GRAN ESPÍRITU

XI: LUNA LLENA

Terrenos del Santuario, Atenas

Kiki regresó de su rápido viaje a Normandía a tiempo y sin que nadie pudiera sospechar a donde había ido. Se reportó con su maestro por medio de su cosmo, y comenzó a caminar hacia el templo de Aries.

Mientras cruzaba los terrenos del Santuario se dio cuenta de que Christoffer no estaba en los terrenos del Santuario, y el pelirrojo pensó que quizá podía estar en Virgo entrenando con Shaka. A quien sí vio fue a Arthur, quien estaba terminando de limpiar una de las casas de los santos de plata. El chico levantó la vista e hizo contacto visual con Kiki, quien se encogió de hombros levemente. Arthur hizo lo mismo, torció levemente la boca en un gesto resignado, y siguió limpiando.

Kiki suspiró, y siguió subiendo hacia Aries. Estaba a punto de anochecer, y de todos modos ya debía regresar a casa. El chico sonrió inconscientemente. Había sido menos de una hora, pero había pasado un hermoso tiempo con Margot y había roto su récord de tiempo con ella sin hacerla enojar. Kiki acentuó su sonrisa. ¿Qué podría salir mal?

El pelirrojo sacudió la cabeza. Mejor no pensaba esas cosas para no tentar a su suerte.

Kiki entró al templo de Aries intentando no hacer ruido. Sabía que la noche anterior Lydia había pasado en el hospital cuidando a la chica que Shaina y Edith habían encontrado herida en las calles de Atenas, y se había quedado ahí la mayor parte de la mañana. Cuando fue a saludar a Mu esa tarde, se había quedado dormida en el sofá de la sala.

El chico cruzó la sala intentando no hacer ruido. Vio que Mu estaba sentado en el sofá junto a Lydia, acariciándole los cabellos mientras la chica se mantenía profundamente dormida. Kiki sonrió levemente.

Al escucharlo, Mu levantó su mirada hacia Kiki, y lo miró a los ojos. El intercambio duró unos segundos, pero el santo de Aries no dijo nada, y regresó su mirada hacia la chica. Kiki se encogió de hombros y se retiró cabizbajo a su habitación.

Realmente había metido las patas, e iba a tomar un poco más de tiempo para que a su maestro se le pasara el enojo y las cosas volvieran a ser como antes.

Mu, por su parte, suavizó un poco su mirada cuando su aprendiz cerró la puerta de su habitación. ¡Vaya que le costaba trabajo ser tan estricto con él. Sabia que, en el fondo, Kiki era un buen chico, de buen corazón, y que ese incidente con Arthur en la ciudad había sido, simple y sencillamente, sus hormonas actuando, en ves de su cabeza. "Hormona mata neurona", había escuchado una vez.

El santo de Aries suspiró. Nunca se hubiera imaginado que su aprendiz fuera a cometer semejante estupidez. Nuevamente, era esperado de un chico de su edad, pero se sentía un poco decepcionado, pensando que lo había criado mejor. Después de todo, había estado con él desde que era un bebé. No, no era su culpa. Fue un error se el pequeño diablillo cometió.

Mu se encogió de hombros y volvió su mirada hacia Lydia, que seguía durmiendo a su lado en el sofá sin ninguna vergüenza. Sus preocupaciones desaparecieron casi de inmediato, y en sus labios se formó una sonrisa. Le quitó un mechón de cabello de la frente, y se inclinó para besarla en la mejilla.

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Sala del trono,Templo de Poseidón

Esa noche

Julián Solo daba vueltas en círculos incesantemente en un gesto preocupado. François aún no regresaba de su misión en Atenas, ni tampoco Tritón había regresado de Estados Unidos con noticias de lo que estaba sucediendo ahí, o si tenía alguna pista de donde estarían los enemigos o la fuente del Nahimana.

-Calma, Julián- dijo Céline, siguiéndolo con la mirada mientras el chico seguía dando vueltas nerviosamente. La chica estaba sentada en el trono junto al de Poseidón- Tritón dice que ya viene de regreso-

No solo estaba Anfitrite, sino también Sorrento y Leilani. Ambos también seguían con la mirada al dios, quien se notaba que estaba muy preocupado. Céline también estaba preocupada, así que se levantó de su asiento y se acercó a Leilani, abrazándola por la cintura. La chica sonrió.

-Estará bien- dijo Leilani en voz baja- no debe tardar en llegar-

-Leilani tiene razón- dijo Sorrento, tomando la mano de la chica discretamente y besando sus dedos índice y medio- el cosmo del señor Tritón viene en camino-

Tal y como dijo Sorrento, Tritón cruzó la sala principal y se inclinó frente a Poseidón.

-¿Y bien?- dijo Julián, haciendo un gesto lleno de impaciencia- ¿qué pasó?-

-Nada, padre- dijo Tritón, con una expresión preocupada- busqué por toda la costa, y fui a Wyoming, como me lo indicó. Los sioux sobrevivientes no tienen idea de quien pueda tener ese poder-

Julián Solo suspiró en un gesto frustrado, y con un gesto de su mano hizo que Tritón, Sorrento y Leilani salieran de la sala, dejándolo solo con Céline. El general marino de Sirena rodeó a la chica peliazul con su brazo y la acompañó fuera de la sala del trono, y cerró la puerta tras de ellos.

-Vamos- le dijo Sorrento cariñosamente- te acompañaré a tu habitación, meine Liebling-

Leilani sonrió, levemente sonrojada, pero se dejó acompañar a su habitación por el chico. Mientras caminaban juntos, Tritón los miró alejarse, sonriendo levemente y rascándose la nuca. Esos dos eran cada vez más unidos. Al principio no le agradó mucho la idea de que su hija estuviera con un general marino, sin importar que él nunca la había buscado ni sabía de su existencia, pero con el tiempo había visto lo mucho que Sorrento la adoraba.

Sorrento y Leilani continuaron caminando por los pasillos del templo de Poseidón.

-¿Sorrento?-

-¿Mmm?-

-¿Puedes a tocar para mí esta noche?- dijo ella con una expresión llena de timidez. Sorrento la miró y sonrió.

-Por supuesto, Liebling- dijo Sorrento, sin dejar de sonreír e inclinándose para besarla en la mejilla- todo el tiempo que quieras-

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Templo de Aries, Santuario de Athena

A la mañana siguiente

Kiki se levantó esa mañana completamente renovado de energía. Parecía que nada en el mundo podría destruir su buen humor. ¡Por todos los dioses, había visto a Margot el día anterior, y las cosas habían salido muy bien! Tan pronto como se levantó, se apresuró a darse un baño y a vestirse. Se deslizó hacia la mesita de noche para tomar su celular y enviar un mensaje de buenos días a la chica en la que había estado pensando todo ese tiempo.

Era domingo, y podía quedarse en cama hasta un poco más tarde. Aunque pensándolo bien, sería mejor que bajara al taller a terminar de limpiar las seis armaduras doradas que le faltaban. Sabía que a estas alturas Arthur seguramente ya estaría terminando de cumplir con su castigo.

-Buenos días- escribió Kiki- espero que hayas dormido bien-

-Bonjour- le respondió la chica- sí, dormí muy bien, gracias-

Kiki sonrió levemente para sus adentros, su corazón latiendo de emoción.

-¿Qué harás hoy?-

-Quedarme en casa a ayudar a cuidar a Rémy- escribió Margot- mis papás irán esta noche a una cena de gala en París, y nos quedaremos con mi tía. ¿Y tú que harás?-

-Limpiar las 6 armaduras que me faltan- dijo Kiki, a quien no le gustaba tanto la perspectiva, pero sabía que al mal paso más le valía darle prisa- podemos charlar esta noche, cuando termine-

-Por supuesto- escribió la chica- ¡no dejes que el trabajo te desanime!-

-Para nada- escribió Kiki mientras sonreía.

No, parecía que absolutamente nada en el mundo podía llegar a desanimar al pelirrojo. Se guardó el celular en el bolsillo y bajó al taller para terminar con su castigo de una vez por todas.

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Rouen, Normandía

Greta y Bellini se cruzaron de brazos. No había señal de la chica que habían estado buscando, y los dioses comenzaban a impacientarse. No les podía quedar mucho tiempo.

-Deja de dar vueltas- dijo Bellini- pronto nuestros sirvientes vendrán con buenas noticias, estoy seguro…-

Greta se cruzó de brazos, bufando impaciente. Finalmente estaban en la capital de Normandía, y habían infiltrado los registros de las casas habitación en toda la región. La chica no podía estar muy lejos: lo podían sentir.

No pasó mucho mucho tiempo cuando uno de sus hombres, vistiendo una armadura negra, llegó a su presencia y se inclinó, entregándoles un par de folios de papel. Greta se los arrebató y los leyó. Era una larga lista, pero había el nombre de una familia remarcada.

-Bien, al parecer hay cuatro familias con ese apellido viviendo en Lisieux- dijo Greta, sonriendo- una de ellas… Jérémie Blanc, su esposa Bianca, y sus hijos, Rémy y… Margot-

-Debe ser ella- dijo Bellini, poniéndose de pie- vamos, Lisieux es una pequeña ciudad que está a poco más de una hora de aquí-

Greta sonrió y se tronó los dedos. Con una señal, una docena de hombres con armaduras negras los siguieron. Ya habían logrado su objetivo. Ahora, tenían que proceder con sumo cuidado para que la niña no se les escapara de las manos.

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Fuera de la estación de tren, Normandía

Esa tarde

En uno de los extremos del pequeño pueblo de Normandía estaba la estación de trenes, un pequeño edificio con dos entradas, una pequeña oficina de boletos y un par de rieles, construida en la orilla del pequeño arroyo que cruzaba todo el pueblo.

Hugo pateó una roca, haciéndola brincar, cruzar la pequeña calle, y caer al pequeño arroyo. ¡Estaba realmente furioso! Esa chica… ¿cómo se había atrevido a engañarlo de esa manera?

Bueno, la verdad era que él lo había hecho varias veces en el pasado. Margot era la chica más linda de la escuela, y todos los chicos querían salir con ella. Pero Hugo no la quería realmente, solo quería que todos sus compañeros lo miraran con envidia por tenerla a su lado. Pero eso no significaba que no saliera con otras chicas cuando Margot se quedaba en casa.

Hugo se tumbó en una de las bancas junto a la estación de trenes, y se cruzó de brazos enfurruñado, mirando de reojo su mano derecha. No se arrepentía de haberla puesto en su sitio, pero comenzaba a preocuparse por las consecuencias de lo que había hecho. ¡Mas le valía a Margot y a su idiótica amiga no decir nada, o ya verían…!

-Arg…- exclamó el chico, furioso- ¡esa maldita perra!-

No podía creerlo. ¡Margot había besado a un santo de Athena! ¡Ahora sí que la odiaba! ¿Cómo se atrevía a humillarlo de esa manera? Ya vería, le regresaría el favor a esa perra que se atrevió a engañarlo de esa manera, y…

De pronto, Hugo interrumpió sus pensamientos. Una mujer al menos unos diez años mayor que él, alta y muy guapa, pero claramente extranjera, estaba de pie detrás de él, mirándolo con atención. Hugo se levantó y entrecerró los ojos.

-¿Qué me ves?- dijo Hugo de manera grosera- deja de mirarme así-

-Dame tu mano- le dijo la mujer en tono autoritario.

Hugo la miró con los ojos entrecerrados, pero se encogió de hombros e hizo lo que ella le dijo, extendiendo su mano izquierda hacia ella. Greta sacudió la cabeza.

-Tu otra mano- dijo ella.

El chico se sorprendió, y sus mejillas se enrojecieron un poco. ¿Su mano derecha?¿qué quería con ello? Se encogió de hombros, y extendió su mano derecha hacia Greta. Ésta puso su mano sobre la de él, y pareció entender algo. Lo miró a los ojos.

-Tú la conoces- dijo Greta. No era pregunta- conoces a Margot Blanc-

Hugo no disimuló su furia.

-No quiero volver a saber nada de esa perra- dijo Hugo, quitándole su brazo- ¿acaso ella te envió?¿qué quieren conmigo? -

Greta analizó la situación, y sonrió al entender un par de cosas muy importantes. Primero, ese chiquillo conocía a la niña que estaba buscando, y segundo, la odiaba por alguna razón. Quizá podía aprovecharse de eso.

-Si tanto odias a esa mocosa- le dijo Greta en un tono lleno de simpatía, pero con una sonrisa torcida- ¿no te gustaría poderte vengar de ella?-

Hugo la miró, interrogante y súbitamente interesado en lo que la mujer tenía que decir.

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Hospital de Atenas

Esa noche

Ya había caído la noche en Atenas, y gracias a las noticias de que los santos de Athena habían encontrado a una chica nativa americana en las calles de la ciudad hacía un par de días, Pandora pensó que sería buena idea que ella y Cyrus acompañaran a Takoda a Atenas, para ver si la chica que habían encontrado en la ciudad era finalmente la persona que estaban buscando.

Pandora caminaba delante, mientras que Takoda caminaba unos pasos atrás, ayudándose a caminar apoyado en Cyrus, pues el chico aún estaba convaleciente. Cruzaron el pasillo completo y se encontraron, al final del mismo, a una guardia de santos de Athena, liderados por Shaina. Edith, la aprendiz de Lena, también estaba con ella esa noche.

La hermana de Hades se tensó levemente al ver a los santos de Athena. Eso de ser aliados era relativamente nuevo para ellos, y aún no se acostumbraban, pero respiró hondo y usó todas sus fuerzas para sonreír.

-Buenas noches- dijo Cyrus, sonriendo amablemente, sin notar que Pandora no parecía estar muy contenta de estar ahí con los santos de Athena.

-Ah, sí, el maestro Shion nos avisó que vendrían- dijo Shaina, también sin muchas ganas- pasen, la chica está ahí dentro-

-¿Cómo está ella?- dijo Pandora.

-Ha estado inconsciente desde que la encontramos hace un par de noches- dijo Shaina, reprimiendo una expresión de molestia bajo su máscara de plata. ¡Realmente estaba furiosa por lo que le habían hecho a la pobre chica! Los malditos la habían dejado prácticamente muerta en la calle, y apenas la habían encontrado a tiempo para salvarla- los médicos ya la han estabilizado, y dicen que pronto va a despertar-

-¿Creen que podamos pasar a verla?- dijo Cyrus amablemente, y se volvió al chico que los acompañaba- él es Takoda. Creemos que la chica que ustedes encontraron es su esposa, Mika-

Edith, quien estaba escuchando atentamente el intercambio, hizo una expresión de terror bajo su máscara. ¡Qué terrible sería para el chico entrar y ver a su esposa en esas condiciones! Bueno, al menos estaba mejor ahora que hacía un par de noches, cuando la habían encontrado.

Cuando Shaina estuvo a punto de responder, todos los presentes escucharon ruidos en el interior de la habitación. La amazona, acompañada de Edith, Pandora, Cyrus y finalmente Takoda entraron a ver que era lo que ocurría.

El chico sioux reprimió una exclamación de tristeza. Sí, la chica que estaba aquí era Mika. Las alarmas sonaban horriblemente, pero la chica ya había despertado y miraba a su alrededor, confundida y asustada. Al parecer, el efecto de la tortura de Phobos aún la estaba molestando. Mirándola de esa manera, Takoda empujó levemente a Cyrus y se acercó a la cama, tomando la mano de Mika. La chica volvió su mirada, asustada y vacía, hacia su esposo.

-No tengas miedo, Techihhila- dijo Takoda, entendiendo su mano hacia ella y acariciando su mejilla en un intento por ayudarla a tranquilizarla- estás a salvo aquí-

Pero para sorpresa de todos, Mika sacudió la cabeza repetidamente en un gesto brusco, con una expresión de terror y de urgencia.

-No, Takoda, ¡estamos en peligro!- dijo Mika.

-¿Qué pasó cuando estabas con ellos?- preguntó Takoda, mientras que todos los demás miraban el intercambio preocupados- ¿que fue lo que les dijiste?-

-No pude evitarlo- dijo Mika, asustada, mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas- no pude evitarlo. Él se metió a mi cabeza, y comenzó a mostrarme cosas horribles…-

-Shhh- dijo Takota, intentando tranquilizarla, pero sintiendo la urgencia de conocer la información que tenía su esposa- techihhila, por favor ¿qué fue lo que les dijiste?-

-El nombre de ella- dijo Mika- el nombre de la niña que posee el Nahimana-

Todos los presentes se miraron entre sí, preocupados.

-Bien, ya está hecho- dijo Takoda, intentando tranquilizarla- los santos de Athena y los espectros de Hades necesitan que les digas su nombre, para protegerla y evitar las consecuencias de lo que has hecho-

Mika parpadeó, y miró a su alrededor, dándose cuenta de lo que no estaban solos. Takoda hizo un gesto de urgencia con un mano, y la chica lo miró con ojos llorosos, y asintió.

-Hace ocho años, cuando atacaron nuestro campamento, mataron a mi abuela, Pequeña Tortuga, con una herida en el pecho- dijo Mika- ella tomó a la primera persona que vio… una niña extranjera de cinco años que había estado ahí, visitando la reserva con sus padres, que eran fotógrafos. Yo la vi cuando… físicamente sacó un corazón luminoso de su pecho y lo puso en el pecho de esa niña…-

-Pero, ¿cuál es su nombre?- dijo Pandora, algo impaciente, sabiendo lo que esa información era importante- ¿cómo se llamaba esa niña?-

Mika pasó su vista de Pandora a Takoda, y asintió.

-La niña se llamaba Margot- dijo Mika.

Todos los presentes se miraron entre sí, y se encogieron de hombros, pero Edith se llevó las manos a la cabeza y dejó escapar un pequeño grito de sorpresa. ¡Por supuesto que conocía ese nombre! Era el nombre de la sobrina de Aioros, de la chica por la que Arthur y Kiki se habían peleado en la ciudad, quien tenía la edad correcta y sus padres eran fotógrafos que viajaban por el mundo. Y si los enemigos sabían su nombre…

-Oh, por todos los dioses…- dijo Edith en voz alta, haciendo que todos se volvieran hacia ella.

Antes de que Shaina pudiera preguntar que había sorprendido tanto a la aprendiz o los demás pudieran hacer algo, Edith salió corriendo de ahí con dirección al Santuario. Sí, no se equivocaba. Era esa chica que habían visto en los días pasados.

Y por lo que había escuchado, estaba en grave peligro.

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Casa de la familia Blanc, Normandía

Poco antes

Ese día, Margot ignoró todas y cada una de las llamadas de su amiga. Realmente no estaba de humor para hablar con ella. Todo el día había pasado en casa, en su habitación, leyendo y charlando de tanto en tanto con Kiki por medio de mensajes de texto. Gracias al pelirrojo, Margot había casi olvidado lo que había sucedido el día anterior con su ex novio.

Suspiró. Sus padres se habían ido a París en tren temprano ese día, pues esa noche asistirían a una cena de gala. Su tía Marie, la hermana de su papá, se quedaría a cuidar a Rémy. Margot sonrió para sus adentros. Estaba de suerte. Esa noche era luna llena.

Tan pronto como escuchó que su tía se metió a la habitación de Rémy, Margot salió al balcón de su habitación y bajó por la pequeña escalera de metal que conectaba con el patio de la casa. Caminó un poco, y se dejó caer bajo uno de los árboles del jardín. Respiró hondo, y sonrió.

-Buenas noches, Margot- dijo alegremente Lowe, quien brillaba en la oscuridad bajo la luz de la luna, dando vueltas repetidamente alrededor de ella. Margot sonrió al verlo dar vueltas a su alrededor.

Lowe no era el único espíritu lobo. Había al menos otros cuatro o cinco espíritus lobo, la mayoría de ellos cachorros, que revoloteaban a su alrededor, haciéndola reír al verlos. La chica tenía una suave luz sobre su pecho, a la que se sentían atraídos todos los espíritus. Chanteloup se echó a sus pies, produciendo un gruñido satisfecho cuando Margot comenzó a acariciarla.

¡Ah, que buena noche hacía!

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Templo de Aries, Santuario de Athena

Habían pasado dos horas desde que había anochecido en Atenas, y Kiki estaba a punto de terminar con el castigo que Mu le impuso, y su trabajo iba a ser culminado ese día al limpiar la armadura de Aries. Para esa hora de la noche, su maestro ha se había retirado a sus habitaciones a dormir, dejando que Kiki siguiera trabajando en su castigo.

El chico se limpió el sudor de la frente con el dorso de su mano, y sonrió. Vaya, estaba a punto de terminar. Esperaba que su maestro estaría satisfecho de su buen trabajo, y que por fin pudiera levantarle el castigo y, más importante, dejara de ver esa mirada decepcionada que Mu le había estado dirigiendo desde el incidente.

Kiki volvió a tomar sus herramientas, y se dispuso a continuar con su trabajo, cuando la puerta del taller se abrió de golpe, y se encontró a una muy preocupada Edith, respirando agitadamente, y a Christoffer. Ambos tenían expresiones de terror en sus rostros.

-¡Kiki!- dijo Edith, intentando recuperar el aliento- algo malo… acaba de suceder…-

Kiki alzó la mirada y dejó sus herramientas.

-¿Qué pasa, Edith?- dijo Kiki pasando sus ojos de la máscara de la chica a Christoffer, que también tenía una expresión de preocupada.

-Ella está el peligro- dijo Edith- ¡Margot, la sobrina del señor Aioros!-

Kiki entrecerró los ojos. ¿De qué estaba hablando? Si él había charlado con la chica ese mismo día, y no había parecido nada extraño.

-¿Qué pasó?- dijo el pelirrojo.

-El poder extraño del que todos están hablando. Nahimana- dijo Edith- ¡ella lo tiene! Y lo que es peor, Phobos y Deimos saben que ella lo tiene-

Kiki palideció. Sí, todos los santos de Athena y los aprendices habían escuchado del Nahimana desde que Hades había llegado con las noticias de que sus espectros habían rescatado a un chico sioux en Estados Unidos. Pero, ¿podía ser eso posible? ¿Que Margot tuviera ese poder? No lo sabía, pero si los enemigos sabían, o sospechaban que quizá lo tuviera, estaba en peligro.

Al caer en cuenta de que Margot podía estar en peligro, algo extraño le sucedió a Kiki. Sintió un agudo y horrendo dolor en su corazón, y el chico se llevó la mano al pecho e hizo un gesto de dolor. ¡No! La idea de que le pasara algo malo a Margot era impensable. ¡No lo iba a permitir!

-¿Kiki?- dijo Christoffer, dudoso al ver la extraña reacción de su amigo- ¿estás bien?-

Kiki se puso de pie y encendió su cosmo. La armadura de Aries, recién limpiada y renovada, lo cubrió casi de inmediato.

-Kiki, ¿qué haces?- dijo el aprendiz de Virgo.

-Por favor, vayan y despierten a mi maestro, y díganle que es lo que está pasando- dijo Kiki rápidamente- yo iré a buscarla. Espero llegar a tiempo-

Y antes de que Christoffer o Edith pudieran decir algo o detenerlo, Kiki desapareció, teletransportándose. Los dos chicos se quedaron solos, se miraron entre sí, y suspiraron sonoramente. No se imaginaban lo que iba a pasar, pero ya comenzaban a tener problemas.

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Jardín de la familia Blanc, Normandía

Poco antes

Margot se encontraba aún disfrutando la vista de todos los espíritus lobo dando vueltas a su alrededor, así como la luz de la luna y el aire fresco de la noche en Normandía cuando vio que Chanteloup volvió su cabeza súbitamente hacia la entrada del jardín y comenzó a gruñir. La chica hizo apagar la leve luz de su corazón y se levantó del suelo, comenzando a caminar hacia la escalera.

-No, Margot, espera…- escuchó una voz masculina, que no hizo nada para tranquilizar a Margot, sino todo lo contrario.

-No, vete de aquí- dijo la chica al reconocer la voz de Hugo, y comenzó a trepar la escalera hacia el balcón.

-No, espera, es en serio- dijo Hugo en un tono que no parecía propio de él, más bien humilde- he venido a disculparme contigo, Margot-

-No estoy interesada- dijo Margot, aunque se detuvo y no siguió escalando la escalera.

-Por favor- insistió Hugo- no sé que pasó conmigo antier. Fui un tonto al comportarme así-

Margot sintió un vuelco. Las palabras de Hugo le recordaron a Kiki, cuando éste estaba intentando disculparse. Claro, Kiki no la había golpeado ni amenazado. Margot entrecerró los ojos y bajó el par de escalones que había subido, para volver a poner sus pies en el pasto. Hugo entró al jardín, cruzándolo y deteniéndose unos metros frente a ella.

-¿Qué quieres, Hugo?- dijo Margot, cruzándose de brazos.

-No, Margot, no lo escuches. ¡Ignóralo y ponte a salvo!- dijo Chanteloup con un tono de urgencia, sin dejar de gruñir en dirección a Hugo ni quitarle la vista de encima- este chico son malas noticias: tiene el corazón podrido-

Margot la ignoró por un momento, y esperó pacientemente la respuesta de Hugo.

-Lamento haberme comportado así- dijo Hugo- pero comprende que me enojé. Tú nunca habías querido besarme, y me dices que fuiste y besaste a otro chico-

La chica se mordió el labio.

-Fue algo un poco más complicado que eso- dijo Margot, cruzándose de brazos- pero no tengo nada que justificar contigo. En lo que a mi concierne, tú y yo ya no estamos juntos. Sin importar lo que hubiera hecho, no tenías porque haberme golpeado-

Hugo frunció el entrecejo levemente, y Chanteloup volvió a gruñir un poco más fuerte que antes.

-Entonces hagamos un trato- dijo Hugo, acercándose a ella y tomándola de los brazos. La chica sintió una horrible repulsión y trató de soltarse, pero Hugo la tomó con más fuerza- compénsame lo que hiciste, y podemos regresar a estar juntos los dos, y me olvidaré de que cometiste ese error-

-¿Y crees que yo me olvidaré de que me golpeaste? ¡Ni hablar!- dijo Margot, disgustada- ¡suéltame en este instante!-

-¿Qué te pasa?- le dijo Hugo- no me digas que te hiciste la difícil con el santo de Athena…-

-¡No me toques!-

-Vamos, Margot- dijo Hugo, empujándola contra la pared de la casa y lejos de la escalera, intentando forzarla a besarlo mientras que ella trataba de soltarse de él- haz lo que quiero o te arrepentirás-

-Déjame en este instante, o voy a gritar- dijo Margot. Chanteloup y los otros espíritus animales rugieron furiosos, pero no podían hacer nada para ayudarla, no sin sus órdenes.

Hugo estaba fuera de sí de furia. ¡Esa maldita perra no lo volvería a humillar! Con una mano le cubrió la boca para evitar que gritara, aún empujándola contra la pared. Margot, asustada, se intentó resistir, patearlo, ¡hacer algo para soltarse! Pero no era rival para un chico mucho más grande y fuerte que ella.

-Te di una oportunidad, sucia perra- le dijo Hugo con desprecio- pagarás muy caro el haberme rechazado-

Hugo metió su mano al bolsillo y sacó un puñado de un fino polvillo color rojo, y lo sopló sobre ella. Al aspirarlo, Margot comenzó a sentirse muy cansada, y que la consciencia se le escapaba. ¡No! ¡Tenía que mantenerse despierta! Intentó gritar, pedir ayuda. ¡Su tía seguramente la escucharía! Abrió la boca, pero ningún sonido salió de sus labios. Los aullidos de Lowe y Chanteloup se escuchaban cada vez más lejos.

Finalmente sus ojos se cerraron y su cuerpo se relajó, cayendo al suelo. El chico la alzó en brazos y salió del pequeño jardín, llevándose consigo a la chica.

Una sombra blanquecina salió rápidamente del jardín, zigzagueando entre los árboles y entre las calles del pequeño pueblo, pero Hugo no la vio.

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Templo de Virgo

Todo el Santuario despertó de golpe ante la emergencia que se estaba presentando. Tan pronto como Kiki tomó la armadura de Aries y desapareció, todos los santos dorados se dieron cuenta de que algo malo estaba pasando. Mu se levantó de golpe al darse cuenta de lo que había pasado, y tras interrogar a Edith, decidió dar la alarma a todo el Santuario.

El Patriarca los llamó por medio de su cosmo, y decidió que finalmente Kanon y Milo irían esa noche a Normandía a recuperar a Margot y a su familia para ponerla a salvo.

Antes de que Milo y Kanon se fueran, Christoffer y Edith cruzaron al templo de Virgo, para hablar con sus respectivos maestros y pedirles permiso de ir con los demás. Lena no estaba muy contenta al respecto, y Shaka sacudió la cabeza.

-No, por supuesto que no- dijo Shaka- no quiero que se metan en problemas, ya tienen suficientes con el hecho de que Kiki haya escapado del Santuario sin permiso-

-Pero maestro…- comenzó Chris.

-No, y es definitivo- dijo Shaka.

Ambos aprendices bajaron la mirada, derrotados. El santo de Virgo sonrió levemente, y se rascó la nariz levemente. Bueno, quizá podía enviarlos con Mu, pues el santo dorado iba a ir al hospital a volver a interrogar a la chica que estaba ahí, para que les explicara de qué se trataba la amenaza a la que se enfrentaba. Aunque pensándolo bien…

-Pyaar, tengo que dejarte unos momentos- dijo Shaka, volviéndose a Lena- voy a ir al hospital con Mu para ver si podemos averiguar algo más de este problema-

Lena sonrió levemente y asintió.

-Estaré bien- dijo Lena- solo no me dejes bajo el cuidado de Tora otra vez. Esa chica me amenaza con la espada para que no me levante-

Shaka sonrió también, asintiendo, y caminó hacia la salida del templo de Virgo. Los dos aprendices sonrieron ampliamente cuando vieron a Shaka hacerles una señal para que lo siguieran.

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor:

Liebling: (alemán) cariño

Bonjour: (francés) buenos días

Techihhila: (lakota) cariño

Pyaar: (hindi) cariño

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Comienzan los problemas. Insisto, pelotitas anti-estrés de aquí en delante. ¡Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.