Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 3

Bajé del coche cerrando la puerta con mucha más fuerza de la necesaria, mi madre y su charla me habían puesto los nervios de punta y me sentía como un volcán que estaba a punto de hacer erupción. ¿Cómo diablos se le fue a ocurrir que iba a dejar de lado mi profesión, para convertirme en una esposa abnegada?

Y no, eso no era lo peor de todo, lo peor era que si seguía su consejo me convertiría en una jodida esposa abnegada de pantalla, ¡de pantalla por Dios santo! Sin duda Renée Swan había perdido la cordura.

—Hola Bella, todo está listo para comenzar —me dijo Jane en cuanto me vio llegar al lugar y me obligué a forzar una sonrisa, mi ayudante y amiga no tenía la culpa de que no estuviera de buen humor.

—Hola Jane. ¿Quién fue la elegida para ser la imagen publicitaría del perfume? —pregunté comenzando a sacar mi equipo con su ayuda.

—Jonathan no pudo escoger alguien mejor, ella es tan amable, que todo el equipo está mega feliz con la idea de trabar a su lado —respondió rebosando sarcasmo—. Victoria.

Cerré los ojos y respiré profundo, justo lo que me faltaba para completar mi desastroso día: tener que aguantar a la mujer que calentaba la cama de mi futuro marido. ¡Vaya calvario el mío!

—Bien, por favor avísale que comenzaremos ya, cuanto antes terminemos con esto mejor.

—¿Y por qué he de ser yo la que tenga que avisarle? —le di una mirada que decía: porque soy tu jefa y te jodes. Resopló y con un gruñido agregó—: A la orden, jefa —hizo un saludo al mero estilo militar antes de irse, gesto que me sacó una sincera sonrisa.

Una hora y media después estaba más que lista para cometer un asesinato, y es que Victoria era... era... era... ¡Una maldita zorra que se creía diva! No le fue una tarea difícil y no le tomó mucho tiempo para crispar los nervios de todos los presentes, hasta la casi siempre tranquila y pacifica Jane estaba más que lista para saltar directo a su yugular y destrozarla con los dientes a la menor oportunidad.

—Te lo juro Bella, sería la mujer más feliz de este hijo de puta planeta, si tan sólo pudiera retorcer su pinche pescuezo como si fuera una maldita gallina —podía ser tranquila y pacifica la mayor parte del tiempo, pero cuando perdía los nervios, tenía un vocabulario digno de cualquier marinero.

—Créeme que no eres la única que sería feliz al hacerlo, Jane, no sé qué diablos tenía Jonathan en la cabeza cuando la eligió —gruñí abriendo una botella de agua y dando un buen trago.

Habíamos tenido que suspender la sesión ya que a la... señorita, se le metió en la cabeza la idea de que su maquillaje necesitaba un retoque, cuando lo cierto era que lo único que quería era hacernos tener la desdicha de soportar por más tiempo su mal humor y aires de grandeza.

Aunque de cierta forma, me sentía inmensamente feliz y me regocijaba al saber que su disgusto se debía a cierta joya que reposaba en mi dedo anular, joya que ella sabía muy bien nunca iba a poder tener y la cual no había dejado de ver en ningún momento; y no es que yo hubiese tratado de ocultarla a su mirada, más bien todo lo contrario.

—Ya terminé y pueden continuar con la sesión —dijo una tímida Ángela acercándose.

Al ser la maquillista, la pobre chica había sido la mayor destinataria del mal humor de Victoria y había tenido que soportar, sin derecho a replica, que la diva criticara de forma despiadada su trabajo.

—Lo bueno es que no falta mucho para terminar —murmuré tomando mi cámara y Jane soltó un suspiró resignado antes de seguirme.

Dos horas más tarde estaba terminando de guardar mi equipo, cerré los ojos y ronroneé bajito pensando en lo que me esperaba al llegar a mi departamento.

Primero, tomaría un largo y relajante baño de tina con sales aromáticas de lavanda, tal vez pondría algo de música clásica y no saldría hasta que el agua se enfriara y yo me arrugara como una pasa. Después, prepararía una humeante taza de chocolate caliente que acompañaría con uno de esos deliciosos pastelitos de fresa con crema pastelera, que me habían sobrado del desayuno. Y por último, me acurrucaría en el sofá y no me movería de ahí hasta terminar el libro que había comenzado a leer un par de días atrás, el cual no había tenido tiempo de terminar, y me moría de ganas por saber cómo acababa.

Jane, ya un poco más tranquila y dejando de lado sus deseos asesinos, se ofreció a ayudarme a subir mis cosas al coche; me despedí de ella y justo estaba por subir cuando alguien gritó mi nombre.

—¡Bella! —giré la cabeza en todas direcciones buscando al dueño de esa voz, no pude contener mi sonrisa, cuando lo vi acercarse a mí y me envolvió entre sus brazos alzándome unos quince centímetros del suelo.

—¡Dios, te he echado tanto de menos! —me alejé de él y enfadada le solté una sonora bofetada, borrando al instante la sonrisa de su rostro—. ¿Dónde has estado, tirano? Pudiste al menos llamarme para decirme que estabas bien, ¿tienes una maldita idea de lo preocupada que estuve todo este tiempo sin tener ni una noticia tuya?

—Okay, yo probablemente me merecía eso —murmuró sobando su adolorida mejilla—. Lo siento nena, pero sabes que soy una jodida alma libre y he estado de aquí para allá hasta hace unos meses.

—Sí, pero eso no te impedía hacerme una llamada, o es que acaso donde estabas no conocen un aparato llamado teléfono ¿eh? ¡Ah ya sé! ¿Te secuestraron los extraterrestres y te llevaron a otro planeta en su nave interplatanaria?

—Se dice interplanetaria —me corrigió con una sonrisa.

—Me importa un carajo como se diga.

—¡Oh vamos gatita! No desperdiciemos el tiempo con reclamos —suspiré derrotada y lo abracé escondiendo el rostro en el hueco de su cuello, aunque tuve que ponerme de puntillas para hacer eso, él era unos buenos centímetros más alto que yo.

Cerré los ojos para contener mis lágrimas, había pasado por momentos horribles sin saber nada de él.

—Desapareciste de la noche a la mañana sin decir nada a nadie, con el pasar de los días y al no tener noticias tuyas... creí que algo malo te había pasado —incluso se me pasó por la cabeza la idea de ir a buscarle en la morgue, entre los cadáveres sin identificar.

—Lamento haberte preocupado, en verdad que lo lamento, pero te prometo que no volveré a desaparecer así ¿de acuerdo?

—No eres bueno cumpliendo tus promesas, Garrett —soltó una sonora carcajada y se apartó de mí, lo justo para verme a los ojos.

—Dame aunque sea poco de crédito mujer, ya verás que me esforzaré por cumplir esta promesa —negué divertida rompiendo el abrazo y me apoyé en el coche—. ¿Qué te parece si vamos a tomar un café y hablamos? Tengo mucho que contarte.

—Mejor que sea una copa, la necesito después del desastroso día que he tenido —saqué las llaves del coche, se las lancé y las atrapó al vuelo—. Conduce tú, no tengo ánimo ni para eso.

—¿Entonces, cómo pensabas irte a tu departamento? —me preguntó abriendo la puerta del copiloto para mí.

—Haría mi mayor esfuerzo, y rezaría para que ningún poste del cableado eléctrico se me atravesara por el camino —bromeé y ambos reímos.

—Debes haber tenido un más que pésimo día para estar así —asentí y subí al coche.

—Sí, de hecho he tenido unas semanas horribles —frunció el ceño al escuchar mi melancólico tono de voz—. ¿Sabes? Yo también tengo mucho que contarte, Gar —cerró la puerta y rodeó el coche para montarse en el.

—Solamente dime a quién tengo que desaparecer, sabes que lo haría y nadie sabría que he sido yo. O puedo ponerme en contacto con algunos amigos, que a su vez conocen amigos, que sin preguntar harían el trabajo —abroché mi cinturón de seguridad y solté una sincera carcajada, algo que soló Garrett podía lograr.

—Anda asesino a sueldo frustrado, arranca el coche y vamos a por esa copa.

Antes de que Garrett arrancara el coche, pude ver a Victoria parada al otro lado de la calle, sus ojos curiosos no se apartaban de nosotros y sonreía con malicia mientras hablaba con alguien por el móvil. Cosa a la que no le di mucha importancia, no iba a devanarme los sesos por ella.

Garrett me ayudó a salir del coche y rodeó mis hombros con su brazo, entramos al pequeño bar y buscamos un lugar alejado donde sentarnos y tener privacidad para poder hablar lejos de oídos curiosos. Unos minutos después tenía un Gin Tonic frente a mí y le di un pequeño sorbo, Garrett le di un sorbo a su vaso de Whisky y se aclaró la garganta.

—Felicítame, me voy a casar —dijo con una seriedad nada propia en él.

Por un par de minutos esperé a que saltara riendo y me dijera: ¡Era una broma, caíste! Pero al ver que eso no ocurriría comencé a preocuparme. ¿Garrett, mejor conocido como el más grande Casanova de la historia, iba a casarse?

—¿Casarte? Pero tú no... —no pude seguir hablando y es que estaba... conmocionada.

Alargué mi temblorosa mano y tomé su vaso de Whisky dándole un generoso trago, hice una mueca al sentir el ardor en mi garganta cuando tragué el liquido y mi acompañante soltó una risita.

—Sí, sé que en más de una ocasión llegué a decir que iba a vivir todos los días de mi vida como el soltero más cotizado y deseado del planeta. Pero... Bella, ella es tan hermosa, inteligente, encantadora y le gusta vivir la vida al día como a mí. ¡Es mi mujer perfecta! Y lo más importante, la amo como nunca pensé amar a alguien.

En ese momento podía caer un meteorito justo a mi lado y no me sorprendería tanto como ver a Garrett así, sus ojos brillaban y una tonta sonrisa adornaba su rostro al hablar de esa mujer; pero lo que más me sorprendió fue la sinceridad de sus palabras.

¡Dios, creí que iba a morir sin llegar a ver el día en que este casanova se enamorara!

—¿Y, la mujer perfecta tiene un nombre? —su sonrisa se ensanchó y me quitó de la mano su vaso.

—Katerina Lowell, pero te puedo asegurar que te dará una paliza si la llamas Katerina. Así que dejémoslo solamente en Kate —Lowell, ese apellido ya lo había escuchado antes y me traía tantos recuerdos—. La boda es en una semana y estoy aquí para llevarte conmigo, eres la única persona a la que puedo considerar mi familia y tienes que acompañarme en un día tan importante.

—¡Pero por supuesto que sí! ¿Dónde será la boda?

—Mi cuñado es dueño de un viñedo en Napa, California; la boda será ahí a petición de él y para encanto de mi Kate —¿sería posible que él fuera el hermano de la prometida de Garrett? No, eso sería demasiada coincidencia. Además, Lowell era un apellido de lo más común ¿no?

—Bien, tú sólo dime cuándo nos vamos. Es obvio que yo seré la fotógrafa oficial, y no acepto un no por respuesta —tomé un sorbo de mi Gin Tonic y entonces sucedió, Garrett clavó la mirada en mi mano, específicamente en mi anillo de compromiso, y sus ojos se abrieron de forma desmesurada y cómica.

—¿Algo que quieras contarme, Isabella Swan? —asentí y respiré profundo antes de comenzar a hablar.

Media hora después le había contado todo con lujo de detalles sobre mi compromiso con Edward, por varios minutos se mantuvo sumergido en un tenso silencio, su ceño estaba fruncido y tomó de un solo trago lo que quedaba de Whisky en su vaso.

—Bella, eres como una hermana para mí y no quiero verte sufrir. No de nuevo —tomó mi mano por sobre la mesa y le dio un fuerte apretón.

—No tienes que preocuparte por mí, Gar, él no podrá lastimarme si sé lo que planea.

—¡Ese es precisamente el maldito problema! —gritó llamando la atención de las pocas personas cercanas a nuestra mesa—. No sabes a ciencia cierta lo que planea, sólo estás sacando conclusiones basándote en una tonta teoría —respiró profundo, alargó la mano y quitó un mechón de cabello que se había escapado de mi coleta y caía sobre mi rostro—. Cariño, manda todo al carajo y busca una oportunidad de ser verdaderamente feliz.

—Isabella. Qué sorpresa, no esperaba encontrarte aquí —Dios me odia, y me odia mucho; fue mi pensamiento cuando escuché la voz de Edward a mi lado—. ¿No me presentarás a tu amigo?

—Claro. Gar, él es Edward. Edward, él es Garrett —mi amigo estrechó la mano de Edward y sonrió al notar su más que evidente tensión.

—Así que tú eres el tipo que va a casarse con mi gatita —Edward entrecerró los ojos pero no le dijo nada, clavó la mirada en mí y tomó mi bolso.

—Debemos irnos, si recuerdas que vamos a cenar en casa de mis padres ¿cierto? —abrí la boca para rebatir a sus palabras, pero no pude hacerlo ya que tomó mi mano y, de manera sutil pero firme, me obligó a ponerme en pie.

—Lo siento Gar —me solté de su agarre y abracé a mi amigo—, me tengo que ir, pero búscame en mi departamento ¿de acuerdo?

—Claro que sí gatita, además, aún tenemos que planear nuestro próximo viaje —me guiñó un ojo y sonreí asintiendo.

Le quité a Edward mi bolso de las manos y comencé a caminar fuera del local, sin siquiera ver si me seguía o no, llegué a donde estaba aparcado mi coche y abrí la puerta.

—Dame las llaves —me ordenó Edward y me giré quedando de frente a él.

—No veo el por qué tenga que hacerlo —dije cruzando los brazos y apretó el puente de su nariz.

—Porque vine en taxi, y es verdad que vamos a cenar con mis padres —¿organizó una cena con sus padres sin consultarme? ¿Quién diablos se creía para hacerlo?

—Lo siento, pero no voy a ir. Debiste haberme avisado con tiempo.

—Disculpe su alteza, la próxima vez le avisaré un par de días antes, así podrá organizar su agenda y no tendrá que dejar botados a sus amigos en medio de una cita —no pude evitar sonreír, ¿acaso eran celos lo que podía percibir en su voz?

—Eso me parece perfecto, gracias.

—Las llaves —gruñó y se las di, rodeé el coche y subí en el asiento del copiloto—. ¿Qué significa eso de que vas a irte de viaje con ese tipo? —me preguntó después de varios minutos en silencio.

—Le conté a Gar sobre la futura "boda" —marqué las comillas al aire con mis dedos—, y quiere que hagamos un viaje juntos, será algo así como una especie de despedida de soltera. No te molesta ¿cierto? Después de todo, fuiste tú quien estableció los términos de nuestro trato.

Se aferró con fuerza al volante, tanto que sus nudillos se pusieron blancos y negó de manera forzada.

—Genial, me muero por pasar un tiempo con él. Por cierto, ¿cómo supiste dónde encontrarme? —se tensó, más de lo que ya estaba, y lo vi tragar en seco—. ¡Oh, pero claro! Victoria te avisó.

—¿Por qué crees...?

—Edward, no soy estúpida, estoy al tanto sobre la relación que hay entre tú y Victoria —lo interrumpí—. Hoy trabajé con ella y me vio irme con Gar, lo que no me queda del todo claro es: ¿cómo supo dónde estaríamos?

—Sí, lo reconozco, ella me llamó y me dijo que te vio con el tipo ese.

—Deja de referirte a él como el tipo ese, su nombre es Garrett.

—¡Me importa una mierda cuál sea su maldito nombre! —suspiró y se pasó la mano por el cabello desordenándolo más de lo que estaba, abrió la boca con la intención de decir algo pero al final se arrepintió y no lo hizo.

El resto del camino lo hicimos sumergidos en un silencio nada cómodo, llegamos a casa de sus padres y Edward se apresuró a bajar del coche y rodearlo para abrirme la puerta, antes de que yo pudiera hacerlo.

Nos recibió una sonriente Esme que nos llevó al comedor donde Carlisle ya nos estaba esperando, la cena pasó sin mayor inconveniente, mis suegros se notaron demasiado interesados en conocer más sobre mí y yo con gusto les respondí a lo que preguntaban; y para mi grata sorpresa, en más de una ocasión logré atrapar a Edward escuchando con atención lo que les contaba a sus padres.

Pero no todo podía ser perfecto, al menos no cuando te llamabas Isabella Swan, así pues para cuando Esme estaba sirviendo el postre, una apetitosa tarta de peras, salió a flote un tema que para nada me esperaba.

—Supongo que, después de que se casen, dejarás tu trabajo como fotógrafa —oh no, no puedo soportar tener la misma charla dos veces en el mismo día, me dije sintiéndome miserable.

—No, de hecho no pienso dejar mi trabajo, al menos no en muchos años más.

—Querida, no es fácil mantener un trabajo como el tuyo cuando los hijos llegan. Porque supongo piensan tener hijos pronto, ¿cierto? —di gracias a Dios por haber estado sentada, ya que de lo contrario, hubiese terminado tirada en el suelo debido a la impresión.

—Mamá, no creo que sea el momento adecuado para tener esta charla. Además, es algo que solamente nos incumbe a Isabella y a mí —Edward le dio una mirada significativa a Esme, pero la mujer pasó de él olímpicamente y continuó hablando.

—Tonterías, yo quiero nietos y los quiero pronto —terminó de repartir la tarta y comió un bocado—. Imagínate Carlisle, una hermosa castañita de ojos verdes o un pequeño cobrizo de ojos chocolates, correteando por toda la casa —dijo con una mirada soñadora y Carlisle sonrió igual o más emocionado que su esposa.

Algo dentro de mi pecho se retorció ante las palabras de Esme, yo también había soñado muchas veces con ver a un par de niños correteando por la casa, un par de niños míos y del hombre sentado a mi lado; pero con el paso del tiempo comprendí que eso era algo totalmente imposible.

Y el que Edward y yo ahora estuviéramos por casarnos no cambiaba nada, él me dejó muy en claro cómo sería nuestro matrimonio y yo había aceptado sus condiciones.

—Sí, sería maravilloso querida —comentó Carlisle tomando la mano de su esposa, Edward bufó y murmuró un: como si eso fuera a ser posible, que pude escuchar con más claridad de la que me hubiese gustado.

—Muchas gracias por la cena, pero ya es tarde y debo marcharme —murmuré con voz temblorosa.

—Pero ni siquiera probaste tu postre, cielo —me puse en pie ignorando las palabras de Esme y salí lo más rápido que pude de la casa, sin importarme lo descortés de mi parte que fue irme así.

Una vez estuve en la acera fuera de los terrenos de la casa, apoyé las manos en mis rodillas y respiré profundo llenando mis pulmones con el fresco aire de la noche, el tema de los hijos me había afectado mucho más de lo que era capaz de aceptar.

Sin duda iba a terminar volviéndome loca con todo esto, un día estaba más que segura de seguir adelante con este maldito teatro y tratar que Edward se enamorara de mí. Después, toda seguridad se esfumaba y el miedo me carcomía por dentro, haciéndome sentir como un pequeño animalito asustado y acorralado. Hasta hace un rato estaba convencida de que podía casarme con él sin importarme que, lo más probable, Edward estuviera buscando una posible venganza por todo lo que le hice años atrás. Pero justo en este momento lo único que quería era huir, mandar todo al carajo tal como Garrett me aconsejó y buscar ser feliz.

Sin duda necesitaba algo de tiempo para pensar, un tiempo alejada de toda esta locura me ayudaría a aclara mis ideas y saber con seguridad qué era lo que debía hacer. Sí, estaba decidido, mañana a primera hora hablaría con Alice y Rosalie, les pediría que ayudaran a Renée y Esme con los preparativos de la boda, y después del casamiento de Garrett, haría ese viaje que tenía tanto tiempo planeando.

Con esa solución en mente caminé hasta mi coche y me subí, antes de arrancar algo me hizo voltear hacia la casa y me encontré con Edward, sentado en los escalones del porche fumando un cigarrillo y viendo fijamente en mi dirección.

Continuará...


¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo de este Fic, espero que les gustara y me encantaría saber su opinión sobre el. En el grupo de Facebook estaré publicando adelantos e imágenes relacionadas a la historia, si gustan unirse encontrarán el link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se tomaron un tiempito para dejarme un review en el capítulo pasado, alegrándome el día.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo viernes!