Castiel se hallaba sentado en una roca semiplana divisando el paisaje, hablándole al perro sobre cosas que sabía que su pequeña mente jamás comprendería, sin importar que tan listo fuera, sin importar cuanto pareciera que lo escuchaba, sabía que jamás entendería sus palabras. Le hablaba simplemente porque le hacía sentirse escuchado, le hacía sentirse en compañía de un verdadero amigo. Max jamás lo juzgaría, jamás lo rechazaría, ni se aburriría de su charla sin sentido; simplemente elegiría quedarse a su lado por encima de todo, siempre y cuando le ofreciera comida, un techo y caricias ocasionales.

No supo cómo sucedió, al principio el perro simplemente estaba bebiendo agua del estanque, luego sus patas comenzaron a acariciar la superficie de manera juguetona y al siguiente instante el perro había caído al agua. Castiel pensó que nadaría de nuevo a la orilla y que lograría salir por su cuenta sin dificultad, pero el animal chapaleaba con desesperación, sin lograr nadar en absoluto. Le escuchó ladrar un par de veces, como si pidiera auxilio y continuó chapaleando hasta que las fuerzas le fallaron y comenzó a hundirse.

Castiel supo entonces que era momento de intervenir, se deshizo de su camisa y sus zapatos en tiempo record y se lanzó al agua. El agua apenas le llegaba al pecho, pero al perro lo cubría por completo. No fue difícil hallarlo y atraparlo, afortunadamente el animal se hallaba con vida y aún consciente.

- Hey, amigo ¿te encuentras bien? – preguntó con preocupación, sosteniendo al animal contra su pecho. Max tosió y estornudó un par de veces y luego posó su enorme hocico en el hombro de Castiel, sintiéndose protegido y seguro – no vuelvas a asustarme de esa manera. Vamos, salgamos de aquí.

En tierra firme el perro era mucho más pesado pero Castiel logró sostener su peso hasta dejarlo a salvo en el suelo. Max tosió de nuevo y luego escupió montones de agua sobre la hierba ahora mojada y una vez terminó, sacudió todo su cuerpo para deshacerse del exceso de humedad en su pelo.

- No entiendo, pensé que podrías nadar por instinto como todos los animales ¿es por tu pata? ¿acaso tu herida está tan mal?

Dean también pensó que podría nadar por instinto, pero claramente este no funcionaba en licántropos, ahora sabía que debía aprender cómo nadar o mantenerse alejado del agua, también aprendió que debía hacer menos caso a su curiosidad.

- Max, lamento mucho lo que pasó, sólo quería que disfrutaras el paisaje conmigo… y mira, casi te pierdo.

Dean se sintió terrible al ver la mirada afligida de Castiel, el joven pensaba que era su culpa, cuando todo había sido culpa de Dean, había estado tan emocionado por conocer el mundo que olvidó pensar en las consecuencias y lo último que quería era arruinar los bonitos recuerdos de Castiel sobre ese lugar.

No se dio cuenta en qué momento sus orejas se pegaron a su cráneo y su cola encontró lugar entre sus patas, pero Castiel lo notó, se inclinó a su lado y acarició su cabeza empapada.

- Está bien, amigo, no estoy enfadado, sé que fue un accidente ¿quieres ir a casa?

La postura de Dean se relajó e inmediatamente se puso de pie, estar afuera era divertido, pero ahora estaba agotado y moría de frío. Castiel no se preocupó por vestirse, de todos modos no había nadie allí en medio del bosque que pudiese hallarlo caminando sin camisa y empapado. Comenzó a caminar invitando al lobo a seguirlo y Dean obedeció, aprovechando la oportunidad para apreciar los músculos de la espalda de Castiel y la piel clara y perfecta que la cubría brillando bajo los rayos de sol, que se reflejaban a su vez en las gotas de agua que caían por su espalda a medida que caminaba.

Dean se preguntaba si su propia espalda sería tan hermosa como la de Castiel o si su belleza se debía al hecho de que era un ángel, un ser humano perfecto y bondadoso, de aquellos que según su padre, ya no existían… a veces le costaba creer que fuese real, un humano perfecto por dentro y por fuera.

En casa, antes de cambiarse de ropa, incluso antes de secar su propio cuerpo, Castiel secó el pelaje de Dean con una toalla, con la mayor gentileza posible y Dean se sintió alagado al saberse la prioridad de Castiel, al sentir su aprecio y su preocupación. El joven tardó poco en cambiar su ropa húmeda por un atuendo seco y cómodo, pero Dean observó cada segundo, detallando cada centímetro de la piel del otro hombre con curiosidad y admiración, nunca había visto desnudo a otro hombre, pero sabía que Castiel era particularmente hermoso.

- ¿Qué sucede? ¿por qué me miras de esa manera? – preguntó Castiel con diversión al notar los ojos verdes del lobo clavados en su cuerpo – no me digas que tienes hambre, porque déjame recordarte que aún tienes tu comida servida en el suelo.

Dean arrugó el hocico, recordando con asco el sabor de la comida para perro. Tenía hambre, mucha en realidad, pero no lo suficiente para comer semejante porquería. Castiel se echó a reír al ver su reacción y procedió a acurrucarse en el sofá, en frente de la vieja televisión.

- Ven aquí, amigo, déjame cambiarte ese vendaje húmedo.

Dean subió al sofá, tomando asiento junto al otro, tal como le había indicado y permitió que las manos suaves y gentiles de Castiel tomaran cuidado de su pata lastimada. Ni siquiera le dolió un poco, Castiel siempre era delicado cuando lo hacía y no cabía duda de que se preocupaba por él, más de lo que nadie nunca lo había hecho.

Pasaron el resto de la tarde viendo la televisión, con Castiel a su lado cepillando su pelaje y acariciando su cuerpo. No podía negar que se sentía bien, se sentía estupendo. Aun le dolía recordar a su familia y lo que su padre le había hecho, aún se preocupaba por Sam, extrañaba a Bobby y a John a cada segundo; pero al estar al lado de Castiel, toda la tensión y la tristeza desaparecían. Allí se sentía libre por primera vez, se sentía seguro y querido, allí ya no se sentía solo, tenía toda la compañía que siempre deseó y por primera vez sintió que comenzaba a vivir. Antes en aquella celda, sentía que su vida estaba en pausa, que se limitaba a la simple monotonía de sobrevivir y mantenerse ocupado, pero ahora sentía que podría vivir de verdad, aunque fuese en la forma de un lobo… o un perro, según Castiel.

En la noche, Dean pensó que tendría que dormir de nuevo en el suelo duro y frío, pero Castiel, inesperadamente le llamó y palmeó el colchón a su lado, concediéndole el permiso para subir a su cama. Sin dudarlo un segundo el lobo obedeció, acurrucándose junto al cuerpo caliente de su amo.

- Me alegra que puedas entender todo lo que digo – dijo Castiel, acariciando la cabeza del perro - ¿Te molesta si toco la guitarra un rato?

Dean movió la cola en respuesta y Castiel comprendió la señal, dirigiéndose al armario para tomar su guitarra acústica. Volvió a sentarse en la cama junto a Dean, tocando melodías suaves y tranquilas, tarareando suavemente para acompañar la música. Cantaba ligeramente fuera de tono, pero no se escuchaba mal a los oídos de Dean, de hecho le arrullaba aquel murmullo que salía de los labios de Castiel acompañado por los arpegios tranquilos y vibrantes de la guitarra. Quería escuchar cada nota, cada instante, ver cada detalle plasmado en el rostro de Castiel, sus ojos azules, sus labios delgados, su cabello negro despeinado y la barbilla sin afeitar, las manos finas y delicadas tocando las cuerdas de la guitarra… pero se quedó dormido, arrullado por la música, mucho antes de que Castiel terminara la canción.

ooOoo

Al día siguiente, Castiel fue el primero en despertar. Cuando Dean abrió los ojos el joven ya se hallaba despierto, con el cabello húmedo por el baño, bebiendo una taza de café en la pequeña cocina ubicada al fondo de la cabaña. Parecía silencioso y preocupado, mirando en su dirección ocasionalmente. Eran más de las 10:00 am. y Dean aún se sentía cansado, sentía frío y un fuerte dolor en todos sus huesos. Al parecer Castiel se había percatado de su malestar, ya que en algún momento le había arropado con las mantas y además le había permitido dormir hasta tan altas horas de la mañana.

Dean sabía que el malestar se debía al largo tiempo de su transformación, su cuerpo le ordenaba regresar a su forma humana, pero no podía hacerlo, no en frente de Castiel, tenía que encontrar la manera de tener un tiempo a solas para poder transformarse de nuevo, sin que Castiel se diera por enterado.

- Hey, estás despierto – Saludó Castiel con voz suave, acariciando la cabeza del lobo - ¿Cómo te sientes, amigo?

Dean gimió en respuesta, indicándole que no se sentía precisamente bien, ni siquiera quería levantarse de la cama.

- Lo sé, Max, sé que te sientes mal, tienes un poco de fiebre, pero tienes que comer algo y tienes que ir al baño ¿quieres intentarlo? Te prometo que te dejaré dormir el resto de la tarde si es lo que quieres.

Dean quería protestar, pero sabía que tenía razón, su boca se sentía seca y su vejiga pesada. La puerta de la cabaña se encontraba abierta, así que Dean encontró las fuerzas para levantarse y salir, siendo seguido de cerca por Castiel, quién analizaba cada uno de sus movimientos; por supuesto se percató de la manera en que Dean se tambaleaba y le costaba mantener el equilibrio al levantar la pata en el árbol. No pasó mucho tiempo afuera, aunque le hubiese gustado tener las fuerzas para quedarse a jugar, a correr y explorar, pero se sentía débil y cansado. Así que regresó al interior de la cabaña, bebió un poco de agua y nuevamente pasó de largo por la asquerosa comida para perro.

- ¿Aún no quieres comer? – preguntó Castiel con desilusión – espera, déjame intentar algo más y por favor, prométeme que intentarás comer un poco.

Pero Dean no podía prometer nada, en especial si se trataba de más comida para perro.

Castiel sirvió un poco de leche en un tazón y lo puso en el suelo para que Dean lo bebiera, acompañándolo con trozos de pan y Dean estaba feliz de ver algo de comida decente después de tanto tiempo. Bebió la leche con rapidez y devoró el pan de un bocado, sintiéndose mucho mejor… esperaba que aquello pudiese ayudarle a recuperar sus fuerzas y a resistir un poco más su transformación, al menos hasta que Castiel se quedara dormido en la noche o le dejara a solas un instante.

- Oh, gracias a Dios – suspiró Castiel con alivio – pensé que ibas a morir de hambre, estaba tan preocupado… Ahora puedes regresar a la cama si deseas.

Dean esperó unos segundos y caminó de regreso a la cama con pasos lentos para volverse a acurrucar entre las mantas, cómodas y tibias. Castiel encendió la televisión y se sentó a su lado mientras Dean dormía tranquilamente, queriendo mantenerlo vigilado en caso de que algo cambiara con su evidente enfermedad.

El sonido de tres fuertes golpes sobre la puerta de madera le despertó horas más tarde. Pensó que no vivía nadie más por los alrededores y que Castiel no solía recibir visitas, por lo tanto todas las alarmas se encendieron en su cerebro. Pensó que quizá su padre lo había encontrado de alguna manera y ahora venía para terminar el trabajo y dispararle está vez en medio de los ojos, o quizá se trataba de otro cazador, tal vez sabía lo que era y venía para exterminarlo. Pero Castiel no parecía sorprendido o preocupado en absoluto, se levantó de la cama con rapidez y se dirigió hacia la puerta.

- Hola, Cassie ¿Cómo estás, amigo? – saludó un hombre completamente desconocido para Dean, palmeando la espalda de Castiel en un gesto amistoso.

- Balthazar – saludó Castiel en un tono grave, desprovisto de la dulzura que siempre usaba al hablarle a Dean, sin embargo, tampoco sonaba hostil, sólo algo inexpresivo – te estaba esperado.

- Lo sé, siempre acabo perdiéndome aquí, tú cabaña está en medio de la nada, amigo, si no fuera por el humo en la chimenea, nunca la habría encontrado. Ahora dime ¿dónde está el chico?

Dean sintió el pánico crecer en su pecho, imaginando cientos de cosas terribles ¿Y sí Castiel sabía lo que era en realidad y había contratado a alguien para asesinarlo? ¿Y si Castiel no quería tenerlo más y había decidido entregarlo a otra persona?

- Está justo aquí – respondió Castiel, pero al darse la vuelta se encontró con una cama vacía – debe estar escondido en algún lugar.

Balthazar se echó a reír antes de entrar y cerrar la puerta tras su espalda – Creo que el pequeño Max es un poco tímido.

- No lo era conmigo, pensé que sería igual con todo el mundo.

- Tal vez piensa que tienes cara de perro y por eso no te tiene miedo – bromeó mientras tomaba asiento sobre el sofá, exhalando el cansancio de la larga caminata.

- No es gracioso, Balthazar, ayúdame a encontrarlo. ¡Max! – llamó, pero el lobo no respondió.

- La cabaña no es muy grande, seguro está escondido debajo de la cama, chico listo.

Castiel suspiró intentando calmarse – tienes razón – entonces se inclinó para ver debajo de la cama, encontrándose con un par de luces verdes en medio de la oscuridad, lo cual asumió que se trataba de los ojos de Max.

- Ahí estás, amigo – extendió la mano para agarrar la pata del lobo, el cual respondió con un gruñido de advertencia, pero Dean no le haría daño, aún estaba fresco en su memoria el daño que le había causado a Sam y sin importar que esta vez le costara la vida, no le haría lo mismo a Castiel, no permitiría que su instinto tomara el control.

- Oye Cas, eso no sonó muy bien, tal vez deberías apartarte hasta que el chico se calme un poco – le advirtió Balthazar. Por lo profundo e intimidante de aquel gruñido podía saber que se trataba de un perro bastante grande, tal vez el pequeño Max no era tan pequeño después de todo.

- Está bien, lo tengo, Max no me haría daño ¿Verdad, amigo?

Dean gimió un par de veces e intentó retroceder lejos de Castiel.

- Cassie, sabes que no es una criatura del todo racional, actuará por instinto si se ve amenazado – Intentó advertirle su amigo.

- Pero él es diferente – refutó, para luego dirigirse al perro - Max, ven aquí, Balthazar es un amigo, es veterinario y ha venido para ayudarte, te prometo que no va a hacerte daño.

- En verdad eres idiota – se burló Balthazar – no quisiera ser tu paciente cuando comiences a ejercer.

- ¿Podrías callarte? Intento calmarlo – gruñó con exasperación y luego volvió a dirigirse al perro – Max, por favor, no tengas miedo, sabes que nunca haría nada para lastimarte.

Las palabras parecieron alcanzar al animal, ya que este salió lentamente de su lugar debajo de la cama, directamente a los brazos de Castiel. El joven sonrió satisfecho y abrazó al lobo, posando un beso sobre su frente, el cual logró que sus orejas se levantaran y su cola volviera a elevarse.

- ¿Lo ves? - le dijo a Balthazar - Te dije que era diferente.

- Bah, sólo tuviste suerte… ¡Oh maldición! – su expresión cambió cuando vio al animal, de la calma al asombro y una leve pizca de temor.

- ¿Qué sucede? – preguntó Castiel confundido, sin una pista de lo que pasaba por la mente de su amigo.

- Cas, en verdad eres el hombre más idiota que haya conocido – dijo mientras se acercaba a ellos con cautela – eso que tienes ahí no es un perro, es un lobo. No es una mascota, es un animal salvaje.

- Tienes que estar bromeando, he pasado dos días y dos noches con él y siempre se ha comportado como un perro domestico; le gusta perseguir las aves, jugar con ramitas, disfruta que le rasquen detrás de las orejas e incluso ha dormido conmigo en mi cama, en ningún momento ha intentado escapar o atacarme. No puede ser un animal salvaje.

- Es un animal muy listo, seguro te ve como su salvador y por eso se ha encariñado contigo, pero eso no quiere decir que puedes quedártelo. De todos modos ¿Cómo pudiste pensar que es un perro? Mira su tamaño, sus enormes colmillos y su pelaje abundante, tiene más pelo que carne.

- Pensé que era un Golden retriever, son animales grandes y de pelaje dorado, como Max – intentó justificarse, encogiéndose de hombros.

- ¿En verdad nunca has visto un Golden retriever? Está lejos de ser de su tamaño – Balthazar exhaló un suspiro cansado apretándose el puente de la nariz con los pulgares - ¿qué vas a hacer ahora, Cas?

- No voy a dejarlo, no me importa si es un lobo, un ganso o un hipopótamo, Max es mi amigo y voy a ayudarlo.

Dean movió la cola con alivio, en verdad Castiel era una persona asombrosa, llena de amor y compasión. Ladró con alegría y lamió la cara de Castiel en un gesto de gratitud, queriendo mostrarle también al otro hombre que no era peligroso.

- Sabes que los lobos no son mi especialidad ¿verdad?

- No creo que sean tan diferentes a los perros domésticos.

- Sí, excepto por su dieta y su comportamiento salvaje– respondió con cansancio.

- Como puedes ver, Max es adorable, es sólo un enorme oso de peluche, no dejes que te asuste.

- De acuerdo, intentaré examinarlo, pero si algo malo sucede me las pagarás ¿cómo terminé siendo tu amigo? ¿y cómo es que siempre me convences de hacer esta clase de locuras? – suspiró nuevamente y se acercó a Dean con cautela – Ven, amigo, sólo quiero revisar tu pata ¿vas a ser un buen chico para mí? Oh Dios, me siento tan estúpido… mejor trae algo con que atar su hocico.

- Tengo un bozal, espera un segundo.

Comprendiendo que sería lo mejor, Dean permitió que el hombre cubriera su hocico con el bozal, sin importar cuanto le molestara aquella cosa, no quería morder a alguien por accidente y empeorar su situación.

El hombre quitó con cuidado la venda de la pata del lobo y examinó la herida, procurando no lastimarlo.

- Creo que has hecho un buen trabajo, Cassie, tal parece que no eres un completo retrasado después de todo.

A Dean le disgustaba la manera en que Balthazar se dirigía a su amigo, Castiel era un chico bastante inteligente desde su punto de vista, pero por el momento era mejor dejarlo pasar.

- La herida está sanando muy bien, diría que bastante rápido, no hay señales de infección – continuó Balthazar – no hay razón para que le impida caminar erguido o nadar.

- Entonces a qué puede deberse el hecho de que no haya podido nadar para salir del agua aquel día y por qué se tambalea cuando camina últimamente – preguntó Castiel, acariciando la cabeza de Dean para ofrecerle tranquilidad.

- Tal vez es tan tonto como tú – bromeó, pero Castiel lo fulminó con la mirada, dándole a entender que se trataba de algo serio – de acuerdo. Mencionaste que no ha estado comiendo ¿verdad?

- Se ha rehusado a probar la comida para perro, sólo ha bebido agua y esta mañana bebió un poco de leche.

- Eso se debe a que es un lobo y por lo tanto no está acostumbrado a la comida para perro – respondió el otro - De seguro esa es la razón por la que no logró salir del agua y no puede caminar correctamente; está demasiado débil por la falta de alimento. Puedo ver que está bien hidratado, pero parece algo delgado y si no come pronto comenzará a desnutrirse y a enfermar aún más.

- ¿Y qué podría darle de alimento?

- Tal vez deberías dejarlo cazar.

Castiel lo miró con enojo antes de hablar – escucha, puedo ser tonto, pero incluso yo puedo ver que Max no se comporta como un animal salvaje, alguien antes de mí debió domesticarlo, puedo apostar que ni siquiera sabe cazar; le gusta perseguir las aves pero nunca ha podido atrapar una, ni siquiera se da por enterado cuando una liebre se mete entre sus patas y además es demasiado torpe.

Dean debió sentirse ofendido por ello, pero sabía que Castiel tenía razón, nunca antes había tenido la oportunidad de cazar, todos sus alimentos durante su infancia fueron proporcionados por su madre y luego de ser encerrado, Bobby y su padre se dedicaron a proveer todos los alimentos necesarios y meterlos en su refrigerador. Podía cocinar perfectamente, pero no podía cazar ni la más pequeña criatura, tal vez no por falta de fuerza, era un lobo después de todo y estaba seguro de que con un poco de práctica se convertiría en un depredador temible, pero odiaba la idea de matar, no quería tener que ver nunca la sangre corriendo fuera del cuerpo de un ser viviente y la vida escapando de su pecho.

- De acuerdo, en ese caso lo mejor es que le sirvas carne, preferiblemente cruda y sin sal, puede ser de cualquier animal, los lobos cazan casi cualquier cosa que se atraviese en su camino.

Y ahí iban de nuevo los malos consejos. Para Dean, era igual comer carne cruda que comida para perro, tampoco podría comer carne de algún animal extraño… y la sal, amaba la sal en sus comidas.

- Muy bien, chico, creo que ya podemos soltarte. Procura no morderme ¿eh? – habló Balthazar mientras liberaba el hocico de Dean. El lobo permaneció quieto, evitando asustar al otro hombre, además se sentía demasiado agotado para hacer cualquier movimiento.

Castiel se levantó lentamente con una sonrisa y se dirigió al refrigerador, sacando dos botellas de cerveza que hacían que la boca de Dean se hiciera agua, pero la segunda botella era para Balthazar.

- Te lo agradezco, Balthazar, en verdad nos has ayudado.

- Sí, me alegra haber venido, de lo contrario aún estarías mimando a ese enorme lobo como si se tratara de un cachorrito – dejó escapar una carcajada al pensar en la estupidez de su mejor amigo – pero déjame decirte, es un hermoso espécimen el que tienes ahí. Nunca había visto un pelaje de ese color en un lobo, aunque por supuesto, nunca antes había visto a uno en persona.

- Lo sé, con su forma de actuar quién hubiera imaginado que se trataba de un lobo – Castiel lo acompañó en sus risas y Dean se encontró maravillado al verlo reír de esa manera -¿sabes? creo que tu trabajo es asombroso – dijo Castiel, mientras ambos tomaban asiento cómodamente en el sofá.

- Créeme, es mejor el tuyo – repuso Balthazar dándole un sorbo a su cerveza. Dean por su parte se limitó a acurrucarse a los pies de ambos para escuchar mejor su conversación – verás, es difícil examinar a los animales; ellos jamás podrán decirte qué les asusta o dónde les duele, lo cual lo hace todo más difícil, ellos no pueden entender lo que haces, no pueden entender que lo que buscas es ayudarles, por eso siempre te verán como su enemigo.

- Esa es la mejor parte, es un trabajo duro y desinteresado, todo lo haces por ellos, aunque luego te odien.

- Algunos lo hacen sólo por dinero – dijo Balthazar encogiéndose de hombros – pero ni tú ni yo somos ese tipo de personas.

- Tienes razón. Escucha, no me molesta mi carrera, de cierta manera la disfruto, salvar vidas humanas, ayudar a la gente… pero no todo es color de rosa y lo sabes; tienes que lidiar con personas, con familiares agresivos, pacientes moribundos, el enorme peso sobre tus hombros al saber que una vida humana depende de ti…. Si hubiera tenido elección hubiera preferido convertirme en veterinario.

- Aun puedes hacerlo, eres joven.

- No – dijo Castiel con una sonrisa llena de amargura– sabes cómo son mis hermanos, en especial Miguel, toda mi vida se limita a seguir sus órdenes. Él ha cuidado de mí desde muy joven, por eso cree que se lo debo. Sabes que no soy el más listo, entrar a una buena universidad parecía algo imposible para mí, pero mi hermano movió todos sus contactos e hizo lo imposible para que pudiera estudiar la mejor carrera en una de las mejores universidades, no puedo simplemente decirle que no era exactamente lo que quería.

- No creo que seas tonto, Cas, a pesar de todas mis bromas. Realmente creo que con un poco de esfuerzo podrás ingresar a la universidad que desees… eso y un buen trabajo para pagar tu carrera.

Castiel suspiró y volvió a beber de su botella antes de hablar – te lo agradezco, pero sé que necesito mucho más que "un poco de esfuerzo"

- De todos modos eres bueno en lo que haces, puedes terminar tu actual carrera y luego estudiar lo que desees. Tienes tiempo de sobra, amigo, aprovéchalo mientras eres joven.

- Hablas como un anciano – se burló Castiel, haciendo sonreír al otro hombre.

- Soy mayor que tú, es mi deber aconsejarte.

Castiel sonrió con gratitud y con afecto. Dean había escuchado antes cuan resentido se encontraba con la sociedad, pero por su forma de hablar y mirar a su amigo, además de sus movimientos tranquilos y despreocupados y la hermosa sonrisa en su rostro, podía saber que en realidad apreciaba a Balthazar. A pesar de sus bromas pesadas y sus comentarios, podía ver que él también apreciaba a Castiel, podía ver que ambos eran amigos, aunque Dean nunca había tenido uno… al menos antes de conocer a Castiel.

Por un momento sintió celos de Balthazar; le hubiera gustado poder hablar y ofrecerle consejos al otro, darle palabras de aliento y sacarle las más bellas sonrisas, pero mientras estuviera en esa forma, jamás podría hacerlo. Dean se preguntaba, si algún día Castiel llegase a conocerlo en su forma humana, lo aceptaría de igual forma, sería agradable ante sus ojos o tan molesto como el resto de las personas. No había nada que lo atemorizara más que causar una mala impresión en el joven y ganarse su desprecio.

Balthazar se marchó antes de que la tarde cayera, temiendo que oscureciera y pudiera perderse en medio del bosque. Castiel había insistido en que debía pasar la noche allí, pero Balthazar se negó, alegando que tenía trabajo que hacer temprano en la mañana.

Castiel no se separó del lado de Dean por el resto del día, sin darle oportunidad para transformarse y aliviar un poco el dolor en su cuerpo. Nunca había pasado tanto tiempo en su forma animal y eso le asustaba, se sentía tan mal que pensaba que tal vez podría morir si no hacía algo al respecto.

Castiel le sirvió un poco de carne cruda en un plato, pero Dean nuevamente se negó a comer. El joven parecía desilusionado y preocupado, pero iba en contra de los principios de Dean comer carne de esa manera, aunque su olor fuera apetitoso para su nariz de licántropo. Había sido parte de la crianza de Dean, su padre le prohibió comer la carne cruda ya que era la principal causante de agresividad en los de su especie, esperaba que Castiel pudiera entenderlo.

- Tampoco te gusta ¿verdad? – dijo con un suspiro cansado – quien te domesticó debió acostumbrarte a comer sobras. Seguiré intentando con otras cosas y mañana le preguntaré a Balthazar que otra clase de alimentos son buenos para ti.

Tuvo que conformase de nuevo con pan y leche, los cuales apenas pudo probar ya que le costaba mantenerse en pie y las náuseas comenzaban a hacerse más fuertes conforme pasaba el tiempo. No tenía apetito, pero sabía que debía comer para mantenerse fuerte y resistir un poco más, al menos hasta que Castiel se quedara dormido.

Pero en la noche el dolor se hizo más fuerte, se sentía mareado y débil. Tenía la sensación de que la transformación está vez sería involuntaria y regresaría a su forma humana en cualquier momento, luchaba contra ello con todas sus fuerzas y eso era lo que causaba tanto dolor. No podía dejar de gemir y retorcerse y Castiel estaba tan preocupado que lo último que pasaba por su mente era dormir, aunque ya era casi media noche.

- Oh Dios, Max – exclamó con desesperación, pasando sus manos sudorosas por su cabello, sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos. Castiel realmente pensaba que iba a morir… y Dean también lo creía de cierta manera – intenté llamar a Balthazar pero no responde el teléfono, de todos modos, sé que nadie vendría hasta aquí a tan altas horas… lo siento tanto, amigo. No sé qué hice mal, no sé qué te sucede, pero espero que puedas perdonarme por ser tan tonto… por favor resiste.

Dean quería hablarle, decirle que no era su culpa, que no había nada que pudiera hacer para calmar su dolor y que probablemente todo estaría bien. Pero aunque pudiera hablar, le sería imposible a causa de tanto dolor. Castiel estaba llorando, derramando lágrimas de miedo y tristeza y Dean se sentía aún más terrible de ser posible… ahora también le dolía el pecho.

El cuerpo de Dean ardía en fiebre y el dolor en sus huesos fue haciéndose más intenso conforme pasaban los minutos, ya no podía contener los gemidos y aullidos que escapaban de su garganta, ya ni siquiera podía ver u oír a Castiel a través del dolor. Pensó que estaba muriendo y con gusto recibiría la muerte con tal de no sentir más dolor. Pero en lugar de morir, su cuerpo comenzó a transformarse, reemplazando las patas de lobo por extremidades humanas, el pelaje abundante por piel de porcelana y el largo hocico por un rostro angelical.

Aún se sentía cansado y débil, pero el alivio fue inmediato, ya no había dolor, sólo el frío de hallarse desnudo en medio de la noche y el sudor frio empapando su cuerpo y su cabello. Había olvidado por un instante que tenía compañía, hasta que escuchó el grito de terror y de sorpresa que escapó de los labios de Castiel mientras retrocedía. Aun había residuos de lágrimas en sus ojos azules, pero lo que más lastimó el corazón de Dean, fue la mirada de pánico y horror en su rostro. Odiaba que las personas le temieran, en especial si se trataba de Castiel.

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NA: Muchas gracias a DCFE y Pamys-chan por sus comentarios, no dejen de seguir haciendolo ;)