La última misión.

Esto fue por el concurso del foro de Eldarya, no fue ganador pero me gustó como quedó, así que aquí queda. Hubo buena competencia. El concurso consistía en modificar la imagen del episodio 10: La imagen es un abrazo entre Erika y uno de los tres chicos. En este caso se tenia que alterar el escenario, el porque del abrazo, los personajes. En este caso yo Utilicé a Erika (Gardinne y Ezarel).


La última misión.

La decisión fue tomada, nadie se atrevía a impugnar, redebatir o siquiera respirar. Contenían el aire, las miradas, las palabras y las emociones. Dejaban que el silencio sepulcral que había precedido al dictamen de la kitsune gobernara la estancia. No eran capaces de abandonar el lugar, esperaban que Miiko diera la orden, mientras que ella anhelaba que fuesen ellos los que tomaran la iniciativa de irse, no quería que se percatasen del mutismo que el nudo en su garganta le provocaba.

Después de varios minutos que parecieron horas un suspiro acongojado proferido por Ykhar rompió la quietud lóbrega del ambiente, como un tónico para la culpa que los petrificaba, aquel triste sonido logró desentumir las cuerdas vocales de Miiko. La regente pudo finalizar aquella reunión, no sin antes dirigir unas últimas palabras Ezarel:

—Eres libre de utilizar cualquier recurso, estamos todos de igual manera a tu disposición—

— No— negó con una fuerte convicción— Esto es algo que debo hacer solo— explicó antes de abandonar la sala.

El elfo se dirigió a su laboratorio con ligero y despreocupado andar, cosa que contrastaba con la pesadez que le agobiaba. La misión que se le designó corrompía sus valores, sin embargo negarse habría sido una sentencia de muerte para su pueblo. Por mucho que le calara, era la única forma, y él era la mejor opción, su cercanía para con ella era algo con lo que nadie más contaba.

—¿Es qué acaso existe una manera dulce de matar? — profirió el Elfo con aflicción cuando se cobijó en su guarida.

Permaneció un rato estático lidiando con la rumiante culpa, pues por más que quisiera excusarse, lo real es que nada justifica un homicidio.


Estaba sola en un mundo desconocido, su única compañía llevaba bastante tiempo fuera del Cuartel General en una importante misión. Comenzaba a extrañar sus modos egocéntricos y petulantes. Por extraño que pareciera le generaba gracia la peculiar forma del jefe Absenta.

Aquella patética humana atrajo la atención de singular vampira, quien entre sentimientos de compasión, empatía y curiosidad comenzó a acercarse a ella.

—El ha regresado— le confesó en un susurró Karen cuando la encontró deambulando sin rumbo.

—Gracias, no sabes cómo me has ayudado— expresó Erika con una radiante sonrisa. Se despidió de su informante y se encaminó en su búsqueda.


Los humanos siempre fueron una mala profecía, siempre traían calamidad, muerte y dolor. Esta vez no fue la excepción, el oráculo lo predijo con una tercera aparición aquella mañana. El recién suceso señalaba que acabar con su existir era imprescindible si sé quería evitar una desgracia futura. Con tales ideales, Ezarel se paseaba en su búsqueda, sería mejor finiquitar todo, pues mientras más rápido de arranca la flecha, menos duele la herida.

No tardó en encontrarla, se acercó sigiloso a ella. Erika solo se percató de su presencia cuando este estuvo a un par de metros de distancia. Le miró curiosa, asombrada, emocionada, feliz. Sin que el jefe Absenta se lo esperara ella se abalanzó a sus brazos.

—Lo siento Ezarel — se retiró con la cara roja y expresión apenada— Yo no…es que…yo— tartamudeó— Debo irme— se giró rápidamente para emprender una veloz fuga.

Observó con tristeza y satisfacción como Erika huía a toda prisa, había sido más fácil de lo que él maquiló, no tuvo que hacer nada, ella sola se arrojó a sus garras. El abrazo de la muerte no tardaría en hacer efecto, elaborado por un alquimista de tan alta gama como él, bastaba con unos cuantos minutos para que su efecto mortífero detonara.

Permaneció en los jardines por un lapso calculado, en cuanto el tiempo se cumplió retornó a la cede. En el camino, justo en el mercado, se encontró con un tumulto que rodeaba el cadáver de Erika. No hizo amago en detenerse o en escrutar la escena, buscó pasar desapercibido, la limpieza era algo que no le concernía, suficiente tuvo con ensuciarse las manos y la conciencia con sangre.

Mantuvo su curso casi ininterrumpido hasta que un par de pobladores le interceptaron para pedir auxilio para la inerte chica.

—Parece que no respira— le informó un comerciante.

—Ya me hago cargo— se interpuso Leiftan— ¿Díganme donde está ella? — Se giró en la dirección que le decían los pobladores— Perfecto, vamos— les cedió paso y partió con ellos.

Leiftan dirigió una ultima mirada a Ezarel que expresaba un "Bien hecho". El aludido respondió con un asentimiento y se encaminó a su guarida. Se perdería en una sobrecarga de trabajo que reprimiera su sentir.

Entre limpieza, pócimas, hechizos, ingredientes y un meticuloso inventario que detectó material faltante la noche cayó. Sin un ápice de cansancio Ezarel comenzó a indagar sobre las propiedades desaparecidas, no tardó en dilucidar que aquellos extravíos eran los ingredientes de un conjuro recién hecho.

—El abrazo de la muerte— susurró confuso— imposible—

Se abalanzó turbado al almacén, cogió vertiginoso varios frascos que apiló entre sus brazos. Caminaba con premura hacía la mesa donde diversos matraces y mecheros se encontraban perfectamente ordenados. Estaba a punto de alcanzar el mueble cuando una punzada en el corazón le hizo caer, colapsó sin posibilidad de aminorar la dolorosa caía. Su cuerpo se estrelló con rudeza en el suelo, al igual que los frascos de cristal que al tacto del mármol reventaron.

—¿Cómo…es…posible? — tartamudeó moribundo.

La vista se le nublaba, un doloroso helar nacía en su sistema óseo y desembocaba en su piel, su corazón se aceleraba a tal punto que parecía que iba a estallar. Estaba a punto de morir y no podía pedir ayuda, no podía hacer nada, estaba pagando con la misma moneda el acto que aquel día cometió.

Momentos antes de morir Ezarel comprendió la jugarreta en la que cayó: Erika le asesinó con la misma treta. En aquel instante todo tuvo significado, las apariciones del oráculo y la intuición de Miiko con respecto a ella. El quien era verdaderamente, sus motivos, sus planes se los llevó a la tumba la humana junto con la vida del recién fallecido jefe de la Guardia Absenta.