Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 2

—Pues yo creo que deberías aceptar el trato que te ofreció —fulminé con la mirada a Alice, una de mis mejores amigas, que se encogió de hombros sin darle importancia.

—Yo pienso igual —abrí la boca para rebatir pero Rosalie, mi otra mejor amiga, no me dio tiempo a decir nada—. Bella, dile que aceptas, anuncian el compromiso y tendrás tres largos meses antes de la boda para conquistarlo. Si en ese tiempo no consigues nada, lo dejas plantado en el altar y punto.

—Sí, es un plan estupendo. Una razón más para que me odie que más da ¿cierto? —dije tratando de sonar sarcástica, cosa que no logré conseguir en lo más mínimo.

—Bella, cariño no sigas torturándote más con eso. Ya es tiempo de que lo dejes en el pasado, que es a donde pertenece.

—No es tan fácil Rose —le di un sorbo a mi té helado y solté un sonoro suspiro—, no cuando alguien en mis pesadillas se encarga de recordármelo cada noche —terminé murmurando y me hundí tanto como me fue posible en mi silla.

—Creí que ya no las tenías más —dijo una preocupada Alice.

—Y así era... hasta hace dos semanas que todo esto comenzó.

—Ojalá que se esté quemando en el infierno por todo lo que te hizo —gruñó Rosalie apuñalando su ensalada con el tenedor.

—No hables así, Rose. A pesar de todo lo pasado yo no le guardo rencor, ahora ya no, sé que no estaba en sus cabales y...

—¡Oh no! No quieras buscar una excusa Bella, no hay nada que pueda justificar lo que te hizo —murmuró Alice con enfado, evitando alzar la voz para no llamar la atención de las personas de las mesas cercanas—. Y sobre las pesadillas, debiste decirnos en cuanto comenzaron de nuevo.

—Chicas, por favor, dejemos el tema por la paz ¿si? No quiero seguir hablando sobre eso —ambas hicieron el intento a rebatir pero me adelanté—. Les propongo algo, si las pesadillas continúan, yo volveré a buscar ayuda profesional. Lo prometo.

No dijeron más al respecto pero asintieron en acuerdo, aunque un tanto reticentes.

Dos semanas habían pasado desde mi reunión con Edward, dos semanas que han sido una total y completa basura, pues había desencadenado que una serie de... malos recuerdos regresaran a mí en forma de pesadillas; razón por la cual no había podido tener una noche de sueño decente en los últimos días. Dejándome con un horrible aspecto enfermizo, que debía disimular cada mañana con una buena cantidad de maquillaje.

—¿Esa de allá no es Victoria? —preguntó de pronto Alice cambiando el tema, Rosalie y yo volteamos a ver y efectivamente, a unas mesas de distancia se encontraba Victoria muy bien acompañada.

Conocía a Victoria desde hacía ya un tiempo por mi trabajo, es modelo y tuve la desafortunada desdicha de trabajar con ella en más ocasiones de las que me hubiese gustado.

—¿Quién será el pobre idiota en turno? Aunque debo admitir que éste es un hombre muy apuesto, y para que la zorra ande con él, también debe tener a su nombre una cuenta bancaria con más de seis dígitos —Victoria era conocida por ser una perra ambiciosa e interesada.

—El idiota que la acompaña, Rose, es nada más y nada menos que Edward Cullen. Y sí, su cuenta bancaria tiene más de seis dígitos —la bilis me subió hasta la garganta al ver a la sonriente pareja y me obligué a apartar la mirada de ellos.

—¿Edward Cullen? ¿Ése es el Edward del que estás...?

—Sí Alice, el mismo —le di un último sorbo a mi té helado y tomé mi bolso—. Me tengo que ir chicas, aún tengo que terminar con algunas de las fotografías para la revista de modas y estoy muy, en serio muy retrasada con eso.

—Nosotras también nos vamos y te dejamos en tu departamento, recuerda que pasamos por ti y no traes tu coche —se apresuró a decir Rosalie y negué.

—No es necesario, me hará bien caminar de regreso. Además, mi departamento no está tal lejos de aquí.

Me despedí de mis amigas y, después de que les prometiera infinidad de veces que si las pesadillas continuaban les diría, abandoné el restaurante.

Comencé a caminar por la acera rumbo al parque, era temprano y no quería ir a mi solitario departamento donde no tenía nada que hacer. Sí, les había mentido de forma vil y descarada a mis amigas al decirles que tenía trabajo pendiente, cuando lo cierto era que me molestó ver a Edward con Victoria y no encontré una mejor escusa para huir de ahí.

Después de caminar un buen rato, me senté en una banca y sonreí al ver a los niños que corrían, reían y se divertían en los juegos del parque, rebusqué en mi bolso y saqué mi vieja e inseparable cámara, una Canon EA-1 con lente 35-70mm que me regaló mi papá cuando decidí estudiar fotografía, y sin demora empecé a tomar fotografías hasta casi terminar con el rollo de película.

—¿Estás planeando secuestras a alguno de esos pobres niños? —casi se me cae la cámara de la impresión al escuchar esa voz a mi lado.

—¡Pero por supuesto que no! Soy fotógrafa, no una vil y desalmada secuestradora —me quitó la cámara de las manos, se sentó a mi lado y comenzó a examinarla con detenimiento a la par que la giraba entre sus manos de un lado a otro. Traté de quitársela un par de veces pero era bastante hábil para apartarla de mi alcance—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Es un lugar público, por lo cual no tengo por qué darle explicaciones a nadie, y mucho menos a ti —apreté los labios con fuerza y en un momento de descuido, pude arrebatarle mi cámara de las manos—. ¿Has pensado en lo que hablamos?

—¿Por qué no simplemente lo dejas estar y ya, Edward? —respondí con otra pregunta, pero él me ignoró por completo.

Solté un sonoro suspiro y apoyé la espalda en el respaldo de la banca. Me sería muy fácil decirle que aceptaba su trato, tal y como mis amigas me sugirieron, tratar de lograr que se enamorara de mí y ser felices juntos por el resto de nuestras vidas. Pero si no resultaba como esperaba, tendría que casarme con él y aceptar sus condiciones, ya que no podría dejarlo plantado en el altar o cancelar la boda unos días antes. Aunque tal vez pasado algún tiempo podría pedirle el divorcio y... ¡Mierda! ¡Por qué diablos tenía que ser todo tan malditamente complicado!

Un par de minutos después, respiré profundo antes de darle una respuesta.

—Sí, lo he pensado —más de lo que estaba dispuesta a admitir de hecho, pero eso él no tenía que saberlo.

—¿Y bien? ¿Has tomado ya una decisión? —clavé la mirada en esos verdes ojos que tanto me habían atormentado a lo largo de los últimos años, los cuales en ese momento me veían con impaciencia en lugar de ira y reproche, como tantas veces me vieran en el pasado.

Aparté la mirada y enfoqué mi cámara en un niño que jugaba con su perro en el césped.

—Está bien, yo... acepto —y espero no arrepentirme de hacerlo, terminé para mí, antes de disparar la cámara.

—¡Perfecto! Ahora sólo tenemos que decirles a nuestros padres y esperar a que arreglen todo.

—Genial, entonces te veré después... hum... supongo —me apresuré a ponerme en pie y antes de que pudiera dar un paso, una mano se cerró entorno a mi antebrazo con suavidad.

—Te llevo a tu casa —negué y me solté de su agarre.

—Agradezco tu ofrecimiento, en serio que lo hago, pero no hace falta. Vivo a unas cuantas manzanas de aquí, eso y además que quiero caminar —se encogió de hombros y me sonrió, una sonrisa que me causó taquicardia y nada tenía que ver con la sonrisa sarcástica que vi un par de semanas atrás.

—En ese caso, caminemos juntos entonces —no dije nada, no iba a dejar de insistir y no quería discutir con él por algo tan simple como el acompañarme a casa, así que me limité a asentir y comencé a caminar.

Los veinte minutos que tardamos en llegar los pasamos en silencio, un muy tenso silencio y una vez frente a mi edificio, me despedí con un escueto: hasta luego, y entré sin siquiera voltear a verlo.

Dos días después mis padres lucieron gratamente complacidos cuando les informé que Edward y yo habíamos estado hablado y que, tras mucho discutirlo, habíamos tomado la decisión de que nos casaríamos tal como ellos y los Cullen querían. Renée se volvió loca de alegría y de inmediato llamó a Esme para comenzar con los preparativos, tanto como para la cena de compromiso como para la, según sus palabras textuales, boda del año.

—¡Mierda! —gruñí mandando a volar el delineador de ojos por la habitación, estaba tan nerviosa que las manos me temblaban y me había manchado.

Como resultado, había arruinado mi maquillaje y tendría que comenzar de nuevo.

Tomé una profunda bocanada de aire y me obligué a calmar mis nervios. El tan esperado día, nótese el sarcasmo, había llegado y me encontraba arreglándome para asistir a mi cena de compromiso, a la cual habían sido invitadas personas de las cuales ni siquiera sabía sus nombres. Es más, podía contar con los dedos de ambas manos a los invitados que conocía y probablemente me sobrarían dedos.

Después de corregir el desastre que había causado con el delineador, terminé de maquillarme y me acerqué a la cama donde reposaba mi vestido. Por un par de minutos me quedé ahí, simplemente parada junto a la cama observando la prenda como si se tratara del mismo demonio. Era un hermoso y elegante vestido de cóctel color rosa perla, strapless y corto en el frente hasta la altura de las rodillas, mientras que en la parte de atrás caía largo hasta casi rozar el suelo, y bajo el busto, tenía pequeñas piedritas brillantes que formaban una especie de cintillo.

Suspiré con pesadez y desanudé el cordón de mi bata dejando que se deslizara por mi cuerpo cayendo al suelo, ya era tarde y debía darme prisa antes de que alguien se le ocurriera venir a buscarme para averiguar el motivo de mi demora.

Hacía ya varios minutos desde que había llegado a la casa de los Cullen, pero no podía bajarme del coche. Una voz dentro de mi cabeza me decía que huyera lo más lejos que me fuera posible, que aún no era tarde para arrepentirme y evitar que Edward rompiera mi maltrecho corazón. Solté el aire que de manera inconsciente había estado reteniendo y puse la llave en la marcha más que dispuesta a irme de ahí, pero al final no pude hacerlo.

Cerré los ojos y conté mentalmente hasta diez, abrí la puerta y antes de que pusiera un pie fuera del coche, alguien tiró de mí obligándome a salir.

—¿Por qué diablos tardaste tanto? —gruñó un nada contento Edward.

—Suéltame, me estás lastimando —murmuré y aflojó un poco su agarré en mi brazo aunque no me soltó, sus ojos brillaban furiosos y mentiría si dijera que no me dio miedo verlo así—. Edward, yo no estoy segura de esto y... tal vez lo mejor es cancelar el compromiso.

—Ahora es algo tarde para arrepentimientos, Isabella, no vamos a quedar en vergüenza ante los invitados por tu culpa. Así que vas a entrar ahí, pondrás tu mejor sonrisa y continuaremos con este teatro tal y como estaba planeado —no me dio tiempo a decir nada y comenzó a caminar, llevándome casi arrastras con él.

—Por favor, para y escúchame —le dije pero no me prestó atención y apresuró el paso, justo estábamos por cruzar la puerta que nos llevaría al jardín cuando hice un último intento—. ¡Es una locura! Tú no me amas y ninguno de los dos será feliz en este matrimonio —y tan pronto como las palabras abandonaron mis labios, me arrepentí de haberlas dicho. La rabia desfiguró su rostro y deseé estar en cualquier parte menos parada frente a él.

—Hasta donde puedo recordar, yo no te prometí lo contrario —siseó apretando la mandíbula con fuerza—. Ahora, sonríe y camina.

Tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos, apretando tan fuerte que creí me rompería los huesos. Me forcé a sonreír cuando los invitados se dieron cuenta de nuestra presencia, Edward me guió hasta la mesa donde estaban sentados nuestros padres y corrió la silla, como todo un perfecto caballero, para que me sentara.

—Isabella, te ves hermosa cielo —me alagó Esme y, viéndome incapaz de pronunciar una sola palabra, le sonreí... o al menos traté de hacerlo.

—¿Por qué demoraste tanto, princesa?

—Yo... el... el tráfico —balbuceé con voz baja en respuesta a la pregunta de mi padre.

La siguiente hora no fui consciente del cómo pasó, necesitaba encontrar una respuesta al por qué Edward había aceptado sin más complicaciones casarse conmigo cuando es obvio que no me tolera y... ¡Oh pero claro! ¿Cómo no me di cuenta antes? Lo que él buscaba era vengarse de mí, y vio una muy buena oportunidad aceptando ese maldito trato.

—Discúlpenme un momento, voy a saludar a mis amigos —me puse en pie y con paso firme, a pesar de que me temblaban las piernas, me acerqué a la mesa donde estaban Rosalie y Alice.

—¡Por Dios, Bella! Creímos que te habías arrepentido —me dijo Jasper, el esposo de Alice, en cuanto me senté entre él y Rose.

—Y estuve a punto de hacerlo, Jazz. Estuve a punto de hacerlo.

—¿Qué te pasa Bells? —me preguntó Alice con preocupación, casi podía apostar a que de no ser por el maquillaje luciría tan pálida como un fantasma.

Pero ella era bastante intuitiva además de conocerme lo bastante bien, como para saber que algo no iba del todo bien conmigo.

—Me pasa que ya sé, o al menos sospecho, el motivo de Edward para aceptar casarse conmigo. Quiere vengarse por lo que le hice y...

—Supongo que sabiendo eso, vas a cancelar todo este circo de la boda, ¿cierto? —comencé a jugar con el borde del mantel al no tener una respuesta a la pregunta de Emmett.

—Ella no lo hará cielo, se va casar con ese imbécil y le demostrará que con Isabella Swan no se juega —le respondió Rosalie a su marido—. O al menos eso es lo que yo espero —murmuró con voz tan baja que sólo Emmett y yo, al estar sentados a su lado, la habíamos escuchado. Aunque fingí no haberlo hecho.

—Bella, sabes que probablemente tú seas quien más lastimada salga con esto. Somos tus amigos y no queremos verte como hace años.

—No Jazz, ahora sé lo que pretende y no voy a permitir que él... —apoyé los codos en la mesa y respiré profundo—. Mejor cambiemos de tema, ¿quieren?

Después del mal rato, mis amigos lograron distraerme lo suficiente con su charla para olvidarme de todo por un momento, y fue hasta entonces, ya que me sentía un poco más relajada y tranquila, que me permití recorrer el lugar con la mirada; Esme y mamá sin duda habían hecho un estupendo trabajo. El jardín de la casa de los Cullen lucía hermoso, antorchas distribuidas de manera estratégica daban luminosidad el lugar y las flores perfumaban de forma sutil el ambiente con los suaves olores que desprendían.

Lo único que no me gustó para nada, fue ver a Victoria entre los invitados, me parecía un verdadero insulto hacía mí que Edward hubiese invitado a su amante en turno a nuestra fiesta de compromiso. Por más falso que fuera todo, él debió abstenerse de invitarla.

—Chicos, vengo a robarles a Bella un momento —dijo Renée apareciendo de pronto, con una sonrisa me ofreció su mano y agregó—: Llegó la hora, cariño.

En cuanto llegamos a la mesa los tres Cullen se pusieron en pie al igual que mi padre, Carlisle golpeó suavemente su copa llamando la atención de los invitados y, tras aclararse la garganta, comenzó a hablar.

—Charlie y yo nos conocemos desde que eramos unos niños, crecimos juntos y lo considero como el hermano que no tuve. No es secreto para nadie, que siempre hemos tenido la ilusión de ver nuestras familias unidas, algo que finalmente está por cumplirse. Así pues, esta noche y con inmenso regocijo, anunciamos el compromiso matrimonial de mi hijo, Edward, con Isabella Swan —mamá emocionada y con lágrimas en los ojos se aferró al brazo de mi padre, mientras Esme con una sonrisa en el rostro abría una pequeña cajita de terciopelo color negro.

—Este anillo perteneció a mi madre, ella y mi padre estuvieron casados por más de sesenta años y fueron muy felices juntos. De corazón espero que les traiga la misma dicha que a ellos, y su matrimonio sea feliz y duradero —Edward tomó el anillo que Esme le ofrecía, clavó sus ojos en mí y sin titubear tomó mi mano deslizando la hermosa joya en mi dedo anular.

—¡Por los novios! —exclamó Carlisle alzando su copa, acción que pocos segundos después fue imitada por los demás presentes.

—¡Hijo, a qué esperas para besar a tu prometida! —exclamó una sonriente Esme y no pude evitar tensarme por sus palabras. Él no pensaba hacerlo ¿cierto?

Abrí los ojos tanto que creí saltarían fuera de sus cuencas cuando dio un par de pasos situándose frente mío, sentí mis piernas fallar y me sujeté con fuerza de sus brazos para no caerme. Mi corazón se detuvo cuando acunó mi rostro entre sus manos y en el momento en que sus labios tocaron los míos, subí directo al cielo al mismo tiempo que bajaba hasta las profundidades del infierno.

Continuará...


¡Hola! Aquí está el segundo capítulo y de corazón espero que les gustara. Les recuerdo que la actualización del Fic será semanal, en el grupo de Facebook estaré publicando adelantos e imágenes relacionadas a la historia, si gustan unirse encontrarán el link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se tomaron un tiempito para dejarme un review haciéndome saber su opinión.

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