Antítesis: Génesis.

El enmascarado.

Nota: Onse-Shot con el que participé en el concurso no oficial del foro de ELdarya. Este concurso es mensual para quien guste participar.

Una nueva víctima caía en sus engañosas zarpas. En esta ocasión una joven bastante ilusa y pueril, con una personalidad tan moldeable como el barro húmedo, con un carácter tan noble que la dejaba a merced de aquellos desalmados.

La pobre tuvo la nefasta suerte de caer en un portal Eldaryano que se hallaba disfrazado como un inocente círculo de zetas, al igual que su creadores que se escondían cuales lobos en pieles de o vejas. La incauta cayó en la misma trampa de siempre, en la misma artimaña que se hundió él y tantos otros humanos en antaño.

Recordó como cantaron victoria ante su rescate. Rememoró el júbilo de sentirse sano y salvo, el gozo de saber que su arriesgado y frágil plan logró engañarlos. Tuvo que fingir por más de un año ignorancia, soportar muertes injustas, ser espectador en primera fila del abatimiento de los supuestos "infectados", actuar feliz y calmo ante cada nueva caída de un inocente, conducirse ajeno a la verdad de la cruel naturaleza de los habitantes Eel.

Idear una forma para hacerle escapar no fue fácil, tuvieron que ser sagaces, hábiles y suertudos. Estaba muy bien vigilado, especialmente por los tres jefes de guardias y la implacable Miiko, cuya agudeza mental era "casi" invulnerable.

Ante tanta seguridad, se vieron obligados a recurrir a su más valioso as, al " casi" de la jefa Kitsune; Leiftan el mejor infiltrado. El infiltrado que logró ganarse la confianza y hacerse paso en la jerarquía del cuartel General, posicionándose como la mano derecha de la astuta dirigente, a quien embaucó a base de años de fingida amistad y con trabajo arduo que brindaron excepcionales resultados como subjefe de la guardia Étincelante.

Gracias a él pudo fingir su muerte, que consistió en el supuesto asesinato a manos de una "sirena infectada", quien se encargó de arrastrarlo a las entrañas del mar con ayuda de una poción de sirenomagia que le permitió convertirse en un tritón. Transformación que le dio la habilidad momentánea de poder respirar bajo el agua.

Así fue como llegó al limbo que le cobijó cuando se halló varado y sin un lugar al que poder ir. Estaba inequívocamente atrapado en Eldarya, no podía regresar a su casa por más que lo desease o por más que lo intentase, simplemente no existía una manera de regresarle:

—Lo siento, pero no podemos ayudarte— le dijo uno de los dirigentes cuando pidió apoyo para poder retornar a su tierra.

—Eso mismo me dijeron ellos, que no podían mandarme de vuelta a mi mundo— rememoró cuando Miiko le explicó el alto costo que significaba para su nación abrir un portal.

—Te mintieron— le confesaron— Ellos pueden abrirlos a gusto y disgusto—

—¿En qué más me engañaron? — cuestionó furioso.

Antes de responder, el viejo dirigente le invitó a sentarse en una mesa de obsidiana, cuya negrura combinaba con su semblante grisáceo y con su apariencia menoscabada que le otorgaba más años de los que en verdad tenía.

Con semblante templado observó por unos minutos al humano. Sin miramientos respondió: —En todo lo que conoces de Eldarya…— dicho aquello y sin compasión develó todas las mentiras en la que le envolvieron desde su aparición en la sala de Cristal que custodiaba la Guardia de Eel.

Apretaba su mandíbula mientras recibía las verdades como puñetazos en el abdomen. Escuchaba con atención las palabras del viejo, que aunque duras, resultaban de lo más sensato que había escuchado hasta el momento en ese extravagante mundo.

Resultó que las tierras en verdad eran fértiles, incluso más que las de la misma tierra. Tenían más propiedades que brindaban a las cosechas resistencia a las plagas, a las inclemencias y por sobre todo les otorgaban un bello aspecto lozano.

—Pero ellos me dijeron que nada aquí podía crecer. Incluso cuidaban y racionaban excesivamente la comida— debatía incrédulo el humano.

—¿Y les creíste tan sencillamente? — Reía el anciano— ¿No consideraste que estaban todos demasiado sanos para el contexto que te planteaban? ¿No te pareció imposible que ni una persona presentara por lo menos una leve anemia o desnutrición? ¿No creíste que era inverosímil mantener a todo un mundo con raquíticas reservas? …— el consternado interlocutor le miró anonadado. No tenía cómo impugnar tales controversias cargadas de lógica— Todo fue una pantomima—
Aquella revelación dio paso al segundo punto: Los portales siempre estuvieron disponibles para quien quisiese visitar la tierra el antiguo hogar que un día les "vetó".

Los Faerys eran más antiguos que los humanos, ello provocó
que cuando aquella especie surgiera, estos se aprovecharan de su ingenuidad e ignorancia. Durante milenios se hicieron pasar por Dioses omnipotentes que oprimieron y embaucaron a muchas culturas con fines banales como el ahorro de trabajo, mantener un sentimiento de superioridad y por una sádica diversión.

Engañaron a muchas culturas. Se aprovecharon de su superioridad física, su belleza (en algunos casos), elocuencia, conocimientos arquitectónicos, su habilidad mágica y su ramo de la alquimia. Embaucaron a generaciones de tribus para seducirlas y convencerles de luchar entre sí a lo largo de milenios, realizar sacrificios y demás aberraciones inenarrables por su naturaleza cruel.

Hubo grandes civilizaciones que lograron ver la verdad y se rebelaron contra su yugo, pagando con su vida la osadía.

Los mayas, los habitantes de la Isla de Pascua, los nabateos, el imperio de ascum, entre otros, fueron de los ejemplos más repetitivos que causaron la Ira faery, sin embargo nada se comparó con la batalla que libraron contra los Atlantes, quienes casi les desterraron. El pago para tal ofensa fue su extinción y la desaparición de su legado para la humanidad.

Aquellas aberraciones despertaron la compasión y empatía de algunos Faerys que no solo valientemente traicionaron a su clan, sino que además cometieron el descaro de unirse a un gran sector relegado de su población. Un sector discriminado, humillado debido a su desmesurada, grotesca e incluso sórdida apariencia que caracterizaba a ciertas especies en las que se hallaban ogros, trolls, elfos oscuros, licántropos, wendigos, minotauros, ciclopes, etc. Su aspecto perturbaba en un primer vistazo, sobre todo a los humanos que no se hallaban muy acostumbrados a su compañía, debido a los Faers, quienes conscientes de la gran bondad de estos repugnantes seres (en apariencia), les prohibieron determinantemente a sus congéneres cualquier tipo de acercamiento e interacción.

Y así, desacataron mandatos milenarios se aliaron con los fastidiados humanos. Fue así como inició la caza de vampiros pérfidos, brujas blancas feroces, ents violentos, hadas crueles, sirenas letales, gnomos mordaces, Elfos egocéntricos, y demás seres que se aprovechaban, torturaban e incluso alimentaban de tan subestimada raza. La lucha derramó incontables vidas en ambos mandos. Cacerías brutas e infructuosas por parte de los humanos que no sabían cómo combatir contra algo irracional que rompía con su esquematizada forma de pensar que hasta en la actualidad se interponía en la victoria, además de que prolongaba la lucha secreta entre los terrestres y los Faerys.

–¿lucha secreta? – interrumpió el humano para corroborar que su escucha fuera correcta.
En efecto no se equivocó. La humanidad libraba una guerra secreta con los faerys que se negaban a dejar el poder y se infiltraban en la política de los países.

El anterior punto dio pauta para entender que los portales siempre estuvieron funcionales y accesibles. Podían abrirlos a capricho. Pasar de Eldarya a la Tierra sin ninguna premura. En grandes cantidades mediante ejércitos o de manera individual. Por razones trascendentales o banales. Nunca tuvieron impedimento alguno más que el no querer dejarle ir.

El humano imploraba un "¿Por qué?" que no fue necesario pronunciar, pues su duda era tan evidente, que su interlocutor se adelantó a responderla.

–No querían dejarte ir– aclaró el anciano, que continuó respondiendo, adelantándose a la ola de "¿por qué?" – Porque te necesitan; para renovar el Cristal que nos provee de energía y del cual se han adueñado desde hace milenios. Necesitaban un humano que se sacrificara voluntariamente para el voraz oráculo que cada década demanda una nueva ración de alimento– Se detuvo para que el joven boquiabierto digiriera la información–Alimento cada diez años es igual a poder. Es el trato que convinieron mis congéneres hace miles de años– añadió.

–Pero, ¿yo?...¿Por qué a mí? – parloteaba nervioso y confundido–¿En qué momento les pasó por la cabeza que yo moriría por ellos? –

–Fuiste elegido al azar como todos. Tuviste la desdicha de toparte con un círculo de bruja– se encogió de hombros el anciano y concluyó con la siguiente respuesta– Iban a engañarte. Son sumamente seductores. Tu mismo te habrás dado cuenta del poder cautivante que ejercen sobre los humanos. Además cuentan con casi una década para lavarle el cerebro a su víctima. –

–¿Entonces? ¿Ya estoy asalvo? – interrogaba emocionado. Su lógica comenzaba a razonar positivamente – ¿Ustedes han ganado? ¿Podré volver a casa? –

–No, intentarán recuperarte– aquella respuesta le erizó los pelos– No te alarmes, no me expliqué bien– agregó el militante ante la reacción pavorosa de su escuchante– No a ti como persona, pues recuerda que les hicimos creer que te asesinamos. Más bien como tributo. Buscarán a alguien que sustituya tu función– conforme hablaba, el hombre ensombrecía aún más su ya de por sí lúgubre cejo– Mientras más tiempo tarden en encontrarlo, utilizarán técnicas más violentas para engañarle y para atraerle–

–¿Atraerle? No comprendo, si tan poderosos son: ¿Por qué no simplemente secuestran a alguien y se ahorran tanto lio?– El humano se rascó la nuca confundido. Aquel paraje tenía una lógica muy rebuscada.

El anciano se carcajeó un rato. Nunca convivió con algún humano hasta ese instante, sin embargo ya había escuchado de su lógica tan excesivamente racional que rayaba en lo absurdo.

–Porque así lo pide el conjuro. Un humano con sangre Faery que se sacrifique por voluntad propia. El círculo es una técnica diseñada milenariamente por brujas blancas que sirve como filtro para detectar a la presa que cumpla esos requisitos. Cuando un híbrido: humano-faery o mejor conocidos como faelinnes pisa el círculo, este lo detecta y lo transporta directamente al cristal–

–Pero, entonces…– el humano fue interrumpido. El militante predijo su pregunta con tan solo ver su semblante.–Simplemente los conjuro son muy quisquillosos y extravagantes– concluyó la charla.

Tras las diversas revelaciones, el humano permaneció dubitativo por días. Contemplaba la única posibilidad: Unírseles.

Finalmente decidió jugar su única carta. Se alió a la resistencia que habitaba aquellas tierras desérticas y negras, cuya población en su mayoría se componía de criaturas de fisionomías oscas y repugnantes, que a primer vistazo causaban horror, pero que al interactuar, enseñaban su verdadera naturaleza benevolente.

Encontró un contraste abismal que rompió con paradigmas y estereotipos, pues en aquel sitio no reinaba la belleza ni el poder, ni el esplendor que se hallaba en Eel. Sin embargo regía el respeto por la vida, el amor al igual, al diferente. De esa manera le cambió el nombre a los monstruos y les asignó un nuevo rostro.

Así fue como el humano se convirtió en el enmascarado que secretamente respaldado por Leiftan daba serios golpes al Cuartel General. Entrenado magistralmente por la resistencia y que gracias a su desconocida raza faery se convirtió en uno de los soldados más intrépidos y eficaces.

Tenía a la Guardia de Eel asolada. Frustrados veían como robaba información, saqueaba sus poderosas reliquias con las cuales abastecía a sus enemigos, descomponía sus portales, quemaba sus cosechas, robaba sus conjuros y libros de posiciones, y por si fuera poco; causaba desperfectos por donde pasara.

El último golpe consistió en apoderarse de gran parte de su cristal. Ello provocó que perdieran a bastantes soldados y una cuantiosa cantidad de población según el favorable informe de Leiftan.

Ante tan buenos resultados se decidió un segundo ataque. El enmascaro y Leiftan se coordinaron. Pasó sin ningún problema el pueblo, nadie logró detectarle, no obstante la situación se complicó en la sede, la cual se hallaba triplemente vigilada después de su rapiña.

Tras horas y con ayuda de Leiftan logró inmiscuirse en la sala de Cristal. Hizo caso omiso a su fatiga y sin perder valiosos segundos procedió a conjurar un silencioso rayo que partiera aquel mágico coloso. Finiquitaría la misión y daría una victoria trascendental a su equipo.

–¿¡Que!? – parloteó cuando un rayo luminoso casi lo parte en dos. Apenas logró sortear el ataque y replegarse tras un pilar.

"Maldición" profirió mentalmente. Muy probablemente Miiko le descubrió. Apretó sus puños frustrado, no tenía suficiente energía para luchar contra tan poderosa Kitsune y su ejército. Esperó por unos segundos con el corazón latiéndole frenéticamente, pero para su sorpresa nadie le gritó: –¡Sal de ahí– o –Te hemos descubierto– , nadie vociferó algo. Tampoco le dispararon o interceptaron. De hecho, todo se mantenía demasiado silencioso.

Extrañado por la excesiva tranquilidad y el desmedido silencio, asomó cautamente la cabeza. Incrédulo se quitó la máscara para descubrir a una humana frente al cristal. Era una joven de casi la edad que él tenía cuando arribó a aquel mundo. Tal vez un par de años menor, pero no más. Medía poco más, menos de 1.60, era esbelta y tenía un cabello rubio cenizo que contrastaba con unos grandes ojos morados que denotaban su sangre Faeryca.

–Maldición– susurró–¿Por qué ahora? – Inquirió frustrado al ver derrumbados sus planes.

A casi un año de que el plazo de los Faerys para con el oráculo acabara, ella tenía que aparecer. Habían cometido el error de celebrar victoria antes de tiempo. En aquel punto los enemigos no escatimarían en usar la fuerza con aquella inocente chica. Estaban desesperados, cometerían cualquier bajeza para engañarla.

Caminó con lentitud hacia la abstraída joven que hipnotizada por la belleza venenosa del objeto no lograba percatarse de lo que su alrededor se suscitaba. Estaba dispuesto a sacarla por la fuerza o por voluntad de aquel lugar antes de que ellos se percatasen de su llegada.

–No lo toques– advirtió lo más discretamente que pudo cuando esta estiró la mano.

Corrió a su encuentro al ver que ella no obedecía, pero ella fue más rápida. Al tacto de la humana el cristal emitió una tenue luz que la desdichada no percibió debido al estado de trance.

El enmascarado se replegó con la misma rapidez que salió de su escondite. Con tan solo unos segundos de sobra la puerta de la sala se abrió intempestivamente. "Justo a tiempo" pensó mientras contemplaba cómo el estrepitoso ruido lograba devolver a la realidad a la recién llegada.

–¡Oye! ¡¿Quién eres tú y como has llegado aquí!? – clamaba Miiko con su imponente bastón ardiendo en su fuego azul que aterrorizaba a la increpada que confusa apenas lograba parlotear.

El enmascarado contempló resignado como arrastraba Jamón a la muchacha celda abajo como a él mismo una vez le hicieron. Le entristecían sus gritos llenos de pavor. Pobre, le entendía. El casi se infarta al ver a al ogro por primera vez.

Esperó una media hora a que la situación se apaciguara y salió de la sala. De cierta forma ella se llevaría las miradas, distraería a todo el C.G. que se ocuparía de preparar su teatrito y le daría una mayor libertad para buscar a Leiftan en las instalaciones.

–¿Lo has visto? – susurró cuando le encontró en un pasillo. Uno de los puntos claves que habían acordado previamente.

–Sí. Me han llamado para iniciar la estrategia– informó frustrado– Tenemos que ponerla antes de nuestro lado…–

–¿Cómo haremos eso? Estará tan vigilada como su ¡"$%%& cristal –

–Tú lo harás– respondió Leiftan a la par que le entregaba sus llaves–Empezaremos por ganarnos su confianza, de esta manera podrá creernos cuando le mostremos la verdadera cara de estos seres. Para ello le liberarás con las llaves que me has robado – sonrió maliciosamente el Rubio.

Sin decir más el enmascarado cogió dichas llaves, respondió con la misma sonrisa que fue percibida por la "mano derecha de Miiko" pese a ser cubierta con aquella máscara que resguardaba su identidad.

Leiftan aguardó que el enmascarado realizara su cometido para después ayudarle a huir con una batalla y una derrota ficticias.

–Ve a la enfermería– le decía Miiko genuinamente preocupada tras informarle de su falso enfrentamiento.

–Estoy bien– informó con falso agobio Leiftan.

Tras la insistencia de la enamorada Kitsune él accedió. Casi le daba pena verla con tal preocupación. Era una lástima que tras aquella expresión se escondiera un lado desalmado y atroz.

Mientras caminaba a su destino, rememoraba como sus pueblos se habían levantado valientemente ávidos de justicia. No importó que todo jugara en su contra, pues estaban dispuestos a morir para recuperar su libertad, su vida. Morirían como los árboles, de pie. Morirían bajo sus armas, sus poderes, sus garras, pero no bajo su yugo.
Ahora el panorama era más esperanzador, tal vez por fin podrían contar su versión de la historia, pues hoy en día tenían un "alguien" a su favor, un tributo salvado y a una humana aún con vida. Por ahora esperarían en las sombras, ahí aguardarían pacientemente los renegados, los infieles, los desertores, los inconformes. Se protegerían en la obscuridad, en espera de una vez más volver a intentar cambiar la historia o nuevamente ver perpetrado un crimen contra una nueva vida inocente.