Hola, este One Shot está inspirado en el final que iba a tener mi fic de Eldarya: El mundo de Eldarya (que gran titulo tan más pensado y creativo) ;).
Los personajes de esta historia no son de mi autoría, créditos a sus respectivos creadores: Chinomiiko y Beemoove. La historia secundaria sí es una creación mía y me reservo los derechos.
Espero les guste y les dejo saludos virtuales...
Revelaciones
Cuando marcó el número 26 en el calendario una especie de detonación estrujó su estómago para después comprimir su corazón.
Hacía una década de su inesperado arribo a Eldarya y aunque ya no estaba a la deriva aún extrañaba el que alguna vez había sido su hogar.
Hija única, de padre viudo que se levantó de un duelo y la sacó adelante con la ayuda de su hermana. Sus primos se convirtieron en sus hermanos y su tío en un segundo padre.
Sus abuelos maternos siguieron velando por ella y su padre hasta el final de sus días, sus abuelos paternos les prometieron continuar con aquella amorosa labor.
¿Cómo no extrañar un hogar lleno de amor?¿Quién cuidaría a su padre? ¿Aún la recordarían? ¿Aún la buscarían? ¿Y si la olvidaban…? ¿Y si ella los olvidaba? ¿Sus abuelos aún vivirían…?
La crudeza de la última pregunta retumbó con frenesí en su mente; sus abuelos ya eran mayores cuando ella desapareció, ya sobrepasaban el promedio de esperanza de vida de su país.
—Tenían ya casi 80…— Gardienne se abrazó a si misma— cuando me fui— le informó a Leiftan.
—Tus abuelitos… ¿Eran unos adolescentes? —la mirada de Leiftan reflejaba confusión y sorpresa.
—Ustedes son longevos— sonrió con tristeza— los humanos solo somos un suspiro en el tiempo…—
Leiftan recorría el mercado cuando encontró deambulando a Gardienne, su mirada vacía le advirtió que algo le sucedía.
"Hoy cumples una década" fueron las palabras clave que lograron que la reacia joven bajara la guardia y le confesará su pesar.
—Ya deberían de tener noventa…— su semblante lúgubre evidenció su temor — la persona más longeva documentada vivió 122 años y al paso que voy…— "jamás regresaré", un nudo en su garganta interrumpió su oración.
—Confío en que los volverás a ver— posó su mano en su hombro, lo apretó con delicadeza y le dedicó su mejor sonrisa en un intento vano por minimizar su aflicción.
—Leiftan…— sus ojos lilas lo contemplaron implorantes— ¿Cuándo volveré a casa? —
Hacia bastante que no escuchaba nada referente a su mundo humano salir de su boca, en un principio los "¿Cómo volveré a casa?, ¿Cuándo volveré a casa?, ¿Qué necesito para volver a casa?..." y semejantes no paraban. Conforme pasó el tiempo fueron disminuyendo en cantidades e intervalos hasta que cesaron.
—Necesito regresar con los míos— su voz alegre carecía de vida, un débil y vacío hilo de palabras salían con dificultad.
Les había pedido tantas e incontables veces regresar, que las palabras se habían desgastado junto con sus esperanzas.
—Te lo dijimos…— Leiftan la miró con congoja, tenía la absurda esperanza que el tiempo le hiciera olvidar, la cansara y dejara el tema de lado para siempre— No sabemos cómo…—
—Prometieron buscar una forma, darme información…— en algún momento Gardienne los hubiera mirado con reproche, les hubiera gritado, inclusive hubiera huido pero ya no tenía fuerzas— Juro que investigué todos los libros, pergaminos y demás, hasta los releí…pero no encontré nada…— relataba con incredulidad.
—Gardienne— Leiftan la abrazó con calidez.
Los subsecuentes días la joven seguía apagada, su avivada mirada había perdido luminosidad y su actuada sonrisa emanaba pesar.
—Vamos…— la arrastraba Alajéa con una sonrisa infantil en dirección a la biblioteca— Nevra necesita los libros—
—Ya voy— Gardienne arrastraba los pies, ni su hiperactiva compañera la consolaba.
—Tú estos…— Alajéa le entregaba una lista cuidadosamente escrita—Y yo estos— señalaba la mitad del resto de la hoja— será más rápido si repartimos el trabajo—
Una con rapidez y otra con zozobra, cada una fue en busca de las fuentes bibliográficas requeridas por el vampiro.
Por mera inercia cumplía el mandato, con torpeza andaba entre los pasillos y por cada libro encontrado profería largos suspiros. Su distracción provocó la colisión entre un carrito y sus pies. Los libros volaron y ella cayó.
Aturdida recogió libro por libro hasta que una serie de voces pausaron su estado autómata.
—Debe saberlo— la voz susurrante de Leiftan atravesó la gruesa puerta de madera mínimamente entreabierta.
Cuidadosamente Gardienne pegó su oído para poder escuchar mejor:
—No es viable— sentenciaba Miiko.
—Concuerdo con Leiftan, tenemos que decirle— Valkyon apoyaba a Leiftan.
—No es nuestro problema…— manifestaba Ezarel.
—Debemos regresarla…— Gardienne se cubrió la boca— Es momento de abrir el portal— decía Leiftan ante el asombro de la humana que se sentía corrompida por la furia.
—No—sentenció Miiko causando una dolorosa puñalada en su corazón, sus globos oculares ardieron y gruesos lagrimales los sosegaron.
— ¿Qué haces? — Alajéa susurró a su espalda— No es correcto espiar a los demás…—
—Cállate y no te inmiscuyas— murmuró Gardienne con rabia.
—Pero…— Alajéa calló ante la mirada colérica de la humana y sin pena alguna la imitó.
— No podemos enviarla a estas alturas a su mundo— Apoyaba Ezarel a Miiko.
—No se hará, se quedará aquí y les reitero que habrá severas consecuencias para cualquiera que desobedezca mi decisión—
La humana y la sirena se miraron consternadas, habían descubierto más información de la que su mente podía procesar.
La puerta se abrió dejando al descubierto a las dos contrariadas espías.
—Gardienne— pronunciaron al unísono.
— ¡Me mintieron! — su mirada irradió ira.
— Déjame explicarte…— Leiftan se acercó cauto pero la aludida retrocedía dos pasos por cada uno que el avanzaba.
— ¿Cómo pudieron? — Reprochó— ¿Cómo pudiste? — posó su herida mirada en Valkyon.
Desde su llegada se apegó y sinceró con el jefe obsidiana, creo sentimientos puros, se volvió su confidente al igual que ella. Y aunque el actuar de todos la lastimó, ninguno se comparó con la decepción que Valkyon le causó.
—Ya recordará…— dijo Miiko mientras contemplaba la apresurada huida de la humana.
Gardienne se encerró en su habitación, no escuchó excusas ni razones. Lo que le habían hecho no tenía justificación
—Ven…— una serena voz la llamaba en sueños—Ven…— se despertó para obedecer el llamado del oráculo.
Embelesada por la serena e hipnótica voz corrió a su encuentro en la sala de cristal en donde el indescriptiblemente hermoso oráculo ya la esperaba.
—Es momento— resonó en su mente —acércate—
El ambiente irradiaba paz, su tempestad interior se había convertido en serenidad, sin temor alguno obedeció. Cuando estuvo a unos centímetros del espíritu este tomó suavemente su barbilla y con una mirada maternal dijo cálidamente en su mente; "Es momento de que recuerdes la verdad…"
—Iré a dar un paseo— le anunciaba Gardienne a su abuela.
—No llegues después de la cena—
—No lo haré— respondió con un guiño y se colocó su chamarra blanca.
—Tampoco deambules en el bosque al caer el sol— recomendaba la anciana con agobio. Su intrépida nieta siempre los tenía con el Jesús en la boca.
—Tranquila abuelita, regresaré antes de que papá llegue— su abuela sonrió aliviada, su hijo no salía después de las cuatro los sábado—Solo quiero estirar las piernas— besó a su abuela en la frente y le dedicó su mejor sonrisa —Prometí ya no darles más sustos…—
—Te creo…— le devolvió un maternal beso y la dejo partir, aumentando su mañanero mal presentimiento.
Hacía unos días que Gardienne había terminado oficialmente la universidad, su arduo esfuerzo había dado frutos.
Caminaba aceleradamente mientras apretaba sus puños, no podía cantar victoria, aún faltaba la repuesta aprobatoria de su tesis que le otorgaría el título. De su bolsillo izquierdo sacó un sobre doblado que contenía el motivo de su angustia.
—Es tiempo… — dijo cuando ya estaba internada en el bosque— Por favor…por favor— se armó de valor, rasgó el sobre, sacó el contenido y lo leyó— ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!— repetía eufórica; su tesis había sido aprobada.
Un ruido extraño interrumpió su celebración, un alce se lanzaba en su encuentro y amenazaba con atropellarla. La pobre humana a duras penas logró esquivar el primer ataque, el pasto mojado causó que resbalará. La súbita caída no le permitió sostenerse o cubrirse. Su cabeza golpeó una puntiaguda piedra que taladró su cráneo y produjo una hemorragia que le causó una muerte instantánea.
—Que alivio…— acarició su acelerado corazón fantasmal cuando la ilusa creyó que el alce había desistido. Crédulamente guardó silencio, sin saber que no era necesario pues el animal ya no podía verla —¿Un circulo de champiñones? — contempló curiosa la circunferencia de hongos.
Segundos después varias esferas luminiscentes y una ráfaga de aire la transportarían a Eldarya, dejando como único testigo a su cadáver en el centro del circulo de champiñones…
—No, no…no es cierto— sollozaba la humana desplomada en el suelo—No puedo estar…—
—Lo siento… — Miiko había contemplado la escena— No tienes un cuerpo físico con el cual regresar— se hincó a su lado y la abrazó—Serías un fantasma…nadie te vería…—
Los jefes de las 3 guardias y Leiftan observaban con impotencia la escena.
—Déjame sola— pidió Gardienne con amargura— ¡Déjenme sola! — Todos a excepción de Valkyon obedecieron— Dije que…— Sin dejarla terminar Valkyon la abrazó y dejó que llorará hasta el cansancio…
Contempló tres tumbas casi simétricamente alineadas, arregló y asignó un ramillete de tulipanes, también pulió el grisáceo material de cada una de ellas.
Primero su hija, cinco años después su padre y ahora casi diez años después su madre…
—George— su hermana agitaba su hombro— Está enfriando…—
—Ya casi término— una gruesa mancha se resistía a ser pulida.
El tiempo había pasado por ambos hermanos, las canas invadían casi por completo la antes larga cobriza melena de ella, mientras tanto el escaso pelo que le quedaba a él había perdido completamente su pigmentación.
— ¡Mamá! — gritaba desde lejos el menor de sus hijos que aún era soltero —El camino es largo— anunciaba y señalaba el turbio cielo con preocupación.
La mujer pellizcó la abundante y desaliñada barba de su hermano para hacerle reaccionar.
—Listo— miró satisfecho— No debería de visitarte aquí a ti…— señaló la tumba de su hija.
No importaba cuanto tiempo pasara, aún la seguía extrañando.
—Te hará bien quedarte con nosotros— susurró su hermana con ternura intentando ocultar su tristeza.
—Gracias Magda— la abrazó— será incómodo para los tres— miró por última vez las 3 lapidas— No me hace bien venir aquí…—
—Por eso te mudaras conmigo— le sonrió su acompañante.
—Será hasta que encuentre donde vivir…— la desolación mancillaba su ronca voz.
—Sabes que hay cuartos de sobra — reprochó la mujer con cansada expresión.
—Que se llenan en verano con mis sobrinos— las risas infantiles de los nietos de su hermana le devolvieron por un instante la alegría.
—A Leo le gustará tener a su compadre de borracheras…— le intentaba animar Magda.
Sin decir más los huérfanos y avejentados hermanos continuaron su camino, retomaron su fugaz vida que se extinguió más rápido que un suspiro.
