Los ojos de Castiel se hallaban rojos e hinchados de tanto llanto, su amado Max agonizaba, aullaba de dolor, mientras que él estaba allí, impotente, sin una solución. No sabía qué había salido mal, el animal había comido y había descansado el tiempo suficiente, Balthazar había asegurado que nada malo pasaba con él ¿entonces cuál era el problema? ¿Por qué después de tanto el lobo estaba muriendo en sus brazos?
Había intentado llamar a todo el mundo, doctores y veterinarios, a sus hermanos y amigos de la universidad, pero sólo un par contestó su llamada y ninguno tenía una solución real que ofrecerle, ni siquiera una palabra de consuelo. Debió saberlo, nadie se interesaría en ayudar a un simple animal pasada la media noche.
Pero de pronto algo extraño sucedió, el cuerpo del lobo comenzó a convulsionar, pero en lugar de perecer allí mismo sus cuatro patas se doblaron en posiciones imposibles, su hocico se hundió en su rostro y poco a poco su abundante pelo dorado comenzó a desaparecer de su cuerpo. Castiel creyó que debía estar alucinando, pero aquella cosa que yacía en el suelo de su casa, lentamente parecía adquirir forma humana.
Los aullidos del lobo se transformaron en gritos humanos, el grave sonido de una voz masculina, pero este pronto calló. De repente lo que yacía en el suelo ya no era Max, era un joven, un muchacho de piel blanca y cabello rubio oscuro empapado de sudor. El chico se hallaba desnudo, tendido en el suelo respirando con dificultad, su cuerpo estaba delgado, su rostro lucía pálido y su cabello se encontraba pegado a su frente, casi cubriendo sus ojos, pero aun así pudo ver que era bastante atractivo; sus ojos eran verdes como los de Max y su mirada parecía amable e inofensiva… pero ni siquiera eso sirvió para tranquilizarlo y hacerle olvidar el horror que acababa de presenciar.
Castiel se alejó con un grito de terror, retrocediendo hasta chocar con la pared de la cabaña, claramente debía estar alucinando o en algún momento había perdido la conciencia y ahora se hallaba en medio de una pesadilla, de aquellas que se sentían demasiado reales…. Porque claramente lo que pasaba ante sus ojos era algo imposible, los lobos simplemente no podían transformarse en humanos.
- ¡Qué demonios! – exclamó Castiel con horror, sintiendo el pánico crecer en su pecho al ver al chico intentar levantarse con movimientos torpes y débiles. Quería hablarle, pedirle explicaciones pero tenía miedo de llamar demasiado su atención y hacer que lo atacara. Así que en su lugar, estiró el brazo y tomó el rifle que descansaba justo debajo de su cama. Lo guardaba allí para defenderse de animales salvajes y posibles atacantes humanos, pero nunca en realidad había tenido que usarlo.
- Cas – murmuró el chico una vez logró ponerse de pie – por favor no me mires así, no me tengas miedo… no tú.
- Oh Dios, debo haber perdido la cabeza – exhaló con voz temblorosa, sus manos temblaban también al apuntarle con el rifle. Aquella acción pareció intimidar realmente al muchacho, al menos así Castiel sabía que no intentaría acercarse.
- Baja el arma, sólo escúchame un segundo, puedo explicar todo esto.
- ¿Qué demonios eres? – preguntó con voz temblorosa por el miedo, aun sin atreverse a bajar el arma.
- Soy yo, Max. Bueno, mi nombre real es Dean, pero te juro que sigo siendo el mismo.
- Eso no es posible, Max es un perro… un lobo, tú eres un humano, eso no tiene sentido.
- Acabas de ver cómo me transformaba ¿aún sigues sin creerme?
- Lo vi, pero no era real, debiste ponerle algo a mi comida, alguna clase de fármaco o alucinógeno – Castiel tartamudeaba al hablar y sus ojos eran los de un hombre perdido en medio del pánico y el terror.
- Sabes bien que no, no intentes buscar explicaciones, sabes que lo que viste es real.
- Entonces debo haber perdido la cabeza, estoy loco – dijo con una risa desesperada que le hacía sonar como un verdadero demente.
- No estás loco, Cas. Sé que es difícil pero tienes que creerme, tienes que confiar en mí.
- No estoy obligado a hacer nada. No sé lo que eres, ni lo que quieres de mí, sólo quiero que te largues de mi casa o voy a dispararte.
Dean sintió una punzada de dolor en su pecho, nunca había escuchado a Castiel hablar de manera tan hostil. El tono de voz dulce que usaba con Max había desaparecido sin dejar rastro, ni siquiera hablaba con el tono grave pero amigable que usaba con Balthazar, el que escuchaba ahora estaba lleno de miedo y desprecio.
- Pensé que dijiste que éramos amigos – refutó Dean sintiéndose traicionado.
- Eso fue antes de saber que eras un monstruo.
- No me llames así, Cas. No soy peligroso, yo jamás te haría daño – intentó tragarse el nudo espeso en su garganta antes de continuar – Cuando te escuché hablar antes, pensé que entenderías lo que se siente ser diferente a los demás, pensé que podrías entenderme.
- ¿Cómo podría? No sólo eres diferente, eres antinatural… todo esto es una locura.
- Cas, sólo dame una oportunidad.
- ¡Deja de llamarme así! No me hables como si fuera tu amigo, ni siquiera te conozco – gritó enojado, causando que Dean se sobresaltara.
- Pero yo sí te considero mi amigo, me salvaste la vida y fuiste tan amable todos estos días, no entiendo qué es diferente ahora.
- No te hagas el tonto, me engañaste para poder quedarte en mi casa. Por Dios, te confesé tantas cosas, dejé que me vieras desnudo e incluso compartí la cama contigo.
- ¿Y qué tiene eso de malo? Es lo que hacen los amigos.
Castiel se echó a reír, pero Dean no sabía reconocer si se trataba de una risa de humor, burla o nerviosismo.
- Creo que he encontrado a alguien más tonto que yo – se burló Castiel, aunque en su rostro no había rastro real de diversión. Dean estaba asombrado, aquella persona no parecía ser el ángel perfecto que había conocido días atrás, era alguien totalmente diferente.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Dean sin ni siquiera darse cuenta, pero aquello no fue suficiente para disipar el miedo de Castiel o ablandar su corazón.
- Oye, por favor deja de actuar – le pidió Castiel, apenas atreviéndose a separar su espalda de la pared – mira, si no te vas ahora voy a disparate, no quiero matarte pero puedo dispararte en la otra pierna.
Había una herida fea y circular en el muslo izquierdo del chico, confirmando el hecho de que se trataba del mismo lobo herido que había albergado en su casa, pero ahora comprendía un poco la razón por la que había recibido ese disparo; seguramente debió provenir de alguien tan asustado como él.
Dean asintió y comenzó a retroceder lentamente hacia la puerta, temiendo que Castiel pudiera cumplir su promesa y sabía que le sería imposible sobrevivir en el bosque sin sus dos piernas funcionales.
- Está bien – Murmuró Dean antes de salir – me iré y no volveré a molestarte. De todos modos te agradezco por haberme salvado, por haber curado mi pierna y haber cuidado de mí todos estos días. Sólo déjame tomar algo para cubrirme, estoy desnudo y hace frío afuera.
- Toma esto y vete – Castiel le lanzó una sábana blanca, aquella con la que se cubría en las noches cálidas de verano y Dean se envolvió en ella antes de sonreír a Castiel con gratitud, aunque aún habían lágrimas cayendo por su rostro, y tal como lo prometió, salió de la casa al instante, enfrentándose al frío de la noche.
Caminó con lentitud extrema, esperando que Castiel se arrepintiera de su decisión y le llamara de regreso, pero pasaron los minutos y eso jamás sucedió. Claramente Castiel no estaba interesado en él como persona, sólo lo había tratado bien al creer que era un animal. Ahora que sabía que era un fenómeno, un monstruo, había reaccionado como el resto del mundo, con temor y rechazo, sin darle ni siquiera la oportunidad de hablar.
Pronto la cabaña de Castiel desapareció de su vista y Dean continuó caminando sin rumbo fijo, abrazando la sábana delgada que cubría su cuerpo. Aunque era verano, Dean temblaba de frío, estaba acostumbrado a la calidez de su habitación, de la que nunca antes había salido; allí nunca había tenido que pasar hambre, frío o sed, aunque se sentía solo y curioso del mundo que se hallaba afuera. Sabía que jamás podría regresar a su casa, pero ahora anhelaba poder estar allí, poder reposar su cabeza en las piernas de su padre mientras le contaba alguna historia de sus cacerías, poder jugar de nuevo con Sammy, escuchar los consejos de Bobby, poder tocar de nuevo su guitarra y jugar sus videojuegos. El paisaje ahora podía ser hermoso, pero la sombra de los árboles, el sonido de las hojas meciéndose con el viento frío de la noche, el sonido de los animales a lo lejos y el sentimiento de soledad y desamparo lo hacían sentirse increíblemente asustado.
Imaginó que si nunca hubiese tenido el deseo de salir, no lo habría perdido todo. Sólo quiso salir unos cuantos minutos y eso le costó la confianza de su familia y ahora no podía regresar con ellos. Había conocido a Castiel y estaba feliz por ello, pero su naturaleza le había costado también su amistad y ahora se daba cuenta de que no estaba destinado a tener una vida normal.
Después de largos minutos, quizás media hora, se recostó en el tronco de un árbol, detrás de algunos arbustos, abrazando fuertemente la sábana que lo cubría. Allí se permitió llorar abiertamente, dejando salir el dolor por el rechazo de Castiel y el anterior rechazo de su familia; deseó haber nacido como un humano, poder mezclarse con la sociedad como todo el mundo lo hacía, poder salir de casa y regresar cuando quisiera… poder tener una vida. Nunca había hecho daño a nadie, pero todos decidían temerle sin conocerlo, sólo por ser diferente, creyó que Castiel podría entender aquel sentimiento, pero ni siquiera él pudo hacerlo.
Lloró durante horas, lamentándose por todas la pérdidas que había sufrido durante las últimas semanas, por Castiel, por su familia, por su deseo de libertad frustrado. Pensó que quería libertad, pero ahora se daba cuenta de que la libertad era aterradora. Ahora lo único que podía hacer era regresar a casa y arriesgarse a que su padre lo asesinara o quedarse allí y arriesgarse a morir de hambre y frío.
Al final se quedó dormido, acurrucado en el suelo, abrazado a la sábana blanca, la cual tenía impregnada el aroma suave y tranquilizante de Castiel.
ooOoo
Castiel por su parte no pudo conciliar el sueño, las manos aun le temblaban y su corazón latía con fuerza dentro de su pecho. Le costaba creer que lo que había visto era real; había visto a un lobo convertirse en humano como en un cuento de terror, se había puesto de pie e incluso había hablado. Sus ojos verdes y su mirada reflejaban la inocencia y la ternura, pero le costaba creer que había bondad en una abominación de la naturaleza, algo que desafiaba todo lo que creía real en el mundo. No podía arriesgarse, no podía dejarse engañar por un rostro bonito, una mirada tierna y algunas lágrimas derramadas. No sabía cuál era la naturaleza de la criatura y hasta donde podía imaginar, tal vez su intención era matarlo o devorarlo.
Sostuvo el rifle en sus brazos durante toda la noche, mientras esperaba sentado en su cama y dejó la televisión encendida buscando que el sonido calmara un poco sus nervios, en un volumen bajo en caso de que escuchara a la criatura regresar. Logró dormir durante algunos minutos aleatorios, pero siempre despertaba con pesadillas acerca del joven regresando convertido en el lobo, con su mirada dulce, moviendo la cola con alegría, lamiendo su rostro como siempre solía hacerlo, sólo para luego desgarrar su garganta.
Pudo ver el sol salir en el horizonte y pintar el cielo de anaranjado, hasta que el día se hizo más claro y más brillante. Con el amanecer el miedo se había disipado un poco, ya recordaba todo lo ocurrido como una experiencia lejana, como una terrible pesadilla que había tenido durante la noche, pero sabía que se trataba sólo de su mente en estado de negación, buscando adaptarse al evento traumático que acababa de presenciar.
Intentó comer algo para el desayuno, aunque no tenía mucho apetito y temprano en la mañana su teléfono sonó, era Balthazar, un poco tarde considerando las veces que había intentado llamarlo la noche anterior.
- Hey Cas ¿Está todo bien? Vi que intentaste llamarme anoche. Lo siento tanto amigo, me quedé sin batería y pensé que nadie iba a llamarme tan tarde.
- Sí, está todo bien. Ya es muy tarde después de todo – respondió Castiel con un tono frío.
- Eso no suena bien ¿le pasó algo a Max?
Se cruzó por su mente contarle todo, necesitaba desahogarse con alguien más y compartir los horrores que había vivido, pero no era tonto y sabía que su amigo lo tomaría por loco.
- Escapó anoche – mintió, era la mejor explicación acerca de por qué el lobo había desaparecido de repente – Tenías razón, su lugar no era aquí, así que prefirió ir a cazar y vivir su vida como un animal salvaje.
- Oh Cas – Balthazar sonaba realmente afligido – lo siento tanto, amigo, sé cuánto querías a ese animal.
- Está bien, sé que está mejor allá afuera.
- ¿Quieres que vaya? Ya sabes, para hacerte compañía.
- No, gracias, prefiero estar solo. Creo que sólo me quedaré un par de días más y luego regresaré a casa.
- Pensé que ibas a quedarte allí el resto de las vacaciones.
- Cambié de opinión.
- De acuerdo, llámame si necesitas algo – entonces colgó, dejando a Castiel en completa soledad.
No podía negar que extrañaba a Max, ver su cola agitándose con alegría al saludarlo en las mañanas, verlo correr lleno de energía aún con su pata lastimada, persiguiendo las aves, escavando en la tierra sólo por diversión, viéndolo todo con curiosidad como si conociera el mundo por primera vez. Pero ese no era el verdadero Max, había sido sólo una ilusión y por tanto no podía permitirse extrañarlo.
ooOoo
Había pasado casi una semana desde la desaparición de su hermano y aún no tenían señales de él. Justo ahora se cumplía el sexto día y a medida que el tiempo avanzaba el miedo y la desesperación se hacían más intensos. Sam había llegado a pensar que su padre no sentía nada al respecto, después de todo había sido el principal causante del problema, pero resultó que John Winchester era quien más sufría; era la culpa la que le impedía dormir en las noches, preguntándose en dónde se encontraría su preciado hijo, a dónde habría huido, si habría encontrado la forma de sobrevivir o habría muerto ya de hambre. Esa mañana, Sam lo había encontrado sentado en el sillón, derramando lágrimas silenciosas mientras sostenía una foto de Dean en sus manos, el chico sonreía alegremente sentado en su habitación mientras posaba con su nueva guitarra. Eran los momentos felices que John más atesoraba y a Sam le hubiera gustado poder hacer parte de ellos, haber podido disfrutar un poco más de su hermano.
- Papá – murmuró Sam con cautela, tomando asiento a su lado mientras posaba una mano sobre su hombro.
John se apresuró a secar sus lágrimas, sintiendo vergüenza de que su hijo fuera testigo de su propia debilidad.
- Hey, Sammy – saludó, fingiendo que nada malo ocurría – Bobby ha salido para seguir buscando a Dean, yo iré más tarde, no me sentía muy bien.
- Lo sé, no era eso lo que quería decirte – John lo miró con curiosidad – siento mucho todo lo que he dicho en los últimos días…pensé que no te importaba Dean, no imaginé que también estuvieras sufriendo.
- Por supuesto que sufro, era mi hijo, pasé con él mucho más tiempo que tú y lo amé mucho más que tú… Incluso más que Bobby.
- ¿Entonces por qué le disparaste? – Sam no quería ser cruel, no quería recordarle a su padre el daño que había causado, pero la duda nunca pudo ser aclarada y seguía agobiando su mente.
- Intenté justificarme cientos de veces, intenté hacerme creer que hacía lo correcto, pero sólo me estaba engañando a mí mismo. La verdad es que estaba cegado por la ira; cuando vi a Dean fuera de su habitación, quise obligarlo a entrar, tenía miedo de que pudiera escapar o hacerle daño a alguien… y después cuando te mordió, entré en pánico; amo a Dean, pero tú eres mi pequeño niño y siempre será mi prioridad protegerte. No quería matarlo, no quería hacerle daño, pero actué por instinto, ni siquiera me di cuenta cuando lo hice. Estaba tan desesperado por mantenerte a salvo que olvidé quien era Dean y quien era yo.
Sam acarició las vendas en su brazo, como un cruel recordatorio de aquella noche – creo que lo mismo le sucedió a Dean en el momento en que me mordió; estaba tan asustado de que quisieras hacerle daño, que entró en pánico y actuó por instinto, porque en su subconsciente, todos éramos una amenaza para él.
- Sí, creo que tienes razón. No sé cómo actúa o piensa Dean cuando está en su forma animal, pero sé que en sus cinco sentidos, jamás podría hacernos daño.
- ¿Entonces por qué lo mantenías encerrado? Sabías que no era peligroso ¿verdad? Sabes que puede controlarse.
- No Sam, no lo sabía y aún sigo sin saberlo, no sé si pierde el control cuando se enfada o se asusta, no sé si podría matar a alguien algún día.
- Y jamás lo sabrías si no le dejabas salir – era extraño el hecho de que Sam y su padre siempre terminaban discutiendo, incluso cuando todo comenzaba como una conversación amistosa.
- Tú no lo entiendes, Sam.
- Entonces explícame.
John suspiró y pasó sus manos temblorosas por su cabello negro enmarañado.
- No decidí aislar a Dean sólo porque lo considerara un peligro para el mundo; lo encerré allí porque pensé que debía protegerlo del mundo. Escucha, no todos los monstruos que cazamos matan por instinto, no todos nacen siendo asesinos, se convierten en ello sólo por ser diferentes, porque durante toda su vida sienten que no encajan en la sociedad, porque perciben el rechazo de las otras personas…todo esto hace que el odio y la ira crezca dentro de ellos y hace que quieran buscar venganza, entonces aprovechan su fuerza y su poder para causar daño.
… Entiende, Sam, no quería que eso le pasara a tu hermano. Aquí en casa él era amado, tenía todo cuanto quisiera, al menos procuraba que así fuera. Él era tan puro y tan inocente, sólo porque nunca había tenido contacto con el mundo exterior… y quería que permaneciera de esa manera, no quería que la sociedad lo corrompiera y se convirtiese en lo mismo que cazamos.
Sam creyó comprender un poco a su padre, sintió su corazón ablandarse, porque a pesar de todo, el hombre tenía buenas intenciones, simplemente se preocupaba demasiado por Dean, más de lo necesario, lo subestimaba más de la cuenta y por tal razón había cometido errores. Pero nunca había sido por crueldad.
- Pero te equivocaste en algo – le dijo Sam - el sentía tú rechazo y el de Bobby, pensaba que le tenías miedo y que me amabas más a mí sólo por ser humano. No era tan inocente como pensabas, ni tan perfecto; sentía celos e ira como todo el mundo, todo eso sin tener la necesidad de salir del sótano. Pero Dean es un chico fuerte y por eso nunca permitió que el rechazo, la soledad ni el encierro cambiaran lo que era.
John lo miró perplejo, encontrándose sin palabras para refutar, pues en el fondo sabía que su hijo tenía la razón. Sam siempre había sido un chico listo, observador y comprensivo, siempre lograba analizar a las personas y las situaciones mejor que cualquiera, sin embargo no siempre encontraba la mejor manera de decir las cosas y esa siempre había sido la causa de sus discusiones.
Abrió la boca dispuesto a responder, tal vez con una excusa o una justificación, pero en ese instante la puerta se abrió, revelando a un Bobby bastante agitado.
- No creerán lo que acabo de encontrar – dijo Bobby al entrar, con una mirada llena esperanza, los demás lo miraron de igual manera – hay una casa cerca de aquí, es una cabaña bastante pequeña en medio del bosque. No la habíamos visto antes porque está justo detrás de un barranco, cubierta por árboles y maleza, pero pude ver que alguien vive ahí, el idiota no estaba en el momento, pero dejó la chimenea encendida. Tal vez podamos regresar más tarde, si Dean corrió en esa dirección, tal vez se topó con esa cabaña, tal vez él sea quien vive ahí, o tal vez alguien allí sepa dónde encontrarlo… no perdemos nada con intentarlo.
- Yo creo que es una excelente idea – respondió Sam con una sonrisa llena de ilusión – es lo mejor que tenemos hasta el momento.
- Tú no irás – fue todo lo que dijo John, ganándose de nuevo una mirada llena de enojo por parte de Sam.
- ¿Por qué no? – protestó el chico – soy un adulto ahora y puedo cuidarme.
John sonrió, Sam a veces podía ser tan adorable… - no eres un adulto Sam y quién sabe qué pueda haber en esa cabaña.
- Una familia humilde pasando las vacaciones y que tal vez tenga pistas sobre Dean. O quizás un monstruo que podré cazar hasta con los ojos cerrados. Vamos, Papá, ustedes estarán allí, no voy a ir solo.
- Deja que el muchacho venga John, no creo que el lugar sea peligroso - dijo Bobby, y John pareció considerarlo, Bobby era un buen cazador y sabía cuándo un sitio era o no seguro.
- De acuerdo, pero no quiero que te apartes de nosotros ni un segundo ¿me escuchaste?
Sam asintió con los ojos brillantes, imaginando que quizás podrían encontrar una pista de Dean en aquel lugar, que podría verlo de nuevo, pedirle perdón, y prometerle que sería un buen hermano a partir de ahora, que convencería a John de darle su libertad y le acompañaría mientras aprendía cómo usarla.
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Agradezco a Rin Kamelot, SweetBitch, DCFE, Guest, Drarry aeternum y LexiHolmes21 por sus bonitos comentarios, agradezco tamnbién los nuevos follow y favs ;)
