Disclaimer: League of Legends y sus personajes no me pertenecen… de pertenecerme su lore seria mucho más interesante y gay ¿Saben?
Nota del autor: Pueden dejar si quieren review al final de los capitulos, yo ya no se los pedire mas al final de los mismos. De ahora en adelante quiero cambiar unas cosas... empezando por mi.
Capitulo 8
Daria todo por oírlo
— ¡¿Cómo que no sabes si le diste?!
Aunque ya le había gritado a Ahri que la dejara tranquila, creyendo que encerrándose en su habitación bastaría para alejarla, la líder de su equipo estaba justo allí, logrando el deseo de arrancarse la cabeza de una buena vez por todas.
— ¡Eres una tiradora de elite, maldición! ¡¿Cómo es posible que no sepas si una de todas las balas que tiraste hacia ella le haya dado?!
Miss Fortune detestaba explicarse muchas veces, y ya lo había hecho, frente a todos. Como Jinx dijo, un ataque como ese debía bastar para eliminar a Syndra, pero eso no era en lo que Ahri seguía insistiendo.
Ella no quería saber que tan fuerte y letal era su ataque definitivo, ella quería saber si Syndra estaba muerta o no.
"No lo sé"
Sus dedos apretaron el tallo de la flor sobre su escritorio.
El recuerdo solo hizo que se sintiera aún más confundida ¿Realmente había matado a esa chica?
Quien se había burlado todo el tiempo de ella.
Que actuaba caprichosamente siguiendo sus propios deseos mientras le aseguraba que todo lo que quería era a la pelirroja.
La que la había besado tantas veces y al abrir los ojos podía verse reflejada en su mirada, con tanta atención que solo pareciera existir para ella.
"¿Por qué?"
Apretó más el tallo, haciendo que el peso de los pétalos quebrara la flor y esta se deje caer hacia un lado, solo entonces retiro su mano de allí.
—Quizás lograste parecer confundida ante las demás, pero a mí no me engañas…
— ¡Ahri!— la cortó molesta, sentía que su cabeza explotaría en cualquier momento.
La líder espero unos momentos, pero solo bufó molesta viendo que su amiga no diría nada más, terminó retirándose con un portazo.
Una vez sola Miss Fortune volvió a mirar la flor, quebrada y con la cabeza hacia abajo. Sentía la pena, pero ya no sabía si solo era por haber arruinado algo tan bonito.
Los días siguientes fueron interminables. Lidiar con la incertidumbre no era algo con lo que Miss Fortune pueda llevar, menos aún tener paciencia.
Suspiró dejando a un lado el cuaderno de apuntes.
El desorden de su habitación reflejaba el desorden en su propia cabeza.
Alguna de sus ropas estaban esparcidas por el piso junto con su bolso escolar. El escritorio estaba lleno de papeles desparramados, por lo que opto por llevar sus demás materiales a la cama. Y allí estaba, viendo lo imposible que era avanzar en la materia para la cual debía rendir al día siguiente.
"Odio esa estúpida escuela de todas formas" pensó y al tratar de levantarse dos libros cayeron al suelo.
Volvió a suspirar sintiéndose frustrada.
Ya habían pasado tres días.
Tres días sin saber nada de Syndra.
"—El poder en la caverna se ha restaurado, es peligroso regresar allí
— ¿Syndra lo ha restaurado?
—Es difícil saber, cualquier estrella oscura puede hacerse con ese poder… aparte, no siento la presencia de Syndra por ningún lado
— ¿Eso quiere decir que murió?
—Suele significar eso, pero Syndra es un mago muy poderoso, aún más que yo… puede ocultarse de mis intentos por encontrarla"
Recordaba la charla con Soraka, informándoles también al resto del equipo. Que la mayor no apareciera por la escuela y faltara a sus clases era también algo que esperaban también.
La pelirroja comenzó a contemplar la posibilidad que no era solo que faltara por ocultarse, sino que sencillamente nunca retornaría a la escuela, no por algo que este en su poder, sino porque sencillamente…
"Está muerta"
Sacudió su cabeza, alejando ese pensamiento.
"Imposible, alguien como ella siendo derrotada tan fácilmente…" razonó tirando los libros que había levantado previamente, arrogándolos sin cuidado sobre su cama.
Incapaz de poder pensar en sus estudios, se llevó una mano a la cien y trato de pensar con claridad.
Empezó a recorrer con su mirada la habitación hasta llegar a la ventana, como si algo no encajara con las demás cosas se quedó viendo ese sector, sintiéndose estúpida al tardar en notar a la chica que la miraba desde el marco.
—Pareces frustrada, por favor continua, no te interrumpas.
Cientos de cosas pasaron por su cabeza mientras aun asimilaba que Syndra estaba allí, sentada con las piernas cruzadas y apoyando su mentón en su palma, como si hubiera estado un buen rato observándola.
Miss Fortune no hizo nada más que darle una mirada molesta, sin decirle nada, esperando.
—Oh vamos, no tienes por qué ocultar tu alegría por verme— comentó extendiendo sus brazos, invitándola a abrazarla en un gesto totalmente sarcástico— ¿No?
Se tomó un pequeño momento para observar la expresión de fastidio que recibía de esos ojos verdes antes de levitar y apoyar sus pies dentro de la habitación, dando unos pasos más, acercándose.
—No pongas esa cara, sonríe, puedes besarme, eso siempre hace que…
Un ruido seco se dejó escuchar en el cuarto, acompañado de inmediato de un fuerte ardor en su mejilla, la cual cubrió con lentitud con su palma.
Volvió su vista a la pelirroja, sonriendo pese a la bofetada.
—Tú… ¡Idiota!— le gritó aturdiese por la expresión de placer que cruzaba su rostro y tomando con ambos puños el cuello de su camisa— ¡¿Qué crees que estás haciendo?!
—Deberías calmarte un poco…
— ¡¿Por qué nos atacaste en la caverna?! ¡¿Por qué te uniste a la estrella oscura?! ¡¿Dónde has estado todo este tiempo?!
—Recomiendo que bajes la voz…
— ¡¿Quién te crees que eres para darme recomendaciones?! ¡¿Eh?!
—Desde que me salvaste en la cueva, te debo una ¿No es así? Responderé todas las preguntas que me hagas, pero… ¿No crees que si Ahri se entera que estoy aquí no le interesara para nada mis respuesta y solo querrá mi cabeza?
Miss Fortune no dijo nada ante esto, y razonando las palabras optó por dejar de gritar, aun así no aflojo su agarre de la camisa.
— ¿Por qué te uniste a las estrellas oscuras?
— ¿No vas a soltarme?— preguntó y como respuesta la pelirroja apretó más su agarre— eso está bien, me gusta cuando eres ruda…
—Voy a matarte…
—Lo dudo desde que no solo eres incapaz de hacerlo… tampoco puedes siquiera ver que los demás traten de matarme— comentó con apremio— ¿O me vas a decir que apuntar al suelo de cristal para que pueda escapar fue un accidente… que no diste en el blanco?
La tiradora apretó aún más sus puños sobre la camisa, encogiendo el cuello de esta, aun así, la expresión de burla en el rostro de la mayor no se iba. Apretó mas hasta que finalmente Syndra cerró los ojos, frunciendo el ceño, su sonrisa no se iba pero notaba que se estaba ahogando.
La saltó bruscamente y dio dos pasos hacia atrás, la maga se acarició la garganta, volviendo pronto a mirarla.
— ¿De verdad estas con la estrella oscura ahora?
—Sí
Y con esta respuesta, así de simple y corta, las demás preguntas se desvanecieron en su cabeza.
— ¿…Por qué?
—Porque puede darme mucho poder, más del que nunca hubiera imaginado tener con las guardianas estelares— explicó sin titubear— ¿No lo viste? Inclusive todas ustedes juntas no lograban detenerme…
— ¡No me refiero a eso!— la interrumpió.
La mayor la contempló esperando que se explique pero el rostro contrariado de la pelirroja no arrogaba ningún otro indicio.
— ¿A qué te refieres entonces?— la animó, impaciente.
— ¿Por qué nos traicionas?
—Acabo de decirte que…
— ¡¿Por qué me traicionas a mí?!
Syndra se sorprendió ante la pregunta y más aun de la expresión de la más chica, como si tratara de mantenerse firme en lo que decía, pero con cada palabra parecía destruirse.
— ¡¿Por qué, si nos ibas a traicionar, si nunca te intereso realmente quedarte a mi lado…. Por qué?!— Siguió diciendo, aun endureciendo la mirada— ¡¿Por qué tenías que jugar conmigo?! Porque todo esto fue un juego para ti ¿Verdad?
— ¿Todo esto?— preguntó fingiendo no saber, viendo como la menor luchaba porque las lágrimas no salieran.
—Nosotras— contestó con contundencia— todas esas veces que dijiste que te gustaba, que me besaste, que me tocaste… ¿Por qué?
— ¿Y qué tiene eso que ver con que traicione a las guardianas estelares?— preguntó con ironía, acercándose, poniéndole rápidamente las manos en las mejillas— aun me gustas— confesó llevando sus labios a los de la menor, pero esta apenas sentir el toque la empujo con sus manos.
—No— contestó con enojo pero la mayor le agarró fuerte de la cintura, atrayéndola, aun con una de sus manos en el rostro.
—Y yo te gusto aun— siguió hablando con seguridad, pasando su lengua por la mejilla de la otra chica, saboreando lo salado por donde habían pasado las escasas lagrimas— ¿O me dirás que no te da gusto verme?— pregunto ahora besándole la comisura de los labios— y esos besos y toques de los que hablas ¿No sufriste mucho preguntándote si los volverías a sentir?
Le rozó los labios apenas, testeando el temperamento de la pelirroja.
—No llores, princesita. Aquí estoy— siguió burlándose apoyando más fuertemente sus labios— y me gustas como nunca antes, cada vez más.
Su mano se deslizó como lo hacían sus palabras, buscando sus glúteos y dejándola descansar allí. Los ojos verdes la miraban con desconfianza.
—Y aun no te he agradecido correctamente el que me salvaras— comentó mientras la dirigía hacia la cama, hasta que sus rodillas chocaron con el costado de esta, obligándola a sentarse— déjame mostrarte lo agradecida que estoy por ello— terminó, deslizando una mano desde la rodilla hasta debajo de la falda.
—Dije que no— insistió tomando con sus manos los hombros de la mayor, alejándola de ella, pero cuando lo hizo una expresión de dolor se formó en su rostro.
—No seas tan ruda conmigo— pidió tomándose el hombro izquierdo, la tiradora recordó al instante el ataque de Ahri sobre la maga y se preocupó de inmediato— solo bromeaba, tranquila— contestó burlonamente viendo la expresión de angustia— no es nada realmente.
Se desabotonó los primeros botones de la camisa, dejando ver el comienzo de su pecho.
— ¡¿Qué haces?!— se avergonzó la pelirroja, teniendo la imagen justo enfrente de sus ojos, pero Syndra dejo caer el sector de los hombros para que esta pudiera ver unas vendas que tomaban la zona lastimada.
Tomó la mano de la tiradora y la condujo hasta arriba de la venda.
— ¿Ves?— le preguntó haciendo que presionara su hombro— no es la gran cosa, casi no siento nada… pero aquí— siguió hablando haciendo que su mano bajara hasta los voluptuoso pechos, haciendo que presionara uno de ellos— sí que puedo sentir.
—Syndra…— la llamó apenada, pero cuanto más trataba de alejar su mano más presión hacia la mayor.
Aprovechó la confusión de la menor y se acercó a besarla, no tardó en sentir que le correspondían el gesto.
— ¿Sarah?
La aludida abrió grande los ojos cuando escucho su nombre acompañado de dos "toc" "toc" en la puerta.
Ahri la llamaba del otro lado.
— ¡Te tienes que ir!— atinó a decirle a la maga, pero esta solo sonrió ante el nerviosismo de la menor— ¡Va a matarte!
Trato de levantarse de la cama para evitar que su compañera entre, pero fue empujada fuertemente por Syndra, haciendo que cayera sin poder evitarlo entre las sabanas.
— ¡¿Qué haces?!— la reprendió molesta, tratando de levantarse de nuevo. Esta vez logro sentarse pero la mayor la tomó de sus cabellos y con brusquedad hundió su cara contra el colchón—¡Syndra!— se quejó tratando de zafarse pero ahora la tenía aprisionada boca abajo, reteniéndola con su cuerpo encima— ¡¿Qué haces?
— ¿Sarah? ¿Está todo bien?
Miss Fortune sintió como le levantaban la falda hasta donde comenzaba su espalda, quedando en evidencia su ropa interior, apenándose más cuando sintió las uñas de la maga deslizándose por su piel.
— ¡Suéltame!— reclamó pero al tratar de reincorporarse una fuerza extraña ató sus manos a sus espalda— ¡Suéltame!— volvió a pedir, reconociendo el hechizo de la otra chica— ¿Eres idiota? Si Ahri entra va a matarte.
— ¿Preocupada por mí?— preguntó con gracia mientras clavaba sus uñas en la espalda baja de la tiradora— ¿O por qué tu querida líder te encuentre así?
— ¿Sarah? ¿Estas despierta? Voy a entrar…
—Sera mejor que no entre— recomendó Syndra y tirando con fuerza de los cabellos de Miss Fortune la obligó a sentarse, haciendo que se apoye en sus muslos.
Sin cuidado tomó la parte frontal de la camisa y tirándola hacia adelante hizo que los botones cedieran, desprendiendo por completo.
— ¡¿Qué haces?!— Se quejó pero entonces una de las manos de Syndra le tapó la boca, evitando que siga— ¡Mmm!— exclamó en sorpresa cuando la otra mano de la maga se coló por debajo de su sostén, corriéndolo hacia arriba, dejando sus pechos expuestos en dirección a la puerta.
Con temor pudo ver como la perilla de la puerta se giraba, no lo pensó más, movió su cabeza con brusquedad y abriendo enormemente la boca atrapó la mano de Syndra, mordiéndola fuertemente.
La maga retiró de inmediato el agarré.
— ¡No entres Ahri!— ordenó y nada pasó por unos segundos.
— ¿Estas bien?— se escuchaba que preguntaban del otro lado.
—Lo estoy.
— ¿Puedo pasar?
— ¡No!
Syndra se reía en sus cabellos por la voz desesperada de la pelirroja.
—Escucha… Sarah… sé que he sido dura en estos días… con el asunto de Syndra…
La tiradora no podía creer que esto le esté pasando. Ahri no podía haber elegido peor momento de intentar de mejorar el trato justo ahora.
— ¡No quiero hablar ahora, Ahri!
—Entiendo que estés molestas, si solo me dejaras…
— ¡No quiero hablar de eso!
Syndra posicionó su mano en el cuello, acariciándolo mientras sonreía por lo incomodo de la situación para la menor. Su palma envolvía uno de sus pechos.
—Déjalo— la amenazó por lo bajo. Ahri hablaba a través de la puerta, no podía entender ni una palabra mientras sentía como uno de sus pezones era atrapado entre medio de esos dedos— Ah…— jadeo cuando sin aviso le apretaron esa zona.
Trató de encogerse, buscándose así esconder su cuerpo, pero Syndra deslizó la mano desde su cuello hasta su nuca, agarrando con fuerza nuevamente los cabellos y haciéndola erguir.
Le molestaba el tono apenado de Ahri al otro lado, más aun no poder entenderle, con el temor de que en cualquier momento su líder dejara de respetar su privacidad e interrumpiera en la habitación.
— ¡Déjame en paz, Ahri!— gritó tratando de sonar molesta, sabía que si había una solución para esa escena, era tratar de este modo a su amiga, aunque no quisiera— ¡¿Crees que luego de comportarte como una perra enojada puedes venir a tratar de arreglarlo todo con palabras bonitas?!
Syndra dejo de jugar con sus manos por unos instantes en que ambas se concentraron por escuchar a la otra guardiana, pero no dijo nada.
— ¡Puedes jugar a ser la líder perfecta con los demás, no me importa!— insistió sabiendo que era ahora la oportunidad— ¡Desquítate con otra persona el que fallaras con tu equipo de nuevo! ¡A mí no me metas!— terminó cerrando con fuerza sus ojos. Podía sentir la nariz de Syndra en su nuca.
—Oh… si… es verdad, perdón— fueron las palabras que se escucharon afuera, seguida de los pasos al alejarse.
Miss Fortune contuvo la respiración por unos instantes, solo cuando tuvo la certeza de que su compañera se había marchado para no volver, dejó escapar un suspiro de alivio.
La presencia de Syndra se hizo notar cuando la maga retomó las caricias en el pecho, corriendo con su otra mano los cabellos al costado, delineando con su fría nariz el cuello de la tiradora.
—Esas fueron palabras muy crueles— comentó con gracia, pegando sus labios a la piel de la pelirroja— ¿Tanto querías que se vaya para quedarte así conmigo?
—Sácame las ataduras— pidió en tono neutro, sin dejarse llevar por las burlas de la mayor, aun pensando en Ahri.
La de pelo oscuro analizó un poco la situación, adivinando lo que trataría la otra apenas desatarla, pero así lo hizo.
Al sentir sus manos libres, lo primero que hizo fue apoyarse con ella en la cama, descansando de la incómoda posición en la que la apresaba Syndra, inmediatamente trato de moverse, escapar de la cama y de debajo de la más alta, pero esta se lo impidió nuevamente, empujando con rudeza su espalda, obligando que su vientre y pecho chocara nuevamente con el colchón.
Cansada de la torpeza con la que era tratada intento reincorporarse, dando movimientos bruscos y apoyándose con fuerza en sus manos, pero todo el peso de la mayor cayó en su espalda, hundiendo con una de las manos su cabeza, haciendo que sus apuntes se arruinaran.
Luchó por unos segundos, en silencio, sabiendo que en vano reclamaría.
Nunca pensó que Syndra seria alguien con una fuerza física tan notable, pero a medida que sus propias fuerzas para luchar contra ella la abandonaban, comenzó a resignarse a su sometimiento.
Al mismo tiempo la mayor comenzó a sentir como las resistencias cesaban y solo quedo el sonido de la respiración ofuscada sobre los papeles debajo de su cara.
Pensó en lo que podría decir a continuación, para seguir testeándola un poco más, pero prefirió esta vez quedarse callada.
Dejó su nuca y deslizó su mano hacia abajo, tomando el cuello de la camisa, que cedió sin resistencia al no estar abotonada.
Su espalda alta le pareció interesante, delgada pero tonificada para la edad de una estudiante, sonrió para ella misma, acercando su cara y dejando un beso húmedo sobre su piel.
La más chica no reclamó esto, solo largo un bufido y buscó ocultar su cara.
Siguió deslizando su mano y la coló entre el cuerpo de la chica y las sabanas, retomando un lugar que había estado disfrutando tocar en todo este tiempo.
—Me gustan— comentó, haciendo alusión a sus pechos— son suaves y abultados— comenzó a decir mientras apretaba uno de ellos— y parecen reaccionar tan bien a mí.
Con su índice delineaba el botón, notando los escarmientos que el cuerpo de la menor daba al rasparlos con sus uñas.
—Se están poniendo muy duros— siguió comentando con una voz calmada— Estas disfrutando esto ¿Eh?— preguntó pero la pelirroja siguió ocultándole el rostro— Bien… no necesito que me contestes eso realmente.
Su otra mano imitó a la izquierda y encontró camino hasta el vientre de la pelirroja, bajando hasta su muslo donde tomo el borde de la falda y la levantó hasta que esta no le molestara a donde quería llegar.
Al ver las intenciones, la tiradora trató de moverse con rapidez, pero solo atinó a apoyarse en sus codos cuando sintió ya los dedos de la maga tocando la tela de su ropa interior.
—Puedo saber que lo estas disfrutando… aquí— sentencio la mayor tocando de arriba abajo su centro por arriba de la tela húmeda.
Miss Fortune llevó su mano hasta rodear la muñeca de la otra chica pero al hacerlo provocó que esta presionara con rudeza su centro en advertencia.
— ¿Por qué tratas de detenerme?—preguntó y al ver que la pelirroja un le sostenía la muñeca aumentó la presión de sus dedos.
—Ah…— exclamó soltándola, dejando que su mano se moviera a un costado. Para su alivio al hacerlo la presión bajo, como si era eso justo lo que quería la maga.
Syndra siguió acariciándola a través de la tela, haciendo que cerrara sus ojos y volviera a hundir la cabeza.
—Te dije que quería agradecerte el haberme salvado… sería muy desconsiderado de tu parte rechazarlo.
—No… Syndra…— comenzó a protestar, pero sus palabras se hundieron en la vergüenza cuando sintió como la mayor corría su ropa interior a un costado y deslizaba sus dedos directamente en su carne.
Aunque hubiera disfrutado ver la expresión de su rostro, Syndra aun disfrutaba escuchando como la menor fallaba en ocultar los diferentes sonidos que salían de su boca, y como su respiración se entrecortaba con cada movimiento de sus dedos, a veces más rápidos otra veces más curiosos.
Desde donde estaba podía ver lo sonrojado de una de las orejas, casi en un tono más fuerte que sus cabellos.
—Mmm… ah...
Le costaba mucho controlar su respiración, tratando de mantenerla para no quedar en evidencia, pero los esfuerzos que hacia se desvanecían con cada estimulación de la otra chica.
Syndra comenzó a testear con más insistencia la entrada de su centro, jugando, dándole pequeños golpes con la yema de su dedo.
La pelirroja solo pudo comenzar a adivinar sus intenciones cuando ya, muy tarde, la sintió dentro de ella.
—Eso fue sencillo— comentó con gracia al ver como su dedo se había deslizado en su interior con mucha facilidad por la humedad.
Miss Fortune ya no jadeaba ni hacia ningún sonido, estaba muy rígida con la frente hundida. La maga también pudo sentir como su cuerpo se contraía apretando su mano en lo bajo.
—No hagas eso, harás que te duele y lo disfrutaras menos— le recomendó, llevando su cabeza al lado de la chica, haciendo que su nariz rozara su oreja— Sé que mi respuesta fue "Porque de verdad me gustas" y no voy a negar eso, pero hay otra razón que me movía a los besos y las caricias contigo. Veras…
Mientras hablaba logró colar una de sus rodillas entre medio de las piernas y empujando la izquierda, logro que se abrieran un poco, dejando de oprimirla tanto. Hizo más peso en la espalda de la chica, logrando a que se desplomara por completo en el colchón. Con esto volvió a sentir como la menor respiraba profundamente y de forma acelerada.
—Todos recuerdan sus primeras veces— siguió explicando— su primer beso por ejemplo, aunque a uno no le gustara, o fuera un desastre, siempre lo recuerdan, y a la persona… y esto— dijo ubicando su anular y presionándolo para que acompañara al otro dedo que ya estaba dentro de su centro— bueno, con esto estoy siendo realmente memorable para ti ¿No es así?
—Ah…— exclamó confundida, sintiendo como el aire que tomaba parecía no llenarla. Podía sentir como Syndra profundizaba su toque, llegando a ser hasta doloroso para ella, pero quedándose totalmente quieta cuando no pudo avanzar más.
Era como si su centro latiera alrededor de esos dedos, le asustaba de alguna forma. Cerro su puño estrujando uno de los papeles que tenía cerca, tratando de pensar en algo más que no sea en al chica que tenía encima, pero todo se desvaneció empezó a moverse de nuevo.
Los movimientos de los dedos, de adentro hacia afuera, sin salir realmente, generaban mayor fricción a medida que aumentaban su velocidad.
El estímulo que recibía su pecho también se había retomado, pero para compensar la atención allí, la maga apretaba con malicia su botón y clavaba sus uñas, cerciorándose que, por lo menos con el dolor, esa parte aun la sienta mucho.
Syndra empezó a empujar más hacia adentro en su vaivén, pero solo cuando curvo los dedos bruscamente fue que recibió un fuerte temblor en el cuerpo de la pelirroja.
Vio como una de las manos de la menor dejaba el colchón y las hojas y buscaba alcanzarla, tanteando su rostro con su dorso finalmente, agarrando sus cabellos.
— ¿Qué es esto?— preguntó Syndra, extrañándose de que no tirara de ellos o tratara de golpearla de alguna forma.
—Mmm…
Solo recibió apagados suspiros junto con la respiración errática de la tiradora.
Su mano había conseguido llegar hasta su mejilla, debajo de su oreja, la cálida palma se pegaba a su piel, como si quisiera acariciarla.
— ¿Un gesto desesperado de cariño?— pregunto con gracia, pero la actitud de la más chica no cambio, trataba de pegar su rostro al de ella, acercándola— eres realmente linda…
Miss Fortune sintió entonces la presión, como Syndra con todo su cuerpo la apresaba más en esa posición, el peso de su cadera cayendo encima de la suya, ayudando a que sus dedos la penetraran aún más. Su otra mano estrujó su pecho bruscamente, atrayéndola hacia donde ella estaba.
Solo tuvo que mover los dedos unos segundos más, notándolos vibrar, entonces esos latidos que había sentido antes se trasformó en una descarga que recorrió su centro y luego todo su vientre.
Syndra la sintió escarmentar, el cuerpo debajo de ella había temblado para luego ponerse rígido.
Esperó unos segundos y aflojó su agarre, retirando su mano del pecho y llevándola hasta sus cabellos. La mano en la parte baja se deslizó un poco hacia afuera, acariciando la carne en suaves movimientos, sin dejarla.
De a poco el cuerpo de la tiradora dejo de estar entumecido y comenzó a relajarse, las caricias las guiaban a encontrar la calma luego de ese repentino estruendo que había cruzado su cuerpo.
Jadeaba con la boca abierta y Syndra esperó pacientemente, aun arriba de ella, que su respiración se normalizara.
Cuando finalmente lo hizo dejo caer su cabeza a uno de los costados.
La podía ver, con los ojos fuertemente cerrados y toda sonrojada. Tocó con la nariz la suya, para que supiera que estaban frente a frente, y entonces la menor abrió sus ojos.
—Ahora debes besarme— le ordenó con una sonrisa y la menor acercó su cabeza, buscando sus labios, obedeciendo sin poder evitarlo.
Estaba mareada, incluso besar a Syndra hacia que sus labios se sintieran extrañamente más sensibles, su cuerpo no respondía como recordaba.
Se alejó del otro rostro de inmediato al sentir como la mano de la maga se movía aun en su parte baja, retomando un ritmo muy acelerado de repente.
—Tienes que besarme— demandó de nuevo la mayor, acercándose esta vez, ahogando los gemidos que querían salir de su boca mientras la volvió a penetrar.
—Ah…— jadeo tratando de alejarse de su rostro. Necesitaba respirar y no la estaban dejando.
Syndra volvió a tomar su nuca con brusquedad, tirándola primero hacia atrás de los cabellos, haciendo que la pelirroja se quejara brevemente del dolor.
—Bésame— volvió a decir, atrayéndola a su rostro, apoyando fuertemente sus labios en los de ella.
Miss Fortune era víctima de la presión e intensidad con la que estimulaban su centro nuevamente, incapaz de concentrarse en otra cosa.
—Ah… no…— exclamó tratando de alejarse, pero al abrir la boca para respirar la maga aprovechó para intervenir con su lengua, presionando aun con brusquedad su nuca.
Trató de alejarla con su mano pero solo internarlo la mayor empezó a empujarla hacia arriba, poniendo ya no solo la fuerza de su mano sino también la de su brazo para penetrarla.
— ¡Mmm!— se quejó sintiendo como sus piernas le fallaban. Empezaba a temblar, reconocía la sensación, la misma que había tenido antes que el estallido se presentara antes.
El orgasmo volvió a tomarla por sorpresa con las rápidas e insistentes estimulaciones. Creyó que se ahogaría, pero ahora al intentar alejar su rostro lo logró sin que se lo impidieran esta vez.
Syndra la contempló jadear. El aliento cálido y acelerado le golpeaba el rostro. Le daba gusto verla en ese estado.
Finalmente sacó sus manos del cuerpo de la más chica, dejándose caer un poco a uno de los costados. Con la otra, la que aún estaba en su nuca, le acaricio el rostro, acomodando los mechones hacia atrás para poder verla mejor.
Unos ojos verdes no tardaron en observarla. Aun jadeaba con la boca abierta y su mirada parecía cansada, pero no tenía duda que buscaba en ella algo que la ayudara a orientarse, pero no le ayudó, solo se le quedó viendo.
Miss Fortune estaba tan confundida que le costaba hilar sus pensamientos. Quería hablarle, decir algo, pero el atontamiento le superaba.
Poco a poco las palabras en su cabeza comenzaron a aparecer, pero dudaba que las pudiera exteriorizar.
"Voy a quedarme dormida ¿Verdad?"
"Te vas a ir de aquí apenas cierre mis ojos… me vas a dejar de nuevo… ¿Por qué?"
"…Ni siquiera me amas… ¿No es así?"
"¿Qué se supone que deba hacer?"
"Lo hare… así que por favor…"
"Por favor…"
"Ámame…"
Syndra tenía en sus manos algunos de los apuntes que había recogido de la cama. Estaba sentada en ella viéndolos con la escasa luz que entraba desde la ventana.
Su mente viajó a uno de sus compañeros, no recordaba su nombre ahora, salía con una chica que era menor que él en el instituto, le ayudaba con su tarea, la que no entendía pero él si por haber pasado por la misma.
"Aunque ella preferiría cortarse la legua antes que pedir mi ayuda" pensó con desdén mientras miraba hacia un costado.
Miss Fortune dormía con tranquilidad, aun boca abajo. Prácticamente no se había movido, salvo por su rostro, ahora perfilado a su habitación, el cual tenía una expresión relajada. Su espalda apenas subía y bajaba producto de una respiración armoniosa y lenta.
Se levantó de la cama, recogiendo otros cuantos apuntes de la cama, los más próximos a su cara que pensó podrían llegar a lastimarlo.
"Y sería una pena teniendo un rostro tan bonito"
Acomodó los papeles junto con un par de libro en sus manos y los llevo al escritorio cercano de la cama.
Suspiró al ver que este estaba tan desordeno como el resto de la habitación.
Sabía que ya era muy tarde y no deseaba quedarse más tiempo. Estaba a punto de irse, perfilándose a la ventana, cuando tuvo que volver su vista a ese escritorio.
Algo familiar había llamado su atención.
—Oh… aun vives…— susurró llevando su mano a la flor que decoraba ese sector, tocando con cuidado sus pétalos— apenas…
Aún tenía las demás flores secundarias que la decoraban, pero estaban estropeadas, al igual que la principal. Llamaba la atención un sorbete enterrado a la par del tallo y unos hilos que ataban la cabeza de la flor a este, como si así consiguiera tenerla erguida.
Revisó el tallo y este estaba quebrado, lo que la sostenía era justamente esa improvisada estructura.
Sonrió sin poder evitarlo al darse cuenta como la chica había tratado de salvar a la planta.
—No vayas a morir ¿Eh?— pidió con gracia mientras su mano se envolvía de magia, haciendo pasar ese brillo a la flor, llenándola de vitalidad— parece que te aprecia… así que solo por eso… vive.
Quedando satisfecha con su labor, se dirigió hacia la ventana.
Antes de salir le dio una última mirada al cuarto desordenado. La flor volvía a ser tan bonita como la recordaba, desprendiendo sus colores en tonos violáceos, luego le dedicó una mirada a la chica que dormía cerca de esta.
No entendió el sentimiento que envolvió a su pecho, pero sintiéndose llena de lo que eso fuera, terminó por abandonar el lugar, desapareciendo en lo claro de esa noche.
Nota del autor:
Me enseñaste el coraje de las estrellas antes de irte (…) con falta de respiración me explicaste el infinito, que tan raro y hermoso es (...) No pude evitar preguntar para poder solo oirte.
Sleeping At Last - Saturn
