Castiel se hallaba cortando leña justo afuera de su cabaña, se había despojado de su camiseta y ahora se encontraba concentrado en su tarea, cubierto por una fina capa de sudor que brillaba bajo los rayos del sol del mediodía. Necesitaba usar su fuerza en algo para calmar su ansiedad, para calmar la ira que sentía y el temor que no se iba, temor de que la criatura regresara para vengarse de su hostilidad y asesinarlo… aunque en el fondo tenía fe en que eso no sucedería, no mientras aquello supiera que aún seguía armado.
No quería tener que marcharse cuando las vacaciones de verano apenas comenzaban, pero tampoco quería quedarse allí mucho tiempo con aquella bestia suelta, así que trabajaría para dejarlo todo en su lugar y regresar a su apartamento en la ciudad al día siguiente. O tal vez iría a visitar a sus hermanos, sería mucho mejor estar acompañado los próximos días.
De repente sus oídos captaron el sonido de algo acercarse a través de la maleza e inmediatamente su cuerpo se tensó. Se aferró al hacha con más fuerza, temiendo que se tratara de nuevo de aquel monstruo y lentamente comenzó a retroceder para entrar en la seguridad de su cabaña, pero antes de poder hacerlo, un conjunto de voces alcanzaron su oído y luego tres cabezas se asomaron entre los arbustos. Suspiró con alivio al saber que no se trataba del lobo, sin embargo no soltó el hacha, el arma que le daba la sensación de seguridad.
- Papá, mira, hay alguien ahí – dijo el más joven con aparente alegría, señalando la dirección donde Castiel se hallaba de pie sosteniendo el hacha.
Dos hombres adultos y un adolescente se acercaron a él y Castiel procuró mostrarse en calma, tal vez aquellas personas no eran una amenaza, tal vez simplemente eran campistas que se habían extraviado.
- ¿Puedo ayudarles en algo, señores? – preguntó Castiel cortésmente, avergonzándose por no llevar puesta su camiseta, pues no era muy común encontrar visitantes en aquella zona. Por fortuna pareció no importarles.
- De hecho sí – respondió el otro– mi nombre es John, estos son Bobby y mi hijo Sam, estamos buscando a alguien, por lo tanto quisiéramos hacerte algunas preguntas.
- Por supuesto, cooperaré en la medida de lo posible – Bajó ligeramente el hacha para no verse demasiado intimidante.
- Es una cabaña muy acogedora – comentó John desviando su mirada hacia las paredes de madera de la pequeña cabaña - ¿vives aquí?
- No, sólo vengo para pasar las vacaciones.
- ¿Tú solo? – preguntó sorprendido
- Me gusta estar solo, es tranquilo aquí.
- ¿Y cuándo llegaste aquí, muchacho? – preguntó Bobby apenas disimulando su ansiedad.
- Hace una semana. Justo estaba empacando para irme.
- Es muy pronto ¿hay alguna razón? – preguntó Sam con curiosidad aunque su padre le había ordenado permanecer en silencio.
El joven pareció meditarlo unos segundos, como si su mente se hubiera perdido en algún recuerdo – No en realidad, simplemente no quisiera estar solo y aislado durante todas mis vacaciones.
- Entiendo – respondió John, entonces extrajo una foto del bolsillo de su camisa y se la enseñó a Castiel – escucha, estamos buscando a este chico, se perdió en este lugar hace unos cuantos días y tal vez lo hayas visto merodeando por los alrededores o quizás haya llamado a tu puerta en busca de ayuda…
Los ojos de Castiel se abrieron con sorpresa y horror; el chico en la foto era el lobo, la extraña criatura que había estado en su casa y que decía llamarse Dean. Parecía inofensivo sentado en esa posición infantil, sonriendo de oreja a oreja mientras posaba con una guitarra nueva. Sé preguntó si aquellas personas sabían lo que era realmente ese chico y si eran iguales a él. Miles de preguntas se formaron en su mente al mismo tiempo, pero no se atrevió a decir nada.
- Lo siento, no he visto a nadie similar en estos lugares.
- ¿Estás seguro? – preguntó con desilusión, de hecho, todos parecían desilusionados.
- Estoy seguro.
John suspiró con tristeza y de su bolsillo sacó una tarjeta con un número de teléfono – Su nombre es Dean y es mi hijo, si lo ves llámame y vendré de inmediato.
Castiel recibió la tarjeta con manos temblorosas y asintió – está bien, lo prometo.
Los hombres se alejaron cabizbajos y Castiel se permitió suspirar, aunque aún le inquietaba el no saber si había hecho lo correcto. Tal vez por su propia seguridad y la de ellos era mejor fingir que no había visto al chico, quien claramente podía cuidarse solo aún en medio del bosque.
ooOoo
Dean por su parte, no se atrevió alejarse demasiado, podía caminar y llegar a la ciudad en cuestión de días o quizás sólo algunas horas, pero sabía que allí no habría oportunidad alguna para un joven desnudo y sin hogar, ignorante acerca del mundo y cuya edad mental era la de un niño pequeño. Aún su cuerpo no estaba listo para transformarse de nuevo en lobo, gracias a todos los días que se había forzado a permanecer en esa forma… y en su forma humana jamás sería capaz de cazar, aunque tampoco quería hacerlo, no quería tener que quitarle la vida a un ave o a una liebre sólo para alimentarse, aunque sabía que era natural, sólo parte de la cadena alimenticia, simplemente le repugnaba la idea de hacerlo, aun sabiendo que para sobrevivir tendría que verse obligado a cazar.
Había pasado el día comiendo sólo moras, temiendo encontrarse con alguna planta venenosa, ni siquiera podía trepar árboles, había intentado subir a uno de los árboles intentando alcanzar un fruto extraño, pero había caído en el intento y ahora además de la herida de bala en su pierna tenía un par de rodillas laceradas y un codo lastimado. Sólo esperaba aprender a sobrevivir en el bosque sin morir en el intento.
ooOoo
Al siguiente día, Castiel preparó sus maletas y reparó el techo de la cabaña, preparándola para las próximas estaciones y su próximo regreso en cuanto tuviese oportunidad. Tenía planeado marcharse en la tarde, así que ahora mismo se hallaba de pie en frente del refrigerador, preguntándose qué debía hacer con toda la comida que aún quedaba, pues había comprado alimentos para abastecer su cocina por un mes. Tal vez lo mejor sería meterlos en una maleta y llevarlos en el auto durante todo el viaje, aunque dudaba que todos los alimentos sobrevivieran hasta llegar a su apartamento.
En ese instante alguien llamó a su puerta y los nervios de Castiel de pronto regresaron. Suplicó internamente porque fuese Balthazar que había decidido recogerlo para llevarlo a beber unas cuantas copas y hacerle olvidar la muerte de su "cachorro" aun así, tomó el rifle en sus manos y se acercó con cautela a la puerta.
- ¿Quién es? – preguntó Castiel, intentando sonar casual, sin el tono amenazante que involuntariamente salió de su boca.
- Ho… Hola, soy Sam, estuve aquí ayer en la tarde – explicó una tímida voz juvenil – siento molestar, pero hay algo de lo que quisiera hablarte.
Castiel suspiró con alivio y molestia a la vez. Dejó el rifle a un lado y abrió la puerta para encontrarse con el muchacho alto y escuálido que había estado en su cabaña la tarde anterior, buscando a la persona que menos quería ver en el mundo.
- De acuerdo, adelante – dijo Cas, invitándolo a pasar con un ademán.
El menor no dudó en pasar y tomar asiento en el sofá, observando con atención cada detalle de la cabaña. Castiel le ofreció un poco de jugo de naranja, el cual Sam no bebió, dejándolo a un lado. No quería ser grosero pero debía ser precavido.
- ¿Has venido solo? – preguntó Castiel, aunque era algo obvio, lo que quería saber en realidad era la razón de su visita en solitario.
- Sí, he estado pensando mucho sobre mi hermano ¿sabes? Y me di cuenta de que no hicimos las preguntas correctas el día de ayer, porque realmente creo que puedes ayudarme a encontrarlo.
- Lo dudo mucho – respondió Castiel, evitando mostrarse nervioso, pero como siempre era un libro abierto - ¿Tu padre sabe que estás aquí?
- No, él y Bobby fueron a buscar a Dean, así que aproveché la oportunidad para hacer mi propio trabajo. No iba a quedarme de brazos cruzados mientras ellos hacían todo el esfuerzo.
- Entiendo, eres muy considerado con tu familia… Sam, pero creo que has venido al lugar equivocado, como te he dicho, no sé nada acerca de tu hermano.
Sam lo miró con suspicacia y negó con la cabeza antes de hablar – tal vez puedas engañar a mi padre y a Bobby, pero no a mí. No me subestimes por mi edad, puedo saber cuándo una persona está mintiendo.
- Escucha, sé que quieres encontrar a tu hermano, pero estás imaginando cosas donde no las hay.
- Vi tu cara cuando Papá te mostró su foto – refutó Sam – estabas horrorizado, de pronto te pusiste pálido y tus manos comenzaron a temblar. Pude ver el reconocimiento en tu mirada cuando viste la foto y escuchaste su nombre, incluso ahora estás nervioso. Así que dime ¿le hiciste algo a mi hermano o él te hizo algo a ti? ¿acaso lo escondes en algún lugar?
El corazón de Castiel se aceleró aún más, golpeando con fuerza dentro de su pecho y de pronto se sintió desprotegido tan lejos de su arma. No tuvo más opción que suspirar y asentir con la cabeza – Tienes razón, me encontré con tu hermano, pero él ahora no está aquí, se marchó hace un par de días.
Los ojos de Sam se abrieron con sorpresa, alivio y esperanza, como si no esperase que Castiel lo admitiera tan pronto – ¡lo sabía! – Exclamó con orgullo y alegría – ¿pero por qué insistías en mentir? ¿Por qué no nos lo dijiste ayer?
Castiel se movió inquieto en su asiento, temeroso de hablar, temeroso de hacer un mal movimiento frente al chico – Dime, Sam ¿eres como él? Tú y tu familia.
Sam pareció confundido al principio, pero pronto comprendió lo que el otro hombre quería decir, lo cual lo llevó a entender la razón por la que había mentido anteriormente, simplemente el joven se hallaba asustado y no podía culparlo, debía entender que no era algo con lo que estuviera familiarizado.
- No, Dean y yo no somos hermanos de sangre, Papá lo adoptó cuando era muy pequeño y siendo sincero, apenas lo conozco desde hace algunos días… pero el poco tiempo que he compartido con él, me ha llevado a quererlo como un amigo y realmente quisiera poder compartir con él como un hermano.
Castiel se relajó de inmediato, comprendiendo que Sam era inofensivo, que no iba a transformarse en animal y desgarrar su cuello, simplemente era un adolescente preocupado por su hermano… o amigo, aunque en realidad todo era muy confuso, habían miles de dudas en su cabeza y Sam podía verlas reflejadas en su rostro, de manera tan obvia que hizo sonreír al chico.
- Te propongo algo – comenzó Sam inclinándose hacia adelante para posar sus codos en sus rodillas, viendo a Castiel directamente a los ojos – te contaré todo lo que sé acerca de Dean, aclararé todas tus dudas si tú me cuentas tu historia con él, cómo llegó a ti, cómo se fue y hacia donde ¿te parece bien?
- Es un trato – respondió Castiel de inmediato, un poco temeroso de ser juzgado por el chico, pero él debería saber mejor qué tan peligroso era su hermano, por lo que tomó aire antes de comenzar a hablar – Me encontré con Dean hace algunos días, era de noche y había olvidado conseguir leña para encender la chimenea, así que salí para buscarla. Cuando regresaba a casa, escuché algunos gemidos, como los lamentos de un animal herido, dejé la leña a un lado y decidí ver qué pasaba. Me gustan los animales, por lo tanto no pude simplemente ignorarlo.
… Cuando me acerqué, descubrí lo que pensé que era un perro con la pata trasera lastimada. Sé que pensarás que soy estúpido, pero nunca antes había visto un lobo, entonces pensé que se trataba de un perro común – esperó a que Sam se burlara de él, que le llamara idiota o retardado, pero sólo una leve sonrisa surcó su rostro, no hizo ningún comentario, sólo se limitó a escuchar con atención la historia de Castiel, quien aclaró su garganta incómodamente y prosiguió – Alguien le había disparado, por lo tanto extraje la bala de su pata y cuidé de su herida. Le di un nombre, le compré comida para perro y lo traté todo el tiempo como si fuera un cachorro, pues él se comportaba como tal, perseguía los pájaros, jugaba en la tierra, parecía tan curioso y adorable que me dejé engañar.
El tono de voz de Castiel se tornó más oscuro en aquella parte del relato, dejando ver la ira y la traición que sentía – Fue un amigo cercano quien me dijo que se trataba de un lobo, es veterinario, lo llamé porque realmente me preocupaba por él… el lobo no estaba comiendo, parecía enfermo y cansado, pero mi amigo sólo llegó a la conclusión de que se hallaba débil por la falta de alimentos y que debía cambiar su dieta.
… Pero esa noche su condición empeoró, el animal gemía de dolor, ardía de fiebre y yo no tenía idea de qué le sucedía. Pensé que estaba muriendo, pero en su lugar se transformó en humano, justo frente a mis ojos – Sam lo miró horrorizado exhalando de manera pesada, pensando cuán difícil debió haber sido aquella situación para su hermano.
- Oh Dios ¿qué hiciste? – preguntó con preocupación, interrumpiendo la narración de Castiel por primera vez desde que comenzó.
- Me asusté – admitió – estaba aterrado, nunca había visto algo semejante y aún no me explico cómo ocurrió… entonces tomé mi rifle y lo amenacé para que se alejara. Él intentó convencerme de que no era peligroso, que no pretendía hacerme daño, pero yo no le creí, no podía confiar en él después de todo, por lo tanto, dejé que tomara una de las sábanas para cubrir su desnudez y dejé que se fuera. No he sabido nada de él desde entonces.
- ¿Cuándo sucedió eso exactamente? – preguntó Sam.
- Hace un par de días.
Sam suspiró y recorrió su cabello largo con sus dedos, quería estar enojado, pero no podía, al menos Castiel había sido sincero esta vez – Oye, no te juzgo por nada, todos reaccionan de manera diferente cuando se enteran sobre este tipo de cosas, algunos peor que otros, por lo tanto estoy agradecido porque no le hayas disparado, dejaste que se marchara y eso fue muy generoso de tu parte.
- Nunca he asesinado a nadie, sin importar que Dean no fuese humano, no podía dispararle si él no atacaba primero.
- Y por supuesto, nunca atacaría – respondió Sam – a pesar de lo que es, Dean es inofensivo, es exactamente como lo describiste, es como un cachorro curioso y lleno de energía… no estaba actuando en absoluto.
- ¿Qué es él? Nunca había visto algo semejante.
- Es un licántropo – explicó Sam con naturalidad – son criaturas salvajes que viven en los bosques en pequeñas manadas; pueden transformarse en lobo y tomar forma humana a su antojo, sin embargo deben mantener un equilibrio entre cada una de sus transformaciones o de lo contrario pueden enfermar y sentir dolor. Eso fue lo que pasó con Dean, estuvo demasiado tiempo en su forma animal, más de lo que su cuerpo podía soportar… lo mismo hubiese sucedido si permanecía demasiado tiempo en su forma humana.
- Suena complejo – respondió Castiel, creyendo sus palabras simplemente por el hecho de que lo había visto ya con sus propios ojos – pero si no es agresivo ¿Por qué había una bala en su pierna?
La mirada del chico se llenó de dolor y culpa, lo cual no pasó desapercibido ante los ojos de Castiel, percatándose de que no era un tema del que quisiera hablar – Todo fue mi culpa – admitió – es una larga historia… pero supongo que quieres escucharla, después de todo prometí que resolvería todas tus dudas – Castiel asintió y el chico continuó.
- Como te dije, Papá adoptó a Dean cuando era muy pequeño. Papá y el tío Bobby suelen cazar criaturas similares, cualquier cosa que pueda significar una amenaza para los humanos, así fue como se encontraron con Dean. Mataron a su madre, pero no pudieron hacer lo mismo con él porque era demasiado pequeño e inofensivo, así que lo llevaron a casa, construyeron una habitación secreta en el sótano y allí lo mantuvieron encerrado hasta hace pocos días.
… Papá nunca me habló acerca de Dean, no supe de su existencia hasta el día en que di por error con su habitación. No pude evitar encariñarme con él inmediatamente, después de todo era el hermano mayor que siempre quise tener. Él Nunca había salido de allí, por lo tanto era tan inocente y tan curioso sobre lo que había allá afuera que quise que conociera el mundo exterior por primera vez. Papá y Bobby no estaban en casa así que aproveché la ocasión para convencerlo de salir en la noche, a pesar de que él tenía miedo de desobedecer. Llegamos sólo hasta patio trasero y simplemente nos divertíamos… hasta que llegó Papá, pensó que Dean podría ser peligroso y que podría lastimarme, así que le amenazó con su rifle para obligarlo a regresar al sótano. Al ver el arma, Dean entró en pánico y huyó para ocultarse de papá, estaba tan aterrado que cuando lo hallé e intenté sacarlo de su escondite, entró en pánico y mordió mi brazo… ahí todo comenzó a empeorar.
Castiel se percató de las vendas en el brazo del chico, sin embargo sus heridas no parecían ser demasiado graves, ya que podía mover el brazo sin dificultad alguna –inmediatamente papá llegó para ayudarme, Dean escapó, pero no fue lo suficientemente rápido y Papá le disparó antes de que desapareciera en el bosque. Lo buscamos por todos lados, pero no pudimos hallarlo… y aún seguimos buscando.
- Siento mucho oír eso – contestó Castiel conmovido por la historia y las emociones reflejadas en el rostro del más joven – si quieres mi opinión, no creo que haya sido tu culpa, lo hiciste feliz y tu Papá le arrebató esa alegría.
- Papá ama a Dean como si fuera su hijo, él también estaba asustado, sin embargo pudo haberlo matado y si eso hubiera sucedido, jamás se lo hubiera perdonado. Él ahora está arrepentido y quiere encontrar a Dean, pero yo no quiero que regrese si van a encerrarlo de nuevo. De todos modos, Dean no puede quedarse perdido, él no conoce nada del mundo, no sabe cazar, ni sabe cómo sobrevivir en la ciudad, podría morir si no lo encontramos pronto… por eso necesito tu ayuda.
- ¿Mi ayuda? – preguntó Castiel con incredulidad – No sé de qué manera podría serte útil.
- Escucha, no quiero que Dean tenga que regresar a casa sólo para vivir el resto de sus días en cautiverio como un animal salvaje. Ambos sabemos que Dean es inofensivo, sin embargo todos suelen juzgarlo siempre por su naturaleza. Dean merece tener la oportunidad de vivir su vida, tomar sus decisiones y vivir de la manera que prefiera… y yo no puedo darle esa libertad, no mientras sea un adolescente que depende de su padre.
- Sigo sin comprender qué quieres que haga
Sam suspiró y miró a Castiel con ojos suplicantes – por lo que me has contado, puedo saber que Dean confía en ti y de seguro te ha tomado cariño. Tal vez puedas ayudarme a encontrarlo y luego ofrecerle un techo, podrías cuidar de él mientras yo termino la escuela, lo cual será dentro de poco, te prometo que luego vendré por Dean, nos iremos juntos y no volveremos a molestarte jamás.
- Sam, sabes que lo que me pides no es tan sencillo.
- Lo sé, tendrías que mostrarle el mundo, enseñarle cosas…pero yo haré lo posible por conseguir el dinero necesario para vestirlo y alimentarlo.
- El dinero no es un problema para mí… pero… no sé si quiera hacerlo.
Lágrimas de impotencia comenzaron a caer por el rostro del chico, haciendo sentir a Castiel como el humano más cruel e insensible que jamás hubiese pisado la tierra. El chico tenía tiernos ojos de cachorro los cuales eran imposibles de ignorar.
- ¿Por qué no? te dije que Dean es inofensivo, es como un niño pequeño, no hay maldad dentro de su alma, es el ser más puro y correcto que haya conocido, es obediente y nunca causa problemas porque siente demasiada lealtad por quienes aprecia… por favor, si alguna vez te importó, entonces puedes hacer esto por Dean.
Castiel lo meditó durante segundos tormentosamente largos, había demasiadas cosas en contra, demasiadas cosas que podrían salir mal, sin embargo al final halló imposible decirle que no al chico, aunque una parte suya lo deseara – te ayudaré a encontrarlo, haré lo que esté en mis manos para que regrese a ti… lo demás…. Voy a pensarlo.
Sam lo miró con ilusión, limpiando las lágrimas que manchaban su rostro – Gracias, realmente te lo agradezco. Papá regresará pronto, así que debo irme ahora, pero volveré mañana.
Castiel asintió y se despidió del chico, viéndolo alejarse en la distancia. Se dejó caer sobre su cama, pateando sus maletas en el proceso. Quería marcharse y escapar de aquella criatura, pero ahora no podría irse hasta que lo hubiesen encontrado. Podía irse y escapar de Sam, pero así no era él, Castiel siempre era fiel a su palabra.
Pensó entonces en Dean y en las palabras de Sam, aunque aún le costaba creer que todo fuera real. Se dio cuenta de que todo ese tiempo estuvo asustado de un ser que no podía hacerle daño, aunque era extraño y antinatural, no era más que eso y el chico no había elegido ser de esa manera. Entendía un poco la razón por la que Dean le había mentido y había decidido hacerse pasar por un perro; el chico simplemente estaba herido, asustado y necesitaba de su ayuda, ahora entendía que simplemente por obvias razones no se había atrevido a tomar el riesgo de transformarse y espantar a quien le brindaba su ayuda, por eso había esperado tanto tiempo y había puesto en riesgo su salud…. Se dio cuenta de que había actuado injustamente contra el licántropo.
Pensó en lo que Sam le proponía, un trato que no beneficiaba a nadie más que a Dean, pero el chico estaba tan desesperado por ayudar a su hermano y siendo tan joven no tenía nada para ofrecer. Castiel tenía un corazón grande, siempre pensaba en los demás antes que en sí mismo, pero aceptar llevar a casa una criatura que no era humana, era algo inaceptable, no era una simple obra de caridad, aquello podría transformar su vida para siempre. Sin embargo no podía imaginar los ojitos del adolescente cuando le dijera que no podía ayudarle a él ni a su hermano por simple egoísmo, tampoco quería imaginar la cara de decepción del licántropo, ni el miedo de regresar a su vida de cautiverio con la persona que había intentado asesinarlo.
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Muchas gracias nuevamente a DCFE, Heartsbreaks y LexiHolmes21 por sus comentarios, al igual que los nuevos follows y favs, gracias por animarme a continuar. ;)
