GRAN ESPÍRITU

IX: SEPARACIÓN

Boulongerie de monsieur Doucet, Normandía

Al día siguiente, pasado el mediodía, Margot y su familia ya estaban de regreso en casa en Normandía. No solo su familia había vuelto ese día, sino también la familia de Louise. Ambas chicas habían dejado sus maletas apenas en la entrada de sus casas, tomaron una ducha y salido a tomar un refrigerio juntas a la panadería de monsieur Doucet, aprovechando que los padres de Margot habían ido a reportarse a sus trabajos para entregar las fotografías que habían tomado, a pesar de ser viernes por la tarde, y se llevaron a Remy con ellos.

Louise y Margot se encontraron en su boulangerie favorita, y ambas tomaron un pan dulce con su café. La chica rubia miró a su amiga con curiosidad, quien estaba absorta mirando su pulsera, la cual tenía colgando un pequeño dije cuya forma no alcanzaba a ver muy bien. Algo extraño le pasaba. Louise entrecerró los ojos.

-¿Margot?- dijo Louise, notando a su amiga un poco pensativa- ¿pasa algo?-

-¿Umm?- dijo ella, saliendo de sus pensamientos y sacudiendo la cabeza- no, nada-

Nada. Sí, como no. Conocía a Margot desde que era una pequeña, y Louise se jactaba de saber todos sus secretos. O mejor dicho, no era así. Margot era una persona que guardaba bien sus secretos, pero su rostro era transparente, y Louise aprendido a leer sus expresiones perfectamente.

-Ajá, y yo soy la reina de Inglaterra- dijo Louise, poniendo los codos sobre la mesa y mirando a su amiga con una expresión de repentino interés. ¡Había descubierto un secreto!- anda, escúpelo ya, amiga-

Margot se mordió el labio. ¡Condenada Louise! Su amiga la conocía mejor de lo que se conocía a sí misma. La verdad era que había un par de cosas que la preocupaban. Una de ellas era lo que había sucedido con Kiki la noche anterior antes de subir a su habitación en el hotel. ¡Por todos los dioses, lo había besado! Él realmente no había tenido la culpa: fue ella quien se acercó a él. ¿O no? Ya ni siquiera lo recordaba bien. Pero todo ello fue tan natural, como si estuviera destinada a estar con ese chico, de alguna manera. ¿Era eso posible? Nah, por supuesto que no. Y no le había molestado para nada. Claro, se había asustado cuando cayó en cuenta de lo que hizo, pero nuevamente, se sentía tan natural y correcto, a diferencia de su preocupación número dos. La otra cosa que le preocupaba era Hugo, no sabía como reaccionaría a ello si se llegaba a enterar.

-¿Hola?- insistió Louise, dando unas palmadas a la chica en la cabeza- tierra llamando a Margot-

-¡Basta!- dijo Margot, enfurruñada, y miró a su alrededor. Estaban solas. Incluso el panadero, monsieur Doucet, les había dicho que estaría en su hora de comida y se había retirado a la cocina. Margot nuevamente se volvió hacia Louise- ¡está bien! Te diré que pasó, pero tienes que prometer que no vas a decir a nadie-

-¡Oh, dioses, esto va a estar bueno!- dijo Louise, acomodándose en su asiento emocionada y mirando a su amiga con atención. Margot suspiró. Louise era buena amiga suya, pero era demasiado curiosa para su propio bien.

-Bien- dijo Margot, preguntándose por donde empezar. Quizá sería buena idea solo decir lo que había pasado y ya- anoche, antes de regresar a la habitación del hotel, me quedé hablando con Kiki. El chico pelirrojo de la pelea, ¿recuerdas?-

Louise sonrió ampliamente y asintió repetidamente.

-Bueno, anoche fue a disculparse. Otra vez- agregó rápidamente, antes de que Louise la interrumpiera. ¿Porqué su amiga tenía que poner esa cara? ¡La ponía sumamente nerviosa! Si de por sí estaba muy nerviosa por todo lo que había pasado- acepté sus disculpas, y finalmente quedamos que seríamos buenos amigos e intercambiamos teléfonos, y entonces…-

-¿Y entonces?- dijo Louise.

Margot dudó por unos segundos si debía continuar hablando, pero sabía que podía confiar en Louise, así que miró a su alrededor de nuevo, asegurándose de que estaban solas, y miró a su amiga.

-Y entonces… nos besamos- dijo Margot, en voz baja y casi sin aliento.

¡Ahí está!¡Lo había dicho! Louise, quien ni siquiera se imaginaba algo así, abrió la boca, sorprendida. Su sorpresa pasó rápidamente a ser alegría, y aplaudió un par de veces, celebrando lo que había pasado.

-¿Cómo pasó?¿qué dijo?¿qué hiciste? ¡Ah! ¡Dime!- dijo Louise.

-Shhhh…- dijo Margot, de nuevo mirando a su alrededor y cerciorándose de que estaban solas. No tenía que preocuparse, monsieur Doucet y su hija estaban en la cocina aún charlando en voz alta- no tan alto. No sé que fue lo que pasó. Solo… pasó. Y él parecía tan confundido como yo por lo que hicimos. Cuando nos dimos cuenta de ello, ya había pasado…-

Louise sonrió. ¡Su amiga, y el aprendiz pelirrojo! Ese chico le parecía una buena persona, a pesar de lo que había pasado cuando lo conoció. Aunque bueno, realmente Louise lo estaba comparando con el novio actual de su amiga, y así hasta una piedra era mejor competencia que Hugo. En fin.

-Amiga, ¿y que hiciste después?¿ya lo llamaste?- dijo Louise, acomodándose de nuevo en su asiento- ¿qué hablaste con él después de ello?¿qué pasó? ¡Dime!-

-¡Calla!- dijo Margot en un tono preocupado- no le dije nada, obviamente, solo me fui-

-¡Pero… pero no puedes dejar las cosas así!- dijo Louise, exasperada- ¡Margot!¡Tienes que hacer algo!-

-¿Y qué propones que haga?- dijo Margot con una expresión preocupada- entiende que las cosas no pueden proceder con ese chico. Primero, es un aprendiz a santo de Athena, debe estar siempre en el Santuario, en Atenas. Segundo, no pasó nada, no significa nada, ¡fue un error y nada más! Y tercero, está Hugo, y….- levantó la vista, y vio que Louise tenía una expresión alegre y curiosa. Margot entrecerró los ojos- ¡basta! Deja de mirarme así, Lou-

Louise se echó a reír, y miró nuevamente la mano de Margot, y su nueva pulsera.

-¿Qué es eso?- dijo Louise.

-Él… Kiki… me lo dejó en el lobby del hotel antes de irse a casa- dijo Margot, sus mejillas volviéndose más rojas que nunca. La chica lo miró de cerca: era una cadenita dorada, y el dije tenía forma de un pequeño carnero dorado.

Louise se echó a reír en voz alta, recargándose en el respaldo de la silla, y la otra chica ocultó su cara entre sus manos en un gesto exasperado.

-Oh, dioses- dijo Margot, con la cara aún oculta entre sus manos- ¿cómo le voy a decir?-

-¿Decirme que cosa?- dijo una voz masculina junto a ellas.

Tanto Margot como Louise dieron un respingo de sorpresa al escuchar la voz de Hugo. La chica rubia incluso volcó el vaso de agua que estaba junto a su taza de café y se la tiró encima. Louise se levantó tímidamente, y se disculpó con ellos, para ir al baño a secar la falda de su vestido.

Una vez que se quedaron solos, Hugo se sentó en el sitio donde había estado Louise, mirando fijamente a Margot. Hugo era un chico mucho más alto que ella, de cabellos negros y fríos ojos azules oscuros. Cualquiera que lo viera diría que era un chico muy guapo… si no fuera por su mirada fría y fastidiada.

-¿Qué me ibas a decir?- repitió Hugo en un tono frío. Nada de preguntarle como le había ido en su viaje familiar, si se encontraba bien, o cualquier otra cosa. Era como si se hubieran visto esa misma mañana, y no hubieran pasado varios días sin hablar.

Margot tragó saliva. Hugo seguramente estaba furioso aún porque se había ido con su familia de vacaciones y se había perdido el baile de la escuela. Ni siquiera la había saludado ese día. No, ni en un millón de años podía decirle a su novio que había besado a otro chico en Grecia, por más accidente que hubiera sido. No lo entendería. Decidió que no lo haría.

Levantó la mirada y sonrió lo más inocentemente posible, intentando mantener su mente lo más lejos posible de Kiki para no traicionar sus pensamientos.

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Coliseo, Santuario de Athena

Kiki, por su parte, suspiró antes de salir del templo de Aries. La noche anterior había regresado al Santuario sorprendido, confundido, aunque una parte de él en el fondo (muy, muy en el fondo) gritaba de alegría por lo que acababa de pasar. Apenas escuchó a su maestro y a Lydia, pero esa tarde recordó lo que le habían dicho, y tomó aire antes de cumplir su cometido.

Argol estaba en el Coliseo, entrenando a Arthur y, junto con él, a Christoffer, pues Shaka le había pedido ayuda, para poderse quedar con Lena en el templo de Virgo y asegurarse de que estuviera bien. Los dos chicos estaban entrenando juntos.

Al sentir el cosmo de Kiki, Argol se volvió hacia él con una severa mirada de advertencia: no le había hecho ninguna gracia la pelea de los dos chicos de hacía dos días. Christoffer y Arthur detuvieron su entrenamiento, y se volvieron a mirar al aprendiz de Aries.

-Lamento mucho interrumpir, señor Argol- dijo Kiki tímidamente- ¿le molestaría… dejarme hablar un par de minutos con Chris y Arthur?-

Argol entrecerró los ojos sin saber que pensar, pero finalmente suavizó la mirada y asintió. El pelirrojo se volvió a sus compañeros tímidamente. Pateó una piedra que estaba en el suelo y se acercó a ellos.

-Chicos, lamento mucho interrumpir sus entrenamientos- dijo Kiki, mientras que jugaba con sus dedos- pero vine a disculparme por lo que pasó el otro día No tengo excusa para lo que hice, peleando con Arthur y metiendo a Chris en problemas. Les pido disculpas-

Arthur y Christoffer se miraron entre sí, y finalmente sonrieron. Christoffer le dio una palmadita en la espalda, y el chico inglés le dio un codazo.

-Tranquilo, matey- dijo Arthur, guiñándole un ojo- fue mi culpa también, y lo lamento. No debí meterme así a la pelea-

-Además, no te preocupes tanto por él- dijo Christoffer, sacudiendo la cabeza en un gesto reprobatorio- ya está persiguiendo a otra chica-

-Oh…- comenzó a decir Kiki, mientras que veía a Arthur sonreír sin ninguna vergüenza.

Kiki iba a decir algo más, cuando los chicos y Argol vieron a Edith entrar al Coliseo. La chica tenía el cabello mojado, como si acabara de darse una ducha a pesar de ser la mitad de la tarde. El santo de Perseo, quien también iba a supervisar el entrenamiento de la chica, se volvió hacia ella con la misma expresión severa que tenía desde hacía un rato.

-Llegas tarde, Edith- dijo Argol, cruzándose de brazos- debiste estar aquí desde la mañana-

-Lo lamento muchísimo, señor Argol- dijo Edith, inclinándose levemente- me quedé en la ciudad con la señorita Shaina desde la misión de anoche. Sucedió algo grave. Encontramos en la ciudad a una chica nativa americana, que estaba muy malherida. Hasta ahora no sabemos que es lo que le pasó. La llevamos al hospital, y la señorita Shaina me pidió que viniera a avisar lo que sucedió-

Argol entrecerró los ojos.

-En ese caso, será mejor que vayas a avisar al Patriarca a la brevedad- dijo el santo de Perseo con seriedad.

Edith asintió, y se apresuró a subir al templo del Patriarca.

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Boulangerie de monsieur Doucet, Normandía

Hugo entrecerró los ojos. Realmente estaba furioso. Llevaba todo el semestre esperando el baile que Margot se había perdido. Sí, técnicamente no había sido su culpa: su loca familia siempre estaba viajando para conseguir fotos de lugares emocionantes y exóticos, pero aún así, bien se pudo haber quedado Margot en casa.

No, el señor Blanc jamás la dejaría hacer algo parecido. Hugo sabía bien que el padre de Margot no confiaba en él. Bah, solo era un tonto.

Y ahora que veía a Margot, había algo diferente, nuevo y… quizá algo desagradable en su apariencia, pero no sabía exactamente que era lo que le molestaba. Primero que nada, Margot parecía estar muy confundida, y un poco culpable. Después de todo, la chica era un libro abierto cuando se trataba de sus emociones. ¿Porqué se sentiría tan culpable?¿qué había pasado en Grecia? Y la otra cosa, no entendía bien porqué, pero desde que la vio se dio cuenta de que ya no se sentía atraído a ella. ¿Qué era lo que no le gustaba de su novia? No podía poner su dedo sobre el problema, pero…

Por su parte, desde que vio a Hugo, Margot sintió una especie de pánico. Chanteloup y Lowe comenzaron a gruñir repetidamente, sin ningún disimulo como si detectaran peligro, cosa que los espíritus lobo no habían hecho nunca antes. Y algo extraño se movió en su estómago. ¿Qué era?¿Molestia? No sabía exactamente lo que era, pero algo le decía que no debía confiar en Hugo.

-¿Qué me ibas a decir?- dijo Hugo de pronto.

-Nada, no era nada importante- dijo Margot, bajando la mirada e intentando cambiar el tema lo más pronto posible- y entonces, ¿cómo estuviste estos días?-

-No me vengas con eso- dijo Hugo, ignorando su pregunta y mirándola fijamente- ¿porqué estás tan culpable?¡Dime!-

-No es nada- dijo Margot firmemente, extendiendo su brazo para tomar su taza de café y darle un sorbo, pero Hugo la tomó con fuerza de la muñeca, haciéndola soltar la taza- ay…-

-¡Habla!- dijo Hugo- ¿qué hiciste?-

-Hugo, suéltame, me estás lastimando- dijo Margot, intentando en vano soltarse de él, pero el hombre apretó su mano.

-¿Qué es esto?- dijo Hugo, mirando la pulsera y el dije en forma de carnero.

-Un regalo- dijo Margot, entrecerrando los ojos y comenzando a perder la paciencia. ¿Qué se creía hablándole así?

-¿De quién?-

-De un amigo- dijo ella.

-Ajá- dijo Hugo, entrecerrando los ojos- ¿un amigo? Creí que habías ido con la familia de Louise-

-Sí, un amigo que conocí en Grecia- dijo Margot- y francamente no veo como eso sea de tu…-

Pero se interrumpió cuando Hugo le apretó de nuevo la muñeca.

-No cambies el tema. Comienza a hablar…-

¡Eso era suficiente! Margot entrecerró los ojos. ¿Cómo rayos se atrevía a hacerle eso? Y peor, ¿cómo se atrevía a hablarle así? En ese momento, la chica cayó en cuenta de lo tonta que había sido en siquiera haber aceptado salir con ese patán, y eso fue lo que la hizo decidirlo. Le diría lo que había pasado con Kiki, y se desharía de él de una vez.

-¡Está bien!- dijo Margot, dando un tirón con su mano para soltarse, y cuando lo logró, miró al chico con una expresión desafiante- sí, en Atenas conocí a un chico, que es valiente y amable, y pasó un accidente, sin querer nos besamos. ¡Ya! ¿Contento?-

El rostro de Hugo era un poema. Se puso rojo de vergüenza al escuchar aquello, para después dar paso a una expresión furiosa. Se puso de pie de golpe, volcó la mesa donde estaban sentados, y sin dudar se acercó a Margot para darle un golpe con la mano abierta, haciéndola caer de su asiento al suelo.

-Tu es une p&tain!- exclamó lleno de furia el chico- ¡vas a ver! Te voy a…-

Y levantó la mano para golpearla de nuevo, pero el panadero, monsieur Doucet, quien escuchó la conmoción, se acercó para detener al chico antes de que lo hiciera.

-Incroyable!- dijo el panadero, que era un hombre mayor, gordito y bonachón, a quien jamás habían visto enojado hasta ese momento. La hija del panadero y Louise, quien regresó del baño, miraban la escena asustadas- ¡fuera de mi establecimiento! No lo quiero volver a ver aquí. Allez!-

Hugo gruñó, y tras lanzarle una mirada de odio a la chica, se fue dando tumbos y pateando la puerta. Louise y la hija del panadero se acercaron para ver si Margot estaba bien. La chica se ovilló en el suelo y se echó a llorar.

-¿Margot?- dijo Louise- ¿te encuentras bien?¿qué pasó?-

Margot no le respondió. Le quedaba bastante claro lo que había pasado, no le sorprendía ni un poco que Hugo se hubiera enojado con ella, enfurecido incluso, pero jamás, ni en sus peores pesadillas se hubiera imaginado que le levantaría la mano y la golpearía así. Sus lágrimas no eran de tristeza: eran de sorpresa.

La hija del panadero, una chica de unos veinte años, la ayudó a levantarse y a sentarse de nuevo.

-Tranquila, niña, ¿cómo te sientes?- dijo la chica, y continuó sin esperar respuesta- te daré un poco de hielo para tu mejilla. Un momento-

La chica se apresuró a entrar a la cocina, y Louise vio al panadero en la entrada, aún agitando furioso su escoba y amenazando a Hugo a gritos para que no se le ocurriera regresar a su establecimiento en esta vida o en la siguiente. Louise volvió su vista de la puerta hacia su amiga y miró a Margot. Quizá tendría que hablar con los señores Blanc sobre lo que había pasado: conocía a su amiga, y sabía que no les diría nada.

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Templo de Leo

En Grecia estaba a punto de oscurecer, y los santos dorados regresaron a sus respectivos templos. Aioria inflaba el pecho, orgulloso de su pequeño aprendiz. Mientras lo que pasaba con los otros aprendices (oh, sí, a él también le llegó el rumor de lo sucedido entre Kiki y Arthur, para completa vergüenza de sus maestros), esa misma tarde Kostas había podido hacer su primer ataque completo, y lo había logrado casi perfectamente.

Kostas, por su parte, estaba más que emocionado. Había llegado primero a Géminis a contarle a su papá, y finalmente había seguido a su maestro al quinto templo. El pequeño había querido llegar directo a su cama a descansar, pero Aioria no lo dejó.

-No, pequeño- le dijo Aioria- tuviste un largo día, tienes que cenar, y luego lavarte antes de dormir-

-Pero maestro…- dijo Kostas.

-Pero nada- dijo Aioria, en tono tranquilo, pero firme- vamos, la cena está lista-

-Sí, maestro- dijo el pequeño, casi arrastrando los pies.

Aioria sonrió levemente mientras vio a su pequeño aprendiz sentarse a la mesa y comer sin muchas ganas su cena. El santo de Leo se cruzó de brazos, y sonrió complacido. Kostas se había esforzado mucho, y además, no le estorbaba para nada tener un padre tan poderoso como Saga. Se rascó la cabeza. Y hablando de él, ya Saga tendría que lidiar con su sobrino cuando llegara su momento.

Con paciencia esperó a que su alumno terminara de cenar, y lo mandó a lavarse la cara antes de dormirse.

-Buenas noches, maestro- dijo el chiquillo antes de irse a dormir.

-Buenas noches, Kostas- dijo Aioria, sonriendo levemente.

Aioria sonrió, y tras desperezarse, se dirigió a su propia habitación y se tumbó en la cama. Suspiró. Marín estaba de nuevo en el recinto de las amazonas, terminando sus rondas, y seguramente no subiría esa tarde. Se puso las manos en la nuca. Ah, realmente extrañaba a su chica. Entre las responsabilidades de ambos, no la había visto en mucho tiempo.

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Casa de la familia Blanc, Normandía

Esa noche

Desde que llegó a casa, ignorando todo el discurso de Louise sobre lo importante que era hablar con sus padres de lo que había pasado, Margot cruzó el recibidor y la sala y se apresuró a subir a su habitación y cerrar la puerta tras de ella. Apoyó su espalda en la puerta, y lentamente se deslizó hacia el suelo, abrazándose a sí misma.

¿Qué rayos había pasado? En esos momentos, todo parecía muy surrealista. ¡Su ex novio la había golpeado! Inconscientemente se llevó la mano a la mejilla dolida de nuevo. ¡Ese maldito! ¿Cómo se atrevía a ponerle las manos encima? Si su papá se enteraba, seguramente iría directamente a matarlo, y su mamá iría a hablar con su familia.

Sacudió la cabeza. No, no podía. Si le decía algo a sus padres, tendría que admitir que había besado a ese aprendiz del Santuario, y seguramente se metería (y lo metería a él) en un enorme problema. Y si no lo decía ella, seguramente Hugo lo diría, junto con un montón de palabras altisonantes que mejor no repasaba en su mente.

Frustrada, Margot se levantó y caminó cabizbaja a su cama, y se tiró sobre ella. Suspiró largamente. Incluso tenía miedo de ir de nuevo a la escuela dentro de dos días, seguramente Hugo se burlaría de ella, o la atacaría, o…

Pero, ¿qué le importaba ese tarado? Ni que fuera tan importante. Además, seguramente Kiki podría patearle el trasero con facilidad.

Kiki.

Margot se volvió, boca arriba, mirando el techo tumbada en su cama, e inconscientemente sonrió. El chico pelirrojo que había causado tanto problema y revuelo en su mente y, tenía que admitirlo, en su corazón. No lo conocía, había hablado con él un total de tres veces. Y lo había besado. ¡Genial! ¿En qué rayos estaba pensando cuando hizo eso?

"Exacto, Margot", se dijo ella misma "no estabas pensando".

-¿Margot?- la chica escuchó la voz de Lowe tímidamente a su lado.

-Déjame en paz, Lowe- dijo la chica, borrando su sonrisa y girándose hacia el lado contrario, dándole la espalda- quiero descansar-

-No dejaremos que esa basura vuelva a ponerte las manos encima, Margot- dijo Lowe, en un tono lleno de vergüenza. Tanto él como Chanteloup habían bajado la guardia cerca de él.

Margot sonrió levemente y se volvió a él de nuevo, acarició la cabeza del espíritu animal, quien movió la cabeza como despedida y salió por la ventana. La chica se volvió a su costado. Vio su teléfono celular, inusualmente silencioso. Y lo tomó. No iba a llamar a sus padres, ni a Hugo. Tampoco a Louise.

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Habitación de aprendices, templo de Aries

Ya era casi medianoche en Atenas, y Kiki aún no podía dormir. Tras un largo día de limpiar armaduras, se sentía abatido y desmoralizado completamente. Sabía que Margot y su familia había regresado a Normandía esa mañana, y que seguramente no volvería a saber de ella en mucho tiempo. El pequeño papel doblado con el teléfono de la chica se había quedado cuidadosamente guardado en las páginas de uno de los libros de su habitación.

Ah, Margot.

Kiki se llevó el dedo índice distraídamente a su boca, tocando sus labios, como si quisiera asegurarse de que lo que creía que había pasado realmente había pasado. No, no lo había imaginado. Cuando acordó, él la estaba abrazando, y la chica lo estaba besando. O él la estaba besando a ella. No recordaba quien había dado el primer paso. Pero eso había pasado.

El chico se llevó una de las manos al corazón. No sabía porqué, pero parecía haber una extraña fuerza invisible que lo atraía a Margot. ¿Eso era amor? No, no era algo así. Era como la gravedad, como si su vida dependiera de estar con ella. ¿Podía ser eso posible?

Sacudió la cabeza.

La verdad es que quería volver a verla. Necesitaba volver a verla, escucharla, saber que estaba bien. ¡Ah! ¿Porqué no podía solo olvidarla? Seguramente nunca regresaría a Atenas, lo mejor sería olvidarse de ella. No había manera en que el chico pudiera verla de nuevo.

Eso no era estrictamente cierto. Él tenía manera de volver a verla. Podía teletransportarse del Santuario hacia Normandía en un segundo, y regresar en otro. Su maestro y Lydia nunca lo sabrían…

No. No podía desobedecer otra vez a su maestro. Ya se había metido en un problema de ridículas proporciones por estar persiguiéndola. No podía volver a cometer una tontería así, por mucho que quisiera ver a Margot. ¿Habría recibido su regalo? Realmente esperaba que sí.

Beep beep

-¿Uh?- dijo él en voz alta, volviéndose a mirar su teléfono celular. Tan pronto como vio el mensaje, el pelirrojo sonrió ampliamente, y agradeció a los dioses que a su maestro no se le ocurrió castigárselo también.

-Buenas noches, Kiki. Soy Margot. ¿Puedo hablar contigo?-

A Kiki le brillaron los ojos tan pronto como miró el mensaje.

-Por supuesto, Margot- escribió Kiki con una enorme sonrisa traviesa. Miró el reloj. Era casi la una de la mañana. Se encogió de hombros, y siguió escribiendo- ¿regresaste bien a casa?¿de qué quieres hablar?-

Hubo un silencio por un momento, que hizo que Kiki se pusiera nervioso. ¿Habría cambiado de opinión? No lo sabía. Pero de pronto, el celular comenzó a sonar. Kiki volvió a sonreír y respondió.

-¿Hola?- dijo Kiki.

-Hola, Kiki, soy yo- dijo la chica a través del auricular.

El chico entrecerró los ojos. La voz de la chica alegre y segura que había conocido había desaparecido por completo, y ahora parecía algo afligida. Al pensar en ello, Kiki se llevó la mano al pecho de nuevo de manera inconsciente.

-Primero que nada, quería disculparme contigo- dijo Margot- no debí haberme ido así después de lo que pasó-

-Es normal- dijo el pelirrojo- te asustaste después de lo que pasó. No te culpo-

-Igual, lo lamento- dijo Margot, y el chico notó que su voz aún sonaba muy afligido-

-¿Qué te sucede, Margot?- dijo Kiki, preocupado- no te escuchas bien. ¿Estás triste por algo?-

Margot volvió a dudar unos segundos antes de responderle.

-Estoy bien- dijo ella- solo estoy un poco… molesta-

Kiki esperó pacientemente, y finalmente la chica le explicó lo que había pasado en la boulongerie ese día. Como había terminado con su novio cuando le dijo que lo había besado, y cómo la había tumbado de su asiento de un golpe.

-¿Que tu novio hizo qué?- dijo Kiki.

-Ex novio- lo corrigió ella- por favor, no me hagas repetirlo-

-Lo mataré…-

-Kiki, por favor, no me hagas arrepentirme de haber confiado en ti-

Kiki hervía de furia. Al demonio portarse bien, o lo que dijera su maestro. Sentía unas ganas terribles de teletransportarse a Normandía en ese instante y tumbarle los dientes al idiota que se había atrevido a ponerle las manos encima. Pero no, no podía hacer eso. El chico respiró hondo para intentar tranquilizarse. No quería molestar a Margot más de lo que ya estaba.

-No, no te arrepientas- dijo Kiki en el tono más tranquilo que pudo encontrar- y por supuesto que puedes confiar en mí. Pero si te vuelve a siquiera mirar mal, te juró que iré allá a matarlo. No te preocupes, limpiaré todo el desorden que haga después, lo prometo-

El pelirrojo escuchó una suave expresión con la que que estuvo seguro de que Margot había sonreído, o que incluso rió un poco. El corazón de Kiki dio algunos brincos al escucharla reír.

-Gracias, Kiki- le dijo la chica- realmente necesitaba hablar con alguien de lo que pasó-

-Cuando quieras- le dijo Kiki.

Ambos charlaron por al menos una media hora de cosas variadas, y rieron varias veces. Mientras hablaban, ambos sintieron algo extraño: una linda calidez en sus respectivos corazones. ¿Era coincidencia? Kiki no lo sabía, pero era realmente sencillo charlar con ella, hacerla reír, y ella lo hacía sonreír a él.

Finalmente, ambos se despidieron y se fueron a dormir después de una larga charla. Kiki se tumbó nuevamente en su cama con una sonrisa, con sus manos en la nuca. Suspiró y cerró los ojos, quedándose dormido casi de inmediato.

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Departamento de Migración, Washington, Estados Unidos

La mañana siguiente

La mujer frunció el entrecejo mientras esperaba impacientemente los resultados de su búsqueda. Ya tenía dos pistas muy importante: la fecha en la que la niña que estaba buscando estuvo en Estados Unidos, pues lord Castelhaven había dejado un registro de lo sucedido, y sabía el primer nombre de la niña: Margot. Pidió buscar todas las niñas con ese nombre que hubieran entrado antes o después de esa fecha al territorio de los Estados Unidos.

-¿Estás segura de que lo encontraremos?- dijo Bellini en voz baja, mientras uno de los trabajadores buscaba los datos solicitados.

-Estamos muy cerca de encontrarla…- dijo Greta.

-¿Buscan a su hija?- dijo la secretaria de migración, volviéndose hacia la pareja y sonriendo con algo de inocencia. Greta tuvo que suprimir sus ganas de poner los ojos en blanco, y asintió. La chica acentuó su sonrisa y siguió buscando.

Greta sonrió para sí misma, burlándose de la secretaria para sus adentros. Pobre tonta ilusa.

-Ah, aquí está- dijo la chica, sacando un archivo e imprimiéndolo- la niña que están buscando se llama Margot Blanc, llegó a Estados Unidos un par de días antes de esa fecha que me dieron, y se fue de tierras estadounidenses de regreso a París, Francia-

Los ojos de los dos secuaces de Phobos y Deimos sonrieron. ¡Ya la tenían! Con su nombre completo podían encontrarla. Tras agradecer a la secretaria, ambos salieron de la vieja oficina.

-Ya está- dijo Bellini, llevando el informe consigo mismo- vamos a París-

-Ya la tenemos- sonrió Greta.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. De aquí en delante todos los capítulos tienen advertencia de pelotita anti-estrés (solo para estar seguros). Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.