Turno del Odioso Elfo.
Habían pasado ya varios años desde su súbita e inexplicable aparición en la sala de Cristal.
El recuerdo de su aparición era distantemente lejano. Jamás imaginó que residiría por tanto tiempo en aquel insólito mundo. Ella, ¿una humana endeble en Eldarya? ¿Un ser inferior e insulso? ¿Un ser considerado vil y maligno para muchos?.
Era irónico que ahora la aceptasen como una de ellos. Después de tanto restregarle su lado humano (como si fuese algo malo). Después de haber querido mantenerla en una húmeda celda cual peligroso criminal y cuyo destino solo fue alterado gracias a su protector (y ahora íntimo amigo Kero). Después de jurarle y perjurarle que la regresarían al lugar al que pertenecía a su primer oportunidad… Después de tantas desgastantes fricciones y riñas que le auguraban una corta estadía… Al final, todo terminó con un irrisorio vuelco de 360º. Pues ella, la humana obtuvo su confianza. Ella, la de raza deshonrosa se ganó su leal amistad. Ella la indeseable y pasajera huésped al final, no regresó a casa.
La larga convivencia le permitió limar asperezas, pudo dejarse conocer y con ello, derrumbar arcaicos estigmas sobre su estirpe. Había tenido más tiempo del que le hubiera gustado contar; días que llegaron a semanas, semanas que pasaron a ser meses y meses que se convirtieron en años.
En un punto dejó de torturarse y reseteó su memoria hasta que perdió la percepción del tiempo. Cualquier calendario o papelucho en que figurara su fecha de llegada a la guardia de Eel fue destruido por sus tijeras, encendedor y en el más arrebatado de los momentos, sus manos.
Ahora mientras sostenía con asombro e incredulidad la lagrima de dragón que la regresaría a su entrañable hogar se veía más incapaz de recordar la fecha y más aún de hacer una sencilla operación matemática.
Con la euforia recorriendo sus venas y llegando hasta lo más recóndito se cuerpo, su pensamiento se hallaba mermado. No hacía más que balbucear y contemplar con avideces el objeto de color abrasador.
Años y sacrificios le había costado reunir todos los requisitos para abrir un portal de retorno al mundo humano. En una de las ocasiones que lo logró, cedió su lugar para una misión de abastecimiento de alimentos. En otro momento otorgó su lugar al hombre enmascarado, quien resultó ser un científico humano con sangre fairy que al igual que ella había pisado un círculo de zetas.
—¿Quién eres?— Cuestionaba Leiftan al ahora desenmascarado— No lo preguntaré de nuevo ¿Quién eres? — repitió amenazante.
—Solo hablaré con ella — respondió desafiante el hombre.
—No. Solo hablarás conmigo— espetó impasible el rubio.
—¿Quieres respuestas? — Su mirada retadora no se doblegó. Llevaba días en aquel interrogatorio exhaustivo. Nevra, Ezarel, Valkyon y Miiko ya lo habían encarado sin resultado. Leiftan era la penúltima esperanza— Tráeme a la humana, quiero hablar con ella—
—No hay ningún otro humano—
—¿Seguro?...Porque de ser así, acabas de obtener mis últimas palabras— concluyó el anónimo hombre, que tras horas de presión no sucumbió.
—No hablará más— explicó exhausto a Miiko, Jamón y los tres jefes de las guardias que le aguardaban fuera de la sala de interrogación—Exige hablar con Gardienne— todos le miraron estupefactos.
—¿Cómo es que sabe de ella? — Se anticipó Ezarel a cuestionar en nombre de todos.
—¿Será su cómplice? — se adelantó Miiko a poner sobre la mesa la premisa que hasta ese punto explicaba mejor el hecho.
—Lo dudo— Valkyon permanecía recargado en la pared con los brazos cruzados y semblante reflexivo—No tiene el carácter ni el valor para convertirse o ser una traidora—
—Podría ser una espía encubierta— Recordó Miiko a los infiltrados con dotes excepcionales de actuación a los que se habían enfrentado.
—No es espía, es solo una humana.— aseveró Nevra, su ojo clínico en estos temas era infalible—Sus reacciones de asombro, miedo y desconcierto han sido siempre genuinas. La expresión puede fingirse. Las reacciones biológicas ante ciertos estímulos no pueden encubrirse o aparentarse. Su corazón se agitaba, sus pupilas se dilataban y palidecía con cada ser antropomorfo o bestia con la que se topaba. Su respiración era ahogada con cada conjuro que presenciaba. Era miedo y asombro genuino lo que ella manifestaba— Explicó de manera inequívoca— Mis agudos sentidos lo corroboran—añadió con tan irrefutable veracidad que nadie pudo conseguir argumentos factibles para contradecirlo.
Tras varios alegatos más en los que revindicaron la conversación a la queja principal, decidieron jugar su última y más potente carta: Jamón.
Así fue como el imponente y coloso ogro se dirigió a la sala de interrogación. Sus estentóreos bramidos y golpeteos en la mesa no turbaron al desenmascarado.
— ¡Hablar ya! O ¡Conocer mi ira! —
—¿Enserio?... —esbozó una sonrisa sardónica. Se levantó de su silla y se acercó al ogro hasta donde las gruesas cadenas que lo sometían se lo permitían— Muéstrame— sus ojos cafés brillaban desafiantes. Una mirada azulada y una cobriza libraban una férrea batalla en que su honor y coraje estaban en juego—¿Ves? — Añadió finalmente— No eres capaz…—
Miiko contemplaba la puerta de la sala de interrogación. Lleva horas escuchando estruendosos golpes en la pared, crujidos estridentes y horridos gruñidos.
—¿Nada aún? — Miiko negó con apremio—Se nos terminan las cartas—Leiftan suspiró.
—Es más fuerte de lo que imaginaba— confesaba con frustración la kitsune.
No pasó mucho para que Jamón saliera de la habitación con la enfrente en alto, cerrará con tranquilidad la puerta y una vez que esta bloqueara en su totalidad la visión del cautivo, se permitiera dar paso al abatimiento.
—Intruso querer hablar con Gardienne— explicó sin esperar a que Miiko pidiera noticias.
—Vaya, vaya…— Ezarel entró a la estancia seguido por Nevra y Valkyon con una sonrisa socarrona—Resultaste poco intimidante—
—Jamón ser intimidante… Mirar— Lanzó un rugido tan estrepitoso que los colguijes de la estancia tintinaron al igual que sus oídos, a excepción del estoico Ezarel quien blandía una expresión de autosuficiencia.
—¿Lo notas? No eres nada intimidante…— Espetó con tal crudeza que el ogro no pudo evitar afligirse.
—Jamón intimidar…— protesto finalmente el ogro.
—No lo creo— recalcó Ezarel.
—¡Basta!— le reprendió Miiko de forma enérgica—Ignóralo Jamón—"¿Cómo puede adoptar tal comportamiento en momentos tan cruciales" su mirada azulada fulminaba al Elfo— Tenemos una situación que atender— señaló la sala de interrogatorios— Ya lo han escuchado. No hemos logrado hacerle hablar aún—
—Déjamelo— con semblante severo Ezarel dejó ver un par de pociones— Dame un minuto o dos y te garantizo su confesión—
—No Ezarel. No somos como ellos—
—Te recuerdo que las opciones se acaban—
La propuesta de Ezarel seducía. Magia o violencia. Sus posibilidades eran más reducidas cada vez. Ni los más imponentes y hábiles miembros de la Guardia de Eel habían logrado sacarle una palabra.
—Podríamos matarlo de hambre— propuso el elfo, a sabiendas de que aquella nefasta forma tentaría aún más a sus compañeros. Si lo analizaban, su método resultaba el menos aberrante y efectivo.
—Ezarel…—Miiko le miró con desaprobación.
—No serviría— Intervino Leiftan, ganándose todas las miradas— El mismo ha rechazado cualquier bebida o alimento. Parece estar dispuesto a morir de hambre—
—Sabe que no le aremos daño— explicó Valkyon— Nos ha estado estudiando durante años, conoce nuestros métodos y ha dilucidado que la violencia no es parte de ellos— cruzó sus musculosos brazos con frustración y resopló.
—Está un paso más adelante que nosotros— Nevra cerró su único parpado. Recordó los dolores de cabeza que le había dado a su Guardia. Atraparlo había significado un reto y ahora que lo tenían se encontraba con una mayor hazaña. — O es realmente valiente o es muy estúpido.—
—Tráiganla— Miiko los miró con determinación.
—¿A quién? — Ezarel la contempló estupefacto. Verdaderamente la presión comenzaba a hacer estragos en el raciocinio de Miiko o quizás él había comprendido mal.
—A Gardienne ¿A quién más podría referirme? ¿Quiere verla? Pues la verá— azotó su llameante bastón contra el mármol.
—Te recuerdo que es solo una simple humana con ningún potencial— Ezarel la miraba atónito.
—Lo sé Ezarel. Me lo recuerdas continuamente. Su tarea es conversar y eso es algo que se le da exageradamente bien— Curiosear y parlotear eran unos de los rasgos más marcados de la humana. Rasgos que desquiciaban a Miiko. Por primera vez parecía que tendrían algo de utilidad.
—¿Estás segura? — Leiftan la miró con preocupación. Meter a Gardienne con aquel intruso del que no conocían nada le inquietaba— No sabemos qué tan peligroso es— Desde su aparición, aquel extraño había causado pequeños saqueos de información y materiales relacionados con los portales. En un principio creyeron que se trataba de un asalto al manaa, pero nunca ocurrió nada. También descubrieron que robaba raciones individuales de comida. Raciones que no sobrepasaban los límites impuestos por la misma Guardia. En ocasiones parecía que respetaba su normatividad.
Ykhar fue la encargada de buscar e informar a Gardienne sobre la importante misión que recaía en sus manos.
—Comprendemos que te niegues a hacerlo. Yo misma declinaría— confesó la brownnie, quien se hallaba aterrada por la misteriosa y desconocida naturaleza del detenido.
—Está bien— un dejo de valor se asomaba en su violácea mirada— Acepto— aquella era una de las pocas misiones importantes que había recibido en su vida.
Fue instruida rápidamente sobre lo que debía y la forma en que debía cuestionar. Como y que debía hacer en caso de tensión y si las cosas se tenían peligrosas se le asigno la expresa y estricta orden de salir inmediatamente y pedir auxilio.
—Si algo ocurre entraremos en un abrir y cerrar de ojos— informó Valkyon.
—Cuídate mucho— pidió Ykhar al igual que el resto a excepción de Ezarel que se mantuvo excesivamente serio para su extrañeza. Esperaba ser atacada por los mordaces y característicos comentarios del elfo.
—¿Asustada? — cuestionó Nevra mientras la conducía a la estancia y le daba una palmada en la espalda.
—No—
—Finges bien— sonrió con galantería— Estaremos fuera. Garantizamos tu seguridad—
Gardienne le devolvió la sonrisa agradecida e ingresó con cautela.
¿Asustada? Se cuestionó mentalmente. En definitiva, no. ¿Nerviosa? En exceso, sus manos sudorosas y su ritmo acelerado la delataban.
El enmascarado nunca le había significado una amenaza. Por el contrario, siempre fue una ayuda y apoyo secreto. Le reveló la existencia de una forma para regresar a casa y le ayudó a encontrar varios de los ingredientes que necesitaba para dicho ritual. Además le proporcionaba de vez en cuando alguno que otro fragmento de cristal. Esto último le facilitó de sobremanera su estancia en aquel mundo.
—Gardienne—Un hombre sentado detrás de una enorme y aparentemente muy fuerte mesa de madera se hallaba encadenado con una gruesa cadena. Su pelo era prácticamente negro, las canas apenas se asomaban en él, su piel ya tenía algunas arrugas. Aquella persona debía rondar los cuarenta y tantos años—¿Sorprendida? —
—Yo…—titubeó— esperaba a alguien más… joven—
—Me ofendes. Demeritas mis intentos por mantenerme en buena forma— sonrió.
—No…yo…no quise decir eso…— enrojeció apenada. Había sido extremadamente sincera— Discúlpeme—
—Es broma. No te disculpes. Por favor, toma asiento— El cautivo palmeo suavemente la mesa— Esta madera es especial, no es como la de nuestro mundo— Explicó al ver la vacilación en Gardienne. Para garantizar su palabra tiró de las cadenas. La madera sorprendentemente no cedió ni chirrió. Parecía más fuerte que el mismísimo acero.
—Vaya, debí imaginarlo— Se acercó lentamente y se sentó en una silla puesta en el extremo de la mesa. Unos dos metros y medio los separaban— Espera…¿Nuestro mundo? —
—Mi nombre es Mattew Couart…— una sonrisa nostálgica se esbozó en su semblante cansado. Los días en cautiverio empezaban a hacerle estragos.
Mattew Guamán Couart era un afamado científico Ecuatoriano. Hijo de padre Inglés y madre Ecuatoriana fue criado con sencillez en Quito. Su inteligencia sobresaliente le otorgó una beca en Cambridge en donde se graduaría con honores de la ingeniería de metalurgia. Posteriormente cursaría con excelencia Ingeniería química. No conforme con ello, realizaría sus respectivas maestrías.
Su interés por la ciencia lo llevó a convertirse en un afamado científico. Su vida era "perfecta". Una buena y amorosa familia (esposa y tres hijos), fama intelectual y economía por arriba del promedio que les permitía vivir con solvencia y lujos.
Jamás hubiera imaginado que su destreza científica se convertiría en un calvario. Un mal día descubrió un extraño material parecido al cristal, cuyas propiedades y compuestas distaban mucho de todo lo que se hubiera visto y descubierto hasta el momento en la tierra.
Los experimentos secretos que realizó revelaron que aquel material podía crear energía económica y 100% ecológica. A diferencia de las energías actuales esta no dañaba el ambiente, por el contrario lo favorecía y hasta parecía regenerarlo.
Pensaba que su descubrimiento salvaría a la raza humana de la decadencia. Creía que sus hijos heredarían un mundo mejor, que los años de destrucción y contaminación podrían resarcirse. Y todo con un pequeño cristal.
Todo le fue frustrado con el segundo descubrimiento: Un portal a otro mundo en el que caería accidentalmente.
Un mundo salvaje en el que se le negaría la ayuda por parte de sus habitantes y quienes lo tratarían negligentemente como criminal.
Un buen día logró escapar. Se adentró en el arcano bosque donde encontraría una cuadrilla humana.
—¡Ayuda! — corrió aliviado a su encuentro. GRAN ERROR que le costó su libertad.
Fue capturado por una organización secreta humana, cuya avaricia buscaba robar el cristal y apoderarse de él. Intentó advertir a la guardia de Eel, pero antes de que pudiera decir "pio" fue regresado a su celda.
—¡Los atacarán! — gritaba desde su cautiverio.
Aquel día el Cristal explotó. La confusión de la tragedia le permitió volver a escapar.
—¿Cómo sobrevivió hasta ahora? — Interrumpió Gardienne atónita— Es una tierra salvaje llena de peligros—
—El maana me afectó— sonrió el científico— Adquirí más fuerza y velocidad. Antes de irme conseguí ropa que me permitiera mezclarme. Vivía de sus reservas alimentarias y me duchaba en el río. Me escabullía en su biblioteca para robar información; aprendí a elaborar posiciones curativas, jabones y demás menjurjes—
—¿Qué me dices de los pergaminos y libros de los portales? —
—Robé copias. Los originales están intactos— al ver duda en el rostro de su interlocutora agregó— cuando salgas podrás corroborar mi testimonio con tu "jefes" — un dejo sarcástico se dilucidó en la última palabra.
— ¿Por eso me ayudaste? — cuestionó Gardienne después de un largo silencio incómodo.
—No podía dejar que se cometiera otra injusticia—
—Gracias— La joven se acercó y tomó su mano cariñosamente— Te sacaré de aquí—
—Una cosa más— Unos ojos violetas lo miraron curiosos— Se cómo regresar a casa…—
—Lo sé. Ya casi recoleto todos los ingredientes— anunció con una sonrisa infantil en su rostro. Aquella joven le recordaba a sus hijos. No pudo evitar soltar una carcajada—¿Qué ocurre? Es verdad…—
—No lo dudo…pero…he descubierto una forma de controlar el manaa— Gardienne abrió los ojos cual platos— Podríamos regresar sin tanto requisito y ellos podrían pasar libremente a nuestro mundo para reabastecerse cuantas veces quisieran y necesitaran—
—Que ingenua— sentenciaba Ezarel con desdén.
—Miente— espetaba Miiko.
—También dijo que no le creerían. Me pidió que fungiera como abogada— la mirada Violeta de Gardienne reflejaba determinación—Mi cliente está dispuesto a probar lo que dice: 12 horas en el laboratorio y suministro de determinados ingredientes respaldarán su confesión— Ezarel se carcajeó, estaba por refutar junto con Miiko cuando Leiftan les interrumpió.
—Hagámosle una prueba—
—¿Quieres que pierda mi valioso tiempo otra vez? — Ezarel contempló a Gardienne con altivez— Es H-U-M-A-N-O —
— Nada perdemos— Valkyon apoyó la moción.
Después de varios dimes y diretes en los que Miiko y Ezarel consideraban una pérdida de tiempo y malgasto de ingredientes, contra un Leiftan y Vlakyon que exigían pruebas concisas para descartar posibilidades, Nevra tomó la última palabra.
—Hagamos la prueba— Todas las miradas reposaron en él— Después de todo, intentó advertirnos. Jamás comprobamos su culpabilidad o inocencia—
—Adelante— accedió Miiko de mala gana.
Ezarel a regañadientes realizó a tarea, con la condición de que Gardienne desempeñara como asistente.
"¡Trae esto!"¡Trae aquello!" "Eres muy lenta" y demás malos modos ocasionaron un sin número de discusiones entre la humana y el elfo. En más de una ocasión ella botó el trabajo y él, cual infante la seguía por los pasillos ordenarle regresar: "¿A dónde crees qué vas? Te recuerdo que soy el jefe de la guardia Absinthine. Guardia a la que perteneces" recalcaba.
—Aquí está— informó Gardienne con tarro en mano a líder de la Guardia de la luz— No quiero volver a trabajar con él—
—Si pusieras atención no hubiéramos demorado tanto— Protestó Ezarel con enfado.
—Arreglen sus problemas amorosos más tarde— Interrumpió Miiko, causando que la pareja se sonrojara y protestara— Silencio— repitió— Apliquemos esto y terminemos con esta farsa—
El científico observó una comitiva fuertemente armada ingresar. Uno seguido de otro, con rostros amenazantes e imponentes y uno que otro desencajado que buscaba ocultar su temor.
Agachó su cabeza y sonrió por lo bajo. Su gesto no pasó desapercibido para el sagaz Valkyon quien blandió su espada en su yugular.
— No te muevas— advirtió.
El arma estaba tan estratégicamente colocada, que cualquier abrupto pase de saliva o movimiento intempestivo, causaría una letal herida.
Nevra sujetó la mano de Couart y la colocó con la palma hacía arriba sobre la mesa, con el fin de que Miiko pudiese untar la "prueba" con facilidad y sin exponerse.
—Simple y llanamente humano— recalcó Ezarel.
—Ez…— tartamudeó Miiko alucinada
—¿No has aprendido a callar?— Gardienne señaló la ígnea llamarada verdosa que emergió tardía de la palma del acusado. Ezarel contempló absorto y enmudecido: "¡Genial. Otro enclenque humanos más!", pensaba con fastidio.
—Lo sabía— imputó Miiko, a lo que el desenmascarado respondió con una sonrisa tan sínica que le evidenciaba—Escúcheme bien, yo cuestionó y usted responde— sentenció terminante.
Resignado y consiente de su delicada situación, cedió a los término de la implacable líder. Repitió incontables veces su declaración, corrigió con serenidad cada una de las equivocaciones que ellos colocaban en su historia.
— Entonces…aterrizaste en el umbral del bosque …— repetía Miiko pedante.
—No señorita— corrigió con avidez y calma el científico— Fue en la biblioteca. Aunque el verbo aparecer describe mejor lo que aconteció; pues este hace referencia a algo o alguien que se manifiesta, se deja ver, generalmente de forma inesperada. Mientras que aterrizar describe la acción de descender y posarse sobre la tierra, en especial cuando se hace desde las alturas, por ejemplo; cuando se viaja en avión— esbozó una sonrisa burlona y añadió— su error es aceptable, pues su anacrónica raza no conoce tan brillante artefacto aeronáutico—
Los ojos de Miiko fulminaron al insolente humano. No solo la había corregido como a una inculta iletrada, también había demeritado su raza y peor aún acaba comparar y elevar a una patética y retrograda especie que se comportaba cual neandertales.
Ykhar quien había estado trascribiendo palabra por palabra de aquel interrogatorio frenó de golpe y contempló a su furiosa amiga. Kero tragó saliva e imploro piedad por aquel hombre desdichado, temeroso de que la kitsune lo calcinara con su bastón.
Fue Leiftan quien se adelantó a los pensamientos fatalistas de todos los presentes y posó una mano en el hombro de su amiga, que al sentir su tacto logró tranquilizarse.
—¿Tendrá una prueba tangible? — cuestionó para asombro de todos, que no pudieron ocultar el impacto en sus miradas "¿A caso pensaba darle una oportunidad a aquel desconocido? ¿Kero y Leiftan acaban de intercambiar cuerpos?" Pensaba más de uno.
—Denme unas horas en su laboratorio, llévenme a un círculo de hongos y demostraré mi inocencia…—
—Círculo de brujas—recalcó Miiko con superioridad. No pudo dejar escapar la oportunidad de corregir a aquel igualado.
Tras deliberar por horas decidieron ceder. Ezarel prestó su preciado laboratorio a regañadientes, con la amenaza de convertir en sapos o en seres babeantes al desconocido científico y a todos los que habían concedido sus caprichos.
—Y tú— señaló con su índice a Gardienne— serás la primera—
—En tus sueños— Gardienne lo miró amenazante— ¿Y si dice la verdad? —
Ezarel se dobló a carcajadas— Si eso sucede yo mismo me tragaré mi poción—
—No— sentenció con malicia Gardienne— serás mi esclavo por un mes—
—No pasará— aseveró con un aire de grandiosidad.
—¿Miedo? — inquirió con burla la humana mientras imitaba una gallina.
—Que infantil— declaró con superioridad el elfo— acepto la apuesta— y dicho esto partieron al fuertemente custodiado laboratorio.
—No poder estar aquí— Jamón se colocó frente a ellos.
—¿Quién dice? —
—Ordenes de Miiko— Jamón golpeó el piso con fuerza— Gardienne y tú deber obedecer o…—
—¿O qué? — Ezarel miró desafiante al ogro—mi laboratorio, mis reglas— un guardia casi del mismo tamaño que Jamón se acercó—
—¿Algún problema jefe? —
—No, todo ir bien. Dejarlos quedarse— ordenó Jamón a regañadientes. La sagaz mirada del elfo le anunciaba problemas. Ya una vez le había causado urticaria por tres meses como " pequeña broma", otra vez más le echó un brebaje que le provocó erupciones verdes supurantes, y todo por coger la última tostada con miel. Con su amado laboratorio no quería imaginarse lo que le haría.
—Gracias— Ezarel lo miró triunfante y se recargó en la pared. Gardienne lo observó sorprendida, Jamón difícilmente cedía.
—Puedo— señaló la pared donde se encontraba el elfo.
—Tu poder— dicho esto Jamón volvió a custodiar la puerta.
—¡Hey! No tienes nada mejor que hacer, que acosarme— protestó el elfo.
—No me arriesgaré a ser defraudada—
—¿Insinúas que soy tramposo? —
—Tramposo, engañoso y todos los sinónimos que existan—
—Si no soy humano— Tras esto, ambos iniciaron una enardecida guerra racial de insultos. Que si los humanos eran idiotas, que si los elfos eran racistas, que los humanos eran psicópatas y que los elfos narcisista y así muchos insultos más que iban volviéndose cada vez más estúpidos, incoherentes y graciosos.
—¡Listo!— anunció Mattew con satisfacción. Una extasiada sonrisa cubría al agobió causado por toda la noche en vela que había pasado en el laboratorio.
El eufórico grito despertó a la humana y al elfo, quienes tras 12 horas de espera se habían quedado dormidos, recargados en el hombro el uno del otro.
Adormilados, se percataron de que Jamón y su acompañante ya no estaban. En sus lugares tres imponentes guardias los suplían. Ellos parecían igual de sorprendidos que el adormecido par.
—Avisaré a Miiko— dijo uno de ellos— Mientras tanto...¡Usted! — señaló a Couart— No sé mueva y si lo hace…asesínenlo— advirtió antes de partir.
No fue hasta ese momento que se percataron de su cercanía. Aún seguían recargados él uno en el otro.
—¡Quítate! — Gardienne lo empujó con repulsión.
—¡Quítate tú! Ya te he dicho que no me gusta que me toquen y, menos alguien como tú—
—¿Cómo yo? — Gardienne lo miró ofendida— Tú no eres precisamente un adonis. Solo eres un elfo pedante y orejón—
—¿Orejón? Eres tú la que carece de orejas— arqueó una de sus cejas azules— Ahora comprendo tu incapacidad de comprensión— simuló pena.
—¿Estas diciéndome tonta? — Ezarel se carcajeó— Por lo menos no fastidio a la gente para llamar la atención y compensar la poca o nula atención paternal de mi infancia —
La discusión finalizó cuando Miiko se plantó con gesto severo frente a la puerta del laboratorio. Con Leiftan tras ella cubriéndola, Nevra y Valkyon preparados para atacar y Kero e Ykhar para fungir como testigos de lo que allí ocurriese, pues aquello dictaminaría el destino del desenmascarado. Una vez todos reunidos, se dispusieron a escoltar al científico al círculo de champiñones más cercano.
—Sin trucos— advirtió Nevra una vez que llegaron a su destino.
—Un movimiento en falso, un intento por escapar o cualquier mínima artimaña y yo misma te mataré— advirtió Miiko— Ahora has, lo que tengas que hacer— tras la advertencia de la morena, Valkyon procedió a retirarle las esposas.
El hombre sacó un extraño artefacto que ni Gardienne pudo reconocer— ¡Tranquilos! — levantó un aparato y lo puso a la vista de todos para que comprobaran su innocuidad y no le atacaran— Es inofensivo— clamó.
—Todos, dejémosle hacer— Leiftan apaciguó los ánimos— Por favor, procede—
Couart movió un par de botones, colocó el dispositivo en el centro del círculo y se alejó. Una cortina blanca se proyectó por un pequeño ente que poseía, dando lugar a un par de esferas luminosas que se elevaron en el aire.
Los presentes miraron estupefactos:
—Por el oráculo— profirió con dificultad Kero al tiempo que limpiaba con un paño suave sus lentes.
—No puede ser…No puede ser— repetía incesante Miiko con la boca abierta.
—¿Qué clase de magia negra humana es?... — cuestionaba absorto Ezarel.
—Mira…Mira…Mira…— Ykhar tiraba del chaleco de Valkyon con fuerza— ¿Alucino? —
—No— alcanzó a responder el interlocutor de la Brownnie con los ojos abiertos como platos.
—Es imposible…jamás en mis cientos de años de vida…—Nevra se tallaba su ojo y corroboraba su asombro con las reacciones de sus compañeros.
—Mi hogar— susurró anhelante Gardienne, que sin perder tiempo se abalanzó hacía el círculo, que para su decepción desapareció al tacto— ¿Qué?...¿Pero?...¿A dónde ha ido? — miró suplicante a Couart quien adivinando sus dudas se adelantó a ellas y respondió:
—Es inestable aún…pero…— todas las miradas se volvieron hacia él— si me ayudan a regresar a casa podré finalizar mi proyecto y ustedes podrán reabastecerse cuantas veces necesiten—
—¿Qué garantías tenemos de qué cumplas tu palabra?— inquirió Leiftan
—Ninguna. Deberán confiar ciegamente— un pesado silencio gobernó el lugar— Hay humanos avariciosos buscando esto— cogió el objeto y lo ocultó nuevamente entre sus ropas— Tengan seguridad de que mis planes y esbozos ya fueron encontrados y muy seguramente ya estén siendo replicados—
—Si es verdad lo que dice…— Leiftan miró con severidad a Couart— estamos en riesgo—
—Exacto…Pero si yo término primero esto, ustedes podrán manejar el manaa e ir a mi mundo a recuperar los planos—
Y así se hizo…
Todos ayudaron a reunir los objetos que abrían los portales, incluida Gardienne que donó lo que hasta ese momento llevaba reunido.
—¿Estas segura? — Miiko contempló un cofre que albergaba recelosamente en su habitación.
—Sí— aseveró.
—Solo falta un ingrediente, y…— Miiko distinguió un dejo de tristeza en su mirada violácea— Es de los más fáciles de conseguir…—
—Una porción de sábila dorada…— completó Karenn— Nuestro bosque está plagado de árboles que la producen…¿Por qué no regresaste a casa? — Gardienne tomó una pieza que brillaba cual ascuas.
—Esto…lo encontré apenas en la mañana— estrujó con apremio el objeto— Iba ir al bosque por la sabia cuando Ykhar me interceptó y … bueno…ya saben el resto—
—¿Porqué Gardienne? — Alajéa se sentó a su lado.
—Se cuán importante es esto. Vidas dependen de ello. Vidas se pierden cada segundo por este lio, mientras antes arregle su aparatejo, más vidas se salvarán. Yo podré regresar a casa después, pero las vidas que se pierdan no se podrán resarcir—
—Entonces…— Miiko cogió el cobre, Gardienne asintió— Gracias... — observó como la Kitsune se alejaba con su pase de retorno a casa.
—Gardienne— dijeron sus amigas quienes comprendían el apoyo moral que en ese momento la humana necesitaba.
Aquella mañana Couart regresó al mundo humano y Gardienne con ayuda de Alajéa y Karenn reemprendió su búsqueda de objetos para el conjuro, que había donado.
—Conozco personas en el mercado negro que nos facilitarán el trabajo—decía la joven vampira optimista, mientras se recargaba en la sirena y humana— Vamos…—
—¿A dónde? — Ezarel les alcanzó con su típica sonrisa burlona— Iré con ustedes— explicó con una mueca de desagrado.
—Pero…— protestaron las tres jóvenes.
—Ordenes de Miiko—
Sí Miiko lo había ordenado, más valía no protestar. Así que de mala gana el cuarteto se internó en el bosque.
—Además, soy un elfo de palabra— agregó después de varios minutos andando.
—¿Qué? — Preguntó Gardienne confusa.
—Seré tu esclavo por un mes. Perdí la apuesta respecto al humano—
—Puedes olvidarte de ello e irte—
—Nada de eso. Eso sería deshonrosamente humano y…—
—¿Y? — cuestionó la humana al no escuchar el final de la oración.
—No soy humano— concluyó y apresuró sus pasos, dejando a Gardienne hecha una furia.
Alajéa y Karenn huyeron en cuanto pudieron: "Si nos dividimos será más rápido" ese, había sido el pretexto que las había liberado del elfo.
—…Y más pasadero— renegó Gardienne para sus adentros mientras rebuscaba una hierba entre la maleza.
—La encontré— Ezarel le tendió un larga hoja verdosa.
—Gracias—
—Continuemos. Mientras más rápido recolectemos, más rápido me libraré de tú molesta presencia—
—Por tercera vez concuerdo contigo— ambos asintieron y reanudaron la búsqueda.
Pocas veces coincidía en opiniones con Ezarel:
La primera fue cuando arribó a Eldarya: él quería que la regresaran a la tierra humana y ella deseaba volver a su hogar.
La segunda sucedió cuando él se enteró que buscaba los ingredientes para abrir los portales entre el mundo terrenal y Eldarya:
"—Te ayudaré— había amenazado el Elfo.
—No— negó rotundamente. Ya tenía suficiente con vivir en el mismo mundo que él.
—Piénsalo, mientras más rápido encuentres todo, más rápido nos libraremos el uno del otro— Gardienne lo observó dubitativa— No conoces nada de este mundo y reunir todos esos objetos es una tarea ardua. Una mano tan inteligente y hábil como la mía te caerá de maravilla—
—Y sobre todo humilde— volteó los ojos en blanco y se resignó a la indeseable compañía de Ezarel."
Y la tercera se daba en ese momento, en que para su malestar tenía otra vez la razón. Lo comprobó antes, sus conocimientos si habían sido útiles y eficientes. Si él no la hubiera ayudado, aún seguiría buscando los ingredientes del primer conjuro.
Él le había traducido los textos de idioma Edaryano y Latín (que para su sorpresa dominaba a la perfección), la había ayudado a obtener ingredientes en zonas peligrosas, cuya limitante fuerza humana jamás le hubiera permitido alcanzar viva e integra y, había convencido al avaricioso comerciante de Purry para "donar" ciertos insumos a su causa….
—¿Qué encontraste? — La voz curiosa de Ezarel la regresó a su presente.
—Una lágrima de dragón— musitó
—Es el final— Gardienne lo miró curiosa ¿Acaso había escuhado trsiteza en su voz? — Entonces, regresas a casa—
—Parece que sí…—
Había pasado tanto tiempo desde que había partido de su hogar, que ahora le parecía imposible creer que volvería.
La aflicción la embargó, finalmente había creado fuertes lazos. Ykhar y Kero se habían vuelto íntimos amigos, personas allegadas en las que podía confiar. Karenn y Alajéa eran ahora sus mejores amigas. Esta última, después de varios malentendidos y chismes, demostró ser confiable y leal. Al final descubrió que se conducía con desconfianza. Pero una vez que pudieron convivir encontraron su compañía agradable y con muchas ideas en común. Leiftan se había vuelto un gran consejero, Valkyon un buen amigo, Nevra por asombroso que pareciese un excelente maestro y Miiko (sorprendentemente) una persona "agradable" (a su forma). Fue en ese instante que se percató de lo gratificante que había sido tener a Ezarel a su lado.
Al final, él había hecho placentera esa doble y larga travesía. Sus bromas sarcásticas la animaban, sus debates eran enriquecedores y le había enseñado grandes cosas de ahora, un ya no tan inhóspito mundo.
Un regordete becola exigió la atención de Ezarel, quien mecánicamente palmeó con suavidad su cabeza, pues se hallaba absortó en un mar de pensares. ¿Desdé cuando podía coexistir con aquella humana remilgosa? ¿Desdé cuando podía tolerar la presencia de algún humano?.
—¿Estas bien? — Gardienne lo miraba con curiosidad—Pareces… molesto—
—No, es solo que…— Ezarel dudó por un segundo. Su ego acaba de recibir gancho, pues se había dado cuenta que aquella humana le había enseñado otra faceta de los humanos que creía imposible. Ahora conocía una mejor cara, que distaba del mal concepto que él tenía de aquella raza. También había conocido más de sus costumbres y hábitos, que en más de una ocasión le sorprendieron en incluso agradaron —Aún no concedo que un familiar tan agradable tenga una dueña tan insoportable. Se supone que los familiares son semejantes a sus dueños, pero… aquí la regla se rompe—
—Si serás— farfulló Gardienne, mientras inflaba ofendida sus cachetes.
Aquel ella expresión infantil por parte de la humana no pasó desapercibida para Ezarel, quien comenzó a carcajearse. Por su parte Gardienne siguió protestando, pero pronto; la contagiosa risa del elfo la contagió y se unió en coro a él.
—Diablos— su carcajear cesó de golpe.
—¿Qué? — la miró extrañado el Elfo.
—Soy una egoísta— tomó a su becola y lo estrechó con fuerza— No había pensado en él—
—Tranquila— La mirada de Ezarel se tornó comprensiva— Yo lo cuidaré— Sus ojos despedían sinceridad— Lo prometo—
—Gracias…— Miró agradecida a su interlocutor. Aquella faceta de Ezarel era nueva para ella. Le molestaba admitirlo, pero el elfo se había convertido en una persona entrañable…tal vez… demasiado entrañable.
—Regresemos…—
El resto del camino el silencio reinó. De vez en cuando sus miradas se cruzaban por segundo. Había un mensaje implícito en su silencio, un mensaje cargado de nostalgia y orgullo.
—Llegamos— informó el elfo a la pensativa chica que contempló con angustia la muralla— ¿Sucede algo? —
—Es solo que…Tengo miedo…—
—¿Porqué? Regresarás a tú hogar—Ezarel la examinó con incomprensión— ¿No es eso lo que querías? —
—Pero…ha pasado tanto…— Su mirada violácea se llenó de angustia— ¿Y sí mis papás no me recuerdan? —
—No ha pasado tanto— su voz se había vuelto gentil.
—Tengo miedo de encontrarme con algo desagradable—
—Tranquila— Ezarel apretujó en su hombro— Todo irá bien— Aquel gesto apaciguó momentáneamente los malos pensamientos de Gardienne, que rápidamente fueron sustituidos.
En aquel instante su corazón palpitó con frenesí. Reprimidos sentimientos cortados germinaron con mayor intensidad. Deseaba que Ezarel le pidiese que se quedara, no importaba que la colocara en una disyuntiva, que le hiciera poner en tela de juicio su retorno por unos segundos. No importaba que hiciera caso omiso a aquellas palabras, solo quería escucharlas. Quería irse sabiendo que significo un poco para él, que al final logró ser más que una insignificante humana.
"Pero que sandeces piensas Gardienne" se reprendió con severidad "Es odioso, pedante y grosero. Su ego es más grande que Jamon, es tan grande como la magnificencia del Oráculo" Contempló de pies a cabeza a su acompañante, intentó batear aquellos sentimientos y obligarse a sepultarlo nuevamente. Se sentía idiota por haberse fijado en alguien como él.
—¿Ocurre algo más? — Ezarel se percató de su insistente mirada.
—No…—las puertas de la muralla se abrieron— Es mejor que entremos, tenemos cosas que hacer— presurosa ingresó.
—¡Espera!... — Gardienne se giró, anhelante de que sus ilógicos deseos se volviesen realidad— Olvídalo— Ezarel negó con la cabeza— No era nada importante— su voz se volvió tan fría que la desestabilizó.
Cabizbaja, se giró para ocultar su decepción: "Ingenua, eso es lo que soy. Soy una humana, un cero a la izquierda, un ser indeseable para los elfos. ¿Cómo es posible que a sabiendas de todo aquello me haya ilusionado? ¿Cómo puedo querer a alguien que no me ve como un igual a quien siquiera respetar?"
Recogió sus fuerzas y recordó su objetivo: "Regresar a casa", no tenía tiempo para líos amorosos. Existían prioridades que exigían su mayor preocupación.
El momento fue emotivo, hasta Miiko lamentó su despedida: "Suerte. Que el oráculo de cuide" manifestó la Kitsune con sinceridad mientras daba un pequeño obsequio de despedida a la humana que partiría a primer hora del siguiente día.
Mery había llorado hasta el cansancio, le pedía que no se marchase —¡Aquí también tienes amigos! — protestaba el pequeño.
—Comprende Mery, mi familia está allá—
—Aquí puedes tener familia— el niño se aferraba a su falda.
—Eso no se puede reemplazar…— Kero tuvo que acudir a su auxilio y llevarse a rastras a Mery.
La noche había caído y con ella la sencilla pero emotiva cena de amigos y conocidos presentes.
Decidió caminar por los alrededores y contemplar por última vez aquellos maravillosos escenarios. Se sentó en la orilla de una de las tantas fuentes de los jardines y jugueteó con el agua.
Una llovizna sorpresiva llamó su atención. Ezarel acaba de salpicarla.
—Eres tú— expresó cabizbaja.
—¿Con esas ganas recibes a tú jefe? —
—Ex jefe— enfatizó.
—Mientras estés en este mundo, eres mi subordinada—
—¿Qué desea el señor? — preguntó con sarcasmo la joven mientras hacia una fingida y dramatizada reverencia.
—Así está mejor— Ezarel esbozó una sonrisa que desapareció tan rápidamente como surgió— Simple y llanamente hacerte compañía— Gardienne lo miró extrañada, pero aun así le permitió sentarse junto a ella.
Permanecieron en silencio por un largo tiempo, contemplando el majestuoso y estrellado cielo. Disfrutando la templada y fresca brisa.
—Extrañaré este cielo— confesó— El smog de mi ciudad ha cubierto la visibilidad. Cada vez se veían menos estrellas. No imagino cuan turbio es ahora—
—¿Smog?— preguntó el elfo. A veces la humana usaba términos desconocidos.
—Es una especie de nube contaminante…— explicó con simpleza para que su interlocutor pudiera comprender.
—Creada por su inconciencia— adivinó muy a su pesar el Elfo. Seguramente su mala concepción de ella se duplicaría…—¿Por qué no eres como ellos? —
—¿Cómo quiénes? —
—Como los humanos— Gardienne le miró estupefacta.
—No todos somos malos. Existen mejores personas que yo. Más alturitas y más bondadosas— Ezarel le devolvió una mirada llena de incredulidad— Aunque es cierto que existe gente muy mala también, no te lo negaré—
—Admito que me equivoqué contigo. Ustedes parecen haber evolucionado— Su mandíbula se tensó. Conocer a Couart y a Garddienne le había enseñado lo errado y discriminativo de su pensar— Siento haberte tratado mal, es solo que lo humanos casi extinguieron a nuestra especie—
—Lo sé— Gardienne agachó la mirada— Lo leí en sus libros de historia— explicó apenada.
—¿Sabes leer? — cuestión burlón.
—¡Oyes! — Protestó ofendida la humana que sin pensarlo lo salpicó con el agua de la fuente—¿sabes escuchar? — fingió sorpresa.
Ezarel no respondió verbalmente, se limitó a salpicar a su interlocutora con una abundante cantidad de agua.
—¡Para ya! — chilló molesta. Aunque en otro momento le hubiese parecido gracioso aquello, en aquel instante se sentía muy sensible.
—Es solo un juego—
—No estoy de ánimos— informó vanamente, pues Ezarel volvió a salpicarla— Pareces un niño…— Con mirada retadora Ezarel volvió a repetir la fastidiaste y húmeda acción— ¡Suficiente! — se levantó y aventó a Ezarel.
Su fuerza y agilidad le permitieron librar el asunto. Fue Gardienne la que estuvo a punto de zambullirse en la fuente. La pescó de las muñecas y evitó que se diera un refrescante clavado.
—¿No que no te gusta que te toquen? — cuestionó con la mirada baja.
—Yo soy el que te sujeta— aquella oración estremeció a la humana, que de inmediato se sonrojó.
—Ezarel— intentó zafarse con debilidad. La cercanía la ponía nerviosa y la volvía torpe—No quiero incomodarte…— Intentó alejarlo con brusquedad, consiguiendo un efecto contrario.
Con una fuerza duplicada con la que ella lo había intentado alejar, él la a cercó. Sus labios se unieron en una sincronía que les robaba el aliento y aceleraba su corazón. Poco a poco la emoción fue aumentando junto con la intensidad del beso. Querían recuperar lo que negaron y ocultaron por años.
Él soltó sus muñecas y permitió que ella lo abrazara. La sujetó de la cintura y la acercó con fuerza a su cuerpo, que al sentir fina silueta le estremeció. Sus manos recorrieron su espalda, mientras que las de ella se sujetaban a su cuello y jugueteaban con su cabello.
Solo se separaron para llenar sus pulmones de aire y poder volver a disfrutar de aquel intimo momento que llevaban postergando durante tanto tiempo.
—¿Te irás? — La alejó de él— Respóndeme— exigió al no obtener respuesta.
Gardienne aún aferrada a sus hombros asintió con tristeza. Ezarel tensó la mandíbula, la pegó con demasiada fuerza a su cuerpo y la aprisionó en sus brazos.
—Ezarel— se quejó Gradienne—Por favor...— Con más ímpetu que antes la besó. No permitió que terminara su oración. Sus labios guiaron los de Gardienne a gusto, su juguetona lengua profanó y se deleitó cuanto quiso.
Ninguno protesto, ambos disfrutaron del momento hasta que sus pulmones colapsaron. Con el corazón acelerado y unas mariposas en el estómago, admiraron sus aún anhelantes miradas.
—Comprendo—La mirada de Ezarel denotaba incertidumbre— Entonces…Adiós—
—Adiós— susurró con apremio Gardienne.
El elfo dejó en libertad a la humana, quien se limitó a observar con tristeza su partía hacía el cuartel general.
—Adiós— repitió con los ojos llorosos
El alba llegó y con esta, la partida de la humana, que resignada se despidió de Leiftan y Valkyon, quienes amablemente la escoltaron hasta uno de los portales.
—Adiós— agito su mano— Cuídense— añadió compungida.
Como la primera vez, unas esferillas destellantes danzaron a su alrededor. "Me hubiese gustado verte una vez más", pensó segundos antes de que un fulgor enceguecedor anunciara su fin en Eldarya…
Pasaron más de dos lustros desde la partida de ambos humanos. Ninguno daba señales de vida. La guardia de Eel era presa de una fragrante incertidumbre: ¿Acaso les habían engañado? ¿El humano había fallado a su promesa? ¿Le había sucedido algo? Eran cuestionamientos que atañían a más de uno.
—Gardienne me prometió buscar al científico— confesó un día Miiko a Leiftan—Me dijo que se aseguraría de que cumpliese su promesa—
—¿Crees que falló?—
—Lo especulo, o tal vez mintió— Miiko se aclaró la garganta—Nuestra credibilidad se irá por la borda si esto no se resuelve o da un atisbo de veracidad—
—Es muy pronto para sacar conjeturas— Leiftan permanecía impasible.
—Diez años para un humano es demasiado—
—Es un proyecto ambicioso. El humano logró más de lo que nosotros en siglos— denotó con sosiego el rubio.
Una pelirroja con un sobre amarillo perfectamente sellado en mano, irrumpió abruptamente en la sala de cristal, dando fin a su conversación.
—Llegó en la cuantiosa carga de víveres— Agregó jadeante Ykhar.
—¿Cuantiosa? —La fatigada asintió. Miiko retiro el sobre de sus manos—¡No me lo creo! — su rostro destellaba sorpresa—A cumplido su promesa—
—¿Qué ocurre? —
—Míralo por ti mismo— Miiko tendió la carta a Leiftan.
—Lo lograron— El rubio delegó el comunicado a Ykhar quien ávida, releía la carta una y otra vez. Ninguno podía creer tal información. Si todo era cierto, significaba que; la hambruna y la carencia habían llegado a su fin.
Científico y asistente aguardaban en un gran circulo de hongos.
—¿Crees que vengan? — El hombre asintió— ¿Y si piensan qué es una trampa? — El hombre negó— ¿Seguro?, Ya vez que son tan paranoicos— decía con desánimo Gardienne.
—Tranquila, adjunté fotografías y archivos que respaldan lo acontecido—
Mattew contempló con ternura a la asombrosamente joven Gardienne. Su edad cronológica avanzaba, pero su físico se había estancado en el tiempo al igual que el de él. Desde la interacción con el manaa, su reloj biológico ya no avanzó.
En un principio significo un problema. Sus familiares no comprendían el porqué de su aletargada apariencia. Comenzaban a esparcirse rumores entre hambrientos de poder y eterna juventud. Tuvieron que esconderse y decir un adiós provisionalmente a sus seres queridos. Aquella despedida se volvió eterna cuando un virus aquejó a la población mundial.
Pocos sobrevivieron. Un 97 % de humanos murieron, el resto entre los que se hallaban Gardienne y Mattew, eran híbridos (humanos con sangre Faery) que habían tenido la suerte genética de haber heredado dicho gen y por ende ser inmune a tal afección. Lo anterior fue descubierto por los pocos genetistas, médicos y laboratoristas que sobrevivieron a la catástrofe.
Por desgracia ninguno de los familiares o amigos de Gardienne o Mattew, tuvieron la dicha de poseer tal Gen. Ambos tuvieron que apañárselas y cuidarse mutuamente, ello les permitió sobreponerse al dolor. Saber que no estaban solos fue su aliciente.
Fue caótico encontrarse en la inmensa soledad de una metrópoli antes sobrepoblada y que ahora parecía albergarlos solo a ellos. Anduvieron por semanas hasta encontrase con un grupo tan perdido como ellos. Aquel choque brindó esperanzas y alivio.
Pronto se encontraron con más gente. Se hicieron de un medio de comunicación (radio) que les permitió encontrar sobrevivientes en otros países continentes.
La historia humana les decía que juntos era más fácil el progreso, así que tras un par de años, se hacinaron en un mismo punto. Buscaron un punto intermedio en que las tierra y situaciones climatológicas fueran favorables e iniciaron una nueva ciudad.
Era un coctel en todos los sentidos. Múltiples nacionalidades, razas, culturas, ideologías e idiomas, además de profesiones, que conjuntamente permitieron la reconstrucción de su hogar. Al principio era complicado, los roces eran continuos. Al final, las asperezas y la tolerancia les brindó una interacción cordial y pacífica.
—Hey— Cowart señaló el portal— Ya vienen— anunció.
Un destelló lo respaldó. Pronto un grupo exótico se dejó ver. Desde una brujilla, un ogro y varías razas más de Eldaryanos, entre los cuales distinguieron a Kero y aun elfo.
—Ezarel— Gardienne pronunció su nombre con añoranza. Dio larga zancadas y se plantó frente al grupo— Bienvenidos— dijo sin quitar la vista de sus dos conocidos.
—Hola Gardienne, un gusto— Kero le miró confundido. Sabía que el envejecimiento en los humanos era vertiginoso, le sorprendía ver a tan fresca a aquella chica.
—No has cambiado nada para ser humana— manifestó Ezarel sonriente.
—Los humanos sobrevivientes somos más resistentes— expuso la humana.
Cowart se había encargado de exponer al manaa a cada sobreviviente. Ello desató por completo la funcionalidad del Gen faery, que menguó la capacidad de envejecer.
—Eso me alegra— manifestó Ezarel—Te tendré más tiempo— finalizó en un susurró casi inaudible, que solo su interlocutora fue capaz de escuchar.
Ambos se contemplaron por unos segundos, sus miradas lo decían todo. Humana y elfo podrían caminar a la par; la efímera vitalidad humana, los estigmas de razas y sus estereotipos ya no eran impedimento para aquel enamorado par. Habían crecido y madurado. Habían comprendido que vida, era vida. Que amor, era amor.
Era momento de iniciar una nueva era; en la que por primera vez Eldaryanos y humanos, pudieran estrechar lazos, vidas, culturas, conocimientos y corazones.
Mensaje de la autora:
Ok, después de mucho vengo con esto. Es de mis pocos intentos cursis y románticos.
Si alguien que sigue mi otra historia ve esto, no me mate, pero es que ya debía esta historia y la inspiración llegó y pues di prioridad. Pero no he dejado "El mundo de Eldarya", me pondré al corriente y subiré más de un capítulo en cuanto pueda.
El siguiente turno es de Yvonni, pues creo que a su personaje le pudieron sacar más jugo.
Si alguien quiere un one-shot, puede dejar su petición aquí: temática, personaje, idea. No me cierro, aunque advierto que hay cosas a las que no soy muy afecta o conocedora. Pero si me explican y me inspiran con gusto escribiré algo.
Por ejemplo: la homosexualidad ( o Yao y Yuri como me parece se le conoce aquí). Me explico: no me cierro a ello. Amor es amor a mi parecer, pero literariamente no me familiarizo con ello. Tal vez porque casi todo lo que veo y leo va inclinado al amor heterosexual. Y pues como heterosexual en mi cabeza todo es hombre-mujer, porque es lo que yo busco, por lo que me cuesta liar personajes del mismo sexo, pero si me ponen un Ykhar y Alajéa (por decir) en un X contexto o con x problemática, proalmente mi ardilla genere algo. Si no lo hacen, o no se me ocurrirá nada o tardaré en pensar algo.
Con respecto al Lemon, este si jamás lo he intentado escribir y no soy muy afecta a él. No me espanto, pero simplemente mi mente no da para más que: Feromonas, esperma+ovulos=igual a concepción= mórula, etc. Vaya que parecería todo tan mecánico como una guía para instalar la lavadora nueva (o cualquier cosa que lleve instructivo).
Saludos.
