Sentimientos en la cancha.

Holis, esta vez vengo antes por mensa.

Este capítulo es de Ukai/Takeda y cronológicamente debió de haber ido antes del capítulo anterior pero no lo tenía escrito y por eso no lo noté, así que por favor ignoren eso te he :p

Como fue error mío mañana igualmente subiré el Kurotsukki que había prometido, y el capítulo siguiente ya sé cuál es y ya lo tengo por lo que no volveré a cometer este error.

Aclaración: Haikyuu! y sus personajes son propiedad de Haruichi Furudate, este es un trabajo sin fines de lucro.

Ahora sí ¡Disfruten la lectura!


¡Acósame más!

La vida de Ukai Keishin era bastante rutinaria. A las cinco de la mañana, en temporada, se levantaba para ir a recolectar especias de la huerta, tenía el segundo turno de la mañana en la tienda familiar que empezaba a las nueve y terminaba a las doce y treinta, tomaba un descanso de dos horas que terminaba a las dos y treinta y después volvía a salir a las cuatro treinta. Los lunes, miércoles y viernes, jugaba con la asociación de vecinos, y los fines de semana, aparte del trabajo, salía a beber con sus amigos de infancia. Después de eso no había demasiada variación, y realmente le gustaba su vida de monotonía porque era muy flojo para intentar cosas nuevas.

Pero nunca espero que un detallito irrumpiera en su rutina repentinamente, y mucho menos que este detallito pasará a formar una parte tan constante de esta. Todos los días entre semana recibía a las tres de la tarde la llamada de una misma persona.

-Ukai-kun, ven a entrenar al equipo de Voleyball de Karasuno, por favor- le pedía siempre con esa voz infantil pero seria- Soy el profesor consejero pero no sé nada del deporte, y estos chicos necesitan a una persona que los guíe.

Incluso eso se volvía una rutina, porque Ittetsu Takeda siempre le soltaba las mismas palabras, dando la impresión de que tenía ese discurso apuntado en alguna parte.

-No puedo, es demasiado trabajo- respondía siempre él, cansado pero divertido por los infructuosos intentos del sensei- No insista.

-Lamento molestar tanto, pero seguiré llamando- contestaba entonces el otro con voz ligeramente avergonzada pero decidida.

Entonces cortaba, y sin darse cuenta se quedaba esperando hasta que el día siguiente entraba la misma llamada, para escuchar la misma bonita voz, de la misma insistente persona, decir las mismas formales palabras. Las llamadas del profesor lo fastidiaban, sí, pero al mismo tiempo eran parte de su vida. Una parte agradable.

No contó en ningún momento con que las llamadas cesarían, y no comprendió tampoco el vacío que sentía en esos días solitarios en la tienda, al ver el reloj marcar las tres de la tarde y no oír el repique del teléfono. Y eso le molesto aún más, porque no debería sentir ese vacío, no debería repetir en su cabeza una y otra vez las palabras que había escuchado por unos cuantos meses, ni tratar de imaginar una cara que combinara con la vocecita dulce del profesor. Incluso había empezado a desear que el estúpido teléfono sonará y eso era otra de las cosas que no debía hacer.

Y esos molestos sentimientos también se habían convertido en cosa de todos los días, en rutina. Quizás si debía pensar en variar su vida, darle algo de movimiento y color, un color bonito cómo el de las mejillas del pequeño hombre que acababa de entrar.

-Buenas tardes, soy el profesor Ittetsu Takeda, es un gusto hablar nuevamente con usted Ukai-kun- saludó el visitante con una cara aniñada que no lo hacía lucir como una persona lo suficientemente mayor para ser profesor- Vengo a pedirle nuevamente que venga a entrenar al equipo de Voleyball de Karasuno…

No escucho el resto muy bien, al menos no lo que él supiera, pero eran palabras que ya conocía, sumándole unas pocas de las que capto como "Nekoma". No, él estaba demasiado concentrado en la cara tan adorable de esa persona que se había pasado el tiempo acosándolo y haciéndole sentir extrañamente abandonado cuando no lo hacía.

Fingió resistirse, pensando ¡acósame más! ¡acósame más! pero era más que claro que aceptaría porque junto a los escandalosos chicos de Karasuno, podría conseguir el movimiento suficiente para darle sabor a su vida, y respecto al color, no lograba imaginar alguno que no fuera el de esas redondas y adorables mejillas.


Esta pareja me gusta muchísimo y bueno el profesor Takeda es la cosita más linda de todos los adultos de esta historia. Espero les haya gustado, y si pueden, exprésenlo en un review.

Nos leemos mañana.

¡Saludos!