Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.
Buenas a todos y todas; bienvenidos al capítulo III de este fic llamado Dieciocho.
Whoops, qué formales estamos ¿No?
Pues para formalismos nada, porque en este capítulo Shikamaru perderá un poquito el control con Temari... ¿A qué se deberá? Si quieres descubrirlo, adelante, mira a ver qué es lo que ocurre. ;)
Quiero daros las gracias a todas las personas que os pasáis por mi perfil y estáis pendientes de las actualizaciones que hago, aunque no dejéis comentario yo sé que en muchos países me leéis y ya de por sí eso me hace muy feliz.
Sin más que añadir;
disfrutad de mis locuras.
Dieciocho
Capítulo III
Callando a los demonios
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POV Shikamaru.
El ocaso está dejando paso a una hermosa noche estrellada en Konoha; la Luna comienza a hacerse visible entre los anaranjados colores del cielo y la brisa estival recorre cada rincón de la villa.
Salgo de la oficina, me despido de los pobres que aún deben quedarse por papeleo diverso y voy hacia la puerta de salida. Respiro hondo y miro hacia el suelo.
¿Debería ir a hablar con Kankuro? Tuerzo los labios y noto cómo el rubor se concentra en mis mejillas.
Soy un cobarde.
Suspiro de nuevo y enciendo un cigarro, inhalo el aire e intento sacar todo lo malo al espirar; pero hay demasiadas cosas malas en mi cabeza ahora mismo.
Y todas no caben en un cigarro.
Mi caminar se hace cada vez más lento hasta que, por al parecer, propia inercia, llego al hotel donde sé que los hermanos de la Arena se hospedan.
Rasco mis sienes con la mano libre, vuelvo a mirar el hotel y no lo pienso más veces; confrontar a Kankuro y pedirle que Temari no vaya a Suna le puede resultar raro y quizás me aborde con varias preguntas que no me va a quedar más remedio que responder -mentir-, pero el mero hecho de pensar que puede ocurrirle algo...
Trago saliva duramente, niego con la cabeza tratando de dispersar ese tipo de pensamientos y apago el cigarro pisándolo con el pie.
Vale, pues allá vamos.
Resoplo por la nariz, aprieto las manos en puños y entro al hotel.
-Buenas noches ¿Temari y Kankuro se hospedan aquí? Me gustaría saber la habitación.— Pido amablemente al recepcionista que está detrás del mostrador.
Él se acerca a mí, asiente con la cabeza sonriente y ojea las páginas del libro de clientes.
-Habitación veinticuatro.— Vuelve a sonreír y hace una pequeña reverencia.
Le devuelvo la sonrisa y me dirijo hacia dicha habitación.
Paso por el largo pasillo que divide el hotel en dos partes, la parte de los números pares; y la de los impares. La pared está pintada de un apagado tono amarillo con algún que otro adorno pintado en marrón a modo de decoración y varios cuadros en tonos naranjas; todo colores muy otoñales. Tuerzo los labios y me intento fijar en los números de las puertas; están en color negro y estas son de un madera oscura, es difícil distinguirlos.
Pero por fin encuentro la habitación que buscaba.
Respiro hondo, carraspeo, me arreglo la coleta y toco a la puerta.
-¿Quién es?— Escucho a Kankuro desde el interior y, aún sin ver su cara, puedo suponer que no tiene muchas ganas de abrir a nadie a estas horas.
En parte, lo entiendo.
Me rasco la mejilla y hablo.
-Soy Shikamaru Nara.— Espero a recibir respuesta; pero la respuesta es ver cómo la puerta se abre.
Sonrío nervioso y Kankuro me mira confundido.
-¿Qué ocurre, Nara?— Me pregunta haciéndome una señal con la cabeza para que pase.
-Gracias.— Paso delante de él y me quedo parado en el recibidor. -Quería hablarte de unas... cosas.— Miro hacia arriba y rasco mi zona izquierda de la cabeza en señal de nerviosismo.
Kankuro vuelve a mirarme extrañado ladeando la cabeza; se encoge de hombros y me pide que le siga con la mano.
Vamos a la sala de estar del hotel, que también es el comedor y aunque parezca que la habitación es pequeña, está decorada de manera que parezca más grande; me pregunto cuánto les costará la noche cada vez que vienen aquí.
Observo mi alrededor, todo está alumbrado por una tenue lámpara de la mesilla que hay al lado del sofá donde Kankuro se ha sentado. Le sigo.
-Temari está durmiendo, tiene mal despertar así que...— Comenta de una manera divertida a lo que yo me río.
Ya sé cómo se despierta, he dormido con ella.
Mis ojos se quedan estáticos y me quedo mirando a un punto fijo sin parpadear.
¿Por qué tengo que pensar esa clase de cosas cuando estoy en frente de su hermano mayor?
Cierro los ojos con fuerza, aprieto mis manos y vuelvo a mirar a Kankuro.
-Verás, sobre todo lo que nos habéis contado esta mañana...— No sé por dónde empezar y cómo decirle que no quiero que Temari vaya. -¿Crees que habrá que luchar?— Pregunto cauteloso, tanteando el terreno.
-No tengo ni idea Nara, lo que sí sé es que nos han matado todo el maldito ganado y han asesinado a nuestra gente.— Hace una pausa con el ceño fruncido y junta sus manos apretándolas fuerte. -Si eso no es motivo de luchar, entonces no sé qué puede ser.— Dice enfadado mirando al suelo; noto su mandíbula tensa.
Trago saliva; está claro que Kankuro quiere encontrar a los culpables y hacerles unos rostros nuevos a base de puñetazos. No puedo decirle que deberíamos evitar la lucha a toda costa.
Se me acaban las opciones y el tiempo de responderle; la idea de venir aquí ha sido ridícula.
Pero se me enciende una bombilla; si no puedo retener a Temari aquí... La protegeré.
-Entonces deberíamos plantearnos llevar a algunos ninjas de Konoha a cubrir Suna.— Comento decidido y al parecer mi decisión le gusta.
-¡Já! Nara, eres un genio, pero...— Se rasca el mentón y tuerce los labios, pensativo. -¿Crees que Naruto estará de acuerdo?— Ladea la cabeza con un semblante más triste.
Me río de manera leve y le miro.
-Si es por ayudar a Gaara, Naruto hará todo lo que esté en su mano.— Le sonrío de manera confidente.
Kankuro vuelve a tener un rostro más alegre; aunque pronto cambia a uno más serio.
-¿Cómo puedo agradecerte todo esto?— Mientras habla, parece que se le ocurre una idea.
Voy a abrir la boca para hablar, pero me acalla levantando su dedo índice; una sonrisa pícara se dibuja en su rostro y me hace una señal para que le espere aquí.
Da la vuelta al sofá y le sigo con la mirada apoyando uno de mis brazos en el respaldo; él abre una de las habitaciones, supongo que la suya y vuelve a venir con una botella en la mano.
-¿Qué es eso?— Pregunto sorprendido.
-Es vino, siempre que vengo me llevo uno a Suna.— Comenta sonriente mientras lo descorcha. -Aunque no es muy caro, creo que es el mejor vino del mundo.— Le da un sorbo de la misma botella y me lo pasa.
-No sé si debería...— Tuerzo los labios y miro la botella, luego miro a Kankuro.
Éste me alza una ceja y me acerca más la botella.
-Vamos Nara, no tengo ninguna enfermedad, puedes beber de donde yo.— Comenta riendo, a lo que yo le imito.
Qué diablos; merezco un capricho.
Tomo un pequeño sorbo y dejo el líquido en mi boca notando el regusto a madera de roble; no debía ser tan malo.
-Bueno Nara ¿Cómo es vivir en Konoha?— Me pregunta de repente.
Le miro y me quedo pensando.
-Creo que Konoha es el mejor lugar para vivir debido a su clima.— Comento de manera sincera sin pretender ofenderle.
-Cierto, Suna es una bonita villa pero el clima es un asco.— Reímos y me mira de una manera extraña. -¿Dónde crees que están las mujeres más guapas?— Pregunta alzando las cejas y sonriendo ampliamente.
Me sonrojo y miro hacia otro lado; este tipo de temas nunca han sido de mi agrado.
-No... No creo que la belleza de una mujer se mire únicamente por el físico.— Miro la botella y la remuevo algo nervioso.
Escucho a Kankuro reír en una sonora carcajada y después taparse la boca con ambas manos mirando a la habitación donde, supongo, está durmiendo Temari.
Trago saliva; espero que no esté escuchando nada de esto.
Suspiro y vuelvo a mirar a Kankuro.
-¿No tienes ninguna mujer que ronde tu cabeza, Nara? No me lo creo.— Vuelve a dar otro trago a la botella.
Se me para la respiración y mi corazón está a punto de salirse de la caja torácica. Tamborileo los dedos en mi pierna, miro a Kankuro, miro al suelo, miro al techo, miro a Kankuro y cierro los ojos.
Sí.
-No...— Digo en un susurro mintiéndome a mí mismo.
-Bueno, seguro que alguna mujer aparecerá pronto.— Me da una palmada en la espalda y yo río desganado.
Quiero irme a mi casa.
El echo de pensar que debo ocultar mi extraña relación con Temari durante toda la vida; me hace replantearme varias cosas en las que no tengo ganas de pensar.
Entristecido, pero tratando de ocultarlo, me levanto del sofá con la sonrisa más sincera que sé fingir.
-Creo que es hora de irme a casa.— Kankuro se levanta conmigo y su rostro muestra confusión.
-¿He dicho algo malo?— Me pregunta mirándome de forma sincera.
Yo niego con la cabeza y manos sonriente; no pretendo hacerle sentir mal con mis propios demonios.
-Estoy bastante cansado del papeleo y todo eso.— Miento. -Mañana nos veremos en la oficina de Naruto para comentarle lo de enviar alguna ayuda a Suna.— Le toco el hombro de manera amistosa y él me tiende la mano.
-Allí estaremos.— Nos estrechamos las manos y me dirijo a la puerta seguido de él.
-Muchas gracias Nara, eres un hombre al que confiaría muchas cosas.— Vuelve a estrecharme la mano, esta vez más fuerte y mirándome a los ojos.
Mis pulmones se olvidan de recaudar oxígeno ante tan sincera mirada y mi mente vuela a todas las cosas que le he hecho a su hermana.
¿Puedo vivir con esto?
Cierro los ojos con fuerza, muestro una sonrisa y asiento estrechando su mano de nuevo.
-Puedo decir lo mismo.— Le devuelvo el cumplido y escucho la puerta cerrarse.
Me doy la vuelta y camino cabizbajo con las manos en los bolsillos. Miles de pensamientos se cruzan por mi mente, ninguno positivo, ninguno que me haga levantar los ánimos y decir que todo en mi vida está bien.
Desde que ella se cruzó en mi vida; nada estaba bien.
Gruño.
No, no quiero echarle la culpa a ella; debería echármela toda a mí. Yo soy un adulto, debería haber sido el responsable y el único que cortara toda esta locura.
Aprieto los labios y noto cómo una extraña sensación empieza a inundar mi cuerpo, mi corazón duele y noto un nudo en la garganta. ¿Por qué tengo ganas de llorar?
Salgo del hotel y me quedo mirando el cielo. El satélite nocturno ahora brilla con intensidad y fuerza; la poca contaminación lumínica de Konoha por la noche hace que las estrellas se vean radiantes y hermosas.
Sin duda mirar el cielo siempre es una ayuda para que mi cuerpo se relaje. Noto la brisa recorrer mi ser y respiro hondo.
Debo darme una tregua.
Aunque esa tregua duró poco.
Escucho a alguien chistar, trato de no hacer caso y seguir mi camino, pero lo escucho más fuerte. ¿Qué ocurre?
Miro en todas direcciones y no veo nada.
-¡Aquí arriba, idiota!— Giro mi rostro hacia arriba.
Miro los árboles y no veo nada; giro más mi vista hacia la izquierda, donde están las habitaciones del hotel y veo una pequeña figura mover los brazos.
-¡Aquí!— Vuelvo a escuchar y por fin puedo descifrar su voz.
-¿Temari?— Parpadeo varias veces confundido.
Ahora no, no puedes hacerme esto.
Cierro los ojos en frustración y vuelvo mi vista a ella.
-Suba, por favor.— Me pide con un tono algo extraño.
Ladeo la cabeza y tuerzo los labios; trato de analizar la situación.
Si subo: Mal.
Si no subo: Peor.
Arg.
Gruño en frustración mirando al suelo y, de un pequeño salto, me cuelo por la ventana de su habitación, la cual estaba a pocos pies del suelo.
Ella me espera sentada en el borde de la cama con las manos apretadas; no me mira.
Trago saliva y me acerco a ella.
-¿Qué pasa?— Pregunto, sin saber por qué, nervioso.
-Umh...— Titubea antes de hablar y mira hacia todos lados de la habitación, todos lados menos a mí. -Pues verá...— Veo que se muerde el labio inferior y de repente me mira con un semblante que parece entre enfado y tristeza.
-Temari, si tienes algo que decirme, hazlo.— Pido intentando que no se note la desesperación en mis palabras; porque de verdad este silencio me estaba volviendo loco.
Ella sigue sin mediar palabra, mira al suelo y aprieta los dientes. Yo suspiro y me acerco a ella; pero en el momento en el que doy un paso, ella se levanta de la cama.
-Si no soy nada para usted, podría haberlo dicho desde el principio.— Sus ojos están brillantes y una tímida lágrima resbala por su mejilla.
Me quedo estático; ahora sí que estoy confuso.
-¿A qué te refieres?— Mi expresión es de total confusión.
Trato de acercarme a ella, pero noto sus manos en mi pecho para, acto seguido, darme un empujón que me hace tener que apoyarme en la pared.
-¡Temari!— Grito en un susurro; no quiero que Kankuro entre. -¿Se puede saber qué haces?— Ahora estoy enfadado.
Me vuelvo a poner de pie, me acomodo las ropas y cruzo los brazos mirándola.
-Cuando mi hermano...— Ella también se cruza de brazos y, de pronto, sé a lo que se refiere.
Bajo la vista hacia el suelo y dejo caer los brazos a cada lado de mi cuerpo; chisto y la miro de nuevo.
-Oye...— Suspiro pesadamente y me acerco a ella con cautela.
Es como un gatito asustado.
Da un paso hacia atrás y gira la cabeza bruscamente para no mirarme; sonrío. Su rostro está coloreado de un adorable tono carmín; sus ojos están levemente enrojecidos y sus mejillas están mojadas de haber soltado varias lágrimas.
Quiero besarla.
Mi corazón siente un vuelco cuando me mira, yo me acerco a ella lo más cauteloso y despacio que puedo; hasta que me deja ponerme enfrente.
Paso una mano por su mejilla y con mi dedo pulgar disperso una de las lágrimas secas que han caído de sus ojos.
-No rondo su cabeza ¿Verdad?— Me pregunta con los ojos aún brillantes, mirándome fijamente.
Muestro una sonrisa torcida mientras sigo acariciando su mejilla.
-Te paseas demasiado por mi mente, Temari.— Suspiro y dejo caer la mano que la acariciaba. -Ese es el problema.— Aprieto mis labios y gruño por lo bajo.
Ella me sigue con la mirada hasta que me siento en el borde de su cama; se me queda mirando como si esperara que siguiera hablando.
-¿Cómo vamos a hacer esto? Te saco doce malditos años, doce.— La miro con los ojos abiertos a más no poder; ella aparta la mirada rozándose el brazo.
Gruño de nuevo y escondo mi rostro entre mis manos, frotándolo con fuerza.
-Oye...— Intenta hablar, pero no la dejo.
-En cuanto tu hermano me preguntó si alguna mujer rondaba mi mente ¿Qué pretendías que le dijera?— Le pregunto enfadado aún con mi rostro cubierto.
Escucho cómo suspira y se sienta a mi lado en la cama, abro mis dedos para poder mirarla y ella me observa de reojo.
-Todo esto es más complicado para mí que para ti...— Dejo caer mi espalda sobre el colchón y me quedo mirando las baldosas del techo.
No debería haber dejado que esto pasara; soy un completo imbécil.
-¿Solo le importa lo que piensen los demás?— Me mira apoyada en uno de sus brazos, su ceño está fruncido y su expresión es seria.
-¿A qué te refieres?— Vuelvo a sentarme y la miro.
Ella suspira y se levanta para ponerse delante de mí, mirándome fijamente con los brazos en jarra.
Es muy adorable cuando está enfadada.
Trago saliva y miro hacia otro lado.
-Me refiero a que... Debería ser un poco más egoísta y pensar en lo que usted quiere, no en lo que los demás piensen.— Suspira de nuevo y deja caer sus brazos a cada lado de su cuerpo.
-¿Lo que yo quiero?— Hago un amago de reírme y niego con la cabeza.
Noto el peso de su cuerpo hundir el colchón; se ha sentado de nuevo a mi lado y esta vez me acaricia la mano. Vuelvo a apreciar el gracioso rubor en sus mejillas y me resulta adorable el hecho de que no quiera mirarme fijamente.
Río de nuevo y le doy un suave beso en la mejilla.
Espero que eso responda a la pregunta de qué es lo que yo quiero; porque la quiero a ella.
Quiero ver cada día sus ojos verdes, quiero notar el calor de su cuerpo y fundirla en un abrazo que no termine nunca, quiero protegerla, cuidarla, mimarla y pasar con ella cada noche de lo que me quede de vida.
Gira su rostro hacia mí y mi corazón palpita más fuerte pudiendo incluso asegurar que lo hace al ritmo del de ella.
-Temari...— Digo su nombre sin saber bien porqué.
Una parte de mí me manda señales para que me aparte y me vaya a mi casa; su hermano mayor está al lado y si entrara por cualquier razón; mi vida acabaría esta noche. Sin embargo, la otra parte de mi cerebro me manda otro tipo de señales.
Y cuando tienes a una belleza tan imponente delante de ti; no sueles hacer caso a la parte racional.
Cierra los ojos cuando nota que me acerco y suelta un leve jadeo al notar mis labios rozar los suyos. Mi mano pasa detrás de su nuca y la pego a mí un poco más; necesito notar su calor.
Ella ladea la cabeza y entreabre la boca para que pueda explorar cada rincón de esta con mi lengua; y lo hago encontrándome con la suya.
Suelta otro jadeo y yo noto mi pantalón apretado; como si estuviera encogiendo.
Sus manos pasan a mi pecho y me acaricia; la suavidad de sus dedos me vuelve loco y más cuando los noto entrelazarse detrás de mi nuca y acercarme más a ella hasta que se tumba en la cama y yo quedo encima.
-Señor Nara...— Al parar de besarme baja su mano por mi pecho, hasta mi bajo vientre y escucho cómo desabrocha el botón de mi pantalón.
Suficiente.
-No podemos Temari... No podemos, tu hermano.— Trato de sonar convincente.
Bajo mi mano y tomo la de ella apartándola de la zona peligrosa donde estaba; me incorporo y vuelvo a sentarme en la cama rascando mis sienes.
Escucho un puchero.
No me hagas esto.
Vuelvo a mirarla y veo sus mejillas coloradas, su pelo desaliñado y su mirada casi suplicándome.
-Será mejor que me vaya a casa.— Hago amago de levantarme pero ella es más rápida
Me toma de los hombros y antes de poder responder; mi cuerpo yace debajo del de ella, con ambas piernas a cada lado de mi cadera.
-¿Cómo?— Me quedo perplejo ante su rapidez.
Quizás no sería tan mala idea mandarla a luchar; quizás la estaba subestimando.
Ella ríe y al sentarse encima de mí; su sonrisa se vuelve diferente. No tengo más remedio que apartar la mirada sonrojado, es imposible que no haya notado la erección.
Paso una mano por encima de mis ojos, los froto con mis dedos índice y pulgar y mi otra mano se dirige a su cadera para apartarla; o eso quiero pensar.
-Le he dicho que debe ser más egoísta y hacer lo que quiera...— Me susurra inclinando su cuerpo hasta notar cómo sus pechos rozan el mío y su aliento acaricia mi oído.
Suelto un jadeo y me da un escalofrío; ella vuelve a reír.
-Temari...— Aparto la mano de mis ojos y la pongo en el otro costado de la cadera; la miro y trago saliva cuando noto que empieza a moverse.
Ella no cruza palabra, apoya sus manos sobre mi pecho y mueve su pequeño cuerpo; mis manos aprietan sus caderas con fuerza como si mi cerebro quisiera que parara, pero mi cuerpo se burlara de mí diciéndome: ni de broma.
Se inclina de nuevo hacia mí y comienza a besarme; su gemido muere en mi garganta y no puedo hacer otra cosa más que seguir sus movimientos, bailar a su son; ella tiene total control sobre mí y lo sabe.
Y no sé si me gusta
o me encanta.
Aprieto más fuerte sus caderas y muevo las mías para incrementar el roce con su intimidad, pero me fastidia tener puesto el pantalón porque soy incapaz de notar lo mojada que puede estar.
Levanto su cuerpo para dejarlo a un lado, ella me mira extrañada y triste hasta que ve mis intenciones de levantarme para desabrocharme el pantalón; veo como se muerde el labio inferior y se pone de rodillas en la cama, mirándome.
Tuerzo los labios y con algo de vergüenza bajo los pantalones y el bóxer de una vez; no me gusta demasiado que me mire como si fuera algo que se fuera a comer, aunque en cierta manera, así es como debe sentirse ella cada vez que la desnudo para mi propio deleite.
Antes de sentarme, ella me agarra de la cintura, me acerca al borde de la cama y noto sus manos pasar hasta mi ya notoria y libre erección. Reprimo un jadeo entre mis dientes cuando comienza a subir y bajar la piel de mi miembro.
Rozo su mano e intento hablar para pedirle que no hiciera esto; no era necesario. Pero al abrir la boca para mediar palabra, mis cuerdas vocales solo sueltan un sonoro gemido que tengo que acallar con una de mis manos.
Su boca abarca la plenitud del glande y noto su lengua hacer círculos en éste; jadeo de nuevo y me es inevitable mover las caderas al compás que ella mueve su boca para intentar meterla un poco más. Muerdo mi labio inferior con fuerza y acaricio su mejilla; sus ojos verdes me miran y puedo apreciar que está sonriendo.
Temari, no dejes nunca de ser tan adorable.
Echo mi cabeza hacia atrás y con mis manos, sujeto su cuello con delicadeza incrementando el ritmo de mi movimiento, ella deja su cabeza quieta y ahora soy yo el que simula la penetración en su boca, notando su lengua juguetear con mi erección.
Vuelvo la vista a ella, sigue mirándome; jadeo y vuelvo a morderme el labio inferior -temo hacerme sangre-. Sus manos reposan sobre cada lado de mi cintura hasta que su cabeza trata de zafarse de mi agarre, supongo que necesita respirar mejor.
Mi respiración está agitada y mi corazón late de una manera casi loca. Trago saliva de forma ruda debido al gran grado de excitación y, al verla tumbarse en la cama y quitarse el pantalón junto con las braguitas; no puedo más.
Gruño mientras me abalanzo sobre ella y me tumbo encima. Beso sus labios, recorro su boca con mi lengua notando mi sabor; me excita. Bajo por su cuello, lo lamo, lo beso, lo muerdo; sigo mi camino por su escote y prácticamente le arranco la camiseta del pijama al notar que no lleva sujetador.
Escucho sus gemidos cuando mis manos abarcan la plenitud de sus senos, tan blandos, jugosos, excelentes para que me quepan en la mano, totalmente como me gusta. Paso mi boca a uno de ellos y juego con el pezón mientras mi miembro se pasea por sus mojados labios inferiores; ella sigue gimiendo y tengo que volver a su boca para callarla.
-Shh...— Le trato de recordar que esto que estamos haciendo es altamente peligroso. -Tu boquita debe estar cerrada si no quieres que pare.— Lamo su labio inferior y ella asiente embobada.
Río con ternura y vuelvo a besarla. Noto sus manos posarse en mi nuca y comienza a presionar mi cabeza para que baje.
Me separo de ella y la miro con una sonrisa lasciva; creo que sé lo que quiere que haga.
-¿Qué quieres?— Beso su cuello, su oído y puedo apreciar cómo su cuerpo se tensa; reprimo una risa. -Si no me lo dices, no sé...— Me separo de ella unos centímetros y la miro.
-Mhmm...— Frunce el ceño y aprecio un gracioso color carmín en sus mejillas; ahora sí que no puedo evitar reírme.
Doy suaves besos desde su escote hasta su bajo vientre y vuelvo mi vista a ella. Aprieta los labios y separa aún más las piernas cuando ve mis intenciones de hacer lo que me ha pedido que hiciera; sin pedirlo.
Sonrío y me bajo de la cama quedando de rodillas en el suelo para tener su intimidad completamente en frente de mi rostro; me relamo los labios y la observo durante unos segundos; subo mi vista hacia ella y noto cómo su cuerpo se tensa. Sonrío de nuevo.
Me acerco con lentitud, acariciando sus muslos con mis manos, llevándolas por debajo de éstos y agarrando sus glúteos para acercar un poco más su cuerpo a mí; ella me ayuda moviéndose sobre el colchón con un leve jadeo que me hace volver a mirarla.
-No hagas ruido.— Le pido y acto seguido su intimidad desaparece en mi boca.
Noto cómo arquea su cuerpo y agarra las sábanas; no puedo describir lo triunfante que me siento.
Mi lengua pasa entre sus labios inferiores y puedo notar lo mojada que está, provocando un pequeño espasmo en mi erección que me recuerda que no debo dejarla descuidada si no quiero acabar sin ni si quiera haberme tocado. Cierro los ojos con fuerza tratando de contener a mi propio cuerpo mientras mi lengua juega con su clítoris ya de por sí excitado. Lo succiono, lo lamo, le doy pequeños besos y vuelvo a empezar.
Sus susurros con forma de gemido me hacen perder la cabeza; aparto mi rostro de su intimidad y me tumbo en la cama, encima de ella.
-Como sigas haciendo esos sonidos...— Muerdo su cuello, ella vuelve a gemir y entrelaza sus manos tras mi nuca. -Temari...— Hago un recorrido hasta su boca y la beso con tal lujuria que hasta yo me sorprendo; pero soy igualmente correspondido.
Mi mano baja a mi intimidad y la posiciono entre sus labios inferiores; ambos soltamos un gemido, paramos de besarnos y nos miramos a los ojos.
El condón, el condón, el condón.
Muevo mi erección sobre su clítoris y la froto suavemente contra éste. Temari me mira con súplica, sus piernas están a cada lado de mi cuerpo, abiertas, y sus caderas se mueven para intentar auto penetrarse.
No me jodas, no puedo correr tantos riesgos en un día.
Gruño en frustración, pero aún no me quito.
No puedo.
-Shikamaru...— Susurra en mi oído y mi corazón deja de latir.
No Señor Nara, no. Trago saliva y la miro con los ojos bastante abiertos por la sorpresa.
Me muerdo el labio inferior y resoplo por la nariz; es la primera vez que dice mi nombre, no mi apellido. Mi nombre.
Si quería provocarme y que hiciera todo lo que ella me pidiera; bien.
Lo había conseguido.
Una especie de ceguera tapa mi visión y por un momento pienso que la lujuria y la locura se apoderan de mi cuerpo cuando, de una rápida y corta embestida introduzco la plenitud de mi miembro dentro de ella. Sé que le gusta, en su rostro se dibuja una sonrisa.
Muevo mis caderas a un ritmo lento al principio con la esperanza de que, quizás, así dice mi nombre de nuevo.
Sus manos pasan por mi pecho, rozando mis pezones; trago saliva y la miro. Ella no me mira, juguetea con mi cuerpo. SU boca está entreabierta emitiendo suaves y adorables gemidos cada vez que vuelvo a meterla por completo.
Gruño; necesito escucharlo otra vez.
-Dilo de nuevo.— Agarro sus piernas y las pongo encima de mis hombros, inclinándome hacia ella pero con mi miembro casi sacado de su intimidad.
Ella muestra una cara de molestia por la posición.
Di mi nombre y te gustará...
-S...Shikamaru...— Se muerde el labio inferior y puedo apreciar el carmín decorar sus mejillas mostrando un rostro tierno y avergonzado.
Buena chica.
Muevo mi cadera con rapidez introduciendo la plenitud de mi miembro dentro de ella; su expresión muestra sorpresa y tiene que cerrar los ojos apretando las sábanas entre sus manos.
Sabía que te gustaría.
Sonrío victorioso y mis movimientos se van incrementando a medida que sus gemidos llegan a mi sentido auditivo; es tan hermosa melodía que podría estar escuchándola todo el resto de mi vida.
Gruño, la miro, y me mira.
Dejo sus piernas caer sobre mis antebrazos y me inclino para besarla mientras noto cómo mi erección resbala cada vez mejor por la cantidad de fluidos que está expulsando su intimidad, pero me cuesta más controlarme debido a la presión que ejercen sus paredes sobre mí.
-Estás muy estrecha.— Muerdo su labio inferior; ella gime y agarra mi cabello.
Parece que está apunto, la manera en la que me mira me lo dice.
Me separo de ella y sigo con mis embestidas cada vez más duras mientras con una de mis manos estimulo su clítoris; tiene que taparse la boca con ambas manos para tratar de acallar sus gemidos.
-Shikamaru...— Se le escapa entre los dientes y a mí se me escapa el autocontrol.
Si no acaba ya...
Yo...
Cierro los ojos con fuerza notando cómo su cuerpo hace pequeños espasmos seguidos de un suspiro casi interminable para, acto seguido, caer rendida en la cama.
Menos mal.
Saco mi erección de ella y noto sus pequeñas manos rozar mis brazos mientras me masturbo para acabar, derramando todo el espeso líquido blanco en su abdomen, llegando hasta su pecho.
Miro hacia las baldosas del techo sentado sobre mis muslos y trato de calmar mi respiración.
-Dos veces en un día...— Rasco mis ojos con la mano que tengo libre. -No tengo tu edad Temari, sé un poco más benevolente conmigo.— Giro mi vista hacia ella y reímos.
No pasa mucho tiempo hasta que ella me facilita unos cuantos pañuelos para poder limpiarla; por suerte hay un pequeño baño en cada habitación, así que vamos y nos aseamos un poco antes de vestirnos.
Me quedo sentado en la cama mientras termina de cepillarse el cabello, la miro anonadado.
¿Cómo puedo haber pensado que sería un error estar con ella? Niego con la cabeza y agacho la vista al suelo; de verdad que soy un imbécil.
Junto mis manos y juguete con mis dedos pulgares hasta que vuelve a dejar el cepillo en el baño y se sienta a mi lado; me da un beso en la mejilla y apoya su cabeza en mi hombro.
-Gracias.— Me mira con esos ojos verdes y me sonríe.
No puedo evitar sonrojarme.
-¿Por qué me das las gracias? No seas tonta...— Miro hacia otro lado y rasco mi nuca con algo de vergüenza.
Ella ríe de nuevo; su risa es mi mayor droga.
-Trataré de no llamarle por su nombre en público... Señor Nara.— Me muerde el lóbulo de mi oreja derecha y yo tengo que tragar saliva.
-Será mejor para ambos.— Bromeo tratando de restarle importancia a lo mucho que me excitó que dijera mi nombre.
Volvemos a reír y, tras unos cuantos besos más, la acuesto en la cama arropándola.
Ella me mira con ternura y no puedo evitar volver a besarla; esta vez el beso es corto, sólo un roce de labios.
-Hasta mañana, Señor Nara.— Bosteza y se acomoda en la cama agarrando las sábanas.
Me quedo mirándola un par de segundos, me muerdo el labio inferior y acaricio su frente.
-Hasta mañana...— Sonrío y me doy la vuelta para abrir la ventana.
De regreso a mi casa, la brisa estival me ayuda a relajar mis músculos. Miro hacia el cielo, la Luna sigue igual de brillante acompañada de las hermosas estrellas que adornan el firmamento.
Suspiro y saco un cigarro.
Mañana va a ser un día raro, supongo. Tendría que convencer a Naruto de que enviar tropas a Suna sería una buena idea. Y aunque no lo convenciera, iría por mi cuenta; proteger a Temari se ha convertido en una maldita necesidad.
¿Pero quiénes serían perfectos para ayudarme en Suna? ¿Sería capaz de ayudar a Temari? ¿Naruto me daría permiso?
Argh.
La mera visión de Temari en peligro hace que se me revuelva el estómago. Trago saliva, doy la última calada al cigarro y entro en mi casa.
Quizás dormir sea una buena manera,
de callar a mis demonios.
¡Hola! Espero que este capítulo os haya gustado. A partir del próximo es cuando empezaremos a ver un poquito de la trama y conocer qué es lo que ocurre en Suna.
Por supuesto habrá sexo, pero quizás más esporádico... Espero que no estés aquí solo por eso, jajaja.
Bien, estoy muy contenta de esta historia y de SACYC (sabor a cojskasdas... ¿Sabéis no? Para abreviar). Estoy contenta porque están tomando un buen rumbo y tengo muchísimas ideas para ambas.
Eso sí, las personitas que estén leyendo esto me gustaría que me dijeran un equipo de cuatro personajes para enviar a Suna; algo como así:
- Shikamaru - TenTen - Sakura - Rock Lee -
Shikamaru debe estar sí o sí, porque sino la historia carecería de sentido xD ¡Ya me decís! Igualmente haremos una votación en Facebook.
Gracias por leerme y por estar siempre ahí; déjame algún comentario diciéndome tu equipo y qué te ha parecido el capítulo.
¡Besitos de chocolate con leche para todos!
