda- y quieren poseer ese secreto-

Valentine entrecerró los ojos.

-Será mejor que lo llevemos con nosotros de regreso a casa- dijo Valentine- si nuestros enemigos están detrás de esto, creo que el señor Hades tiene que saberlo-

Tras explicar a Takoda a donde irían, éste aceptó, y acompañó a los tres espectros al Inframundo.

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Barrio de Plaka, Atenas

Más tarde

Estaba a punto de caer la noche, y Margot y Louise estaban terminando su tour de la ciudad conociendo el barrio de Plaka. Ambas estaban cansadas, y consideraban detenerse en algún pequeño bar a tomar un refrigerio o un café.

A unos pasos detrás de Margot y Louise, en sentidos contrarios, estaban siguiéndolas un par de aprendices del Santuario. Esa tarde Kiki había terminado temprano sus deberes y su entrenamiento, y había pedido permiso a Mu para salir un rato a la ciudad y comprar algo para refrescarse. El santo de Aries, ignorando que su travieso alumno tenía en mente stalkear a la sobrina de Sofi y Aioros, le dio permiso sin pensarlo. En el caso de de Arthur, el chico había engañado a Hadi, y se había escapado descaradamente del entrenamiento de Argol. Tendría que lidiar con su furia cuando regresara, pero en la mente del adolescente cualquier castigo que le impusiera Argol iba a valer la pena al final del día. Y finalmente, sin saber que Shaka y Lena ya habían regresado al Santuario esa mañana, viendo que sus dos compañeros se escaparon y estaban a punto de meter las patas, Christoffer se apresuró a seguirlos.

El aprendiz de Virgo alcanzó a Kiki y lo detuvo por el hombro, haciendo que su amigo diera un respingo.

-¡Chris!¡Me espantaste!- se quejó Kiki en un susurro, volviéndose hacia él- ¡no vuelvas a asustarme así!-

-¿Qué rayos estás haciendo aquí, Kiki?- dijo Christoffer, susurrando de vuelta- si el señor Mu o el señor Argol se dan cuenta de que están aquí, tú y Arthur estarán en graves problemas-

-Yo pedí permiso al señor Mu, y él no tuvo inconveniente con que saliera a la ciudad- dijo el pelirrojo- es ese mocoso al que tienes que regresar a rastras al Santuario, porque salió sin permiso de Argol-

-Sabes que no deberías estar persiguiendo así a la sobrina del señor Aioros- dijo Christoffer, cruzándose de brazos- se va a enojar mucho contigo-

Kiki se rascó la nariz, pero se encogió de hombros y se teletransportó unos pasos delante de donde estaba Christoffer, para soltarse de él. Se volvió hacia su amigo y, tras sacarle la lengua, se apresuró a seguir a Margot y a su amiga por las calles. Christoffer suspiró, y lo siguió también.

Margot y Louise caminaban por las estrechas y coloridas calles admirando su alrededor y tomándose fotografías, sin siquiera sospechar de que los tres aprendices estaban acechando.

-Creo que estamos perdidas- dijo Margot, pensativa, pero no parecía nada preocupada. Todo lo que veía a su alrededor era bello.

-No importa, ya encontraremos a alguien que nos dé direcciones- dijo Louise sin darle mucha importancia- mira por allá, creo que ahí venden café-

Las dos chicas siguieron caminando por el barrio de Plaka, sin darse cuenta de que iban seguidas por los aprendices del Santuario. Mientras las seguían, Christoffer miró a su amigo. El pobre pelirrojo estaba volando bien bajo, persiguiendo a la chica. Margot había sido amable con él la noche anterior, y al parecer Kiki lo había tomado como una señal de que quizá sí estaba interesada en él.

Luego estaba Arthur, quien también seguía a las chicas desde otra calle, y se percató de la presencia de Kiki. Su rostro estaba rojo de furia, pero lleno de determinación de esta vez ganarle la mano a su compañero.

Christoffer suspiró. Desde que se habían dado cuenta de que Kiki y Arthur se habían interesado en la misma chica, él y Edith sabía que nada bueno podía salir de ello. Se les venía un enorme problema, y Chris no veía como podía evitarlo.

Y de pronto, el desastre ocurrió.

Los tres aprendices se dieron cuenta, quizá un poco tarde, que había un carterista acercándose a las dos chicas, quienes seguían mirando distraídas a su alrededor. Cuando el hombre se acercó a ellas lo suficiente, tomó el bolso de Louise y empujó a Margot contra su amiga, tumbándolas al suelo, y salió corriendo de ahí. Al ver eso, y pensando tanto en devolver el bolso como en lucirse frente a las chicas, Kiki se echó a correr tras el hombre para detenerlo. Lamentablemente, Arthur tuvo la misma idea, y cuando ambos salieron de sus respectivos escondites entre las calles y tras las dos chicas, chocaron entre sí sin remedio y cayeron al suelo.

Ambos estaban molestos por haber chocado con el otro.

-Quítate, chico nuevo- dijo Kiki, empujando a Arthur cuando éste se intentaba levantar, haciéndolo caer de nuevo.

-Hazte a un lado tú, ye stupid swine- dijo el chico inglés, tirando de su brazo para hacerlo caer otra vez también- yo lo voy a alcanzar-

Ambos comenzaron a empujarse y a golpearse. Christoffer puso los ojos en blanco, y se apresuró a seguir al carterista y recuperar el bolso.

Por su parte, tanto Margot como Louise estaban algo asustadas de lo que acababa de pasar, de que les hubieran arrebatado el bolso y las hubieran empujado, pero se levantaron para encontrar una escena muy bizarra, mirando a Kiki y a Arthur peleando a unos pasos de donde estaban.

Kiki había usado uno de sus ataques contra Arthur, y había dejado el pavimento lleno de huecos, mientras que el pirata los había esquivado y se había acercado lo bastante a Kiki para golpearlo en el abdomen. Ambos estaban más que furiosos. El pelirrojo tomó a Arthur de los hombros y lo lanzó contra uno de los locales cercanos, quebrando el vidrio del mostrador. Arthur se levantó y se volvió a lanzar contra Kiki.

Christoffer había corrido a detener al ladrón, rápidamente lo había alcanzado, golpeado y atraído aun par de policías, que se apresuraron a arrestar al sujeto. Mientras tanto, Kiki y Arthur habían olvidando por completo al ladrón, y que las dos chicas estaban mirando y que estaban dejando el honor de los santos de Athena por los suelos mientras peleaban como un par de pandilleros comunes.

Otro par de policías llegó e intentó en vano separar a los dos chicos, en parte porque no se querían acercar mucho a ellos: después de todo eran aprendices de santos de Athena. Christoffer, casi arrastrando los pies y regresando el bolso a Louise con un gesto cansado, encendió su cosmo y rodeó a ambos chicos en sendas esferas de energía, levantándolos unos centímetros del suelo y separándolos por completo. Kiki trató en vano teletransportarse, y Arthur pataleó molesto dentro de la esfera.

-¡Ya basta!- dijo Christoffer en voz alta- ¡deténganse los dos!-

-¡Christoffer!- gritó Kiki- ¡déjanos ir en este instante!-

-¡Déjame salir, Chris, tengo que partirle la cara al cabeza de zanahoria!- gritó Arthur.

Tanto Louise como Margot se llevaron las manos a la boca. ¿Qué rayos estaba pasando con esos dos chicos? Pero ninguna de las dos tardó mucho en deducir que era lo que estaba pasando: los chicos estaba peleando por Margot. Y desafortunadamente, la chica no era extraña a esa situación. Su actual novio, Hugo, ya había peleado varias veces con otros chicos por situaciones parecidas. Eso hizo que Margot frunciera el entrecejo y se cruzara de brazos, bastante molesta.

-Margot, ¿conoces a esos chicos?- dijo Louise, cruzándose de brazos y alzando las cejas.

-No, Lou, no tengo idea de quienes sean- dijo Margot, furiosa y con su rostro rojo entre la furia y la vergüenza- vámonos de aquí, no me gustaría que nuestros padres se preocuparan si nos vemos involucradas en esto-

Al ver que Margot y su amiga se alejaban, Kiki y Arthur se detuvieron y dejaron de intentar lanzarse a la yugular del otro, y por fin se dieron cuenta de que la chica ya les había dado la espalda, y estaba alejándose.

-Margot…- dijo Kiki en voz baja, extendiendo su brazo hacia ella, cayendo en cuenta por fin del peso de lo que acababa de hacer.

-¡Margot, espera!- gritó Arthur, sin darse cuenta de que estaba empeorando la situación.

Pero la chica siguió caminando con su amiga como si no los hubiera escuchado. Louise se volvió hacia atrás por un segundo, pero no dijo nada, y se alejó con Margot.

Una vez que las chicas desaparecieron, los dos aprendices se dieron cuenta de que no solo estaban en problemas con la policía. Al enterarse que los chicos problemáticos que habían destruido la calle y uno de los locales eran aprendices del Santuario de Athena, los policías inmediatamente informaron por teléfono al Patriarca, y en menos de dos minutos ya estaban ahí Mu, Shaka y Argol. Los tres estaban escuchando con creciente molestia lo que había pasado de parte de la policía, cruzándose de brazos, y ninguno de los tres parecía nada contento de la situación en la que habían atrapado a los aprendices.

Kiki y Arthur esbozaron una expresión culpable, y Christoffer casi se palmeó la frente. Estaban en serios problemas.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues ya comenzaron los problemas, Kiki y Arthur se metieron en un terrible problema, y además metieron al pobre Chris en un problema también. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo a todos.

Abby L.