GRAN ESPÍRITU
VIII: REVELACIÓN
Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Esa tarde
Todos en el Santuario se sorprendieron de lo que había pasado esa tarde. No era nada usual que el mismísimo Hades los visitara para dar noticias. El rey del Inframundo llegó al templo del Patriarca con una expresión muy grave. Lo que le había dicho Takoda lo había llenado de preocupación, razón por la cual se había apresurado a informar a Athena todo lo que sabía tan pronto como terminó de escucharlo.
En el templo del Patriarca estaban Athena, Shion, Dohko y Tora. Tras intercambiar saludos, el dios del Inframundo comenzó a contar lo que sucedía.
-Es un asunto muy serio- dijo Hades con una expresión grave- el día de ayer nos enteramos que los Sioux de Wyoming estaban siendo atacados por nuestros enemigos. Creo que Greta y Bellini fueron los líderes de ese ataque-
Athena se llevó las manos a la boca, mientras que Shion y Dohko se miraron entre sí, preocupados.
-Oh, no- dijo Athena, muy afligida- ¿cómo están los Sioux?¿los lastimaron?¿qué fue lo que pasó?-
-Mis hombres alcanzaron a llegar y a impedir que les hicieran daño- dijo Hades- solo algunos de ellos resultaron heridos, pero se llevaron a una de ellos para intentar sacarle información-
-¿Y sabe que era lo que querían saber de ellos, señor Hades?- dijo Shion.
-Según uno de los sioux, llamado Takoda, quieren apropiarse de un antiguo poder que poseen los nativos americanos- dijo Hades- ellos lo llaman Nahimana, "El Corazón del Cielo"-
Al escuchar ello, Dohko vio en los ojos de Tora una chispa de reconocimiento. Después de todo, ella había viajado por todo el mundo hacía doscientos años, y sabía más o menos sobre leyendas nativas americanas.
-¿Qué es eso, Hades?- preguntó Athena- nunca antes lo había escuchado-
-Al parecer, es una antigua fuerza que poseen los Sioux para hablar con el Gran Espíritu, su dios principal- dijo Hades- puede controlar las fuerzas de la naturaleza, y los espíritus animales a su alrededor. Es un poder muy grande, Athena- añadió el dios del Inframundo en un tono preocupado- en manos equivocadas, podría traer el fin del mundo-
La diosa se llevó las manos a la boca de nuevo.
-Entonces, ¿Phobos y Deimos quieren ese poder?- dijo Athena, y Hades asintió- ¿y sabemos donde está?-
-No- dijo Hades- tradicionalmente, nadie sabe quien tiene el Nahimana, solamente su dueño conoce el secreto. Takoda dijo que cree que su esposa, Mika, ha visto a la persona que tiene el Nahimana, pues nuestros enemigos la detectaron, y quieren obligarla a hablar. Mika era la única que lo sabía-
-Entonces no hay manera de saberlo- dijo Athena.
-Takoda dijo que examinaron a todos los Sioux, uno por uno- dijo Hades- y solo lograron descubrir que Mika había visto el Nahimana alguna vez, y por eso se la llevaron-
-Entonces es obvio, ¿no?- los interrumpió Tora de nuevo.
-¿Qué es obvio, Tora?- preguntó Dohko.
-Yo escuché esa leyenda en mis viajes- dijo ella- es un viejo poder que se pasa cuando un protector muere, se lo entrega al siguiente sacándose el corazón-
Hades y Athena la miraron, interrogantes.
-Pero es obvio- continuó Tora- si ninguno de los Sioux lo tienen, quiere decir que, por alguna razón, el protector original murió y tuvo que pasárselo a alguien más, a una persona no Sioux-
Hades abrió los ojos.
-El chico dijo que hace ocho años hubo también un ataque en ese mismo campamento, perpetrado por enemigos muy parecidos a los que los atacaron esta vez- dijo Hades, pensativo- y que varios de los Sioux murieron-
-Seguramente uno de los que murió en ese entonces era el guardián- dijo Tora- solo tienen que buscar si hubo algún extranjero presente durante ese ataque, a quien le hayan podido heredar el poder-
Hades asintió.
-Gracias por avisarnos sobre este asunto, Hades- dijo Athena- podemos enviar a alguien para investigar. Y claro, ayudar a intentar encontrar a esa chica perdida-
El rey del Inframundo asintió gravemente, y desapareció para regresar al Inframundo. Una vez que se quedaron solos, Dohko se volvió a Shion.
-¿Qué vamos a hacer?- dijo el santo de Libra- eso que nos contó Hades suena muy peligroso-
-Lo sé- dijo Shion- supongo que tenemos que investigar. Esperemos que pronto cometan un error, y los encontraremos-
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Terrenos del Santuario
Shaina sonrió ilusionada al ver a François llegar al Santuario. El general marino había estado ausente las últimas semanas con asuntos en el templo de Poseidón, pero esta vez, cuando había que ir al Santuario de Athena, era obvio que fuera él quien se ofreciera a subir a la superficie. Esta vez se quedaría a ayudar a la amazona a tratar de encontrar a los enemigos en Atenas.
Al verlo legar, la chica le dio un golpe cariñoso en el hombro.
-¿Porqué tardaste tanto en venir?- reclamó la amazona.
-Lo lamento mucho, mon amour- dijo François, apenado, extendiendo sus brazos hacia ella y abrazándola. ¡Vaya que la había extrañado!- hubo muchos ataques al templo de Poseidón, pero por fin se calmarnos las cosas. Te extrañé mucho-
Shaina sonrió bajo su máscara.
-El señor Poseidón me envió- continuó François tras el abrazo- uno de los espectros fue al templo y le informó sobre lo que sucedió en Estados Unidos-
-¿Han hecho algo más?- preguntó Shaina.
-Céline envió a su hijo, Tritón, a buscar noticias en las costas de Estados Unidos- dijo François, pero no pudo evitar reír en voz baja. ¡Vaya que le costaba trabajo admitir que Tritón era hijo de su hermanita! Le parecía muy gracioso ver a la pequeña Céline mandando a Tritón, que era un hombre mayor, y el pobre tenía que obedecerla cabizbajo- ella y el señor Poseidón aún están molestos con él por el asunto de Leilani-
Shaina sonrió. Sabía que Poseidón y Anfitrite habían estado absolutamente furiosos al enterarse que Leilani era su nieta, y que Tritón había dejado a la pobre chica y a su madre a la deriva en Hawaii, sin ningún tipo de ayuda y sin hacerse responsable. Leilani ya era una chica mayor, y podía cuidarse sola, además de que tenía a Sorrento, pero ese no era el punto. Tritón había sido regañado y castigado, y Céline se había asegurado que se hiciera responsable de enseñar a Leilani a usar su cosmo, en lo que había avanzado mucho, y no solo gracias a su padre, sino también al general de Sirena.
Mientras Shaina y François charlaban de lo que había pasado en el templo de Poseidón, ambos vieron que Ava se acercó tímidamente y les sonrió.
-Hola, señorita Ava, ¿cómo está usted hoy?- dijo François, sonriendo e inclinándose levemente, dirigiéndose a la pequeña.
-Muy bien, señor François- le dijo la pequeña, sonriéndole también.
François se volvió a mirar a Argol, que esta muy molesto y cruzado de brazos, aún vigilando a Arthur mientras hacía sus quehaceres. El chico francés alzó las cejas. No conocía al chico ex pirata, y le parecía extraño que estuviera aseando con tanto empeño la casa de Shaina.
-Ese aprendiz está castigado. No preguntes- dijo Shaina en voz baja, riendo. François no dijo nada, pero también se echó a reír.
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Lugar desconocido, Grecia
Mika tembló, con una mezcla de frío y miedo. Después de varias horas de largos viajes y vuelos, los enemigos por fin habían llegado a Grecia, y la habían llevado a una cueva profunda que tenía una extraña vibra. Ella no poseía el Nahimana, pero no era necesario tener alguna habilidad extraordinaria para saber que había algo malvado echando raíces en lo profundo de esa horrible cueva. La chica disimuló su miedo lo mejor que pudo, manteniendo su mirada neutral.
La chica estaba en una pequeña cavidad formada en la roca, atada de manos y pies, y de rodillas en el suelo. Greta y Bellini estaban rodeándola, y la chica había contado al menos una veintena de enemigos con armaduras negras. Cuando Greta comenzó a dar vueltas a su alrededor, la chica irguió su mirada, sin mostrar el miedo que sentía en esos momentos.
-Tengo que darte el crédito por tu valentía, mujercita- le dijo Greta, entrecerrando los ojos mientras aún daba vueltas a su alrededor, con la intención de intimidarla- pero me temo que no podrás permanecer mucho más tiempo en ese obstinado silencio. ¿Sabes? Hubiera sido mucho más fácil e indoloro para ti si solo hubieras hablado desde el principio-
Mika entrecerró los ojos, pero se mantuvo en silencio.
-Es tu última oportunidad, habla antes de que las cosas se vuelvan mucho peores para ti- dijo Greta, pero la chica persistió en su silencio- muy bien, tú lo quisiste, basura-
Greta y Bellini salieron de la pequeña formación en la cueva, apagando las luces, dejándola sola, en silencio y en completa oscuridad. Mika respiró hondo. No sabía que era lo que le esperaba, pero no se iba a rendir, no iba a decir nada sobre la chica que tenía el Nahimana. Tenía su orgullo Lakota que proteger.
De pronto, comenzó a sentir algo extraño. Un terrible y denso humo a su alrededor que le producía una terrible sensación sofocante. Sentía su corazón comenzando a latir un poco más rápidamente, como si quisiera salir de su cuerpo. Trató de llevarse la mano al pecho, pero estaba atada y no podía hacerlo.
"¿Qué está pasando?", pensó ella.
La sensación asfixiante siguió apoderándose de ella, cuando sintió una voz a su lado, que le hablaba al oído.
-¿Quién tiene el Nahimana?- dijo la voz.
"No sé nada", dijo Mika en su mente "no sé donde está"
-Sí lo sabes, y me lo vas a decir en este momento- dijo la voz.
Mika sacudió la cabeza repetidamente, pero por alguna extraña razón su resolución comenzaba a debilitarse. ¡Estaba muerta de miedo! Era como si una fuerza extraña se hubiera apropiado de ella, oprimiendo su corazón y robándole todo su anterior valentía. ¡No! Estaba resuelta, no iba a decir ni una palabra al respecto.
"No, no sé quien lo tiene", dijo ella, sacudiendo la cabeza "no sé que significa. No sé donde pueda estar"
-Sí lo sabes. Habla, o te pesará…- dijo la voz de nuevo.
Justamente al terminar su frase, sintió su cuerpo siendo recorrido por una horrible corriente que parecía eléctrica que hizo que la chica gritara de dolor. A unos metros de ahí, podía escuchar a Greta riéndose de ella en voz baja, pero Mika ya no se sentía tan segura como antes. ¡No! ¡Ella ya había soportado tanto dolor! No podía rendirse ahora.
-Dime la verdad, mujer- dijo la voz- ¿quién tiene el Nahimana?¿Quien de los Sioux lo tiene?-
Mika cerró los ojos, apretándolos con todas sus fuerzas, y esforzándose por mantener la mente en blanco, pero no pudo evitar que las memorias de hacía todos esos años pasaran por su mente. La noche alrededor de la fogata con su abuela, Pequeña Tortuga, el ataque de los enemigos que eran extrañamente parecidos a los que tenían justo ahora. Recordó como había visto a su abuela herida, arrastrando a una niña pequeña a su tienda y…
-¡No!- exclamó Mika en voz alta, sacudiendo la cabeza repetidamente y hablando por primera vez- ¡no puedes ver eso!¡Eso es privado!-
Escuchó una fría risa en su oído, y una nueva descarga eléctrica la recorrió, y Mika gritó. Greta y Bellini, que estaban observando lo que estaba pasado, se echaron a reír. Sabían que Phobos iban a hacer que la chica hablara pronto, no iba a lograr mantenerse en silencio.
-Todo eso está a punto de terminar, Mika- escuchó la voz- solo muéstrame quien es…-
-¡No!- dijo la chica- ¡nunca!-
Phobos se echó a reír junto a su oído de nuevo, y volvió a entrar a su mente, provocando un fuerte grito de dolor de parte de la chica.
Mika se vio a sí misma de pequeña, corriendo entre los gritos y explosiones del ataque, y solo fue al único sitio a donde se podía sentir segura: a la tienda de su abuela Pequeña Tortuga.
-¡No!- repitió Mika, intentando sacar a Phobos de su mente- por favor, detente…-
La pequeña Mika levantó la tela de la tienda de su abuela, y vio a Pequeña Tortuga con una horrible herida en el abdomen, que la atravesaba de lado a lado. Primero Mika pensó que estaba intentando detener la hemorragia, pero pronto se dio cuenta de que estaba sacando algo de su pecho. Y de pronto…
-¡NOOOOO!- gritó Mika.
-Dame esa memoria- dijo Phobos, causando una vez más que la chica gritara, su corazón amenazando con salirse de su pecho del terror que sentía- ¡dámela!-
Y de pronto, un brillo de la más pura luz salió de su pecho. Lo que parecía ser un corazón luminoso, brillando y latiendo en su propia mano. Mika vio a Pequeña Tortuga tomarlo con cariño y ponerlo sobre el pecho de la niña que tenía en frente de ella, diciendo unas palabras en un idioma extranjero que la niña comprendió, pero que Mika no alcanzó a entender, para después caer muerta al suelo. Recordó su horror, y se vio a sí misma extendiendo su mano, intentando llamarla, gritar "¡Abuela!", pero era en vano.
-¡No!- gritó Mika- no puedes ver eso…-
-Oh, sé como te sientes, Mika- la chica escuchó la voz de Phobos que le hablaba, ya no a su oído, pero dentro de su cabeza- el Nahimana estaba destinado a ser tuyo. Siempre lo has sabido, ¿verdad? Y tu abuela se lo dio a otra niña, indigna de él, ni siquiera era una Lakota como tú…-
-No, mi abuela hizo lo que tenía que hacer- dijo Mika, apretando los ojos. La intromisión de Phobos en su cabeza le causaba un terrible dolor- no había otra manera, tomó a la primera persona que tenía cerca…-
-Siempre lo has querido, ¿no es así?- interrumpió la voz de Phobos- siempre has querido haber estado en su lugar…-
-¡NO!- dijo la chica- ¡ya basta! Déjame…-
La niña extranjera se levantó y, tras intentar en vano ayudar a Pequeña Tortuga, salió corriendo de la tienda, murmurando algo en un idioma que Mika no entendió. Mika trató de acercarse a ella y ayudarla a atraerla a un lugar seguro, pero la otra niña solo le dio la espalda y salió corriendo en sentido contrario. Nunca más la volvió a ver…
-Bien, muy bien- dijo Phobos, riendo y suavizando un poco su voz. Mika sintió un repentino alivio, que no duró por mucho tiempo- ¿quién era esa niña?¿cuál es su nombre?¿dónde la encuentro?-
Mika respiró hondo. ¿Qué rayos le estaba pasando? Ella no era una cobarde. ¡Tenía que resistirse! Si los enemigos lograban llegar al Nahimana, podía bien significar el fin del mundo como lo conocían. ¡Necesitaba aguantar! No podía darles lo que querían.
-¡No sé!- exclamó Mika, sacudiendo la cabeza otra vez- ¡no sé quien es!-
-Mientes- dijo Phobos con un fuerte estruendo- ¡dime quien es!-
Mika sacudió la cabeza otra vez. ¡No podía decirlo! Pero… pero tenía miedo. ¿Qué le iba a pasar? No, ella siempre había estaba dispuesta a morir guardando ese secreto, era lo menos que podía hacer para honrar la memoria de su abuela. ¿Cómo los malditos pudieron meterse en su cabeza y sacarle esa información? ¡No! No lo diría. No podía pronunciar su nombre. Si lo hacía…
-No sé quien es- dijo Mika en un tono decidido.
-¡Su nombre!- dijo el malvado dios- si no lo dices, todos en tu tribu morirán-
-¡No!-
-Dime como se llamaba esa niña- insistió Phobos- finalmente yo mismo podré verlo en tu mente-
-¡NOOOO!-
Mika cerró los ojos y sacudió la cabeza otra vez, y se vio a sí misma, horas antes de ese ataque hacía ocho años, presentándose frente a una linda niña de piel blanca, cabellos castaños y ojos rosados que miraba confundida a todos a su alrededor en el territorio de los Lakotas. "Me llamo Mika", le había dicho a la niña, tomándola de la mano, "Tú te llamas Margot, ¿verdad? Vamos a la fogata. La abuela Pequeña Tortuga va a contar una historia"
-¡Dilo!- insistió Phobos.
-¡Margot!- gritó Mika con todas sus fuerzas y contra su voluntad, pues su intención había sido gritar que no de nuevo.
La chica sioux escuchó una horrenda risa que le heló el corazón y, sin poderlo soportar más, cayó desmayada al suelo, sin moverse, con su cuerpo, su mente y su alma agotados hasta el extremo por el esfuerzo de intentar resistirse.
Phobos rió, y se volvió a Deimos y luego a los dos sirvientes, quienes se arrodillaron.
-Era una niña llamada Margot- dijo Phobos con una sonrisa maligna- que no pertenecía a los sioux. Piel blanca, cabellos castaños, ojos rosados-
-La encontraremos, señor Phobos- dijo Bellini- es solo cuestión de revisar las entradas y salidas de Estados Unidos en las fechas cuando Lord Castelhaven atacó a los Sioux hace ocho años-
-Muy bien- dijo Deimos- consigan su nombre y su ubicación. Y también…-
-¿Qué más, señor?- preguntó Greta.
-Desháganse de esa basura- dijo Deimos, señalando a Mika, quien yacía inerte a la mitad de la cueva- ya no la necesitamos-
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Hotel Plaka, Atenas
Esa noche
Margot y Louise regresaron riendo a su hotel, ambas con la adrenalina al tope después de un largo día de aventuras en Atenas. Habían ido al museo, a cafés, y al parque de diversiones. Ambas entraron al hotel, charlando animadamente, y estuvieron a punto de cruzar el restaurante para dirigirse a los elevadores cuando Margot se frenó de golpe y borró su sonrisa. Louise miró a su amiga, y luego volvió su vista a lo que hizo que ella se detuviera. Se dio cuenta de casi de inmediato de lo que había sucedido.
Delante de ambas chicas, esperando pacientemente junto a los elevadores del hotel estaba Kiki, el aprendiz pelirrojo que se había peleado con otro chico el día anterior. Tenía una mirada entristecida y arrepentida, y se encontraba esperándola cabizbajo. La mirada de él se cruzó con la de Margot, y ella se cruzó de brazos, molesta, pero Louise sonrió. Vaya, ese día se ponía cada vez mejor.
-Eh… tengo que subir a hacer mis maletas- dijo Louise, como no quiere la cosa- te veo en un rato, Margot-
Y sin esperar ninguna respuesta de Margot, Louise se escabulló rápidamente hacia uno de los elevadores, que providencialmente se abrió casi cuando la chica oprimió el botón, dejando solos a los dos chicos en el lobby.
Una vez que se quedó a solas con Kiki, Margot entrecerró los ojos. Sabía que lo mejor en esa situación era irse también a su habitación, pero una parte de ella quería quedarse y charlar de nuevo con él. Nuevamente era esa extraña atracción que sentía hacia él, y que la hacía sentir terriblemente culpable. ¿Qué estaba haciendo? ¡Tenía su novio de regreso en casa! Sí, el novio que la trataba mal, la hacía sentir culpable por todo lo que hacía y… ¡ese no era el punto! Sacudió la cabeza.
-Creo que yo también debería irme- dijo Margot, aunque no se movió de su sitio ni cambió su mirada severa hacia el chico- tengo que empacar, mañana regresamos a Francia-
-¿Mañana?- dijo Kiki, con una expresión desolada, pero sacudió la cabeza- no, no vine por eso. Margot, ¿puedo hablar contigo? Prometo no quitarte más de cinco minutos-
Margot bufó, molesta. ¿Qué rayos quería ese chico? No tenía nada que hablar con él, ¿o sí? Nuevamente, ella tenía ya un novio en Normandía, muchas gracias, y no necesitaba más problemas de los que ya tenía con Hugo. Si llegaba a enterarse que dos aprendices del Santuario de Athena habían peleado por ella, el chico se enojaría con ella, sin importar que Margot no hubiera tenido nada que ver en ello.
Pero miró nuevamente a Kiki. Sus ojos estaban llenos de arrepentimiento y de sinceridad. Francamente, nunca había visto ojos así en un chico. Suspiró resignada.
-Tienes exactamente cinco minutos- dijo Margot finalmente, descruzando los brazos y poniendo sus manos en la cintura- ¿qué es lo que quieres?-
Kiki le ofreció el brazo, y ambos caminaron juntos hacia el jardín que estaba junto al restaurante. Ya era tarde, y además de las luces y un par de empleados del hotel, no parecía haber nadie más alrededor.
-He venido nuevamente a disculparme contigo- dijo Kiki, una vez que se aseguró de que estaban solos. El chico estaba avergonzado por lo ocurrido, y quería hacer las cosas bien. Todo el tiempo, mientras hablaba con ella, el chico no dejó de mirarla a los ojos- he sido un estúpido, y sé que no merezco que me perdones. Pero tenía que venir a disculparme contigo, Margot, no sé en que estaba pensando cuando me porté como un completo cavernícola-
Al escuchar eso, Margot rió en voz baja, quizá algo conmovida con su sinceridad. Kiki respiró al ver su sonrisa tras su disculpa. Vaya, al menos la había hecho reír, seguramente ya no estaba tan enojada como el día anterior.
-¿Me perdonas?- insistió Kiki antes de que la chica pudiera decir algo- si te sirve de consuelo y si puede influir en tu decisión, mi maestro me impuso el castigo más cruel y terrible que pudo encontrar por lo que hice- añadió con una mirada entristecida, lo cual era cierto. Pasar todo un día puliendo armaduras, y sobre todo bajo la supervisión de Seiya, podía ser considerado casi una tortura. Y aún le faltaban todas las armaduras doradas, las cuales significaban mucho más trabajo que las otras.
Margot se volvió a cruzar de brazos y lo evaluó con la mirada por unos segundos que le parecieron eternos al pelirrojo, pero finalmente la chica se echó a reír.
-Bah, supongo que sí podré perdonarte algún día- dijo Margot, pero sin dejar de sonreír.
Kiki la miró. ¡Era demasiado hermosa cuando sonreía! Pero eso hacía que el chico se sintiera un poco peor. La chica regresaría a Normandía al día siguiente, y quien sabe si la volvería a ver alguna vez. Quizá podría ir en algún momento, teletransportándose, con el permiso de Mu, pero ese no era el punto. Kiki sentía algo extraño, como si sobre su espalda hubiera un peso invisible que lo empujara hacia ella, como si fuera la misma gravedad. No sabía como explicarlo, y eso podía justificar su conducta, pero no dijo nada al respecto, no quería asustar a la chica.
Margot, por su parte, también se sentía muy atraída al chico pelirrojo, y solo recordaba la realidad porque Chanteloup no dejaba de gruñir cada vez que se acercaba a Kiki. En esa ocasión, Chanteloup había corrido al bosque, y Lowe era quien estaba junto a Margot, pero parecía distraído por el agradable aroma de la noche.
-Bueno, que bueno que al menos nos despediremos como amigos, ¿no?- dijo Margot, ofreciéndole su mano.
-¿Puedo…?- dijo Kiki, dudoso, tomando su mano, pero aún mostrando una expresión desolada en su rostro- ¿podrías darme tu número? Me gustaría mucho… charlar contigo en el futuro. Digo, si no te molesta-
Margot se ruborizó levemente, pero asintió. No lo quería aceptar, pero Kiki le agradaba más de lo normal. La chica tomó su bolso y sacó su pluma y un trozo de papel, donde escribió su número, y sonrió al tendérselo al chico. Levantó la mirada. Kiki se veía muy entristecido.
-¿Qué pasa?- dijo Margot- ¿porqué estás triste?-
-Sinceramente… me da un poco de tristeza que te vayas de Atenas- dijo Kiki, nuevamente sorprendiendo a Margot con su sinceridad- me hubiera gustado mucho conocerte mejor, en vez de perder el tiempo haciendo el ridículo delante de ti, y haberte hecho enojar ayer-
Margot sonrió y se acercó a Kiki. Extendió su mano y la puso sobre la mejilla izquierda del chico. Ambos sintieron algo extraño, una fuerza invisible que los acercaba cada vez más. Margot se acercó a él y lo besó en la mejilla por un segundo, para después separarse de él y sonreírle.
Kiki se llevó las manos temblorosas a la mejilla.
-¿Margot?- dijo Kiki.
-¿Sí?- dijo ella.
El chico no dijo nada más. Extendió sus brazos hacia ella y la rodeó por la cintura con ellos, haciéndola dar un paso hacia él. Margot nunca supo si había sido Kiki quien la hizo dar ese paso al frente, si fue ella quien se acercó a él, o si realmente fue la fuerza invisible que ella creía estar sintiendo entre ellos. A escasos centímetros uno del otro, cada uno miró los ojos del otro, y Kiki comenzó a ser consciente de sí mismo.
¿Qué estaba haciendo?¿Porqué la estaba abrazando así? ¡Eso era muy inapropiado!
-Margot, ¿qué estamos haciendo?- dijo Kiki, sin quitarle los ojos de encima.
-No sé… - dijo ella, tan confundida como lo estaba el chico- ¿qué estás haciendo tú?-
Kiki extendió levanto una de sus manos, y la tomó por la barbilla. Pareció que pasó una eternidad cuando ambos cerraron los ojos y unieron sus labios, y fue como si una luz saliera del mismo cielo, traspasando los párpados de ambos, como si no fuera de noche. Claro, eso solo estaba ocurriendo en sus mentes, pero aún así les dejó una sensación impresionante a ambos.
De pronto, ambos se dieron cuenta de lo que estaba pasando y se soltaron casi de inmediato, dando un paso atrás.
-Oh, por los dioses- dijo Kiki, abriendo los ojos asustado, mientras que Margot se llevó sus dedos índice y medio a los labios.
-¿Qué fue eso?- dijo Margot, dándose cuenta de lo que acababa de pasar, cubriendo su boca con sus manos, y vio que Kiki estaba tan asustado como ella. Nunca había sentido algo así.
-Margot, lo siento, yo…- dijo Kiki- no sé lo que pasó-
-¿Qué hice?- dijo Margot, asustada y con su rostro enrojecido de vergüenza- vete. ¡Vete!-
-Pero Margot…- dijo Kiki.
-Fue un error. No debimos… Vete, por favor- dijo Margot, y se dio la vuelta para entrar al hotel y desaparecer entre los pasillos del mismo.
Kiki la vio alejarse, confundido. Iba a dar un paso delante, detenerla, explicarle que no sabía que era lo que había pasado, pero lo pensó mejor. Debería esperar a que se calmara. Vio en su mano el papelito con el número de teléfono de la chica, y se lo guardó con cuidado. Suspiró, sintiéndose derrotado, y se teletransportó al Santuario.
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Templo de Aries, Santuario de Athena
Poco después
Kiki regresó al templo de Aries arrastrando los pies, derrotado y confundido de lo que acababa de pasar. Mu y Lydia estaban esperándolo en la entrada del templo de Aries, el primero con los brazos cruzados y una mirada severa.
-¿Y bien?- dijo Mu.
-Ya me disculpé con la señorita Margot, señor Mu- dijo Kiki sin levantar la mirada, y sin poder creer todo lo que había pasado.
-¿Kiki?- dijo Lydia, notando que había algo extraño en la mirada del chico- ¿pasó algo malo?-
-No, nada, señorita Lydia- dijo Kiki sin atreverse a levantar la mirada- ella aceptó mis disculpas, y… no pasó nada-
-Bien, puedes irte- dijo Mu en el mismo tono serio de la noche anterior.
El santo de Aries seguía muy enojado por lo que había pasado el día anterior, y no parecía dispuesto a levantar el castigo de su aprendiz a corto o mediano plazo. Kiki cerró los ojos y suspiró. Se sentía herido por lo que acababa de pasar con Margot, y el tono de su maestro no estaba ayudando mucho.
-Quizá- dijo Lydia en voz baja, poniendo su mano en el hombro del santo dorado- quizás deberías disculparte con Arthur, y especialmente con Christoffer. Lo metiste en un aprieto con su maestro-
Mu se volvió a Lydia, y ella alzó las cejas de manera significativa, haciendo que el santo dorado suavizara su mirada.
-Bueno, ya fue suficiente por hoy- dijo Mu finalmente- vete a dormir. Ya mañana te disculparás con quien sea necesario-
Kiki asintió y obedeció de inmediato, dejando a su maestro y a Lydia solos en la entrada del primer templo.
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Calles de Atenas
Cerca de la media noche
Edith acompañó a Shaina y a François en un reconocimiento de la ciudad. La amazona había detectado restos del cosmo de Greta muy cerca de uno de los barrios más externos de Atenas, y había salido junto con el general marino y la aprendiz de Lena a investigar de qué se trataba.
-Esto no me gusta nada- dijo Shaina, cruzándose de brazos mientras miraba a su alrededor- puede que sea una trampa-
-No creo- dijo François- solo siento rastros de cosmo… ¿qué habrá hecho esa mujer?-
De pronto, sintieron un cosmo a unos pasos de donde estaban. Tanto Shaina como el chico salieron corriendo en esa dirección. Edith, que no estaba acostumbrada a salir a misiones de esa manera, corrió para intentar alcanzarlos, pero fue en vano. La chica se detuvo por un momento, cerró los ojos y buscó el cosmo de la amazona. Lo sintió, no muy lejos de donde estaba parada, pero también sintió otra cosa, restos del cosmo enemigo muy cerca de donde estaba ella.
-¿Qué es eso?- dijo la chica.
Edith se desvió por una pequeña calle, y encontró un bulto tumbado en el suelo. La chica encendió su cosmo levemente para iluminarse con él, y se dio cuenta de que era una mujer. Una chica de dieciséis o diecisiete años, vistiendo una ropa extraña, indígena y cubierta de plumas, que estaba rota y manchada de sangre. En sus brazos descubiertos había varias quemaduras azuladas, las mismas que caracterizaban a los enemigos del Santuario.
-Oh, por los dioses…- dijo Edith, y encendió su cosmo con urgencia para atraer a Shaina. La chica entreabrió los ojos, y la miró, asustada. Edith solo pensó en intentar tranquilizarla- shhhh… no tengas miedo, te voy a ayudar. ¿Cómo te llamas?-
La chica la miró con miedo, y con ojos perdidos.
-Tranquila, no tengas miedo. Estoy aquí para ayudarte- insistió la aprendiz- me llamo Edith, ¿cómo te llamas?-
-Mika- dijo la chica señalándose a sí misma, justo antes de desvanecerse.
Edith no sabía que decir. No pasó mucho tiempo cuando la amazona la alcanzó.
-¿Edith?- dijo Shaina- ¿qué pasó?-
-Hay una chica herida, aquí- dijo Edith- tiene quemaduras azules-
Shaina y François se miraron entre sí, alarmados, y el general marino se acercó para examinarla. No solo tenía las quemaduras azules, pero tenía rastros de los cosmos enemigos sobre ella, y la amazona supo que eso había sido lo que les había llamado la atención.
-No tiene buen aspecto. Tenemos que llevarla al hospital, o es probable que no sobreviva- dijo François, extendiendo sus brazos para alzarla. Shaina asintió, y los tres llevaron a la chica al hospital de Atenas.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Como ven, las cosas ya se están poniendo tensas. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
