Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.


¡Feliz Sábado a todos! Es un gran placer haber hecho el capítulo a tiempo, no me gusta faltar a mi palabra así me tenga que pasar la madrugada escribiendo.

Quiero expresar mi entusiasmo por el gran recibimiento que ha vuelto a tener el concurso que hice en mi página de Facebook, ya sabes, sino me sigues búscame como Glow 241O, justo como me llamo por aquí (y en Twitter también). Gracias a vosotros puedo hacer historias más variadas porque me obligo a mantener el cerebro activo inventándome situaciones que pienso que os pueden gustar.

¡Gracias!

Nota de la autora: Me alegra mucho que la elección del equipo: Shikamaru - Lee - TenTen - Sakura os haya gustado, la verdad es que pienso que está bastante compensado porque tenemos un médico, una experta en armas, un tío que reparte tortas como panes y a Shikamaru que es el maldito amo de las estrategias; además de Temari y Kankuro ¡Perfecto! También me alegra que os hayáis dado cuenta del detalle de Hinata en el capítulo anterior, cuando le dice a Shikamaru que puede contar con ella, porque sinceramente la veo como una madre no solo de su próximo bebé, sino la mamá de todos. (Como lo es Anamicenas para mí, pues igual)

En este capítulo vamos a ver cómo el equipo de Shikamaru y los hermanos de Suna comienzan su viaje y empiezan a observar cositas extrañas que están pasando... ¿Qué podrán hacer para ayudar? ¿Encontrarán a los malos malísimos?

Sin más que añadir;

disfrutad de mis locuras.


Dieciocho

Capítulo V

Bienvenidos a Suna

.

POV Shikamaru.

Las puertas de Konoha se abrieron, no serían más lejos de las cinco de la madrugada y todos los que debíamos emprender el camino a Suna estábamos presentes, añadiendo al Hokage y su esposa, Hinata, que habían decidido acompañaros hasta las puertas para darnos una cálida despedida.

Naruto parece feliz, demasiado feliz y sonrío cuando miro a Hinata y cómplice, me devuelve la sonrisa asintiendo.

-¿Se lo has dicho?— Pregunto en un susurro tras acercarme a ella con disimulo.

-Sí, está muy emocionado por nuestro hijo...— Me susurra de vuelta y nos sonreímos.

Sin embargo, noto cómo su expresión de alegría se desvanece y mira a Temari para, acto seguido, mirarme a mí.

-Cuídala, Shikamaru.— Su preocupación me hace ponerme serio.

Asiento con firmeza y comienzo a alejarme.

Con mi vida si fuera necesario.

Emprendemos el camino hacia Suna tras escuchar cómo los portones de Konoha se cierran tras nosotros.

Después de algunas horas, se puede apreciar cómo el Sol se abre camino majestuoso, sobre el horizonte dando paso a una fresca mañana gracias a la suave brisa que corretea por el bosque.

El camino se hace ameno cuando no vas solo, pero aun así el ambiente puede cortarse cuando mis compañeros de Konoha preguntan a Kankuro y Temari sobre los extraños sucesos que ocurren en su aldea.

En un momento del camino, aun estando más cerca de Konoha que de Suna, hago un alto; creo que es preciso parar a desayunar y reponer fuerzas.

-No quiero que nos demoremos demasiado, la parada será rápida.— Comento sentándome en una roca que diviso.

Kankuro asiente y, sacando de su mochila algunas provisiones, se sienta a mi lado.

-Nara ¿De verdad crees que podrán ayudarnos?— Me comenta en un susurro mirando hacia nuestros compañeros, los cuales se han sentado también haciendo un círculo.

Le miro mostrando una sonrisa y sacando mi cantimplora para darle un trago al agua fresca.

-Tranquilo Kankuro.— Le calmo volviendo a guardar el recipiente de agua y poso una mano en su hombro. -No subestimes a los de Konoha.— Comento volviendo a sonreír aunque noto que mis palabras no le convencen demasiado.

Me mira con una expresión de entre confusión e inseguridad y se levanta.

-Escuchadme.— Se dirige hacia donde los demás están y, con los brazos cruzados, habla. -¿Cuáles son vuestras habilidades? ¿Cómo puedo estar seguro de que podréis ayudar a Suna?— Su expresión es seria y noto cómo tensa la mandíbula.

Suspiro y me levanto para dirigirme a su lado; observo cómo todos los demás le miran con confusión. Incluso Temari.

-Hermano, esa pregunta es ofensiva.— Se levanta del suelo y pone los brazos en jarra con una expresión de enfado.

Trago saliva; no deja de parecerme adorable cuando se enfada.

-¿Por qué? Solo quiero saber...- Cuando va a volver a hablar para explicarse, Temari alza un dedo en señal de que se calle.

-Deberíamos estar agradecidos, Suna está recibiendo ayuda y eso es algo con lo que ni si quiera contábamos.— Comenta con enfado en su rostro, pero sus palabras son serenas y sinceras.

Me mira.

-Gracias, señor Nara.— Sonríe y yo tengo que contenerme las ganas de darle un abrazo.

Asiento con la cabeza y le devuelvo la sonrisa.

Kankuro suspira y posa sus dedos sobre las sienes; intenta calmarse.

-Tienes razón.— Mira a los compañeros que se han mantenido callados durante toda la conversación, y hace una leve reverencia. -Disculpad mis modales, es un honor recibir vuestra ayuda.— Aprieta los labios y vuelve la vista a ellos.

TenTen se acerca a él y le da una palmada en la espalda.

-Sé que estás nervioso, pero créeme que puedes contar con nuestra ayuda.— Le dice en un tono cómplice.

Kankuro sonríe y asiente.

Las horas pasaron y nuestro camino se iba haciendo más oscuro; el ocaso está llegando y trae consigo una noche llena de estrellas y alguna que otra nube.

Yo me aparto un poco de la multitud para caminar desde atrás, saco un cigarro y lo enciendo con el zippo de mi difunto maestro Asuma.

Inhalo el humo y lo expulso con delicadeza pensando en lo mucho que me harían falta sus consejos ahora, los de él o los de mi padre.

Camino mirando al suelo con el cigarro en la mano mientras me imagino la reacción de mi padre si descubría que me estaba acostando con una chica doce años más pequeña que yo; no puedo evitar reír por lo bajo y negar con la cabeza. Seguramente estaría muerto.

-Hey…— Una dulce voz me hace volver al mundo real.

-Temari, hola.— Respondo con una sonrisa y observo cómo se pone a caminar a mi lado.

Aparto el cigarro dejándolo en la otra mano para que el humo no le estorbe y vuelvo a mirarla.

-Estás pensativo.— Me comenta observadora.

Sus ojos verdes de clavan en mí como punzadas; son preciosos y resaltan como dos esmeraldas gracias a la intensa luz anaranjada del ocaso.

Aparto la mirada de ella antes de cometer la locura de besar sus carnosos y dulces labios delante de todo el mundo.

Delante de Kankuro.

-Estaba pensando en varias cosas…— No quiero hablar del tema de Asuma o mi padre con ella; no quiero que se preocupe más de lo que debe estarlo.

-Ya veo…— Mira al suelo y junta sus manos a la altura de su pecho.

-¿Te preocupa algo? Algo más de lo evidente…— Me rasco la nunca con la mano libre; qué pregunta más estúpida.

Ella ríe y me mira ladeando su cabeza.

Para de ser tan adorable, por favor.

Muerdo mi labio inferior y aparto mi mirada.

-Estoy nerviosa por llegar a Suna…— Confiesa en un leve susurro. -No sé qué nos vamos a encontrar.— Suspira de forma pesada y camina mirando al suelo.

Aprieto mis dientes, necesito hacer algo para que se sienta mejor y más segura.

Miro hacia delante y puedo divisar que Kankuro y los demás continúan caminando varios pasos más avanzados que nosotros, así que, con algo de destreza, tomo su mano y camino en dirección a un árbol.

-¿Señor Nara?— Me pregunta con rostro confuso y puedo apreciar el rubor de sus mejillas.

Apoyo su espalda en el tronco del árbol y acaricio sus mejillas con ambas manos; al instante me sonríe y mueve su cabeza entre mis manos, notando el tacto.

-Vas a estar a salvo mientras yo esté a tu lado, Temari.— Me inclino hacia ella y rozo mis labios con su frente.

-Pero... Mi aldea, el pueblo.— Me separo de ella al notar su voz con aires de preocupación. -¿Quiénes los protegerán?— Me pregunta alzando las cejas, mostrando inseguridad.

Me quedo mirándola un par de segundos y sonrío.

-Todos, todos haremos que Suna vuelva a la normalidad y, a demás, encontraremos a los culpables.— Hablo con el tono más tranquilo y seguro que sé poner.

Y al parecer, funciona. Vuelvo a apreciar su hermosa sonrisa y no puedo evitar pasar mis manos por sus mejillas de nuevo, notando la suavidad de su piel.

-Quiero que me bese, por favor…— Me pide en un susurro casi inaudible y se muerde el labio inferior.

Aprieto mis dientes y miro en todas direcciones; esto no está del todo bien, podrían descubrirnos y yo estaría muerto en cuestión de segundos.

Noto sus manos recorrer mi pecho hasta entrelazarse tras mi nuca y, al bajar la vista hacia ella, pierdo toda voz de razón.

Ladeo mi cabeza y cierro los ojos. Me voy acercando más y más hasta que mis labios rozan los suyos; tan suaves, delicados, esponjosos y con un sabor inconfundible a vainilla, jazmín y arena.

Mis manos rozan su cintura y pego su cuerpo al mío un poco más; no quiero que el beso se convierta en algo lascivo, solo quiero notar sus labios y sé que ella también.

Mi boca se mueve encima de la suya de forma suave y sensual haciendo que su agarre detrás de mi nuca se haga más fuerte.

-Señor Nara…— Susurra entre dientes y yo, empezando a ser preso de mis instintos, paro.

Ella me mira con una tierna sonrisa al separarnos y juguetea con mi perilla; yo aún la tengo abrazada por la cintura y, como un bobo adolescente, la miro anonadado con una tonta sonrisa.

Beso su frente y hago una señal con la cabeza, deberíamos volver.

Al parecer, nadie se ha percatado de nuestra ausencia y yo, confuso por no saber en qué momento olvidé mi cigarro, saco otro volviéndolo a encender.

Temari alcanza a los demás y yo me quedo detrás durante un rato hasta que la longitud de mi cigarro, se convierte en humo.

La totalidad de la noche ha caído y, como es habitual, encontramos algo de madera seca para hacer una hoguera; más que por dar calor, para cocinar y ahuyentar a cualquier animal curioso que quisiera merodear cerca de nosotros.

Me ofrezco a hacer la guardia durante las primeras horas de la noche, ya que todo esto ha sido mi idea, no pretendo, encima, hacer que mis compañeros se queden la noche en vela.

Todos los demás sacan sus sacos de dormir y se tumban alrededor de la hoguera; yo, con la mirada algo perdida observo cómo el fuego baila al son de la suave brisa que corre por el bosque, las noches al aire libre cerca de Konoha, siempre son agradables.

Jugueteo con mis dedos, nervioso. No sé qué clase de peligros me encontraré al llegar a Suna, no sé qué clase de personas andan detrás de todo eso y cuál es la razón para querer arrancar los ojos a los animales; y después a las personas.

Me froto la cara con fuerza tratando de dispersar de mi mente la horrible imagen del cadáver que Kankuro y Temari trajeron desde Suna hasta Konoha para que Sakura lo inspeccionara. Siento un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

Giro la vista hacia donde Temari reposaba, tranquila pero siempre alerta.

Observo con detenimiento sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos, su rostro perfecto y el cómo su abdomen subía y bajaba por la calmada respiración de estar durmiendo. Sonreí y apreté los labios.

No puedo describir lo mucho que estoy enamorado de ella; lo mucho que quiero protegerla con mi vida si fuera necesario. Cierro los ojos por un momento y oriento mi vista al cielo para observar cómo miles de estrellas brillantes y parpadeantes, nos acompañan esta noche.

Suspiro, va a ser un largo viaje.

Lee me cambia el turno cuando pasan algunas horas y, con el amanecer, todos nos despertamos para continuar el camino hacia Suna.

Tres días son necesarios para llegar a la Villa oculta de la Arena; tres días que pasan como tres años por el tenso ambiente que hay por parte de los hermanos. Kankuro y Temari, aunque tratan de sonreír y animarse a conversar con todos; se puede apreciar que sus miradas estaban perdidas en otro lugar.

Camino al lado de Temari por varios minutos y observo que ni si quiera nota mi presencia; carraspeo.

Ella me mira y sonríe de una manera falsa; sé que está nerviosa porque las puertas de Suna pronto se divisarán por el horizonte.

Paso una mano por su cabeza y revolico sus cabellos, ella me mira con un rostro de fastidio por haberla despeinado y yo sonrío.

-¡Chicos, ya estamos cerca!— Sakura, adelantándose un poco más para poder asegurarse de que estábamos llegando, señala el horizonte con su dedo índice y una sonrisa.

Kankuro y Temari se miran y puedo apreciar cómo se dan ánimo con las mentes. Trago saliva y endurezco mi expresión caminando detrás de todos.

Al llegar a las puertas de Suna, el ambiente tétrico se pude palpar con las manos. Miro hacia todas direcciones y puedo apreciar la soledad de las calles, el viento corre cálido y abrasador por todos los rincones y juraría que los tonos amarillos y marrones calientes de la aldea, se han tornado de un color sepia apagado.

La villa de la Arena está triste.

-Es espeluznante…— Kankuro habla en un susurro liderando nuestro grupo.

Temari me mira de reojo con una expresión de tristeza; tenía razón, esto era realmente tétrico y triste.

-Esperemos que pronto vuelva todo a la normalidad.— Lee, intentando dar unos cuantos ánimos, se acerca a Kankuro y le da una suave palmada en la espalda.

Puedo ver cómo él gira su rostro y le mira, pero no sonríe; solo asiente y vuelve la vista al frente.

TenTen toma a Lee de la manga de su camiseta y niega con la cabeza mirándole, le da la indicación de que no es el mejor momento para intentar ponerse en modo positivo porque, la verdad, no hay nada positivo en todo esto.

Llegamos a la oficina del Kazekage donde, seguramente, Kankuro nos quiera llevar ante Gaara para informarle de la ayuda que Konoha quiere brindar.

-Hola hermano.— Sin esperar que Gaara le dé el permiso de abrir la puerta, Kankuro pasa seguido de Temari.

Los demás, nos quedamos esperando fuera.

Se escucha desde el interior cómo Kankuro le explica a su hermano que algunos ninjas de Konoha hemos venido a ayudar y, al parecer, Garra muestra su total aprobación; escucho sus pasos de pluma aproximarse a nosotros, sale de su sala y nos recibe en el pasillo con una cálida sonrisa.

-Suna está enormemente agradecida por vuestra ayuda.— Hace una leve reverencia y todos le imitamos.

-No pretendemos hacer nada por nuestra cuenta, solo danos las indicaciones que debemos seguir.— Comenta Sakura ofreciendo una sonrisa torcida.

-Sí, queremos ayudar en todo lo que podamos.— Lee se adelanta para ponerse delante de Gaara y alzar su puño en alto. –Haremos pagar a los culpables por lo que le han hecho a nuestra alidada.— Mira a Gaara con decisión y sonríe.

Este chico siempre tan enérgico.

Rasco mi nuca y me aproximo donde todos están; Gaara parece agradecido pues, puedo apreciar una leve sonrisa dibujarse en su rostro. Quizás traer a Lee ha sido mejor idea de lo que imaginaba; su energía parece ser contagiosa y, para un momento de tensión como el que está pasando Suna… Nunca viene mal descansar la mente y mostrar una sonrisa.

-Sé que debéis estar rendidos del viaje, por lo que vuestra estancia será completamente gratuita en el hotel del centro de Suna.— Amable, se dirige hacia su oficina haciéndonos una señal para que lo siguiéramos.

Dentro del lugar, se sienta en su sillón y saca un papel oficial comenzando a escribir; acto seguido se lo ofrece a Kankuro quien, con detenimiento lo lee y se acerca a mí para entregármelo.

-Ese papel es el certificado oficial de que vuestra estancia en Suna será completamente gratuita, tanto el hotel como la comida, todo lo que necesitéis Suna os lo ofrecerá.— Con una más notoria sonrisa, Gaara vuelve a levantarse de su asiento y nos mira.

Temari y Kankuro yacen de pie a ambos lados de Gaara, él erguido con un semblante amable pero serio, hace una pequeña reverencia y nosotros, la devolvemos.

Observo cómo Gaara se gira a Temari y habla.

-Acompaña a nuestros huéspedes al hotel, hermana.— Sonríe y posa una mano sobre su hombro; Temari asiente feliz y se dirige a nosotros.

Soy yo el que, con educación, abre la puerta para que todos puedan pasar y, antes de salir el último y cerrarla, escucho a Gaara hablar.

-Kankuro, debo decirte algo importante…— No queriendo parecer entrometido y con la esperanza de que Kankuro me informara de cualquier suceso; cierro la puerta con un suave golpe y alcanzo a mis compañeros.

Suspiro pesadamente y no paro de darle vueltas a la razón por la que Gaara nos ha querido fuera del lugar. Miro hacia arriba y puedo apreciar unas cuantas nubes, pero el Sol es el dueño del cielo de Suna, tengo que taparme la vista con una mano para que las retinas no me ardan; no estoy acostumbrado a que el astro diurno me dé tan directamente en los ojos.

Echo de menos Konoha, echo de menos la paz y la tranquilidad de mi villa, echo de menos tumbarme en el bosque que pertenece a mi familia y disfrutar del periodo de paz.

Vuelvo a suspirar y bajo la mirada para seguir a mis compañeros; saco un cigarro y lo enciendo. Quizás así pueda calmar mis pensamientos.

Sakura, TenTen y Temari hablan animadamente de no puedo distinguir qué tema mientras que, por raro que parezca, Lee camina con un semblante desanimado.

Tuerzo mi expresión y, dejando el cigarrillo al lado opuesto donde está él; me acerco y le hablo.

-¿Qué pasa, Lee?— Le pregunto tratando de sonar amable.

-Oh, Shikamaru.— En cuanto me escucha, su rostro muestra una tierna sonrisa. –Estaba pensando en que… ¿Por qué la gente causa daño? Estábamos en periodo de paz, deberían respetarlo.— Niega con la cabeza y se cruza de brazos.

Yo tuerzo mis labios y asiento; comprendo cómo se siente. Llevo sintiéndome así desde que tengo conocimiento de todo lo que está ocurriendo en Suna.

Temari hace un alto en el camino al llegar al hotel y enfrente de las puertas del mismo y se gira para mirarnos.

-Este es el sitio donde os alojaréis, es el que mejor se conserva después del pequeño ataque que nuestra villa sufrió.— Mira al suelo por unos segundos y a mí se me parte el alma de saber qué es lo que puede estar pensando.

Aprieto la mandíbula y guardo la certificación de Gaara en el bolsillo; me enfado.

¿Por qué quieren darnos todo gratis? El dinero les vendría increíblemente bien para reabastecer los establecimientos y suplir las pérdidas; suspiro y vuelvo a mirar a Temari, escuchándola.

-Entregad el papel que os ha dado el Kazekage siempre que queráis adquirir algo, por favor.— Ahora con una sonrisa sincera; o eso quería aparentar, termina la frase haciendo una señal de que podemos pasar.

Yo me espero a que todos entren al hotel y me quedo fuera con ella.

-No pienso utilizar el papel, Temari, quiero utilizar el dinero.— Alzo el certificado en la mano y tuerzo mis labios, mi semblante es de preocupación más que de enfado.

Ella suspira y sonríe.

-Ya sabía que estaba siendo demasiado sencillo…— Me acaricia el hombro, tendiendo que alzar un poco su pequeño cuerpo y me mira.

Muerdo mi labio inferior; su reacción me pilla desprevenido y no puedo evitar que mi cuerpo reaccione ante el contacto de su suave mano contra mi piel.

Quiero besarla, aún con todo lo que está pasando, me quedan ganas de hacerle el amor.

Nos quedamos mirándonos durante unos instantes hasta que dejo de notar su mano sobre mí y escucho unos pasos acercarse.

-¿Shikamaru, entras?— TenTen sale y nos mira algo extrañada.

Temari le sonríe, hace una leve reverencia y se encamina hacia, quizás, la oficina de su hermano.

Suspiro y entro junto con TenTen al hotel, pero, antes de aproximarnos a recepción, carraspeo e intento llamar la atención de todos.

-¿Qué ocurre?— Pregunta Sakura siendo la primera que se gira.

TenTen vuelve a mirarme y Lee se acerca detrás de ambas.

-Creo que no deberíamos hacer caso a Gaara.— Los tres me miran con los ojos abiertos y, antes de que me avasallen a preguntas, continúo. –Ha sido muy generoso dándonos este certificado…— Lo muestro entre mis manos y miro a todos, intentando que me comprendan a dónde quiero llegar a parar. –Pero no vamos a utilizarlo.— Finalizo guardándolo en mi bolsillo.

Sakura me mira con un semblante de sorpresa, TenTen sonríe y Lee sonríe aún más.

-¡Tienes razón! Hemos venido a ayudar, no a que nos ayuden.— Entusiasmado, Lee asiente con firmeza.

-Sí, y el dinero les será de gran ayuda.— Ahora es Sakura quien habla mostrando una cálida sonrisa.

TenTen asiente y es la primera que se encamina a la recepción para pedir cuatro habitaciones; todos sacamos el dinero correspondiente y se lo ofrecemos al recepcionista.

Si queremos ayudar a Suna, podemos empezar por incentivar su economía; parte importante para que una aldea, por grande o pequeña que sea, funcione.

Después de pagar el hotel e ir a comer, nos dirigimos de nuevo a nuestro lugar de descanso para reposar tras el largo viaje. Ni Temari ni Kankuro nos acompañan porque, por lo que podemos suponer, estarán bastante ocupados con lo que respecta al tema de su aldea; nosotros somos simples ayudantes y las reuniones más importantes están a cargo de los representantes oficiales de Suna.

Solo teníamos que esperar que nos dieran la orden, y allí estaríamos, dispuestos a brindar toda la ayuda que fuera necesaria pues, Naruto en su gran bondad, nos dio permiso indefinido de estancia en la villa de la Arena.

Ya en mi habitación de hotel, me deshago de la camiseta y la dejo reposada en una silla de la pequeña sala que hay antes de la habitación donde está la cama, me dirijo a ella y me tumbo encima notando el suave tacto de las sábanas blancas rozar mi espalda desnuda.

Respiro relajado y paso mis manos detrás de mi nuca; giro mi rostro hacia la ventana que queda a mi derecha y me quedo mirando el cielo. Las nubes pasean casi inexistentes por el cielo de Suna y doy gracias que el Sol no me dé directamente en los ojos; se puede apreciar sus rallos colarse por mi ventana, pero no lo tengo de frente.

Justo cuando estaba a punto de dormirme, cuando mi cuerpo había entrado en un estado de relajación tanto mental como física; el pensamiento de qué podrían haber estado hablando Kankuro y Gaara cruza mi mente y se lleva consigo toda la comodidad que conseguí.

Gruño frustrado y me siento en la cama con las piernas cruzadas.

No pasan más de dos segundos cuando, de pronto, escucho cómo alguien llama a mi puerta. Ladeo la cabeza algo extrañado y me levanto de la cama para abrirla.

-Oh, Kankuro…— Mascullo entre dientes; justo con quién quería hablar.

Me saluda con un suave movimiento de cabeza y veo cómo Temari aparece detrás de él.

Mi corazón se para cuando noto sus ojos recorrer mi torso que, sin acordarme, aún estaba desnudo. Me había quedado tan relajado en la cama, que se me había olvidado por completo taparme para abrir la puerta.

Kankuro ríe y me habla.

-¿Mal momento, Nara?— Pregunta en forma burlesca y, sin esperar permiso, pasa por mi lado.

Temari me sigue mirando con una pícara sonrisa, se muerde el labio inferior y yo, cómplice, le guiño un ojo para acto seguido, darme la vuelta en busca de mi camiseta.

Nos sentamos en la pequeña sala que está al principio de la habitación, sirvo unos refrescos que había comprado anteriormente y me siento con ellos.

-Gaara me ha enviado a que te informe un poco sobre la situación.— Comenta Kankuro sirviéndose la mitad del refresco en su vaso, y la otra mitad en el vaso de Temari.

-Por favor, me encantaría saber qué podemos hacer.— Le hago una señala para que continúe hablando y bebo de mi vaso.

Kankuro da un largo trago a su vaso y, antes de poder hablar, Temari empieza.

-Se envió una tropa de diez hombres y mujeres a las afueras de Suna para que inspeccionaran el terreno.— Dio un pequeño sorbo, apoyó el vaso en la mesa y me miró a los ojos con una expresión tan seria, que me preocupó. –Volvieron tres.— Tensa su mandíbula y aprieta las manos en puños mirando al suelo.

Mi corazón se para y mi respiración se corta. Han perdido más gente; gente que no volverá.

Miro al suelo y noto un nudo en el estómago, no sé qué decir o cómo actuar; ni si quiera sé cómo puedo ayudar a superar tan terrible dolor.

Cierro los ojos y los abro cuando escucho a Kankuro hablar de nuevo.

-Las tres personas que sobrevivieron al ataque, aseguran conocer el paradero de los asesinos…— Kankuro me mira y después torna la vista hacia su hermana.

Nos quedamos en silencio unos segundos; Kankuro toma la mano de Temari y la acaricia entre las suyas. Yo también puedo notar lo nerviosa que está.

-Queríamos pediros que salierais con nosotros mañana al alba.— Temari vuelve a hablar y me mira con expresión de súplica.

Ni si quiera sé por qué tiene que pedírmelo así; iría con ella al fin del mundo, iría con ella solo por el hecho egoísta de querer protegerla.

Asiento con decisión apretando demasiado el vaso entre mis manos; por fin íbamos a tener un poco de acción.

Por fin íbamos a conocer quién o quiénes eran los causantes de tal masacre en Suna, y les daríamos caza.

-Informaré a los demás sobre esto.— Comento dejando el vaso en la mesa; me están empezando a doler los dedos de tanto apretarlo.

Tengo que relajarme, necesito un cigarro.

Me levanto ante la atenta mirada de los hermanos, me aproximo a la ventana y, tras abrirla, enciendo un cigarro; inhalo y exhalo el humo con lentitud, tratando de que cualquier pensamiento negativo no me acompañe durante el día de hoy.

Vuelvo mi vista a ellos.

-Estoy seguro de que con vuestra ayuda, podremos acabar con esto antes de lo que teníamos pensado.— Kankuro se levanta y se acerca a mí.

Yo suspiro y miro al cielo; sigue sin haber demasiadas nubes.

Kankuro y Temari se despiden de mí y me vuelvo a quedar solo en la habitación.

Tumbándome en la cama de nuevo sin la camiseta, trato de relajar mi cuerpo; ahora no me apetecía hablar con los demás sobre lo que Kankuro y Temari me habían dicho, quizás en la cena, cuando nos fuéramos a dormir les explicaría todo y les comentaría que al alba nos reuniríamos todos en las puertas traseras de Suna; listos para cualquier peligro que pudiera venir.

Cierro los ojos y trato de dormir, pero otra vez el sonido de la puerta interrumpe mi paz interior; está claro que algo quiere que no duerma una maldita siesta.

Acordándome de que estoy sin camiseta, la tomo y me la pongo antes de abrir la puerta… Llevándome una sorpresa.

-¿Qué haces aquí?— Abro los ojos y asomo la cabeza mirando en todas direcciones.

-Ver cómo está.— Muerde su labio inferior y sonríe.

-Temari…— Suspiro con pesadez y cruzo los brazos apoyándome en el marco de la puerta. -¿Qué pasa?— Pregunto con la esperanza de que quisiera hablarme de algún tema relacionado con lo que pasaba en Suna.

-Estoy nerviosa, señor Nara.— Su sonrisa se borra de su hermoso rostro y ahora, para mi disgusto, denota tristeza y preocupación.

Tuerzo los labios y la miro con confidencia apoyando una mano sobre sus dorados cabellos, alborotándolos como sé que no le gusta que haga, pero el hecho de que le dé igual, me preocupa.

-Ven, pasa…— Ladeo mi cuerpo y la invito con la mano para que camine hacia dentro de mi estancia.

Ella, algo dubitativa, al final comienza a caminar y se para delante de mí.

Cierro la puerta.

-No debes preocuparte por nada, mañana todos estaremos luchando juntos.— Aprieto mis dientes y meto mis manos en los bolsillos mirándola.

Ella baja la mirada al suelo y se abraza.

-Usted lo ha dicho, habrá que luchar.— Junta sus labios en una fina línea y noto cómo tensa la mandíbula. –Ya hemos perdido demasiada gente de Suna, como para que Konoha también…— Cierra los ojos en frustración y vuelve a mirarme.

Yo niego con la cabeza y me acerco a ella, despacio. Poso mis manos sobre sus hombros y la miro fijamente tratando de transmitir toda la seguridad que puedo con mis ojos.

-Nadie más va a caer, Temari.— Frunzo el ceño; no me había escuchado tan decidido hacía mucho tiempo.

No me había sentido con tantas ganas de proteger a alguien… Nunca.

Ella se queda mirándome durante varios segundos y, sin decir nada, acaba con la distancia que hay entre nuestros cuerpos, da un paso hacia delante y entrelaza sus manos detrás de mi espalda, abrazándome.

Cierro los ojos y apoyo mi cabeza sobre sus cabellos, inspiro el tenue aroma a Sol y arena que emana por defecto, acaricio sus hombros con delicadeza y giro mi rostro para besar su cabeza.

Me separo y tomo sus mejillas entre mis manos; me encanta cogerla de esa manera, hace que pueda admirarla por completo al apartar todos los mechones dorados de su perfecto rostro.

Beso su frente y ella cierra los ojos sintiendo mi beso; sintiendo mis labios.

-Shikamaru…— Me llama por mi nombre y sonrío.

Sé que no ha venido sólo para expresar su preocupación, también quiere consuelo.

Y yo puedo dárselo.

Yo quiero dárselo.

Sin apartar mis ojos de los suyos, comienzo a caminar haciendo que ella lo haga de espaldas hasta que escucho cómo sus piernas chocan contra el borde de la cama.

Sigo mirándola, sigo observando cada rincón de su perfecto rostro y puedo notar cómo sus ojos hacen exactamente lo mismo conmigo. Me observan, me miran, me tantean; pero no hace falta que tantee nada, tengo tantas ganas de volver a probar sus labios que me duele.

Cierra los ojos y, con paciencia, espera.

-Vamos a olvidarnos de todo.— Susurro antes de rozar mis labios contra los suyos.

Ella emite un adorable jadeo y pasa sus manos por mi pecho; yo noto el agradable tacto aún por encima de la tela y en seguida me maldigo por haberme puesto la camiseta antes de abrir la puerta.

Si lo hubiera sabido…

Sin decir nada y preso por el deseo de sentir su tacto sobre mi piel, deshago el beso y me despojo de la camiseta que tantos problemas me está dando; la tiro por ahí y al volver la mirada a ella, tengo que apartar la vista algo avergonzado.

Noto su mirada devorarme antes de notar cómo sus manos pasean por mis brazos, por mis pectorales, por mi abdomen y, de nuevo, vuelven a hacer el recorrido de una forma tortuosamente lenta y placentera al mismo tiempo.

-Hazme el amor, Shikamaru…— Su voz suena suave pero firme y mi corazón se desboca cuando me habla mirándome a los ojos.

Tan pequeña y tan sensual.

Trago saliva y, obediente, empujo mi cuerpo sobre el suyo tumbándola en la cama.

Deshago sus coletas y ella mueve la cabeza para dejar su cabello suelto; me encanta cuando está suelto. Muerdo mi labio inferior y ella, abriendo las piernas, me invita a pasar.

Me acomodo entre sus muslos y mi erección roza por inercia su intimidad. Ambos gemimos, ambos nos miramos y ambos sentimos el ardiente deseo de devorar nuestras bocas.

Su lengua baila con la mía al son que ella marca; mis caderas crean una fricción que me hace vibrar y necesitar más. Deslizo mis manos por su cuerpo hasta llegar a su pecho, abriendo el escote de su vestido negro lo suficiente como para poder deslizar las mangas por sus hombros y dejar a la vista sus pechos tapados por el sujetador.

Sin pedir permiso, porque sé que lo tengo, tomo ambos entre mis manos y los aprieto con fuerza.

Cómo los había echado de menos.

Ella gime y me mira ladeando la cabeza y mordiéndose el dedo índice intentando controlar su respiración y manteniendo sus gemidos a ralla; yo me muerdo el labio inferior con fuerza y continúo mi movimiento de caderas, rozando mi erección contra ella mientras, con ansia, jugueteo con sus pechos.

Entre besos, jadeos y gemidos, no tardo en desvestirla y ella no tarda en desvestirme a mí. La habitación se inunda de un completo silencio acompañado de suspiros de placer.

Ruedo sobre mi cuerpo y hago que se ponga encima de mí, quiero que sea ella la que hoy tome el control; la que haga lo que quiera conmigo.

Temari posiciona sus piernas a cada lado de mi cuerpo y puedo observar cómo una pícara y juguetona sonrisa se dibuja en sus labios.

Me gusta, me gusta verla feliz.

Echo mi cabeza hacia atrás cuando noto sus labios inferiores abrazar mi intimidad sin llegar a la penetración; tortuoso placer que yo le he dado el permiso de hacerme.

Jadeo y agarro sus caderas, la miro y le suplico con los ojos que no me haga eso; aunque en el fondo lo esté disfrutando.

Noto los fluidos de su zona íntima mojar mi dura erección y, de esa manera, sentir más placer aún al Temari mover las caderas haciendo que su intimidad resbale con mayor facilidad.

Jadeo y emito un gruñido de queja y súplica; ella me mira victoriosa y se muerde el labio inferior.

Sin embargo, su expresión de suficiencia hace un cambio drástico cuando, ella sola, comienza a deslizarse por mi miembro, metiéndolo poco a poco en su interior.

Posa sus manos sobre mi pecho y clava sus uñas en mí como si quisiera dejar alguna que otra marca que dure para el día siguiente.

Tendré que estar atento de no quitarme la camiseta.

Cierro los ojos y aprieto aún más sus caderas entre mis manos, emito un jadeo de placer cuando su interior abraza mi más que excitada erección y siento sus fluidos resbalar por toda mi zona íntima, notándolos hasta por los testículos.

-Estás muy mojada…— Aprieto los dientes y, no puedo contenerme.

Incorporo mi cuerpo, apoyo mi espalda en la pared de la cama; paso mi mano tras su nuca para atraer su boca hacia la mía y, con rabia y ansia, volver a devorarla.

-Sigue moviéndote, Temari.— Hablo entre besos y gruñidos de placer.

Ella, obediente, continúa su movimiento serpenteante encima de mí con mi erección dentro de ella.

Buena chica.

La falta de oxígeno nubla mis pensamientos, me separo de ella y me quedo mirando sus hipnóticos ojos verdes. Bajo mi mirada y observo el vaivén de sus pechos al compás que ella marca con sus caderas; me relamo la boca y, sin apartar mis ojos de los suyos, inclino mi cabeza hacia ellos, haciendo que uno de sus pezones desaparezca entre mis labios.

El sabor de su cuerpo se me hace delicioso, delirante; un manjar que me hace perder la noción del tiempo.

Cambiamos de posición; necesito estar arriba, necesito ser yo el que arranque los gemidos de sus cuerdas vocales, necesito ser el que controle el tempo.

Temari, con un lento movimiento, se tumba en la cama entre jadeos, respirando de forma agitada y con sus adorables cabellos dorados adheridos a su rostro debido al sudor.

Hacer el amor en Suna es complicado; pero cómo resistirse al placer de tenernos.

Pongo mis brazos a cada lado de su cabeza y vuelvo a posicionarme entre sus muslos, esta vez sin nada que estorbe.

Noto lo mojada que está y paseo mi erección entre sus labios inferiores; cierro los ojos y siento el suave tacto de su intimidad contra la mía, vuelvo a abrirlos y veo cómo ella, atenta, no quita ojo a lo que está pasando entre sus piernas.

Le encanta ver cómo la penetro, lo sé.

Sonrío.

Lento, poco a poco, sin prisa; introduzco la punta de mi erección dentro de ella, gime y mi cerebro me produce una grandiosa electricidad que me hace vibrar de placer. No puede ser que esté a punto de terminar cuando ni si quiera he entrado por completo.

Pero no puedo evitarlo; es su culpa por tener un cuerpo de Diosa.

Jadeo y muerdo mi labio inferior volviendo a moverme para penetrar por completo su intimidad, notando su pubis contra el mío.

Cierro los ojos con una expresión de placer.

-Está muy dentro…— Susurra entre dientes y yo vuelvo a mirarla.

Tiene razón, y no tengo intención de sacarla ni un centímetro.

Muevo mis caderas de forma que mi miembro no salga de su interior; ella arquea la espalda y pone los ojos en blanco apretando sus manos contra mis antebrazos.

Placentero dolor el que siento cuando sus uñas se clavan en mí al sacar mi erección y volver a meterla de una sola estocada.

Me pide más con lujuria, con ansia, con desesperación.

Y yo vuelvo a darle otra embestida,

y otra

y otra.

Sus ojos ruedan y siento su cuerpo más tenso cada vez; al igual que el mío que, con tanto placer imposible de asimilar todo del golpe, está al borde del colapso.

Del cielo, del éxtasis.

Su respiración se vuelve agitada y me agarra de la nuca para pegarme a ella y besarme con tanta pasión que duele; pero duele de una placentera manera. Su lengua recorre cada rincón de mi boca y bebo su saliva; la bebo porque sabe a gloria.

Jadeo en su boca y ella gime en la mía; me encanta escuchar su voz, me encanta notar la vibración de sus cuerdas vocales mientras mi erección penetra cada vez más salvaje su intimidad.

Voy a llegar, no aguanto más.

Debo salir antes de cometer una locura; no puedo esperar.

Cierro los ojos con frustración e intento deshacer el beso; pero ella no me deja apartarme. Noto sus piernas entrelazarse detrás de mi cuerpo privándome de cualquier movimiento que no fuera penetrarla.

-Hazlo dentro, por favor…— Me pide entre besos.

Gruño; no puedo.

No puedo esperar, no puedo aguantar.

Ella arquea la espalda y deshace el beso para comenzar a gemir de una manera más descontrolada. Yo gruño y deslizo una de mis manos hasta su boca para taparla; al final nos escucharán y se preguntarán qué pasa.

Muerdo mi labio inferior con fuerza y, haciendo caso a lo que ella me pidió; dejo derramar toda mi esencia en su interior con un sonoro suspiro que tengo que controlar.

Se siente increíblemente bien, su interior abraza mi miembro y acoge con gusto todo el espeso líquido blanco que sale de él con una presión que no había sentido hace tiempo.

Palpitante, continúo derramando mi esencia dentro de ella mientras la miro con los ojos entreabiertos y una excitación que jamás en mi vida había sentido.

-Está caliente…— Sonríe y me besa la mejilla.

Yo, exhausto y bastante preocupado por lo que acababa de hacer, me rindo encima de ella.

Tras calmar nuestras respiraciones, nos encontramos tumbados en la cama del hotel sin más prendas que la fina sábana blanca tapando nuestros cuerpos.

Ella reposa mi cabeza en mi pecho y juguetea con mi pezón mientras que yo, dejando que haga lo que quiera, acaricio su hombro.

Sigo preocupado, no puedo evitar decírselo.

-Temari, no deberíamos…— Me muerdo la mejilla cuando noto que levanta la vista para mirarme.

-Tranquilo, puedo asegurarte que no hay peligro en estas fechas.— Me mira mostrando una sonrisa con todos sus dientes.

Mi corazón suspira aliviado, pero, aun así, no puedo parar de darle vueltas.

-De todas maneras, ha sido una locura.— La miro con el ceño fruncido intentando parecer serio.

Ella rueda los ojos y vuelve a apoyarse en mi pecho.

-Está bien, en parte tienes razón, me he dejado llevar.— Vuelve a juguetear con mis pezones y yo suspiro aliviado.

Al menos lo ha comprendido, aunque parte de culpa también la tengo yo por dejar que ocurriera.

La noche cae en Suna; Temari y yo salimos de la habitación con cuidado y, tratando de aparentar normalidad, nos dirigimos hacia las habitaciones de mis compañeros de Konoha para informarles de que mañana al alba, partiríamos en dirección a las afueras de Suna.

Tras haber cenado todos juntos, incluyendo a Temari y Kankuro; me dirijo hacia la habitación que me corresponde.

Me deshago de toda la ropa quedándome en ropa interior y abro la ventana de par en par; el calor de Suna es sofocante y horrible, pero al menos es seco y, si te quitas ropa puedes estar medianamente a gusto.

Poco aire corre cuando me tumbo en la cama, pero el poco que lo hace, viene fresco; así que lo agradezco.

Miro el cielo desde donde estoy tumbado; las estrellas brillan con ímpetu y su belleza me cautiva, me relaja, me adormece.

Temari cruza mi mente como una de esas extrañas estrellas fugaces; pienso en su cuerpo sudando encima del mío, pienso en su sonrisa y en su forma tan adorable de enfadarse.

Pienso en ella.

Pienso en ella tanto tiempo, que no recuerdo cuándo me quedo dormido.


¡Hola! Espero que hayáis disfrutado de este nuevo capítulo de Dieciocho... Como podéis ver, poquito a poco se van sabiendo más cosas y en el siguiente capítulo podremos conocer aún más de esos extraños sucesos que están ocurriendo en Suna.

Jojojo, como no quería dejar el capítulo sin nada de amor, el lemmon siempre es una parte indispensable. Estos dos no pueden separarse, Shikamaru parece un maldito adolescente en celo ¿No? Luego se queja de que ella le da mucho tute, pero él no se queda atrás.

Cochinote, cómo te gusta la rubia...

¡Muchísimsa gracias por estar otra semana más aquí! Es un placer, como siempre, recibir comentarios tan bonitos cada vez que publico algo nuevo, los comentarios de aquí y de Facebook me alegran la vida ¡De verdad! Así que anímate a comentarme qué te ha parecido este capítulo y qué crees que va a pasar en el siguiente.

¡Besitos de chocolate con leche para todos!