GRAN ESPÍRITU

VII: CASTIGOS

Coliseo, Terrenos del Santuario

Después del largo y vergonzoso trámite administrativo en la oficina de policía de Atenas, un muy enojado Mu los teletransportó a todos de regreso al Coliseo del Santuario de Athena. Al parecer, los tres maestros habían decidido regañar a sus respectivos alumnos al mismo tiempo, delante de todos los presentes que se encontraban ahí por casualidad, y sin contenerse por estar en público en los terrenos del Santuario.

Eso no era lo único que tenía mortificados a Kiki, Arthur y Christoffer. El mismo Patriarca había bajado de su templo, y miraba a los tres aprendices con cara de pocos amigos: él fue quien pasó la vergüenza de recibir la llamada de la jefatura de policía de Atenas, quejándose de los destrozos que estaban haciendo aprendices en el barrio de Plaka esa tarde.

Era raro ver al Patriarca tan enojado como en ese momento. Tenía puesto su casco, pero se alcanzaba a ver su rostro realmente furioso.

-Se pusieron a pelear como un grupo de pandilleros comunes en las calles de Atenas- dijo Mu en voz alta. Igual que Shion, el santo de Aries casi nunca se alteraba, pero esta vez estaba visiblemente furioso. Incluso Lydia, que los había alcanzado al ver que regresaron de la ciudad, se detuvo en seco y dio un par de pasos atrás. No era común ver a su chico así- ¡los tres son futuros santos de Athena, deberían comportarse como tales! Kiki, me decepcionas. Esperaría que alguien con tu largo entrenamiento fuera más sabio, pero evidentemente no-

Kiki bajó la mirada, avergonzado. Jamás el maestro Mu lo había regañado así. Sí había colmado su paciencia algunas veces, y Mu lo había amonestado, pero no así. Jamás le había dicho que lo decepcionaba. Eso le dolió al chico pelirrojo hasta el alma.

Y si bien Mu estaba molesto, no era nada comparado con Argol. El santo de plata estaba lívido de furia.

-¿Cómo te atreves a escaparte así del Santuario y hacer un desastre en la calle, mocoso insolente?- gritó Argol con la cara enrojecida de furia- Hadi es mucho más pequeño que tú, pero sabe comportarse y conoce su lugar. ¡Son reglas simples, Arthur, no deben ser difíciles de seguir! ¡Los tres pusieron en vergüenza el nombre de los santos de Athena delante de toda la ciudad!-

Finalmente, Shaka se volvió a Christoffer, pero no dijo nada al principio, solo se limitó a sacudir la cabeza, decepcionado.

-Ya te habías escapado una vez del Santuario, con terribles consecuencias para ti y para la orden- le dijo Shaka en tono serio y frío que hizo que Christoffer se sintiera mucho peor que antes- creí que esa experiencia te enseñaría a no volverlo a hacer-

Christoffer estaba cabizbajo, y no dijo nada. Él solo había salido del Santuario intentando detener a sus compañeros, jamás quiso causar ningún problema o desobedecer regla alguna. Pero como a veces pagan justos por pecadores, pues le tocó regaño también al pobre chico. Chris no dijo nada para defenderse o intentar justificarse.

-Los tres estarán castigados hasta nuevo aviso- dijo Shion finalmente, después de un buen rato de mirar en silencio los regaños de los maestros de los chicos- recibirán el castigo que mejor les parezca a sus maestros. Y a partir de mañana, ninguno de los tres puede salir del Santuario sin el permiso expreso de sus maestros. Y más les vale que esta conducta no se repita-

Los tres chicos asintieron cabizbajos sin reclamar nada, y la gente que miraba se dispersó.

Mu dispuso que Kiki limpiaría y puliría una por una las ochenta y ocho armaduras, empezando por la de Pegaso, bajo la supervisión directa de Seiya, cosa que mortificaba horriblemente al aprendiz de Aries.

Argol, por su parte, decidió que Arthur se encargaría de hacer el aseo de todas las chozas de los santos de plata y bronce, y dejarlas impecables, de lo contrario, a la primera queja de cualquier santo, el chico tendría que volver a limpiar.

Y finalmente, a Shaka no se le ocurrió nada mejor que dejar a su alumno a disposición de Lena, para que su chica no tuviera que moverse y pudiera guardar por un par de semanas el reposo que le había asignado el médico. Chris tragó saliva. Si bien Shaka era estricto, no era nada en comparación con Lena. Ya sabía la que le esperaba cuando lo viera la chica de su maestro.

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Restaurante, Hotel Plaka

Más tarde

Cuando Louise y Margot regresaron al hotel, las chicas contaron a sus padres todo lo que había sucedido en el camino por el distrito de Plaka. Si bien los padres de Louise se alarmaron por el hecho de que casi les hubieran robado el bolso, Jérémie encontró el episodio de la pelea entre los aprendices de Athena algo gracioso.

"Ah, la juventud", pensó Jérémie Blanc. En cualquier otro chico se hubiera puesto furioso de que se estuvieran peleando así por su hija, pero la noche anterior había hablado con Aioros, pues notó un poco el interés del pelirrojo en Margot, y le había asegurado de que era un buen chico.

El hombre no estaba preocupado: conocía muy bien a su hija, y confiaba en ella y en su buen juicio. Solamente en una cosa no confiaba mucho, y eso habías ido su elección de novio. Jérémie Blanc detestaba a Hugo, no le daba buena espina para nada, y sabía muy bien que solo estaba con Margot porque era la chica más linda de la escuela. Ya en un par de veces había tratado de persuadir a su hija de escapar de casa o romper algunas reglas, pero la naturaleza de Margot le había impedido hacer cualquier maldad. Claro, Bianca la había educado bien.

-Ah, los jóvenes de ahora- dijo Jérémie, sacudiendo la cabeza.

-Papá, esto es serio- dio Margot con una expresión indignada- ¡odio que me traten así, como…!¡Arggg…! No me gusta que me persigan así. Además, tengo ya novio, y no estoy interesada en ninguno de esos dos-

-El chico de cabello largo no estaba nada mal, Margot- observó Louise sin dejar de sonreír, para total mortificación de sus padres, pero Margot sacudió la cabeza sin quitar su expresión indignada de su rostro.

-Louise, ese no es el punto- dijo Margot- el punto es que no…-

-Aunque bueno, el pelirrojo es más alto, y tiene un algo… un no sé que, que me parece que se llevaría muy bien contigo, Margot- continuó Louise, como si no hubiera escuchado a su amiga.

-¡Louise!- exclamó la chica, comenzando a desesperarse.

-Ya, ya, chicas- dijo Jérémie- quizá a Margot se le ocurra mandar a volar al bueno para nada de Hugo, y considera salir con un santo de Athena-

-¡Arggg! ¡Con ustedes no se puede conversar civilizadamente!- dijo Margot, furiosa, y se levantó de la mesa y se cambió a otra para estar sola y hacer su berrinche a gusto. Louise sonrió y la siguió, sentándose junto a ella en silencio. La chica rubia notó que su amiga estaba escribiendo un mensaje de texto en su celular. Al no recibir respuesta, marcó a un número, pero tampoco le respondieron.

-¿Qué haces?- preguntó Louise.

-Nada importante. Trataba de llamar a Hugo- dijo Margot, derrotada, dejando el celular en la mesa y cruzándose de brazos con una expresión frustrada- desde que llegué aquí no ha querido hablar conmigo-

Louise bufó. En el fondo, ella también estaba de acuerdo con el señor Blanc: Hugo era un bueno para nada que no se merecía tener una novia tan buena y linda como Margot. Pero bueno, finalmente era su amiga quien se tenía que dar cuenta del monstruo que tenía como pareja.

-Tranquila, ya reaccionará- dijo Louise, sonriendo- pero, ¿me permites decirte algo?-

-Mientras no sea sobre esos aprendices de santos, puedes decirme lo que quieras- dijo Margot, entrecerrando los ojos.

-Oh, entonces no podré decir nada- le dijo su amiga con una sonrisa inocente, dejándose caer sobre el respaldo de la silla.

Margot gruñó. Sabía que cuando Louise le decía "¿me permites decirte algo?" era la manera en la que las dos sabían que la chica rubia no bromearía, que sería algo importante y lo que diría, lo diría en serio. La chica castaña suspiró, resignada.

-Ay, está bien, dispara- dijo Margot.

-Creo que el señor Blanc tiene razón- dijo Louise, dejando de sonreír y mirándola a los ojos- yo te quiero mucho, amiga, y también sabes bien que Hugo es un bueno para nada. Creo que deberías dejarlo. El chico pelirrojo es mucho más lindo-

-¿Lindo?¿Lo viste pelearse como un…?- dijo Margot, cruzándose de brazos con un gesto fastidiado.

-El pobre chico, quedó flechado contigo e hizo esa estupidez. Ya, lo entiendo, cometió un error- interrumpió Louise- pero me dijiste que ayer fue muy amable contigo y Rémy-

-Sí, pero…-

-Y tu nuevo tío dijo que era buena persona- continuó Louise- tú siempre has tenido una manera de saber si alguien es o no buena persona. Lo es, ¿no es así? Además, no me digas que no te gusta, porque ya te vi la cara que pones cuando piensas en él-

Margot guardó silencio. Sí, la noche anterior había quedado con una sonrisa de idiota después de charlar con Kiki en el hotel. No solo era guapo, sino era amable y tenía un toque de timidez, que se le notaba en el sonrojo de sus mejillas. La chica no podía negarlo: sí le había gustado. Después pensó en Hugo y sacudió la cabeza.

-Nada de flechazos ni tonterías, Lou- dijo Margot- ya no quiero hablar de eso. Mejor deberíamos planear a donde vamos a ir mañana-

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Habitación, hotel Plaka

Esa noche

Cuando Margot regresó a su cuarto de hotel y se disponía a ponerse su pijama para irse a dormir, escuchó un par de golpecitos en su ventana. Al principio no le dio mucha importancia, pero al escuchar la insistencia de los golpecitos, la chica decidió acercarse a ver qué podría estar haciendo tanto ruido en su balcón en el duodécimo piso. ¿Un pájaro carpintero o algo así? Momento, ¿existían de esos en Grecia?

La chica se acercó a la cortina y corrió la cortina que cubría la ventana. Dio un brinco de sorpresa y casi cae de espaldas del susto cuando vio que, mirando a través de la ventana, se trataba de Kiki, el chico pelirrojo que había visto antes.

El contexto de esa visita era muy sencillo: cuando regresaron al templo de Aries, con Kiki cabizbajo, Lydia le dijo a Mu que quizá sería buena idea permitir que Kiki fuera a buscar a Margot y se disculpara con ella por su conducta. Mu pensó que aquello era buena idea, y le dio permiso de ir, pero solo por diez minutos, después de los cuales tendría que regresar a sus habitaciones en el templo de Aries.

Y bueno, a Kiki le quedaban nueve minutos y diez segundos.

-¿Kiki?- dijo Margot, sorprendida, pero después frunció el entrecejo. No abrió la ventana para nada- ¿cómo rayos….?¿qué estás haciendo aquí?-

-Es largo de explicar- dijo Kiki rápidamente, su voz se escuchaba algo débil a través del vidrio- pero antes de eso, vine a hablar contigo de algo importante-

-No quiero hablar contigo de nada-

-No, no a hablar- dijo el chico- quería disculparme contigo por…-

-Disculpas no aceptadas- dijo Margot, cruzándose de brazos, y entrecerrando los ojos- vete de aquí-

-¿Porqué no?-

-Porque me hiciste quedar en ridículo frente a mi amiga- dijo la chica- y además, tú y el otro chico me trataron como… ¡como si fuera un objeto! No quiero que se peleen por mí, ni me interesa ninguno de ustedes dos, ¡así que déjenme en paz!-

-No fue eso, nosotros jamás…- comenzó Kiki.

-¿No?¿ustedes dos peleándose a golpes en la calle por mí como si fueran unos vulgares?- dijo Margot, buscando a tientas la cortina para cerrarla, pero sin quitarle la mirada furiosa de encima.

Kiki bajó la mirada. No solo había hecho enfurecer a su maestro, sino también Margot estaba enojada con él.

-Por favor, Margot- dijo Kiki- solo me quiero disculpar…-

-Ya te dije que no acepto tus disculpas- dijo Margot en tono cortante- y tampoco debiste haber venido aquí. Además, podría estar en pijama. ¡Esto es bastante inapropiado! Si me disculpas, me voy a dormir-

-Margot, no te vayas, por favor…- dijo Kiki, pero sus reclamos fueron en vano. Margot realmente estaba furiosa por haber sido tratada como un objeto por un par de chicos que apenas conocía, en primer lugar, y no había nada que Kiki pudiera hacer o decir en esos momentos para mejorar la situación, al menos no en ese momento.

Kiki estaba consciente de que había sido un idiota, y quería disculparse con ella. ¿Porqué tenía que ser tan obstinada?

Margot cerró la cortina de la ventana y apagó la luz de su habitación justo después de tomar su pijama, y se metió al cuarto de baño para cambiarse. Kiki suspiró, derrotado, y miró su reloj. Le quedaban treinta segundos para regresar a casa. Derrotado y cabizbajo, se teletransportó de regreso al templo de Aries.

Mientras que Margot se ponía su pijama, tanto Lowe como Chanteloup miraron a Kiki desaparecer, y luego se miraron entre sí. Ellos eran parte del corazón de la chica, y conocían bien sus sentimientos. Sabían que Margot no era indiferente, que en el fondo sabía que era un buen chico, y comenzaron a interesarse cada vez más en ese chico, aunque Chanteloup estaba segura de que estar cerca de Kiki era peligroso.

Al final, Margot se metió a la cama a dormir y no pensó más en el asunto.

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Templo de Virgo

La mañana siguiente

La noche anterior, cuando Shaka regresó furioso al templo de Virgo, tuvo que hacer uso de todo su esfuerzo y autocontrol para no despertar a Lena y decirle lo que había pasado con los aprendices, pensando en que ya se lo contaría en la mañana. Toda la noche Chris moría de miedo: sabía que Lena se podía llegar a poner muy creativa con los castigos. Siempre había sido buena con Edith, y la chica nunca le había dado causa de enojo.

Edith, por su parte, sabía lo que había pasado en realidad en ese incidente. Sabía que habían sido Kiki y Arthur quienes se habían escapado del Santuario para seguir a Margot, y sabía que Christoffer solo los había seguido para convencerlos de regresar y no meterse en problemas. Y le parecía muy injusto que Chris fuera castigado por Shaka y por Lena por ello.

La aprendiz de amazona se ajustó su máscara y cruzó el templo de Virgo. Shaka había salido temprano a hacer rondas, llevándose contigo a Christoffer, decidido a no apartarlo de su vista. Aprovechando el hecho de que Lena aún estaba en cama, descansando por apenas haber salido del hospital, Edith se puso manos a la obra.

La joven aprendiz cruzó el imponente templo de Virgo hasta la habitación donde estaría su maestra, y tras dudarlo unos segundos llamó a la puerta. Al escuchar a Lena darle permiso de pasar, abrió la puerta.

Edith se sorprendió y se detuvo en seco en la puerta. Su maestra se veía mucho más delgada de lo que la había visto la última vez, lo cual era lógico: la pobre había pasado los últimos días vomitando sin parar; y también se veía un poco pálida. La chica se quedó de pie junto a la puerta, dudando si debía entrar o no.

-Pasa, Edith, no te quedes ahí- dijo Lena, sonriendo levemente al verla de pie dudosa en la puerta, sin estar muy segura si sería prudente acercarse o molestarse- ¿acaso me veo tan mal?-

-No, para nada, maestra- dijo Edith, enrojeciéndose levemente y entrando a la habitación-¿cómo se siente?-

-Oh, me siento mucho mejor. ¿Cómo has estado tú en estos días?- preguntó Lena, poniendo la mano en la orilla de la cama para indicarle a su aprendiz que se sentara junto a ella. La chica se acercó y se sentó donde su maestra había puesto la mano unos segundos antes- ¿has entrenado bien con June?-

-Con June y con Shaina. Y también con los chicos- dijo Edith, sonriendo levemente, pero luego bajó la mirada- ¿maestra? ¿Puedo hablar de algo con usted?-

-Sabes que sí- dijo Lena, incorporándose para sentarse sobre la cama- ¿qué sucede?-

-Se trata de Christoffer- dijo ella.

Lena frunció el entrecejo levemente. Esa mañana antes de irse, Shaka le había dicho lo que había pasado la tarde anterior, con los tres aprendices que habían escapado del Santuario y se habían peleado en las calles de Atenas. A Lena le había parecido increíble que Christoffer hubiera sido parte de ello, considerando que el chico se había vuelto mucho más juicioso después de sus pasadas desventuras, sobre todo cuando había escapado del Santuario siguiendo a Deino, y la mayor parte de su cosmo había sido robado por los enemigos. Aún no habían decidido un castigo para él; Lena había dicho que lo pensaría esa mañana.

-¿Qué sucede con Christoffer?- dijo Lena.

-Lo que pasó ayer en la tarde en la ciudad, la pelea en el barrio de Plaka- dijo Edith, mirando tímidamente a su maestra- quería decirle que no fue su culpa, maestra-

-¿A qué te refieres?- dijo la amazona, escuchando a su aprendiz con atención.

-Kiki y Arthur están totalmente embobados con esa chica, Margot, la sobrina de Aioros- dijo Edith- cuando vio a los dos escaparse del Santuario para seguirla, Chris se fue tras ellos para intentar convencerlos de que regresaran, no para participar en la pelea también. Yo lo vi cuando intentaba detenerlos-

Lena sonrió levemente. No era secreto para ella que Christoffer se había enamorado de Edith, y también sabía que el sentimiento era mutuo. Pero la chica era responsable, y si decía que Christoffer no había tenido la culpa de lo que pasó, debía ser cierto. Sintió una punzada extraña en su corazón: el pobre chico no se había intentado defender cuando Shaka lo regañó.

-Está bien, pequeña- dijo Lena finalmente- hablaré con Shaka al respecto-

Edith sonrió ampliamente, y agradeció a su maestra.

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Museo Arqueológico de Atenas

Esa mañana, Louise y Margot decidieron visitar el museo de Atenas. Ambas ya se había olvidado del incidente de la noche anterior, y acudieron al museo muy contentas. Sofi le había advertido a Evelyn que su sobrina iría a visitar el museo, así que la entusiasta chica fue a recibirlas y las llevó a conocer el museo. A diferencia de Evelyn, Cecy se quedó trabajando en su cubículo.

-Así que… ¿eres amiga de mi tía Sofi?- preguntó Margot.

-Así es- dijo Evelyn- yo también vivo en el Santuario de Athena como ella-

Louise bostezó, aburrida. No sabía porque a Margot le parecía tan interesante, pero bueno, tuvo paciencia y también ella comenzó a disfrutar el museo.

-¿Qué es lo que deberíamos ver?- preguntó Louise finalmente- quiero decir, ¿qué es lo que no nos deberíamos perder?-

-Oh, pues yo les diría que todo el museo- dijo Evelyn, sin poder ocultar que le encantaba la colección del museo- pero les recomiendo la estatua de Zeus, la máscara de Agamenón, los frescos de Santorini… ¡dioses! Hay muchas cosas que ver-

Margot sonrió, y tomó su cámara fotográfica.

-Bueno, tenemos mucho que ver y muy poco tiempo- dijo Margot- vamos-

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Templo de Aries, Santuario de Athena

Kiki estaba encerrado en el taller del templo de Aries, absorto en cumplir su castigo, puliendo con esmero la armadura de Pegaso, e intentando ignorar a Seiya, quien pensó que sería buena idea no solo supervisarlo, sino también darle un sermón sobre lo que había hecho el día anterior.

-Debiste ser más responsable, Kiki- comenzó Seiya- ya no eres un niño, y…-

Kiki cerró los ojos, intentando ignorar a Seiya, y se concentró en su trabajo. ¿Qué tenían todos ahora que se creían con el derecho de regañarlo? Mu estaba bien, y el Patriarca también. ¿Pero Seiya? Lydia, quien había hecho su parte de estupidez en el pasado, se abstuvo de regañar al aprendiz, además de que sabía que no correspondía.

El pelirrojo suspiró, lamentándose por su mala suerte. ¡Ojalá hubieran dejado a Lydia supervisándolo, y no a Seiya!

Mientras Kiki trabajaba, se puso a pensar en lo que había pasado el día anterior. Sí, había sido un estúpido. Y todo para querer lucirse frente a Margot, lo había arruinado todo. La chica se iría pronto de Atenas, y no la volvería a ver.

Y al pensar en ello, Kiki tuvo una extraña sensación. Le dolía el pecho, como si tuviera un vacío en su interior al pensar en Margot. Si no la conocía, no sabía como sería, que le gustaba o que no, si era amable, pero había una fuerza en su interior que le decía que tenía que estar con ella. ¿Era en serio? No, quizá era solo su imaginación.

-¿Kiki?¿te encuentras bien?- dijo Seiya, alzando las cejas y notando que Kiki había dejado de limpiar la armadura y se había llevado las manos al pecho con una extraña sensación de dolor.

-Estoy bien- dijo Kiki, sacudiendo su cabeza para quitarse el pensamiento de Margot. Una vez que pensó en la armadura, el dolor en su pecho desapareció- lo que pasa es que yo… eh… tengo hambre-

Seiya miró el reloj en la pared del taller de Aries.

-¡Por los dioses!¡Mira la hora!- dijo Seiya, sorprendido, haciendo un gran aspaviento- seguramente Mu no quiere que mueras de hambre como parte de tu castigo. Tomemos un descanso para ir a la cocina a tomar algo de comer.

Kiki asintió distraídamente, y se limpió las manos para levantarse de su sitio. Seiya tenía razón, era hora de comer, y quizá esa sensación era debida al hambre.

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Terrenos del Santuario

Arthur estaba cumpliendo también su castigo, y en esos momentos ya estaba terminando de barrer la entrada de una de las casas de los santos de plata. El pobre chico tenía una expresión desolada que no podía con ella, y seguía estando furioso por lo que había pasado. Maldito Kiki, ¿porqué se había entrometido en sus asuntos?

Argol lo vigilaba mientras estaba trabajando, y suspiró en un gesto derrotado. Hasta cierto punto debió habérselo esperado. Arthur llevaba poco tiempo viviendo en el Santuario, y no estaba acostumbrado a obedecer órdenes, sobre todo después de haber estado viviendo con los piratas tanto tiempo.

-Ahoy, matey- tanto Argol como Arthur escucharon una voz femenina, en un tono burlón. Ambos levantaron la mirada, y se dieron cuenta de que era Tora, acompañada del maestro Dohko. Los recién llegados esbozaban una sonrisa burlona- limpias bien, pero te faltó un sitio ahí junto a la puerta, renacuajo-

-Déjame en paz, Tora- siseó Arthur, molesto, apretando con enojo el trapeador en sus manos mientras seguía limpiando el suelo.

-¿Ya te olvidaste que en el Revenge yo era tu superior, ye filthy swine?- dijo Tora, aún con una sonrisa traviesa- no puedo creer que desde que llegamos aquí te has vuelto un desordenado. Jamás te hubiera creído capaz de cometer esa estupidez-

Dohko no dijo nada, pero se cruzó de brazos y rió en voz baja. Arthur gruñó, pero no siguió discutiendo, y se concentró en la tarea que tenía a la mano. Argol miró a Tora, quien le guiñó un ojo en señal de apoyo por el castigo que le había dado a Arthur. El santo de Perseo sonrió agradecido. Tora tomó la mano de Dohko, y ambos se fueron a la playa a entrenar por el día.

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Templo de Virgo

Christoffer regresó al templo de Virgo por la tarde, tras pasar la mayor parte del día trabajando arduamente en todas las tareas que Shaka le asignó. Y ahora, era el momento de la verdad, iba a descubrir que castigo maligno le había asignado Shaka con ayuda de Lena.

El chico cruzó el umbral de la puerta, asustado, pero a diferencia de lo que se esperaba, tanto su maestro como Lena le sonrieron.

-Pasa, Chris- dijo Shaka con una expresión seria que hizo que el chico temblara levemente- Lena y yo tenemos que hablar muy seriamente contigo-

Christoffer entró a la habitación, dudoso, pero se detuvo frente a los dos con su mirada en el suelo.

-Hace rato, Lena y yo tuvimos una conversación muy interesante con Edith- dijo Shaka.

Christoffer palideció. ¿Había hecho algo malo?¿Edith estaría enojada con él también por lo que había pasado? ¡Era el colmo! Él solamente había hecho lo que creyó correcto en ese momento, intentar evitar que sus amigos se metieran en problemas, y terminó metiéndose en peores problemas que cualquiera de los dos.

-Edith nos dijo que solo saliste del Santuario para detener a tus compañeros- dijo Shaka cruzándose de brazos y mirándolo fijamente. Christoffer sintió como si el santo de Virgo pudiera leer directamente su alma- ¿es cierto eso?-

-Sí, maestro- dijo Christoffer sin levantar la mirada- lo lamento mucho, no pensé causar problemas, y…-

-Tranquilo, Chris- lo interrumpió Lena- solo escucha lo que tiene que decir Shaka-

-Me molesta mucho que hayas salido del Santuario sin permiso, sin importar tus intenciones- dijo Shaka- finalmente querías evitar que hubiera problemas, por lo que no te castigaré. Pero cuando eso vuelva a pasar, mejor avísame o avisa a los maestros de quienes estén involucrados, en vez de ir a meterte en problemas-

Christoffer miró esperanzado a su maestro. ¿Entonces no lo castigarían?

-Lo haré- dijo Christoffer- gracias, maestro-

-Y Chris…- dijo Shaka.

-¿Sí, maestro?-

-Edith no es una mala chica- dijo Shaka, alzando ls cejas levemente- deberías apresurarte-

Christoffer se ruborizó terriblemente y salió apresuradamente de la habitación, haciendo reír a Shaka y a Lena.

-Chris es un buen chico, Shaka- dijo Lena- lo has entrenado bien-

-Lo sé- dijo Shaka- tiene buen corazón-

Lena sonrió, y se puso las manos sobre el abdomen. Shaka olvidó todo el asunto de Chris y la pelea en la ciudad, y se sentó en la cama junto a Lena.

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Habitación de Huéspedes, Giudecca, Inframundo

-Pobre chico, ¡mira como te dejaron!- comentó Pandora, mientras que Cyrus diligentemente se ponía a curar sus heridas lo mejor que pudiera. Cyrus había regresado al Inframundo de Ramala por el fin de semana. Había tenido guardia la noche anterior en el hospital, y estaba agotadísimo, pero tan pronto como llegó a Giudecca tuvo que poner en práctica sus conocimientos.

Takoda no dijo nada, sino que esperó pacientemente a que el chico curara sus heridas. Estaba mortalmente preocupado por Mika. No solo tenía miedo de que su esposa muriera, sino que sabía que, si la hacían hablar, sería peor no solo para ellos, sino para todo el mundo.

No pudieron seguir diciendo nada más, pues Hades entró a la habitación. Los chicos se volvieron hacia él. Venía acompañado de Valentine y Lune, quienes le habían referido lo que había ocurrido en Estados Unidos.

-Takoda- dijo el dios, moviendo levemente su mano para que Pandora y Cyrus se levantaran- soy Hades, rey del Inframundo. El grupo que te atacó, a ti y a tu gente, han sido nuestros enemigos desde hace mucho tiempo. Lamento no poder esperar a que te recuperes, pero necesitamos saber que es lo que querían, para saber que planean y poder detenerlos-

Takoda evaluó con la mirada a Hades.

-De acuerdo, les explicaré de que sé trata- dijo Takoda con un gesto resignado- no podré darles la información completa, pues es mi esposa quien conoce los detalles, por eso se la llevaron. Pero tienen que prometer guardar el secreto-

Hades asintió gravemente.

-Antes de que continúes- dijo Hades sin dejar de mirarlo a los ojos- quiero que sepas que quizá tenga que compartir lo que sabes con Athena, que es nuestra aliada, y la encargada de proteger la tierra-

Takoda lo meditó por un segundo, y luego asintió.

-Bueno, primero que nada- comenzó el nativo americano- todo comienza con la historia del Gran Espíritu, y el Nahimana-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Kiki y Arthur están castigados desde este momento y hasta dentro de tres reencarnaciones. Nada que hacer, a ver si así lo piensan dos veces la próxima vez que se les ocurra ponerse a pelear. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo. Ah, y FELIZ DÍA DEL PADRE!

Abby L.