OMAKE: NOTICIAS Y NOCHES

Casa de la familia Hernández, Santiago, Chile

Cecy comenzó a apretar nerviosamente su pelotita antiestrés mientras ella, Saga y Kostas caminaban hacia la entrada de la casa de sus papás. El chico sonrió y la rodeó con su brazo, ayudándola a quitarse el suéter que tenía puesto. Si bien en Grecia hacía frío, en Santiago aún era verano.

-Tranquila- le dijo Saga con cariño mientras doblaba en suéter entre sus manos- todo va a salir bien-

La chica tragó saliva, y volvió a apretar la pelotita. No podía dejar de sentirse nerviosa. No era todos los días que daba ese tipo de noticias a sus papás, y no tenía la más mínima idea de como reaccionarían. Sacudió la cabeza. Sí se lo imaginaba, y por eso estaba nerviosa.

-¿Papá?- dijo Kostas en un susurro- ¿porqué está tan nerviosa?-

Saga se encogió de hombros y se llevó el índice a los labios por un momento, y volvió a abrazar a Cecy.

-Cecy, en serio va a estar bien- le dijo Saga, presionando sus labios contra la mejilla de ella- son tus papás. No tienes porqué tener miedo. Además, no te dejaremos sola ni un momento-

Cecy levantó la vista hacia él, y pudo notar que, hasta cierto punto, Saga también estaba algo nervioso, pero tuvo cuidado de no mostrarlo. La chica llamó a la puerta, y esperó pacientemente, mientras que Saga detenía su mano, hasta que su mamá abrió la puerta.

-¡Cecy linda! Que bueno que vinieron a vernos- dijo la mujer, y se volvió a los otros dos- ¡Saga, Kostas! Que gusto verlos a ustedes. Pasen, pasen- añadió, tomando al mismo tiempo la mano de su hija y de Saga, y tirando de ellos para que entraran a la casa.

La mujer los condujo a la sala y los hizo sentarse.

-Vamos, siéntense- dijo la mujer, y se volvió al niño, poniéndole las manos sobre los hombros- Kostas, te ves más delgado que la última vez que te vi. ¿Que no le dan de comer a este niño?-

-Sí, mamá- dijo Cecy nerviosamente, aún apretando su pelotilla en sus manos.

-Lo que pasa es que hace mucho ejercicio- dijo Saga.

-Por eso pienso que come muy poco- dijo la madre de Cecy, sacudiéndose las manos, sin poder dejar pasar esa oportunidad de alimentar a Kostas y, de paso, a su hija y a Saga- los tres están terriblemente delgados-

-Mamá, nosotros…- comenzó a decir Cecy.

-Un momento, linda- dijo la mujer, caminando a la cocina- tu padre ya viene-

Cecy asintió y tomó nerviosamente la mano de Saga, quien le sonrió. Cuando la madre de Cecy regresó de la cocina con un enorme tarro lleno de galletas recién horneada, los ojos de Kostas se iluminaron. Saga rió en voz baja.

-Toma, Kostas, cariño- le dijo la mujer, poniendo el tarro de galletas frente al pequeño- vamos, come, estás muy delgado-

Kostas miró dudoso el tarro de galletas.

-¿En serio puedo comer galletas?- dijo Kostas, mirando a la mamá de Cecy, y luego a Saga, quien asintió levemente.

-Claro, todas las que quieras, cariño- dijo la mujer.

Aparentemente Kostas le tomó la palabra y primero tomó tímidamente una galleta. Tras probarla, comenzó a comer de dos en dos. La mamá de Cecy lo miró, satisfecha de ver comer al pequeño, y se volvió hacia Saga y Cecy.

-Ya llegó tu papá- dijo la mujer, y Cecy dio un respingo al darse cuenta de que su papá también estaba ahí, de pie en la entrada de la sala.

-Hola, papá- dijo Cecy, sonriendo- recuerdas a Saga, ¿verdad? Y a Kostas-

-Por supuesto- dijo seriamente el hombre.

Saga lo saludó amablemente, a pesar de su tono frío, y tomó asiento nuevamente junto a Cecy. Kostas solo hizo un gesto para saludarlo, agitando la galleta que tenía en la mano.

-Papá, mamá, Saga y yo tenemos algo muy importante que decirles- dijo Cecy al ver a su papá tomar asiento en el sillón frente a ellos, aún mirando a Saga con cara de pocos amigos.

Saga comprendía, hasta cierto punto, la actitud del padre de Cecy. Se imaginaba que, en algunos años (esperaba que muchos) su hermano Kanon se vería en exactamente la misma situación, mirando de reojo y por encima del hombro al incauto que se atreviera a enamorarse de Elsita, y claro que él mismo, Saga, se sentiría con esa necesidad de proteger a su sobrina y que no fueran a lastimarla de ninguna manera. Suspiró y siguió intentando sonreír amablemente.

La mamá de Cecy sonrió.

-¿Ah, sí?- dijo ella- ¿qué cosa?-

Cecy volvió su mirada a Saga, quien le apretó la mano suavemente para animarla, y tomó aire.

-Saga y yo nos vamos a casar- dijo finalmente Cecy en una sola y rápida frase, que hizo que Saga acentuara su sonrisa.

La reacción de la madre de Cecy fue instantánea y eufórica. La mujer se levantó y, tras gritar de emoción, se acercó a los dos chicos, tiró de ellos haciéndolos levantarse de su asiento, y los abrazó al mismo tiempo. El padre de Cecy solo se hundió en su asiento, enfurruñado.

-¡Ah!¡Esto es tan emocionante!- gritó la madre de Cecy mientras los abrazaba a ambos- ¡estoy tan feliz por los dos!-

Cecy sonrió nerviosamente al ver que su mamá los soltaba a ella y a Saga, y se volvía a Kostas.

-¡Kostas! ¿Este lindo chiquillo es mi nieto ahora?- dijo la mujer, casi eufórica- ven acá, cariño, dame un abrazo-

Kostas sonrió a su nueva abuela y proveedora de galletas, y la abrazó. Era la primera vez en su vida que sentía algo así, el cariño de una abuela. La mujer no lo soltó. ¡Estaba demasiado feliz!

Cecy, mientras tanto, volvió su mirada hacia su padre, quien seguía cruzado de brazos y enfurruñado en su asiento. Finalmente, suspiró y se acercó a ellos. Abrazó a su hija y la besó en la frente. Después de ello, volvió su mirada hacia Saga, entrecerrando los ojos.

-Si algo malo le pasa a mi niña, te mataré. Te advierto que tengo una pistola- dijo el hombre.

-¡Papá!- dijo Cecy en tono de reproche.

En otras circunstancias, Saga hubiera sonreído. Al parecer, el padre de Cecy no sabía que Saga era a prueba de balas. Pero eso no importaba ahora. Con la misma mirada seria, el santo dorado asintió.

-No será necesario, señor- dijo Saga con la misma mirada grave- tendrán que pasar por mi cadáver antes de ponerle un dedo encima-

El padre de Cecy lo miró por unos minutos, y finalmente asintió.

-De acuerdo- dijo él, suavizando la mirada.

La madre de Cecy parecía concentrada en su nuevo nieto, que no puso atención al intercambio entre su esposo y Saga.

-¡Qué lindas noticias!- dijo la mamá de Cecy- vamos, todos al comedor. ¡Esto hay que celebrarlo!-

Cecy dejó escapar todo el aire que tenía en los pulmones. Saga la rodeó con su brazo y la atrajo hacia sí mismo por unos segundos, y la besó en la mejilla.

-¿Estás bien?- le preguntó el chico.

-Perfecto- dijo Cecy- creo que sobreviviremos el día de hoy-

Saga rió en voz baja, y se volvió a Kostas, alzando las cejas. Tenía la boca llena de chocolate. El santo suspiró. Realmente esperaba que no le doliera la panza por comer tantas galletas.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Kanon abrió los ojos a la mitad de la noche y buscó a tientas su teléfono celular para mirar la hora. Cuatro cuarenta y dos de la mañana. El gemelo dejó caer el aparato en la mesita de noche, gruñó de sueño y se giró sobre la cama. Al sentir el movimiento, Satu se ovilló en sueños y apoyó su cabeza en el pecho de él. Kanon sonrió, y la besó en la frente.

Estaba tan agradecido con los dioses por haber encontrado a Satu. La chica había llegado a su vida por accidente, y desde ese momento se volvió el centro de todo su universo. Le acarició la mejilla con cariño, y la chica hundió más su rostro en el pecho de Kanon, y éste la rodeó con sus brazos, y al sentir sus hombros fríos se los frotó con cariño para hacerla entrar el calor. Aquella noche era fría, y no quería que su chica tuviera una mala noche.

Su hermosa chica. Su esposa en todo, excepto en nombre.

Kanon suspiró, más alerta de lo que le gustaba estar a esa hora de la madrugada. Satu había estado a su lado todo ese tiempo. Era su mujer, su chica, la mamá de su pequeña.

-Hace mucho frío…- dijo Kanon en voz baja. Claro, quizá Satu no tenía tanto frío, siendo originaria de un país nórdico. En cambio, Kanon era griego, y esa noche se sentía terriblemente frío. Se sentó sobre la cama para tomar la manta para cubrirse con ella, y de paso cubrir a Satu también. La chica bostezó y entreabrió los ojos.

-¿Mmm?¿Kanon?- dijo ella.

-Shhh… todo está bien- dijo el gemelo.

-¿Tienes frío?- dijo la chica, sonriendo y frotando los hombros de Kanon con sus manos- sí, tienes los brazos helados-

-Estoy bien, en serio- dijo Kanon en voz baja.

La chica sonrió y se levantó sobre la cama para besarlo en la mejilla, y se tumbó a su lado de nuevo a su lado, dándole la espalda. Kanon volvió a sonreír y la abrazó de nuevo, rodeándola por la cintura y atrayéndola hacia sí mismo y comenzó a besarla en la parte posterior de su cuello. Satu rió en voz baja y se volvió hacia él con una enorme sonrisa. Kanon acarició el rostro de la chica con ternura.

¡Cómo la extrañaba!

Bueno, no era como que se había ido a algún lado, pero la mayor parte del tiempo ambos habían estado enfrascados en cuidar a Elsita, tanto que sus vidas habían girado alrededor de la pequeña. Kanon no se quejaba, sabía que ambos adoraban a la pequeña, pero sentía que algo faltaba en su relación con Satu.

La chica parecía sentir lo mismo, pues comenzó a buscar los labios de Kanon con los suyos en la oscuridad. El gemelo se dio cuenta de lo que estaba haciendo cuando ella lo besó. El corazón del chico comenzó a latir con fuerza, y sintió a misma emoción que había sentido cuando recién habían comenzado a vivir juntos. Sonrió al sentir los labios de su chica, y volvió a atraerla hacia sí mismo.

Toc toc

Los dos se detuvieron, se separaron precipitadamente y se ocultaron juntos bajo las mantas de la cama mientras escucharon un ruidito en la puerta. Sin esperar respuesta, la persona que estaba en la puerta giró el pomo y empujó la madera. Al escuchar los pasitos acercándose a la cama, Kanon y Satu se sonrieron levemente bajo las mantas. Kanon le guiñó un ojo, y se descubrió.

-¿Papi?- dijo la vocecita de Elsita.

-¿Qué pasa, cariño?-

-Quero agua- dijo la niña.

Kanon asintió y se levantó de la cama, tomando la manita de su pequeña y la acompañó a la cocina, donde sirvió un vasito de agua y se lo entregó a Elsita. La niña bebió sin quitar la mirada de encima de su papá.

-Ya- dijo la pequeña, regresando el vaso a Kanon.

-¿Cómo se dice, Elsi?-

-Gacias, papi-

Kanon sonrió y se inclinó para alzar a su pequeña, caminando con ella de regreso a su habitación. La metió a la cama, le acomodó su pijama rosa y se aseguró que tuviera ambos calcetines puestos antes de apagar la luz y salir de la habitación. Elsita se tallaba los ojitos y bostezaba, y cayó rendida casi de inmediato.

-Buenas noches, cariño- susurró Kanon antes de cerrar la puerta.

El gemelo regresó a su habitación con una sonrisa curiosa en su rostro, Satu lo estaba esperando, sentada sobre la cama.

-¿Qué pasó?- dijo ella.

-Tenía sed- dijo Kanon simplemente, encogiéndose de hombros.

Ambos se miraron a los ojos unos segundos, y sonrieron ampliamente. Kanon cerró la puerta de la habitación con llave y se apresuró a la cama junto con Satu.

Elsita estaba dormida: tenían que aprovechar el tiempo.

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FIN

¡Hola a todos! Después de un par de semanas de ausencia les tengo esta sorpresa. Mañana salgo de campamento y regreso el 30 de julio, y ese día comenzará el siguiente fic, que ya está listo y nuevecito. Muchas gracias a todos por dejar sus review. Les mando un abrazo a todos.

Abby L.