GRAN ESPÍRITU

XIII: LIBERACIÓN

Templo de Piscis, Santuario de Athena

Esa noche todo el Santuario estaba en alerta. Acababa de pasar la media noche, y todos esperaban noticias de lo que estaba ocurriendo en Normandía. Tras besar a Evelyn, quien estaba profundamente dormida, en la frente, Afrodita salió de su habitación al pasillo principal de su templo, y ahí se encontró con Lydia. Ninguno de los dos podía creer las noticias de lo que estaba pasando.

Primero, que la sobrina de Aioros era poseedora de un terrible y antiguo poder que podría llegar a destruir el mundo entero. Después, que Kiki había tomado sin permiso la armadura de Aries y desaparecido para ir por ella. Era impresionante que hubiera hecho que la armadura lo aceptara a pesar de no haber completado su entrenamiento, pero eso ya había pasado antes.

Y finalmente acababan de escuchar el reporte de Mu, que los enemigos no solo habían capturado a Margot, sino también a Kiki.

Lydia se llevó las manos a la boca.

-No puede ser- dijo la chica, mirando a su maestro- creí que cuando el maestro Shion destruyó la esfera de Arquímedes se acabarían los problemas-

-Aparentemente no- dijo Afrodita, frunciendo el entrecejo- no se terminarán hasta que los dioses sean sellados de nuevo, y Greta y Bellini sean detenidos-

Lydia asintió un par de veces, preocupada por Mu y por su aprendiz, rogando a los dioses que no pasara nada grave.

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Lugar desconocido

Kiki parpadeó y abrió los ojos. No le dolía el cuerpo, pero se sentía pesado y entumido, como si llevara varios días durmiendo. Volvió a parpadear, para ajustar sus ojos a la luz. No supo bien de que se trataba lo que Bellini estaba planeando. Él había pensado entregarse, dejarse llevar a donde estaba Margot, y tomarla y huir con ella tan pronto como pudiera, ya que los enemigos quizá no sabían de sus habilidades de psicoquinesia. Pero jamás pensó que lo llevarían dormido. ¡Maldita sea!

Ahora que despertó, se vio encadenado contra la pared, con los brazos extendidos. Había dejado atrás la armadura de Aries en la plaza de la ciudad antes de entregarse, y por consiguiente solo traía puesto su traje de entrenamiento, con los brazos descubiertos.

El chico levantó la vista, y casi se le heló la sangre al ver lo que tenía frente a él. A un par de metros donde estaba él, en el centro de la pequeña cueva, estaba Margot, firmemente atada a una silla, agotada y cabizbaja. A pesar de que sus cabellos estaban cubriendo su rostro, no había duda de que era ella.

Kiki intentó encender su cosmo y dar un paso hacia delante, hacia ella, pero todo fue en vano. También intentó teletransportarse, pero no pudo. Había algo que no le dejaba usar su cosmo. ¿Era la droga con lo que lo habían dormido?¿Las cadenas? No sabía muy bien, pero sentía su cuerpo, y sus sentidos, entumidos.

-No… ¡Margot!- dijo Kiki, luchando débilmente con sus cadenas, sin lograr soltarse.

Al escuchar la voz de Kiki, Margot pareció volver en sí, y levantó la mirada. Sus lindos ojos se posaron en Kiki por un momento, y su expresión se descompuso en una mirada asustada, su piel perdió el poco color que le quedaba, y Kiki pensó que estuvo a punto de llorar.

-No… ¿porqué?- dijo Margot con lágrimas en los ojos. Kiki sonrió levemente, intentando tranquilizarla.

-Lamento interrumpir esta reunión tan conmovedora- dijo Bellini, llamando la atención de ambos- tenemos a la persona que posee el Nahimana, y a su llave. Ahora sí, mocosa, entréganos tu corazón-

-¿No lo entienden todavía?- dijo la chica, no tan segura como antes, y Kiki pudo notar cierto tono lleno de pánico en su voz- ¡no puedo!-

Kiki miraba con atención lo que estaba pasando. Margot no podía entregar lo que esos malditos querían. ¿Para qué lo querían a él? Después de ello, pasó su vista a Bellini, y después a Greta. Ninguno de los dos parecía decepcionado. Muy por el contrario.

-Tú misma nos diste la clave para que sea posible que nos des tu corazón, linda- le dijo Bellini, alejándose unos pasos de ella, y al mismo tiempo acercándose a Kiki. Lo señaló- él es la llave, ¿no es así? La persona por la que harías cualquier cosa-

-Yo no…- comenzó a decir Margot.

-Y qué casualidad que fuera un aprendiz del Santuario- dijo Bellini, mirando fijamente al pelirrojo. Éste no dijo nada. Siguió escuchando. Quizá encontraba una manera de salir de ahí junto con Margot.

-Ya les dije que no sé como…- siguió diciendo ella.

-Shhhh…- dijo Greta, haciéndola callar al ponerle una mano sobre los labios- primero observa lo que vamos a hacer, a ver si no nos das lo que queremos-

Antes de que alguno de los dos pudiera decir algo más, Bellini creó una bola de fuego azul en un mano, y después la puso sobre el hombro descubierto de Kiki. Un terrible dolor se apoderó de él, y pronto se encontró a si mismo dejando escapar un terrible grito. Vio a Margot cerrando los ojos con fuerza, intentando evitar mirar lo que estaba pasando, pero no podía bloquear el sonido del grito.

Kiki usó todo su autocontrol para cerrar la boca y reprimir el grito. Greta se acercó a Margot y la hizo levantar la mirada de nuevo.

-Míralo bien, Margot- le dijo Greta al oído- él va a sufrir todo lo que tu permitas…-

-No, por favor, déjenlo…- lloró la chica- no lo lastimen…-

-Entonces danos lo que queremos- dijo Greta.

-Por favor, deténganse… haré lo que sea…- dijo Margot entre sollozos.

-¡No lo hagas!- dijo Kiki, intentando captar la mirada de Margot- ¡escúchame! No importa lo que pase conmigo, no lo hagas. ¡No debes hacerlo!-

-Silencio- siseó Bellini- ya veremos cuanto tiempo soportas esto, mocoso-

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Fábrica abandonada, Normandía

Poco antes

Mu había llegado apenas demasiado tarde. Ninguno de ellos sabía a donde se habían ido. Solo alcanzaron a ver como Bellini se llevaba a Kiki con él. El santo de Aries se puso la armadura que Kiki dejó atrás, y se volvió a sus compañeros.

-¿Qué vamos a hacer?- dijo Kanon, preocupado- ahora no solo la chica, sino también tienen a Kiki-

-Quizá necesitamos ayuda de Shaka- dijo Milo, y se volvió a Mu- ¿crees que puedas rastrear el cosmo de Kiki?-

Mu asintió levemente, y cerró los ojos para concentrarse sobre donde estaba su aprendiz. Había rastros de cosmo en Atenas, y parecía que los enemigos estaban más cerca del Santuario de lo que se imaginaba. Mu abrió los ojos.

-Están cerca de Atenas- dijo Mu por fin, volviéndose a los demás- será mejor regresar a casa-

Milo asintió, y se dio cuenta de que había algo tirado entre los escombros, brillando levemente. Una pulsera dorada, con un borreguito colgando de él como un pequeño dije. Al tocarlo, sintió el cosmo de Kiki, y junto con él, un aura tranquila y calma. El santo de Escorpión parpadeó.

-Creo que encontré algo- dijo Milo, dándole la pulsera a Mu, y cuando éste lo tomó, habría sonreído, de no ser porque sabía que su alumno y la chica estaban en un grave problema.

-Volvamos a casa lo más pronto posible- dijo Mu, guardándose la pulsera con mucho cuidado, pensando en que se la regresaría a Kiki cuando lo encontrara- la señorita Athena sabrá que hacer-

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Lugar desconocido

Había pasado casi una hora, desde que Bellini comenzó a quemar a propósito al chico que tenía en frente, para que Margot se rindiera y liberara el tesoro que poseía. La chica no podía mantener la cabeza en alto: Greta la obligaba a hacerlo. El chico estaba fatigado, cubierto de quemaduras, pero se mantenía firme e intentaba no gritar para no asustar más a Margot.

-Basta, por favor- les pidió la chiquilla- deténganse…-

-Vamos, Margot- le dijo Bellini, con otra bola de fuego azul en sus manos y acercándola peligrosamente al abdomen del chico- ¿vas a dejar que este chico siga sufriendo por tu culpa?-

-¡No puedo!- gritó Margot- ¡no sé como!-

-Oh, muy bien- dijo Belllini- entonces podemos continuar con esta rutina. ¿Cómo ves esto, aprendiz de Aries? La chica va a permitir que te sigamos lastimando-

-¡No lo hagas, Margot!- dijo Kiki con las pocas fuerzas que le quedaban- no importa lo que pase conmigo…-

-Basta, por favor…- dijo Margot entre sollozos- por favor… ya no lo lastimen…-

-¡No lo hagas!- insistió Kiki- no importa que me pase… ¡no lo hagas!-

-Última oportunidad, chiquilla- le dijo Greta, forzándola a levantar la mirada- hazlo ahora, o el chico va a recibir otra quemadura. No creo que soporte mucho más-

-¡No puedo!- dijo Margot- entiendan, ¡no sé como! No pueden seguir lastimándolo así-

-Respuesta equivocada…- dijo Bellini.

Margot sacudió la cabeza, sin saber cómo podía detener lo que estaba pasando. y Bellini puso la bola de fuego en el pecho del chico. Kiki intentó con todas sus fuerzas resistirse, pero no pudo evitar que un grito de dolor escapara de sus labios. Al escucharlo gritar, Margot sintió como si su corazón se partiera en dos. La chica cerró los ojos y gritó también, su grito se mezcló con el de Kiki.

Y fue entonces cuando lo que estaban esperando sucedió. Margot se rodeó de una potente luz blanca que se volvió un halo a su alrededor, y pareció absorber todo lo que la rodeaba. Las ataduras que la mantenían en la silla se quemaron por completo, y la misma madera del mueble crujió y el respaldo se rompió por el poder que emanaba de ella. Bellini soltó a Kiki, y éste, a pesar del dolor que le causaban sus heridas, no pudo sino sonreír ante la belleza y, a la vez, el terror de la fuerza que despedía su persona. Espíritus animales, hermosos leones, lobos y tigres luminosos salieron de su corazón y comenzaron a rodearla.

-Por fin- dijo Bellini, al ver el brillo que rodeaba a la chica.

A diferencia de él, su compañera no salió tan bien parada. Uno de los leones luminosos atacó a Greta. Atrapada demasiado cerca del hermoso brillo a su alrededor, la mujer gritó e intentó alejarse, pero no pudo huir de la luz del Nahimana. Con un terrorífico grito de dolor, la malvada mujer desapareció, en su sitio solo quedó un puñado de cenizas en el suelo.

-Margot…- dijo Kiki, mirándola fijamente.

La luz que la rodeaba comenzó a disminuir, y se quedó fija en un punto sobre su pecho, tomando la forma de un hermoso corazón de luz. Kiki miró admirado lo que veía. No solo su luz era del color más puro que podía encontrar, sino que también sentía el terrible poder que emanaba de él. Al verlo, su propio corazón comenzaba a dar saltos de felicidad. ¿Qué era esa sensación tan hermosa? Sacudió la cabeza. ¡No! Aún no estaban a salvo.

Bellini miró ese brillo con una sonrisa, ignorando el hecho de que su colega acababa de ser destruída, y dio un paso hacia delante. Kiki miró con pánico que el corazón luminoso de Margot estaba expuesto sobre el pecho de la chica, y unos escasos centímetros de la mano del italiano. Kiki comenzó a intentar luchar contra sus cadenas, intentando llegar a Margot antes que Bellini. ¡No podía permitir que le quitaran su corazón!

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Shion, Dohko y Tora estaban en el templo de Patriarca frente a la joven diosa, quien daba vueltas nerviosamente de un lado a otro. Le parecía terrible el hecho de que Margot y Kiki estuvieran en peligro por culpa de los enemigos.

-¿Qué vamos a hacer?- dijo la joven diosa nerviosamente.

-Señorita Athena, tranquilícese un momento- dijo Shion, cruzándose de brazos- aunque sea un chico, Kiki lleva toda su vida entrenando y aprendiendo de Mu. No tiene que temer, él hará todo lo posible por mantener a salvo a la chica, y cumplirá con su deber como santo-

Athena miró a Shion con enormes ojos, sin poder creer lo que estaba pasando.

De pronto, todos en el Santuario lo sintieron. Una onda de hermosa y pura energía, brillando por toda la ciudad en la que apenas estaban amaneciendo, que bien podría haberse confundido con la luz del sol, iluminó todo el cielo y los edificios de la ciudad.

-Que hermoso…- comenzó a decir Tora, admirada por el brillo de ese poder.

-¿Qué es eso?- dijo Dohko.

-Es ella- dijo Shion, comenzando a alarmarse- la obligaron a liberar su poder… tenemos que apresurarnos-

Los dos hombres se inclinaron frente a Athena y salieron corriendo de ahí. Tora se quedó junto a la joven diosa, y la tomó del brazo. Todos sintieron la tierra temblar levemente, el cielo se nubló y la temperatura cambió de golpe, desatándose un terrible aguacero. El viento comenzó a soplar con fuerza, haciendo un ruido un fuerte ruido, y la temperatura bajó considerablemente. Parecía una tormenta.

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Templo de Géminis

Al mismo tiempo

Esa noche, Aioria había salido a cubrir las rondas en los terrenos del Santuario, y había dejado a Kostas en el templo de Géminis con su padre. Saga se había levantado temprano y había acudido a la alarma que había sonado en el Santuario cuando comenzaba a amanecer, cuando todos sintieron el poder del Nahimana, dejando a Kostas solo, dormido en su habitación.

El pequeño se despertó cuando Saga salió de la habitación, y cuando se volvió a acostar e intentaba volverse a dormir, Kostas escuchó un ruido extraño proveniente de la habitación de aprendices. Se levantó de la cama y se apresuró a su antigua habitación y abrió la puerta.

Al abrirla, el niño se quedó helado en la puerta. El ruido que lo había despertado provenía de Cecy, quien estaba sentada en la orilla de la cama, doblada sobre su abdomen, con ambas manos en su garganta, apenas emitiendo algún sonido ahogado cada vez que intentaba respirar, y buscando a tientas algo en la mesita de noche. Canuto estaba lloriqueando a sus pies, como si intentara ayudarla.

Cecy estaba teniendo una crisis de asma por el súbito cambio en las condiciones ambientales, el cambio de temperatura, el viento y la lluvia. La había visto toser antes, pero en esta ocasión era incontrolable.

Kostas palideció al ver a Cecy de esa manera, y se apresuró a su lado. La ayudó a levantarse y a volverse a tumbar en la cama. La chica se dejó ayudar por el niño. Después de ayudarla a acostarse en la cama, le puso rápidamente las almohadas en la espalda para que se pudiera mantener sentada y pudiera respirar mejor, y se inclinó y puso a Canuto sobre la cama, junto a ella. El niño buscó en la mesita de noche algo que podía ayudarla: el inhalador.

-Kostas…- dijo Cecy casi sin aliento.

-Tranquila, Cecy, aquí esta tu inhalador- dijo Kostas, acercando el pequeño aparato a las manos de la chica- ¿quieres que te ayude?-

Cecy asintió levemente, y acercó el inhalador a sus labios, accionándolo repetidamente. Kostas esperó unos minutos, sentado en la orilla de la cama de Cecy y tomándola de la mano, mientras que Canuto lloriqueaba nerviosamente, hasta que la respiración de Cecy se normaliza poco a poco.

-¿Te sientes mejor, Cecy?- dijo Kostas después de unos minutos, y la chica asintió.

-Gracias, Kostas- sonrió ella, sonriendo levemente y extendiendo su mano hacia él para acariciarle los cabellos- no sé que me pasó-

El niño sonrió, aliviado de que estuviera bien. Se levantó para acercar un vaso de agua, y Cecy acentuó su sonrisa. Kostas era un niño tan lindo y bueno. La chica apuró el vaso con agua, y lo puso sobre la mesita de noche.

-¿Me puedo quedar contigo?- dijo Kostas tímidamente mientras veía a Cecy acomodarse para acostarse sobre la cama- en caso de que necesites ayuda otra vez-

Cecy sonrió y asintió, recorriéndose en la cama y dejándole espacio para que el pequeño se recostara también. Kostas sonrió y se tumbó a su lado, abrazándola por la cintura.

-Descansa, Cecy- dijo Kostas, mientras que la chica cerraba los ojos y volvía a quedarse dormida, agotada como estaba por lo que acababa de suceder. El niño apoyó su cabeza en el abdomen de la chica, y sintió que sus manos acariciaban sus cabellos mientras se quedaba dormida- duerme bien, mamá…- añadió en voz baja, cerrando los ojos también.

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Giudecca, Inframundo

Al mismo tiempo

-¡NOOOOO!-

Perséfone se levantó de golpe y se incorporó sobre la cama, gritando asustada. Hades también despertó de golpe por el grito de su esposa, y se volvió hacia ella, sumamente preocupado por ella. La miró extender su brazo hacia algo invisible frente a ella, como si sostuviera algo invisible en su mano.

-¿Qué sucede?- dijo Hades, rodeándola con su abrazo- florecita, ¿qué pasa?-

-No lo sé exactamente- dijo Perséfone, aún respirando agitadamente y llevándose las manos al pecho- algo terrible acaba de pasar… los espíritus de la naturaleza- volvió sus ojos a Hades- algo malo está pasando..-

Hades la miró, preocupado, mientras que su reina normalizaba su respiración, cosa que tomó varios minutos. Pronto, la joven diosa le explicó lo que estaba pasando. Sus peores miedos se habían vuelto realidad. El Nahimana había sido liberado.

-Hades, tengo que subir a la superficie- dijo Perséfone, levantándose y poniendo los pies en el suelo- puedo ayudar a detener lo que va a pasar… al menos por un tiempo-

Hades frunció el entrecejo.

-Eso me dijo tu madre cuando fuimos al Olimpo- dijo el rey del Inframundo- pero es muy peligroso para ti, florecita-

-Vamos- insistió Perséfone, tomando las manos de su esposo en un gesto insistente- es lo único que podemos hacer al respecto mientras que Athena y sus santos intentan detener al enemigo. Yo no puedo ir sola, ya sabes que no puedo caminar en la superficie-

Hades la evaluó con la mirada, y suspiró resignado. Asintió y encendió su cosmo. Él mismo saldría al mundo humano con su reina, y llevaría consigo a los jueces para ayudarlo a protegerla. Sabía que Perséfone, con su cosmo, podía detener las consecuencias naturales que causaba el Nahimana cuando estuviera libre. Solo era para ganar tiempo, mientras los santos de Athena intentaban detener a los enemigos.

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Lugar desconocido

Kiki no podía creer lo que había sucedido. Después de que la enorme luz rodeó a Margot, ésta se quedó fija en un solo punto, convirtiéndose en un corazón luminoso sobre su pecho. Bellini extendió el brazo hacia ella para tomarlo. Margot ya no se movía.

-¡No!- dijo Kiki, intentando soltarse de sus cadenas, tirando de ellas con todas sus fuerzas para intentar detener a Bellini y evitar que tomara el corazón luminoso. Estaba golpeado, agotado y cubierto de heridas, pero no iba a rendirse sin pelear por ella- ¡no la toques! Déjala en paz-

Bellini lo ignoró, e intentó tomar el brillante corazón de luz que la chica tenía sobre su pecho. No lo logro, pues éste estaba verdaderamente hecho de luz y se le escapó por entre los dedos. Lo intentó de nuevo, y nada. Era en vano: no podía tocar la luz.

-Arggg…- se quejó Bellini, frustrado- ¿porqué no puedo…?-

Kiki sonrió, aliviado, mientras que el italiano intentaba varias veces tomar el corazón, pero sin ningún resultado. De pronto, Bellini se detuvo, y se volvió hacia Kiki.

-Ah, casi lo olvido…- dijo el italiano, volviendo a sonreír- debe ser otorgado, no arrebatado, fue lo que la anciana le dijo cuando le dio el Nahimana. Y ella te lo dio su corazón a ti…-

Bellini dejó sola a Margot, y caminó hacia Kiki, librándolo de sus cadenas. Una vez que el metal dejó de sostenerlo, el pelirrojo cayó de rodillas al suelo, pues sus piernas apenas podían sostenerlo. Bellini regresó al lado de Margot, y sacó un pequeño cuchillo, que puso sobre el cuello de la chica.

-Toma el corazón y entrégamelo- dijo Bellini- si quieres que la mocosa regrese a casa con vida-

Kiki se levantó con dificultad, su vista fija en el hermoso corazón de Margot. Incluso si no fuera el sitio de tanto poder que incluso los dioses codiciaba, tenía que admitir que el corazón de la chica era muy hermoso en realidad, formado de la luz más pura que había visto en su vista. Ni siquiera en sus más profundas meditaciones había visto algo tan hermoso como ello.

-¡Vamos!- lo urgió Bellini- apresúrate, mocoso-

Kiki dio un paso delante, y extendió a su vez su mano hacia ella. ¿Qué hacía si lo tomaba? ¿Margot moriría? No, no podía permitirlo. Pero si no lo tomaba, igual Bellini parecía dispuesto a tomar su vida. ¿Qué podía hacer?

El chico cerró sus dedos alrededor del corazón luminoso. Lo sintió en sus manos. Era suave, cálido, y hacía que su propio corazón diera saltos de contento por estar en contacto con la esencia de la chica.

-Vamos, tómalo y dámelo- insistió Bellini.

La chica levantó la vista hacia él, e inesperadamente le sonrió. Los ojos de ambos se conectaron.

Kiki sintió que una hermosa luz rodeó tanto al chico pelirrojo como a Margot, y ambos se miraron como si no existiera nadie más en el mundo. El pelirrojo se dio cuenta: se estaban hablando de corazón en corazón, y en ese momento no existía nadie más. Kiki extendió su mano hacia ella y acarició su mejilla.

-¿Porqué no me lo dijiste?- dijo Kiki- te hubiera podido proteger mejor-

-Lo prometí- dijo Margot en un tono apenado- cuando era niña, prometí no decir nada a nadie. Era mi secreto-

Kiki sonrió, y la soltó, mientras que con su otra mano seguía aferrándose al corazón luminoso de la chica.

-¿Qué vamos a hacer ahora?- le dijo Kiki- tengo que sacarte de aquí…-

-Toma mi corazón- dijo ella- protégelo, no dejes que caiga en sus manos si algo me pasa-

-Te quiero, Margot, pero no puedo tomarlo. No te puedo dejar sin tu corazón- le dijo Kiki, levantando su mano donde aún tenía el corazón luminoso- no dejaré que te pase nada. Regresaremos a casa, y me ganaré tu corazón como debe ser…-

Margot le sonrió.

-Mi corazón ya es tuyo- dijo la chica- protégelo-

Kiki parpadeó, y de nuevo estaba en la oscura cueva, sus dedos apenas cerrándose alrededor del corazón luminoso de Margot, y Bellini urgiéndolo a apresurarse en dárselo a él. Y fue cuando supo que era su oportunidad. Con un movimiento rápido, y sin que Bellini se lo esperara, Kiki empujó el pequeño corazón luminoso de regreso al pecho de la chica, quien se dobló hacia delante, sobre su abdomen. El chico la abrazó con fuerza y se tumbó al suelo junto con ella al suelo, evadiendo la embestida de la espada del italiano.

-¡Arrrggg!¡Maldito!- dijo el italiano, enrojeciéndose de furia y por primera vez perdiendo la compostura, blandiendo la espada y partiendo en dos la silla donde hacía unos segundos había estado la chica- ¡mira lo que has hecho!-

Bellini lo atacó con bolas de fuego, y Kiki se cubrió a sí mismo y a Margot, con una pared de cristal que se rompió casi de inmediato al contacto con el ataque del hombre. Volvieron a ser atacados, y Kiki creó otra pared de cristal, finalmente con el mismo efecto. Al tercer ataque, el chico ya no pudo crear una pared de cristal, y se interpuso entre el hombre y Margot, cubriendo a la chica con su cuerpo, pero el ataque nunca llegó.

Cuando Kiki levantó la vista, había un trío de armaduras doradas a su alrededor. Mu, Milo y Kanon estaban de pie entre ellos dos y Bellini, el primero creando una pared de cristal mucho más eficiente que la suya. No solo ello, Lowe y Chanteloup se habían lanzado contra Bellini, cegándolo por un momento y haciéndolo caer al suelo.

-¿Maestro?- dijo Kiki, aliviado de ver a Mu, aún en el suelo, sin incorporarse o soltar a Margot. Tenía miedo de soltarla y volverla a perder.

-Kiki, sácala de aquí de inmediato- dijo Mu con seriedad, sin volverse a él, mirando fijamente a Bellini- si no tienes fuerzas para teletransportarte, Kanon va a abrir un portal a otra dimensión-

El chico asintió y se levantó aún sin soltar a Margot, quien estaba consciente pero tan agotada que no se podía poner en pie por sí misma. El gemelo menor asintió gravemente y abrió un portal a otra dimensión, y antes de que Bellini pudiera detenerlo, Kiki lo cruzó junto con la chica. Tan pronto como ellos cruzaron, Kanon lo cerró.

-¡No!¡NOOO!- gritó Bellini, con su rostro deforme de furia- ¿qué han hecho?¡Estúpidos santos de Athena! ¡Todo esto ha sido en vano, y es todo culpa de ustedes!-

-Así es, Bellini- dijo Milo con una expresión furiosa, mientras que Mu quitaba la pared de cristal y los tres santos dorados encendían sus cosmos- esto se acaba aquí y ahora-

-¡No!¡No!- lloriqueó Bellini, tirándose al suelo y arrastrándose, dando la espalda a los tres santos dorados, cosa que los sorprendió- ¡por favor, amos!¡Denme una oportunidad más!-

Pero al parecer Phobos y Deimos no estaban nada contentos al respecto. Un fuerte cosmo hizo temblar la cueva, y con una leve explosión, también Bellini quedó hecho polvo, y el cosmo de los dos dioses gemelos desapareció por completo de ese sitio.

Los tres santos dorados se miraron entre sí, y respiraron aliviados. Al parecer, todo había terminado.

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Casa de la Familia Blanc, Normandía

Rémy lloriqueaba en brazos de su tía Marie, mientras que Jérémie y Bianca caminaban en círculos, muy preocupados. Ambos habían tomado el primer tren hacia Lisieux, y tras asegurarse de que el pequeño estaba bien, llamaron otra vez a Sofi para saber lo que había pasado con Margot, o si tenía noticias de donde estaba su hija.

Sofi se comunicaba con ella cada dos o tres horas, dándole las noticias que le llegaban a Aioros por medio del cosmo de Milo y Kanon, pero aún no sabían bien que había pasado con ella.

-Quizá yo debería ir a Atenas a averiguar que pasó- dijo Jérémie en un gesto nervioso- quizá debería llamar a la policía…-

-Tranquilízate, Jérémie- dijo Bianca, quien por su parte no estaba nada tranquila tampoco.

-¿Cómo pudo saber tu hermana que Margot no estaba en casa?- dijo Jérémie.

-Los santos de Athena le dijeron que algo había pasado- dijo Bianca- por favor, amore mio, ¿quieres…?-

Pero se interrumpió al escuchar el teléfono. Nuevamente era Sofi. Tras hacer callar a su esposo, Bianca contestó el teléfono y salió de la habitación para escuchar mejor, seguida de Jérémie.

-¿Hola?- dijo Bianca.

-¿Bianca?- escuchó la voz de Sofi- soy yo-

-¿Sofi?¿qué pasó?- dijo Bianca nerviosamente- ¿sabes algo?¿ya la encontraron? Yo no puedo…-

-No temas- la interrumpió Sofi con un tono firme de voz- los santos ya encontraron a Margot, y está aquí conmigo, en el Santuario. Está a salvo, no tienes que preocuparte, solo muy agotada-

-¿Qué le pasó?- dijo Bianca, con la piel casi verde de preocupación- ¿qué hacía allá en Grecia?¿cómo llegó allá? No entiendo-

Hubo un breve silencio en la línea.

-Es algo muy largo de contar- dijo Sofi tras suspirar en voz alta- Aioros dice que la podemos llevar contigo esta noche, solo hay que dejarla descansar un rato, está muy agotada-

-¿No podemos ir nosotros por ella?- dijo Bianca- ¿por favor? Quiero ver que mi niña esté bien…-

Bianca estaba muy aliviada de que su hija al menos estuviera con Sofi, y si decía que estaba a salvo… realmente esperaba que así fuera. Pero aún estaba muy preocupada, y quería verla con sus propios ojos. No en vano había pasado toda la noche dando vueltas en círculos de los nervios, y su esposo no estaba mucho mejor.

-Umm…- escuchó decir a Sofi, pensativa- creo que podemos arreglar algo al respecto-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Por fin las cosas comienza a mejorar. El próximo capítulo es el último, así que espero que lo disfruten. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo a todos.

Abby L.