GRAN ESPÍRITU

XIV: EPÍLOGO

Templo de Sagitario, Santuario de Athena

Poco antes

El portal creado por Kanon se abrió directamente en el templo de Sagitario, y tan pronto como Kiki y Margot aparecieron por él. Al cerrarse el portal, Kiki tropezó y cayó al suelo con todo y la chica, agotado, pero tuvo bastante cuidado de no lastimarla. Aioros y Sofi se apresuraron a ayudar a Kiki. El chico había relajado sus brazos, y con un poco de dificultad, Sofi hizo que Margot lo soltara, pues la chica estaba aferrada a él. Mientras que Aioros intentaba ayudar a Kiki con el mayor cuidado a incorporarse, Sofi intentaba ayudar a Margot, y la chica, al ver a su tía, se lanzó para abrazarla.

-Ya, no tengas miedo- le dijo Sofi en un susurro, al escuchar que la chica había comenzado a sollozar, asustada por lo que acababa de pasar- todo está bien, estás a salvo ya-

Aioros miró gravemente a su esposa y a la chica, y luego se volvió hacia Kiki. Suspiró con paciencia, ayudando al pelirrojo a levantarse.

-Creo que estos dos necesitan descansar- dijo Aioros, pasandose el brazo de Kiki por la espalda para que el chico se apoyara en él, y luego lo condujo a la habitación de aprendices, sentándolo en una silla. Luego regresó y alzó a Margot en sus brazos, y la llevó a la habitación, tumbándola en la cama con cuidado.

-¿Qué sucedió, Kiki?- preguntó Aioros, mientras que miraba de reojo a Sofi colocando una manta sobre la chica y quitándole las botas para que estuviera un poco más cómoda. Margot se había quedado dormida casi tan pronto como la habían puesto sobre el suave colchón: entre la aventura que ambos tuvieron y los rastros de lo que habían usado para dormirla.

-Es… una muy larga historia, señor Aioros- dijo Kiki, algo apenado, mirando también a Margot con un poco de preocupación.

-Va a estar bien- dijo Sofi, una vez que la revisó rápidamente y la cubrió con una manta, asegurándose de que estuviera ilesa- no está lastimada, solamente esta muy agotada. Y tú, Kiki, deberías ir a revisarte esas quemaduras en tus brazos, se ven muy mal-

Kiki se ruborizó levemente, de pronto recordando el dolor que sentía, pues durante toda esa terrible experiencia no había pensado en ello, solamente estaba preocupado por sacar de ahí a Margot y detener a los enemigos.

-Sofi tiene razón, Kiki- dijo Aioros, alzando las cejas- será mejor que vayas-

-Lo sé, señor Aioros, iré de inmediato con la señorita Athena- dijo Kiki, mirando de reojo a Margot, sin quererse separar de ella. Se había asustado: por un momento creyó que la iba a perder.

-Ve, la señorita Athena estaba muy preocupada por ti- dijo Aioros- te aseguro de que Margot seguirá aquí cuando regreses-

Kiki se ruborizó levemente, pero asintió, y salió corriendo rumbo al templo del Patriarca. Al ver que se tambaleaba, Aioros sonrió levemente y se apresuró a alcanzarlo para ayudarlo. Estaba herido, después de todo. Sofi se echó a reír, y tomó su teléfono celular, para avisarle a su hermana que su hija estaba a salvo, y no tenía que preocuparse.

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Lugar desconocido

Una vez que los cosmos de Phobos y Deimos desaparecieron por completo, los tres santos dorados fueron alcanzados casi de inmediato por Shion y Dohko, quienes miraron a su alrededor con una mezcla de preocupación y alivio.

-¿Kiki y la niña…?- comenzó a decir el Patriarca.

-A salvo- dijo Mu antes de que Shion pudiera terminar la frase- los enviamos de regreso al templo de Sagitario. Sofi y Aioros se encargarán de ellos-

Shion asintió, respirando aliviado.

-Bellini y Greta ya no nos darán problemas tampoco- añadió Kanon con cierto orgullo, mostrando un par de montones de cenizas en el suelo.

-¿Cómo pasó esto?- preguntó Dohko.

-Greta ya no estaba cuando llegamos- dijo Milo, cruzándose de brazos- a Bellini, los dioses gemelos lo destruyeron-

Dohko frunció el entrecejo.

-Bueno, regresemos a casa- les dijo el Patriarca- tenemos mucho trabajo que hacer esta mañana. Primero, asegurarnos de que Kiki y la niña estén sanos y salvos. Y ver cual fue el daño-

Los cuatro santos dorados asintieron.

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Entrada al Inframundo, Grecia

Poco antes

Perséfone, quien había estado sentada en el suelo todo ese tiempo, apagó su cosmo, y tras sonreír levemente, se dejó caer en el suelo, pues no podía sostenerse por mas tiempo. Le costó mucho trabajo mantener la naturaleza en orden. Desde el Olimpo, Demeter ayudó a mantener las cosas en calma. Justo antes de que su espalda estuviera en contacto con el suelo, Hades la atajó.

-¿Estás bien, florecita?- le dijo Hades con un tono preocupado, al mismo tiempo que Minos y Aiacos se acercaban a ella y miraban a su alrededor, asegurándose de que no hubiera sido atacada. Quizá todo eso había sido demasiado para ella. Hades sintió una punzada de pánico. ¡No debió dejar que lo hiciera ella sola!

-Tranquilo, cariño, estoy bien- dijo Perséfone, sonriendo aliviada- ya pasó el peligro. Hades, ya pasó todo-

Hades sonrió y la besó en la mejilla. ¡Vaya que se había preocupado! Sabía que Persone era muy sensible a todo lo que sucedía en la naturaleza, y esa abrupta liberación del Nahimana la podía haber afectado. Pero al parecer todo estaba en orden. No sabía que habían hecho los santos de Athena, pero habían detenido la amenaza.

-Bueno, volvamos a casa, florecita- dijo Hades, alzándola en sus brazos- supongo que no te gusta mucho estar en la superficie y no poder caminar-

Perséfone sonrió mientras rodeaba el cuello de su esposo con sus brazos. Hades se levantó junto con ella. Cruzó por la entrada del Inframundo. No pasó mucho tiempo cuando Minos y Aiacos lo siguieron.

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Habitación de Aprendices, Templo de Sagitario

Cuando Margot abrió los ojos, horas más tarde, se encontró con un par de hermosos zafiros brillantes. ¿Uh? ¿Había visto bien? La chica parpadeó, intentando aclarar su vista. No eran zafiros, era un par de hermosos ojos azules, sobre cada uno de los cuales había un punto de color rojo teñido sobre la piel. Eso le parecía muy conocido. Volvió a parpadear, y vio una sonrisa aliviada frente a ella.

-¿Uh?¿Kiki?- dijo Margot, como si dudara que fuera él.

-Sí, aquí estoy- dijo el chico- ¿cómo te sientes?-

-Me duele la cabeza- dijo Margot, llevándose una mano a la frente y frotándola repetidamente- ¿qué pasó?¿dónde…?-

-Bien. Todo está bien- dijo él con una sonrisa- estás a salvo en casa de tu tía Sofi, no temas-

Y de pronto, Margot recordó todo. Los dos villanos que se la habían llevado a un lugar desconocido, que habían regresado con Kiki, que lo habían torturado delante de sus ojos para hacerla entregarles ese corazón que le había dado Pequeña Tortuga cuando era una niña pequeña.

Margot abrió los ojos, asustada. ¡Kiki estaba herido! Y de alguna manera, el poder que ella poseía se le había escapado. Kiki pareció notar ello, por lo que le puso una mano sobre el hombro.

-Tranquila, estás a salvo- dijo Kiki, preocupado por ella- no te agites mucho-

-Tú… estabas herido- dijo Margot, mirándolo con ojos enormes- las quemaduras feas en tus brazos…-

-¡Curado!- le dijo Kiki con tono suave, pero firme- la señorita Athena las curó en un minuto. No te preocupes por ello, Margot. Mejor preocúpate por recobrar tus fuerzas- añadió, sonriendo con algo de amargura- lo vas a necesitar-

-¿Uh?- dijo ella- ¿porqué?-

Kiki rió nerviosamente y se rascó la nariz. Margot esperó pacientemente a que el chico dejara de reír.

-Eh… creo que ambos, tú y yo, estamos metidos en un problema- dijo Kiki, bajando la mirada.

-¿Porqué en un problema?- dijo Margot.

-Pues… justo ahora, aquí afuera están tus padres hablando con mi maestro- dijo Kiki, ruborizándose- llegaron hace unas horas, mientras estabas durmiendo…-

-Ooooh…- dijo Margot, súbitamente mucho más preocupada que antes. ¿Qué iba a hacer? ¡Sus padres la iban a matar! Primero, porque Pequeña tortuga le había dicho que era un estricto secreto, Margot jamás les había dicho sobre el Nahimana. Segundo, se iban a enfurecer cuando les contara que se salió al patio en la noche, sola, sin avisar a la tía Marie. Tampoco les había dicho que había besado a Kiki o que Hugo la había golpeado. Oh, por todos los dioses, mejor se olvidaba de esas personas malvadas: ¡sus padres la iban a matar!

La chica tomó la almohada y se la puso sobre la cabeza.

-¿Qué pasa?- dijo el chico.

-¿No puedo fingir que morí? Mis papás me van a asesinar, y luego me van a traer de regreso para asesinarme otra vez- dijo Margot, preocupada, y Kiki se echó a reír, le quitó la almohada de la cara y sacudió la cabeza.

-Realmente no creo que te asesinen- dijo Kiki- quizá castigos permanentes, en todo caso-

La chica lo miró con curiosidad.

-¿Y tú, porqué estás en problemas?- preguntó la chica- yo fui la que me mentí en ese problema, tú… solo intentaste salvarme-

-Eh…- comenzó Kiki, rascándose la nuca en un gesto apenado- pues sí, pero digamos que me robé la armadura de mi maestro, y luego salí del Santuario sin permiso cuando aún estaba castigado. Estoy seguro de que eso no le hizo mucha gracia-

Margot se ruborizó levemente, sintiéndose el doble de culpable, sabiendo que le había causado problemas también a Kiki. Suspiró resignada a lo que les esperaba.

-Entonces, ¿te castigarán para siempre, y además las siguientes dos reencarnaciones?- dijo Margot, y Kiki asintió- sí, lo mismo harán conmigo mis padres. Lo siento mucho, Kiki, fue mi culpa-

-Vamos, estoy seguro de que el castigo no será tan malo- les dijo Lowe, que había estado escuchando junto con Chanteloup. Los dos se volvieron al espíritu lobo y sonrieron.

-A él no lo conocía- dijo el pelirrojo.

Margot alzó las cejas.

-¿Puedes verlos?- preguntó la chica.

-Sí, de hecho, Chanteloup fue quien me ayudó encontrarte al principio- dijo Kiki, extendiendo su mano para acariciar la cabeza de Lowe. Se volvió hacia Margot y le ofreció la mano- bueno, déjame ayudarte a levantarte. Tus padres están ansiosos de hablar contigo y asegurarse de que estás a salvo-

Margot la tomó, dudosa, y le sonrió mientras que se incorporaba. Kiki no se pudo contener, y se acercó a ella para besarle la mejilla. Chanteloup gruñó, pero Margot le sonrió. Al ver sus ojos brillando de esa manera tan linda Kiki supo que, viniera lo que viniera, había valido la pena todo lo que había hecho.

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Templo de Sagitario

Al mismo tiempo

Aioros regresó de la cocina del templo de Sagitario con una tetera llena, y comenzó a servir té en cada una de las tazas que estaban sobre la mesa. Jérémie solo miró la suya con una expresión nerviosa, y Bianca apuró su taza con manos temblorosas. Mu no dijo nada, estaba con los brazos cruzados y una expresión en su rostro que era difícil de interpretar. Lydia lo acompañaba, pero estaba del otro lado de la sala, cuidando a los mellizos, mientras que Sofi se sentaba junto a su hermana y le ponía una mano en el hombro.

-Tranquila, Bianca, Margot estará bien- dijo Sofi por enésima vez, intentando ayudarla a calmarse- solo está muy agotada por lo que acaba de pasar. No está herida ni nada, no temas-

-Pero… no entiendo como se pudo salir de la casa sin avisar a Marie- dijo Bianca- Margot es una niña responsable, nunca antes había hecho algo así, y…-

-Tranquila- insistió Sofi- ya está aquí, ilesa y a salvo, y es lo que importa. No vale la pena que sigas sufriendo por ello. En un momento Margot va a despertar, y nos va a explicar todo lo que pasó-

Bianca asintió levemente, y se volvió a los otros. Aioros y Lydia tenían a los mellizos en sus regazos. Carina estaba en el regazo de su papá, extendiendo sus bracitos hacia Bianca, quizá sintiendo que su tía estaba preocupada. Lydia miraba de reojo a Mu todavía, dándose cuenta de que su chico estaba en silencio, meditando si tenía que enojarse o no con Kiki por los eventos de la noche anterior.

-¿Mu?- dijo Lydia, dudosa, pero el santo de Aries sacudió la cabeza, y la chica no dijo nada más. Abrazó a Markus. Sabía que cuando Mu estaba molesto no era inteligente molestarlo.

La puerta de la habitación de aprendices se abrió, haciendo un rechinido, y los cabellos rojos de Kiki aparecieron. El chico los miró tímidamente.

-Margot ya está despierta- dijo Kiki.

Jérémie y Bianca se pusieron de pie de golpe, haciendo que Markus diera un respingo de sorpresa y Carina hiciera un puchero, y entraron a la habitación tras el chico. Los demás presentes los siguieron al interior de la habitación de aprendices.

Tras varios "¡qué bueno que estás bien!" y "¡mamá, me estás avergonzando!", todos los presentes se tranquilizaron, y finalmente Margot y Kiki comenzaron a explicar lo que había pasado.

Mientras escuchaban, los padres de Margot se alarmaron por lo que había sucedido con los sioux cuando era niña, jamás se habían imaginado que había pasado algo así, y que haya traído tantos problemas. Cuando les dijo lo que Hugo había hecho, no solo sus padres, sino Aioros y Mu entrecerraron los ojos, furiosos, y Lydia estuvo a punto de decir algo, pero se lo pensó mejor. Finalmente escucharon lo que había pasado en esa cueva, cuando Kiki le regresó el corazón y la mantuvo a salvo.

-Muchas gracias por lo que hiciste, Kiki- dijo Bianca, inesperadamente abrazando al chico, quien se quedó tieso de susto- no sé que habríamos hecho sin ti-

-No… no es nada, señora Blanc- dijo Kiki, casi tan rojo como su cabello.

-Lo lamento mucho, mamá, papá- dijo Margot, cabizbaja- debí decirles lo que pasó. Es solo que… Pequeña Tortuga me dijo que era importante que guardara el secreto-

Sus padres sonrieron aliviados. Obviamente les habían quitado un horrendo peso de encima. Kiki también sonrió, y se volvió a los demás. Sofi y Aioros, el último con Carina en brazos, sonrieron aliviados. Lydia aún llevaba a Markus en los suyos, y miraba de reojo a Mu, quien tenía los ojos entrecerrados en una expresión molesta. Kiki volvió a bajar la mirada, aún no sabía si estaba en problemas o no.

-Ya es muy tarde. Son bienvenidos a quedarse con nosotros por esta noche- dijo Aioros a Jérémie y a Bianca, viendo que se estaba haciendo de noche- ya es tarde. Mañana pediremos a Saga o a Kanon que los lleven de regreso a casa-

-Gracias, muchas gracias- dijo Jérémie.

Iban a decir algo más, cuando Mu se volvió a Lydia.

-Lydi, ¿te molestaría quedarte esta noche en Piscis con Afro y Evelyn?- dijo Mu hablando por fin en un tono serio- necesito hablar muy seriamente con mi aprendiz-

Lydia asintió levemente, aún abrazando a su sobrino, y Kiki se puso, si era posible, aún más rojo de lo que ya estaba, y tras despedirse de Margot con una mirada, quien le regreso otra igual de preocupada, salió de Sagitario siguiendo a su maestro.

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Templo de Aries

Christoffer, Edith y Arthur habían estado esperando ansiosamente en la entrada de Aries a que Kiki regresara para poder preguntarle que había pasado y como estaba, pero ninguno de los tres se abrevió a abrir la boca al ver que su amigo había regresado junto con su maestro, y la mirada seria y molesta del santo de Aries hizo que los tres chicos desaparecieron con la mayor rapidez posible del primer templo. Chris y Edith subieron a Virgo y Arthur regresó a la cabaña de Argol.

Una vez que se quedaron solos, Kiki miró a su maestro, y volvió a bajar la mirada.

-Maestro, yo no…- comenzó el pelirrojo.

-Silencio- dijo Mu con un tono frío.

Kiki guardó silencio, y continuó con la vista en el suelo.

-Kiki, la verdad no sé que pensar de tu comportamiento- dijo el santo dorado- creí que te había enseñado mejor-

El pelirrojo guardó silencio, esperando el golpe.

-No me gustó nada que hayas peleado con Arthur, y tampoco que te hayas llevado la armadura de Aries sin permiso- continuó Mu, pero se cruzó de brazos y suavizó su mirada- pero hiciste bien en correr a intentar salvar a esa chica, incluso con la armadura. Pero la próxima vez…- continuó al ver que el chico levantaba la mirada- avísanos. Recuerda que somos un equipo-

Kiki sonrió levemente y asintió. Mu dio un paso adelante y lo abrazó. No solo era su maestro; había tenido a ese mocoso casi desde que nació, y realmente se había preocupado por él cuando pensó que Greta y Bellini lo iban a lastimar, o peor. Kiki también lo abrazó, muy agradecido.

-Gracias, maestro- dijo el aprendiz.

-Y una última cosa- dijo Mu cuando lo soltó- a partir de mañana, cuando Margot regrese a casa, tienes estrictamente prohibido teletransportarte para ir a verla sin pedir permiso primero. Quiero que seas responsable sobre el uso de tus poderes-

-Sí, maestro. Lo prometo- dijo Kiki, rascándose la nariz nerviosamente. Mu sonrió y le revolvió el cabello.

-Vete a descansar- dijo Mu- fue un largo día-

El chico asintió y tras despedirse, se metió al cuarto de aprendices. Mu sonrió al verlo desaparecer, y también decidió irse a descansar.

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Templo del Patriarca

Esa noche

Athena respiró por fin al escuchar de Aioros todo lo que Margot y Kiki le habían dicho que había pasado. Se dio cuenta de que estuvo cerca, Kiki casi no lo cuenta, y el poder que Margot tiene puede llegar a ser peligroso, así que decidió bajar a Sagitario, acompañada de Aioros y Shion.

Con cuidado abrieron la puerta de la habitación de Margot, y se encontraron a la chiquilla durmiendo. Antes de entrar a la habitación, la joven diosa se detuvo con una expresión sorprendida. Shion, quien solo venía a la chica durmiendo, se volvió hacia ella, extrañado por la reacción de Athena.

-¿Qué sucede?- preguntó Shion.

-¿No los ves?- dijo la joven diosa, señalando a Lowe y a Chanteloup- son dos lobos enormes que están con ella-

-Eeh…- dijo Shion, entrecerrando los ojos y mirando el espacio vacío alrededor de la cama de Margot- señorita Athena, no hay nadie aquí más que la niña. ¿Se siente bien?-

Athena lo ignoró, y se volvió hacia los dos espíritus lobo, quienes la seguían mirando y gruñendo. Ambos habían notado lo poderosa que era, y no sabían que no tenía malas intenciones.

-Tranquilos, no vengo a hacerle daño- dijo la diosa con una expresión amable- solo quiero saber si Margot está aún en peligro, para ver cómo podemos protegerla de los enemigos, y de sus propios poderes-

Chanteloup sacudió la cabeza.

-Margot liberó la mayor parte de sus poderes cuando trataron de sacarle su corazón- dijo Chanteloup- todo ese poder regresó a la naturaleza, donde debe estar. Lo único que puede hacer ahora es vernos conversar con nosotros, aunque ya no nos podrá ver igual que antes- añadió con tristeza- al parecer alguien más ocupa su corazón ahora-

-Oh, no creo que sea así- dijo Athena, sonriendo amablemente- seguro que Margot está enamorada, pero sé que los tiene en un sitio muy especial en su corazón-

Chanteloup y Lowe asintieron repetidamente.

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Templo de Géminis

A la mañana siguiente, Saga despertó un poco más tarde de lo habitual, aliviado de que todo el embrollo hubiera terminado. Se rascó la cabeza mientras que se arrastraba al cuarto de baño a darse una ducha. Lo hizo pensando en que le había parecido extraño que Cecy hubiera decidido quedarse en su habitación todo el día, y extrañamente Kostas la hubiera acompañado un buen rato, hasta que Aioria había ido por él. Se encogió de hombros.

Cuando salió de la ducha, Cecy ya se había ido al trabajo en el museo junto con Evelyn, cosa que a Saga no le extrañó. Cuando había algo que la molestaba, la chica se iba a hacer lo que tenía que hacer sin decir nada. El santo de Géminis se encogió de hombros otra vez, y se terminó de vestir con su ropa de entrenamiento.

Saga salió de su habitación, y se encontró en la sala a alguien que no esperaba ver ahí ese lunes por la mañana.

-¿Kostas?- dijo Saga, alzando las cejas- ¿qué estás haciendo aquí?-

-Papá, quiero hablar contigo de algo importante- dijo el niño.

Saga parpadeó. ¿Porqué esa súbita seriedad en su hijo? El santo dorado frunció el entrecejo y asintió, tomando asiento en uno de los sillones de la sala, mientras que su hijo se sentaba junto a él.

-Te escucho- dijo Saga.

-Quería preguntarte algo- dijo Kostas- sobre Cecy-

Saga sintió un vuelco. Debía haberse imaginado que su hijo iba a llegar preguntando sobre Cecy. No era secreto para nadie que ambos ya llevaban un buen tiempo juntos, y no había hablado con su hijo sobre sus planes. ¿Y ahora qué iba a hacer?

-Puedes preguntarme lo que quieras- dijo Saga.

-Hace mucho que Cecy es tu novia, ¿verdad?- dijo Kostas, y Saga asintió- no sé cómo preguntarte. ¿Vas a casarte con ella algún día?-

Saga se ruborizó. Vaya que esa era una pregunta directa. Los enormes ojos grises de Kostas estaban fijos sobre él. Tragó saliva. Vaya que era una pregunta difícil. El chico suspiró y extendió su brazo alrededor de su hijo, atrayéndolo hacia sí mismo en un abrazo.

-Tal vez- dijo Saga en voz baja- si ella me acepta-

Los ojos del pequeño se iluminaron al escuchar eso, y Saga no pudo evitar sonreír al verlo.

-La quiero mucho, papá- dijo Kostas.

-¿En serio?- dijo Saga.

-Tanto como a mi mamá- dijo Kostas.

Saga acentuó su sonrisa. Había estado tan preocupado de cuando llegara ese momento. Jamás pensó que sería tan sencillo hablar sinceramente con su hijo, y menos que él mismo lo apoyaría así. Suspiró en voz baja.

-Escucha, Kostas- dijo Saga- aún extraño y quiero mucho a tu mamá. Y que quiera a Cecy no significa que ella esté intentando tomar el lugar de tu mamá, y…-

-Papá- lo interrumpió Kostas- me gustaría que Cecy fuera mi mamá, si ella me acepta también-

Saga sonrió ampliamente y abrazó a su hijo. El primer paso, y el que pensó que era el más difícil, ya había pasado. Ahora solo faltaba el segundo: decírselo a Cecy. Suspiró.

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Templo de Sagitario

Al mismo tiempo

Esa mañana, Margot ya se sentía mucho mejor y estaba mucho más después de una buena noche de descanso, sabiendo que estaba segura y que nadie la iba a molestar de nuevo. Sus papás también habían pasado la noche en Sagitario, en la habitación contigua, y habían descansado de la larga noche que habían pasado en vela, preocupándose por su hija.

Margot salió de la habitación, y se encontró a su tía Sofi aún en pijama con una manzana en la boca.

-Buenos días- sonrió Sofi al verla, pasándose el bocado- ¿cómo te sientes hoy?-

-Mucho mejor, tía- dijo Margot, mientras veía a Sofi tomar otra manzana y lanzarla en su dirección. La chica la atrapó- gracias-

-No hay de que- dijo Sofi, acercándose a ella y, sin que la pequeña se lo esperara, la abrazó. Era su sobrina, después de todo, y realmente tuvo miedo de que los enemigos la lastimaran.

Casi al mismo tiempo, Aioros salió de la habitación, llevando consigo a los mellizos. Sofi rió al verlo con un bebé bajo cada brazo, y se apresuró a tomar a Markus, que era el que estaba más cerca. Margot sonrió y tomó a Markus mientras su tía se cambiaba el catéter de su bomba de insulina bajo la mirada curiosa de la chica.

-¿Cómo te sientes hoy?- le dijo Aioros, acomodando a Carina en sus brazos, mientras que la pequeña reía- me extraña que cierto pelirrojo no haya llegado aquí desde temprano-

Margot se ruborizó levemente, y se escondió detrás de Markus para que su tío no la viera.

-¿Crees que Mu lo haya regañado mucho, Aioros?- preguntó Sofi, colocándose el parche sobre el catéter y acomodándose su blusa- seguramente no. Kiki hizo lo que tenía que hacer-

-Creo que no le hizo mucha gracia que se robara la armadura de Aries- dijo Aioros- pero tienes razón, no tenía otra cosa que hacer-

Margot bajó la mirada, abrazando a Markus. Se sentía muy culpable, y no quería pensar que por su culpa Kiki estaría en problemas. Sofi sonrió levemente. Aioros de pronto sonrió también, y justo en ese momento el pelirrojo apareció en el templo de Sagitario con una sonrisa.

-Buenos días- dijo el pelirrojo, mientras que veía los ojos de Margot iluminarse con su sonrisa. Dejó que Sofi volviera a tomar a Markus y se acercó a abrazar a Kiki.

Mientras eso pasaba, Aioros y Sofi se miraron entre sí y sonrieron. Incluso los mellizos parecían felices.

-¿Qué haces aquí, Kiki?- dijo Aioros cuando vio que los dos chicos se separaron, algo ruborizados porque se acababan de abrazar frente a los tíos de Margot.

-Voy a acompañar a Margot y a su familia a casa- dijo Kiki, sacando el pecho orgulloso- mi maestro me dio permiso-

Aioros alzó las cejas y sonrió, pero no dijo nada. El pelirrojo, con sus mejillas tan enrojecidas como sus cabellos, se rascó la nariz, esperando a que los padres de Margot estuvieran listos para acompañarlos de regreso a casa.

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Casa de la familia Blanc

Kiki obedeció sus instrucciones y, tras una despedida entre Bianca y su hermana, toda la familia Blanc regresó a Francia. Bianca y Jérémie entraron a la casa, dejando que Margot y Kiki tuvieran un momento para despedirse.

Una vez que se quedaron solos, el pelirrojo tomó las manos de la chica.

-Bueno, creo que tenemos que despedirnos- dijo Kiki, algo entristecido por la despedida- pero podemos seguir charlando. Y cuando lo necesites, no dudes en avisarme-

-Gracias por todo, Kiki, en serio- dijo Margot- sé que no estaría aquí si no fuera por ti. Espero…- sonrió levemente- espero que tu maestro te deje venir a visitarme-

Kiki sonrió algo apenado. Dio un paso hacia delante y la besó, atrapando sus labios en un movimiento tierno. La chica sonrió mientras que el pelirrojo la besaba. Su corazón brincaba de contento.

Lowe y Chanteloup sonrieron y comenzaron a dar vueltas alrededor de ellos. Sabían que Kiki se encargaría de mantenerla a salvo de ahora en delante.

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Embajada Mexicana en Grecia

Esa noche

Cecy había regresado de su trabajo esa tarde, y se había encontrado con una noticia extraña. Su hermano y cuñada la habían invitado a cenar a la embajada, pero habían insistido en invitar a Saga y, extrañamente, a Kostas también. La chica tenía un problema con ello por dos cosas. Primero, había sido algo repentino: a Cecy no le gustaban nada los cambios abruptos de planes. La otra era que no entendía porqué habían insistido tanto: su cuñada planeaba algo.

Saga y Kostas no parecían muy molestos por el cambio de planes, muy al contrario, lo que le quitó a la chica un gran peso de encima.

Bueno, ya había pasado, y ya estaban ahí. Su hermano y su cuñada se comportaron normal, como siempre mientras cenaban, aunque se miraban entre sí de tanto en tanto. Kostas y Santi estaban jugando con los legos del último, y también los niños de repente levantaban la mirada hacia Cecy. La chica entrecerró los ojos sospechosamente.

-¿Qué se traen ustedes?- dijo Cecy de pronto- ¿hay algo que tengan que decir?-

-No, para nada- dijo Beatriz, encogiéndose de hombros como si nada y dando un sorbo a su copa de vino, mientras que Saga sonreía y tomaba la mano de Cecy bajo la mesa.

"Bueno, no puede estar embarazada, no estaría tomando vino", pensó Cecy al ver a su cuñada con su copa "¿porqué rayos ella y Diego se ven tan sospechosos?"

La entrada del mayordomo interrumpió los pensamientos de la chica.

-Tiene una videollamada de su mamá en México, señora- dijo el mayordomo, inclinándose levemente.

-De acuerdo, voy- dijo Beatriz, tomando su bastón y poniéndose de pie, para luego volverse a sus invitados- disculpen-

-Espera, te acompaño- dijo Diego, levantándose también y sonriendo inocentemente- vamos, Santi, a saludar a tu abuela. Disculpen, no tardamos-

Los tres salieron de la habitación y el mayordomo cerró la puerta tras de sí. Cecy se quedó mirando en punto donde habían desaparecido, preguntándose que estaba pasando, y solo regresó a la realidad cuando Saga besó su mano. La chica se volvió hacia él, sonrojada, y le sonrió.

-¿Cecy?- dijo Saga.

-¿Mmm?- dijo ella.

-¿Puedo preguntarte algo?- dijo Saga.

Cecy sonrió y volvió sus ojos color chocolate hacia él, mientras que el chico tomaba sus manos. Saga respiró hondo, pero sonrió.

-Te amo, Cecy- dijo Saga, besando un par de veces el dorso de sus manos- ¿quieres ser mi esposa?-

Al escuchar las palabras de Saga, Cecy palideció, excepto por sus mejillas, que estaban completamente enrojecidas. Como la chica estaba muy asustada por la inesperada pregunta, Saga sonrió y la rodeó con sus brazos, besándola en la mejilla repetidamente. Cecy cerró los ojos y se dejó abrazar. ¿Qué había dicho Saga? Estaba soñando, ¿verdad? No había manera posible que Saga siquiera considerara…

Cuando Saga se separó de ella con cuidado, Kostas, quien los había estado mirando, se acercó a ellos.

-Por favor, Cecy- le dijo el niño- quiero que tú seas mi mamá-

Cecy lo miró con ojos llorosos, y luego se volvió a Saga, sonriendo. Con una mano tomó la de Saga, con la otra abrazó a Kostas, y finalmente asintió. Los tres se abrazaron juntos: estaban a punto de ser una familia, después de todo.

Detrás de la puerta del comedor, Santi se cruzó de brazos mientras miraba a sus papás pegados a la puerta con una sonrisa.

-Vaya, pensé que nunca pasaría- dijo Diego.

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Habitación de Aprendices, Templo de Géminis

Más tarde

Horas más tarde, Cecy estaba sumida en un sueño intranquilo. Canuto lloriqueaba, tumbado a su lado, pero la chica no podía escucharlo. La verdad es que al principio había estado muy feliz. ¡Saga quería casarse con ella! Pero al mismo tiempo, no sabía si estaba lista para esa responsabilidad. ¿Ser la mamá de Kostas? ¿Qué sabía de niños? Ella servía para ello, ¿o sí? Salvo con su sobrino, nunca había sido muy maternal que digamos, ¿o sí?

Tras su habitual conversación con Canuto, donde le expuso sus preocupaciones, se había sentido tan ansiosa que había tenido que tomar una pastilla para evitarse una crisis. La pastilla le provocó mucho sueño, así que se cubrió hasta la cabeza con sus mantas y se quedó dormida.

Cuando Cecy abrió los ojos, ya no estaba en el Santuario de Athena. Se encontraba ahora en un hermoso jardín griego que jamás había visto, alrededor del cual había tres hermosos palacios. El sitio donde estaba era hermoso, y su corazón se sintió tranquilo.

Cecy se volvió, y vio que había una chica muy hermosa. Era mucho más alta que ella, con largos cabellos negros y una figura delgada, con la piel más blanca de lo que Cecy se habría imaginado que una persona podía tener.

-¿Dónde estamos?¿Quién eres?- dijo Cecy en voz baja, y fue entonces cuando la miró a los ojos: eran unos enormes ojos grises que había visto en alguien más- oh… tú eres…-

La chica sonrió.

-Sí, soy yo- dijo la chica- me llamo Casandra-

Cecy bajó la mirada algo entristecida. ¿Esa hermosa mujer era la mamá de Kostas? ¡Era impresionante! Eso la hizo sentirse mal. ¿Cómo Saga podía haberse fijado en ella, si había tenido antes una mujer tan alta y bella como Casandra? A diferencia de ella, Cecy era bajita, un poco morena, y no se sentía tan guapa como ella.

-No pienses eso- dijo Casandra, extendiendo su mano hacia ella y poniéndole la mano sobre la mejilla- Saga te ama con todo su corazón, más de lo que te imaginas. Me consta, yo lo he visto en sus ojos-

Cecy sonrió levemente.

-He venido a pedirte un favor- dijo Casandra- te estuve observando. Y sé que quieres a mi pequeño- la chica asintió levemente, y Casandra acentuó su sonrisa- por favor, cuídalo. Cuídalos a los dos-

-Lo haré- dijo Cecy, sonriendo levemente, aunque sentía sus mejillas húmedas por alguna razón. Se limpió las mejillas con el dorso de su mano- los amo a los dos. No necesitabas pedírmelo-

Casandra sonrió, y desapareció.

Cecy abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba de nuevo en la habitación de aprendices del templo de Géminis. Se llevó la mano al pecho para normalizar su respiración mientras que Canuto comenzó a ladrar, aunque estaba moviendo la cola.

-Ya sé, ya sé, estoy bien- dijo ella, quitándose las mantas de encima, haciéndolas a un lado y levantándose de la cama. Canuto parecía no haberla escuchado, pues seguía ladrando como enajenado.

Tenía que ver a Saga. ¡Tenía que decirle que lo amaba y que quería estar con él para siempre!

Cecy corrió hacia la puerta, y cuando la abrió, se encontró cara a cara con Saga. El santo dorado se había levantado y se había apresurado a verla al escuchar el escándalo que Canuto había estado haciendo, preocupado por lo que Kostas le había contado sobre la crisis de asma que había tenido.

Los dos se quedaron mirando entre ellos, y se ruborizaron al verse. Saga dormía sin camisa, y esa noche, inusualmente cálida para ser finales de noviembre, el chico solo usaba un par de pantalones cortos. Al mismo tiempo, Cecy también llevaba unos pantalones cortos y una blusa que mostraba un poco más de lo que la chica había deseado.

Ambos tardaron un par de minutos en reaccionar. Cecy se cruzó de brazos para cubrirse, avergonzada, pero Saga sonrió algo travieso. La rodeó con sus brazos para acercarla a su pecho. Cecy se dejó querer. Claro que le gustaba mucho eso. El chico comenzó a besarla en la mejilla, y luego en un lado del cuello. La empujó suavemente hacia dentro, y cerró la puerta tras de sí.

-¿Estás bien?- le preguntó Saga sin dejar de besar su cuello.

-Estoy perfecto- dijo Cecy mientras que ponía sus manos en los hombros de Saga. El santo dorado la tomó de la barbilla y la hizo levantar la mirada para poderla besar en los labios. Ambos sabían que no necesitaban palabras para decir lo que sentían.

x-x-x

FIN

¡Hola a todos! Espero que les haya gustado esta historia. Esta vez los capítulos me quedaron un poco largos, pero bueno, espero que los hayan disfrutado. Muchas gracias a todos por segur esta historia, y por todos sus reviews. La siguiente historia será de Argol, pero les tengo la mala noticia de que aún ni siquiera he comenzado a escribirla (bueno, sí, pero llevo 1 página del prólogo, así que va para largo) Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo, y nos leemos pronto.

Abby L.