Era su tercer día a la intemperie y Dean no podía hallarse más débil, cansado y sediento. Ya comenzaba a pensar en rendirse y hacerse a la idea de que no viviría mucho tiempo en ese lugar, pero preferiría morir allí antes que ir a la ciudad y morir bajo las manos crueles de los cazadores o atropellado por un auto, que según había visto en la televisión, inundaban la ciudad y corrían a toda velocidad por las calles, siendo la principal causa de muertes en todo el planeta.
Había comido pequeñas cantidades de frutos, los cuales le daban energía apenas suficiente para seguir en pie, sin embargo no se había atrevido a alejarse demasiado del único lugar que conocía y le hacía sentir seguro, en especial cuando tenía la única fuente de agua. Sabía que se hallaba deshidratado y necesitaba acercarse a ese estanque y beber el líquido que tanto necesitaba para que su garganta dejara de quemar y su lengua dejara de pegarse a su paladar, por lo tanto tendría que forzar sus dos piernas aún con sus heridas y caminar hasta ese lugar sin hacer ningún ruido que pudiese alertar a Castiel de su presencia.
Hubiese sido difícil encontrar la casa si Castiel no encendiera nunca la chimenea, pero el humo y el olor de la leña quemada era una guía para las personas que no conocían el área. Sólo tardó algunos minutos en llegar a la cabaña y al estanque ubicado varios metros detrás de ella, caminando con cuidado de no hacer ningún ruido. El sol se hallaba en la mitad del cielo indicando la llegada del mediodía y el estanque resplandecía con los rayos del sol. Dejó a un lado la sábana que cubría su cuerpo y se inclinó para beber del agua, la cual sabía fresca y dulce en su paladar. Vio como la suciedad desaparecía de sus manos, siendo lavada por el agua cristalina y sintió la necesidad de limpiar el resto de su cuerpo y refrescar su piel reseca. Comenzó metiendo sus pies en el agua, acostumbrándose poco a poco al frío, luego se sumergió hasta la cintura y una vez supo que sus pies podían tocar el fondo, sumergió el resto de su cuerpo.
No podía negarlo, se sentía bien beber el agua fresca y aliviar el ardor en su piel, sintiendo toda la tierra y la suciedad desaparecer. Era curioso cuan liviano se sentía su cuerpo en el agua, pero cuán difícil era caminar dentro de ella. Pasó el tiempo intentando nadar, sin éxito, apenas lograba flotar unos cuantos segundos, sin embargo no se sintió mal por ello, era divertido intentarlo y estar allí era lo más relajante que había hecho en días.
Se sumergió hasta el fondo del estanque dejando sus ojos abiertos y esta vez logró ver vagamente los peces pequeños y coloridos que nadaban en el fondo, tan hermosos y extraordinarios. El agua irritaba sus ojos, pero valía la pena la vista. Al salir de nuevo para tomar aire, una vez que se deshizo del agua en sus pestañas, sus ojos se encontraron con un par de figuras borrosas de pie en la orilla del estanque, mirando en su dirección. Sintió su corazón detenerse cuando su vista se aclaró y pudo reconocer aquellas figuras como Castiel y Sammy.
Dean retrocedió ligeramente en el agua, la última vez que se habían visto, las cosas no habían terminado muy bien, había mordido el brazo de Sam y Castiel lo había echado a patadas de su casa, por lo tanto no sabía qué esperar de ellos, no podía comprender por qué estaban juntos ahora ¿acaso se conocían desde antes? Castiel lucía neutro e inexpresivo, pero el rostro de Sam se hallaba sonriente, con sus ojos brillantes de emoción… Dean no sabía qué pensar al respecto.
- Dean… - Sam murmuró, con lágrimas de alegría brillando en sus ojos verde azul – en verdad eres tú.
- Sammy – Dean respondió con voz aguda temblorosa y luego sus ojos se posaron en el hombre de ojos azules a su lado – hey Cas.
Castiel lo saludó con un ademán, intentando ocultar su incomodidad y Sam ignorando aquello, corrió para estar más cerca de su hermano, poder tocarlo y sentir que era real.
- Te estuvimos buscando por todos lados ¿en dónde te habías metido? – Sam le tendió la mano para ayudarlo a salir del estanque, Dean la aceptó vacilante y una vez que estuvo fuera del agua, Sam lo envolvió en un cálido abrazo, sin importarle que estuviese desnudo y empapado – estábamos tan preocupados por ti.
Dean no sabía a quienes se refería con "estábamos" pero de cualquier forma no sería Castiel, probablemente se refería a Bobby – Pensé que todos me odiaban, pensé que no querrían verme de nuevo – respondió encogiéndose de hombros.
- Cómo podría odiarte cuando todo lo que sucedió esa noche fue mi culpa.
- Yo tampoco estoy enfadado – aclaró Castiel, mientras tomaba la sábana olvidada en el suelo y la envolvía en los hombros del joven. Dean la aceptó con una sonrisa llena de esperanza y absorbió su calor.
- ¿Cómo me encontraron? Intenté ser silencioso ¿cómo sabían que estaría aquí?
Sam y Castiel compartieron miradas, luego sonrieron y señalaron una de las ramas de los árboles cercanos. Dean se percató entonces de una pequeña cámara instalada allí.
- Castiel las compró sólo para poder encontrarte. Sabía que ese estanque era la única fuente de agua del lugar, así que tendrías que venir a beber de él tarde o temprano. Y así lo hiciste. Afortunadamente no fuiste a la ciudad.
- Así que me observaban mientras tomaba un baño, qué pervertidos – bromeó Dean, aunque en realidad se sentía feliz de que lo hubiesen hecho, porque sólo así habían logrado encontrarlo.
Sam sonrió y envolvió uno de sus brazos alrededor del hombro de su hermano para guiarlo – ven, vamos adentro, tenemos cosas de qué hablar.
Dean los siguió al interior de la casa, donde le ofrecieron toallas y ropa seca. Las prendas de Castiel encajaban en él a la perfección, además eran tibias y tenían su aroma impregnado. Sabiendo que no había comido lo suficiente en días, le sirvieron una comida decente, la cual Dean devoró en instantes, sintiéndose mucho mejor luego de haber comido y bebido lo necesario. Al sentirse seguro de nuevo bajo el techo de la cabaña, el cansancio invadió su cuerpo, sin embargo se las arregló para permanecer despierto y escuchar lo que fuese que Sam tuviera para decirle.
- Así que… - comenzó Dean, tenía tantas preguntas rondando por su mente que no sabía por dónde comenzar – ¿cómo se conocieron ustedes dos? – pensó que era mejor comenzar con algo que aligerara el ambiente tenso y sumamente incómodo.
- Papá y Bobby te han estado buscando a diario – confesó Sam, sintiendo su corazón apretarse al ver los ojos de Dean brillar con cientos de emociones – fue Bobby quien encontró esta cabaña y creyó que sería una buena idea interrogar a Castiel. Él por supuesto no nos dijo la verdad, nunca nos habló de ti, pero yo supe al verlo que estaba ocultando algo, así que continué viéndolo en secreto para averiguar más.
- ¿Entonces ellos no saben que estás aquí? ¿no saben que me encontraste?
- Obviamente no – respondió – recién te encontré, no les he hablado de nada de esto.
Dean no sabía si sentir alivio o decepción - ¿Sabes si siguen enfadados conmigo? ¿Papá aun quiere matarme?
- No, Dean, todos sentimos mucho lo que sucedió y nos alegramos de que sigas con vida. Papá está realmente arrepentido, actuó sin pensar, pero créeme que no quería lastimarte, él te ama – Sam quería gritar y maldecir a su padre, pero sabía que no era lo que Dean esperaba escuchar, además sus palabras no eran del todo falsas, las había escuchado antes de los labios de su padre.
Una lágrima descuidada rodó por la mejilla de Dean, pero este se apresuró a secarla, avergonzado de actuar como una chica emocional en frente de Sam, aunque era evidente que lloraba de alegría y no de tristeza.
- ¿Entonces quiere que regrese? – preguntó con ilusión.
- Eso es lo que anhelan Papá y el tío Bobby… pero yo no.
Dean frunció el ceño consternado, Sam parecía estar feliz de haberlo encontrado, pero por alguna razón ya no lo quería cerca - ¿Por qué no, Sammy? ¿Sigues enfadado por haberte mordido? Porque te juro que eso no volverá a suceder, no soportaría hacerte daño de nuevo.
Observó las vendas en el brazo de Sam y se preguntó qué tan grave sería su herida, sintiendo la culpa abrumarlo y apretar con fuerza dentro de su pecho- ¿cómo está tu brazo, por cierto? – preguntó.
- No fue nada grave, Dean, sólo un rasguño, ya te dije que no estoy enfadado… es sólo que… No quiero que regreses de nuevo a esa celda que llamas hogar, no quiero que vuelvan a tenerte en cautiverio como un animal salvaje; quiero que salgas y conozcas el mundo, que tengas una vida y que puedas decidir sobre ella.
Dean sonrió conmovido, feliz de que Sam hubiese decidido pensar en él en lugar de actuar de manera egoísta como el resto del mundo, feliz también de que confiara en él lo suficiente para querer dejarlo en libertad, incluso después de todo lo que había sucedido.
- Gracias, Sammy, de verdad… pero no sé si quiera eso para mí. Escucha, el mundo es realmente aterrador, puede ser hermoso y emocionante, pero hay miedo, hambre, frío y gente malvada. Aunque hay personas buenas como Castiel, otras roban y matan por placer y no quisiera tener que enfrentarme a todo eso yo solo. Mi habitación es aburrida y monótona, pero al menos estoy a salvo allí.
Sam lo miró con los ojos grandes de sorpresa y luego sus cejas se arquearon en un gesto de decepción, lo vio apretar sus puños, demostrando que claramente se hallaba molesto por su decisión.
- ¿En serio es lo que quieres por el resto de tu vida? Eres joven, Dean y tienes la fuerza suficiente para enfrentarte a todo eso y vivir como desees. No todo es malo allá afuera, puede ser bueno si tomas las decisiones correctas y sé que eres lo suficientemente listo para hacerlo.
- Además no vas a estar solo – añadió Castiel, quien había permanecido en silencio todo el tiempo, temeroso de interrumpir el reencuentro fraternal – vas a quedarte conmigo y yo voy a enseñarte todo lo que necesites saber para sobrevivir, puedo acompañarte y aconsejarte, también puedo ofrecerte un techo y alimento.
- Aunque será sólo temporal – continuó Sam – serán sólo un par de años hasta que tenga la edad suficiente para irme de casa y entonces te llevaré conmigo, a menos que desees otra cosa.
- No lo sé, Sammy, son muy amables, pero…
- No tengas miedo, Dean – dijo Sam con voz cálida – ya verás que las cosas son mejor de lo que imaginas, el mundo no es tan malo como crees… o como Papá te ha hecho creer.
- ¿En verdad estás de acuerdo con esto, Cas? – preguntó Dean con incredulidad, dirigiendo su mirada al hombre de cabello oscuro y perfectos ojos claros.
- Tengo tantas inseguridades como tú, pero estoy dispuesto a aceptar el reto – respondió Cas, con una mirada neutral e indiferente, al igual que su voz.
- Yo… no quisiera molestarte – expresó tímidamente.
- No lo harás, el dinero no es un problema para mí, puedo encargarme de tus gastos y tampoco me molestaría tener algo de compañía.
- Puedes intentarlo – sugirió Sam – y si en algún momento cambias de opinión, iré a recogerte de inmediato.
Dean permaneció en silencio durante largos instantes, considerándolo desde diferentes ángulos y posibilidades; la idea le atemorizaba y le llenaba de dudas, pero debía admitir que era tentadora y no perdía nada con intentarlo - ¿podré ver de nuevo a Papá y a Bobby?
- Sólo cuando hayas adquirido la suficiente autonomía sobre ti mismo, no quiero que vuelvan a obligarte a entrar en esa celda.
Dean suspiró, al menos había un poco de esperanza - De acuerdo, voy a intentarlo.
Sam sonrió lleno de emoción y corrió a los brazos de su hermano – no sabes cuánto me alegra escuchar eso, Dean. Estaremos en contacto, lo prometo. Le he dado mi número a Castiel, si necesitas cualquier cosa sólo tienes que llamarme.
- De acuerdo, Sammy, lo prometo. Y quiero que tú me prometas que vas a tener cuidado, porque será cuestión de tiempo antes de que Papá decida incluirte en la caza y ya no será sólo investigación.
- Lo sé. Estoy listo para ello. Sin embargo no pienso seguir la vida que Papá tiene planeada para mí, voy a irme en cuanto tenga la oportunidad. voy a graduarme y voy a ir a la universidad. Papá y Bobby pueden cuidarse solos, estoy seguro de que no me necesitan.
Dean sonrió y apretó el hombro de Sam con orgullo – tienes razón, lo han hecho bien hasta ahora, son estupendos cazadores, no necesitas poner tu vida en peligro por un trabajo que no deseas hacer… sólo… intenta no herir a Papá cuando te vayas.
- Voy a intentarlo. Cuídate ¿quieres?
- Tú también.
Los hermanos volvieron a compartir un abrazo emotivo y Sam agradeció de nuevo y mil veces más a Castiel por toda su ayuda. No dejaría a su hermano al cuidado de cualquiera, pero Castiel le inspiraba cierta confianza, no había una explicación para ello, sólo había un aura tranquila y pura que le rodeaba, un aura similar a la que emitía su hermano.
Entonces Dean y Castiel se quedaron a solas, en un espacio reducido, donde no tenían el privilegio de la intimidad. A Dean no le molestaba en absoluto, había llegado a encariñarse con el joven y aún no dejaba de verlo como su salvador y su ángel guardián, pero Castiel realmente se hallaba en frente de un completo desconocido, había llegado a amar a Max, pero a pesar de ser el mismo, se sentía diferente estar con Dean, una persona cuyo rostro apenas había detallado, cuya voz no acostumbraba a escuchar y con quien nunca había tenido una verdadera conversación.
El rostro de Dean era ciertamente hermoso, una combinación de rasgos dulces, delicados y juveniles, acompañados por una voz ronca y seductora, aunque tal vez su belleza se debía a que no era realmente humano. No parecía amenazante, ni le inspiraba temor ahora, simplemente su presencia le hacía sentir incómodo, le recordaba su propia personalidad tímida y lo difícil que le era socializar con las personas… pero Dean por obvias razones tampoco estaba acostumbrado a hacerlo.
Ambos se encontraron mirándose el uno al otro sin saber qué decir, preguntándose si sería tan incómodo todo el tiempo que estuvieran juntos, si algún día podrían llegar a actuar con naturalidad en presencia del otro.
- Gracias Cas – dijo Dean tímidamente, esperando poder romper el silencio – no sé por qué quieres ayudarme, pero es muy generoso lo que haces por nosotros.
- No hay de qué. Tu hermano vino hasta aquí y me conmovió con sus palabras. No pude dejar de sentir simpatía por él y por ti.
- Eres una buena persona, Cas. Pensé que me odiarías, que me rechazarías, ya sabes… por lo que soy, pero estoy feliz de que no haya sido de esa manera.
- Estaba asustado al principio – reconoció – nunca había presenciado algo similar, creía imposible que criaturas como tú pudiesen existir, pero luego de hablar con Sam, él me ayudó a entender que no eres peligroso.
- Me alegra oír eso, porque ¿sabes? Odio que las personas que me importan me traten como a un animal salvaje o como un monstruo.
Castiel se congeló en su lugar y un adorable sonrojo coloreó sus mejillas - ¿consideras que soy importante para ti?
- ¡Por supuesto, amigo! Me salvaste la vida allá afuera, curaste mi herida y me diste un techo, además fuiste muy amable conmigo todos estos días. Te confieso que me hiciste querer pasar el resto de mi vida como un Golden Retriever.
Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Castiel y cientos de mariposas revolotearon en su estómago sin razón.
- Dean, no soy muy bueno socializando con las personas o entablando amistades, pero haré mi mejor esfuerzo para que nuestra convivencia sea agradable.
- Sé que lo será, Cas, sólo tienes que ser tú mismo. Eras tú mismo cuando estabas con Max y eso me agradaba. Además, yo tampoco tengo experiencia en esto, recuerda que pasé 15 años de mi vida encerrado, viendo sólo a mi familia.
Castiel sonrió con gratitud, Dean era una persona agradable, gentil y bondadosa, no era como las personas que conocía y que tanto odiaba, llenas de prejuicios, egoísmo y malas intenciones.
- Tal vez eso tenga su lado positvo – se atrevió a opinar el mayor – tal vez por eso no le temas tanto a la opinión ajena, ni a las críticas de las personas… y eso te hará mucho más sencillo encajar en la sociedad.
- No lo sé, lo sabré en cuanto me enfrente a ellas. Pero tú tampoco deberías temerles; eres un gran chico, Cas y si los demás no ven eso en ti, es porque no les interesas, por lo tanto ellos tampoco deberían importarte a ti.
- Suena lógico, pero no es tan fácil – Castiel no explicó por qué razón y Dean tampoco lo preguntó, sabría que no podría entenderlo hasta hallarse frente a una multitud y esforzarse por encajar en ella.
- En fin – Dean estiró sus brazos por encima de su cabeza y le ofreció una sonrisa a Castiel, quien suspiró aliviado de que la conversación hubiese terminado - ¿quieres ver la televisión?
- Sí… sí, por supuesto, tengo algunas películas que quizás te gusten.
Dean había visto ya todas las películas dentro de la selección de Castiel, al contar con tanto tiempo libre en su vida y con tan pocos pasatiempos. Sin embargo, eligió una película al azar y se acurrucó en el sofá junto al hombre mayor, procurando conservar la distancia, de todos modos, se quedó dormido poco tiempo después.
Acababa de terminar la película cuando Castiel se percató del rostro tranquilo y los ojos cerrados de Dean, indicándole que se hallaba profundamente dormido. Era de esperarse ya que el chico debía hallarse tan cansado por el esfuerzo de los días anteriores, donde se había visto obligado a sobrevivir en medio del bosque con sólo una delgada sábana para cubrir su desnudez.
Notó de nuevo lo atractivo del rostro del joven, las pecas adorables en su rostro y los labios perfectos y provocativos, Dean era la criatura más bella que jamás hubiera visto, probablemente encajaría perfectamente en la ciudad, su belleza más su personalidad dulce y despreocupada sería capaz de cautivar a cualquiera… Castiel desearía haber nacido con tales atributos.
Decidió no despertarlo, en su lugar le ayudó a estirar sus piernas en el sofá con la suficiente delicadeza y lo cubrió con una manta antes de apagar las luces e irse temprano a la cama. Había sido un día difícil después de todo y el estrés de la actual situación no ayudaba en absoluto; ahora había una nueva persona en su vida, alguien a quien cuidar y enseñarle todo lo que sabía, tan vulnerable a la vista a pesar de que podría partir el cuello de Castiel en dos si así lo deseara.
ooOoo
Despertó horas más tarde al sentir unas fuertes manos sacudiendo su hombro. Se incorporó con un sobresalto, olvidando por un momento el hecho de que ahora había alguien más compartiendo su espacio en la cabaña. Dean estaba sentado en el colchón a su lado, mirando su rostro fijamente, incluso podía ver sus ojos brillar en medio de la oscuridad de la noche.
- ¿Qué sucede, Dean? – preguntó con voz ronca y áspera por el sueño.
Dean notó con ternura el cabello revuelto de Castiel, apuntando en todas direcciones, había extrañado ver sus ojos irritados después de despertar y su cabello hecho un desastre, aunque aún extrañaba la sonrisa que siempre le dedicaba al verlo cuando se hallaba en su forma animal.
- Siento haberte asustado, Cas, pero el sofá es realmente incómodo ¿querrías compartir tu cama conmigo? Estoy seguro de que hay espacio para ambos aquí.
Castiel quería negarse, decirle todas las razones por las que no era apropiado compartir la cama, pero no tenía el corazón lo suficientemente duro para enviar a Dean de vuelta a un sitio donde no se sentía a gusto y se hallaba demasiado cansado para sacrificar su comodidad y desplazarse a sí mismo hasta el sofá, así que en su lugar asintió.
- Como desees, Dean.
Le abrió espacio en la cama y le dio la espalda, ignorando la sensación del colchón al hundirse bajo un nuevo peso. Hacía mucho tiempo que no compartía la cama con alguien, por lo tanto, sentir el calor emanando del cuerpo a su lado, le hacía sentir incómodo y temeroso de moverse y tocar al otro por accidente, pero Dean parecía tranquilo y a gusto, su mente era demasiado sencilla e inocente para preocuparse con tales tonterías, se sentía tibio, cómodo y acompañado, eso era suficiente para él.
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Cuando Castiel despertó a la mañana siguiente, se sorprendió al darse cuenta de que su cama se hallaba vacía, a su lado había sólo una cobija arrugada y una almohada abollada, pero no había rastro de Dean. Frotó sus ojos y bostezó antes de levantarse, miró en todas direcciones pero Dean no se hallaba en ningún lugar a la vista, tampoco en el baño, ni debajo de la cama. Le preocupaba que por alguna razón el chico hubiese decidido huir durante la noche, que tal vez hubiese preferido regresar a su antiguo hogar junto a su hermano, pero al abrir la puerta y salir al exterior, suspiró de alivio y una sonrisa se dibujó en su rostro.
Junto la puerta, esparcidas por el suelo, se hallaban las ropas de Dean, y el lobo que tanto había llegado a apreciar se encontraba corriendo alegremente de un lado a otro, persiguiendo las aves y las mariposas. Al verlo, la cola del animal comenzó a balancearse con emoción e inmediatamente corrió a su encuentro abalanzándose sobre él y lamiendo su rostro, haciéndolo caer al suelo. Castiel se echó a reír y rascó al lobo justo detrás de las orejas mientras lo saludaba. Comprendió entonces que Dean nunca había intentado engañarlo para ganarse su afecto, simplemente actuaba como él mismo todo el tiempo; un chico curioso, lleno de energía, que apenas comenzaba a conocer el mundo y se hallaba fascinado por todo lo que lo rodeaba.
- Buenos días, Dean, veo que te has levantado temprano – de cierta manera Castiel se sentía mucho más cómodo con Dean en aquella forma, era como si Max nunca se hubiera ido, como si todo lo ocurrido hubiese sido sólo un mal sueño.
Entonces sucedió algo inesperado; el lobo que se hallaba sobre él, lamiendo su rostro y moviendo su cola con energía, comenzó a cambiar de forma, transformándose en un joven desnudo, sentado sobre su regazo, con el cabello revuelto y las mejillas sonrojas, pero aún sonriente y alegre.
Castiel sintió paralizarse, sintió su boca secarse y el calor subir en llamas hasta su rostro… Dean había elegido el peor momento y la peor posición para regresar a su forma humana y lo peor de todo era que el joven parecía no darse cuenta de la gravedad de sus acciones o quizás no le importaba lo que estas hacían en Castiel.
- ¿Qué estás haciendo, Dean? – logró tartamudear, apartándose del cuerpo desnudo que presionaba sobre el suyo, mientras Dean le devolvía la mirada con una sonrisa llena de diversión.
- ¿Te hago sentir incómodo? – preguntó entre risas, al ver como el joven se apartaba con las mejillas al rojo vivo – hace un momento también estaba desnudo y eso no parecía incomodarte.
- Era diferente, eras un lobo.
- Somos iguales, Cas, tenemos lo mismo, no es algo que no hayas visto antes, además pronto te convertirás en doctor y supongo que verás personas desnudas casi a diario, deberías acostumbrarte a ello, porque sabes que no puedo transformarme con la ropa puesta.
- No estoy obligado a mirar cada vez que lo hagas.
- No, no lo estás, pero tampoco pienso esconderme para hacerlo como si fuese algo indebido, debes aprender a ver la desnudez con naturalidad.
Castiel suspiró, sabiendo que Dean no comprendería cualquiera de sus razones - Sólo espero que no hagas esto frente a otras personas, porque te aseguro que ellos no van a pensar de la misma manera, existen ciertas normas que debes cumplir en la sociedad.
- Lo sé, no tienes que preocuparte por eso.
- Y recuerda que no lo sabes todo, debes preguntarme antes de hacer cualquier cosa. Tal vez te hayas informado a través de cine y la literatura, pero la realidad es muy diferente a lo que ves allí.
- De acuerdo, Papá – se burló el menor mientras volvía a ponerse su ropa interior - ¿así está mejor o aún es incómodo para ti?
- Eso está mucho mejor – respondió Castiel, aunque la piel del torso de Dean y los músculos firmes aún capturaban toda su atención, no podía apartar la vista de ellos, y tampoco quería hacerlo.
- Muy bien ¿qué tal si vamos a nadar? Podrías enseñarme – preguntó Dean con entusiasmo.
- No creo que el estanque sea adecuado para eso, Dean.
- Pero podríamos intentarlo – insistió y el brillo en sus ojos acabó por convencer a Castiel.
- Está bien, de todos modos nos iremos de aquí mañana, dejaré que disfrutes de este lugar mientras puedas, en la ciudad no hay paisajes tan maravillosos.
Dean parecía consternado – pensé que ibas a quedarte durante todo el mes.
- No creo que eso sea seguro, Dean. Tu familia aún debe seguir buscándote, podrían regresar aquí y encontrarte, por lo tanto es mejor que nos vayamos en la mañana.
Una oleada de nervios atacó el cuerpo de Dean, nunca antes había estado en la ciudad, sólo conocía las paredes de su habitación y la naturaleza recién descubierta, por lo tanto, apenas sospechaba lo que allí encontraría. Castiel pareció darse cuenta de lo que pasaba por la mente del joven, pues posó una mano en su hombro para ofrecerle confort.
- Está bien, Dean, no tienes por qué preocuparte, voy a estar a tu lado todo el tiempo.
Dean asintió con una sonrisa y posó su propia mano sobre la de Castiel en un gesto de gratitud – Lo sé, eres mi ángel guardián.
Castiel no pudo evitar sonreír con un sonrojo muy visible en sus mejillas, eran las palabras más hermosas que alguna vez le hubiesen dicho. Dean pensaba que aquella sonrisa era contagiosa, Castiel pocas veces sonreía pero cuando lo hacía todo su rostro se iluminaba y lo hacía lucir aún más hermoso… y le hacía desear poder verle sonreír todo el tiempo.
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Muchas gracias a SweetBithc, DCFE, LexiHolmes21, Anithasakura y AT38TEEN09DSC por dejar comentarios, espero sigan disfrutando ;)
