-Capítulo 6-


-Lo que pudo ser-


—Es en los alrededores de los acantilados, a las afueras de la ciudad.

El equipo de Ahri se encontraba reunido en el juego de living en su apartamento. Todos escuchaban a Soraka, que fue quien llamó a una reunión de emergencia.

Hacia una semana que la curandera percibía una fuerza atípica en la zona, pero no fue hasta ese día que estuvo segura que dicho fenómeno drenaba la energía de las personas en la ciudad.

—Dos hospitales se encuentran dentro de la zona y también un área de reposo. Las personas de la ciudad los ubicaron allí por la tranquilidad de estar cerca de los acantilados y lejos del bullicio de la ciudad... ninguno parece tener idea de lo que está pasando.

—Al ser lugares donde tratan a personas en estados de debilidad, no deben estar notando que se vean desanimados y frágiles por la pérdida de energía. Es muy inteligente— razonó Ahri, haciendo que Soraka asintiera en esto.

— ¿Entonces estamos hablando que todo es una actividad de la estrella oscura?— cuestionó Ezreal.

—No estoy segura, pero tanta maldad en los actos, sumado a la magia que se está utilizando... no conozco otro ente capaz de hacerlo— contestó la curandera del equipo.

—Entonces también deberíamos informar al equipo de Lux.

—Ya fueron informadas.

— ¿Y por qué no están en esta reunión?— volvió a cuestionar el chico recibiendo silencio de Ahri acompañado de un ademan que le restaba importancia al asunto.

Syndra escuchaba la plática desde su lugar sentada en el sofá. No podía aportar mucho al asunto, así que se limitaba a escuchar las deducciones de sus compañeros.

A su lado, también sentada aunque en el apoyabrazos del sofá al otro extremo, estaba Miss Fortune. La chica parecía aburrida por el asunto. Definitivamente escuchar sobre misiones no le divertía igual que hacerlas y terminarlas a balazos.

Se alarmó a sentir un frio contacto en su mano, haciéndola sentar erguida al momento.

Miró con rapidez la mano de Syndra acariciando su muñeca y luego a la chica a su lado, no la veía a ella, sino al frente, donde Miss Fortune puso su vista luego, temiendo que los demás pudieran verlas.

Pronto la mayor pasó de su muñeca a la rodilla más próxima, deslizando sus uñas por la piel de esta, haciéndola escarmentar.

—Déjalo— le pidió por lo bajo, deteniendo sus caricias con su mano. Syndra ahora le veía, llevando una sonrisa divertida—. Ahora no.

—Oh... ¿Después si?— preguntó haciéndola sonrojar de inmediato.

—No quise decir eso.

— ¿Tu magia no sintió nada, Syndra?— preguntó Ahri, haciendo que ambas vieran al frente ahora.

—No realmente, no más de lo que ya Soraka dijo— contestó esta con naturalidad, sin importarle que frente a los ojos de todos M.F. le sostenía la muñeca en una posición extraña.

— ¿Qué hacen?

—Nada— contestó de mala gana la tiradora, soltándola y desviando la vista hacia cualquier otro lado.


— ¿Estas segura que es aquí?

Los acantilados quedaban realmente lejos de las instalaciones más próximas. Podían oír el sonido del mar bramando no muy lejos de donde estaban, pero fuera de eso no había nada más.

—Soraka dijo que nos esperaba aquí.

—Pues no la veo por ningún lado... tampoco a Syndra— agregó con desdén la tiradora.

Ahri se cruzó de brazos pensando en lo que podrían hacer a continuación. Solo estaban los 3 ahora, Syndra no había contestado a ningún llamado y la curandera se supone que debería estar en el lugar donde se encontraban, pero no era el caso.

—Te dije que debíamos venir con el equipo de Lux— comentó Ezreal con el mismo desdén de la pelirroja y su líder solo roleo sus ojos hacia arriba.

—Echemos un vistazo, si no encontramos nada nos regresamos y ya— explicó sin ánimos la guardiana y para su suerte los dos tiradores no le discutieron.

De una u otra forma, el buscador no tardó en hacer afán de lo suyo e indicó hacia un sector. Una cueva adentro de la roca que daba al abismo.

—Te apuesto el almuerzo de mañana que allí es donde se esconden los malos— agregó Miss Fortune ya al pie de la cueva.

El lugar era oscuro y, aunque no había hablado muy alto, el eco de su voz se hizo escuchar, pero lo que predominaba más en el lugar era el sentimiento, y estaban seguro que todos podían sentirlo, de que algo estaba terriblemente mal allí.

—Vamos— dijo Ahri, y como líder que era se puso en frente, usando sus poderes para iluminar el camino que tenía por delante.

Los tiradores la siguieron sin poner ninguna queja, pero a medida que los tres avanzaban era evidente que se estaban enfrentando a algo que los superaba ampliamente.

El interior de la caverna no era nada de lo que ninguno haya visto antes, parecía un laberinto lleno de espejos y cristales oscuros, los pasillos eran interminables y cada vez que entraban a uno las bifurcaciones se multiplicaban.

—Dime que no propondrás algo tan estúpido como que nos separemos— comentó M.F. cuando Ahri se detuvo, dándose la vuelta para verlos.

—Nos podemos comunicar entre nosotros, no estaremos realmente separados y abarcaremos mejor esta zona, aparte... en todo este tiempo no nos hemos topado con nada que nos ataque... o nadie en realidad.

—El lugar es macabro— comentó Ezreal cruzándose de brazos, apoyando así lo que la otra tiradora había dicho.

—Somos guardianes estelares. No nos podemos acobardar por una cueva oscura como esta.

— ¿Bromeas, verdad?— insistió la pelirroja—. Es obvio que este lugar no es un simple "cueva oscura". Aun no entiendo porque no hemos alertado al equipo de Lux a venir aquí.

El asentimiento rotundo de Ezreal ante esto no se hizo esperar.

—Bien, vayan ustedes a ocultarse debajo de las faldas de las guardianas del otro equipo— comentó con hastío y cansancio— pero si Syndra y Soraka están aquí, y algo les paso, no hacen más que demorar su rescate.

Con estas últimas palabras la líder se apresuró a desaparecer por uno de los túneles.

Miss Fortune miró entonces a Ezreal y el chico se encogió de hombro, suspiró y señaló uno de los túneles.

—Ten cuidado.

—Lo mismo.


Miss Fortune ya llevaba un buen tramo pensando en regresar, cuando se percataba que no sabía cómo hacerlo.

Estaba a punto de tratar de comunicarse con el resto de su equipo cuando ingresó a una sala diferente al resto, no por su apariencia, sino por su contenido: Una enorme esfera de plata brillante, tanto que todo se reflejaba a la perfección en ella.

— ¡Soraka!— gritó la tiradora al ver en el cristal la imagen de la chica.

Busco rápidamente en el atípico suelo de cristales y la encontró, recostada, inconsciente, con varias heridas en el cuerpo.

— ¡Soraka!— la volví a llamar, revisándola con las manos, tomándola en los brazos para poder reincorporarla.

El movimiento hizo que la curandera volviera en sí de a poco. Le dio una débil sonrisa a la pelirroja, haciendo que ésta se relajara un poco.

—Descuida, te sacare de aquí— le aseguró la tiradora, buscando con su vista a un lado y al otro de la sala.

La presencia de alguien se sintió a sus espaldas y volteó para ese sector. Syndra levitaba con calma, viendo a ambas.

—Gracias a las estrellas— exclamó aún más aliviada al verse en compañía—. Ayúdame, Ahri y Ezreal también están en la cueva, mientras antes lleguemos con ellos podemos-

— ¿Cómo llegaste hasta aquí?— la interrumpió la mayor, su voz detonaba de cansancio y molestia.

—Soraka nos dio la ubicación— contestó sin más.

Syndra miró hacia la curandera, esta no decía nada, solo le devolvió la mirada con una expresión endurecida.

—Miss...— llamó a la pelirroja apretándole el brazo. Esta solo asintió creyendo que entendía lo que se le decía, y sin ningún problema la levanto, cargándola con ambos brazos.

—Lo mejor será salir de aquí primero. Regresaremos con el equipo de Lux y destruiremos este lugar— comentó tratando de llevar calma a la más chica—. Ezreal y Ahri deben estar aun dando vueltas por el lugar, ayúdame a encontrarlos Syndra y-

Ambas guardianas podían ver como las habituales esferas de la mayor volaban rodeándola, pero no en su tono lilas, eran plateadas, reflejando la expresión estupefactas de ambas al no entender.

— ¿...Syndra?

— ¿Y por qué debería ayudarlas?

Miss Fortune sintió como si la golpearan por diferentes sectores, incapaz de ver a su atacante o siquiera defenderse. Terminó soltando a su compañera, que cayó bruscamente frente a ella.

Apoyó sus manos en el suelo mientras los golpes retomaban y el peso de su cuerpo parecía oprimirla.

Solo cuando su cabeza tocó el suelo el tormento frenó.

Escuchaba los pasos sobre el cristal, armónicos y tranquilos, levantó su vista siguiendo las botas de Syndra hasta llegar a su rostro. Sonreía de lado. En su mano se formaba una esfera de plata.

Lo último que vio fue su reflejo antes de que esta se estrellara en su cara, haciendo que todo se volviera negro.