-Capítulo 3-


-Tratando de resistir y seguir adelante-


Miss Fortune disparaba sin fallar un solo tiro esa noche.

Las criaturas que atacaban la ciudad ese día se vieron rápidamente reducidas por el desempeño de la tiradora del equipo.

Era tanto el esfuerzo y el daño que estaba generando que sus compañeros, llegado un momento, dejaron de atacar y se dedicaron a ver como lo destruía todo.

Inclusive cuando los enemigos se reagruparon, formando un gran monstruo, este no fue rival para la concentración y fuerza que puso la pelirroja, acabando con él en una ráfaga de balas.

Estaba cansada, había puesto gran energía de su parte y no quería la ayuda de las demás guardianas, sentía que podía ella sola, y así lo había demostrado.

Sus armas dejaron su forma y los gemelos Boki y Baki aparecieron. Les dio a ambos una sonrisa orgullosa por su desempeño, pero pronto los pequeños se alertaron, tratando de volver a aliarse, pero era muy tarde, un enemigo ya estaba encima de ella.

La criatura sacó sus tenazas ya perfiladas al cuello de la guardiana pero se quedó inmóvil de un momento a otro, siendo invadido por un color purpura que lo comprimía hasta eliminarlo.

—Te falto uno.

Miss Fortune aun jadeaba por el esfuerzo previo cuando dirigió su vista a quien le hablaba. Syndra la miraba con una sonrisa de lado, cruzaba los brazos, levitando un poco más arriba de ella.

La pelirroja apretó la mandíbula, lista para reclamarle la intromisión, sin importarle que la finalidad era ayudarla, pero entonces sus colegas se le reunieron en el aire.

— ¡Eso fue asombroso M.F.!— la felicitó Ezreal.

—Estabas realmente concentrada hoy— agregó Soraka.

Ahri también estaba allí, le sonreía, feliz de haber terminado otra misión tan rápidamente y de manera tan eficaz.

La tiradora volvió a mirar hacia Syndra, esta solo observaba la escena divertida sin intención de participar.

—Regresemos a casa. Fue un buen trabajo de todos.


Hacía por lo menos 15 minutos que Lux notaba como la tiradora del equipo de Ahri dormía sobre su pupitre.

Le tomó solo un par de minutos notar que no se trataba de que simplemente hubiera apoyado la cabeza allí, no. Respiraba y hasta podría jurar que la escuchó hablar dormida.

Miró hacia el frente, donde el profesor de historia seguía con su clase y se preguntó cuánto tardaría en notar a una de sus alumnas más metida en sus sueños que en la lección.

"No es la primera vez que reprenderían a M.F. en esta clase... creo que Jinx está más cerca, quizás pueda decirle que trate de despertarla disimuladamente si logro llamar su atención y..."

— ¡Jinx, despierta!— murmuró por lo bajo, exaltada al ver que su compañera, en el pupitre del a lado, también dormía.

—5 minutos más...

— ¡Despierta!— le volvió a pedir, mirando de reojo al profesor, pero muy tarde, ya se encaminaba para esa zona—. Despierta Jinx, y trata de despertar a M.F. ¡Rápido!

—Todavía no he desayunado...— murmuraba su compañera sin intenciones de levantarse.

— ¡Señorita Fortune!

Toda la clase ahora prestaba atención al profesor a la par del pupitre de la pelirroja. La aludida levantó su cabeza de la mesa y lo miró perezosamente.

— ¿Le aburre mi clase, señorita?

—Ciertamente— contestó de mal humor, lo que hizo que el superior cambiara rápidamente su humor.

—Con que sí ¿Eh? ¿Le divertiría más quedarse de castigo luego de clases?

—Si de esa forma puedo dormir sin que su molesta voz me moleste, puede anotarme.

Jinx rio ante la respuesta, refregándose uno de los ojos y mirando hacia ese lugar.

— ¿También quieres unas horas de castigo?— preguntó el mayor viendo como la chica se desperezaba.

—Ah no, a mí no me meta, yo no fui a la que descubrió durmiendo en su clase ¡Es decir! Yo no estaba durmiendo en su clase... querido profesor.

—Nadie podría culparte— comentó altaneramente la de ojos verdes—. Si la historia de este lugar es interesante, este profesor la hace ver como si se tratara de una verdadera disputa de hormigas por ver quien fecundará a su reina... "grandes conflictos"

Aunque Jinx lo intentó duramente no pudo evitar terminar riendo, tapándose la boca para no meterse en problemas.

Pero ambas ya los habían comprado.


Jinx veía el reloj de pared mientras su dedo estiraba su nariz hacia arriba. El segundero pasaba tan despacio que creía que en cualquier momento pararía.

Solo estaba la otra pelirroja en el salón y debían quedarse allí por lo menos una hora más. Suponía que no debían quedar más alumnos en el instituto salvo los que hacían actividades extracurriculares.

Trataba de recordar si alguna de sus compañeras estaría en alguno cuando razonó que ni ella misma sabía si se encontraba en algún club.

—Así que... ¿Te gusta ver hormigas fecundándose?— preguntó mirando a la tiradora del equipo de Ahri. Solo recibió una mirada incrédula— ¿Te desvelas viendo... hormigas teniendo sexo?

— ¡Claro que no!

— ¡Hey! No voy a juzgarte, cada quien tiene su gustos. Yo me desvele viendo como un tipo disparaba palillos con su boca y perforaba latas.

—No me importa que... ¿Latas?

—Sí, era como si tuviera una pistola en la boca. Cargaba varios palillos y ¡Bum! Al corazón de la lata, de lado a otro, lo juro... La estrella prima debería reclutarlo. Gente con talento si las hay.

Ahri tenía su recelo con el equipo de Lux, pero desde que las había conocido no les parecía tan terrible, de hecho cada una le caía particularmente "Bien" a su modo.

Jinx en especial parecía ser el tipo de persona que no se hacía problema por nada al mismo tiempo que poseía un carácter explosivo. Le agradaba, uno nunca podía saber que esperar de ella.

"Y Lux parece contener bien semejante bomba de tiempo" pensó recordando el desempeño de la otra líder para con su equipo.

No pudo evitar recordar cómo era ella ante de los eventos que cambiaron su vida y la de Ahri.

Se preguntó amargamente si una chica como Jinx también cambiaría su forma de ser por la pérdida de sus seres querido.

—Tienes esa expresión— comentó la tiradora sacándola de sus pensamientos—. Como si hubieran matando a la reina hormiga fecundada.

Miss Fortune no pudo evitar sonreír ante el comentario, un tanto acertado, de la otra chica.


Ambas tiradoras caminaban juntas al salir de su hora de castigo. Hablaban distendidamente de armas, cuando a unas pocas cuadras del instituto le cortaron el paso.

— ¿Te esperaban?— preguntó Jinx viendo a Syndra apoyada en una de las paredes.

—No— contestó con contundencia, dispuesta a pasar de su compañera y seguir caminando.

—Uy, tensión en el equipo. Me gusta.

—Cállate y sigue caminando, no te detengas— recomendó.

El sol se estaba metiendo y el recuerdo en el salón de clases, cuando la luz anaranjada iluminaba el lugar, y Syndra la besaba con el recuerdo de Nami en su memoria, golpeó su cabeza, haciéndola sentir descompuesta.

No quería revivirlo.

—Escuche que te castigaron— habló la maga cuando ambas chicas pasaron a su lado— ¿Desvelándote de nuevo? Deberías aprender a controlar más tu mente.

— ¿Ella... sabe de tu fetiche con las hormigas?

— ¡Cállate!

—Tengo algo especial para ti. Cuando dejes de tener tanto miedo, búscame en el invernadero.

Miss Fortune se dio vuelta, no iba a permitir que se la llame cobarde de nuevo y menos al lado de otra guardiana, pero al girar no encontró a Syndra. Había desaparecido.


La semana siguió siendo un desastre para la pelirroja.

Las clases le aburrían, sus compañeros y profesores le ponían de mal humor. Inclusive en el departamento que compartía con Ahri tuvo que soportar los sermones de esta un par de veces por ser descuidada en clases y ganar otro castigo antes que la semana terminara.

Lo único que su cabeza pedía, aunque fuera un mal deseo, era un nuevo ataque a la ciudad, en donde poder liberar su frustración, pero extrañamente los días pasaban de forma calmada sin rastros de enemigos.

Sabía que su problema era la noche, ese momento cuando se encontraba en silencio en su cama, sin nada por hacer o alguien quien atender o escuchar.

Solo ella y sus pensamientos, incapaz de esquivarlos.

A veces se trasportaba en la pesadilla de ese día, cuando perdía a sus amigos. Otras cuando conocieron a su nuevo equipo, cruelmente viviendo como suplantaban a los que ya no estaban.

Luego todo era Syndra y su forma de ser. Como se había metido en su cabeza, sabiendo donde presionar para que doliera.

Las noches eran tan pesadas que era imposible dormir, y por las mañanas, el reloj sonaba y había que comenzar el día.

Soportar la sonrisa de Syndra, disfrutando el verle acabada por no poder encontrar la paz en su mente.

Miss Fortune ya no suponía que la maga oscura tenía que ver con sus problemas, estaba segura ahora, que de una u otra forma, ella los provocaba.

El viernes llegó con la campana de fin de jornada. Sabía que su grupo quería salir a cenar pero se sentía de tan mal humor y cansada que declinó la invitación, aun frente a los reclamos de Ahri.

Pudo ver a Syndra en el grupo, parecía contenta de ver como no se les reuniría esa noche.


Miss Fortune caminó sin rumbo, no había vuelto a su hogar. La idea del apartamento vacío y en silencio le pareció el escenario perfecto para volver a ser consumida por sus pensamientos.

En cambio, un viernes a la noche la ciudad estaba más animada, el ruido y las personas riendo y charlando la mantenían ahí, en las calles.

Poco a poco los sonidos fueron mermando hasta que miró a un costado. Había regresado al instituto.

Ya de noche, el lugar parecía maligno, lleno de sombras, pero no iba entrar al interior de la estructura después de todo. El lugar a donde se dirigía quedaba en el patio trasero, al lado de las canchas de entrenamiento.

Así fue que llegó al invernadero.

El lugar estaba oscuro, pero por las paredes y el techo de vidrio la luna iluminaba los senderos cerca de los árboles.

Decidió caminar por ellos con cuidado. No podía escuchar ni sentir la presencia de nadie más allí, y por unos escasos segundos esperó que Syndra se haya quedado con las demás guardianas.

—La curiosidad es algo tan difícil de dejar ¿No es así?

Y ahí terminaron sus esperanzas.

—No he venido a pedir tu ayuda o algo como eso—se aclaró mirando a la maga, llevaba también su uniforme con el saco—. He venido a decir una sola cosa.

—Te escucho.

—Sea lo que sea que estés haciendo, para interrumpir mi sueño, déjalo.

La maga sonrió con malicia antes de hablar.

— ¿Te crees el centro del mundo?— preguntó con gracia—. Como si no tuviera otras cosas más que hacer que perturbar la mente de una niña tan problemática como tú.

—Sé que estás haciendo algo.

—Pues te equivocas. Créelo o no, no tengo interés en buscarte de noche para evitar que duermas o algo por el estilo. Sea lo que sea que te pase... te lo estás haciendo solita.

Miss Fortune se le quedo viendo por unos momentos. La mayor cambió su expresión de divertida a una más seria y aburrida, con el fin de que se le creyera.

—Ahora, ya que me develaste tus "brillantes" deducciones con lo que hago con mi tiempo libre— empezó la de pelo oscuro—. Me gustaría darte algo que vengo preparando para ti.

—No lo quiero.

—Podrías siquiera darme una oportunidad.

La pelirroja recordó que así había comenzado la charla en el salón y endureció su mirada.

—No caeré en tus trucos de nuevo.

—Dijo la que vino por propia voluntad al invernadero donde dije que la esperaba— recitó con cierto desdén mientras se acercaba a un cantero a uno de los costados—. Puedes relajarte, no es ningún truco... o por lo menos no de magia.

Pronto volvió al frente de la chica, mostrando lo que traía en sus manos.

En una pequeña maceta circular, con tierra que se notaba cuidada, crecía una flor de un singular color lila, acompañada de otras flores delgadas que adornaban armoniosamente a la del centro.

—Eres rara hasta para eso ¿Sabes?— comentó con humor la tiradora, hablando con sarcasmo—. Sí tanto te gusta alguien debes llevarle un ramo de flores, no un maceta.

Syndra sonrió pese a que se burlaban de ella.

—Esta es una azucena, o lirio, las flores que la rodean son flores de lavanda— explicó sin desanimarse—. En este instituto nos obligan a tomar clases optativas. Terminé eligiendo uno de los talleres de jardinería ya que me alejan del sol y me permiten estar fresca... aparte, para un mago es muy productivo saber cómo sacarle provecho a la vegetación del medio del que vive.

—Estas diciendo un montón de cosas que realmente no me importan.

—Ah... lamento aburrirte— dijo poniendo las flores en una mesa a uno de los costados—. Esta azucena y las flores de lavanda tienen propiedades que relajan y tranquilizan por su fragancia, son consideradas en este mundo para llevarles a las personas enfermas para que puedan descansar adecuadamente. También le puse en la tierra restos de flores de canela, cuya propiedad acrecienta a las demás.

— ¿Tu hiciste eso?— preguntó mirando nuevamente a las flores. El color le recordaba a Syndra pero en su cabeza no veía a la malvada chica logrando un arreglo tan bonito.

—Sí, pensé en ti mientras lo hacía— confesó logrando que la chica abriera enormemente los ojos, pestañando luego perpleja por lo que había escuchado—. Supuse, por los castigos que conseguiste y por el mal humor que traes, que no consigues dormir ni relajarte... me lo acabas de confirmar con tus sospechas de que tengo que ver en eso. Pensé que quizás esto pueda ayudarte... que quizás podrías verlo como un gesto amable de mi parte.

La pelirroja ahora encaraba a la más grande, las palabras le eran familiar y el asombro que había tenido se convirtió rápidamente en enojo nuevamente.

—Deja de bromear con eso— se quejó, y esta vez era Syndra la que parecía confundida—. Todas esas palabras que dijiste en el salón, que querías parecerte a Nami para gustarme, que tratarías de ser amable como ella era ¡Déjalo!

—Oh... así que tu amiga muerta monopoliza la "amabilidad" en tu mundo... ya veo.

— ¡Deja de referirte a ella como "Mi amiga muerta"! ¡Ya sé que lo está! ¡Lo vi!

Syndra hizo un esfuerzo para guardarse el siguiente comentario al ver el estado de ira que se apoderaba de la otra guardiana.

— ¡Si ésta es otra de tus bromas para meterte conmigo, déjalo! ¡Quita a Nami de todo lo que tenga que ver con nosotras y lo mal que nos llevamos! ¡Déjala en paz!

—No creo que le moleste nada desde que está muerta...

Su comentario fue interrumpido cuando la otra chica le estrujo la camisa con una mano.

— ¿Vas a golpearme?— preguntó con calma, viendo el otro puño fuertemente cerrado a uno de los costados—. Que civilizado de tu parte.

Miss Fortune la soltó de mala gana, y se llevó una mano a su cabeza, tratando de buscar la calma que había perdido.

—Sea lo que sea... que pase por tu retorcida y rara forma de ser... deja a Nami fuera de esto— pidió de nuevo, tratando de negociar con la maga.

—Solo trate de hacer algo que creí que te ayudaría.

— ¡Bien! Bien... pero hazlo no porque creas que Nami lo haría. Nadie va a ser como ella... tú no serás nunca como ella... así que déjala a un lado.

Ahora la contemplaba y parecía que la tiradora volvía a ser consumida por su cansancio y pesados pensamientos.

A la mayor le parecía gracioso como la otra podía pasar de estar molesta a triste en tan poco tiempo.

"La tempestad y la calma solo con mencionarle un nombre" pensó, dejando que el silencio las envolviera de momentos.

—Entiendo— dijo finalmente la mayor, volviendo a mirar las flores.

Con seriedad busco en los cajones de un ropero viejo cerca de donde estaban y volvió hasta quedar frente la mesa.

— ¿Qué haces?— preguntó la tiradora al ver como los delgados dedos de Syndra agarraban el tallo de la flor.

—Tú lo dijiste, sería más aceptable un ramo de flores que una flor en una maceta sin gracia ¿No es así?— contestó suspirando, dejando ver unas afiladas tijeras que se abrieron buscando cortar la planta en su largo—. Déjame mejorarlo entonces.

— ¡No lo hagas!— gritó sin entender el por qué, estirando una mano para evitarlo, empujando las de Syndra con torpeza.

Las tijeras cayeron haciendo un sonido metálico en los azulejos. Solo cuando el silencio las volvió a invadir la pelirroja se dio cuenta de lo que había provocado.

Syndra se había encogido por reflejo ocultando su mano. Cuando se estiró, ahora con el rostro inexpresivo, llevó la mano a la altura de su cara. La sangre salía desde un costado de su dedo, como un grueso hilo rojo que se perdía por la muñeca, donde comenzaba su saco.

— ¡Perdón!— se apuró a disculparse viendo la herida.

La tiradora comenzó a mirar a su alrededor en busca de algo con que auxiliar a la mayor, pero no encontraba nada. En la mesa encontró un trapo, pero al levantarlo corroboró que estaba sucio con tierra y lo desechó junto a las demás idea que podían ocurrirle.

—Si te llevamos con Soraka, ella podría curarte en un instante.

—Debe estar cenando con los demás, lejos de aquí ¿Pretendes que corramos o me dirigió hacia allí volando para que me ponga una bandita?— preguntó, y aunque era evidente que se trataba de sarcasmo el tono era pesadamente neutro.

La más chica se tomó unos segundos para analizarla. Syndra no había apartado la vista de su mano. Su expresión era difícil de definir, pero estaba lejos de reclamarle o siquiera parecer enojada por el accidente provocado.

Recordó algo que podría ayudarle y lo buscó entre sus cosas, se acercó a la maga y trató de envolver el dedo con su corbata de instituto.

—Lo estas empeorando— comentó sin animo la de pelo oscuro, viendo como la tela no hacía más que ensuciarle más la mano si lograr atarse en lo delgado que era su dedo a comparación.

Desistió de su idea tratando de limpiar la sangre, pero esta seguía brotando de la herida.

—Tú te hiciste esto— dijo tratando de alejar el sentimiento de culpa que ella sentía— ¿Por qué ibas a matar a la flor? Idiota ¿No la plantaste tú allí?

—Ah... ¿Y? Eso solo me hace tener más derecho sobre su vida.

Miss Fortune dejó de cuidar la herida para levantar su mirada y verle a los ojos.

Pensó que quizás jamás podría llegarse a entenderse con la chica que tenía en frente. Era tan diferentes, y ella, como había dicho antes, era lo más distante que podía pensar a Nami.

—Su función era darte calma, ayudar a que lograras conciliar el sueño, pero solo hizo que te burlaras de mí y pensaras lo raro que es recibir una maceta con una flor en lugar de un ramo de flores— explicó con el mismo desdén—. Lo que sea que no puede cumplir con la finalidad con la que se le creo... ¿No sería mejor si ya no existiera?

—Eres tan... perturbadora...

—Sí... sueles decirme esas cosas— contestó y alejó su mano del agarre de la otra chica, inclinándose para tomar la tijera y ponerla de nuevo de donde la sacó.

—Lo prefiero— confesó de repente la tiradora, haciendo que la mayor la mire de nuevo—. Prefiero que seas así de... rara... que tratando de ser... otra persona.

Syndra esbozó una leve sonrisa al entenderle, levantando el dedo lastimado nuevamente a la altura de su cara, pero esta vez apuntando a la otra chica.

—Lámelo.

— ¿...Qué?— preguntó quedando totalmente en blanco—. No voy a lamerte las heridas, ni lo sueñes, lámete tú.

—Tú fuiste la que me lastimó— aclaró y la pelirroja no pudo debatir eso—. Así como acabas de reparar el que me llamaras perturbadora... repara el que me hayas cortado.

—Yo... nunca... voy a entender... el hilo que siguen tus pensamientos... Syndra— dijo, tomándose su tiempo.

Como respuesta a la negativa, la más alta apretó con sus otros dedos el herido, agravando la herida y haciendo que más sangre saliera.

— ¡No hagas eso!— se exasperó yendo rápidamente a donde estaba, tomando su mano para que no pudiera lastimarla más— ¡Dios!

Contemplaba ahora el dedo lastimado. La herida estaba a un costado, en diagonal, no parecía profunda, pero si lo suficiente para que no dejara de sangrar por cuenta propia.

Pensó que limpiarla no bastaría y que una bandita seria lo adecuado, pero nuevamente, no había nada cerca que se le parecía para ayudarla.

—Me duele.

—Mentirosa— contestó la pelirroja segura de lo que decía. Habían enfrentado y recibido peor daño en sus misiones como para que cualquiera de las dos se quejara por una herida tan insignificante.

—No estoy mintiendo— le aseguró, su rostro seguía tan inexpresivo, evitando revelar lo que de verdad creía—. Me duele.

Miss Fortune suspiró, dándose por vencida, miró nuevamente el delgado dedo, como quien mira los vegetales que más odia comer, y llevó sus labios rodeando la herida.

Solo un par de segundos y alejó su boca, escupiendo a un lado.

El sabor a hierro le invadió la boca, tragando para luego sacar la lengua y tratar de disiparlo.

Aun movia la boca cuando la mano libre de Syndra le inmovilizó la quijada, sosteniéndola firmemente, apoyando su boca contra la de ella.

La pelirroja sintió la intromisión de inmediato en su boca, abriendo enormemente los ojos cuando la lengua de Syndra acariciaba la suya.

Era como si quisiera sacarle el sabor que le había generado.

Llegó a tomarle uno de los hombros pero no a alejarla, sentía como descargas eléctricas cerca de su estómago con cada movimiento de la mayor, que la atontaba y le impedía pensar con claridad.

No duro mucho, pues la maga terminó pronto por cerrar el beso simplemente presionando contra sus labios y luego alejarse.

—Lo entiendo— dijo aun teniendo muy cerca los ojos verdes de la menor—. Dejar de ser como otros... y ser simplemente "Syndra"... para complacer a la princesita.