Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.


¡Feliz Sábado a todos!

Como sabéis, el Sábado a partir de ahora será sinónimo de nuevo capítulo de Dieciocho ya que, como expliqué en mi página de Facebook, me he hecho un horario de actualizaciones para tenerlo todo más ordenado.

¡Recuerda que aún puedes votar para el fic del Domingo en la página! Si aún no me sigues, búscame como: Glow 241O y vota. :D

Muchísimas gracias por todos los comentarios tan bonitos que recibí en "Sabor a Coincidencia y Café", tengo entendido que ese fic os gusta bastante; espero seguir con buen ritmo... Pero ahora, vamos a dar paso al siguiente capítulo de Dieciocho.

¿Qué ocurrirá? Comienza la lectura.

Sin más que añadir;

disfrutad de mis locuras.


Dieciocho

Capítulo IV

Formando equipo

.

POV Shikamaru.

La luz de un nuevo día ilumina Konoha; el Sol brilla con suavidad y se cuela entre las cortinas de mi habitación. No me molesta, pero sí tengo que alzar la mano y tapar los rayos de luz que llegan a mis ojos, haciéndome casi imposible abrirlos de golpe.

Me desperezo en la cama y me quedo tumbado mirando las baldosas del techo pensando en las cosas que debía hacer hoy, aunque todo resta importancia cuando me acuerdo de mi cita con Naruto y Kankuro en la oficina del Hokage. Suspiro pesadamente y me siento en el borde de la cama mirando al suelo.

-Solo espero que me dé permiso…— Vuelvo a suspirar, me rasco los ojos con ambas manos y, por fin, me levanto de la cama.

Trato de desayunar algo para calmar el hambre que mi cerebro dice tener; pero al parecer mi estómago no está muy por la labor de querer que entre nada.

Los nervios me pueden.

No suelo ponerme nervioso por nada, no suelen afectarme las cosas; pero tener que pedirle a Naruto permiso para ir a Suna, el lugar donde se está formando un conflicto… Sé que no le hará demasiada gracia. Sin embargo, algo me dice que no será tan difícil como pienso.

Salgo de casa y, después de girarme tras cerrar la puerta, noto una mano posarse en mi hombro.

-Buenos días Nara.— La voz de Kankuro me llega a los oídos y, con algo de asombro, me doy la vuelta.

-Hola…— Saludo tendiéndole la mano.

Él, cordial, me la estrecha y sonreímos.

-¿Has pensado ya qué decirle a Naruto?— Me pregunta mientras caminamos hacia la torre del Hokage.

Miro a mi alrededor; Temari no está.

-¿Y Temari? ¿No viene?— Le respondo con otra pregunta en un tono más curioso de lo que me gustaría haber sonado.

-Mi hermana me ha dicho que nos alcanza después, según ella estaba muy cansada.— Me explica alzando los hombros.

Que está cansada…

No puedo evitar acordarme de lo que hicimos la noche anterior; trago saliva y aparto la mirada intentando evitar la de Kankuro.

No deberíamos haberlo hecho, pero ella estaba demasiado empeñada en…

Cierro los ojos con frustración y vuelvo a mi vista a Kankuro, el cuál me mira con un semblante de impaciencia; como si esperara a que respondiera algo que no llegué a escuchar.

-¿Qué?Pregunto intentando no sonar demasiado grosero.

Tengo que dejar de pensar en ella mientras Kankuro está delante; es como si hiciera mi propia tumba.

Escucho a Kankuro suspirar con pesadez y repetirme la pregunta.

-Por tercera vez ¿Has pensado qué le vas a decir al Hokage?— Trata de hablar más alto de lo normal y me mira directamente a los ojos mientras me habla.

Yo no puedo evitar reírme; está claro que no estoy en mi momento más lúcido.

-Como te dije anoche, si es por ayudar a Gaara, supongo que Naruto hará cualquier cosa.— Tuerzo los labios y trato de mentalizarme yo mismo de que Naruto pensará así.

Lo hará ¿Verdad?

Meto mis manos en los bolsillos de mi pantalón y, el resto del camino, lo hacemos en silencio.

Al llegar a la torre del Hokage, Kankuro me mira de una extraña forma; como si quisiera desearme suerte para la charla que vamos a tener.

Cojo aire, le miro y doy dos suaves golpes en la puerta.

-¿Se puede?— Pregunto antes de entrar.

-¡Adelante!— Se escucha desde el interior; vuelvo a mirar a Kankuro, él asiente y ambos entramos.

-Buenos días Naruto.— Saludo de la manera más cortés que me sale a las ocho de la mañana.

-Hola Shikamaru, Kankuro.— Nos saluda con un leve movimiento de cabeza, se levanta y señala las sillas para que nos sentemos.

Kankuro se sienta, pero yo no.

-Quería comentarte algo.— Tuerzo los labios y me rasco la mejilla.

Ciertamente, no estoy nervioso por el hecho de hablar con Naruto; sino estoy nervioso porque no sé cómo voy a hacer que no se me note la preocupación que me da el no tener a Temari cerca de mí, el no saber si algo puede pasar, el no poder protegerla.

Aprieto los labios con fuerza y, por fin, me decido a encarar sus ojos. Con un semblante más serio y mis músculos relajados, me acerco a la mesa y hablo.

-Con respecto a lo que Kankuro nos estuvo comentando, creo que es conveniente enviar algún equipo a Suna.— Cojo aire sin que se me note y prosigo. –Sabemos que han perdido gente, en caso de conflicto, necesitarán ayuda.— Dicho todo lo que tenía que decir, me separo de la mesa y me siento en la silla de al lado de Kankuro.

Noto cómo ambos me miran; Naruto con semblante de sorpresa y a Kankuro no le puedo descifrar, pues lo tengo justo al lado.

-Bueno…— Naruto se pasea por la oficina durante algunos segundos con la mano apoyada en el mentón; pensando.

-Sería una buena ayuda para la villa, Naruto.— Kankuro, callado hasta este instante, por fin se decide a hablar. –No tiene por qué ser un grupo demasiado grande.— Giro mi rostro para observar su expresión y noto que tiene la mandíbula tensa.

Vuelvo a mirar a Naruto y noto su expresión un poco más afable; parece que está cediendo, así que es hora del punto final.

-Estoy seguro de que Gaara se sentiría muy honrado con la presencia de gente de Konoha protegiendo la villa de la Arena.— Mi última pieza está movida; falta ver cómo todo cae conforme yo quiero que caiga.

Y lo hace.

Naruto vuelve a su asiento, entrelaza las manos y apoya su barbilla en estas.

-Consigue un equipo, y podrás salir de Konoha para ayudar a Suna.— Comenta cortante, pero con una sonrisa.

No puedo evitar que dicha sonrisa contagie mi rostro también. Noto a Kankuro levantarse y hacer una pequeña reverencia.

-Muchas gracias, Suna estará eternamente agradecida.— Alza la vista de nuevo y sonríe.

Al salir de la oficina, vemos a Temari esperar en las puertas de esta; se me para el corazón cuando me mira; trago saliva e intento aparentar normalidad.

-¿Qué tal ha ido?— Pregunta acercándose a nosotros con una expresión de cansancio; al parecer Kankuro tenía razón.

-Bien hermana, ahora Shikamaru debe encontrar un equipo…— Kankuro se acerca a ella y posa una mano sobre su cabeza. –Creo que vamos a tener que quedarnos un día más y salir mañana a primera hora con el equipo de Shikamaru.— Tuerce los labios y se gira para mirarme.

-Por mí no hay problema.— Responde de una manera suave.

Kankuro sonríe y comienza a caminar delante de nosotros; nada más darse la vuelta Temari me mira sonriente y yo le hago una expresión de súplica; súplica porque no me haga esto delante de su hermano.

Ella, como burlándose de mí; se ríe.

Alcanzamos a Kankuro y comenzamos a caminar pensando en qué equipo sería el ideal para ir a Suna.

-¿Tienes alguien en mente, Shikamaru?— Pregunta Kankuro mirándome.

Yo me encojo de hombros y meto las manos en los bolsillos.

La verdad es que ni si quiera había pensado que tendría el permiso de salir de Konoha, así que esto de formar equipo me pillaba un poco de sorpresa; pero podía analizar la situación en un momento.

-Necesitaríamos, como máximo, cuatro personas.— Tuerzo los labios y me rasco la sien tratando de pensar.

-Contigo serían solo tres ¿Verdad?— Temari, me mira dubitativa; supongo que me está preguntando con la mirada si yo soy una de las personas que irá a Suna.

Sonrío; si estoy haciendo todo esto, es por ella.

-Sí, tres personas…— Repito mirándola de reojo, observando su su sonrisa.

Tengo que morderme le labio inferior y aguantarme las ganas de darle un abrazo; odio esta sensación de tener que ocultar lo que siento.

Pero de momento, es mejor así.

-Creo que necesitaríamos un médico, nunca vienen mal.— Comenta Kankuro señalando el hospital de Konoha.

Yo asiento y pienso que quizás Sakura sería una buena opción; pero Konoha también la necesita.

-No perdemos nada por preguntar.— Kankuro, la verme algo dubitativo sobre entrar o no; se pone delante de mí y encoge los hombros.

Yo asiento con algo de desgana; sé que no va a ser posible.

Los tres entramos en el hospital y preguntamos por Sakura; a los pocos minutos aparece en la puerta con una sonrisa.

-Buenos días ¿Ocurre algo grave?— Se cruza de brazos y nos mira con una expresión confusa.

-Buenos días Sakura, pues verás…— Me rasco la nuca e intento mirarla con decisión. –Con respecto a todo lo que está ocurriendo en Suna, Naruto nos ha dado permiso para enviar una tropa de cuatro personas a ayudar.— Aprieto los labios y noto cómo su expresión pasa a ser de asombro.

-¡Eso es genial! ¿Tenéis equipo ya?— Pregunta dando una pequeña palmada.

Los tres negamos con la cabeza.

-Hemos pensado que tú, al ser médico, podrías ser de gran utilidad.— Trato de respirar hondo y calmar los nervios; no todos los días viene alguien a preguntarte si quieres ir a una villa en guerra para ayudar.

Sakura ladea la cabeza y apoya un dedo sobre su mentón, parece estar pensándoselo, pero tampoco quiero hacerme demasiadas ilusiones.

-Dadme un segundo.— Alza el dedo índice en señal de que esperemos; los tres asentimos y ella desaparece entre las puertas del hospital.

No tarda demasiado en volver a salir con una amplia sonrisa.

-¡Contad conmigo!— Alza el dedo pulgar señalándose y puedo notar cómo un peso se me quita de encima.

Nos despedimos de ella y la dejamos seguir con sus asuntos; aunque puedo suponer que no hay demasiados asuntos que tratar pues, seguramente haya entrado dentro para preguntar si su ayuda era imprescindible en el hospital y, aunque posiblemente así fuera; ayudar a una villa en apuros era más importante que unos cuantos resfriados comunes.

-Entonces ya somos dos…— Digo al viento, pero noto cómo los hermanos me miran y asienten.

-Vamos a por los otros dos.— Comenta Kankuro con algo de entusiasmo.

Parece que el hecho de que a la primera nos haya salido bien, le ha motivado bastante.

No puedo evitar soltar una risa.

-Creo que necesitaríamos a alguien que fuera bueno en la distancia…— Comenta Temari mirándome. -…Y que no necesitara las sombras para atacar.— Se ríe y yo tuerzo los labios en una sonrisa que trato de disimular.

-¿Y la chica esa de las armas?— Pregunta Kankuro tratando de recordar su nombre.

-TenTen…— Se me enciende una bombilla; seguro que ella no tiene ningún inconveniente ya que siempre se está quejando de lo mucho que echa de menos sacar sus juguetes a pasear. –Vamos al campo de entrenamiento, seguramente esté allí.— Hablo hacia los hermanos, ellos asienten y me siguen.

No tardamos demasiado en llegar a las afueras, donde se encuentra la zona de entrenamiento e, incluso antes de llegar, podemos escuchar algunas voces y zapatos resbalar por la tierra del lugar.

No me equivocaba; ella estaba allí y parecía no estar sola.

-¡Tienes que aguantar más, Lee!— Se escucha desde lo lejos seguido de un grito de entusiasmo por parte del nombrado.

Llegamos y nada más vernos, ambos paran su entrenamiento para ponerse a nuestra altura con las respiraciones algo agitadas.

-¿De buena mañana con tanta energía?— Pregunto metiéndome las manos en los bolsillos, sonriendo.

Temari y Kankuro se quedan detrás de mí.

-Hola Shikamaru ¿Qué haces con los hermanos de Suna?— Me pregunta TenTen acercándose un poco más a nosotros y mirando detrás de mí.

-¡Entrenar por la mañana es lo mejor, tienes energía para todo el día!— Entusiasmado, Lee baja de uno de los árboles del lugar para ponerse al lado de TenTen.

Miro a ambos y, aunque en un principio iba a preguntarle a TenTen lo de Suna; quizás tenía ante mí a los dos miembros que me faltaban para el equipo.

-Chicos, hay algunos problemas en Suna…— Comento tratando de introducir todo lo que está ocurriendo; me aparto para que Temari y Kankuro se pongan a mi altura y prosigo. –Está siendo atacada por algo que, todavía, no saben qué es.— Tuerzo los labios y miro a Kankuro.

-Está en lo cierto, no sabemos qué es pero queremos descubrirlo.— Suspira con algo de pesadez y TenTen mira a Lee; después vuelve a mirar a Kankuro.

-¿Qué podemos hacer nosotros?— Señala con su dedo índice tanto a ella como al compañero que tiene a la derecha.

-¡Ayudarlos, TenTen! ¿Queréis que vayamos a Suna?— Pregunta con mucho más entusiasmo de lo que me había imaginado.

-Necesitamos…— Corrige Temari desde atrás.

TenTen y Lee la miran y sonríen.

-¡Contad con nosotros!— Responden al unísono.

-Haremos todo lo que esté en nuestras manos, Shikamaru.— Sonriente, TenTen extiende la mano y Kankuro se la estrecha; después hace lo mismo con Temari.

Al despedirnos, Kankuro para un segundo antes de volver a entrar en las puertas de la villa.

-Oye, Nara… De verdad no sé cómo agradecerte lo mucho que nos estás ayudando.— Me mira fijamente sin sonreír; como si estuviera avergonzado por la situación que está pasando.

Tuerzo la cabeza y le miro confuso.

-No tienes que agradecer nada, Konoha y Suna son aliadas; deben protegerse.— Sonrío de lado mirando a ambos hermanos y éstos, con la misma sonrisa, asienten.

Seguimos caminando y acompaño a Temari y Kankuro hasta el hotel donde se hospedan y nos despedimos.

Tras estar caminando durante algunos minutos, noto la presencia de alguien detrás de mí.

Me doy la vuelta pero no veo a nadie; alzo las cejas y pienso que quizás ha sido mi imaginación, así que continúo el camino hacia casa hasta que, de nuevo, noto la presencia.

-¿Qué está pasando?— Rasco mi nuca y miro hacia todos lados.

Escucho una risa.

-Oh, cielos…— Suspiro con pesadez y cierro los ojos cruzándome de brazos. –No tienes quince años, sal de donde estés.— Vuelvo a escuchar una risa y acto seguido, escucho unos pies posarse en el suelo detrás de mí.

Me doy la vuelta y la miro.

-¿No estabas con tu hermano?— Sigo con los brazos cruzados pero ahora, más feliz por tenerla delante; feliz por poder apreciar toda su belleza sin tener que apartar cada dos por tres la vista de ella.

-Le he dicho que iba a comprar algunas cosas para comer.— Aprieta los labios y pone las manos detrás de su espalda; deja de mirarme para observar los alrededores.

No se le estará ocurriendo…

Trago saliva y noto de nuevo su mirada posada en mí, acercándose.

-Temari no creo que…— Pero, rompiendo todas mis barreras y pensamientos de lo que ella quería hacer en medio de la calle, simplemente, me abraza.

Me quedo parpadeando varias veces hasta que vuelvo en mí y rodeo su cintura con mis brazos.

-Gracias, por todo.— Me susurra al oído y puedo notar su pequeño cuerpo temblar entre mis brazos.

Está asustada; está nerviosa. No sabe lo que ocurre en su villa y sé que ella solo quiere ayudar, quiere estar allí y luchar con su gente; pero debe quedarse aquí un día más.

Cierro los ojos con algo de rabia, en parte es mi culpa que ella se sienta así; es mi culpa que no pueda volver con su gente hasta mañana.

Mi egoísmo y mis ganas de protegerla han podido conmigo; pero no podía luchar contra eso, no podía luchar contra el afecto que siento por ella.

Noto su respiración calmarse y la aparto un poco para mirar sus ojos verdes; sonrío y tomo sus mejillas entre mis manos; es preciosa, podría estar observándola todo el día, como si fuera una obra de arte esculpida por un Dios con el único fin de enamorar a todo el que la mirara.

-No dejaré que nada pase en Suna, no dejaré que nada te pase a ti.— Más serio de lo que querría haber parecido; esas palabras salen de mi boca como si no fuera consciente de ellas, como si las dijera únicamente por inercia.

Como si estuviera hablando mi corazón y no mi boca.

Ella ladea la cabeza y sonríe de tal manera que todo mi cuerpo suspira.

-Quiero besarte, Temari…— Acaricio sus mejillas con mis pulgares y me quedo observando su rostro un rato más.

Sus ojos se abren por la sorpresa de mis palabras durante una milésima de segundo y, al estar tan cerca, puedo apreciar el rubor concentrarse en la zona céntrica de sus mejillas. Se muerde el labio inferior y no hace más que incrementar mis ganas de rozar sus labios.

-Por favor…— Acerca su rostro al mío tratando de llegar a mi boca; me parece adorable la manera en la que tiene que auparse sobre sus tobillos para llegar a mi altura.

Es más pequeña que yo en todos los aspectos.

Trago saliva e intento olvidarme por un segundo de la edad; intento olvidar los doce años que le saco y lo mal que está esto. Y lo peor, es que yo lo estoy consintiendo; el que debería ser el adulto responsable es el primero que tiene unas ganas tan fuertes de besarla, que no puede contenerse más.

Pero debe ser breve.

Mis labios rozan los suyos de una manera suave y delicada; como si tuviera miedo de romperlos; sigo acariciando sus mejillas y noto cómo ella posa sus manos sobre mi pecho.

Está tan suave.

Muevo mi boca sobre la suya tratando de saborear cada rincón y casi me hace parar el hecho de que, sin permiso, su lengua intrusa irrumpe entre mis labios.

Casi.

Entreabro la boca y la dejo pasar; ahora sí, saboreando la plenitud de su aroma, dejándome un agradable gusto en mi boca a lo que parece ser vainilla y jazmín.

-Shikamaru…— Mi nombre sale entre sus dientes y yo tengo que parar.

Pongo mis manos sobre sus hombros y, con delicadeza, la aparto lo suficiente como para mirarla a los ojos; ella sonríe con la respiración levemente agitada.

Muerdo mi mejilla y trato de encontrar la manera de pedirle que vuelva al hotel o a hacer lo que tenga que hacer; pero ni por asomo íbamos a volver a…

Arg; cuántos años se piensa que tengo.

-No deberíamos estar haciendo esto en medio de la calle.— Cierro los ojos y trato de olvidar la sensualidad de su voz diciendo mi nombre.

Respiro hondo intentando tranquilizarme; pero ella no parece darme tregua.

Noto de nuevo sus manos posarse en mi pecho y sus labios rozar mi oído; su respiración choca contra mí y, de nuevo, tengo que cerrar los ojos intentando apartarla con mis manos posadas en sus hombros; pero ella es superior a mí.

Y lo sabe.

-Tiene usted razón señor Nara, deberíamos ir a algún sitio más privado.— Emite una leve risa y me besa la mejilla.

Tuerzo los labios y ladeo la cabeza mirándola con una expresión que intento mantener seria; pero no puedo.

Estoy empezando a notar cómo mi pantalón aprieta; mala señal.

Muy mala señal.

Toma mi mano y comienza a caminar en dirección a mi casa.

Y yo cedo, como siempre.

En mi habitación no se escucha más que sus gemidos al compás del choque de nuestros cuerpos; compás que marco yo al entrar y salir de ella con más brusquedad de la que hubiera imaginado.

Pero cómo no hacer lo que me pide; si ella tiene total control sobre mí, aunque sea yo el que siempre está encima cuando hacemos el amor.

-Vas a acabar conmigo…— Digo entre dientes mientras mi penetración se vuelve más fuerte; sé que no estoy lejos de llegar y esta vez sí tuve la mente fría de, al menos, ponerme el preservativo.

-Shikamaru… Más, más, más…— Arquea la espalda y clava sus uñas en mi pecho.

Yo gruño; siento que estoy a punto de explotar.

Su intimidad se nota resbaladiza aún por encima del condón; sus pechos botan al compás que marco con mis caderas chocando contra las suyas; su rostro está sudado y con los cabellos alborotados por la pasión, se pegan a sus mejillas.

Dulce mujer sensual.

Aprieto mis manos en puños a cada lado de su cabeza y me inclino hacia ella para besarla; necesito besar sus labios mientras noto cómo sus paredes se contraen; haciendo que mi erección se pasee por su interior de una manera tan placenteramente estrecha, que me duela el simple hecho de pensar en que, sin no llevara preservativo, me tocaría salir de ahí.

Pero por suerte; lo llevo.

Sus gemidos se van calmando y se van convirtiendo en adorables jadeos; sus manos dejan de hincarse en mis pectorales y yo, por fin, derramo todo mi espeso líquido blanco dentro de ella, siendo protegido por el fino plástico que nos evita de sustos.

Caigo rendido a su lado tras sacar mi erección de su interior.

Mi respiración es agitada y noto cómo mi corazón va volviendo a su ritmo normal poco a poco.

Paso una mano por mi frente, quitando el sudor de ésta y giro mi rostro para mirarla; tiene los ojos cerrados y yace tumbada en la cama con una sonrisa.

-Como siga con este ritmo…— Antes de acabar la frase escucho su risa; vuelvo a mirarla.

Nos quedamos así, mirándonos a los ojos, durante unos minutos, desnudos, en mi cama; no puedo creerme que sea ella la que, sin saberlo, me haga tan inmensamente feliz.

Emito un leve suspiro y tras darle un dulce beso en la frente; me levanto para vestirme.

-Admite que te rejuvenece el estar conmigo.— Comenta con una expresión divertida mientras busca su ropa.

Yo encaro una ceja, me agacho tomando su sujetador del suelo y se lo lanzo.

-Lo que vas a hacer es matarme si crees que puedo seguirte el ritmo.— Yo también me río cuando veo cómo me saca la lengua de manera burlesca.

Salimos de casa con cautela de que nadie se percate; llegamos a la calle principal y comenzamos a caminar como si nada hubiera pasado.

Charlo con ella sobre varias cosas que tienen que ver con sus hermanos; yo le comento la cantidad de papeleo que aún me queda por hacer antes de irnos mañana y, después de un rato, se queda estática en medio de la calle.

-¿Qué pasa?— Le pregunto metiéndome las manos en los bolsillos.

-Le dije a mi hermano que iba a comprar…— Se muerde el labio inferior y me mira con preocupación.

Yo suspiro y niego con la cabeza.

¿Por qué nos tiene que pasar esto? Deberíamos dejar de actuar como animales en celo cada vez que nos vemos, y empezar a razonar las cosas.

Pero cómo pensar en otra cosa, cuando sé que puedo tener su cuerpo desnudo debajo de mí.

Parpadeo varias veces intentando olvidarme de lo que acabábamos de hacer; es increíble que no hayan pasado ni veinte minutos, y ya esté paseándose desnuda por mi mente otra vez.

¿Será verdad que estoy enfermo?

Suspiro con pesadez y la miro.

-Puedes decirle a Kankuro que…— Tuerzo los labios y trato de buscar alguna excusa por el lóbulo izquierdo de mi cerebro; el de la parte creativa.

-¿Decirme qué?— El nombrado, con cara de pocos amigos, aparece delante de nosotros.

Yo tengo que apretar los dientes y Temari abre los ojos tanto como sus cuencas le permiten.

-Pues, que Temari se ha entretenido hablando conmigo, por eso no ha comprado nada.— Estoy rápido, intento sonar casual sin que se me noten los nervios de haber sido descubierto hablando de él.

-Bueno, ha pasado media hora, tampoco es tanto.— Comenta Kankuro restándole importancia.

Sé que iba a decir algo más; pero no puedo evitar contestarle.

-¿Media hora es poco tiempo? Yo creo que está bastante bien.— Chisto entre dientes y noto la divertida mirada de Temari clavada en mí.

-¿Qué dices Nara? Media hora es poco tiempo, si lo comparas con dos horas, por ejemplo.— Ajeno a lo que yo me estoy refiriendo, Kankuro se encoge de hombros y me mira confundido.

Nos hace una señal para que le sigamos y, tras darse la vuelta, Temari me mira.

-Media hora está bien si se aprovecha como es debido.— Guiña su ojo diestro y yo muestro una ladeada sonrisa.

Ella sí sabía a lo que me estaba refiriendo y, aunque me siento un poco idiota; me causa ternura que trate de hacerme sentir bien.

-Resulta que el Hokage y su esposa quieren hacer una especie de reunión amistosa para despedir a los que van a ayudar a Suna.— Comenta Kankuro girándose para caminar de espaldas. –Así que menos mal que no has comprado nada hermana, porque nos han invitado a comer.— Aclara volviéndose a dar la vuelta para caminar de frente.

Temari y yo nos miramos y continuamos nuestro paso tras Kankuro.

Llegamos a un pequeño parque que está situado en el centro de Konoha; al parecer era cierto. Los Uzumaki habían preparado una pequeña comida en medio del lugar.

Las mesas rectangulares y alargadas estaban formando una fila de cuatro, cubiertas por manteles blancos. Encima había varias bandejas repletas de comida que la gente iba dejando, al estilo picoteo.

La verdad; era todo un detalle.

Nos acercamos un poco más y, al llegar por fin al parque, nos recibe Hinata.

-Hola chicos, muchas gracias por venir.— Con su peculiar sonrisa al estilo madre; hace una leve reverencia y nos indica que podemos pasar.

-Muchas gracias por todo esto, señora Uzumaki.— Temari, devolviendo la reverencia y la sonrisa; habla con una educación digna de lo que es.

Una princesa.

No puedo evitar que mis ojos se queden prendidos de ella durante varios segundos hasta que noto la mirada de Hinata posarse en mí; carraspeo algo avergonzado, asiento en señal de agradecimiento y me dirijo hacia las mesas donde está toda la multitud.

Noto cómo el estómago me ruge al divisar la comida y noto cómo hasta duele cuando inspiro el delicioso aroma que me está llegando al cerebro; la verdad que con toda la caminata de la mañana para buscar equipo y después… Haber estado con Temari, me ha dado un hambre voraz.

Me acerco a una de las mesas dejando a Kankuro y Temari charlando con Rock Lee y TenTen sobre qué les harían a los malhechores cuando se los encontraran de frente; yo no quería que se me quitara el hambre así que, con educación, me disculpo para ir a llevarme algo a la boca.

Justo cuando estoy ocupado masticando un pedazo de carne; noto el suave tacto de una caricia rozar mi hombro; pensando que es Temari, me doy la vuelta tratando de tragar lo más deprisa que puedo.

Pero no es ella.

-Hola, Shikamaru Nara ¿Verdad?— Me pregunta la mujer que está delante de mí con una sonrisa extraña; una que no me termina de convencer.

Aún con la boca llena, giro mi rostro hacia mi hombro, mirando cómo su mano aún lo roza; me siento incómodo.

Trago duramente y doy un leve suspiro tras notar mi garganta libre de comida; carraspeo y hablo.

-Sí ¿Necesitas algo?— Ladeo la cabeza y me quedo mirando a la mujer.

Su cabello es de un color castaño rojizo; tiene los ojos de un azul grisáceo, su semblante es pequeño y esbelto. Demasiado esbelto.

Creo recordar que es la hija de algún comerciante de por aquí; pero ahora mismo no recuerdo quién.

-Es increíble lo que vas a hacer, eres muy valiente.— Deja de posar su brazo sobre mí y ahora entrelaza sus manos en frete de su pecho; mirándome.

Parpadeo varias veces y me rasco la nuca; es un halago.

-Gracias, pero todo se lo debo al Hokage, que ha hecho posible poder ir a ayudar a Suna.— Sonrío con sinceridad; es cierto que le debo un agradecimiento a Naruto.

Ella asiente y noto cómo su sonrisa cambia a una un tanto más extraña; frunzo el ceño tratando de descifrar su rostro.

-Quizás podrías pasarte por mi restaurante a tomar una copa; es un placer tener a héroes de Konoha en mi barra.— Vuelve a acariciarme el brazo con esa extraña sonrisa; y sin saber bien porqué, habla como susurrando.

Ladeo la cabeza e intento hablar, pero soy cortado.

-Hola señor Nara.— Noto una presión en mi otro brazo y bajo la vista.

Ahora sí que es Temari; sus brazos se han enredado al mío y me mira durante un segundo con una sonrisa para, acto seguido, mirar a la otra mujer; la cual aparta su mano de mi hombro al instate.

-La pequeña Temari ¿No?— Habla con un tono que me parece burlesco; pero quizás solo es mi imaginación.

-Sí, soy Temari.— Tuerce los labios y suelta el amarre de mi brazo.

Ladea la cadera y apoya una mano sobre esta; conozco esa pose. Solo la pone cuando está molesta y enfadada al mismo tiempo, lo cual me descoloca.

¿Le ha molestado que le diga pequeña?

Parpadeo varias veces y miro de nuevo a la otra mujer de la que, ni si quiera sé el nombre.

-Como te decía, Shikamaru, quizás podrías pasarte a tomar una copa.— De nuevo, noto su mirada en mí, ahora ignorando a Temari.

Eso me hace torcer los labios y fruncir el ceño, no me parece bien su descortesía. Pero de nuevo, al querer volver a hablar, Temari me corta.

-Deberías aprender a leer los rostros de la gente…— Murmura cruzándose de brazos sin quitarle ojos a la otra mujer.

Esta, echa la vista al cielo, rueda los ojos y mira a Temari con cara de pocos amigos.

-Y tú deberías aprender modales, jovencita.— Vuelve a mirarme a mí. –Deberías educarla, no sabe lo que es el respeto hacia los mayores.— Pone los brazos en jarra y suelta aire por la nariz.

Me muerdo el labio inferior ¿Por qué está pasando esto? Yo solo quería comer algo…

Qué situación más problemática.

-No te preocupes por eso.— Temari da un paso al frente, encarando a la mujer de cabellos rojizos. –Shikamaru solo me azota cuando he sido una chica muy mala.— Dice entre dientes acercándose cada vez más a la otra mujer; la cual abre los ojos a más no poder.

Se me para el corazón y me acerco a Temari para tomarla de los hombros y apartarla unos pasos de ella.

-¡Temari!— Sueno algo molesto; no sé qué pretende con insinuar que le pego. -¿Qué demonios estás haciendo? Solo pretendía ser amable.— Acaricio sus hombros tratando de tranquilizarla.

Ella cierra los ojos con frustración y me aparta las manos de mala manera; yo ladeo la cabeza, no entiendo nada.

-Solo quiere ser amable contigo cuando estés en su cama.— Vuelve a hablar entre dientes y puedo apreciar un rubor en sus mejillas.

Aunque no sé si es de vergüenza o de rabia. O de ambas cosas.

Niego con la cabeza con una expresión aún más confusa, suspiro y dejo caer mis manos a cada lado de mi cuerpo.

-No seas tonta, sólo quiere agradecerme que ayude a…— Trato de hablar, pero ella me calla chistando.

-¿Sabes qué? Que te jodan, Shikamaru.— Frunce el ceño y yo abro los ojos a más no poder, ahora sí estoy confundido. –Diviértete con ella, si tanto quieres ir a tomar una maldita copa.— Noto su mandíbula tensa y sus ojos rojos.

-Temari…— Intento acercarme, pero ella da un paso atrás negando con la cabeza.

Acto seguido se da la vuelta y desaparece entre la multitud de personas que están en el parque. Aprieto los dientes y, cuando voy a caminar para ir hacia ella, noto una mano posada en mí.

-Déjala, los niños a veces son insoportables.— Ríe, pero a mí no me hace gracia.

Me giro para mirarla de frente y, con cordialidad; aunque mi semblante es bastante serio, hablo.

-Oye, debería ir a buscarla.— Ladeo mi cabeza esperando su compresión; pero solo veo cómo endurece su rostro.

-¿Me vas a dejar plantada por ir a consolar a una niña?— Alza las cejas y se cruza de brazos.

Yo tuerzo los labios y me encojo de hombros.

-No me lo puedo creer.— Su expresión de sorpresa cambia a una de enfado en cuestión de segundos. –Eres increíble.— Se da la vuelta, y se va.

Me quedo parado un par de segundos antes de volver a caminar; no sé bien lo que ha pasado, pero puedo llegar a comprender que lo que a Temari le ha hecho actuar así; son los celos.

Mientras la busco, no puedo evitar sonreír por lo adorable que se me hace que ella pueda estar celosa de alguna otra mujer.

¿A caso no sabe que ella es todo mi mundo?

La encuentro sentada en un banco bastante apartado de la multitud; debí habérmelo imaginado. Me acerco despacio, intentando no espantarla.

Cada vez me recuerda más a un gatito asustado al que debo acercarme con cautela.

-Temari…— Acaricio su espalda y doy la vuelta al banco para sentarme a su lado.

Ella no me contesta, solo mira en la dirección opuesta a la que yo estoy.

-Oye, no deberías ponerte así…— Suspiro con pesadez apoyando mis codos sobre mis rodillas, mirando al suelo.

-¿Qué haces aquí?— Me pregunta con un tono enfadado. –Deberías estar con esa mujer, tanto que querías.— Miro sus manos, las tiene apretadas en puños.

¿Debería sentirme mal porque todo esto me resulte muy adorable? Una sonrisa se curva en mis labios e intento hacer que se disperse; no quiero que piense que me estoy riendo de ella.

-Mírame, Temari.— Le hablo con una voz algo seria.

Rozo su mano y, al ver que no me la aparta, la tomo y entrelazo mis dedos con los suyos.

Ella, poco a poco, gira su rostro para mirarme a los ojos.

-Eres un imbécil.— Es lo único que sale de su boca; yo suspiro y asiento.

¿Para qué negar lo evidente? Soy un imbécil por no haberme dado cuenta de las intenciones que tenía esa mujer, y de que debería haberme negado en rotundo; pero las mujeres se me dan fatal y no suelo pensar que ellas son las que tienen intenciones de… Bueno, de lo que ella tenía intenciones.

-Eres muy adorable cuando estás celosa.— La última palabra la digo con miedo; no quiero que se enfade. –Pero no tienes motivos ¿Crees que voy a irme con alguien?— Río para mí mientras me imagino si esta situación hubiera sido a la inversa.

-Quizás algún día piensas que…— Aparta la mirada de mí y puedo notar su inseguridad.

-No Temari.— Niego en rotundo y agarro su mano más fuerte. –Yo soy el que debería tener ese miedo de perderte.— Paso mi mano libre por su mejilla y la obligo a mirarme.

-¿Cómo vas a tener miedo tú? Si he sido yo la que empezó todo esto.— Frunce el ceño y puedo notar lágrimas concentrarse en sus ojos. –Si yo no hubiera insistido… Tú estarías con otra mujer ahora mismo.— Aparta la mano de mí y me da un empujón.

Chisto y me quedo mirándola.

-Pero eso no ha pasado, Temari.— Mi expresión se endurece y tomo sus mejillas con suavidad entre mis manos para que me mire a los ojos. –Deja de imaginarte situaciones paralelas.— La miro con más intensidad y puedo notar cómo voy destrozando sus defensas. –Yo podría imaginar que tú, cuando volvieras a Suna, conoces a alguien más joven, que pueda estar contigo todos los días, que le quede más tiempo de vida y que dure más haciendo el amor.— Me quedo callado varios segundos; ella tampoco dice nada.

Aparto mis manos de sus mejillas, miro al suelo y, después de varios segundos; escucho su risa.

Parpadeo varias veces y la miro de reojo.

-Te he dicho que media hora está bien si se aprovecha como es debido…— Susurra jugueteando con sus dedos y balanceando sus piernas.

Una sonrisa se curva en mi rostro y no puedo evitar soltar una suave risa que acaba en un suspiro.

-Ven aquí.— Le pido con una expresión suplicante; necesito sentir su cuerpo.

Ella, casi al instante, desliza su cuerpo para ponerse a mi lado; apoya su cabeza en mi hombro y yo paso mi mano para rozar su mejilla.

Cerramos los ojos; nos quedamos así por lo que parecen varios minutos. Noto cómo la brisa es fresca, escucho cómo algunos pájaros pían en algún árbol de los que hay cerca, escucho… Una voz.

-Hola chicos…— Dicha voz femenina aparece como un fantasma detrás de nosotros.

Temari y yo nos apartamos casi al instante; estábamos tan ensimismados en nuestros pensamientos, que nos olvidamos por completo de todo lo demás.

-Hinata, hola.— Trago saliva al darme la vuelta.

Temari se pone de pie, me mira con una expresión de pavor y, después de hacer una reverencia, se retira.

Hinata la ve marchar con una expresión neutra y vuelve a mirarme con sus casi inexpresivos ojos perla; noto mi corazón pararse.

-Solo quería decirte que, Naruto está muy contento por la idea que has tenido de ayudar a Suna…— La noto algo incómoda; pero aun así sigue sonriendo.

Rasco mi nuca y sonrío nervioso.

-No es nada…— Miro al suelo y nos quedamos callados unos segundos.

-Shikamaru, no te preocupes.— Se acerca un poco más a mí y, ahora con una sonrisa bastante más sincera y cómplice, me susurra. –Yo lo sé, os vi en el callejón.— Ladea la cabeza asintiendo.

Yo aprieto mis dientes tanto que me hacen daño las encías; mis ojos se abren a más no poder y mi respiración se corta.

¿Nos vio besarnos?

La miro horrorizado; quizás podría inventarme alguna excusa para que no pareciera lo que fue… Pero su sonrisa cómplice no se borra.

-Tranquilo, no diré nada que no quieras que diga.— Niega con la cabeza y me mira fijamente. –Pero cuando quieras decirlo, te apoyaré.— Vuelve a sonreír y yo, gracias a esas palabras, siento mi corazón relajarse.

Saber que tengo a alguien de mi parte; me hace sentir más seguro.

-Hinata… No sé cómo agradecerte, eres como una madre.— Río tratando de no volver a hablar de mí y Temari.

Ella se queda callada y puedo notar un sonrojo en sus mejillas; sonrío.

-Bueno…— Se toca el vientre y me mira por encima del flequillo. –Supongo que debo ir practicando.— Emite una adorable risa y yo me quedo anonadado.

-¿Estás… embarazada?— Pregunto mirándola atónito.

Ella asiente con una gran sonrisa que me contagia al instante.

-¡Eso es maravilloso! ¡Enhorabuena!— Me acerco a ella y le doy un corto abrazo que me corresponde.

-Eres el primer hombre que lo sabe… Hoy se lo diré a Naruto.— Me confiesa rascándose el brazo, vergonzosa.

-Estoy seguro de que le va a hacer muchísima ilusión.— La animo.

Tras sonreírnos de nuevo, volvemos hacia donde están todos los invitados.

Después de varias horas, la reunión termina y todos ayudamos a recoger; tiramos la basura, desmontamos las mesas y cada uno se lleva lo que había traído.

Kankuro y Temari me esperan para irnos juntos; ya que mi casa está un poco más apartada que el hotel donde ellos duermen; pero en el mismo camino.

-Mañana hemos comentado que sobre las cinco de la mañana estaremos en la puerta.— Me explica Kankuro comenzando a caminar.

-Estupendo, así tendremos varias horas de oscuridad.— Asiento una sola vez con la cabeza en señal de afirmación.

Después de despedirme de ellos, vuelvo a mi casa esperando que llegue la hora de irme a trabajar; Naruto me comentó que podía ir por la tarde debido a todo el revuelo que habíamos tenido, así que le tomé la palabra.

La noche cae en Konoha; las estrellas brillan con ímpetu y la Luna está completamente llena; es hermoso.

Camino de nuevo hacia mi casa después de haber hecho todo el papeleo que debía hacer, abro la puerta y me dirijo directamente a mi habitación.

-No es muy tarde…— Miro el reloj que marca las once y veinte.

Podré dormir varias horas antes de emprender mi viaje a Suna y ver de primera mano, qué es lo que está ocurriendo.

Me tumbo mirando el techo y observo las baldosas pensando en todo lo que ha ocurrido hoy; sobre todo pensando en ella, en Temari

Suspiro y giro mi rostro para quedarme mirando las estrellas hasta que, sin saber cuándo, me quedo dormido.


¡Y hasta aquí! Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y hayáis disfrutado de la lectura.

En el siguiente capítulo, Shikamaru y su equipo junto con los hermanos de la Arena, llegarán a Suna y Kankuro les explicará qué es lo que ha sucedido; la acción comenzará pronto.

Muchas gracias por haber llegado hasta el final, sería genial si me dejaras algún comentario con tu opinión ya sea aquí o en mi página de Facebook :D Me encanta saber qué opináis sobre lo que escribo; me motiva mucho a seguir.

¡Nos leeremos el próximo Sábado en "Dieciocho"!

¡Besitos de chocolate con leche para todos!