Disclaimer: League of Legends y sus personajes no me pertenecen… y la canción tampoco, solo tratare muy fuertemente de hacerle honor a esta, a la historia, a los sentimientos y a mi nombre.


Capitulo Extra


Aun sangrando, quédate conmigo


Ahora miraba a la chica de cabellos morados frente suyo, no necesitaba ninguna expresión de su rostro para hacerla sentir estúpida… y así se sentía.

—Oh… Janna me dio esto— terminó diciendo, extendiendo unos cuadernos.

— ¿Qué es?

—Lo que vieron e hicieron en clase… creo que les dejaron tarea… o algo así dijo.

— ¿Entonces me trajiste la tarea?

—Por lo que estuviste faltando estos días…

—Me trajiste la tarea— volvió a formular— de Janna… porque falte un par de días al instituto.

—Ella creyó que te serviría.

— ¿Y por qué no me la trajo ella?— volvió a indagar, apoyándose en el marco.

Desde que la tiradora apareció de repente del otro lado de la puerta de su apartamento, solo se le quedo viendo, la pelirroja parecía mas incomoda a medida que los segundos pasaban.

—Es decir…— volvió a hablar la mayor— tú vives al otro lado de la ciudad y ella solo a unas cuadras.

—Ella… tenía otra cosa que hacer…

—Es domingo…

— ¿Y que con eso? ¿Acaso todo el mundo está desocupado el domingo?— preguntó, ya molesta por estar siendo pesadamente cuestionada— solo tómalo ¿Si?

Syndra sonrió de lado y alcanzó los cuadernos que se le ofrecían. Acomodándolo debajo de su brazo y volviendo a mirar con paciencia a la más chica.

—Bien…— dijo la pelirroja, incomodándose por el silencio y la pesada mirada— supongo que es todo… y ya es tarde así que debería…

—Oh si…— comentó tratando de ocultar la sonrisa de burla que tenía para esa ocasión— ya es muy tarde…

—Sí… bueno…— terminó comentando con cierto desdén, tocándose la cabeza, haciendo un poco de tiempo, pero finalmente echo unos pasos hacia atrás y luego de girarse, comenzó a alejarse por el pasillo.

Syndra lanzó su mirada hacia arriba, negando con la cabeza.

— ¿Quieres quedarte a cenar?

Miss Fortune detuvo sus pasos y volvió a mirar hacia atrás, la otra chica ahora levantaba los cuadernos a la altura de su pecho

—Gracias por la tarea— dijo, tratando de facilitarle las cosas— estaba a punto de prepararme algo para comer ¿Te gustaría acompañarme?

—Oh… sí…

—Pero vaya ¿No dijiste que era muy tarde?

— ¡Deja de jugar conmigo!

Syndra ya no pudo ocultar su sonrisa y se divirtió unos segundos con la expresión contrariada de la otra chica.

—Serás idiota ¿Por qué crees que debes generar una excusa?— preguntó, adentrándose a su departamento, dejando la puerta abierta detrás de sí— si me extrañas simplemente búscame.

La tiradora se cruzó de brazos, quedándose en su lugar.

—Nadie dijo que te extrañaba…—terminó murmurando y, resignándose, entró también.


Una vez escuchó decir a Jinx que el cuarto de Lux era exactamente como su dueña.

"Ordenado, limpio, lleno de colores rosas y brillantes… aburrido"

Si los lugares donde vive una persona son reflejos de ellos…

¿Cómo debía tomar el apartamento de Syndra?

Miss Fortune seguía inspeccionando el lugar ya sin ocultar la curiosidad, husmeando ya que la anfitriona estaba ocupada y concentrada en la cocina.

"Mi cuarto es un desastre y está lleno de pistolas, cohetes… y cosas que pueden explotar si se la ven mucho" recordaba aun a la tiradora del otro equipo "Te juro que el cuarto de Lúlu está lleno de dulces, los guardas hasta debajo de su almohada ¿Qué tiene Ahri en su cuarto?"

Ahri era el tipo de chica muy reservada, pese a que vivía con ella, solo había podido echar un vistazo a su habitación un par de ocasiones.

"Seguro tiene una cama con sabanas de seda roja y guarda las esposas de peluche colgando en una de las puntas… supongo que la habitación de Soraka debe ser aburrida también… lo que de verdad sería interesante de ver es…"

Syndra daba curiosidad, es verdad. Ahora que lo pensaba, era la primera vez que estaba allí, mas allá de eso, era la primera de todas las guardianas en estar allí.

"Apuesto a que tiene murciélagos muertos colgados de su cuellos por hilos cubiertos de sangre desde los techos, libros negros que si los abres se les cae el polvo de personas muertas por todos lados… espejos embrujados con el alma de pobres inocentes que osaron invadir su privacidad y gritan por las noches pidiendo clemencia"

Recordaba como la excitación de Jinx hacia que su voz se volviera aguda a medida que trataba de adivinar.

Pero la chica no podía estar más equivocada.

Miss Fortune jamás había visto un lugar tan neutral en su vida.

Los colores que predominaban era el blanco y el negro, más el primero haciendo ver el lugar iluminado y limpio, los muebles eran de un marrón claro, casi todos del mismo tono, haciendo que el lugar se llenara de armonía al no sobresalir nada en específico.

Había espejos, sí, pero ni siquiera tenían un marco y parecían ubicado solo para agregar algo más al ambiente.

El piso parque, lustrado y limpio como el resto del lugar. Todas las puertas cerradas de modo que lo único que pudiera ver alguien que entra era la sala principal, donde se encontraban, apenas dividida por una mesa laguna que conectaba a la cocina, donde Syndra estaba de espalda.

"Increíble" pensó cuando ya tuvo una conclusión del lugar "Jinx tenía razón en algo, los lugares si son reflejos de quienes lo habitan… por eso no puedo sacar ni una mínima conclusión de Syndra por estar aquí… todo esta prolijamente cuidado para no develar nada de su dueña"

— ¿Ya terminaste de explorar?—preguntó la dueña de casa aun dándole la espalda. Podía sentir la mirada de la otra chica ahora sobre ella, lo que le indicaba su atención.

—Tienes un bonito apartamento— comentó la pelirroja, acercándose a la isla y tomando asiento en una de las butacas.

—Es un poco más ordenado que tu cuarto ¿No es así?

Miss Fortune cayó rápidamente en cuenta que, en efecto, la otra chica conocía su cuarto. No tardó en recordar la primera vez que estuvo allí y su propio pensamiento la avergonzó.

—Aunque— volvió a hablar la mayor, girando su rostro para mirarla ahora— el tuyo tiene su encanto.

—Oh…—comentó poniendo más atención en un pequeño plató que adornaba la isla— ¿Por qué tardas tanto de todas formas?

—Quizás estas acostumbrada al ramen en caja de dos minutos con Ahri…

Miss Fortune miró hacia arriba, era como si aceptar la invitación a cenar incluía las burlas y bromas de la mayor por todo ese tiempo.

"Aunque tiene razón y no puedo discutir eso" Pensó sabiendo que en la vida que llevaba con Ahri y su apartamento, la cocina estaba casi sin uso. Ninguna sabía realmente cocinar algo y era más sencillo pedir comida o salir a por ella.

—Esto requiere un poco más de tiempo, descuida, tenía la mitad ya preparada antes de que aparecieras por sorpresa con… "la tarea de Janna".

—Ya dije que pensé que la necesitarías…— comentó ignorando el tono de sarcasmo— No tenías por qué esforzarte tanto en la última misión.

No solo la tiradora, sino todo el equipo, notaban el repentino esfuerzo y entrega que la mayor de ellas hacía en las últimas misiones.

Syndra seguía igual de reservada y soberbia como siempre, pero nadie podía discutir lo mucho que últimamente trabajaba.

Las últimas dos misiones fueron relativamente sencillas gracias a que prácticamente ella las resolvió, pero la segunda de estas tuvo un descuido por parte del equipo y las cosas hubieran salido muy mal de no ser por Multi, que enviado por la maga los defendió, exponiéndose ella.

Logró derrotar al líder en esa ocasión pero recibió un gran daño.

—Soraka me curó bien— comentó con desde, mientras seguía sumergida en su labor.

—Querrás decir que gracias a ella no moriste… otra vez, pero que aun así estuviste débil y por eso faltaste a clases…

—Estoy bien— trató de cortar la conversación.

— ¿Qué es?— preguntó, decidida a no dejar pasar la oportunidad— ¿Una estúpida forma de querer compensar la traición? ¿Tú manera de pedir perdón? ¿Esforzarte de más porque crees que estas en falta?

—Sí, todo eso— contestó de forma contundente, sorprendiendo por la respuesta.

Miss Fortune se quedó viendo su espalda. Syndra parecía revolver algo en una olla, agregaba sal y otros condimentos, a la par de esa hervía una salsa roja. Era difícil adivinar de qué se trataba.

—No tienes que hacer eso— volvió a insistir en el tema— compensar o… hacer algo al respecto. No es como si te "odiáramos" o te guardáramos rencor.

Le parecía extraño, viniendo de ella, que tratara de quedar bien con los demás. Comúnmente no le interesaba y se jactaba de eso.

—Lo tendré en cuenta— comentó nuevamente con desdén.

— ¿Tienes otra razón para esforzarse como idiota?

— ¿La tienes tú?

La pelirroja pestaño totalmente confundida mientras la maga se volteaba a mirarla, limpiándose las manos con un repasador, y apoyándose pronto en la isla que las separaba.

—¿Yo?— preguntó con curiosidad.

—De repente estas más despiertas en clases y no vas corriendo, escapándote de todos, para dormir o holgazanear… como comúnmente hacías.

—Yo no "holgazaneo"…

—No, ahora le pides a Ezreal que te ayude a entrenar tus tiros. Desafías a la tiradora del otro equipo y se quedan hasta entrada la noche disparando. Inclusive a Lux, que estoy segura Ahri no sabe nada, te reúnes con ella, poniendo como excusa de que así ella mejorara sus conjuros, pero en realidad la usas para mejorar tu velocidad de movimiento y anticipación…

—No es una excusa— cortó, a sabiendo que diciéndolo estaría quedando al descubierto— nos ayudamos ambas… de verdad lo creo.

—Antes del incidente donde… "mi" incidente— terminó aclarando— no hacías nada de eso. No, al contrario, vivías confiada de que eras lo suficientemente fuerte y las guardianas estelares también. A Ahri le costaba horrores convencerte de que nos acompañaras a entrenar.

Los comentarios iban con tantas confianzas, como si se trataran de una verdad absoluta que la tiradora no podía desmentir.

— ¿Qué eres ahora?— preguntó, cruzándose de brazos en su silla, desviando su mirada de la maga— ¿Una detective? ¿Me vigilas desde las sombras?

Syndra sonrió sin dejar de mirarla.

—Mmm, es verdad… supongo que te cogí manía— confesó, y pudo ver con satisfacción como las mejillas de la menor tomaban color— aun así no estas contestando mi pregunta… ¿Por qué de repente tanto esfuerzo?

— ¿Qué tiene de malo?

— ¿Por qué te pones a la defensiva? No te estoy acusando de nada.

— ¡Pues así parece!— exclamó con enojo pero al ver la sonrisa tranquila de la otra chica se sintió torpe— ¿Y que si ahora me estoy esforzando?— volvió a preguntar, aunque un poco incomoda por su anterior arranque.

—Tu puedes hacer lo que quieras… solo sentí curiosidad por el cambio de actitud… Me preguntaba si te sentías débil.

—No es por eso…

—Es decir, lo eres.

Miss Fortune volvió a endurecer su mirada. No entendía a la otra chica. Llevaba una sonrisa honesta y una expresión relajada y aun así lanzaba comentarios afilados que herían su orgullo con facilidad.

—Oh… ¿Debía ser considerada y mentir?— preguntó con gracia al notar el enojo— ¿Por qué haría eso? Si finalmente te has dado cuenta de lo débil que eres y quieres cambiarlo… es algo positivo ¿No es así? "Enhorabuena"

Con este último comentario, y dejando a la otra chica callada y con la expresión de fastidio, volvió a darse vuelta para atender su cocina.

—No soy débil— escuchó que decían a sus espaldas— no soy débil para nada, de hecho sé que soy muy fuerte… pero… no soy más fuerte que tú.

Syndra no pudo evitar girar su rostro y mirarla con curiosidad.

—Es verdad también— comentó al mayor sin una pizca de humildad— eres notablemente inferior a mí.

—Lo sé.

La anfitriona puso su última atención a la cocina, apagando el fuego y apartando las ollas. Acomodó un poco las cosas y luego se giró a la isla, apoyando sus manos.

— ¿Estas entrenando muy duro porque quieres ser más fuerte que yo?— preguntó apoyando su cabeza en una de sus palmas, esperando con paciencia la respuesta.

—Me he dado cuenta que eso es algo…— comenzó a decir, con la convicción de no querer ver el rostro de la otra chica— difícil. Tú entrenas a diario tu poder, estás muy obsesionada con él. Así yo creciera mucho días tras días, tú también lo harás… me pregunte "¿De verdad podré superarla algún día… alcanzarla?"

Syndra permaneció en silencio sin responder, parecía que la tiradora se había decidido por contestar ella sola, así que la dejaba.

—Quizás nunca llegue a alcanzarte, quizás sí, siempre serás más fuerte que yo…entonces… ¡Procurare de que luego de mí no haya nadie más fuerte!

Ahora era la mayor la que le tocaba pestañar en sorpresa cuando la mirada esmeralda se posó en ella con mucha intensidad.

—Me asegurare de ser la persona más fuerte que puedas ver. Inclusive si tú eres la "mas" fuerte, no habrá nadie por arriba de mí luego de eso. Y eventualmente… te ganare. Lo prometo.

— ¿Eh? ¿Te quieres volver más fuerte para derrotarme entonces?

— ¡No! ¡Me quiero volver tan fuerte que nunca más en tu vida más a mirar a otro más! ¡Sabrás que no tienes que buscar más poder en el lado oscuro, o traicionándonos contra otro enemigo… o aliado, o lo que sea, porque en tu equipo está la persona que puede derrotar a cualquier intento mediocre de poder que aparezca! ¡Entonces!...— siguió diciendo aun apenada por lo que decía— ¡Entonces siempre decidirás quedarte a mi lado!... si soy más fuerte…

Syndra dejó de mostrase sorprendida y se irguió nuevamente, cerrando los ojos y suspirando. Antes de darse vuelta la tiradora podría haber jurado que sus mejillas se sonrojaron en la habitual piel de esta.

—Ya veo…—comentó ocultando cualquier emoción— Esto ya está listo, vayamos a la mesa.

Miss Fortune la vio alcanzando un par de platos de la alacena y manejándose en los otros muebles prolijamente cerrados.

—Oh… sí— dijo olvidando por unos momentos la conversación también para ayudarla.


No sabía cómo explicar el sentimiento una vez sentada en la mesa, pero lo primero que se le pasaba por la cabeza es que le hubiera gustado venir mejor vestida.

Era raro, sí, pero estando sentada, frente a una mesa de tan buen aspecto, al igual que el plato en frente suyo y con Syndra en frente, la hacía sentir como si se tratara de algún tipo de evento sofisticado.

Los espaguetis estaban prolijamente en el centro del plato, adornados con una hoja de perejil en medio, pequeñas bolas de carne se dejaban ver, todo bañado en una salsa roja de buen aspecto.

"¿Qué es esto?" se preguntó aun con las manos apoyadas a ambos lados de la silla, a la par de su cadera "Es como si lo hubiera sacado de un restaurant o algo así"

Volvió su mirada a Syndra quien estaba concentrada en su propio plato. Ya lo había notado cuando la vio por primera vez esa noche, pero la chica se las ingeniaba para verse naturalmente bien pese a llevar una sencilla camiseta larga, blanca y unos jeans claros.

Bajó su mirada a sus propia ropa, un short de jean y una chomba canguro, de mangas cortas, verde.

"De alguna forma me hace sentir como si nos dividiera un abismo de diez años y no uno" pensó luego de suspirar.

—¿Qué?— preguntó la mayor viendo como la otra chica tenía una expresión extraña y no había tocado su plato.

—Solo... pensaba… que se ve muy bien— terminó diciendo, alejando los pensamientos y tomando sus cubiertos para comenzar a comer.

Tan solo hizo falta que se llevara el primero bocado para volver a ver a Syndra.

La mayor sonrió con algo de soberbia al ver como los ojos de Miss Fortune se habían abierto un montón, inclusive brillaban más con un ligero sonrojo debajo de estos.

— ¿Sabe cómo se ve?

"Es lo mejor que he probado en mi vida"

—No está mal— contestó tratando de disimular el entusiasmo mientras bebía un poco de jugo.

—Me da gusto, quería que supiera especialmente bien…— contestó poniéndole más atención— lo hice para ti después de todo.

—Agh…— exclamó mirando hacia arriba, tratando de privarle a la chica de su apenado rostro— Disfrutas mucho metiéndote conmigo ¿No es así?

—Enormemente.

—Cocinas muy bien— confesó, volviendo a su plato, con la esperanza de que la incomodidad pasara.

—Merezco comer bien.

— ¿Mmm?— se preguntó, viéndola por el comentario atípico.

—Siempre he pensado que merezco lo mejor ¿No es lo que deberían buscar todos?— preguntó, comiendo sin mirarla, haciendo una pausa— y ya que nadie iba a cocinar para mí, más me valía aprender a cocinar por mi cuenta. Aparte, la comida rápida es desagradable y mediocre. A menos que se hable de un buen lugar para comer, los platos salen todos apurados y sin esfuerzo. La comida de estas personas es terrible en su mayoría… prefiero cocinar ante que probar sus pobres y miserables intentos de platos.

"Solo ella puede decir algo que sea tan cierto, de una forma tan despiadada y con tanta soberbia como si nada" pensó sonriendo nerviosa por la explicación.

—Claro que al principio se me daba horrible— siguió comentando— me llevó su tiempo pasar de hacer una pasta pastosa y sin gracia con poco sabor a hacer realmente algo decente.

Miss Fortune la veía hablar mientras revolvía un poco su plato, parecía como si su cabeza estuviera en el pasado.

"Es verdad" pensó al tiradora "Syndra ha estado sola desde que era una niña" recordó el incidente con Ezreal y los demás, cuando la maga por primera vez comentaba algo sobre ella.

"No le quedaba otra que aprender supongo"

La imagen de una Syndra mucho más joven se dibujó en su cabeza, fallando en la cocina y frustrándose por ello.

— ¿Qué con esa cara?— la llamó, sacándola de sus pensamientos— ¿Ahora me tienes lastima?

—Por supuesto que no— contestó con contundencia, mientras volvía a comer de su plato— solo pensaba que eres algo así como… "Cool"

— ¿"Cool"?— repitió con gracia la mayor.

— ¿Te puedes tomar un halago como persona normal?— se quejó anticipándome a las burlas— a mí me llevaría toda una vida preparar algo así, por eso creo que es genial… es todo.

— ¿Ah sí?

—Sí, aparte este lugar esta reamente bien también— siguió hablando la menor, mientras hacia una pausa para tragar una porción más— Con Ahri compartimos ese departamento y suele estar desordenado, aunque disfrutó de su compañía… la mayor parte del tiempo, nos las ingeniamos para mantenerlo bien, pero tú, estando sola sin la ayuda de ninguno de tus padres puedes…

Miss Fortune detuvo su observación torpemente, acababa de hablar de más sin reparar siquiera en lo que quería formular.

—Perdón…

— ¿Por qué te disculpas ahora?— preguntó con curiosidad la mayor aunque podía adivinar la razón.

—Por nada…

—No sé a qué te refieres honestamente, no es tan impresionante si te pones a pensarlo un poco.

— ¿Mmm?

—La estrella prima ayuda a las guardianas estelares cubriendo su "otra vida" proporcionándonos gemas que podemos intercambiar en este mundo. Siempre lo he visto como una especie de pago por nuestros servicios… aparte las personas suelen mostrarse agradecidas con nosotros y también nos proporcionan cosas que podemos utilizar.

—No es como si pudiéramos pensar en eso como algo para poder vivir ¿Sabes? No es realmente mucho… y tú no siempre fuiste una guardiana estelar… ¿Cómo hacías para… vivir sola?

—Hice lo mismo que ahora: Uso mis poderes.

—… ¿Mataste al dueño del lugar o algo?

—No seas idiota— se quejó, aunque el comentario hizo sonreír a ambas— Uso alquimia.

—¿Mmm? ¿Magia para crear cosas?

—No voy a perder mi tiempo corrigiendo tu pobre definición de la materia… pero si, algo así— hablo luego de sorber un poco de jugo—en mi familia ya había personas que manejaban la magia, mi madre incluida, solo tuve que estudiar un poco más los libros en casa y pudo comprender como crear objetos valiosos que pudiera intercambiar según la sociedad en la que este.

— ¿Puedes usar tus poderes para eso?— preguntó sorprendida. Nunca creyó que la magia de Syndra pudiera hacer otras cosas más que destruir, lejos de crear.

— ¿Por qué te sorprendes? No es como si de verdad conocieras mucho de mí. Hasta hace unos minutos ni siquiera sabias que podía cocinar.

Miss Fortune torció un poco sus labios, pero no discutió lo último. Recordó vagamente su primer encuentro en el invernadero y como también había sido sorprendida por los dotes en la jardinería y decoración de la mayor.

—En este mundo le dan mucho valor al oro, fácil de crear, aunque los materiales requeridos son caros y la magia por emplearse es mucha, aun así se compensa bastante. Luego solo queda saber dónde cambiarlo e ir variando los lugares para no levantar sospecha.

"Soy tan diferente a esta mujer" razonó la tiradora luego de escucharlo todo.

Nunca tuvo que preocuparse por cosas como subsistir fuera del campo de batalla, ni le preocupaba ahora, y pensaba que no le iba a preocupar tampoco en un futuro.

— ¿Todo eso… lo aprendiste sola?— preguntó jugando con la salsa que quedaba en su plato ya vacío.

—Sí…— contestó con algo de desdén— no había nadie cerca que realmente hubiera querido enseñarme… algo...— mencionó como si lo recordara aun—… O cualquier cosa

Su leve melancolía fue interrumpida al ver de repente un plato que se le ofrecía justo en frente de su nariz.

Su mirada no tardó en recorrer el brazo, hasta llegar al rostro de la de ojos verdes, levantándole una ceja en interrogación.

—Quiero más— dijo como explicación— ¿No dijiste que cocinaste para mí? Bueno… quiero más.

—Ah… claro— contestó algo desorientada, tomando el plato sin dejar de ver a la otra chica que rápidamente cruzó los brazos y puso su atención en una de las paredes.


—No tienes que hacer eso— comentó Syndra mientras se apoyaba en la isla con los brazos cruzados viendo como la pelirroja se las arreglaba con las vajillas en el fregadero.

—Eso dices pero me estas dejando hacerlo— se quejó con gracia mientras ya casi terminaba con los últimos platos.

—Te estaba haciendo un favor.

— ¿Eh?

—Eres tan cabeza dura que crees que debes agradecerme por la cena de algún modo. Solo estoy dejando que tu culpa por no hacer nada desaparezca.

—Podrías ser sincera y decir que no te gusta lavar.

—Sí, eso… por aparte.

—Está bien… no me molesta— comentó luego de un momento, buscando algo con que secarse luego de terminar.

Estaba a punto de darse la vuelta, conteniendo sus ganas de secarse sobre la tela de su jean cuando algo toco su nuca, petrificándose en su lugar.

Al bajar su vista pudo ver las manos pálidas de la mayor apoyándose en la mesada, de un lado a otro de donde ella estaba, encerrándola.

No tardó en sentir la respiración sobre su cabello y luego el pecho pegándose a su espalda.

—Ha pasado un tiempo ¿No es así?— escuchó que se le preguntaba muy cerca de su oído.

— ¿Un tiempo?— preguntó confundida mientras apoyaba también sus manos en frente.

—Desde que estamos tan cerca… así.

Miss Fortune también lo había sentido.

La última vez que estuvieron cerca, la una de la otra, teniendo un contacto más íntimo, fue aquella en la que estaban todos reunidos, que más bien le había parecido una burla de la otra chica.

No besos ni abrazos desde que ambas corrieron el riesgo de no volverse a ver.

La desconcertaba. Se sentía extraña.

Había pasado de recibir furtivos besos que la sorprendían a no recibir siquiera el roce de sus manos.

Se dio vuelta en la posición apretujada en la que estaba, encarando a la mayor.

—Syndra… ¿Tu…?— comenzó a decir, pero había apoyado sus manos en el pecho de la maga, tratando de apartarla para poder hablar cómodamente, pero al hacerlo sus aun húmedas manos mojaron la tela blanca de la camiseta— perdón.

—Deberías secarte primero— propuso, recibiendo un asentimiento de la pelirroja, pero en vez de dejarla ir, tomó sus manos y las posicionó en su cintura, haciendo que se pegaran a la tela— ¿Mejor?

El tacto la hacía sentirse ansiosa, pero no movió sus manos del lugar, volvió a mirar hacia adelante, buscando su mirada y le pareció, como la más grande dijo, que había pasado mucho tiempo.

— ¿Aun quieres estas cosas… conmigo?— preguntó apenas.

— ¿"Estas cosas"?— repitió, pero ya estando muy cerca solo tuvo que inclinar un poco su rostro para llegar a tocar sus labios.

Fue apenas un toque, pero habían bastado para que la pelirroja cerrara con fuerza los ojos, tratando de sentir lo que más alcanzara de la otra chica.

—Sí— contestó Syndra con simpleza al alejarse— aun deseo estas cosas… contigo.

La pelirroja no se lo pensó mucho antes de acercarse nuevamente al rostro que tenía en frente, no buscando un simple beso esta vez, sino sacando apenas su lengua, lamiendo los labios de la mayor en un rápido movimiento para luego alejarse.

Sabía que la estaba provocando, era eso lo que quería, y pudo ver en la mirada de la otra chica, justo antes de que se abalanzara sobre sus labios, que lo había logrado.

Sus manos pasaron de la cintura a abrazar el cuello de la más grande, buscando aprisionarla también contra ella.

Las caricias curiosas y rápidas de Syndra sobre su cuerpo se hacían sentir con la misma intensidad que su lengua buscaba su contacto, pero pronto el repentino tornado de deseo comenzó a calmar sus ansias, hasta que el beso se volvió más lento.

La de pelo más oscuro fue la primera en alejarse, pero recibió un pequeño beso de la otra chica antes de finalmente poder verse de nuevo.

—Quédate a dormir— pidió en un tono de voz que Miss Fortune creyó nunca escucharía de su boca. Suave casi suplicante— quédate.


Podía escuchar la ducha del otro lado de la puerta. Suspiró antes de darse la vuelta y buscar algo con lo que entretenerse mientras esperaba a que la dueña de casa saliera.

Su celular vibro en su bolsillo cuando atravesó una de las puertas, la de la habitación de Syndra. Solo podía tratarse de Ahri a esas horas un domingo, y solo porque la pelirroja había mandado un mensaje avisando que se quedaría en donde estaba ahora.

"¿Te quedas a dormir en lo de Syndra?" era el mensaje de su líder.

"Si" fue la siempre respuesta que envió, pero antes de que pudiera guardar su móvil este volvió a vibrar

"Trata de no romperte las caderas durmiendo"

Arrojó el celular sin pensarlo mucho sobra la cama y se tapó los ojos. Casi podía visualizar la cara de burla que Ahri pondría acompañada con esas palabras.

"¿Pero no tiene razón?" se cuestionó luego, girándose para ver el móvil en la cama "Si Syndra me invitó a quedarme ¿No es para que hagamos… "eso" justamente?"

Ahora recordaba la expresión de la mayor al pedírselo y como ella, perdida en la situación, solo atinó a asentir.

Una sensación extraña le invadió el estómago cuando pensó en la primera vez que la maga había estado con ella y decidió despejar su cabeza de esos pensamientos mirando nuevamente el entorno.

La habitación de Syndra era exactamente como el resto del apartamento.

Todo estaba ordenado y ni siquiera un pañuelo sobresalía de los cajones o el armario. La cama, grande, estaba ubicada en el medio del cuarto, con unas sábanas en blanco y negro, al igual que las almohadas.

En uno de los rincones se podía ver un escritorio con una computadora en él, a la par un librero amplio se dejaba ver lleno de libros.

La tiradora se acercó a ese lugar. La mayoría de los tomos allí no estaban en un idioma que ella pudiera entender.

Terminó por sacar el que parecía el más antiguo y viejo de todos esos libros, uno de un blanco gastado.

Una vez mirando las amarillentas hojas, notó que tampoco entendía nada de allí, aunque por algunas figuras y dibujos podía adivinar que se trataba de un libro de hechicería o magia.

Unos cuantos papeles cayeron al suelo cuando pasó las páginas y rápidamente miró hacia la puerta del lugar.

Se concentró un poco y aun pudo escuchar el sonido de la ducha.

Suspiró en alivio y se inclinó a levantar el pequeño desorden que hizo.

Nada llamó su atención y lo hubiera dejado como estaba al confundirlo con una imagen cualquiera, pero al notar el borde su curiosidad se prendió.

Una foto. La primera que veía en todo ese tiempo en el lugar.

Volvió a mirar ligeramente a la entrada para asegurarse que nadie la observaba y luego puso atención en la imagen.

Se trataba de una mujer, parecía posar para la típica foto de un día con brisa, junto a un sombrero campestre, adornado con unas flores en él. Detrás de ella se podía ver el muro de ladrillo blanco con una abundante enredadera verde. Sus cabellos lilas brillaban con el sol de ese día.

Le resultaba ridículamente familiar, solo desencajaba bastante la amable sonrisa en sus labios, pero si no fuera por esta uno podría decir que se trataba de la mismísima Syndra.

"Aunque parece más grande… y su cabello es más claro" pensó mirándola con más atención "aparte falta el parche" volvió a observar con obviedad.

La mujer estaba sola y era evidente que le sonreía a quien sea le estaba sacando la foto. Miss Fortune no tardo en sentenciar que se debía de tratar de un familiar cercano a Syndra.

"Posiblemente su madre" razonó, poniendo atención a todos los detalles que la imagen podía brindarle.

Se encontró a ella misma hojeando con más cuidado el libro, y buscando por otros. Le hacía ilusión encontrar más cosas así.

La idea de una foto de un bebé con el pelo morado y la piel muy blanca fue suficiente para que olvidara sus cuidados y buscara sin tapujo en los cajones también.

Su entusiasmo se congeló en secó cuando al tratar de abrir un cajón este se volvió a cerrar con gran fuerza.

— ¡Perdón!— se disculpó sin siquiera ver a Syndra.

La maga paso su mano y tomo el libro, guardando los demás papeles, incluyendo la foto, dentro de este nuevamente, para luego guardarlo en el estante.

Fue entonces cuando la pelirroja decidió abrir los ojos y buscar su rostro para una disculpa más correcta, pero sea lo que tratara de formular, murió solo con contemplar a la dueña de casa.

Syndra mostraba un rostro serio, aun viendo el libro que había guardado, por lo demás solo llevaba una toalla blanca, que apenas llegaba a cubrirle parte de los muslos.

Su cabello aun goteaba cuando su mirada se dirigió a la otra chica.

— ¿Buscabas algo en especial?— preguntó, tomando los otros libros y poniéndolos en su lugar, aún muy cerca de ella.

Syndra tuvo que enarcar una ceja cuando solo recibió silencio de la más chica, hasta que finalmente esta pareció entender que se le había preguntado algo.

—Oh… sí…— comentó torpemente llevando su vista al estante— encontré una foto… creo que era una foto… y me preguntaba si habría más.

— ¿Y por eso decidiste revolver todas mis cosas?

—Perdóname— volvió a disculparse, era la primera vez en toda la noche que la maga parecía molesta, y lamentaba haberla llevado a ese estado.

—No ibas a encontrar ninguna otra foto— comentó con desdén, observando el escritorio en busca de alguna otra cosa que estuviera fuera de su lugar.

Al volver su vista a la otra chica encontró que esta miraba su rostro con cierta curiosidad. Al instante supo de qué se trataba y llevó su mano a su ojo izquierdo.

El parche no estaba allí.

—Oh…— exclamó con cierto pesar— debí dejarlo en el baño.

Se dio la vuelta, en busca de la salida, pero entonces la detuvieron de la muñeca.

—No me molesta— dijo, sorprendiéndose de su propio impulso.

La mayor volvió a perfilarse hacia ella, observándola, seguía viéndole sin ningún tapujo la zona izquierda.

—Es solo que nunca antes…—volvió a decir, dejando el comentario al aire, extendiendo su mano hasta tocar el rostro de la maga.

El parpado de ese lado estaba hacia abajo, cerrado, con unas cuantas cicatrices de quemadura que lo cruzaban de arriba hacia abajo, casi tomando la mejilla en su zona superior

Las yemas de sus dedos llegaron hasta el comienzo de la vieja herida y se detuvo dándose cuenta de lo que estaba haciendo.

— ¿No te molesta?— repitió Syndra agarrando esta vez ella su muñeca antes de que la mano pudiera alejarse por completo de su rostro.

La mayor avanzó unos pasos haciendo que la cadera de la pelirroja tocara el escritorio, evitando que pudiera retroceder.

De repente, Miss Fortune se dio cuenta de la proximidad del cuerpo de la otra chica, y como la toalla que la envolvía comenzaba a humedecer su propia ropa al contacto.

Sabía lo que seguía.

Trató de bajar la mirada pero ya sentía la nariz de la mayor tocando una de sus mejillas y, cuando sintió el tacto en sus labios, dejo de tratar de postergarlo.

La demandante forma de ser de Syndra no la dejó razonar hasta que ya se encontró a ella misma cayendo de espalda a las sabanas.

Ya lo había admitido antes para ella misma, Syndra le parecía una de las cosas más hermosas que había visto, pero ahora era como si todo lo que antes había pensando se quedara corto, pobre, frente a lo que veía.

La humedad en su boca se volvió a sentir mientras la maga volvía a invadirla.

—Puedes tocarme también.

La tiradora abrió los ojos para encontrarse con la mirada de quien le había hablado. Era verdad, sus brazos permanecían apoyados en la sabana a sus costados.

La sonrisa de Syndra volvía a mostrar cierta burla y esto hizo que su titubeo creciera cuando se animó a levantar sus manos, rodeando la espalda de la mayor.

Una de ellas había tocado la piel húmeda de esta y la otra se apoyó sobre la toalla.

— ¿Qué sucede?— preguntó con gracia al ver el nerviosismo en el rostro que tenía abajo— No me digas que soy la única…

— ¿La única?— preguntó sin entender la menor, aun atontada por el simple tacto.

—La única que se imagina como seria que la toques.

La pelirroja guardo silencio mientras Syndra llevaba sus manos hasta atrapar las de ellas, tomo la izquierda y dejo que descansara también en la toalla, solo que justo arriba de su cadera.

— ¿No se siente mejor así?— preguntó tomando la derecha y presionándola sobre uno de sus pechos.

Miss Fortune sentía sus yemas vibrar sobre la toalla, siendo invadida por la humedad de la misma y la suavidad que podría jugar había debajo de esta, mientras lo único que su visión captaba eran los labios de Syndra y como la respiración de esta se hacía sentir por ellos.

Dejó de contener la respiración cuando la mano de Syndra apretó fuertemente contra la de ella, haciendo que estrujara el pecho debajo de su palma.

—Syndra…— la llamó extrañada por su propio nerviosismo, buscando un poco de tiempo para que su cabeza pudiera ordenar sus ideas.

—He pensado tantas veces en ti, en cómo se sentiría ser tocada, curiosa de saber que harías conmigo— volvió a hablar, apoyando sus labios en la mejilla, sintiendo la temperatura que esta traía— que haría lo que sea por averiguarlo.

La ultima confesión vino acompañada de un húmedo beso, el cual hizo que finalmente la tiradora cerrara sus ojos y pudiera disfrutar un poco más de la posición que ofrecía la mayor.

Ya su mano había quedado encerrada entre ambos pechos y la que sujetaba la cadera poco a poco fue bajando por su cuenta hasta llegar a tocar la piel del muslo.

—Haría lo que sea, lo que fuera…— volvió a susurrar contra sus labios— porque lo hicieras.

Algo cruzo con fuerza la mente de Miss Fortune cuando volvieron a juntar sus labios, Syndra podía sentirlo al ver como trataba de alejarse ahora de su rostro y, en efecto, cuando la vio, podía notar esa mirada esmeralda analizándola.

— ¿Lo que sea?— preguntó en el medio del silencio.

Syndra no pudo evitar sonreír, mientras se apoyaba más cómodamente en su cuerpo.

— ¿Tienes algo en mente?— preguntó de una forma grave y picara que hizo que la menor tragara pesadamente antes de asentir— ¿De qué se trata?

—Si yo hago… lo que tú quieras que…

—Que me hagas, si…— aclaró causándole gracia la circunstancia.

—Si yo hago… eso… ¿Tú harás lo que sea? ¿Lo que sea que te pida?—trató de aclarar el acuerdo que estaban formando— si yo te hago… lo que tú quieras.

—Sí.

La contundente respuesta vino acompañada de una directa mirada, que disipó todas las dudas que la tiradora pudiera tener.

—Entonces… si te pido que seas mía— se explicó, aun analizando el rostro en frente en busca de alguna trampa— ¿Lo harás?

— ¿Tuya?— preguntó con verdadera curiosidad y el nuevo asentimiento no le alcanzó para entender— ¿Cómo… de tu propiedad?

—No— aclaró de inmediato— como… que seas mía… así— explicó dando un pequeño apretón en su pecho para simbolizar la posición y lo que estaban haciendo— y de nadie más. Que yo sea la única que puede hacer… estas cosas… y las otras también.

— ¿Quieres exclusividad?

La menor desvió su mirada hacia el cuello de la otra chica, único lugar lejos de su mirada al tenerla tan cerca, donde las gotas por llevar el cabello mojada escurrían por su piel.

La maga la vio asentir como venía haciendo y suspiró ante esta respuesta.

—No puedo hacer eso.

La respuesta tuvo una reacción inmediata, los ojos de Miss la observaron con sorpresa de repente.

—Pide otra cosa— volvió a hablar, aclarando aún más el haberse negado a la petición.

— ¿Cómo que no puedes hacer eso?— preguntó totalmente confundida. Esperaba algún tipo de respuesta sarcástica, inclusive que se burlara de ella, pero había sido tan contundente en rechazarla que no parecía jugar con ello.

Syndra sonrió y besó su frente, delineando con sus dedos la clavícula de la menor, aun queriendo avanzar con lo que esperaba esa noche.

—Cualquier otra cosa.

— ¡No quiero otra cosa!— contestó con enojo, retirando las manos de su cuerpo y solo usándola para tratar de levantarse.

— ¿Qué tratas de hacer?—preguntó al tiempo que hizo uso de su poder para elevar las manos de la tiradora y hacer que se apresaran sobre su cabeza.

— ¡Te juro que si no quitas estas ataduras ahora mismo te volare en pedazos!— gritó sintiendo como la ira crecía a medida que la presión en sus muñecas también.

Syndra acercó su rostro hasta que su nariz tocó la de la otra, pero la pelirroja corrió su cabeza hacia un costado.

— ¿Por qué tan molesta de repente?— preguntó con gracia

— ¡Cállate! ¡Y quítate de encima! ¡No quiero esto!

— ¿De verdad?— preguntó aun con humor, metiendo una de sus manos por debajo de la ropa de la pelirroja, delineando con sus yemas el abdomen.

— ¡Si!— contestó con contundencia al sentir el tacto, moviendo la cabeza y tratando de zafar el agarre de sus muñecas— ¡De verdad! ¡Suéltame!

La mayor unió con brusquedad sus labios cuando el rostro se dé la más chica se perfilo dándole la oportunidad. Sus habidas manos bajaron rápido hacia el comienzo de su short, desabotonándolo con facilidad.

— ¡No!— contestó aun con ímpetu la pelirroja empujando su cabeza para darse lugar— ¡Te dije que no quiero! ¡No quiero!

La maga dio una nueva mirada de contemplación, hastiada con la actitud. La pelirroja respiraba sofocadamente, el odio se trasmitía fácilmente a través de su mirada, cuyos ojos parecía que en cualquier momento comenzaría a derramar lágrimas de ira.

— ¡¿No me estas escuchando?!— gritó más sonoramente, de forma que la expresión de Syndra se contrario en disgusto— ¡Sueltamente!— volvió a pedir cerrando con fuerza los ojos mientras volvía a intentar con fuerza zafarse del agarre que apresaban sus manos.

Syndra se irguió un poco más, sentándose en su cadera y observando como los intentos agotaban a la menor.

—No quiero…— repitió ya tirando menos de las ataduras, rindiéndose— no quiero.

La mayor volvió a suspirar, sintiendo frustración sin entender por qué en un primer momento.

Solo verle ahí, sabiendo que de verdad no se estaban entendiendo era suficiente para sentirlo.

"Esta no es la idea"

Sacó el conjuro y apenas la menor se sintió libre trato de sentarse pero rápidamente la dueña de casa la empujo de los hombros haciendo que caiga de nuevo sobre las sabanas.

En un intento muy torpe, que Syndra considero innecesario y sin gracia, la pelirroja trató de empujarla con sus manos, hasta que nuevamente fueron presa de la maga, esta vez por las suyas propias posicionándolas a ambos lados de su rostro.

—Cállate— le ordenó al ver que Miss Fortune planeaba volver a arremeter con su enojo— ¿De verdad tanto te va a molestar lo que dije? Eres como un niño pequeño, malcriado y odioso que hace un berrinche apenas se le niega algo.

— ¡Nadie te dijo que tienes que tratar conmigo! ¿Sabes?— se quejó, sintiéndose herida por las palabras— solo quítate y desapareceré…

—Cállate— volvió a pedir con fastidio— todo esta odiosa escena solo porque te dije que pidieras otra cosa…

— ¡Y yo te dije que no quería otra cosa, idiota! ¡Ahora suéltame de una vez, detesto…!

— ¿Cómo se supone que haga eso?— la interrumpió con aburrimiento— "Se mía" dices… pides eso y no puedo dártelo.

Hizo una pausa en la que se dedicó a recibir nuevamente la mirada molesta de la otra chica, sonrió sin ganas, en otras circunstancias le hubiera causado verdadera gracia.

—Me miras como acusándome— explicó— ¿En qué estás pensando? ¿Qué salgo con alguien? ¿Qué tengo interés en algún chico… o chica? No sé porque no me crees cuando te digo que pienso en ti…. Estúpido como suena, solo pienso en ti.

Miss Fortune ya no sentía realmente la presión en sus muñecas, pese a que las manos de Syndra seguían envolviéndola, pero ya no sentía la necesidad de pelear contra ella.

—Cuando entreno y sé que estas entrenando también, y ahora se la razón del porque tan duro últimamente— siguió hablando— cuando voy y salgo del instituto sabiendo que nos cruzaremos, cuando estoy sola haciendo cosas triviales como cocinar o bañarme, me asalta la pregunta de saber que estás haciendo, inclusive cuando me toco tienes un papel importante en mis pensamientos.

Finalmente Syndra soltó sus manos y antes de levantarse de la cama le dio una última mirada contemplativa.

—"Se mía" pides pero dime… ¿Cómo se supone que te de algo que ya tienes?

La dueña de casa buscó algo de ropa de su placar antes de retirarse de la habitación.

—Puedes quedarte o irte, haz lo que quieras— contestó sin ánimos al abrir la puerta—estoy realmente harta de forzar todo como si yo fuera la única que quiere estas cosas.


Por tercera vez esa noche, lamentaba que todo en el departamento de Syndra fuera tan homogéneo.

Estando recostada de lado, viendo el sector de la pared, sin nada con que entretener su mente, era sencillo pensar en la chica que tenía a sus espaldas.

La última vez que había visto a Syndra, esta se encontraba del otro lado de la cama también dándole la espalda.

Uno podía adivinar por el tiempo que había pasado en esa posición y por el silencio que la maga ya se encontraba dormida.

Resistió sus ganas de darse vuelta y suspiro, tratando de que el sonido de su respiración no se escuchara tan sonoramente en la recamara.

"Forzar todo como si yo fuera la única que quiere estas cosas"

Miss Fortune volvió a contener la necesidad de exteriorizar su frustración al recordar las palabras.

¿Qué tanto de cierto había en ellas?

"Poco, de verdad" pensó para sí "¿No fui yo la que la fue a buscar luego de que nos traicionara? Arruine todo en el proceso, sí, pero eso no me quita merito… si demuestro interés en Syndra" se consolaba.

Buscaba desesperadamente en su cabeza las ocasiones en que hablaron sobre ellas, en que se habían besado, inclusive tocaba con cuidado la noche que pasaron juntas.

Para su desagrado las memorias le jugaban en su contra.

En un primer, segundo y hasta tercer momento, todas las veces que Syndra se había acercado con intenciones, no solo era ella quien las comenzaba, sino que la propia tiradora no había ayudado en la relación.

Era más sencillo recordar las cantidades de veces que había rechazado a Syndra y complicado las cosas que las veces que facilitaba el tacto y los roces entre ellas.

"Si la bese… por mi cuenta" recordaba tocándose los labios ahora "Si es a eso a lo que se refiere… y si digo cosas que dan a entender mi interés… aunque no porque me nazca decirlo siempre… o nunca en realidad" comenzó a cambiar la forma de pensar, recordando que de las pocas veces que había confesado como se sentía, fue por quedar al descubierto frente a la mayor o en situación de vida o muerte de forma literal.

"¿De verdad se necesita tanto para que me dé a entender?" pensaba ahora con cierto pesar.

Era consiente que Syndra no era nadie sutil, o gentil, y la mayoría de veces que se expresaba lo hacía con ironía y sarcasmo. Era realmente una de las personas menos indicadas para reclamar algo.

"Forzar las cosas"

Volvió a recordar y la imagen de ambas en el depósito, observando a Ahri, cuando todo comenzó le llego a la cabeza.

Ella si había forzado las cosas, la había obligado a besarse prácticamente. Luego inclusive parecía divertirse con manipularla y conseguir de ella lo que quería.

¿En qué momento las cosas se volvieron más honestas entre ambas?

— ¿Syndra?— murmuró testeando que la otra chica realmente dormía— ¿Syndra?— volvió a intentar más segura, dándose vuelta por primera vez.

La espalda y la serena respiración de la mayor le decían que, en efecto, dormía.

"¿Cómo se supone que te de algo que ya tienes?"

Estiró una mano hasta tomar el hombro de la maga y al momento que se erguía tiro de él.

Ahora boca arriba, pudo ver que la dueña de casa estaba despierta, solo fingía.

Sí, ninguna le puso sencilla las cosas a la otra, pero si había algo que debía admitir la tiradora, es que si no fuera por Syndra, por su retorcida forma de expresarse y demandar cosas, por su soberbia y seguridad con la que hacia todo, con la insistencia en que la había buscado y como sus intenciones cambiaron, no estarían ahí esa noche.

Molestas las dos por un malentendido que implicaba lo mucho que querían estar juntas en realidad.

Miss Fortune paso una de sus piernas al lado de la cintura de la mayor, sentándose a horcajadas en su cadera.

—No digas nada— le advirtió cuando la de cabellos oscuro abrió su boca.

Aun dudando en lo que hacía, terminó por llevar sus manos a su propia chomba y se la sacó, tirándola a un lado.

Evitó el contacto visual con la mayor para poder terminar lo que trataba.

Syndra se había cambiado luego de bañarse, era lo de esperar, eligiendo una simple camiseta y unos pantalones cortos sueltos, ambas prendas facilitaron a la tiradora despojarlas del cuerpo de su dueña.

Tuvo que abandonar su posición de sentada para librarla del pequeño pantalón y antes de volver a retomar su posición también se sacó los propios junto con su ropa interior.

Debajo del improvisado piyama de la dueña de casa no tenía nada más, así que teniéndola totalmente desnuda, decidió ponerse en igualdad con ella, sacándose el sostén, la única prenda que le quedaba.

Solo faltaba una cosa más por despojarla, y con cuidado, mirando la reacción de la mayor al llevar su mano a su rostro, sacó con cuidado el parche que nuevamente se había puesto.

Syndra miraba cada movimiento sin quejarse, inclusive cuando dejaron al descubierto su cicatriz y dejaban el parche en su mesa de cama.

Ahora solo veía a la pelirroja, arriba de ella, desnuda como no recordaba haberla visto, mirándola con un notorio sonrojo que hacia contrastar más sus ojos.

—Tu eres…— comenzó a hablar la tiradora luego de unos segundos de titubeo— tu eres— volvió a intentar sin encontrar la palabra correcta— eres hermosa.

También era la primera vez para la pelirroja en verla así, no solo a ella sino a cualquier persona, y pese a no tener a nadie con quien compararla, le parecía muy difícil que encontrara a alguien que pudiera superar el cuerpo que tenía abajo.

No porque Syndra sea perfecta, lejos de eso, no era alguien muy delgada propiamente dicho ni con las medidas estandarizadas. Su piel inclusive mostraba cicatrices en algunos sectores y era notablemente pálida. Sin embargo, tenía unos abultados y formados pechos y una cintura bien definida que se ensanchaban en sus caderas.

A la vista daba la impresión de que todo era suave y, por el contacto que estaban teniendo, Miss Fortune podía dar palabra de que era así.

—Tú no tienes nada que envidiarme— contestó la mayor haciendo que la tiradora se encogiera un poco, apenada por la honestidad de esas palabras— ¿Y ahora qué?

La pregunta no salió con apuro o demanda, más bien curiosa y expectante.

Miss Fortune entendía que se le estaba dejando la iniciativa, justo lo que había estado buscando y quería.

Pese a los nervios, pese a que se estaba muriendo de un miedo que no entendía, se inclinó hasta llegar al frente del rostro de Syndra, depositando un pequeño beso en sus labios, el cual luego de asegurarse que la mayor estaba cómoda con eso, profundizo con lentitud.

—Estas temblando.

Hubiera preferido no escuchar eso, más era evidente para ella, no lo podía controlar.

Su espalda mandaba ligeros espasmos que la sorprendían.

El contacto con la piel de su pecho la hacía sentir ansiosa, y cada movimiento de Syndra, aunque fuera corto, solo para acomodarse, mínimo, lo sentía con gran intensidad y demandaba su atención de manera escandalosa para su cabeza.

—Oh… perdón— terminó diciendo, lamentando no poder encontrar una solución pronta a ello.

La maga llevó su mano hasta el rostro de la menor, invitándola a acercarse de nuevo. Los movimientos y las caricias, inclusive los besos, eran lentos, como si la mayor tratara de acomodarse a ella esta vez.

Finalmente comenzó a sentir las caricias en su pecho y fue cuando reaccionó, alejándose de la comodidad del calor que desprendía su cuello.

—No quiero que hagas nada esta vez— confesó la pelirroja mirándola, tratando de trasmitirle seguridad en lo que decía— no hagas nada ¿Esta bien?

Syndra no contestó, no entendiendo exactamente lo que intentaba la otra chica, pero finalmente esta se irguió y comenzó a bajar por su cuerpo, hasta abrazar sus piernas, haciéndose lugar entre ellas.

Aun sabiendo lo que seguía, todo su cuerpo escarmentó en sorpresa cuando sintió la lengua apoyarse directamente en su carne.

En un primer momento trató por todos sus medios de mantener la vista en la menor, en la excitación que conllevaba ver ese rostro, siempre enojado y desconfiado, ahora concentrado entre sus piernas, moviendo su boca contra ella.

Recordando la petición de la menor de no hacer nada, y solo mirarla esforzándose, porque sabía que no debía tener idea de lo que hacía, lo decía la mirada enfocada en su labor y aun así el contacto húmedo, impredecible, le mandaba descargas que llegaban a su vientre y la hacían estremecer.

Desconoció su cuerpo cuando notó los jadeos que empezaban a salir de su boca y como su espalda le imploraba hacerse hacia atrás, curvándose cuando la presión de los labios y las lamidas que recibía se intensificaron.

—Ah…

La exclamación hizo mirar a la pelirroja hacia arriba, donde el rostro contrariado de Syndra por reprimir los gemidos llamó su atención.

—Ah…ah…— volvió a escapar de sus labios cuando un nuevo arrebato invadió su zona.

La mente de la tiradora era invadida, no solo por el rostro ahora sonrojado de la mayor, sino por como sentía en su rostro la forma en que se contraía el centro y el temblor de los muslos presionados por sus yemas.

La hacían querer seguir, deseaba "desordenar" más a Syndra, sacarla de su habitual estado de control como lo estaba logrando, ver más de ella.

Abrazó más fuertemente las piernas que arremetían con cerrarse sobre su cara y las separó aún más, dándose lugar, profundizando las embestidas de su rostro.

La maga, al sentirlo cerca, dejó de luchar contra la necesidad de hacer algo al respecto y rápidamente llevó sus manos a la cabeza entre sus muslos, sintiendo un ligero alivio al enredar sus dedos en los cabellos rojos y presionar así contra ella, de una forma más satisfactoria.

En su cabeza, la idea de estarle haciendo daño con lo fuerte que le agarraba estaba presente, pero al lado de la realización de que finalmente la tenía abajo, dando su mejor esfuerzo de inocente chica enamorada, porque sabía que de esa forma la tenía, superaba con creces cualquier preocupación.

Ya no solo sus manos, sino también su cadera, se movían en contra de ese rostro que bien conocía, hasta que finalmente dejo de moverse solo para presionar.

Miss Fortune sentía la repentina inmovilización que le siguió al temblor del cuerpo que sujetaba, luego la calma, como si Syndra hubiera estado haciendo un gran esfuerzo y ahora todo en ella se relajara.

Los jadeos profundos fueron acompañados por los dedos deslizándose, ahora con calma, de sus cabellos, y fue cuando finalmente pudo sentarse en la cama, alejando su rostro del centro y cuerpo de la mayor, no perdiendo la oportunidad de contemplarla en ese estado.

Syndra dejaba caer su cabeza en la almohada, su ojo sano estaba cerrado mientras su rostro se perfilaba hacia el techo, una leve capa de traspiración cubría su pecho el cual subía y bajaba mientras trataba de calmar su respiración.

Solo cuando contempló la parte baja de la mayor, donde un brillo curioso se dejaba ver en la parte interior de sus muslos, fue cuando se llevó rápidamente sus manos a la boca.

No porque el sabor le desagradara o se sintiera incomoda con la sensación, simplemente era un poco de vergüenza al darse cuenta de lo que había acabo de hacer.

— ¿Qué sucede?

Miró con temor a la maga, temiendo que de alguna forma pudiera ver a través de sus pensamientos, limpiándose con gran disimulo el rostro y mirando hacia uno de los costados para disimularlo.

— ¿Te vas a poner a llorar?— preguntó ahora con su típica voz de burla y malicia, pero gracias a ese comentario fue que entendió que, en efecto, le ardían los ojos— ¿Acaso lastime a la princesita?

La pregunta le hizo notar ahora el dolor en su nuca, era verdad, los tirones que había recibido y los movimientos en los últimos momentos si habían sido muy torpes.

Se tocó la cabeza y acomodo un poco sus cabellos mirando con reproche a la dueña de casa en señal que desaprobaba la forma en la que la había tratado.

— ¿O es acaso que tu cabecita se siente humillada frente a su primer trabajo oral?

—Cállate— pidió ya sin ocultar como, tomando un borde de la sabana, se la llevaba a su rostro para ayudarse a limpiar.

No pudo terminar su labor, porque ni bien intentarlo, Syndra tiro de la frazada dejándola al descubierto de nuevo, sentándose y acercándose para besarla.

—¡No hagas eso!— le recrimino alejándola con ambas manos de inmediato, pero al recibir el rostro confundido de la mayor tuvo que aclararse— estoy sucia, no me beses— confesó pasando nuevamente los dedos sobre sus propios labios.

A la mayor le hizo gracia el comentario, dejando escapar una pequeña exclamación divertida cuando volvió a acercarse, tomándola de la quijada, lamiéndole los labios y alejándose para mirarla antes de volver a unir sus bocas.

—Lo hiciste muy bien— le confesó, retirándose lo suficiente pare ver la pequeña sonrisa que provocó su comentario— ¿Quizás ahora pueda devolverte el favor?

Ahora Syndra empujaba con su cuerpo al de la más chica hasta que su espalda conoció nuevamente las sabanas.

— ¡-N-No tienes que hacer eso!— exclamó sorprendida al ver a la maga sobre ella, pegando su desnudez— no lo hice para que me devolvieras nada.

— ¿Ah no?

— ¡No!— volvió a exclamar, poniendo sus manos sobre los hombros de Syndra, no evitando aun así que esta se acercara y apoyara sus labios contra su cuello— ah…

Con una habida mano, deslizó su dorso hasta que las yemas de sus dedos encontraron el centro de la pelirroja.

—Pero estás tan húmeda.

—Ah…— volvió a jadear, incapaz de pronuncia palabra mientras sentía como acariciaban su zona con lentitud.

— ¿De verdad tanto te excitaba estar abajo?— preguntó con gracia, llevando su cara al frente de la más chica, viendo su expresión al encontrar su entrada.

— ¡Espera!... por favor— exclamó en suplica pero ya sentía los dedos de la otra chica invadiéndola.

—Siempre imagine como seria finalmente tenerte así en mi cama.

Para su sorpresa y alivio, Syndra se irguió, sentando sobre ella y retirando su mano lejos de su carne.

Miss Fortune la miró con curiosidad cuando se puso de rodillas a horcajadas, llevando la mano con la que la había penetrado hasta debajo de su cadera. Los dedos, brillosos por la humedad de la pelirroja, pronto se perdieron en el centro de Syndra, mientras cerraba los ojos al penetrarse ella misma.

—Como se sentirían tus dedos… presionando y buscando— siguió hablando la mayor, interrumpiéndose mientras movía su mano en su zona— Como harías para tocarme… que te gustaría tocar…

La tiradora aguantaba la respiración viendo la escena que tenía justo en frente de ella, sin saber qué hacer. Pronto notó la mano libre de la mayor agarrando su propio pecho también, estimulándolo, tocándose mientras lo apretaba y masajeaba en círculos.

—Syndra…— la llamó sintiéndose en aprietos cuando el dorso y la humedad de la zona rozaban su vientre mientras la hechicera se masturbaba.

Pero no pareciera que la escuchara, su voz hizo inclusive lo contrario a desviar su atención, los movimientos de su manos ahora eran más profundos e insistentes.

—Syndra— la llamó nuevamente cuando la urgencia fue imposible de ignorar.

Esta vez la aludida abrió los ojos, sorprendida por la proximidad de la pelirroja que había logrado sentarse también, estando justo debajo de sus narices.

— ¿Puedo hacer esto también?— pidió la menor al tiempo que tomaba la mano del pecho de Syndra y la retiraba— quiero hacer eso también… quiero tocarte.

La dueña de casa ya había cesado sus movimientos y ahora miraba expectante los ojos verdes centímetros mas debajo que los suyos.

Finalmente la pelirroja llevó sus manos, cubriendo con ellas ambos pechos.

Un cosquilleo le corrió la espalda ante el contacto suave que recibió, decidió tratar de ignorarlo mientras imitaba los movimientos que había visto que Syndra había hecho sobre su cuerpo.

Poco a poco la curiosidad comenzó a invadirla, tomando más confianza mientras exploraba los senos de la mayor. Le llamaba la atención lo duro que se ponían y como el botón se levantaba con apenas rozarlo.

Terminó depositando un beso entre medio de la piel, y el cortó jadeo que recibió de la otra chica le hizo saber que lo estaba disfrutando.

Aprovechó que una de las manos de Syndra estaba ya en la cama, dándole apoyó, al igual que la otra agarraba uno de sus hombros con el mismo fin, para deslizar una de sus manos, perfilando los dedos en dirección sur.

—Ne-necesito que me digas si lo estoy haciendo bien— comentó, sintiéndose torpe al decirlo, pero expresando lo que de verdad le preocupaba en esos momentos que sus yemas ya tocaban los cálidos pliegues.

No hubo respuesta a su petición, pero podía decir que lo que estaba haciendo le gustaba a la mayor, así que solo se mantuvo tocando y explorando la zona con su mano.

Le gustaba ver la expresión de Syndra cada vez que realizaba algún movimiento, nunca pensó que podría ver un rostro como el que ahora admiraba de ella. Jadeaba con la boca abierta y el cálido aliento le llegaba a su rostro, sin mirar a nada, contrariada como si el placer que recibía era lo único en lo que pudiera concentrarse.

Quería ver más de eso, de esa Syndra que reaccionaba a lo que ella hacía, de lo que lograba sobre ella.

Deslizarse adentro de ella fue fácil, y su acción tuvo su recompensa al escuchar apenas su nombre seguido de unos sonidos de apremio, la encendía, la incentivaba a querer llegar más lejos, rápido.

Lo que sea para ver ese rostro, que siempre se burlaba de ella, llegando a su límite.

Estaba tan concentrada disfrutando de la vista, que solo sintió la presencia de la mano de la maga en su centro cuando esta se había hecho lugar para penetrarla con fuerza, haciendo que retirara su mano para tratar de alejarse.

Un risa burlona de la otra chica, acompañada de un brusco empujón que la tiró de espalda, la hizo desorientarse más.

—Espera… Syndra…— pidió cuando la presión se hizo más notoria en su zona, siendo aplastada por el cuerpo de la mayor a la vez— espera…

—Perdón, pero no voy a esperar— confesó de manera divertida, buscando profundidad con dos de sus dedos mientras se movía— tenías un rostro muy tierno esforzándote por hacer las cosas bien, no lo puedo evitar.

—Espera…— volvió a pedir mientras sentía la inminente concentración de placer en su vientre.

Trató de agarrar el cuello de la maga, pero esta usaba su otra mano para mantener su hombro pegado a la cama, generando una distancia que le hacía sentir el frio en su pecho por la lejanía del otro cuerpo.

—Dime una cosa— pidió la mayor, presa también de su propia excitación— ¿Te tocas mucho por las noches?

La tiradora ignoró la pregunta, tratando de apretar sus piernas ante la constante estimulación, que no llegaba a satisfacerla, pero la de cabellos oscuros la atajó viendo las intenciones.

Pasó su pierna entre medio de las suyas, corriéndola a un lado y empujándola, abriéndola para que no pudiera llegar a su objetivo.

—No te dejare— comentó mientras volvía a masajear la zona— si quieres llegar tendrás que hablar, así que dime ¿Te tocas mucho pensando en mí?

—Syndra…

—Oh, vamos… yo te confesé ciertas cosas que estoy segura te gustaron un montón… quiero lo mismo— pidió, pero la pelirroja se limitó a correr su rostro a un costado cerrando fuerte los ojos— ¿No?

Había aumentado la velocidad de sus dedos, pero la presionaba cada vez menos, sabiendo que los roces seguramente la excitaban pero no le alcanzaban para llegar.

— ¿No?— volvió a insistir— ¿Piensas en mi cuando te masturbas?

—Sí… sí.

— ¿"Sí" que?— preguntó pero ya solo con eso volvía a presionarla, buscando profundidad con sus dedos.

—Sí lo hago…. Pienso en ti… ¡Pienso en ti!... mientras…

Pero no pudo terminar lo que trataba de formular, sentía sus piernas si fuerzas al momento que el peso de la cadera de la mayor volvía a ejercer presión en su zona.

Syndra solo necesito curvar los dedos y empujar un poco más para sentir la violenta contracción del cuerpo que tenía abajo.

La pelirroja había logrado agarrar su cuello a esas alturas y se abrazaba fuertemente a él. El agarre se suavizo al tiempo que retiraba también su mano.

Ahora, alejándose, era ella la que contemplaba el rostro de la menor, jadeando y con la mirada perdida en alguna parte de su rostro, agotada.

—Sí lo hago…— repetía mientras trataba de normalizar su respiración— si lo hago…

La maga le dio una sonrisa antes de buscar acomodarse en uno de sus hombros, pasando su rostro al lado de su cara.

Miss Fortune no tardó mucho en notar el movimiento cerca de su zona baja, pero no en su cuerpo. Syndra estaba tocándose de nuevo, contra ella.

El atontamiento que traía hizo que simplemente pasara sus brazos, abrazándole desde los hombros, rodeando su espalda, mientras esperaba que la chica acabe.

Solo unos segundos para sentirla escarmentar y luego todo el cuerpo de la hechicera se desplomó sobre el suyo.

Era como estar envuelta por ella. Mientras las dos respiraban con profundidad, volviendo a la calma, Miss Fortune se sentía rodeada por la presencia de la dueña de casa, pegada a su ser, abrazándola. Las sabanas desprendían su olor al igual que su cuerpo, inclusive su visión se interrumpía con los cabellos de color lila.

Justo cuando creyó que la otra chica se había quedado dormida, Syndra tiró su cuerpo con lentitud hacia uno de los costados, quedando perfilada a ella.

La tiradora la siguió con la mirada, pero no dijo nada, podía ver la mirada de ella en algún sector de su cuerpo, pero no viéndola realmente.


Le causaba gracia ver a su invitada incapaz de conciliar el sueño pese a todo lo que habían pasado, pero allí estaba, girándose de nuevo, mirando el techo por tercera vez.

A diferencia de ella, que ya se había tapado con las frazadas e inclusive movido la almohada que le correspondía a su costado, Syndra había permanecido de costado en la misma posición como cuando se bajó de ella.

Comenzaba a experimentar el cansancio y el sueño, pero los movimientos de la menor le molestaban.

— ¿Qué tienes ahora?— preguntó finalmente, acomodándose en su almohada— si quieres puedes tomar un baño, no me molesta— ofreció creyendo que quizás estaba incomoda por ello.

—Preferiría dormir— comentó vagamente la menor.

—Entonces duérmete.

—…Claro.

Pero la podía ver con los ojos bien abiertos aun mirando su techo.

— Sabes… ¿Syndra?— preguntó lo último dando una leve mirada para cerciorarse de que la otra chica aún no se había dormido.

—Dime…— contestó ya con cierta somnolencia.

—Estaba pensando que quizás te podría visitar más seguido… si tú quieres.

— Ah… ¿Te gusta mucho comer lo que cocino?— pregunto con gracia.

—No, me gusta hacer el amor contigo.

Las palabras la hicieron despabilar, mirando ahora con atención a la pelirroja, que ya se había perfilado a su lado.

Miss Fortune vio como la mayor, aunque trato de resistirse, formaba una sonrisa en su rostro y ahora se ponía boca arriba, tapándose la cara con una de sus manos.

Terminó por sentirse sumamente avergonzada cuando escucho como se reía.

— ¡No te burles!— se quejó viendo como la otra se contenía por no reír más sonoramente— ¡No dije nada para que rieras!

—"Hacer el amor"— murmuraba mientras aún se cubría el rostro—agh… creo que voy a morir… que linda…

— ¡Deja de ser tan idiota!— pidió sentándose, podía sentir su rostro hervir bajo sus ojos.

—Perdón… no puedo evitarlo— murmuro nuevamente sin poder dejar de sonreír.

Syndra escuchó un sonoro bufido a su lado y luego como con molestos movimientos la pelirroja le daba la espalda, envolviéndose con las frazadas.

Se esforzó por calmarse, aunque la expresión divertida en su rostro seguía allí.

Se pegó a la espalda de la más chica y paso sus brazos hasta tocarle el estómago por sobre las sabanas.

Descubrió que le gustaba tomarla por la espalda y tenerla atrapada así.

—A mí también me gusta— le dijo cerca del oído— hacerlo contigo… me gusta. Puedes venir a quedarte cuando quieras.

Apoyó su cabeza al lado, todo parecía difuminarse, lo último que atinó a sentir fue como su mano eran atrapadas por las de su invitada mientras aun la tenía abrazada.

— ¿Solo conmigo?

Syndra sonrió acercando su rostro a la nuca de la más chica

—Posesiva, orgullosa, irascible… bastante temeraria, por demás terca y obstinada…

Comentó mientras apoyaba sus labios en la piel de la espalda, buscando sin dificultad entrelazar los dedos en una de las manos que sostenía la suya.

—…y me parece increíble que no me esté refiriendo a mí misma.


"No me dejes antes de que el caballero de la noche me atrape. ¿Todavía me amas? Si lo haces, no me dejes ahora. No preguntes el por qué tienes que ser tú, simplemente quédate conmigo"

Blackpink – Stay

"Pero algo paso por primera vez contigo, mi corazón se derritió por completo encontrando algo verdadero, y todo el mundo mirando pensando que me estoy volviendo loca… quizás, quizás. Pero no me importa lo que dicen, estoy enamorada de ti. Tratan de alejarme pero no saben la verdad. Mi corazón está herido por una vena que sigo cerrando… pero tú la cortas…"

Leona Lewis – Bleeding Love


Nota del autor:

Creo que este es el verdadero final de este fic ya. Tenía una idea para un segundo extra pero dependen muchas cosas para que lo haga, así que ya veremos.

Y creo que ya se los recomendé antes pero vuelvo a hacerlo porque sé que esto les interesaría enormemente:

Hay poco material de esta pareja pero si hay algo en lo que me ha ayudado un montón es el trabajo de esta gran artista atomicantcami cuyo Tumblr, del mismo nombre, tiene trabajos excelentes de esta pareja y de otras más de League of Legends, que en lo particular disfruto mucho.

Ella también tiene una página de patr eon en donde ha subido cosas que me han volado la cabeza y me han servido muchísimo para este capítulo, se lo recomiendo un montón también.

La encontraran igual allí como atomicantcami

100% worth

Se lo certifica este ser, que ha amado escribir este fic para ustedes y que desea desde lo profundo de su corazón que tengan un excelente año.

Love you all :)