Una vez afuera, el frío de la noche chocó contra su piel empapada por el sudor, haciéndole estremecer. La música aún podía escucharse desde allí, retumbando con fuerza, pero ahora sus oídos zumbaban aturdidos, haciéndole sentir mareado y desorientado, sólo esperaba no haberlos dañado de manera permanente.
Se recostó en el suelo, apoyando su cabeza sobre el auto estacionado de Balthazar, en un lugar alejado de la vista de aquellas personas que habían salido para fumar un cigarro o simplemente para tomar aire al igual que él. Cerró sus ojos en un intento por calmarse, pero aún podía sentir el mundo girando, haciéndole sentir una leve sensación de vértigo. Lo peor de todo era el sentimiento de confusión, de sentirse ignorante ante todo lo que le rodeaba, el deseo de querer comprenderlo todo, querer comprender los pensamientos de Castiel. Le había dicho todo lo que sentía, siempre había sido abierto y sincero al respecto, pero Castiel nunca le había dado respuestas claras ¿en realidad lo quería? ¿En realidad sus sentimientos eran correspondidos? Tal vez Castiel sólo se sentía atraído de manera física, mas no sentimental, tal vez simplemente no había sido lo suficientemente valiente para decirle la verdad y rechazarlo… pero no quería pensar en eso, no quería perder la esperanza de tener a Castiel como quería, tenía que hacer lo que fuese que le pidiera y demostrarle cuanto le quería en realidad.
De pronto sintió como una mano se posaba delicadamente sobre su hombro, haciéndole sobresaltar. Inmediatamente abrió los ojos, encontrándose con la cara de Meg a unos cuantos centímetros de la suya, había esperado encontrarse con Castiel, con cassie o incluso con Balthazar, pero nunca esperó ver la cara sonriente de Meg. Normalmente sus sentidos más desarrollados hubiesen sido capaz de sentirla acercarse, por el sonido de sus pisadas en el suelo o su aroma dulce y femenino, pero al parecer el alcohol había hecho estragos en su sistema.
- Oye ¿estás bien? – preguntó Meg – te fuiste sin decir nada y Cassie está preocupada por ti.
- Estoy bien, sólo un poco mareado – admitió – necesitaba tomar aire.
Ella sonrió con cariño antes de sentarse a su lado en el suelo, con la espalda recostada en el auto de Balthazar - ¿Sabes? Creo que es adorable el hecho de que nunca hayas bebido antes. Eres un niño tan bueno, tanto que me gustaría corromperte.
Dean no sabía si se trataba de una broma, una insinuación o una amenaza, así que se limitó a mirarla sin atreverse a decir nada.
- ¿Sucedió algo con Castiel? – preguntó la chica desviando el tema.
- Nada en especial… es sólo que es difícil comprenderlo. Sólo quería que nos divirtiéramos juntos, pero de repente se enfadó, siempre encuentra una excusa para negarme todo lo que le pido, siempre lo que quiero es incorrecto a pesar de que hago todo lo que me pide.
- Eso suena confuso.
- Lo es, todo es tan confuso para mí… estoy en un lugar completamente nuevo y desconocido al que me ha costado adaptarme, donde aún no logro sentir que encajo, cada maldito segundo es un reto para mí y Cas sólo logra confundirme aún más, haciéndome sentir como un estúpido.
- Hey, tranquilo – dijo Meg mientras rodeaba su cuerpo en un abrazo, instándolo a acomodar su cabeza despeinada sobre sus pechos. Dean ni siquiera intentó apartarse, se sentía tan suave, cálida y su aroma era tan dulce que se sintió seguro por primera vez en días. Entonces ella continuó hablando – Conozco ese sentimiento, de verdad. Sentirse incomprendido, solo, rodeado por extraños a los que ni siquiera les importas… Es lo que siento todos los días, pero he encontrado una manera de lidiar con todo el estrés y la angustia.
Dean levantó la cabeza ligeramente para encontrarse con los ojos de ella - ¿Cómo? – preguntó con interés.
Ella sonrió e introdujo una mano en el bolsillo de su chaqueta de cuero, extrayendo una pequeña bolsita transparente con unas pequeñas píldoras redondeadas, poniéndolas en la palma de su mano para que Dean pudiese verlas.
- ¿Qué es eso? – preguntó inocentemente, haciendo sonreír a la chica.
- Es medicina para el alma, te hará sentir mucho mejor, te hará olvidarte de todos tus problemas por un largo rato. Toma una, te relajará.
Dean había tomado medicinas antes, aunque no solía enfermar muy a menudo, su cuerpo de licántropo era más fuerte y resistente que el de un humano promedio, siempre y cuando mantuviera controlado el periodo entre cada transformación. No sabía mucho sobre medicinas pero sabía que estaban hechas para hacer que los humanos se sintieran mejor, no veía nada de malo en aceptar una, así que lo hizo. La vio a ella llevarse una pequeña píldora a la boca y tragarla sin esfuerzo y luego él hizo lo mismo.
- No siento nada – comentó Dean y la chica volvió a reír.
- No tan rápido, cariño, espera un segundo, deja que haga efecto en tu cuerpo.
Dean asintió y esperó en silencio, sintiendo congelarse bajo el frío de la noche, sintiendo temblar a pesar de hallarse en medio del verano.
- Eres demasiado guapo, Dean – susurró la chica, tomando la barbilla de él entre sus manos para ver de cerca esas esmeraldas brillantes que eran sus ojos – un alma tan pura e inocente… no sé cómo has logrado mantenerte así en nuestros días.
- Tal vez estuve encerrado toda mi vida en una jaula – respondió, sonriendo con amargura al pensar que sus palabras eran completamente literales, pero ella no tenía por qué saberlo.
- Me gustas, Dean, también a Cassie y aunque no haya dicho nada, sé que a Lana también le gustas, pero yo te encontré primero, aquí solo y con la mente llena de basura… y te ayudé, así que tengo el derecho de ser la primera en besarte ¿me dejarías hacer eso?
Dean no comprendió muy bien sus palabras, su mente se sentía confundida, el mundo giraba de manera acelerada y todo parecía demasiado brillante, pensó que se sentiría mejor en cuanto tomara la medicina, pero en su lugar los efectos del alcohol habían empeorado.
- Lo siento, no me siento muy bien – murmuró mientras se alejaba de ella, recostando su cabeza de nuevo sobre las puertas cerradas del auto. Cerró los ojos, pero aquello no ayudó, pues bajo el negro de sus párpados podía ver luces incandescentes brillar, luces de color azul celeste, girando en círculos, tomando la forma de un par de ojos brillantes.
- Dean, no te angusties, sólo déjate llevar – dijo ella mientras acariciaba su rostro pálido con dulzura, acercándose a su cuerpo lentamente y rozando sus labios contra su mejilla, su mandíbula y su cuello.
- ¿Dónde está Cas? Necesito hablar con él – intentó levantarse pero ella lo detuvo.
- Te dije que te olvidaras de tus problemas y creo que Cas es uno de ellos, el chico es guapo, caliente como el infierno, pero no sabe divertirse, sólo sabe escupir reglas y prohibirlo todo, por eso ahora mismo debes olvidarte de él y solo enfocarte en mí, conmigo puedes hacer lo que te plazca.
Meg tomó el rostro del chico entre sus manos y posó sus labios sobre los de él sin antes preguntar. El beso fue largo y Dean pudo sentir la humedad, el sabor del licor mezclado con su lápiz labial, los labios moverse con mayor destreza que los de Castiel, pero estaba lejos de sentirse igual, no sintió el sabor a caramelo, los movimientos lentos y dulces de Castiel, su barba áspera acariciando su barbilla, no sintió el olor varonil de su colonia, ni las mariposas flotando en su estómago, migrando a una zona mucho más caliente ubicada al sur de su cuerpo.
La chica se apartó lentamente, sonriendo triunfante, pero Dean no sonreía, no se sentía lo suficientemente bien para sonreír - No puedo – murmuró.
- ¿No puedes qué? – preguntó ella confundida, borrando la sonrisa de su rostro.
- Olvidarme de él, de Cas, tal vez no se divierta de la misma manera que todos los demás, pero es justo lo que quiero, es justo lo que necesito.
Meg parecía confundida y profundamente decepcionada – estás drogado, Dean, no entiendes lo que dices.
- ¿Qué? – en efecto, la mente de Dean se hallaba demasiado confundida, pero todo lo que había dicho era completamente real.
- Suenas como si fueras gay y de seguro no lo eres porque acabas de besarme.
- Tú me besaste a mí – refutó él, sus palabras apenas entendibles para el oído humano - ¿y qué habría de malo si me gustaran los chicos?
- Eso sería terrible ya que no podría tener ninguna oportunidad contigo – Susurró ella a su oído, acercándose de nuevo para besar su cuello – oye ¿por qué no nos olvidamos de esta conversación sin sentido y buscamos un lugar más privado?
- O mejor te vas y lo dejas en paz – sugirió con furia una voz ronca tras su espalda.
Ambos volvieron la mirada para encontrarse con el rostro enrojecido de Castiel y su mirada azul más fría que nunca, apoyado en el auto para mantener el equilibrio, llevaba el cabello mucho más despeinado que antes y los primeros botones de su camisa abiertos para enseñar su pálido pecho.
- ¡Cas! – Saludó Dean con emoción, sin percibir la ira que emanaba del cuerpo del mayor, la cual aumentó al ver los residuos de lápiz labial en el rostro y los labios de Dean, al igual que su cabello revuelto y la camisa arrugada.
- Oye, no tienes por qué ser tan aguafiestas – habló la chica poniéndose de pie para estar casi a la altura del otro – no te pongas celoso, guapo, íbamos a invitarte.
- ¿Quieres venir con nosotros, Cas? – preguntó Dean arrastrando las palabras, sólo para que Castiel le fulminara con la mirada.
- Ustedes no van a ningún lado – respondió con tono severo – Dean y yo iremos a casa y si aún quiere estar contigo cuando esté en sus cinco sentidos, entonces él te llamará.
- Y también te odiará por impedir su diversión, en fin, tal vez ustedes par de mariquitas prefieran follar entre ustedes – escupió las palabras antes de marcharse, tambaleándose ligeramente en busca de sus amigas.
Castiel suspiró agotado y se frotó el rostro con la mano libre que no usaba para sostener su propio peso - ¿En qué demonios estabas pensando, Dean? – preguntó con enojo y frustración.
- Dijiste que era molesto, así que quise dejar de molestarte.
- ¿Y creíste que lo harías largándote con esa zorra? – gritó Castiel con enojo, haciendo estremecer a Dean, su voz destilaba celos y envidia, los cuales no podía disimular.
- Ella vino a mí, lo juro – se defendió, iba a decir algo más pero lo único que salió de su boca fue un hipo ahogado y un eructo – no me siento bien.
Afortunadamente Castiel tuvo el tiempo suficiente para apartarse antes de que Dean pudiera vomitar sobre sus zapatos, dejando salir gran parte del licor que había ingerido y gran parte de su cena. Castiel sintió náuseas de sólo verlo, pero se obligó a respirar profundo, tenía que permanecer fuerte para ayudar a Dean.
- Por eso odio las fiestas – murmuró Castiel exhalando un suspiro - siempre tengo que ser yo quien debe cargar sus pesados traseros de vuelta a casa.
Dean tosió un par de veces antes de limpiarse la boca con la manga de su camisa, sonriendo ligeramente – eres gracioso cuando estás ebrio.
- Yo no encuentro nada divertido en esta situación.
Reunió toda la fuerza que tenía para inclinarse y recoger a Dean, apoyando su peso en su hombro, se tambaleó violentamente y estuvo a punto de caer, pero afortunadamente logró mantener el equilibrio.
- Estarás castigado una eternidad después de esto – gruñó esforzándose por sostener al menor lo suficiente para acercarse a la carretera.
- No puedes castigarme, no eres mi padre – refutó como si se tratara de un adolecente rebelde – y puedo caminar solo.
- Sí puedo castigarte, estoy a cargo de ti ahora y no voy a soltarte.
Un taxi pasaba por la autopista solitaria y Castiel se las arregló para sostener a Dean con un solo brazo y detener el auto con un ademán. Logró ponerlo en el asiento trasero con esfuerzo y sentarse a su lado, por fortuna el conductor no dijo nada.
- No estabas tan ebrio cuando saliste – comentó Castiel confundido – ¿Esa chica te dio algo?
- Dijo que era medicina para el alma, pero no me siento mucho mejor, aún estoy algo mareado.
- Oh Dios, Dean – Castiel suspiró sintiendo un enorme deseo de llorar o arrancarse uno a uno sus cabellos - ¿sabes qué clase de droga te dio?
- Ya te lo dije, era medicina y las medicinas son buenas.
- No Dean, lo que te dio no fue medicina, fue una droga psicoactiva y probablemente bastante nociva.
- No comprendo, ella dijo…
- La gente miente, Dean, no puedes ser tan ingenuo, tienes que aprender a desconfiar.
Las piernas de Dean se movían de arriba abajo con ansiedad, todo su cuerpo temblaba a pesar del sudor que corría por su frente y su respiración también parecía más acelerada de lo normal. Castiel evaluó cada una de esas señales, buscando descifrar qué clase de droga había consumido.
- ¿Voy a morir? – preguntó Dean con exagerada angustia, haciendo sonreír a Castiel, disipando un poco de su ira y preocupación.
- No lo creo, pero si vuelves a hacerlo la próxima vez podría matarte.
- No lo volveré a hacer, lo prometo, sólo quiero sentirme normal de nuevo.
Castiel sintió un poco de lástima por él, pero la expresión en su rostro no se suavizó - Con suerte los efectos desaparecerán en un par de horas.
Dean suspiró y pasó sus manos por su cabello empapado de sudor – eso es demasiado tiempo… por cierto, parece que sabes mucho sobre esto.
- No comiences a imaginarte cosas, sabes que estudio para convertirme en doctor, es sólo parte de mi trabajo.
Dean pareció satisfecho con la respuesta y asintió, cerrando los ojos y moviéndose en su asiento. No tardaron mucho tiempo en llegar a casa, donde Castiel se apresuró a acomodar a Dean en su propia cama, recostado sobre varias almohadas.
- No quiero dormir, Cas, no creo que pueda.
- Lo sé, sólo quiero que estés cómodo mientras te examino – Castiel hablaba amablemente, esta vez sin rastro del enojo que antes sentía. Ciertamente aún estaba molesto por muchas de las acciones de Dean esa noche, pero sabía que en parte todo había sido su culpa. Dean no entendía de las cosas malas que contaminaban la sociedad, no sabía de las malas intenciones de las personas, era como un niño pequeño a su cuidado, lo cual tendía a olvidar a menudo al ver su cuerpo ligeramente más alto que el suyo y mejor construido.
Dean seguía temblando, sus extremidades se movían inquietas y su respiración aún era desigual. Castiel posó su mano sobre la frente del chico, sintiéndola caliente y sudorosa, sus pupilas parecían dilatadas.
- Dean ¿podrías describirme lo que sientes?
- Estoy feliz – dijo entre risas – pero también me siento ansioso. Me siento un poco mareado, quiero levantarme y correr por todos lados, pero dudo que pueda hacerlo sin tropezar y caer… por cierto ¿desde cuando tienes alas?
La mirada de Dean se hallaba fija en algo tras la espalda de Cas, haciéndole suponer que estaba alucinando.
- Sabía que debías tenerlas ocultas en algún lugar, porque eres como un ángel guardián – continuó Dean, hablando rápidamente con los ojos desenfocados – Cas, a donde quiera que miro veo tus ojos, incluso cuando intento cerrar los míos ¿qué puedo hacer para que dejes de torturarme?
Castiel no respondió, sabía que eran las palabras de un hombre drogado y delirante, que carecían de sentido y coherencia, sin embargo no pudo evitar que miles de mariposas volaran por su estómago como si se tratase de una adolescente cayendo enamorada por primera vez.
- ¿Sabes? – Dean siguió hablando mientras Castiel le ayudaba a deshacerse de su camisa y sus zapatos – cuando besaba a esa chica, deseaba que fueras tú, quería sentir tus labios, tu barba y el olor de tu colonia, quería sentir tus manos y tu cabello; el sabor de su lápiz labial me producían náuseas y ese olor a perfume barato mezclado con el licor era repugnante. La besé a ella sólo porque tú me lo pediste, me pediste que conociera a otras personas, a otras chicas, para demostrarte que no cambiaría de opinión en cuanto conociera a alguien más. Pero Cas, puedes estar seguro de que nada en el mundo me haría querer cambiarte, eres todo lo que quiero, te necesito.
Castiel escuchó su discurso con atención, sintiendo su pecho constreñirse y las lágrimas formarse en sus ojos. Sin embargo no creyó una sola de sus palabras, Dean se hallaba drogado y no tenía idea de lo que decía.
- Tal parece que tomaste metanfetaminas o algo similar, vas a estar bien siempre y cuando no vuelvas a consumirlas. ese tipo de drogas suelen aumentar tu ritmo cardiaco y elevar tu temperatura corporal, en especial si se toma en altas dosis, por eso te sientes de esa manera. Aunque no sabemos qué tan diferente pueda reaccionar tu cuerpo dado que no eres completamente humano. Espera aquí, voy a prepararte un baño.
Dio unos cuantos pasos lejos de la cama, pero una mano caliente y sudorosa agarró su muñeca para detenerlo. Castiel se dio la vuelta para ver a Dean mirarle con ojos suplicantes - ¿acaso escuchaste una palabra de lo que dije? – preguntó ansioso por escuchar una respuesta, de encontrarse con algo más que el rostro frio e inexpresivo de Castiel.
- Te escucho, Dean, sin embargo sé que estás drogado y no entiendes lo que dices o mejor dicho, no entiendes lo que sientes, las drogas pueden hacerte pensar cosas que en realidad no piensas, pueden obligarte a hacer cosas que no harías en sano juicio, ahora puedes pensar que me quieres porque estoy cuidando de ti y porque soy amable contigo, pero mañana cuando despiertes, probablemente no sientas lo mismo, tal vez me odies por arruinar tu noche o por haberte descuidado.
- Yo jamás te odiaría, Cas ¿por qué siempre encuentras una excusa para todo? ¿Por qué siempre intentas justificar lo que siento por ti? ¿por qué no puedes simplemente creerme? ¿a qué le tienes tanto miedo?
- Ya te lo he dicho, Dean, hablaremos sobre esto mañana.
- ¿Cuándo hayas encontrado otra excusa para evitar mis sentimientos? ¿qué dirás mañana? ¿qué las drogas dañaron mi cerebro de manera permanente y ahora pienso que te quiero pero no es así? No soy tonto, Cas, sé lo que pienso... o tal vez seas tú quien no sabe lo que quiere.
- Sé lo que quiero, Dean, sin embargo creo que he sido claro y si en verdad me quieres, entonces tendrás paciencia y esperarás hasta mañana.
- Si es un reto, entonces lo haré, haré cualquier cosa para demostrarte que quiero estar contigo.
Castiel sonrió y lo miró con afecto, cuanto deseaba que aquellas palabras fueran sinceras, que cuando el sol saliera y la claridad regresara a la mente de Dean, todavía pudiese pensar de la misma manera ¿pero qué podía ofrecerle de especial? ¿Por qué elegiría Dean quedarse con él cuando podía elegir entre todas las personas del mundo? Podía conseguir lo que quisiera con solo batir sus pestañas ¿por qué conformarse con tan poco?
- Bien, vamos a bañarte.
- Tú lo vales, Cas – respondió Dean como si pudiese leer los pensamientos del mayor – tú vales cualquier sacrificio.
.
.
.
Muchas gracias a LexiHolmes21 y DCFE por sus comentarios, espero sigan disfrutando.
