Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.


¡HOLAAAAAAAAAAAAA! Espero que no os hayáis desesperado esperando el siguiente capítulo que prometí hace tantísimo... Resulta que el proyecto de fin de curso me está ocupando más tiempo del que pensaba y me jode, me jode mucho porque yo quiero terminar y poder respirar tranquila.

Pero ya queda menos ¡Vamos Glow!

Nota de la autora: Bien, dejando a un lado mis dramas... Esta historia va a ser un pelín diferente a las que suelo hacer, porque por primera vez en la historia de mis fics, voy a tener una trama enrevesada y... Bueno, tengo que decir que mi adorada Kyrie HawkTem me ha inspirado a que haga una historia así. ¿Habéis leído su fic "En espera de las nubes blancas"? Porque es impresionante, de verdad.

Espero que os guste tanto como a mí me gustó escribirla.

¡Y dentro de poco el siguiente capítulo de "Sabor a coincidencia y café"! Si no lo habéis leído, debo deciros que el capítulo porni ya se subió ;) asjhdsdfas, sé que sois unos cochinotxs como shó.

Por eso estáis aquí, jojojo.

Sin más que añadir,

disfrutad de mis locuras.


Dieciocho

Capítulo II

Una parte de mi vida

.

POV Shikamaru.

Miro por la ventana acostumbrando mis pupilas a la luz de la mañana; paso una mano por mis ojos y los froto con suavidad hasta que mis pupilas se dilatan para acomodarse al Sol.

Aunque dura poco.

Unas nubes esponjosas, blancas y realmente grandes tapan el brillo del astro diurno haciendo que tenga que cerrar los ojos de nuevo para acostumbrarme a la claridad del día. Gruño y vuelvo a abrirlos.

Mucho mejor.

Me levanto de la cama con algo de parsimonia, hoy iba a ser otro día en el trabajo lleno de papeles, firmas por aquí y por allá y burdos intentos de que Naruto no se quede dormido.

Y café, mucho café.

Me dirijo hacia la cocina y preparo un rápido desayuno; me adecento en el cuarto de aseo y salgo por la puerta encontrándome a la única persona que está de buen humor todas las mañanas.

-¡Shikamaru, buenos días!— Ino se acerca a mí sonriente y me da dos palmadas en la espalda. -Voy a la floristería, hoy me han encargado un montón de pedidos.— Comienza a contarme sus cosas mientras yo trato de escucharla sin cerrar los ojos demasiado tiempo.

No comprendo cómo puede ser tan activa.

Suspiro y crujo mi cuello; se me queda mirando.

-No hagas eso, es asqueroso.— Me da un suave capón en la cabeza y se cruza de brazos.

Tuerzo los labios y pongo los ojos en blanco; me fastidia que se comporte como mi hermana mayor.

De repente, su semblante cambia a uno más alegre.

-¡Choji!— Saluda efusivamente con la mano y el nombrado se acerca. -¿Qué haces tan temprano despierto? ¿Alguna misión?— Pregunta Ino curiosa.

Yo le saludo con un movimiento de cabeza y meto las manos en mis bolsillos; noto un pañuelo.

Debo tirarlo más tarde.

-Sí... Karui me ha enviado a comprar algunas cosas.— Ríe algo avergonzado y se rasca la nuca.

-Ya veo, yo también suelo enviar a Sai a comprar.— Ino asiente firmemente poniendo sus brazos en jarra.

Yo sonrío, tanto Karui como Ino tienen que ser unas mujeres bastante problemáticas.

Sin embargo, me sacan de mis pensamientos.

-¿Y tú cuando pretendes buscar una mujer, Shikamaru?— Me pregunta Ino y casi me atraganto con mi propia saliva. -¡No te ahogues!— Me da unos golpecitos en la espalda y recobro la compostura.

Choji se ríe de mí; yo frunzo el ceño y carraspeo.

-No está en mis planes de momento...— Miro al suelo con un leve rubor en las mejillas.

Miento si digo que esa pregunta no me hace pensar en una mujer en concreto.

Más que mujer; chica porque no supera los dieciocho años.

Me muerdo la lengua y cierro los ojos con fuerza; no puedo evitar acordarme de lo que pasó hace más de un mes ya... Pero es como si hubiera pasado hace nada; todavía no me lo quito de la cabeza al dormir.

Ino y Choji comienzan a hablar de otros temas de conversación, seguro que han notado que no me apetecía hablar de esas cosas. Tuerzo los labios y me rasco la nuca; no es mi intención hacerles sentir mal.

Pero ese tema es... Problemático.

Poso mis manos en sus espaldas y me ausento de ellos alegando que llego tarde al trabajo; me despiden con una sonrisa y me retiro a la oficina.

No tardo en llegar.

O sí, pierdo la noción del tiempo pensando en lo que pasó aquella noche.

En que quizás no debería haber hecho nada.

En que consentí que ocurriera, pero... Ella lo quería tanto, era tan insistente.

Trago saliva al pensar que quizás eso era todo lo que necesitaba de mí, solo quería que pasara una noche con ella y pretendía olvidarme al día siguiente.

Aprieto la mandíbula y arrugo uno de los papeles que estoy firmando entre mis manos.

-Mierda...— Doy un suave golpe en la mesa. -Ahora tengo que repetirlo.— Suspiro y estiro el papel para dejarlo legible; agarro un papel en blanco y lo repito.

Disperso todo pensamiento referente a ella.

Tocan a la puerta.

-Uh... ¿Adelante?— Me extraño mucho de que me llamen tan temprano en la mañana.

-Nara, tenemos que ir a la oficina del Hokage, es urgente.— Era Sakura y su semblante parecía serio.

Mi rostro muestra una tremenda confusión, pero sin hacer preguntas, me levanto y la sigo.

Antes de entrar, tocamos a la puerta; nos dan paso y nos reunimos con las personas que hay dentro.

-Sakura, Shikamaru, en unos minutos llegarán visitantes de...— Pero antes de que Naruto pudiera acabar la frase, se escuchan tres golpes en la puerta.

-En unos minutos nada, ya estamos aquí.— Kankuro aparece abriendo la puerta sin esperar que nadie le diera paso. -¿Cómo estáis?— Su sonrisa es extraña, como si quisiera aparentar que está alegre pero... no.

Tuerzo los labios y antes de ofrecerle la mano en modo de saludo, de su espalda aparece a quien menos quería ver; o eso intento decirme a mí mismo.

-Hola, Señor Nara.— Se muerde el labio inferior y noto el sonrojo en sus mejillas.

Me quedo estático.

-¡Temari!— Sakura va directa hacia ella y le da un abrazo. -Estás incluso más guapa que en tu cumpleaños.— Le da un abrazo y Temari, con poca gana, lo corresponde.

No sé porqué todo el mundo la trata como si fuera una niña; le molesta.

Lo sé.

La conozco.

Me rasco las sienes y trato de mantener el control.

Naruto se aproxima hacia nosotros y ofrece asiento a los visitantes.

Después de que el Hokage les sirviera un poco de agua y recobraran el aliento; Kankuro habla.

-Suna corre peligro.— Deja el vaso encima de la mesa y se cruza de brazos apoyándose en el respaldo de la silla.

Temari asiente y su rostro se muestra neutro; yo no puedo evitar asustarme.

Naruto vuelve a su mesa y anota todo lo que Kankuro dice; Sakura y yo nos miramos.

-Hace algunas semanas se encontraron cadáveres de ganado por las afueras de la villa; pensamos que era una epidemia.— Kankuro cierra los ojos.

-Pero después encontramos cadáveres humanos.— Comenta Temari apretando sus manos en puños.

Los tres de Konoha abrimos los ojos de par en par y miles de dudas asaltan la mi mente.

Quiero preguntarle a Temari si ella está bien, si le pasó algo, si ha sufrido algún daño.

Pero aprieto con fuerza la mandíbula y me callo escuchando el resto de la historia.

Kankuro toma la mano de su hermana; quien ha cerrado los ojos. Debe ser duro tener tan corta edad y ver ese tipo de cosas.

Me entristezco; quiero consolarla.

-Todos tienen algo en común, eso es lo más sospechoso.— Kankuro respira hondo y mira a Naruto con firmeza; este traga saliva y para de escribir. -Les quitan los ojos.— Lo dice despacio y a cada palabra mi corazón se paraba más y más hasta que noto cómo la sangre se despide de mi cerebro.

-¿¡Cómo!?— Sakura se echa las manos a la cabeza y con una expresión de horror se pone al lado de Naruto mirando a Kankuro de frente. -¡Para eso se necesita material quirúrgico! No es tan fácil separar el ojo de su... cuenca.— Niega con la cabeza estupefacta y cierra los ojos; se da la vuelta y abre la ventana.

Yo también estoy empezando a encontrarme mal.

Naruto se levanta y acaricia la espalda de Sakura tratando de calmarla.

-Uchiha, hemos traído un cuerpo... Para que lo examines.— Kankuro se levanta y se pone a su lado.

Sakura le mira horrorizada; mira a Naruto y éste le asiente con firmeza.

-Está bien... Lo examinaré para ver qué clase de animal ha hecho eso.— Pasa las manos por su cara, frotándola y mira a Kankuro. -Vamos.— Ambos se dirigen fuera de la oficina.

-Oh, Temari ¿Vienes?— Pregunta su hermano mayor asomándose por el marco de la puerta.

Esta titubea, me mira y vuelve a mirar a su hermano.

-S-sí...— Hace una pequeña reverencia hacia mí y Naruto y se va.

Suspiro.

El lago de emociones que estoy sintiendo no es ni por asomo como pensé que empezaría mi mañana.

Me siento en una de las sillas enfrente de la mesa del Hokage y miro a Naruto.

-¿Crees que podrá hacer algo?— Pongo una pierna encima de la otra y tuerzo los labios.

-Es nuestra mejor médica... Si ella no puede, no creo que nadie en todo el mundo ninja pueda.— Naruto se sienta en su sillón observando las anotaciones que ha apuntado sobre lo que Kankuro explicó.

Nos miramos con un ápice de preocupación y pocos minutos después me levanto para dirigirme hacia mis asuntos.

-Necesito un maldito cigarro.— Cierro la puerta de mi estancia y después de coger un cigarrillo y el encendedor de mi difunto maestro Asuma, voy a la ventana.

Olvido los problemas durante la longitud del cigarro. Cierro los ojos y expulso el humo por la ventana.

Vuelven a tocar a la puerta.

-¿Quién es?— Pregunto algo nervioso apagando el cigarro.

Está prohibido fumar dentro del edificio y si es Naruto no me diría nada; de quien tengo miedo es de Sakura.

Corriendo, me dirijo hacia mi asiento pretendiendo que estoy haciendo algo.

La puerta se abre.

-Hola, Señor Nara.— Aparece Temari y se queda esperando a que le diga algo.

Parpadeo varias veces y le hago una seña para que pase.

-¿Qué ocurre?— Pregunto algo asustado; espero que no haya pasado nada grave con todo ese asunto de los cuerpos, y los ojos, y las cuencas.

Hago una mueca de asco y cierro los ojos tratando de no recordarlo.

-Pregunté a mi hermano si podía excusarme, no quería estar en el hospital.— Aparta la mirada de mí y se aproxima a la mesa cerrando la puerta detrás de ella.

Trago saliva e intento relajarme.

-¿Y qué quieres hacer?— Miro hacia un punto fijo y aprieto los labios.

Esa pregunta me ha hecho imaginarme cosas que no deberían pasar por mi mente en este momento.

Joder, Shikamaru piensa antes de hablar.

Ella se ríe y muerde su labio inferior.

Dejo los documentos a un lado y la miro con una sonrisa algo falsa; estoy más nervioso que contento porque ella esté aquí; sin embargo, Temari está tan tranquila ¿Qué pensará?

Y al parecer está pensando en lo mismo que yo: Nada. Nos quedamos lo que parecen varios minutos sin mediar palabra.

Yo me apoyo en el respaldo de mi silla, cruzo las piernas, carraspeo.

Ella se toca el pelo, se acomoda la ropa, aparta la mirada de mí cuando me cruzo con ella.

-Le he echado de menos... ¿Y usted?— Me mira por encima del flequillo y pongo todos mis esfuerzos en no derretirme.

Sonrío y me muerdo la mejilla; quiero decirle exactamente lo mismo.

Pero soy demasiado idiota y cobarde para hacerlo. Me limito a suspirar y recostarme de nuevo en el respaldo echando la cabeza hacia atrás y mirando el techo.

Cuando vuelvo a bajar la vista la veo enfrente de mí haciendo que ipso-facto me incorpore y a la vez sobresalte por tenerla tan cerca.

Puedo notar su aroma a arena, a verano; lo cual, sin querer, me lleva a aquel día, a aquella noche.

Posa sus manos en cada mejilla mía y se acerca; me quiere besar. Cierra sus ojos y se queda quieta.

Parpadeo varias veces y supongo que está esperando a que yo de el paso.

Y lo doy.

La tomo de la cintura para que se acerque a mí un poco más y fundo mis labios con los de ella haciendo que emita un leve gemido; el cual intento ignorar si no quiero que mi cerebro se desconecte de mi cuerpo.

-Yo también.— Respondiendo por fin a su pregunta, ella abre los ojos y sonríe.

No puedo.

Vuelvo a besarla, pero la posición es algo incómoda; no quiero que esté todo el rato agachando su espalda para besarme.

Trato de levantarme para ser yo quien se agacha, pero noto cómo dos pequeñas piernas pasan a cada lado de mi cadera; se ha sentado encima de mí.

Abro los ojos de par en par.

Temari no.

Aquí no.

Aprieto los ojos y trato de zafarme de su beso; pero me agarra las mejillas y no puedo evitar ceder. La abrazo por la cintura y correspondo el beso notando el suave tacto de sus manos acariciar mis mejillas.

-Señor Nara... Necesitaba verle.— Me susurra en el oído y pasa a besarme el cuello.

Temari...

Cierro los ojos y aprieto los dientes; me está costando horrores mantener el poco control que me queda. Mi respiración se agita y sé que nota cómo todos los poros de mi cuerpo se estremecen ante su contacto.

Se me escapa un suspiro de placer cuando noto un suave mordisco en mi clavícula; escucho su risa y se separa de mí.

Me quedo tendido en la silla con los brazos apoyados en los reposabrazos y las piernas algo abiertas ¿Cómo puede controlarme tanto?

Mi respiración agitada empieza a calmarse cuando se levanta de encima, pero se corta del todo cuando veo que se agacha.

-¿Qué...? Ni se te ocurra.— Ruedo la silla hacia atrás apartándome de ella y frunce el ceño.

Se sienta sobre sus rodillas y me hace un puchero.

Miles de pensamientos rondan mi cabeza y pasan a la velocidad de la luz; miles de cosas que decirle para que se vaya, para que entienda que eso no está bien, para que comprenda que no podemos hacer lo que ella quiere.

Pero en el único segundo que contemplo la posibilidad de que podría, por una vez, dejar de actuar como si no quisiera hacer nada con ella; lo nota.

Y es cuando se vuelve a acercar a mí y me rindo.

Aprieto los dientes y las manos en puños; las aprieto tanto que temo hacerme sangre.

Noto su dedo índice recorrer la cremallera de mi pantalón negro y me quedo mirándola.

-No deberíamos...— Antes de acabar la frase me mira con una pícara sonrisa ladeada mordiéndose el labio inferior.

Se pone de rodillas, incorporándose y baja la cremallera de mi pantalón.

Trago saliva y ella contiene la respiración.

Mi cuerpo no responde; mando señales para hacer que todo esto pare, pero hay algo en mí que no quiere hacerme caso.

Y ese algo soy yo mismo; no quiero que pare, quiero que lo haga.

Como aquella noche, hace que estar con ella se convierta en necesidad.

Me desabrocha el botón del pantalón y levanto un poco mi pelvis para que pueda bajarlos.

No puedo creerme lo que estoy a punto de hacer.

Lo que está a punto de hacerme.

Masajea mi ya notoria erección por encima de la ropa interior y tengo que cerrar los ojos; oriento mi cabeza hacia el techo y poso un brazo sobre mis ojos.

-Quiero darle las gracias por el regalo de mi cumpleaños...— Aparta la tela de la ropa interior y noto su cálida mano rozar mi miembro.

Abro los ojos de par en par y me agarro fuerte a los reposabrazos.

Ella apoya su rostro en una de mis piernas mientras una de sus manos masajea mi erección haciendo que la piel de este suba y baje con lentitud.

Mi respiración se vuelve más agitada y no puedo parar de mirarla.

Noto la saliva endurecerse y pasar por mi garganta con dificultad; la boca se me seca y relamo mis labios cada dos por tres.

La incertidumbre del momento está empezando a convertirse en excitación.

La miro con los ojos entre abiertos y apoyo mi cabeza en una de mis manos; sosteniéndola.

Suspiro cada vez que su mano baja; jadeo cada vez que vuelve a subir.

-¿Lo hago bien?— Me mira por un segundo y vuelve la vista a mi erección; me da ternura y risa, parece muy concentrada.

Paso una mano por su cabello y asiento. Mis cuerdas vocales solo pueden suspirar y jadear.

Ella sonríe pero de pronto, para.

-¿Qué es esto?— Parpadea varias veces y con su otra mano roza la punta de mi erección.

-C-cuidado...— Aprieto un poco su hombro, esa zona está demasiado sensible.

Pasa su dedo índice con delicadeza sobre la punta y se lleva el líquido pre-seminal a sus labios.

-No hagas... No hagas eso.— Trato de pararla pero lo hace de todas maneras.

Doy un suspiro y aparto la vista.

-Está... salado.— Abro los ojos de par en par y la miro.

-No tendrías que haberlo probado.— Rasco mis sienes y la idea de que esto no está siendo una buena idea vuelve a asaltarme.

Sin embargo, antes de poder mediar palabra; noto su lengua rozar mi erección.

Se me escapa un gemido.

-Temari... ¿Qué ha-haces?— Reprimo mi respiración y ella sonríe.

Vuelve a lamer la longitud de mi miembro y suelto el aire de nuevo en forma de jadeo.

Su lengua está caliente.

-¿Le gusta más de esta manera, Señor Nara?— Me pregunta con falsa inocencia; sé que quiere provocarme.

Y yo, no siendo casi consciente de mis acciones; simplemente asiento mirándola anonadado.

Ella sonríe y mientras vuelve a masturbarme con una de sus manos, su boca succiona la punta de mi erección.

-Temari...— Está gustándome demasiado; tanto que no puedo evitar mover mi cadera al compás que ella mueve su boca.

Si sigue así, no duraré mucho más.

Aprieto los dientes y paso una mano por sus cabellos; acaricio su mejilla y me mira. Sus ojos verdes se ven aún más intensos.

Y me excita; me gusta que me mire mientras está haciéndome todas estas cosas.

Trago saliva y me levanto; ella ya ha tenido su momento de control y si quería que esto pasara; pasaría.

Al levantarme de la silla se queda algo estática y preocupada; pero su rostro vuelve a la normalidad cuando le hago una señal para que se levante.

-¿He hecho algo mal?- Pregunta inocente; yo gruño.

Hago que se apoye en el escritorio y vuelvo a besarla notando mi propio sabor; y me gusta.

Introduzco mi lengua entre sus rosados labios y puedo notar un gemido morir en mi boca.

Bebo su saliva, succiono su lengua, muerdo su labio; es mía.

Me intenta abrazar, pero antes de que lo haga me separo de ella y le doy la vuelta recostando su cuerpo en el escritorio; quedando de espaldas a mí.

Me mira girando la cabeza con rostro de confusión y se sorprende cuando nota mis manos rozar su intimidad; vuelve a girar su cabeza hacia delante y gime.

Y yo quiero más.

Me muerdo el labio inferior y bajo las mallas que lleva siempre; levanto su falda y puedo ver sus braguitas.

Esta vez son blancas con pequeñas hojas verdes y marrones adornándolas; me encanta su ropa interior.

-Ahora te toca a ti.— Gime nada más escucharme hablar.

Paso mis dedos por su ropa interior; la noto mojada y sonrío.

Pero no puedo esperar.

Bajo sus braguitas y ella separa las piernas. Su intimidad está rosada y excitada; se me hace la boca agua y tengo que reprimir un jadeo y dejar de respirar.

Introduzco mi dedo índice sin avisar dentro de ella y la preparo; llevamos más de un mes sin hacer el amor, por lo que su intimidad debe estar bastante estrecha.

Y así es, noto mi dedo ser aprisionado por sus resbaladizas y mojadas paredes. Resoplo de excitación, quiero notar esa sensación en mi erección ya.

Pero espero un poco más; espero porque verla jadear, gemir, mover sus caderas para notar más dentro mi dígito me gusta; me encanta.

Con mi otra mano acaricio su trasero; lo agarro con fuerza y lo suelto.

No puedo negar que siempre me ha llamado la atención y es exactamente como lo imaginaba.

Su piel blanca se estremece ante el agarre de mi mano y sin quererlo; dejo una pequeña marca roja en una de sus nalgas.

Jadeo; me gusta eso.

Saco mi dedo de su intimidad y posiciono mi erección entre sus dos nalgas; las aprieto y lo froto entre ambas.

Ella gime y me mira de reojo; sus ojos están entre cerrados y noto que de sus labios sale un pequeño hilo de saliva.

Gruño con fuerza; está siendo demasiada dura la espera de estar dentro de ella.

Pero no tengo condón, y no creo que ella disponga de uno.

Cierro los ojos y frunzo en ceño.

Sigo moviendo mis caderas paseando mi erección entre sus nalgas, notando cómo mi líquido pre-seminal cada vez más abundante se mezcla con los fluidos que su intimidad emana.

Me muerdo el labio inferior y vuelvo mi mirada a tan agradable visión.

-Señor Nara... Por favor.— Me mira a los ojos, me suplica con la mirada pero, no puedo. -No pasará nada, por favor.— Desliza su mano hacia mi miembro y lo agarra.

-Temari no podemos...— Aprieto los dientes y la miro.

Ella se tumba en la mesa y alza su trasero para poder posicionar mi erección entre sus labios inferiores.

-Por favor, no puedo más...—Vuelve a mirarme y noto cómo ella sola se autopenetra.

Eso me ayuda a sentirme menos culpable; pero no ayuda a que recobre la cordura.

Porque la pierdo del todo cuando noto sus labios rozar la punta de mi erección.

Está tan mojada, tan estrecha.

Gruño y cedo.

Agarro con fuerza sus caderas, Temari me toma de las manos y voy metiendo mi erección poco a poco dentro de ella.

Ambos no podemos reprimir un gemido de placer al volver a encontrarnos de esta manera; lo necesitaba.

Muevo mi cuerpo hacia atrás sacando mi intimidad lo suficiente como para poder volver a meterla de nuevo con algo más de fuerza.

Estoy en el cielo; el condón, aunque protege me privó de notar la plenitud de sus paredes, la plenitud de su humedad, de su suavidad.

-Temari, estás...— Aprieto los labios; no soy capaz de terminar una frase.

Mi mirada está fija en cómo mi miembro entra y sale de ella; en cómo sus labios se abren a mi paso y cómo hago que se moje todavía más si puede.

Jadeo y le doy una fuerte embestida que hace que deje de agarrarme las manos para ponerlas a cada lado de su cabeza; reposándola en el escritorio.

-Señor Nara... M-me gusta más así, me gusta m-más...— Entre sus cabellos puedo notar cómo me mira de reojo.

Gime cada vez más fuerte y tengo que inclinarme hacia ella para susurrarle en el oído que se calle; paso una mano hacia su boca y la tapo.

-No querrás que nos oigan.— Siento cómo su intimidad se estrecha más.

¿A caso le excita el hecho de que puedan encontrarnos así?

Se incorpora un poco y apoya los codos sobre la mesa para poder besarme con facilidad; aparta mi mano y pega mis labios a los suyos.

No cierro los ojos; los mantengo entreabiertos para contemplar tal belleza.

Mis movimientos van siendo más rudos; choco contra sus nalgas y esto me hace querer darle aún más fuerte.

Paro de besarla y aflojo la cinta roja que rodea su vestido negro. Aparto la tela que cubre sus pechos y los dejo al aire.

Ella se sonroja y yo vuelvo a besarla; pero paro la penetración.

Necesito verlos.

Le doy la vuelta y la tomo de la cadera para sentarla en el escritorio.

Posiciono mi erección de nuevo entre sus piernas y la meto sin avisar de una sola embestida; ella pone los ojos en blanco y reposa su cuerpo sobre mi escritorio tirando algunos papeles por el suelo.

-M-más fuerte...— Sus manos comienzan a tocar sus pechos; quiere excitarme más aún.

Y lo consigue.

Me hipnotiza ver cómo se roza los pezones con sus propios dedos, cómo agarra sus pechos y los suelta, cómo hace que se junten y queden más apetecibles si se puede.

Le doy más fuerte; como ella me pide.

Apoyo mis manos en el escritorio y mis caderas alcanzan un ritmo constante pero duro; como ella quiere.

Aprieto los dientes con fuerza y noto mis encías resentirse.

Estoy a punto.

Agarro sus caderas y siento las paredes de Temari estrecharse cada vez más; sé que ella también está a punto.

Se incorpora y me abraza.

-¿Estás a punto, verdad?— Sonrío de lado y ella asiente anonadada.

Poco puede hablar ahora.

Gime en susurro y esos gemidos mueren en mi boca cuando me besa; sus labios se pegan a los míos de forma ruda, pone los ojos en blanco y hace pequeños espasmos con su cuerpo.

Ha llegado.

Mi erección empieza a resbalar mucho más deprisa en su interior debido a los fluidos que expulsa su intimidad por haber llegado al éxtasis.

Y no puedo más.

Vuelvo a tumbarla, salgo de ella y el líquido blanco llena su cuerpo.

Agarro sus piernas con fuerza y reprimo un gruñido de placer apretando los dientes.

La miro y me doy cuenta del desastre que he causado.

Me quedo parado esperando que mi cerebro me de alguna orden y recobro el aliento.

Inspiro todo el aire que puedo y lo suelto poco a poco; ella sigue tratando de relajarse tumbada en el escritorio.

-D-deja que limpie todo esto...— Rasco mi nuca.

Miro hacia todos lados pensando en qué puedo utilizar para arreglar este accidente. Palpo mis bolsillos y noto un pañuelo de a saber cuándo.

Me sirve.

Al volver la vista a ella, tiene una mueca de asco, parpadeo varias veces y al segundo dejo de respirar.

-Temari no habrás...— La miro con cara de confusión.

-Sabe raro y está muy espeso.— Hace ruidos con la boca; como si lo estuviera saboreando.

Me sonrojo hasta el extremo y frunzo ceño.

-No seas tonta, ni se te ocurra volver a hacer eso.— Aparto la mirada y dejo salir un leve suspiro.

Vuelvo a mirarla y me saca la lengua.

Maldita cría.

Tiendo el pañuelo sobre ella e intento limpiar todos los restos de mi semen de su cuerpo; también aseo mi erección y tiro el papel a la papelera que queda a mi derecha.

Me subo los pantalones y ella se acomoda sus ropas.

Dejo mi cuerpo caer sobre el sillón que está detrás de mí y oriento la cabeza hacia arriba.

Vuelven las dudas de si debería haber dejado o no que esto pasara; gruño para mis adentros y me rasco los ojos.

-Señor Nara...— Me llama y me acomodo en el sillón para poder mirarla.

Está sentada en el escritorio con una expresión entre neutra y triste; me desorienta.

-¿Qué te pasa?— Acerco la silla a ella y apoyo mis manos sobre sus muslos; los acaricio. -Puedes contarme lo que quieras.— Le doy una señal de confianza y beso su mano.

Ella sonríe y vuelve a hablar.

-Necesitaba... esto.— Se sonroja e intento no reírme por lo adorable que se ve. -Lo necesitaba porque me ha hecho olvidarme de todo por un momento.— Me confiesa mientras toma mis manos y las entrelaza con las suyas.

Mi expresión se vuelve compasiva.

Miro al suelo un instante y después me levanto de mi sillón para estrechar su pequeño cuerpo entre mis brazos.

-Te haré olvidar todas las veces que quieras, Temari.— Trato de calmarla. -Pero debemos afrontar las cosas que vengan ¿Vale? Yo estaré a tu lado.— Tomo su rostro entre mis manos y la miro a los ojos. -Konoha y Suna ahora son aliadas.— Sonrío haciendo que ella también lo haga.

Le pretendo dar un fugaz beso que se convierte en uno más profundo cuando sus manos agarran mi camiseta, no dejándome ir.

Tocan a la puerta y abrimos los ojos tanto como podemos.

-Mierda.— Masculla entre dientes y corriendo, me aparta de ella y se sienta en una silla de enfrente de mi mesa.

Me asiente y me dirijo hacia la puerta.

-Hola Sakura, Kankuro.— Les doy permiso para entrar. -¿Tienes noticias?— Le pregunto a Sakura.

-He pedido que le hagan una autopsia, te daré los resultados en cuanto los tenga.— Me comenta entrando a la sala y dejando unos papeles encima de mi mesa. -Pero te digo que la extracción de los ojos es impecable.— Tuerce los labios y se cruza de brazos. -Debe ser alguien que tenga conocimientos sobre medicina.— Chasquea la lengua.

-¿Para qué quiere... ojos?— Pregunta Kankuro poniéndose a mi lado.

-Y yo qué sé...— Se rasca las sienes y vuelve a mirarnos. -Quizás alguna especie de ritual o algo por el estilo.— Comenta con cara de confusión.

-Cuando tengamos la autopsia, lo sabremos, tranquila.— Temari se levanta de su sitio y se pone al lado de su hermano.

-Es cierto, gracias por tu ayuda.— El hermano mayor muestra una sonrisa de agradecimiento y le tiende la mano.

Yo me acerco a revisar los papeles que me ha dejado; supongo que tendré que leerlos y firmarlos antes de dárselos a Naruto.

-Nara.— Kankuro me llama y le miro. -A ver si ordenas un poquito, tienes un montón de papeles arrugados en el suelo.— Me señala hacia un montón de papeles que yacen arrugados y desperdigados.

Se me para el corazón y miro a Temari.

Ella se da la vuelta y noto cómo aguanta la risa.

-Ya...— Río de forma nerviosa y los recojo.

Ahora me tocará pasarme toda la noche pasándolos a limpio.

Lloro por dentro.

Sakura se excusa para irse de nuevo al hospital.

Kankuro y Temari también se retiran a descansar a su hotel; me despido de ellos y cierro la puerta.

Lanzo un sonoro suspiro y bajo la vista yendo hacia mi sillón.

Me quedo con la mirada perdida pensando en todo el cúmulo de emociones que he tenido el día de hoy; cada vez que ella viene desbarata mi mundo, juega con él y le da la vuelta mil veces.

Sin embargo, el hecho de que tenga que volver a Suna mañana me preocupa.

-Quizás deba hablar con Kankuro...— Tamborileo mis dedos encima de la mesa y juego con un bolígrafo.

Doy la vuelta a la silla y miro al cielo.

No permitiré que le ocurra nada; si a ella le pasara algo... Si ella se fuera, se iría una parte de mi vida.


MIRA, MIRA. NO tenía pensado seguir esta historia; quería hacer un maldito OS pero me pedísteis que siguiera y esta descabellada idea pasó por mi mente ¿Y cómo no haceros caso? Si sois mi perdición, mi droga.

¡Oioioioioi! ¿Qué estoy haciendo? Baiabaia, parece que la trama se está poniendo interesante ¿No?

NoGlowCALLATE.

... -sevallorando-

Okya.

Mh, el lemmon... ¿Qué tal? sjhfñlalas Espero que os haya gustado, porque yo estaba con una fregona al lado. -guiñoguiño-

Quisiera saber las opiniones de todos sobre qué tal os parece la introducción de la trama, si creéis que debo añadir algo más, quitar cosas; qué os gustaría que saliera... Todo todito.

Y bueno, el sexo en la oficina es una petición de Nonahere, la cual comparte conmigo el gusto de hacerlo en lugares públicos xDDDDDDDDDDDD cochina como ella sola.

Quiero terminar agradeciendo a todas las personitas que habéis llegado hasta el final de este capítulo, así que ¡GRACIAS!

Espero de verdad que os haya gustado, decidme vuestras opiniones en la sección de comentarios, dadme vidaaaaa.

¡Besitos de chocolate para todos!