Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 4

—¡Con un demonio Bella, apúrate que se nos está haciendo tarde y perderemos el maldito vuelo! ¡Voy a llevar las maletas abajo y te espero en el taxi! —negué al escuchar los histéricos gritos de Garrett, revisé que todos mis documentos estuvieran en mi bolso y salí de la habitación.

—No hace falta que grites de esa manera, ¿sabes? No estoy sorda. Aunque después de que torturaras mis pobres tímpanos, ya no estoy tan segura de ello —el teléfono comenzó a sonar y resoplé con frustración—. Adelántate Garrett, te juro que no tardo más de un par de minutos —me dio una mirada desconfiada y respiró profundo un par de veces.

—Sólo un par de minutos Isabella, que si no, me voy sin ti aunque me quede sin fotógrafa para la boda —asentí sonriendo y corrí a atender el teléfono.

—¿Diga?

Hola mi cielo, acabo de hablar con Esme y hemos quedado para reunirnos mañana, iremos a...

—Mamá, no tengo tiempo para hablar ahora —la interrumpí y soltó un sonoro suspiro.

¿Qué puede ser más importante que tu boda? —preguntó con reproche y rodeé los ojos.

—Estoy por salir, tengo un avión que abordar y ya voy tarde.

¿Un avión? Isabella, no puedes irte de viaje justo ahora. ¿Qué hay de los preparativos para la boda?

—Claro que puedo y lo voy a hacer, Garrett va a casarse y por ningún motivo voy a dejarlo solo en esto. Sobre los preparativos de la boda no te preocupes, hablé con Alice y Rosalie, que están más que encantadas con la idea de ayudar —Renée comenzó a decir no sé qué tantas cosas pero no tenía tiempo para quedarme a escucharla—. Mira mamá, hablamos después ¿bien? Ah y por cierto, regresaré un par de semanas antes de la boda.

Corté la llamada antes de que pudiera siquiera procesar mis palabras, corriendo salí del departamento y, antes de cerrar la puerta, pude escuchar como el teléfono sonaba de nuevo. Me apresuré a entrar al elevador y apagar mi móvil antes de que me llamara a el, sólo esperaba que no le diera un infarto a Renée por el coraje. No me gustaría tener que cargar con la muerte de mi madre sobre mi consciencia.

Bajamos del avión y fuimos directo a buscar nuestro equipaje, Kate había insistido hasta el cansancio en venir a buscarnos ella misma al aeropuerto, pero Garrett se negó una y otra vez diciendo que ella aún tenía que resolver muchos pendientes y nosotros bien que podíamos tomar un taxi. Cosa en la que concordaba con él, la pobre de Kate debía estar hasta el cuello organizando la boda.

Salimos en busca del dichoso taxi, no nos llevó mucho tiempo encontrar uno libre y subimos las maletas en el maletero. Garrett abrió la puerta para que subiera pero no pude hacerlo, me quedé total y completamente petrificada al escuchar detrás de mí una voz que por desgracia comenzaba a serme muy familiar.

—Espero que no haya problema con que me una a ustedes —cerré los ojos y maldije por lo bajo, ¿qué mierda estaba haciendo él aquí?

—¿Qué...? ¿Cómo fue...? —Garrett soltó una risita y negó con diversión

—Renée me avisó. Algunas personas me debían un par de favores, así que no me fue difícil saber a dónde venías y conseguir cupo en el mismo vuelo —no sabías si sentirme alagada o enfadada por eso, él se había tomado la molestia de cobrar esos favores para encontrarme.

—Ya estás aquí, y en vista de que no hay nada que podamos hacer para cambiarlo, no nos queda más que aguantar que vengas con nosotros —dijo Garrett soltando un suspiro de lo más teatral y se subió al taxi.

Adiós a mi plan de alejarme de Edward y poner en orden mis confusas ideas, fue mi pensamiento al subir al jodido coche. El traidor que se decía ser mi mejor amigo, casi mi hermano, me dejó en la parte trasera del coche con Edward; así que a falta de algo mejor que hacer, me dediqué a ver el paisaje por la ventanilla durante todo el trayecto.

Mis ojos se abrieron de forma desmesurada y mi corazón comenzó a latir con fuerza, al bajar del coche y reconocer el lugar en el que estábamos, era algo por demás increíble y casi parecía un mal argumento sacado de una telenovela rosa; él sí era el hermano de Kate y después de tantos años nos volveríamos a ver. Lo cual me aterrorizaba y emocionaba a partes iguales.

El chillido emocionado de una rubia que se lanzó sobre Garrett me sacó de mi estado de shock, esa debe de ser Kate, me dije al ver el beso apasionado que ella y mi amigo estaba compartiendo.

—¿Por qué no me dijiste que Garrett iba a casarse? —di un respingo al escuchar la pregunta de Edward, y es que casi, casi me había olvidado de su presencia.

—No creí que la situación sentimental de mi amigo fuera de tu importancia.

—Sí, buen punto —y de nuevo ahí estaba, esa sonrisa torcida que lograba derretirme y que sólo había tenido oportunidad de ver un par de veces—. Aún así, no debiste decirme que entre ustedes existía una relación... íntima.

—Disculpa, pero yo nunca te dije algo como eso.

—No directamente, pero fue lo que me diste a entender al decirme que te irías de viaje con él.

—Que tu mente pervertida haya imaginado que Garrett y yo estábamos involucrados... íntimamente, no es mi culpa —sonreí con inocencia y sus ojos se angostaron.

—¡Hola Bella! —antes de que me diera cuenta, estaba siendo asfixiada por el efusivo abrazo de la rubia prometida de Garrett—. He escuchado tanto hablar de ti, que siento te conozco de toda la vida. Garrett te considera su hermana y... ¿puedo decirte cuñada?

—Amor, ella necesita que el oxigeno circule libremente por sus pulmones, y justo ahora tú no estás permitiendo que eso sea posible. El color morado que está adquiriendo su rostro es una clara señal —salió a mi rescate Garrett, la chica me soltó dándome una mirada avergonzada.

—Hola Kate, Gar también me ha hablado mucho de ti —respondí, una vez tomé un poco de aire—. Y claro que puedes decirme cuñada.

—¡Estupendo! ¿Y quién es él? —preguntó clavando la mirada en Edward.

—Edward Cullen, soy el prometido de Bella —se presentó saludando a la rubia con un beso en la mejilla.

Bella, era la primera vez que me llamaba así y se escuchaba malditamente genial salido de sus labios.

—Mucho gusto Edward, yo soy Kate Lowell. Amor, no me avisaste que él también vendría —murmuró dándole una mirada de reproche a Garrett—. Pero bueno, eso no importa. Supongo que no les molestará compartir habitación ¿cierto?

—Por supuesto que no —se adelantó a contestar Edward.

Si así lo quieres, pues bien, así será; sólo espero que no te moleste tener que dormir en el suelo, porque es justo ahí donde dormirás los días que estemos aquí. No pude evitar sonreír ante ese pensamiento, oh sí, me moría de ganas por ver la cara que pondría cuando se lo dijera.

—La comida estará lista en un momento más, entremos y enviaré a alguien para que lleve el equipaje a sus habitaciones.

La casa lucía tal y como la recordaba, el único cambio que podía percibir a primera vista, eran los pequeños marcos rústicos de madera tallada que se encontraban en una mesa de cristal junto a una de las ventana de la sala; me acerqué para poder ver las fotografías y suspiré con nostalgia al reconocerlas.

Todas y cada una de ellas habían sido tomadas por él y por mí, aunque la mayoría las tomó él y sin mi consentimiento, dicho sea de paso.

—Esas fotografías son el mayor y más preciado tesoro de mi hermano, yo siempre lo molesto diciéndole que las bajó de Internet, pues en ninguna de ellas se ve el rostro de la chica —comentó Kate sentándose en uno de los sofás con su novio, provocando las risas de Edward y Garrett.

Tomé una de las fotografías y acaricié la imagen con las puntas de mis dedos, en ella aparecía una chica montando a caballo en el campo, había sido tomada a contra luz del sol y no se podía ver su rostro, al igual que en la mayoría; la chica de esa fotografía era yo.

¡Gio! Sabes que no me gusta que me tomes fotos le reclamé deteniendo el caballo cuando me di cuenta de lo que había hecho.

¿Osea que puedes tomarlas, pero no posar para ellas? sonrió con diversión y bajó de su caballo, para después ayudarme a bajar a mí. Vamos Bella, no seas gruñona. Además, no podía dejar pasar la oportunidad. La luz era perfecta y te veías hermosa.

Lo mismo has dicho las otras veces. Admite que lo único que buscas es un pretexto para seguir haciéndolo.

Tal vez tengas razón, y lo hago porque quiero tener algo que me recuerde a ti cuando te marches solté un sonoro suspiro y bajé la mirada.

Gio, sabes que yo...

Lo sé, lo tengo más que claro me interrumpió tomando mi mano y me sonrió, una sonrisa triste que me rompió el corazón.

Pero no podía amarlo, al menos no como el me pedía.

Dejé la fotografía de nuevo en su lugar, tres días después de eso había regresado a Nueva York y fue cuando tomé la decisión de dedicarme profesionalmente a la fotografía. En el tiempo que compartimos juntos, Giovanni Lowell me había hecho encariñarme con ese arte y me había ayudado a retomar el rumbo de mi, en ese momento, desastrosa vida; enseñándome a apreciar la cosas más simples y bellas que la vida podía ofrecerme.

Estudié con la mirada todas y cada una de las imágenes, y al llegar a la última, me reí con ganas. En ella aparecíamos él y yo, pero no se veía la cara de ninguno de los dos, sólo se veían nuestros cuerpos de la altura de los hombros hacía abajo.

Quiero tener una fotografía de ambos me dijo poniéndose en pie, era mi último día en Napa y habíamos salido al campo para un picnic y pasar tiempo juntos.

¿Y quién va a tomarla? pregunté parándome y alisé con las manos las arrugas de mi vestido.

No necesitamos a nadie para eso, usaremos el modo automático. Anda, ven programó la cámara y la dejó encima de una alta roca.

Nos alejamos un poco y no pude hacer más que chillar y enredar mis brazos en su cuello, cuando me alzó unos buenos centímetros del suelo.

Y por lo que podía ver, eso de usar el modo automático no había dado un buen resultao después de todo.

Me tensé al escuchar unos pasos dirigirse hasta la sala, y tuve que sostenerme del borde de la mesa frente a mí, cuando escuché su voz; él había sido mi salvavidas cuando más lo necesité y a cambio de eso yo le había pagado rompiendo su corazón. Sin duda, verlo después de tantos años, iba a ser una de las pruebas más duras a las que me había tenido que enfrentar en la vida.

—Lamento llegar a esta hora, pero tenía unos pendientes que me tomaron más tiempo del que esperaba.

—Descuida hermanito, llegas justo a tiempo para comer —fui consiente de que él saludaba a Garrett, pero yo no podía moverme de donde estaba.

Al escuchar que la rubia decía mi nombre me obligué a salir de mi letargo, tomé una profunda respiración y me giré con lentitud. Su castaño cabello estaba un poco más largo que la última vez que lo vi, su piel tenía un ligero color tostado por el sol y una insipiente barba le cubría el mentón, así como parte de los pómulos y cuello.

Sus ojos negros me veían con incredulidad y por un par de minutos se quedó ahí, parado, asimilando que era verdad lo que sus ojos veían. Con pasos vacilantes se acercó a mí, y una vez estuvo frente mío, me sonrió con calidez para después envolverme con suavidad entre sus brazos.

—No puedo creer que estés aquí —murmuró y enredé mis brazos en torno a su cintura sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas.

Lo había echado tanto de menos, tantas veces había estado a punto de tomar el teléfono y llamarle pero siempre terminaba por arrepentirme. Un par de minutos después, un para nada discreto carraspeo nos hizo separar.

—¿Ustedes se conocen? —preguntó Garrett sorprendido.

—Sí, Giovanni y yo nos conocemos desde hace varios años. De hecho pasé una temporada aquí con él cuando... cuando.. Tú sabes —Garrett asintió comprendiendo a qué me refería.

—Pues... no cabe duda que el mundo es muy pequeño —comentó Kate viendo a su hermano con tristeza y suspiró antes de agregar—: Gio, él es Edward Cullen... el prometido de Bella.

Minutos más tarde nos encontrábamos todos en el comedor, un ambiente demasiado tenso nos envolvía, acompañado de un pesado silencio que era rotó por el exasperante sonido de los cubiertos contra los platos y cual me estaba volviendo loca. Eso, sumado a las constantes miradas llenas de odio e irritación que se dirigían Edward y Giovanni, el uno al otro.

Giovanni fue el primero en abandonar el comedor, diciendo tenía cosas importantes que atender y no volvería hasta por la noche. Al marcharse, el tenso ambiente se distendió un poco, lo suficiente como para permitir el inicio de una escueta charla.

Le pedí a Kate que me mostrara el lugar donde se iba a llevar a cabo la boda y la recepción, necesitaba ver un par de cosas para así saber que tipo de cámara me vendría mejor usar, me dijo que si no estaba muy cansada por el viaje, ella y Garrett me esperaban en media hora en las caballerizas y acepté.

Una de las muchachas del servicio nos acompañó a Edward y a mí a la habitación que íbamos a compartir, en silencio subí mi maleta a la cama, la abrí y comencé a sacar y colgar mi ropa en el armario; cuando terminé cambié mis zapatos de tacón bajo por unas cómodas botas planas, tomé mi vieja Canon y salí de la habitación.

Todavía recordaba a la perfección como llegar a las caballerizas, pero cuando llegué no había nadie ahí. Mientras esperaba a que Kate y Garrett llegaran, me puse a husmear aquí y allá en busca de Luna, una hermosa yegua color blanco que Giovanni me regaló el día que nació, y a la cual no me llevó mucho tiempo encontrar. O al menos creía que se trataba de ella.

—Hola Luna, ¿te acuerdas de mí? —estiré mi mano acercándola a ella, sonreí al ver que no rehuía a mi toque y la acaricié con ambas manos.

—Tal parece que sí te recuerda —al escuchar la voz de Giovanni me giré tan rápido, que un par de huesos crujieron en protesta al brusco movimiento—, el nombre de Luna le viene de maravilla, sin duda supiste escoger muy bien —frotó su cuello en un gesto de nerviosismo—. Mi hermana pide la disculpes, pero tiene algo que atender respecto a la boda y Garrett la está ayudando. ¿Aún recuerdas cómo montar un caballo?

—Claro que sí, pero...

—¡Perfecto! —me interrumpió con una leve sonrisa en sus labios—. Así nos será más rápido llegar —acercó todo para ensillar a Luna y entre los dos lo hicimos.

—¿A dónde se supone que vamos? —le pregunté mientras ensillaba su caballo.

—Al lugar donde se llevará a cabo la boda, será al aire libre, muy cerca de los campos de uva —sin duda un lugar nada común para realizar una boda, pero si la novia lo quería así... así lo tendría, después de todo sería su día especial y ella era la que mandaba.

Me colgué la cámara al cuello y Giovanni me ayudó a montarme en Luna, acción que agradecí con una sonrisa, se montó en su caballo y emprendimos el recorrido.

Cuando llegamos a nuestro destino, comprendí el por qué Kate había escogido ése lugar para la ocasión, era simplemente perfecto. Había grandes árboles que preveían una deliciosa y fresca sombra, donde serían distribuidas las mesas y sillas para los invitados; y a unos pocos metros de distancia se podían ver los campos de uva en todo su esplendor, era una vista hermosa, tanto que no dude en tomar un par de fotografías.

—Así que ahora eres toda una profesional ¿uh? —asentí y tomándolo por sorpresa disparé la cámara en su dirección.

—Sip, y ahora tú sabes lo que se siente te... —no pude terminar la oración, ya que se lanzó sobre mí tratando de quitarme la cámara.

Después de un momento de risas, forcejar y correr, ambos acabamos tirados sobre el pasto, su cuerpo cubría el mío pero sin dejarme sentir ni un poco de su peso, respiré profundo y cerré los ojos esperando recobrar el aliento; al abrirlos me encontré con el rostro de Giovanni a un palmo de distancia del mío, soltó un sonoro suspiro y se movió tirándose a mi lado.

—Edward y yo...

—No tienes que explicarme nada Bella, siempre he tenido muy en claro que tú lo amas —cruzó las manos por detrás de su cabeza y agregó—: El tipo no me cae nada bien y no voy a mentir diciéndote que algún día eso cambiará, porque es algo que nunca va a pasar. Sabes que para mí siempre será el principal culpable de lo que pasaste a manos de...

—Por favor, no digas su nombre —le interrumpí sintiendo como se me erizaba la piel.

—¿Qué pasa? Hemos hablado infinidad de veces sobre el tema, y nunca te molestó que mencionara su nombre —eso fue antes, cuando las cicatrices estaban cerradas, pero ahora mis pesadillas se habían encargado de abrirlas de nuevo. Todos los recuerdos en mi cabeza estaban frescos, como si todo hubiese pasado ayer y no hace años.

—No pasa nada, sólo no quiero volver a escuchar su nombre y punto —frunció el ceño pero no insistió más sobre el tema.

—Lo creas o no, me alegra que al fin estén juntos. Te mereces ser feliz —me dijo después de un rato en silencio.

Solté una risa sarcástica y le conté, a grandes rasgos, la situación de mi futuro matrimonio con Edward.

—Bella, aunque me cueste un maldito infierno tener que decirte esto, el tipo siente algo por ti, tal vez no sea amor, pero está bastante cerca. Basta ver la forma en que se comportó durante la comida, si hubiese podido me habría cortado en cachitos con la mirada.

—Gio, si algo siente por mí, es odio, rencor o algo parecido —sonrió, besó mi mejilla y después se puso en pie.

—El tiempo se encargará de darme la razón, ya lo verás —me ofreció su mano para ayudarme a poner en pie y la tomé.

Sacudí los restos de pasto de mi ropa y acodé detrás de mi oreja un mechón de cabello, que se había soltado de mi coleta.

—¿Está todo bien? Quiero decir, entre tú y yo.

—Claro que sí, ¿por qué no lo estaría? —un gran peso se me quitó de encima con sus palabras y lo abracé, tal vez sea egoísta de mi parte pero no quería perder a mi amigo.

—Me alegra escucharlo —murmuré separándome un poco de él—. ¿En verdad crees que estaba celoso? —pregunté y soltó una sonora carcajada, que no pude evitar secundar.

—¡Oh sí! Lo estaba. Anda, volvamos antes de que Edward reviente del coraje. A esta hora ya debe saber que estamos juntos —una pequeña chispa de esperanza se encendió dentro de mí, si era verdad que Edward estaba celoso, tal vez no todo estuviera perdido. Nos montamos en los caballos y a paso lento regresamos a la casa.

Por la noche Edward no quiso bajar a cenar alegando que le dolía la cabeza y aún estaba algo cansado por el viaje, y aunque sonara terriblemente mal, en el fondo me alegró que lo hiciera pues no me apetecía pasar un rato tan incomodo como durante la comida.

Después de cenar, me quedé charlando con Kate sobre la boda por casi una hora, al entrar a la habitación, pude escuchar el ruido del agua de la ducha caer; saqué mi pijama, que consistía en una blusa sin mangas azul y un pantalón corto de algodón color negro, me cambié y me senté en el borde de la cama a esperar que Edward saliera del cuarto de baño.

Pegué un salto sobresaltada al escuchar un teléfono sonar, era el móvil de Edward que estaba sobre la mesita de noche y dejé que siguiera sonando; a la tercera vez que sonó me decidí a contestar, tal vez eran sus padres que estaban tratando de localizarlo para algo importante.

Sin siquiera ver quién llamaba pulsé el botón de contestar, un gran error de mi parte, pues al escuchar la voz de Victoria, la bilis me subió hasta la garganta provocándome una nada agradable sensación de nauseas.

Hace días que me tienes muy abandonada cariño, desde que todo el circo de tu boda con Isabella comenzó, ya no podemos vernos como antes y... ¿Sabes? Me muero porque me hagas el amor, ¿vienes a mi casa o nos vemos en tu departamento? —la puerta del cuarto baño se abrió y Edward salió aún secando su cabello con la toalla, respiré profundo y tragándome mis ganas de llorar me planteé frente a él.

—Es Vitoria, la pobre está caliente y se muere porque te la folles. Debiste quedarte en Nueva York con ella y a mí dejarme en paz —le di el móvil, tomé mi ropa y me encaminé al cuarto de baño, pero antes de marcharme tenía que decirle algo más—. Por cierto, espero que el suelo te sea cómodo, porque de ninguna maldita manera pienso compartir cama contigo.

Cerré la puerta del baño con fuerza y me apoyé en ella deslizándome hasta llegar al suelo, no pude retener más las lágrimas y me cubrí la boca con ambas manos para acallar mis sollozos, cuando lo escuché decirle a Victoria que también se moría por verla. Por ninguna maldita manera iba a permitir, ni por error, que Edward me escuchara llorar por él.

Continuará...


¡Hola! Espero que les gustara el capítulo y... ¿Díganme, qué opinan de Gio? Esta vez opté por arriesgarme con un personaje original y espero no haberme equivocado. En el grupo de Facebook estaré publicando adelantos e imágenes relacionadas a la historia, si gustan unirse encontrarán el link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se tomaron un tiempito para dejarme un review alegrándome el día.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo viernes!