Había pasado un poco más de una hora y Sam aún no dejaba de llorar, su brazo ya había sido atendido y ahora reposaba inmóvil en su regazo, cubierto de vendas; pero no era el dolor la razón de sus lágrimas, al menos no el dolor físico.

- Sam… – comenzó John, pero sus palabras murieron en sus labios, no había nada que decir que pudiese hacer sentir mejor al muchacho y un regaño ahora sólo empeoraría la situación.

- Todo es mi culpa, Papá – exclamó Sam entre sollozos – Yo fui quien encontró a Dean en el sótano, no lo escuché cuando me dijo que me marchara e insistí en seguir viéndolo porque a pesar de todo era el hermano que siempre soñé, yo fui quien insistió en sacarlo de allí e ignoré sus advertencias, él tenía miedo de salir y yo lo forcé… Pero pensé que había valido la pena, hubieras visto cómo se divertía… ¿alguna vez viste que fuera feliz?

- Sonreía mucho, todo el tiempo, le gustaba la compañía. Se emocionaba como un niño cuando nos veía llegar, reía a carcajadas cuando jugábamos juntos… sin duda era feliz cuando estaba con nosotros – recordó con cariño, sintiendo que las lágrimas se reunían en sus ojos, haciendo borrosa su visión.

- Se sentía solo – agregó Sam - y los amaba a ambos, a mí también, aunque no me conocía. Él no es peligroso, Papá, simplemente estaba aterrorizado, tenía miedo de que pudieras matarlo si nos veías juntos… y eso fue justo lo que hiciste.

- ¡Quería protegerte, Sam! eres mi hijo.

- ¡Él también lo era! – gritó llenó de ira y frustración, golpeando la mesa de café con la palma de su mano – ni siquiera sé cómo puedo verte a la cara y seguir hablando contigo después de lo que has hecho. Si resulta cierto que Dean ha… que Dean ha muerto, te juró que nunca voy a perdonarte.

John se limitó a guardar silencio, no queriendo empeorar la situación, sabía que su hijo hablaba en medio de la ira y el dolor, pero sus palabras no eran del todo ciertas. Estaba seguro de que algún día comprendería por qué había tomado aquella decisión.

En ese instante la puerta se abrió y ambos hombres se levantaron de sus asientos, esperando que fuese Bobby acompañado por el cuerpo de Dean, inerte o aún con vida, pero grande fue la decepción al darse cuenta de que el cazador venía solo, con una expresión llena de tristeza y angustia.

- ¿Dónde está? – preguntó John con desesperación - ¿Dónde está Dean?

Bobby sacudió la cabeza de un lado a otro y dejó escapar un suspiro – no pude encontrarlo, había sangre y rastros de su pelo, pero Dean escapó, no está por ningún lado…. Por lo menos sabemos que sigue con vida.

- Pero está herido y no sabe cazar, no sabe nada del mundo – refutó Sam, sintiendo que las lágrimas regresaban de nuevo a sus ojos.

- Lo encontraremos, Sammy, no te preocupes. Lo traeremos de vuelta, te lo prometo –dijo John con determinación, posando una mano sobre los hombros del chico, era lo mejor que podía hacer para recuperar la confianza de ambos hijos.

ooOoo

Dean sintió que corrió durante horas sin detenerse, cojeando, aún a través del frío, el dolor y el agotamiento. Todo a su alrededor parecía igual, no había más que árboles y arbustos, bien podría estar corriendo en círculos sin darse cuenta. De pronto un aullido de dolor escapó de su garganta y sus patas lastimadas cedieron bajo su peso, pequeños gemidos escapaban sin control y sabía que si estuviese en su forma humana estaría empapado por las lágrimas.

Se acurrucó a la raíz de uno de los grandes árboles para lamer sus heridas, el dolor que sentía era el más fuerte que jamás hubiese experimentado, también el miedo y la tristeza; su padre, el ser que más amaba y admiraba en el mundo, acababa de dispararle, intentó matarlo sin pensarlo dos veces, como si no fuese diferente a los monstruos que cazaba. Pero no dejaba de pensar que tal vez lo merecía, después de todo había perdido el control, había entrado en pánico y había atacado a Sam, quien únicamente pretendía ayudarle. Sam había estado tan emocionado con la idea de salir y mostrarle el mundo y al final Dean lo había arruinado todo, al clavar sus colmillos en su piel había echado a perder su vida, la seguridad de su habitación y la calidez de las personas que amaba… sólo esperaba que Sam estuviera bien.

De repente sus oídos captaron el sonido unas fuertes pisadas sobre las ramas y hojas secas en el suelo. Levantó las orejas para intentar escuchar de donde provenían, debatiéndose entre correr o quedarse oculto tras los arbustos, pero ya era tarde para actuar. La luz de una linterna encandiló sus pupilas sensibles y una exclamación de asombro escapó de los labios de la persona que lo había hallado. Estaba a punto de correr, pensando que se trataba de John Winchester, que había regresado para terminar con su trabajo, pero la voz del hombre que sostenía la linterna, muy diferente a la voz su padre, lo hizo detenerse.

- Oye, espera – murmuró con voz amable – ven aquí, perrito, no voy a hacerte daño.

Claramente el hombre debía ser estúpido para pensar que se trataba de un simple "perrito" sin embargo parecía gentil e inofensivo, su voz era cálida y sus ojos azules le daban una extraña sensación de seguridad, aunque probablemente se debía al hecho de que se hallaba solo y desamparado, por lo tanto sólo buscaba algo o alguien a quien aferrarse.

- ¿Estás perdido, amiguito? Mi nombre es Castiel y tengo algo para ti – además de tonto, el chico estaba en realidad demente por presentarse ante un animal, un ser que creía no tener entendimiento y que mucho menos podría responderle, pero a Dean le agradaba, oír su cálida voz lo tranquilizaba.

- Acércate, puedes tomarlo – sacó de su bolsillo un trozo de pan y extendió su mano para que el lobo lo tomara. Dean se acercó con cautela, cojeando y gimiendo antes de oler el pan, asegurándose de que era seguro comerlo. No logró oler nada extraño en él, así que lo devoró de un bocado, dándose cuenta de lo hambriento que estaba.

- Tengo más en casa si quieres acompañarme, no está muy lejos así que podremos llegar sin ningún problema, allí atenderemos esa fea herida ¿te parece?

Dean se detuvo para meditarlo ¿y si era un cazador? ¿Si sabía lo que era? ¿Qué pasaba si tenía planeado matarlo o venderlo a algún zoológico?

Castiel comenzó a caminar, mirando hacia atrás cada pocos pasos, esperando que Dean lo siguiera, pero el lobo parecía demasiado temeroso – vamos, amigo, te prometo que no voy a hacerte daño, tengo comida y un techo caliente que ofrecerte, eso es todo.

Dean decidió que sería mejor arriesgarse y seguir al joven en lugar de quedarse allí a esperar que sus heridas se infectaran, que el frío lo matara o un verdadero lobo lo devorara, así que caminó tras él, cojeando debido al dolor en su pata trasera, justo donde la bala había impactado. Castiel sonrió satisfecho y caminó despacio, temiendo dejar atrás al animal herido.

Tras cortos minutos llegaron a una cabaña de madera, apenas más grande que la habitación de Dean, pero era lo suficientemente limpia y acogedora, aunque algo desordenada. Había una cama lo suficientemente amplia para dos personas, un viejo sofá, una pequeña cocina y una chimenea.

Tan pronto como entraron, Dean se dejó caer en un rincón, agotado y dolorido, pero sintiendo la calidez de un hogar y la seguridad de un techo. Al no haber salido nunca de su celda, el temor de estar solo en el exterior era cien veces mayor al que sentiría un niño perdido, pues todo allí afuera era desconocido para él, pero allí, acurrucado en medio de una habitación cálida y pequeña, rodeada de objetos familiares, se sentía mucho más tranquilo y a gusto.

- Ven amigo, bebe esto – estaba tan agotado que no se dio cuenta del momento en que Castiel había puesto un plato con agua frente a él y otro con lo que parecían ser sobras de su comida, los cuales devoró en cuestión de segundos.

- Parece que tenías hambre ¿eh? – comentó con una sonrisa y Dean descubrió que le agradaba el hecho de que Castiel hablara todo el tiempo – está bien, dejaré un poco de agua cerca de ti por si sientes sed en la noche y ya veremos qué comer en la mañana, hay mucha comida en el refrigerador y sólo somos tú y yo.

Castiel se levantó y se alejó para buscar algo en el armario. Dean pensó que ahora que estaba a salvo podría permitirse dormir un poco, pero pronto se dio cuenta de que aún no era el momento. Castiel regresó con un objeto extraño en sus manos, compuesto por correas de cuero, y miró a Dean con una mirada de arrepentimiento. Acercó el objeto para que el lobo pudiese olerlo, pero aquello no le dio a Dean la menor pista de lo que era, sólo sabía que no le gustaba.

- Lo siento, amigo, pero tendré que ponerte esto, pareces un buen chico pero debo tener precaución, tienes unos colmillos enormes y no quiero que tengamos un accidente.

Dean no comprendió en lo más mínimo sus palabras, pero cuando Castiel puso su hocico en aquel objeto y no pudo abrirlo de nuevo, comprendió un poco a qué se debía aquella mirada llena de culpabilidad. Una nueva oleada de pánico amenazó con hacerle perder de nuevo el control, pero Castiel logró calmarlo, sujetándolo con fuerza y hablándole con su cálida voz.

- Tranquilo, chico, no voy a hacerte daño – dijo mientras acariciaba la cabeza del lobo, en un intento por calmarlo – sólo quiero revisar tus heridas, pero no puedo arriesgarme a que me muerdas ¿entiendes?

Días atrás quizás Dean no hubiese comprendido, pero teniendo en cuenta lo que acababa de hacerle a Sam, ahora entendía perfectamente a qué se refería Castiel, por lo tanto se obligó a calmarse y confiar en el joven.

- Escucha, no soy veterinario, pero soy estudiante de medicina, así que creo poder hacer esto. Va a doler un poco, pero seré gentil, lo prometo, todo será por tu propio bien… vas a estar bien, amigo.

Dean se encontró temblando en anticipación, el miedo y la ansiedad lo invadían, haciéndole desear que todo terminara pronto. No dejó de aullar y gemir de dolor mientras Castiel extraía la bala de su pata trasera, limpiaba y desinfectaba la herida para luego cocerla. procuró no moverse, pero aun así, el joven doctor tuvo que sostenerlo lo suficientemente fuerte para llevar a cabo su tarea, por fortuna se encontraba en un perfecto estado físico.

El procedimiento tardó lo que pareció al menos una hora de sufrimiento y agonía, al finalizar Dean estaba casi inconsciente, reconfortándose en el hecho de que Castiel acariciaba su pelaje mientras terminaba de vendar sus heridas.

- Está bien, amigo, ya hemos terminado, vas a sanar y vas a estar bien, yo me encargaré de eso. Ahora descansa.

Castiel acarició la cabeza del lobo hasta que este se quedó dormido, gimiendo suavemente en sueños, claramente había sido un día difícil para su nuevo amigo, sólo esperaba verle mejor en la mañana. Estuvo contemplándolo por largo rato, no podía negar que era un animal hermoso, con un pelaje claro, brillante y abundante, sumado a unos ojos verde esmeralda; su cuerpo grande y delgado le daba un toque de elegancia e imponencia sobre los demás de su especie, pero nunca se pasó por la mente de Castiel la posibilidad de que aquel animal que dormía tranquilamente en el suelo de su cabaña, no fuese un perro y mucho menos podría imaginar que no se trataba de un lobo común.

ooOoo

A la mañana siguiente, Dean despertó tras dormir profundamente, incluso después de yacer en la incomodidad del suelo, la cual detestaba aun siendo un animal. Al comienzo le costó recordar en dónde se hallaba, encontrando extraños todos los objetos que rodeaban la cabaña; al abrir los ojos esperaba encontrarse con su cama, su televisión, sus videojuegos y su preciosa guitarra, esperaba ser despertado por la voz de Bobby o la voz de su padre, pero en su lugar se encontró solo, rodeado por objetos rústicos que claramente no eran suyos. Entonces el dolor en su pecho se hizo más grande, recordó conocer a Sam, recordó el haber salido de su celda por primera vez, recordó ser descubierto por su padre, haber atacado a Sam en medio del pánico, el momento en que su propio padre le había disparado y luego la huida a través del bosque, la manera exacta en que su vida se había arruinado. Afortunadamente había encontrado a un buen hombre dispuesto a ayudarlo, de lo contrario habría muerto desangrado en el bosque helado.

Pero aquel hombre no parecía estar por ningún lado y eso le asustaba. Las puertas estaban cerradas, la cama, la cocina y el baño estaban vacíos ¿Y si Castiel se había ido? ¿Y si había decidido que era mejor dejarlo allí para que muriera? Estaba a punto de transformarse de nuevo a su forma humana, cuando el sonido de fuertes pisadas en el exterior lo detuvieron. Pronto la puerta se abrió revelando la figura que tanto esperaba ver, con las botas cubiertas de tierra y las manos cargadas de bolsas.

A la luz de la mañana Castel lucía hermoso, Dean debía reconocerlo. Su salvador tenía un cabello oscuro enmarcando su rostro pálido y un par de ojos azules, del color más profundo e intenso que jamás hubiera visto, era alto y delgado, de apariencia fuerte y dulce a la vez, con una sonrisa amable y dientes perfectos. Su apariencia era agradable, también su voz y sus manos gentiles, de seguro debía ser un ángel.

Al verlo entrar una oleada de alivio y alegría reemplazó la oscuridad en su interior y sin poder controlar sus emociones, se puso de pie y corrió para recibir al hombre con un abrazo que por poco lo derriba, su cola se movía de un lado a otro sin control y no pudo evitar lamer su cara en un gesto de cariño y gratitud. Las bolsas de Castiel cayeron al suelo ante el repentino recibimiento y estalló en risas mientras intentaba inútilmente defenderse de aquel ataque de afecto.

- Hey, amigo, estoy aquí, no pensabas que iba a dejarte ¿verdad?

Dean ladró dos veces y se apartó para dejar pasar a Castiel, aun meneando la cola, aunque cojeaba levemente al caminar.

- Oye, debes calmarte o de lo contrario volverás a abrir tu herida. Por cierto, te traje algo que sé que te va a encantar – llevó las bolsas que había traído hacia la cocina y sirvió en un plato parte de su contenido, mientras el lobo lo miraba con curiosidad, sentado en el suelo, con la cabeza ladeada en un gesto interrogante.

- Es tu desayuno, espero que te guste, fui muy temprano a la ciudad para comprarlo sólo para ti.

Dean vio con disgusto que se trataba de comida para perro, lucía como cereal pero su olor era similar al cartón mojado y algo le decía que su sabor sería mucho peor, no podía imaginar cómo los perros podrían comer algo tan desagradable.

Por otro lado, Castiel vio con desilusión cómo el perro olía el contenido en el plato para luego alejarse sin interés. El animal intentó llevarse un pequeño granito a la boca, sólo para escupirlo al instante.

- ¿No te gusta? – preguntó con decepción – o tal vez no tengas hambre. Lo dejaré aquí por si decides comer más tarde – pero Dean estaba seguro de que eso no sucedería.

Castiel regresó a la cocina para servirse su propio desayuno, tomando asiento en el comedor y exhalando un suspiro de cansancio; había corrido a la ciudad con el propósito de conseguir alimento para su "perro" antes de que despertara, pero este no había mostrado ningún interés en la comida. Debió prever que eso podría suceder, puesto que los animales no sabían agradecer como los humanos acostumbraban, ni podían comprender el esfuerzo y los pequeños sacrificios que hacían por quienes sentían afecto.

Vio con curiosidad como el animal se acercaba cojeando hasta su lugar en la mesa, sentándose en sus patas traseras, mirando hambriento el contenido en el plato de Castiel. El hombre sonrió con pesar antes de tomar un trozo de tocino y ofrecérselo al lobo, cuyos ojos vedes se iluminaron antes de devorar de un bocado el tocino.

- No estás acostumbrado a la comida para perro ¿verdad? Pero no creo que pueda compartirte mi comida, he escuchado que la grasa y la sal le hacen mal a tu cuerpo y a tu pelaje.

Dean gruñó con enojo antes de alejarse y acurrucarse en un rincón, incapaz de ver a Castiel disfrutar de un delicioso desayuno, mientras él, debía ignorar el constante rugido de su estómago o decidirse a comer la asquerosa comida para perro.

- A veces pienso que puedes entender lo que digo – comentó Castiel entre risas al ver la reacción del animal – debes ser un perro muy listo… me pregunto quién pudo haberte abandonado… y peor aún, quién pudo haberte disparado… Tal vez fue un maldito cazador, porque me cuesta creer que hayas atacado a alguien.

El cuerpo de Dean se tensó ante aquellas palabras; en efecto había sido un cazador quien le había disparado, pero no de la clase que Castiel imaginaba y no por las razones que sospechaba, porque ciertamente había hecho daño a alguien, a alguien importante… sólo esperaba que no llegase nunca a hacerle lo mismo a Castiel. Pero ¿cuánto tiempo estaría allí? No le molestaría vivir el resto de su vida fingiendo ser un perro con tal de mantenerse a salvo, pero dudaba que su cuerpo pudiese soportar tanto tiempo la transformación, apenas habían pasado 12 horas desde su inicio, pero sabía que pronto comenzaría a sentirse débil y a enfermar si no regresaba a su forma humana.

Castiel acababa de terminar su desayuno cuando vio al lobo saltando y gimiendo cerca de la puerta. Al ver que tenía su atención, el animal comenzó a ladrar y a moverse en círculos en frente de la puerta, intentando comunicarle algo.

- ¿Qué sucede, chico? – preguntó Castiel acercándose al lobo – ¿Quieres salir? Supongo que necesitar saciar tus necesidades biológicas, lamento ser tan desconsiderado. Sólo procura no alejarte demasiado.

Entonces abrió la puerta para dejar salir al animal, quien inmediatamente se precipitó hacia el exterior, siendo detenido por la luz brillante del sol, el cual lastimaba sus ojos sensibles. Nunca imaginó que la luz del día fuera mucho más brillante afuera que dentro de su habitación, así que aquello lo tomó por sorpresa. Abrió un solo ojo, luchando con el dolor y la irritación causada por el exceso de luz y caminó hasta levantar la pata en el árbol más cercano, liberando su vejiga por lo que duró largos minutos. Había estado reprimiendo sus necesidades por mucho tiempo, pero Castiel no se habría dado cuenta sin un empujón.

- Veo que ciertamente eres un chico – comentó Castiel con una sonrisa – no había tenido la oportunidad de ver tu sexo debajo de tanto pelaje… tal vez sea hora de ponerte un nombre.

Dean se acercó con curiosidad, temiendo el nuevo nombre que saldría de los labios de Castiel. Le gustaba su actual nombre, pero sabía que no podía conservarlo, pues no había forma alguna de hacérselo saber a Castiel sin cambiar a su forma humana.

- ¿Qué te parece "Jimmy"? – preguntó Castiel, a lo que Dean gruñó en respuesta. Siendo un animal grande e imponente pensaba que merecía un nombre que lo describiera como tal, que infundiera respeto y admiración en lugar de burla, un nombre que no le hiciera parecer un enorme y tierno oso de peluche.

- De acuerdo, puedo ver que no te gusta – respondió el joven entre risas - ¿Y qué tal Max? Es un nombre corto y fácil de recordar, además suena bien, te describe como macho alfa.

Dean movió la cola en un gesto de aprobación. Aunque Max era un nombre sencillo y común entre los perros, no pudo evitar caer en las palabras de Castiel.

- Entonces serás Max a partir de ahora, tal vez te cueste un poco acostumbrarte a tu nombre, pero eres listo y estoy seguro de que lograrás adaptarte a él.

Sabiendo que el lobo disfrutaba de estar al aire libre, Castiel tomó asiento en una roca, observando mientras el animal exploraba los alrededores, escarbando la tierra seca, olfateando las plantas y las flores, observando los árboles con asombro y curiosidad. Sonrió al verlo perseguir las aves de manera juguetona, aún con su pata lastimada, pensando cuán asombroso era el hecho de que los animales pudiesen ser felices con cosas tan simples, por eso siempre los había admirado y por eso disfrutaba tanto de la compañía de un animal, mucho más que la de un humano.

Había tanto que aprender de los animales, tanta lealtad, tanta humildad, tanta pureza, tanto deseo de vivir; en cambio en los humanos sólo había corrupción, deseo de poder, siempre buscando dominar y aplastar a quien fuese. Un animal jamás discriminaría o rechazaría a alguien por ser físicamente feo, raro u homosexual, por ser cristiano o musulmán, por ser de izquierda o derecha, nada de eso importaba para ellos, pero un humano podría matar por ello, lo cual Castiel siempre encontró ridículo.

Vio a "Max" abrir un hueco en la tierra y sumergirse dentro, probando la sensación fresca de la tierra aún en el verano y no pudo evitar echarse a reír, aún al ver su pelo dorado tornarse marrón y aun sabiendo que tendría que darle un baño.

- Amigo, desearía ser como tú – el lobo lo miró con atención, levantado las orejas en cuanto lo escuchó hablar – tu pata está lastimada y seguro que has pasado por tantas cosas horribles… y mírate, aun sigues en pie, jugando y disfrutando de las pequeñas cosas.

Dean se acercó lentamente, sintiendo su corazón partirse al ver la tristeza en los ojos azules de Castiel, su ángel salvador. Se recostó a su lado en lo que significaba un abrazo y lamió su cara pretendiendo darle un beso.

- Eres encantador – respondió Castiel entre risas, acariciando el cabello del animal – es tan fácil para ti amar y confiar en los demás, en cambio yo no puedo confiar en nadie; los humanos son crueles y en cuanto les entregas tu confianza, te clavan el cuchillo por la espalda, ellos engañan y hacen daño a su conveniencia… pero no te preocupes, Max, yo te protegeré de ellos y a cambio tú serás mi amigo.

… verás… – continuó con la mirada perdida en el horizonte – yo no tengo muchos amigos, todos piensan que soy demasiado raro y al final se alejan de mí, todos quieren un amigo divertido que les haga reír, alguien con el que puedan ir a fiestas, embriagarse, meterse en peleas y acostarse con chicas… pero yo no soy así, y tampoco puedo fingir serlo. Es triste que no pueda agradarle a nadie tal y como soy.

Dean gimió suavemente, sintiéndose terrible al no poder decir nada para hacerle sentir mejor. Era realmente triste que Castiel pensara de esa manera, pues a Dean le agradaba lo suficiente; no necesitaba ir a fiestas, embriagarse ni acostarse con chicas, simplemente le gustaba estar allí, disfrutando de la libertad por primera vez, escuchando la voz de Castiel, sentado a su lado, respirando su aroma, de esa manera lo creía lo suficientemente divertido, le hubiera gustado hacérselo saber.

- Ojalá hubiera un lugar en el mundo para quienes somos diferentes.

Castiel hablaba como si tuviese muchos años encima, pero claramente apenas era unos cuantos años mayor que Dean, aunque de seguro había vivido muchas más cosas, pues mientras él se hallaba encerrado y protegido en una habitación, Castiel se estaba enfrentando al mundo real.

- Pero seguro que no quieres escuchar mis comentarios deprimentes… ¿quieres dar un paseo?

Dean movió la cola y ladró en respuesta, sintiéndose emocionado ante aquella palabra. Quería conocer, ver el mundo, todo aquello de lo que se había perdido todos esos años.

- En serio, a veces pienso que puedes entender mis palabras.

El mayor se puso de pie y Dean caminó tras él, procurando no adelantarse, pues temía perderse, así que no se apartó de las piernas de Castiel.

- No iremos muy lejos, no es bueno para tu pata, sólo quiero que veas mi lugar favorito, me gusta ir a allí para leer, dibujar y tocar mi guitarra, siempre me lleno de inspiración cuando estoy allí.

… ¿Sabes? amo este lugar, pero sólo puedo visitarlo durante las vacaciones de verano. Siempre estoy estudiando, así que se me hace imposible venir más a menudo, y en invierno, todo se pone tan frío que mis hermanos me prohíben venir, tienen miedo de que salga de casa y me congele aquí solo… porque ellos nunca vienen conmigo. De todos modos es mejor así, este es mi santuario, no sería lo mismo con mis hermanos aquí perturbando la paz.

Entonces Castiel se detuvo frente al paisaje más hermoso que Dean había visto hasta el momento, justo como aquellos que aparecían en las fotografías y en las películas, como aquellos que Bobby le había descrito tantas veces. Era un claro en medio del bosque, donde había un estanque, azul y cristalino, habían flores de todos los colores y mariposas revoloteando a su alrededor. Si Dean estuviese en su forma humana, estaría sonriendo como un tonto y sus ojos verdes estarían abiertos y brillantes de emoción.

- ¿Te gusta, Verdad? No sé cuánto tiempo hayas estado merodeando por aquí, tal vez lo hayas visto antes, es una buena fuente de agua para los de tu especie.

Dean se acercó lentamente al estanque y sumergió su hocico, probando el sabor del agua. Al primer sorbo, el agua ascendió por su nariz, haciéndole toser un par de veces.

- Eres algo torpe ¿no es así? – observó Castiel con una sonrisa - ¿Sabes? Cuando hace calor también me gusta sumergirme aquí ¿Sabías que hay peces en el fondo?

Dean levantó las orejas con curiosidad, nunca había visto un pez fuera de su refrigerador y justo ahora era como un pequeño niño conociendo el mundo, lleno de curiosidad y deseo de explorar. También quería ver los peces, pero desde la superficie sólo podía ver el cielo y las copas de los árboles reflejados en el agua. Pensó que tal vez podría nadar, siempre había soñado poder sumergirse y nadar como muchos humanos y animales lo hacían, y si Castiel podía hacerlo, quería decir que no era peligroso. Así que comenzó sumergiendo la pata delantera, el agua estaba fría, pero no lo suficiente para hacerlo retroceder. Sumergió la otra pata y luego el resto del cuerpo, zambulléndose por completo.

- ¿Max? – escuchó exclamar a su amo confundido - ¿qué estás haciendo?

Intentó darse la vuelta para ver el rostro de Castiel, pero lo único que logró fue hundirse. No podía tocar el fondo, el estanque era lo suficientemente profundo para cubrirlo en su forma animal. Sabía que el truco consistía en mover frenéticamente sus patas, pero ni siquiera eso ayudaba a mantenerlo a flote. El agua entraba por su nariz y su boca, asfixiándolo, también por sus oídos, impidiéndole escuchar la voz preocupada de Castiel, llamando su nombre. No vio los peces de colores en el fondo oscuro, de hecho no vio nada más que la luz en la superficie. Tampoco se sintió divertido, sólo sintió la desesperación a causa de la falta de aire y la sensación ardiente en sus pulmones, acompañados del miedo intenso de morir.

.

.

N/A: Agradezco a DracoLucy, SweetBitch, DCFE y a Pamys-Chan por sus comentarios, como siempre es un placer leerlos y saber sus opiniones, también doy las gracias por todos los follows y favs, me alegra saber que hay alguien que disfruta de esta historia. Por cierto, me disculpo por la tardanza, para la próxima procuraré actualizar más pronto.