Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.
¡Holaaa! Espero que me hayáis echado de menos, porque yo a vosotros un montón.
Como he explicado en mi página de Facebook, he estado un poquito deprimida estas semanas y por eso no han habido actualizaciones... ¡Pero ya está! Me siento bastante más motivada, alegre y tranquila, así que voy a intentar volver a la normalidad.
Muchas gracias a todos aquellos que se han preocupado, de verdad que es increíble ver lo buenas personas que tenemos en esta comunidad, me encanta el Fandom ShikaTema, en serio, somos lo mejor.
Nota de la autora: Quería deciros que a partir de ahora, por unos cuantos capítulos el tema del lemmon y eso se va a venir acabando xd, esta historia iba a empezar siendo un OS, pero muchos me pedisteis que la continuara... Así que ahora tendréis que lidiar con estas paridas que se me están ocurriendo, jojojo.
Gracias de nuevo por seguirme y por estar a mi lado en estod viajes que son mis historias.
Por supuesto, si en algún momento os aburrís y no os gusta, sería genial que me lo dijerais, así poder mejorar ya que este no es mi estilo y me estoy adenteando en aguas desconocidas, jajaja.
Sin más que añadir;
disfrutad de mis locuras.
Dieciocho
Capítulo VI
Todo se vuelve negro
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POV Shikamaru.
La mañana aún no se abre paso, casi no he podido pegar ojo por el insoportable calor que azota la villa de la Arena, aunque me es imposible decir que esa es la única razón por la que no puedo dormir.
Aún en la cama, paso mi brazo diestro para frotarme los ojos; miro cómo los tonos azules se van aclarando con la llegada del día y la salida del Sol; el amanecer en Suna es increíblemente hermoso, no lo puedo negar; pero es una lástima que mi estancia aquí no sea por una mera misión de reporte o quizás por placer... Mi estancia aquí es por algo mucho peor.
No sé qué hora es, pero recordando las palabras de Kankuro, al amanecer es cuando debíamos estar preparados para salir en busca de los malhechores que azotaron esta villa, al amanecer es cuando comprenderíamos qué pasa.
Al amanecer...
Suspiro con pesadez mientras me levanto de la cama, me quedo sentado unos segundos observando mis pies sin pensar en nada y en miles de cosas a la vez. El horrible sentimiento de la incertidumbre me ha mantenido en vela la mayoría de la noche; la incertidumbre de no saber qué vamos a ver, qué vamos a encontrarnos y qué vamos a poder hacer.
¿Y si no servimos de ayuda?
Muerdo mi mejilla y, sin poder evitarlo, aprieto las manos en puños. Debo dejar de lado esos pensamientos negativos.
Si todo esto está ocurriendo, es por mi culpa, porque yo lo he querido, no vendría a cuento que fuera el único que se quejara y el único que fuera un idiota que solo aportara negatividad al equipo.
No; tengo que ser fuerte. Por mis compañeros, por la villa aliada.
Por ella.
Cierro los ojos, inspiro aire y abriéndolos con decisión, comienzo mi rutina habitual antes de salir de la habitación del hotel.
Aunque el Sol ha salido en Suna, el día parece estar cubierto de nubes negras.
Saliendo de mi habitación, me encuentro con Sakura cerrando su puerta.
-Buenos días.- Saludo intentando sonar animado, pero mi voz me traiciona.
-Hey... Parece que no has dormido demasiado.- Comenta ladeando su cabeza y sonriendo; aunque su sonrisa también es falsa.
Supongo que todos pretendemos aportar un poco de positividad aunque por dentro estemos... asustados.
Asiento sin saber qué más decir; tampoco me apetece dar conversación y, sin mediar palabras, bajamos las escaleras con paso desganado; puedo notar el aire frío que hay entre nosotros.
¿Quizás me odie por haber empezado todo esto? ¿Y si me odian todos por haberlos metido en este lío? Muerdo mi lengua y bajo la mirada al suelo; me siento increíblemente mal y no sé bien cómo actuar al respecto.
Tras bajar las escaleras, diviso la tenue luz del astro diurno que se cuela por la puerta del hotel. Caminamos un poco más y veo dos siluetas.
-¡Buenos días chicos!- Rock Lee nos saluda con increíble energía; quizás sería bueno que se me pegara una poca.
Alzo la mano y saludo.
-Deberíamos ir a las puertas, seguro que nos están esperando.- TenTen habla con algo de parsimonia, tampoco parece demasiado afectada por el echo de que vayamos a hacer un viaje peligroso.
Sakura asiente y comienza a caminar a su lado, Lee las sigue y yo camino detrás de todos.
Suspiro; hoy va a ser un día largo.
En el camino a las puertas de Suna, me doy cuenta de lo devastada que está la villa, siento lástima y un congojo en el corazón que me hace querer pararme en todos los establecimientos y preguntar a cada persona cómo se encuentra, si puedo ayudar en algo; me produce tristeza ver cómo personas mayores y niños ayudan a la reconstrucción de varias tiendas y casas.
Nos miran pasar, puedo apreciar sus ojos brillantes; como si nosotros fuéramos alguna especie de rayo de esperanza, como si nosotros fuéramos los salvadores o algo por el estilo.
Aprieto los dientes y, metiendo mis manos en el bolsillo, camino mirando al suelo. Sus ojos de esperanza solo hacen que ponerme más nervioso, pero no puedo negar que, a la vez, me dan ese empuje que necesito para dar todo de mi mismo; esta gente necesita ayuda y nosotros tenemos la oportunidad de brindársela.
Llegamos a las puertas, Kankuro y Temari están allí hablando entre ellos; al girar la cabeza hacia la izquierda puedo apreciar dos siluetas más tapadas con túnicas color arena.
-Hola chicos, habéis llegado a una buena hora.- Kankuro nos saluda y se acerca a nosotros con túnicas en las manos. -Tenéis que cubrir vuestros cuerpos con ésto.- Ofrece una a TenTen y otra a Lee.
-Nos permitirán camuflarnos entre la arena y pasar desapercibidos.- Explica ahora Temari ofreciéndonos una a mí y otra a Sakura.
Me quedo mirando a Temari cuando se acerca a mí; sus ojos se clavan en los míos por un instante y puedo notar la decisión en ellos. No está asustada, está ansiosa por comenzar el viaje.
Muerdo mi labio inferior y me pongo la túnica que me ha dado; es una buena idea eso de camuflarse; quizás así tengamos más posibilidades de salir... vivos. Trago saliva y muevo la cabeza; quiero quitar cualquier pensamiento negativo, bastantes malas vibraciones hay en el ambiente como para ofrecer más.
-¿Tenéis preparada alguna especie de plan?- TenTen, tras acomodarse la túnica, pregunta mirando a los dos extraños que aún no han mediado palabra con nosotros.
-Sí...- Kankuro se rasca la nuca y mira hacia otro lado.
Tuerzo los labios, creo que miente.
-No es un plan en sí.- Interviene Temari. -Debemos seguir el camino que Kaede y Hotaru nos señalen.- Comenta señalando a las dos personas.
Ahora recuerdo, ellos deben ser los supervivientes de la trágica misión a la que fueron enviados.
-Encantada.- La mujer, Kaede, se desprende de su capucha para mostrarnos su rostro; hace una leve reverencia y sonríe.
Es una mujer pequeña, tiene los cabellos castaños y unos ojos negros como la noche; nos mira a todos y señala a su compañero.
-Él es Hotaru, no puede hablar pero yo siempre soy su traductora.- Ambos se miran y sonríen.
Hotaru es un hombre también bastante pequeño, sus cabellos son dorados como el Sol y tiene unos ojos miel increíblemente grandes; con las manos hace unas cuantas señas a Kaede y esta vuelve a mirarnos.
-Dice que está encantado de conoceros y agradece vuestra ayuda.- La mujer nos traduce sus gestos a palabras y, acto seguido mira a Temari. -¿Deberíamos partir?- Pregunta acercándose a ella.
-¡Es increíble!- Lee muestra su innegable entusiasmo acercándose a Hotaru. -¿Perdiste la voz en una batalla?- Se acerca más a él y se puede apreciar la incomodidad en el rostro del pobre hombre.
Suspiro y niego con la cabeza rascando mis sienes.
-¡Lee! No digas esas cosas, es incómodo.- TenTen le toma del brazo y le da un estirón.
Todos comienzan a reír excepto Temari y yo; nos miramos y sonreímos. Al menos un poco de humor no viene mal para momentos tan tristes.
Definitivamente, Lee fue la opción acertada.
Emprendemos el camino y antes de que las puertas se cierren, escuchamos una voz llamarnos.
-¡Esperad!- Nos detenemos y giramos para ver quién nos llama.
-Hermano ¿Qué ocurre?- Kankuro se acerca de nuevo a las puertas; Gaara llega con algo en las manos.
-Esto es un ungüento especial.- Lo deposita con cuidado en las manos de Kankuro y nos mira. -Sirve como veneno si se ingiere, pero si se aplica sobre una herida es sanador.- Nos explica.
-¿Cómo puede ser que haga las dos cosas?- Pregunta Sakura anonadada y acercándose a Kankuro para tomarlo entre sus manos.
-Se lleva haciendo en Suna desde hace generaciones, perfeccionando su alquimia hasta que por fin la familia Mori lo ha conseguido.- Le comenta con una amplia sonrisa.
-Es cierto, ellos siempre han sido muy meticulosos con eso, hablaban por toda la villa de que estaban a punto de lograrlo.- Temari se aproxima y lo mira con detenimiento.
No puedo evitarlo, me pica la curiosidad así que, despacio, me acerco hacia donde están para observar el extraño ungüento del que tanto están hablando; me posiciono tras Temari y pongo mi mano sobre su cabeza para agachar las puntas de sus coletas ya que me tapan la visión; la escucho quejarse y me mira.
-Idiota...- Masculla entre dientes y puedo apreciar su adorable sonrojo en las mejillas.
Me muerdo el labio; besaría esas mejillas ahora mismo de no ser porque temiera por mi vida, así que simplemente, esbozo una leve sonrisa.
Vuelvo a mirar las manos de Kankuro y diviso un pequeño cuenco de barro donde está depositado una extraña masa de color verde con puntos blancos que no logro distinguir qué pueden ser.
-Tened cuidado con él, es valioso y el único que tenemos.- Gaara vuelve a hablar. -Usadlo solo cuando sea necesario y en pequeñas dosis...- Su expresión se vuelve seria. -Aunque sea sanador, si aplicáis demasiado puede llegar a quemar la piel.- Nos advierte con una fría mirada.
-Gracias hermano.- Kankuro le mira y asiente guardando el ungüento en una pequeña bolsa de tela y devolviendo el cuenco a Gaara.
Tras despedirnos, las puertas de Suna se cierran y nuestro viaje, por fin, da comienzo.
La túnica color arena hace que nuestros cuerpos sean difíciles de distinguir entre las dunas del desierto; el aire corre caliente y el Sol está comenzando a salir entre las montañas, pero, es necesario viajar de día pues, según Kaede y Hotaru, cuando lleguemos al lugar donde debemos llegar, será por la noche, y en la noche podremos movernos mucho mejor.
Tienen toda la razón, pero viajar por el día en Suna es agotador.
Paro mi caminar para encender un cigarrillo, es posible que así calme los nervios y quizás me logre despejar la mente de los pensamientos negativos que sigo teniendo; no quiero que mis malas vibraciones se peguen al resto del grupo, así que me limito a caminar mirando cómo mis pies levantan la arena del desierto a cada paso que doy.
Suspiro, guardo el zippo de Asuma en el bolsillo y doy una larga calada al cigarro tratando de inspirar todo lo malo para, al soltar el humo, dejar que salga y se difumine entre el viento.
-Será mejor que no te quedes demasiado atrás.- Distraído, no noto la presencia de Kaede, la cual comienza a caminar a mi lado.
-Suelo auto marginarme bastante, la verdad.- Bromeo apartando el cigarrillo de ella, no deseo molestar con el humo.
Se me queda mirando a los ojos con un semblante extraño que casi me hace tener escalofríos, es como si, de repente, en su mirada hubiera visto los ojos de otra persona.
Tuerzo la cabeza y frunzo el ceño, pero antes de poder reaccionar, Kaede vuelve a mostrar una agradable sonrisa.
-Vente con todos, si vamos en grupo será más difícil que nos asalten.- Me comenta haciendo una señal con la mano para que la siga.
Yo asiento y camino tras ella; intento disimular mis pensamientos e intentar apartarlos en un rincón de mi cerebro, pero no quieren irse y las dudas me asaltan.
Me pregunto una y otra vez qué ha sido esa mirada, qué ha sido esa sensación de incomodidad cuando me ha mirado a los ojos.
Sus ojos...
No parecían ojos normales, aunque la pupila, el iris y la esclera fueran completamente comunes; parecía que en el intetior de ellos se escondiera algo.
Tuerzo los labios y me quedo mirando a Kaede, la cual está hablando animadamente con TenTen y Sakura; parece que ellas no aprecian nada de lo que yo he apreciado, así que me intento decir a mí mismo que son imaginaciones.
El calor, eso es, quizás el calor me está haciendo tener alucinaciones.
Suspiro, apago el cigarro contra un tronco seco que alguna vez fue un hermoso árbol, entierro la colilla entre la arena y continúo mi caminar detrás de todos.
Siempre me gusta ir detrás, así tengo una perfecta visión de todo lo que hacen mis compañeros; también me cercioro de que todos estén y, de paso, me puedo deleitar la vista.
Y justo cuando mis ojos se posan en ella, por arte de magia, se gira.
¿Tendrá ojos en la nuca?
Mira a todos y empieza a caminar más despacio hasta pararse; al alcanzarla caminamos al mismo compás en silencio.
Puedo apreciar el agradable olor que proviene de su cabello, siempre me ha recordado al aroma de la arena pero, ahora que hay arena por todos los lados, distingo un toque a fragancia de jazmín que me hace cerrar los ojos y respirar profundamente su aroma.
-Hueles bien.- Digo en un susurro metiendo mis manos en los bolsillos.
Ella no dice nada, chista los dientes y mira hacia el lado contrario a mí. Sonrío.
-¿Está asustado?- Me mira de reojo mientras continúa caminando a paso lento.
Tuerzo los labios y miro hacia abajo; observo cómo la arena se levanta a nuestro caminar y me imagino las pisadas que estaremos dejando.
-Un poco, no puedo evitarlo.- Ladeo la cabeza y la miro con un semblante de preocupación; no quiero transmitirle inseguridad, pero tampoco quiero mentir.
Ella asiente y vuelve a mirar al frente.
-Yo también.- Se muerde el labio inferior y puedo apreciar cómo sus ojos se fijan en su hermano.
Miro a Kankuro y vuelvo a mirar a Temari.
-¿Ocurre algo con él?- Pregunto curioso.
Niega con la cabeza, me mira de reojo y vuelve a apartar la mirada de mí.
-Es solo que...- Emite un sonoro suspiro y se rasca la mejilla. -Se preocupa demasiado por mí.- Rueda los ojos y se encoge de hombros. -Como si no supiera valerme yo sola.- Cruza los brazos y me mira.
No puedo evitar que una leve risa se escape de mis cuerdas vocales.
-¿Te preocupa que no te deje luchar si hace falta?- Pregunto ya conociendo la respuesta.
Temari asiente aún con los brazos cruzados y frunce el ceño. Me muerdo el labio inferior; es tan adorable que me dan ganas de abrazarla.
-Comprendo a Kankuro, y tú deberías comprender también sus intentos de protegerte, Temari.- Le explico con un rostro serio pero intentando sonar amable. -Él te quiere mucho. eres su hermana pequeña.- Vuelvo mi vista a Kankuro, veo cómo se relaciona con Lee y sonrío.
Escucho a Temari suspirar, giro mi vista a ella y veo cómo rueda los ojos de nuevo. Río, siempre serán adorables todos y cada uno de sus gestos.
El camino se ha hecho largo, el calor de Suna no ha ayudado a que fuera más ameno, pero por suerte, el atardecer está dando paso a una suave y fresca brisa que, después de varias horas andando, se agradece.
-Esta es una buena zona para hacer el campamento.- Kaede para en su caminar y se gira para mirarnos.
-Entonces vamos a empezar a montarlo, sino no tendremos luz.- Kankuro deja su mochila en el suelo y estira los brazos.
Me paro cuando llego a su lado y pongo mi mochila también en el suelo.
-Montaremos solo una tienda de campaña, las guardias se cambiarán cada hora.- Explico mi pequeño plan improvisado al grupo.
-¿Guardias? ¿Vamos a caso a dormir?- Pregunta Temari sacando su cantimplora de agua y dando un sorbo.
Yo asiento y le hago una señal a Lee y TenTen para que monten la tienda.
-Descansaremos hasta que se vaya el Sol...- Hago una pausa, me muerdo el labio inferior y noto los ojos de todos posados en mí. -Cuando anochezca, atacaremos.- Suspiro con una especie de nudo en el estómago.
Aparto la mirada de todos, puedo notar la inseguridad en unos y la preocupación en otros; y no me gusta, lo odio.
No tardamos demasiado en montar la tienda, sacamos algunos sacos de dormir y, de nuevo, soy yo el que hace la primera guardia.
Kaede y Hotaru tuvieron la idea de dejar una fogata para auyentar a depredadores porque, aunque en el desierto no hay muchos, los pocos que hay son sigilosos y letales; el fuego al menos los mantendría a raya.
Me siento en un tronco seco que Lee encontró cerca de la zona, está orientado hacia la puesta de Sol y alejado de la fogata para que el calor no moleste. La brisa corre fresca, sí, pero una hoguera no es la mejor compañera para alguien que está en el desierto.
Miro al orizonte, el astro se va escondiendo con extrema lentitud entre las dunas, los colores anaranjados adornan todo el lugar haciéndolo ver hermoso, como si un pintor lo hubiera hecho a delicadas pinceladas.
Suna es hermosa, siempre lo ha sido.
Suspiro con pesadez y apoyo mis manos sobre mis rodillas, tamborileo los pies en el suelo y miro hacis todos lados; el nerviosismo vuelve a apoderarse de mí, las dudas, la incertidumbre y esa sensación de angustia se cuelan por mi cuerpo y se me hace imposible estar sentado.
Gruño por lo vajo tratando de no despertar a nadie, me levanto y saco un cigarro.
-Al final acabaré el maldito paquete en un día.- Suspiro contando los dos cigarrillos que me quedan en la caja. -Supongo que me costará dejarlo más de lo que creía, mamá.- Hablo para el viento llevando mi caminar unos cuantos metros apartados del grupo.
Inspiro lo bueno y saco lo malo, trato de calmar mi alma aunque para ello tengan que sufrir mis pulmones y mi tráquea. Tengo que dejar el tabaco, lo sé; pero me relaja.
Recuerdo a mi madre regañándome en incontables ocasiones y diciéndome que lo deje de una vez; también recuerdo a Kurenai pidiéndome lo mismo. Sonrío y niego con la cabeza.
Tras caminar durante un pequeño rato, doy la vuelta en mi paso para regresar al campamento, es posible que la hora de mi turno haya pasado y Kankuro esté a punto de relevarme.
Antes de llegar, apago el último cigarro que me quedaba en el tronco de un árbol seco y lo entierro bajo la arena. No es muy higiénico, pero tampoco es como si fuera a comerme la colilla.
Meto las manos en mis bolsillos y, con un alma más relajada y unos pies deseando descansar durante un rato; continúo hasta que diviso el campamento a menos de cinco metros de mí.
Pero noto algo.
-Falta gente...- Susurro, frunzo el ceño y comienzo a caminar algo más de prisa.
Mi corazón vuelve a latir a un ritmo desbocado, la sensación de angustia se apodera de mi estómago y noto una especie de mareo a cada paso que doy.
-Solo me he ido cinco minutos, cinco putos minutos.- Llego al campamento, tengo la respiración agitada y mis ojos miran hacia todos los lados.
Sakura, Lee, Kankuro, TenTen, Temari... Paso mis ojos por todos ellos, pongo una de mis manos en el corazón y suspiro con calma.
Menos mal.
Pero de pronto me acuerdo de las dos personas que nos acompañaban, sus sacos de dormir están vacíos, así que, con un paso más normal pero con los sentidos alerta, me dirijo a la tienda de campaña que se encuentra un poco más apartada del campamento; quizás ellos estén durmiendo ahí ya que, al haber estado de espaldas a todos durante mi hora de guardia, quizás no me di cuenta de que se fueron a dormir a la tienda de campaña.
Tuerzo los labios cuando no noto sus presencias, pero aún así rozo la tela color marrón con las yemas de mis dedos para después, dar dos pequeños golpes.
-¿Todo bien?- Pregunto algo más alto de lo que hubiera pretendido.
No recibo respuesta, frunzo el ceño y me muerdo la mejilla; esto está siendo demasiado raro.
-¿Hola?- Vuelvo a tocar en la tienda de campaña y, nervioso, no puedo esperar más.
Mi vista se fija en la cremallera que cierra la puerta de la tienda, espero varios segundos y, al seguir sin respuesta, tomo la cremallera entre mis dedos y la deslizo hacia abajo. El ruido del metal de escucha lento, no es mi intención despertar a nadie.
Trago saliva y abro la tela.
-Mierda.- Aprieto los dientes y gruño por lo bajo.
Como me temía, no hay nadie.
Me doy la vuelta, entre las dunas del desierto se puede apreciar un color anaranjado que, poco a poco, se va tornando en uno más oscuro; la noche se abre paso entre el cielo de Suna.
-¿Shikamaru?- Lee me pilla desprevenido.
-No están.- Digo sin más y señalo la tienda de campaña.
Lee parpadea varias veces y se rasca los ojos con ambos puños; supongo que debí haberle dado un minuto para terminar de desesperezarse antes de hablarle, pero el tiempo corre a nuestra contra.
-¿Te refieres a Kaede y Hotaru? Creo que han ido a por algo de agua.- Me comenta restando importancia a mi preocupación.
Yo aprieto los dientes aún más.
-¿En el desierto?- Pregunto irónicamente alzando una ceja.
Lee me mira por un par de segundos y abre los ojos tanto como puede.
-Ellos... Son aliados de Suna, es imposible que...- Veo cómo aprieta los puños y su mandíbula se tensa.
Suspiro por la nariz e intento mantener la calma, creo que tengo una especie de plan.
-¿Sabes por dónde se han ido?- Pregunto tocando mis bolsillos.
Llevo varios kunais, algunos venenos, explosivos y la oscuridad de la noche me servirá para las sombras.
-Kaede dijo que necesitaban excusarse un segundo.- Me explica torciendo los labios. -Me desperté porque escuché un ruido, pero vi que eras tú encendiendo un cigarro, luego te fuiste y cerré los ojos de nuevo.- Se cruza de brazos y mira hacia atrás, después vuelve la mirada a mí. -Pero escuché otro ruido, esta vez eran Kaede y Hotaru, se habían levantado y me pareció extraño, así que levanté un poco la cabeza y les pregunté.- Lee alza un dedo y señala una dirección. -Me dijeron que necesitaban ir a por más agua, no tardarían.- Me mira de reojo y vuelve a cruzarse de brazos.
Apoyo un dedo en mi mentón y jugueteo con mi perilla; es extraño que se hayan ido ellos dos solos, pero más extraño es que hayan mentido a Lee diciendo eso.
¿Por qué?
Miro hacia la dirección que me ha marcado y empiezo a caminar.
-Avisa a Kankuro y Temari, voy a ver si los encuentro.- Le pido con un tono firme y serio, él asiente y se da la vuelta.
Mis pies empiezan a moverse más deprisa, la arena se levanta con mi caminar y la oscuridad de la noche me hace casi imposible la visión, pero por suerte la Luna está de mi parte.
Su reflejo blanco me ayuda a poder ver que no muy lejos de donde nos encontramos, hay una zona con varias palmeras y árboles que no parecen estar secos.
¿Un Oasis? Tuerzo mi expresión y bajo el ritmo de mis pisadas.
Medito si gritar sus nombres o no, no sé bien cómo debo actuar ante una situación así, normalmente yo soy el que medita, crea estrategias y manda a las personas... Pero esta vez yo soy el del campo de batalla.
Trago saliva y comienzo a caminar con pies de plomo cuando diviso dos siluetas a lo lejos; uns fuerte luz morada resplandece tiñendo los árboles de ese mismo tono; mi corazón se para.
¿Qué está ocurriendo?
Paro mi caminar tras una palmera con el tronco grueso, apoyo mi espalda y trato de mantener mi respiración a raya.
-No nos ha seguido nadie, señor.- Es la voz de una mujer, y por su tono podría jugar que es Kaede.
Me muerdo el labio inferior y sigo respirando lo más tranquilo que puedo; quiero escuchar, recopilar información y largarme.
Sabía que esa mujer no me daba buena espina, su mirada me demostró frialdad y algo que ni pude descifrar.
-¿Tenéis al Sabaku No?- Una voz de ultra tumba penetra mis oídos de tal manera que tengo que taparlos y un quejido se escapa de mos cuerdas vocales.
-No señor, pero tenemos a sus hermanos.- Kaede vuelve a hablar.
Mi corazón se para, noto cómo la sangre deja de correr por mi cuerpo y se me congela el alma.
¿Están hablando de Kankuro?
¿De Temari?
Abro los ojos tanto como puedo y aprieto los dientes de tal manera que me hago daño y temo por mis encías. Dejo caer los brazos a cada lado de mi cuerpo y vuelvo a apoyarme en el tronco, quiero seguir escuchando.
-Sabéis que no serán suficientes, necesito al Jinchuuriki.- La voz de ultra tumba vuelve a hablar, mi tímpano sufre y tengo aue volver a taparme los oídos.
-Si tenemos a sus hermanos, él vendrá.- Ahora escucho una voz de hombre, no es la horrorosa voz de antes y tampoco es la de Kaede.
Mi expresión de vuelve de confusión y, tsn lento y sigiloso como puedo, me doy la vuelta apoyando mis manos en la rugosa corteza para observar la escena.
Mis ojos se abren tanto que temo que se salgan de mis órbitas; no puede ser.
-Es mudo...- Tapo mi boca con una de mis mano y vuelvo a esconderme tras el árbol.
Hotaru, el chico que se suponía que no podía hablar, acababa de hacerlo.
¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué tantos secretos?
Aprieto los ojos con fuerza e intento mantenerme calmado, pero la presión me supera; saco el aire con toda la parsimonia que puedo, pero de los nervios noto cómo la angustia se apodera de mi estómago y me es imposible negar la arcada que me llega; seguida de la tos.
Mierda.
-Capturadlo.- La voz retumba de nuevo en mi cerebro y esta vez con mucha más intensidad.
Emito un gruñido de dolor y me tapo los oídos con ambas manos. Mi corazón palpita tan de prisa que es imposible controlar mis emociones ya, las mano me sudan y caigo de rodillas al suelo.
-Sabe demasiado.- De nuevo, la voz perturba mi mente y retumba dentro de mí.
-¡Basta!- Imploro al borde de desmayarme, los oídos me duelen y de nuevo los nervios me dsn ganas de vomitar.
-Has metido las narices en el lugar equivocado.- La voz de Kaede se aproxima a mi y veo cómo me mira desde arriba.
-Deberías haberte quedado fumando.- Hotaru habla con tono burlesco.
-¿Tú no eras mudo?- Chasqueo entre dientes y trato de levantarme del suelo.
Sigo débil por las vibraciones de esa horrible voz en mi cabeza, pero al parecer ha terminado su aparición.
-¿Crees que este es el cuerpo que me pertenece?- Ríe, su risa es perturbadora y maníaca; da escalofríos.
-Estos cuerpos son eso, cuerpos.- Kaede, o la que se supone que es Kaede, se cruza de brazos y me mira con cara de repulsión.
-Entonces...- Noto cómo el estómago se me cierra; no hay que ser demasiado listo para saber a qué se están refiriendo.
Chisto y todo lo rápido que puedo, saco un kunai abalanzándome sobre Kaede, noto cómo el filo roza su piel y le hace un profundo corte; escucho su grito desgarrador y su mirada de furia clavada em mí.
Cojo aire, esquivo su patada y saco otro kunai; no soy bueno con la izquierda, pero aún así acierto; hago un cortr en la mano de Hotaru al darme la vuelta.
Me separo de ellos unos metros y los miro.
-¿Qué sois? Porque está claro que no sois personas.- Pregunto desafiante en posición de ataque con los kunais delante de mí.
Ambos comienzan a reír.
-No vivirás tanto como para saberlo.- Kaede se seca la sangre que corre por su mejilla y la lame; asqueroso.
Empiezan a correr hacia mí, miro hacia ambos lados, las palmeras dan sombra, la Luna parece ser mi aliada esta noche así que, tan ágil como puedo moverme, doy varios saltos hacia atrás y me pongo detrás de las palmeras.
-¡Cobarde!- Hotaru grita en rabia y se acerca a mí con los ojos bañados en sangre.
Bien.
Mi sombra le alcanza, puedo hacer que pare sus pasos centímetros antes de llegar a mí y suspiro aliviado.
-La mejor arma de un guerrero, es la paciencia.- Le digo con una sonrisa; la cusl pronto de me borra al notar un fuerte golpe en la cabeza.
-La mejor arm es tener aliados.- Kaede habla en tono de superioridad.
-Mierda...- Mascullo entre dientes e intento levantarme.
Hotaru se acerca a mí y aprovecha mi vulnerabilidad para darme una patada en el estómago y tirarme al suelo de nuevo.
Duele, me duelen todas y cada una de las partes de mi cuerpo tras la caída contra una dura roca.
Noto mi estómago arder y mi espalda pincharme; nunca se me dio bien pelear.
Deberían venir ya.
Otra patada en el estómago, sumada a la voz de ultra tumba que habla en un idioma que no sé descifrar. Mis oídos retumban y puedo notar la sangre correr por dentro de ellos y resbalar por mi lóbulo.
Noto las manos de Kaede sujetarme la cabeza, abro los ojos cuanto piedo e intento zafarme de su agarre, Hotaru se acerca con un paño color negro y me lo pone en la mitad de mi rostro, tapando mis orificios nasales y mi boca, impidiéndome la respiración.
Un extraño olor entre agradable y fuerte se cuela por mi garganta y va directo hacia el cerebro.
¿Somnífero? ¿Veneno?
Todo se nubla, empiezo a ver negro y escucho algunos pasos acercarse.
-¡Shikamaru!- Es su voz.
Escucho a lo lejos varios gritos y noto que soy levantado del suelo.
-Tú servirás también para calmar al amo.- Hotaru me carga en brazos, noto sus brazos hacer presión en mis zonas heridas y sé que es a propósito.
-¡Suéltalo!- Escucho la voz de Kankuro y cada vez los gritos se van alejando más.
Mi vista se sigue nublando, me mareo, noto mi cabeza dar vueltas; trato por más que puedo de recobrar el conocimiento y atacar, pero...
No puedo.
Todo se vuelve negro.
¡Y lo prometido es deuda amigos! Aquí está el capítulo de Dieciocho que dije que subiría jojo.
Ya comenté que la cosa iba a ponerse interesante... Espero que os lo haya parecido, porque me ha costado muchísimo hacerlo.
Los que me seguís supongo que sabéis que este no es mi estilo, ya que mis fics suelen der de amor y sexo, sobretodo sexo, pero ahora quería dar un enfoque distinto y... Bueno, supongo que esto es una especie de reto para mí misma, quiero conocer de lo que puedo der capaz y aunque me cueste, lo conseguiré.
Podéis estar tranquilos, ninguno de mis focs se va a quedar a medias, yo no soy así, si empiezo algo debo acabarlo, odio dejar las cosas a mitad ¡Lo odio! Así que tenedme paciencia, soy una persona un poco inestable xd, perdón por eso.
Bien, quiero agradecer de todo corazón a las personas que han demoatrado interés por mí y por cómo me ha ido, si he estado bien... Qué adorables, muchas gracias, me llenáis de vida.
Decidme qué tal os ha parecido, quiero saber todas vuestras opiniones.
¡Besitos de chocolate con leche para todos!
