Pasaron el resto del día nadando y jugando, disfrutando de la naturaleza. Dean se transformó y corrió por todos lados, para gastar la energía acumulada en su cuerpo y despedirse del olor de la hierba, la tierra mojada y el agua dulce del estanque. Ya dentro de la cabaña, inhaló quizás por última vez, el aroma de la leña fresca quemándose para preparar la cena y lo guardó en su memoria como uno de sus mejores recuerdos. Estar allí era tranquilo, hermoso y divertido, Castiel era la mejor compañía que pudiese desear y todo era tan diferente a lo que solía encontrarse en su día a día. Pero sabía que no podían quedarse allí por siempre, Castiel tenía razón y comprendía que lo mejor sería partir cuanto antes.
- Lo siento, Cas, sé lo mucho que te gusta este lugar – dijo Dean una vez estuvieron dentro de la cabaña, acurrucados en la cama mientras veían una película – siento que tengas que dejarlo tan pronto por mi culpa.
- No te disculpes, tu seguridad es más importante, recuerda que le hice una promesa a tu hermano.
Dean asintió, se acurrucó más cerca de Cas y pronto se quedó dormido.
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A la mañana siguiente empacaron las pertenencias de Castiel y se adentraron al bosque cargándolas en la espalda. Caminaron largos minutos en silencio hasta hallar la carretera. Se sentía tan diferente el pavimento áspero bajo sus pies, podía sentir el calor emanando del suelo recalentado por los rayos del sol, filtrándose bajo la suela de sus zapatos, incluso la luz revotaba dolorosamente en sus ojos al no contar con la sombra de los árboles para protegerlo de ella. Pero todo era una nueva experiencia para él, por lo tanto no le disgustaba del todo, aunque hacía calor y las maletas eran pesadas.
Escuchó el gruñido de un motor a lo lejos y se orilló tanto como pudo, entonces un auto rojo y brillante se estacionó frente a ellos y Dean se encontró maravillado ante la belleza e imponencia de este, preguntándose cómo algo tan grande y pesado podría correr tan rápido. Podía ver el paisaje reflejado en su pintura brillante e impecable y los vidrios completamente oscuros le hacían dudar de que hubiese alguien adentro.
La puerta delantera se abrió y de allí bajó un hombre ya conocido, vistiendo una camiseta negra de algodón y unas gafas de sol sobre su cabeza, su sonrisa se ensanchó al ver a Castiel y palmeó su espalda fuertemente a modo de saludo.
- Hey Cas, amigo – saludó con entusiasmo.
- Balthazar – saludó el otro indiferente, pero Balthazar ya estaba acostumbrado.
Entonces se dio la vuelta y se enfrentó a Dean con la misma sonrisa, como si estuviese frente a un viejo conocido.
- Y este simpático muchacho debe ser Dean. Debo reconocer que es más joven de lo que imaginé.
Balthazar era al menos unos cuatro o cinco años mayor que Castiel, por lo tanto Dean comprendió que ante sus ojos debía parecer sólo un niño.
- Mi nombre es Balthazar, es un placer – extendió la mano para que Dean la estrechara.
- Sí, ya lo sé – respondió Dean con un firme apretón, recordando el día en que lo había visto por primera vez en la cabaña de Castiel. Balthazar lo miró confundido, claramente no podía reconocerlo en su forma humana.
- Le hablé de ti – explicó Cas – le dije que vendrías a recogernos.
- Oh, eso tiene mucho sentido – Balthazar sonrió cálidamente – muy bien, dejen todo ese equipaje en el maletero y vamos adentro.
Ambos chicos subieron a la parte trasera del auto y abrieron las ventanas para dejar entrar el viento. Dean parecía nervioso y emocionado, sonriendo a Castiel cada pocos segundos; no había subido a un auto desde que tenía 5 años, cuando había subido al auto de John Winchester camino a su nuevo hogar y apenas recordaba cómo había sido la experiencia. Balthazar observó su expresión nerviosa a través del retrovisor y no pudo reprimir una sonrisa, entonces encendió el motor y comenzó a conducir tan rápido como le era permitido.
Dean dejó escapar una exclamación y cerró los ojos con fuerza, sintiendo un extraño cosquilleo en su estómago, a la vez que su corazón aceleraba su ritmo. De pronto sintió que una mano cálida y fuerte se posaba sobre la suya y al abrir de nuevo los ojos, pudo ver a Castiel sonreírle, ofreciéndole apoyo y tranquilidad. Dean le devolvió la sonrisa y sostuvo su mano contra la suya entrelazando sus dedos, se sentía bien y le hacía sentir tranquilo. Pronto comenzó a acostumbrarse a la velocidad y sus ojos pudieron observar el paisaje al exterior, disfrutando del viento que acariciaba su rostro y mecía su cabello de manera refrescante. Era divertido y agradable… y al lado de Castiel no había nada qué temer.
- Entiendo que es la primera vez que viajas en auto – comentó Balthazar para romper el silencio.
- Así es – respondió Dean con timidez - ¿cómo sabes eso?
- Castiel me dijo algunas cosas sobre ti por teléfono, cuando llamó para pedir mi ayuda.
- Qué te dijo sobre mí exactamente – preguntó Dean con temor y desconfianza.
- No mucho en realidad. Me dijo que fuiste secuestrado hace unos 15 años y que te mantuvieron cautivo, sin contacto con el mundo exterior. ¡Vaya historia! Siento mucho eso, amigo, pero ahora estás a salvo, Cas y yo vamos a ayudarte.
Dean miró a Castiel, sintiéndose traicionado, no quería que nadie más supiera sobre su vida, pero estaba agradecido de que no le hubiese dicho la historia completa.
- Dean, yo no soy la persona más adecuada para enseñarte el mundo – explicó Castiel al percibir la mirada herida de Dean – yo mismo soy un desastre que no logra encajar en la sociedad, por lo tanto nos vendría bien la ayuda de Balthazar.
- No soy precisamente el alma de la fiesta, pero puedo ayudar en lo que sea que necesites – dijo Balthazar con una sonrisa gentil. Al principio se había mostrado reacio a que su amigo albergara en su casa a un desconocido, pero viéndolo de cerca parecía ser un buen chico y si su historia era cierta, entonces merecía su ayuda. Castiel era una persona demasiado bondadosa y de seguro tenía mucho que aprender de él.
Dean asintió y fingió una sonrisa antes de volver su mirada hacia la ventana.
- Escucha, Dean ¿no crees que nuestra primera parada debería ser la estación de policía? – sugirió Balthazar, Dean lo miró confundido.
- ¿Por qué deberíamos ir allí?
- ¡Porque has estado secuestrado durante años, hombre! las personas que te hicieron eso deberían ir a prisión antes de que puedan dañar a otros chicos.
- No, no es necesario, ellos no me hicieron daño… me trataban bien.
- ¿Ah sí? ¿entonces por qué escapaste de allí?
- Yo… sólo quería salir de nuevo.
- ¡Porque no es sano lo que te hacían! – refutó Balthazar – tal vez nunca te golpearon o abusaron de ti, pero lo que te hicieron fue tortura psicológica, no pueden simplemente secuestrarte y aislarte del resto del mundo.
- Las cosas no son como piensas, es mucho más complicado y por favor deja de insistir.
- Podrían atraparte de nuevo si no haces algo al respecto – insistió Balthazar, ignorando la petición del joven.
- Ellos no son una amenaza para mí, tampoco para ustedes.
- Déjalo Balthazar – intervino Castiel – él conoce lo que quiere y lo que debe hacer, mejor que nosotros.
- ¿No te suena eso como síndrome de Estocolmo, Cas? – Dean sólo frunció el ceño, apenas había oído hablar del término, pero no estaba seguro de lo que significaba.
- Tal vez sí, o tal vez no, pero Dean hablará sólo cuando se sienta preparado, no vamos a forzarlo a hacer nada que él no desee.
- De acuerdo, de acuerdo – se rindió Balthazar y Dean suspiró con alivio. A pesar de que habían sido Bobby y su padre quienes asesinaron a su madre y luego lo tomaron para mantenerlo aislado, nunca los había visto como sus captores; ambos habían sido su familia y habían hecho todo lo posible para protegerlo, aunque su concepto de seguridad fuese un poco exagerado.
Pasaron el resto del trayecto en silencio, Dean observando el paisaje a través de la ventana, disfrutando de la briza sobre su rostro y de la ligera sensación de vértigo en su vientre. El viaje no fue demasiado largo y pronto los árboles y la carretera vacía, la cual parecía ser infinita, fueron reemplazados por cientos de autos, enormes edificios y miles de personas caminando por las calles. El ambiente allí era denso, olía a polvo, humo y calor, todo era mucho más ruidoso, los sonidos de los autos, sus bocinas estridentes, las personas hablando fuertemente, la música que provenía de todos lados… el aire era caliente y abrumador y todo parecía tan gris y carente de color, además sus sentidos más desarrollados que los de un humano promedio no estaban ayudando en absoluto.
Sintió el brazo de Castiel envolverse alrededor de sus hombros y entonces se dio cuenta de que había estado temblando, su piel sudaba con el calor, pero su cuerpo temblaba sin control y Castiel sólo pretendía ofrecerle consuelo, ayudarle a calmarse.
- No te preocupes, Dean, pronto estaremos en un lugar más tranquilo – murmuró Castiel a su oído.
- Tranquilo, amigo – habló Balthazar – te acostumbrarás a todo esto, sé que el campo es mucho más tranquilo y silencioso, pero el ser humano es un ser de costumbres, ya verás que pronto te adaptarás.
Por supuesto Balthazar no comprendía que sus sentidos eran sensibles, que las bocinas de los autos lastimaban sus oídos y que podía captar más de una conversación a su alrededor, su vista era también más aguda y la luz del sol de verano enfurecido hería sus ojos claros, y la concentración de cientos de olores eran desagradables para su nariz, provocándole nauseas. Todo eso le producía ansiedad y el calor no hacía nada para mejorar su situación.
De pronto Castiel en un gesto de solidaridad, cerró las ventanas del auto para bloquear el ruido y la luz solar. Baltazar encendió el aire acondicionado y Dean se sintió mucho mejor, aunque un poco mareado y con nauseas. Sin pensarlo, posó su cabeza sobre el hombro de Castiel y cerró los ojos, intentando dormir por el resto del viaje y olvidarse de todas las horribles sensaciones que lo abrumaban. El cuerpo de Castiel se tensó en respuesta, sin embargo no dijo nada, sabía que Dean lo hacía de manera inocente, su mente pura y ligeramente infantil no veía problema alguno en el contacto físico con otro hombre.
- Ustedes dos son tan adorables – comentó Balthazar, pero Castiel lo mandó a callar con una mirada asesina.
Cuando Dean despertó, ya la calle gris parecía más tranquila, ya no habían tantas personas deambulando, ni edificios gigantes que cubrieran el horizonte, no habían cientos de autos generando contaminación auditiva ni el olor a humo y suciedad; sólo había un pequeño edificio de apartamentos donde supuso que vivía Castiel. No era precisamente lujoso pero podía ver que tampoco era un lugar humilde, aunque probablemente el interior luciría mucho mejor.
Dean observaba con curiosidad todo a su paso. En el lugar de estacionamiento habían decenas de autos bonitos y brillantes, de diferentes colores, algunos con estilos únicos y llamativos; Dean se encontró fascinado con ellos a pesar de lo ruidosos que podían llegar a ser cuando estaban en movimiento. Luego estaba el ascensor, donde subieron muchos niveles sin ni siquiera darse por enterado y por último detalló cada habitación del apartamento de Castiel, donde tendría que pasar los próximos años de su vida antes de marcharse con Sam, tal vez a algún lugar similar, aunque probablemente mucho más barato.
El lugar era amplio e iluminado, las baldosas eran claras al igual que las paredes, pintadas con un color neutral y aburrido. La alfombra era el único elemento que le daba un poco de vida a la sala de estar, al ser de color rojo oscuro, pues los muebles eran igualmente blancos e impecables. Había unos enormes ventanales con vista a la ciudad, desde allí el cielo se veía hermoso y azul, cubierto de nubes perfectamente blancas, pero a lo lejos los enormes edificios parecías grises, altos e intimidantes. Le gustaba el bosque porque era fresco y lleno de color, pero la ciudad parecía monótona y sin vida.
- Pasa, Dean – ofreció Castiel cortésmente al ver al joven detallar el espacio sin atreverse a entrar – esta será tu casa a partir de ahora, así que siéntete cómodo.
Dean asintió y sus pies se encontraron siguiendo los pasos de Castiel, quien le enseñó cada una de las habitaciones de su hogar, demasiado grande para una sola persona. Dos habitaciones, un estudio, tres baños, una cocina bastante grande, un comedor y una amplia sala de estar.
- Esta será tu habitación – explicó Castiel, era más pequeña que la que Dean solía tener en casa, sin embargo tenía todo lo necesario, una cama, un armario, una mesita de noche y un baño.
- Es perfecta, Cas – dijo Dean fingiendo emoción.
- Solía dormir aquí de vez en cuando, pero supongo que tendré que mudarme al sofá – comentó Balthazar encogiéndose de hombros.
- Ustedes dos son muy cercanos ¿no? – preguntó Dean con una sonrisa.
- Hemos sido amigos desde que Cassie comenzó la universidad, yo aún no me graduaba y solía vivir en este edificio.
- ¿Por qué te mudaste?
- Preferí buscar un apartamento más cercano a mi lugar de trabajo, de todos modos no es demasiado lejos de aquí, así que no te preocupes, vendré todos los días y tendremos mucha diversión. Tenemos que mostrarte lo mejor de la ciudad, llevarte a los mejores bares y restaurantes, tienes que conocer muchas chicas, embriagarte y tener sexo.
Justo lo que Castiel odiaba – pensó Dean – no comprendía como podía ser amigo de alguien que claramente era lo opuesto a su personalidad.
- Déjalo, Balthazar – le reprendió Castiel – debes estar incomodándole, deja que se acostumbre a su nuevo ambiente, por ahora es mejor que se quede en casa… al menos por el día de hoy.
- Lo sé, lo sé – se defendió el otro – dejaré que descanse esta noche, pero volveré mañana sin falta.
- Sólo si Dean está de acuerdo – le recordó Castiel.
- Lo estoy, suena divertido - respondió con una sonrisa, sintiéndose luego consternado ante la mirada de decepción de Castiel.
- Bien, entonces te veré mañana – dijo golpeando amistosamente la espalda de Dean – adiós, Cas.
Entonces se marchó, dejando a ambos hombres solos en casa, acompañados por su propia torpeza y timidez. Castiel se dirigió a la cocina y comenzó a desempacar los alimentos que llevaban desde la cabaña, dándole la espalda a Dean para acomodarlos en los gabinetes.
- No voy a quitarte a Balthazar ¿sabes? – comentó Dean, reposando sus codos sobre el bar de la cocina para ver a Castiel de cerca.
- ¿Perdona? – preguntó sin comprender la razón tras las palabras de Dean.
- Vi cómo nos mirabas, Cas, y no te juzgo, sé que Balthazar ha sido tu amigo desde hace un tiempo, él me agrada, pero no voy a quitártelo, no tienes que preocuparte por eso.
Castiel suspiró – me disculpo si te di esa impresión, a veces soy un poco posesivo con mis amistades… eres consciente de que no tengo muchos amigos y me temo que no soy tan divertido como Balthazar quisiera que fuera.
- Yo creo que sí lo eres, de todos modos, te prometo que no vamos a divertirnos sin ti.
Castiel sonrió con gratitud, aunque fue sólo una sonrisa pequeña, era la más hermosa que Dean jamás hubiese visto – eso espero – dijo antes de regresar a su labor.
Castiel no sólo temía perder a Balthazar, también temía no ser una buena compañía para Dean, la única persona capaz de admirar sus cualidades. Temía que Dean viese en Balthazar una mejor compañía y decidiera marcharse con él, temía que Dean al tener contacto con el resto del mundo, dejara de encontrarlo interesante y comenzara a darse cuenta de sus defectos. Pero por supuesto, no iba a decirle eso.
Dean inconsciente de los pensamientos de Castiel, caminó por el lugar, evaluando todos los objetos y los cuadros aburridos en la pared, llena de obras abstractas carentes de sentido. Se detuvo en frente del ventanal, el mundo bajo sus pies le producía una extraña sensación de vértigo. Se preguntó qué tan lejos estaría de su casa, de Sam, de Bobby y de su padre, si aún estarían buscándolo o si ya se habrían rendido.
- ¿Por qué no vas a ducharte? – preguntó Castiel, inquieto al sentir a Dean merodeando sin hacer nada – ve a asearte y más tarde podremos ir a buscar algo de comer.
- Eso suena bien – respondió con emoción antes de dirigirse a su propia habitación.
Una vez que estuvo allí, en completa soledad, se sintió increíblemente extraño. Nunca había imaginado que alguna vez saldría de aquella habitación, pensó que su vida sería siempre igual, pero ahora estaba de pie en medio de un lugar desconocido, al lado de alguien que no era miembro de su familia. Se sentía bien y emocionante de cierta manera, pero aún no dejaba de ser extraño y no dejaba de producirle cierto temor y cierta inseguridad.
Se deshizo de su ropa con lentitud antes de entrar al baño y se metió en la ducha, disfrutando del agua tibia, la cual relajaba sus músculos tensos y adormecía su mente cansada. Acarició su cuerpo con el jabón y al llegar a su pierna se dio cuenta de que la herida ya casi había sando. De todos modos, no dejaba de ser un recordatorio de su familia, de lo mucho que los extrañaba a pesar de lo que le habían hecho, por poco habían acabado con su vida y él aún se encontraba deseando abrazar a su padre otra vez.
Cerró la ducha y miró su rostro en el espejo, mirando los ojos verdes de su reflejo y haciéndole jurar que no arruinaría las cosas esta vez, que no le haría daño a Castiel, lo protegería y sería bueno para un día ver de nuevo a su familia.
Cuando volvió de nuevo a la cocina, ya Castiel había terminado de desempacar y ahora miraba la ciudad desde el ventanal. Su rostro parecía llevar la misma preocupación que Dean, pero comprendía que también la vida de Castiel había cambiado de la noche a la mañana y era difícil saber si el otro lo percibía como algo positivo o todo lo contrario.
- Es una hermosa vista – murmuró Dean, de pie al lado de Castiel, mirando al horizonte.
El cielo se había pintado de naranja, las nubes que antes parecían de algodón, ahora parecían hechas de fuego y Dean se encontró fascinado con la vista del atardecer. Los había visto en cientos de pinturas y cientos de películas, pero eran mucho más hermosos cuando podía verlos desde su ventana, sintiendo la briza fresca en su rostro y la más grata compañía a su lado.
- Es bonito estar afuera, todo se siente tan diferente – continuó Dean, Castiel lo escuchaba atentamente sin decir nada – todo se siente como un sueño, ya sabes, nunca imaginé que estaría aquí, pensé que moriría sin ver cosas como esta.
Castiel se limitó a observarlo, aquello era lo que más le gustaba de Dean, la manera en que disfrutaba de las cosas más sencillas, de lo que el resto del mundo se había cansado de admirar; todos preferían estar en frente de una pantalla, llenando su cuerpos de drogas y alcohol o destrozando sus tímpanos con música estridente, ya a nadie le importaba observar un atardecer, o simplemente pasear por ahí para sentir el viento acariciar sus rostros.
- Voy a ir a conseguir algo para cenar ¿quieres acompañarme? – preguntó Castiel a lo que Dean asintió con entusiasmo.
Caminaron en silencio a través de unas cuantas calles, la tarde pronto se transformó en noche, aunque tibia por el verano. Dean levantó la vista hacia el cielo, pero no pudo ver ninguna estrella. Cuando estaban en medio del bosque, el cielo resplandecía con cientos de estrellas, lo cual era un espectáculo realmente hermoso, pero ahora al mirar al cielo no veía nada más que uno o dos puntitos brillantes y lejanos.
- El cielo es realmente oscuro aquí – comentó Dean confundido.
- Eso es debido a las luces – explicó Castiel – hay tanta iluminación en la ciudad que opaca la luz de las estrellas, por eso no podemos verlas desde aquí.
- Eso es muy triste. Cuando estaba en mi habitación, apenas podía verlas por un pequeño agujero que Papá hizo en el techo para dejar entrar la luz. Por lo tanto me gustaba verlas cuando estaba contigo en la cabaña.
- Ya tendremos la oportunidad de verlas luego.
Dean asintió, comprendiendo que ahora no estaría confinado a una habitación, que tendría la oportunidad de hacer muchas cosas que antes le eran imposibles y que tendría muchas más oportunidades de ver el cielo estrellado.
Se sentía extraño caminar cerca de tantas personas, ver tantas luces encendidas, escuchar tanto ruido a su alrededor, pero ya no lo abrumaban como horas antes, ahora sus nervios estaban bajo control. El olor de la comida en los restaurantes cercanos llegaba a sus fosas nasales y le hacía sentir hambriento, así que decidieron no tardar demasiado y comprar algo para llevar.
Era gracioso ver a Dean estremecerse y apartarse de los coches que pasaban a metros de distancia y ver su mirada verde seguir a cada persona con curiosidad, a pesar de estar en su forma humana ante los ojos de Castiel seguía siendo aquel enorme cachorro que encontró herido aquella noche, por lo tanto no podía dejar de encontrar adorable cualquier gesto inocente o infantil que pudiera percibir en su bonito rostro.
No tardaron mucho en regresar al edificio, cargados con bolsas repletas de deliciosa comida, cuyo aroma hacía gruñir el estómago de ambos. Castiel le enseñó cómo usar el ascensor y Dean parecía emocionado por haber aprendido algo nuevo, llenando de ternura el corazón de Castiel. Definitivamente no había compañía de la que pudiera disfrutar más. Ambos estaban felices de tenerse el uno al otro y poder pasar tiempo juntos, Castiel estaba feliz de poder enseñarle a Dean, y Dean estaba ansioso por aprender. Sin embargo no todo podía ser felicidad, no con su suerte.
Cuando se disponían a entrar de regreso al apartamento, un joven alto y fornido chocó con el hombro de Dean, casi derribándolo al suelo.
- ¡Oye! – exclamó Dean enfadado al ver que el hombre seguía de largo sin ni siquiera ofrecer una disculpa.
Entonces el hombre se dio la vuelta y se enfrentó a Dean con una sonrisa burlona - ¿Tienes algún problema, amigo? – Pero sus ojos se encontraron con los de Cas y su sonrisa se ensanchó aún más – ¡Castiel! Amigo, no te había visto desde hace un tiempo ¿en qué clase de burdel estabas metido?
Dean no sabía si se trataba de una broma, pues por lo que había logrado aprender de la interacción entre Castiel y Balthazar, los amigos solían insultarse todo el tiempo como si fuese algo divertido y jugarse bromas pesadas. Pero Castiel parecía demasiado incómodo, aun cuando luchaba por permanecer estoico, sus ojos azules miraban al suelo y sus puños apretaban firmemente la bolsa que llevaba su cena.
- Jordan – Saludó fríamente Castiel sin despegar la mirada del suelo.
- ¿No vas a presentarme a tu novio? – preguntó con burla, pero por supuesto, Dean no lo conocía lo suficiente para percatarse de ello.
- No soy su novio – respondió Dean con una sonrisa confundida - ¿por qué dices eso?
- ¿Hablas en serio? ¿no te has dado cuenta? Castiel es un mariquita, si te atreves a sonreírle o ser amable con él, de inmediato querrá llevarte a la cama.
- ¿De qué demonios hablas? – preguntó Dean, esta vez comenzando a enfadarse. No comprendía muy bien de qué se trataba el asunto, pero no era tan tonto como para no darse cuenta de que el hombre pretendía insultar a Castiel, podía darse cuenta en especial por el hecho de ver a Cas retraído, cabizbajo y con las mejillas sonrojadas.
- No te enfades, amigo, sólo te estoy advirtiendo y no digo nada de lo que no esté seguro. Castiel es un maricón, querrá besarte en cuanto cruces esa puerta y compartan la misma habitación, sin el más mínimo sentido de la vergüenza.
Dean sintió la ira hervir dentro de sus venas, Castiel parecía tan vulnerable, sus ojos azules parecían querer llorar, sus piernas temblaban como si quisieran huir corriendo y aquel hombre sólo parecía ser un idiota con deseos de molestar, por alguna razón decía cosas horribles de su ángel, del ser más perfecto sobre la tierra, aquellas palabras herían a su amigo y Dean no lo pensaba permitir.
Jordan estaba a punto de lanzar un comentario sarcástico acerca de la reacción de Dean, pero en su lugar se congeló. Vio la ira en los ojos del menor, sus iris verdes adquirir un ligero color dorado alrededor de las pupilas y un gruñido gutural escapando de su garganta.
- Amigo ¿acabas de gruñirme? – preguntó Jordan, levantando una ceja – tal parece que eres tan raro como Castiel.
Dean se hubiera abalanzado sobre el hombre y le hubiese destrozado la garganta si no fuera por Castiel, quien le agarró del brazo y lo detuvo justo a tiempo.
- Déjalo, Dean, no merece la pena – miró al hombre con recelo y se alejó, arrastrando a Dean al interior de su apartamento.
Dean le dedicó un último gruñido y una mirada asesina antes de permitirse ser arrastrado por su compañero, dejando a Jordan aturdido. Castiel dio un portazo y se enfrentó a Dean, ya no con la mirada tímida y avergonzada que llevaba segundos antes, sino con la ira y la autoridad marcados en sus ojos azules, que a veces podían ser tan dulces y otras veces sólo eran intimidantes.
- ¡Qué demonios pasó allá afuera, Dean! ¿Qué está mal contigo?
- ¡Eso debería preguntarlo yo! ese imbécil estaba diciendo cosas horribles sobre ti y tú simplemente se lo permitiste.
- Eso no tiene nada que ver contigo – Castiel suspiró intentando calmarse, Dean nunca lo había visto tan alterado – escucha, estás bajo mi cuidado y no puedo permitir que nadie más se entere de lo que eres. Hubieras visto tus ojos, Dean, esa mirada no era humana y la forma en que gruñías… sólo espero que Jordan no sospeche nada ahora.
- No tiene por qué hacerlo si no sabe de la existencia de lo sobrenatural.
- No puedes permitirte ser tan descuidado, pudiste haber perdido el control, pudiste haberlo asesinado.
- No es nada que no se merezca – refutó encogiéndose de hombros.
- ¿En verdad piensas eso? ¿piensas que está bien asesinar a un ser humano sólo por ser un idiota? – exclamó Castiel horrorizado.
- Tú lo has dicho – respondió Dean, mirando a Castiel desafiante.
- Esto es increíble – Castiel resopló lleno de ira – pensé que eras diferente, pensé que eras el ser más puro sobre la tierra, si hubiese sabido el monstruo que eres en realidad nunca habría aceptado traerte a casa conmigo.
Aquellas palabras cortaron el corazón de Dean como el filo de un puñal, odiaba ser llamado monstruo por quienes amaba, odiaba ser temido y visto con desprecio, en especial cuando todo lo que quería era proteger a Castiel, hacerlo sentir seguro y demostrarle cuanto valía.
- Y si yo hubiera sabido el idiota masoquista que eres jamás hubiera aceptado venir contigo - respondió Dean en medio de la ira y el dolor, antes de correr a su habitación y encerrarse en ella por el resto de la noche, dejando a Castiel consternado y herido; sabía que era cuestión de tiempo antes de que Dean comenzara a percatarse de sus defectos y quisiera dejarlo.
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Gracias a todos por leer y muchas gracias a LexiHolmes21 y Anithasakura por sus comentarios :)
