Sam despertó en la mañana con el sonido de unas botas pesadas caminando sobre el piso de madera. Había pensado que estaría solo, que Bobby y su padre habrían salido de nuevo para buscar a Dean, pero al parecer algo había sucedido ya que claramente tenía compañía. Sabía que no podía tratarse de ninguna criatura sobrenatural, puesto que la casa estaba completamente protegida contra ellas, con líneas de sal perfectamente adheridas a las puertas y ventanas, cientos de símbolos y sellos de toda clase dibujados con gruesas capas de pintura, ocultos bajo las alfombras y el papel tapiz, no había un solo detalle que pudiese pasar por alto siendo un hogar de cazadores.
Entonces se levantó lentamente, los ligeros pasos de sus pies descalzos inaudibles en el suelo, bajando las escaleras con sigilo, sólo para encontrarse con una escena ya familiar ante sus ojos. John Winchester lloraba silenciosamente sentado en el sofá, sosteniendo en sus manos la misma fotografía de Dean, aquella en la que sonreía junto a su guitarra nueva. Era la tercera vez que Sam lo encontraba de esa manera, pero esta vez la tristeza se reflejaba aún más fuerte y pesada en la postura de John y en sus ojos opacos y enrojecidos. Era notoria la forma en que su padre había perdido peso en los últimos días, todo el tiempo parecía estar de mal humor y cada vez se hallaba más distante, probablemente sumido en una profunda depresión.
- Papá… - murmuró Sam suavemente procurando no asustarlo, sin embargo John se sobresaltó y se apresuró a secar las lágrimas de su rostro, como siempre reacio a permitir que su hijo lo viera llorar – pensé que habías salido con Bobby.
- Él insistió en ir solo – respondió John con voz ronca y temblorosa – dice que estoy comenzando a desesperarme, que no pienso con claridad y lo único que hago es entorpecer las cosas.
- Tiene razón, creo que debes descansar un poco. sólo debes tener paciencia, Papá, estoy seguro de que Dean está bien en algún lugar.
- Yo no estoy tan seguro de ello, cada día pierdo más la esperanza, creo que jamás volveré a verlo y lo que más me mortifica es la culpa. Mi mente crea los peores escenarios, lo imagino desangrado en algún lugar en medio del bosque, muriendo de hambre y frío en la ciudad o muerto a manos de algún cazador.
Sam se vio tentado a hablarle del paradero de Dean, quiso decirle que en verdad se hallaba bien, que había encontrado a alguien dispuesto a ayudarlo, a cuidar de él, a enseñarle todo acerca del mundo. Era preocupante la manera en que la culpa y el dolor consumían a su padre lentamente, pero debía pensar en Dean, en su hermano; le había hecho una promesa e iba a cumplirla. John Winchester podría superar su pena pronto y volver a cazar, pero Dean no merecía vivir encerrado como un animal peligroso durante el resto de su vida sólo para mantener felices a Bobby y a su padre.
Sabía que Bobby también se preocupaba, que oraba todas las noches a pesar de no ser creyente, suplicaba a un Dios en el que hacía mucho había dejado de creer, con la esperanza de encontrar a Dean sano y salvo algún día. Sabía que el hombre amaba a Dean tanto como a un hijo y por su forma de hablar podía saber que sentía celos de que Dean hubiese elegido a John como su padre, al hombre que le había disparado sin piedad y lo había arruinado todo. Dean amaba a Bobby, pero nunca tanto como a John, John era su padre, su figura de máxima autoridad, mientras Bobby era sólo su tío.
Sam no había hablado mucho con Bobby al respecto, pero a veces consideraba la idea de contarle todo, pensaba que tal vez podría comprender el porqué de su decisión y le ayudaría a guardar el secreto, quería darle tranquilidad a su alma, pero pensaba que si ambos sabían sobre Dean, entonces su padre podía comenzar a sospechar y terminaría por encontrarlo, volvería a encerrar a Dean y tal vez lastimaría también a Castiel.
Así que lo mejor sería continuar guardando el secreto y sentir la culpa oprimir su pecho al ver a su pequeña familia destrozada por la pérdida de Dean, todo por el bien de su hermano.
ooOoo
Dean por otro lado, despertó con el peor dolor de cabeza que jamás hubiese sentido, su boca se hallaba terriblemente seca, sin una sola gota de saliva para humedecer sus labios o al menos poder despegar la lengua de su paladar, su corazón aún palpitaba demasiado rápido dentro de su pecho y todo eso le hacía sentir náuseas. Abrió los ojos lentamente, lamentando haberlo hecho al instante en que la luz chocó contra el verde de sus iris, empeorando su dolor de cabeza y también sus náuseas. Se incorporó lentamente, sosteniendo sus sienes con fuerza, pensando que el dolor se aliviaría con un poco de presión, fue entonces cuando vio a Castiel, acostado en el suelo frio, con la cabeza reposando en una almohada y el cuerpo cubierto con una sábana. Su piel lucía pálida y verdosa y Dean se sintió terriblemente culpable al saber que Castiel había tenido que cuidarlo durante toda la noche, ignorando su propio malestar.
Los acontecimientos de la noche anterior eran un borrón en su mayoría, una laguna en la que no podía sumergirse por completo, sin embargo algunos flashes destellaron en su memoria. Recordó haber conocido a varias chicas, recordó haber bebido descontroladamente ignorando las advertencias de Castiel, recordó haber bailado con Cassie y no podía negar que se había divertido bastante hasta aquel momento. Pero entonces recordó a Castiel bailando con esa chica, Meg, aquel nombre que aún sonaba amargo en su boca; recordó maravillarse al ver sus movimientos seductores y quiso poder acompañarlo en la pista, mover su cuerpo en sincronía con el suyo y olvidarse del resto del mundo… pero Castiel se había negado, había encontrado una excusa como siempre lo hacía, al final había sido grosero y ambos se habían enfadado. A Dean le dolió terriblemente sentirse rechazado, Castiel siempre hallaba una excusa para rechazarlo y eso le dolía, pues le hacía sospechar que no era sincero con sus sentimientos. Recordó haber salido para calmarse, para dejar de ver con ira el rostro que tanto amaba, pero Meg lo había encontrado, le había dicho palabras confusas para su mente inocente y tonta y le había ofrecido alguna clase de droga desconocida, la cual ingenuamente había aceptado. Después de ahí todo había sido confuso, había vomitado, recordaba eso, recordaba ver los ojos de Castiel en todos lados, vigilándolo, desde las estrellas en el cielo, hasta los ojos de Meg, incluso cuando cerraba sus propios ojos allí estaban aquellas luces celestes. Recordó vagamente haber besado a Meg, sentir sus labios simples con sabor a lápiz labial y alcohol, recordó imaginar que eran los labios de Castiel. Había regresado a casa y tal vez había confesado su amor por Cas, tal vez había descrito de manera detallada todo lo que sentía por él, aunque tal vez todo había sido sólo un sueño… de todos modos, Castiel lo había rechazado de nuevo, como siempre.
Creyó que alucinaba cuando volvió a ver las mismas luces celestes, brillantes, mirando en su dirección, mas pronto se dio cuenta de que eran los ojos confundidos de Castiel que acababan de despertar.
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Castiel lo recordaba todo, había estado algo ebrio, debía reconocerlo, pero no lo suficiente para olvidar, para olvidar haber visto a Dean bebiendo sin control, bailando vulgarmente con otra chica, besándose con Meg, siendo ingenuo y aceptando drogas sin saber lo que eran. Pero lo que más permanecía fresco en su memoria era la confesión de amor, las hermosas palabras que deseaban fuesen reales, aunque probablemente ahora con la luz del día habrían caído en el olvido, quizás para siempre.
Dean estaba despierto, mirando directamente a sus ojos, Castiel le devolvió la mirada, pero ninguno de los dos se atrevió a hablar. Los ojos de Dean se hallaban enrojecidos, vidriosos y cansados, sus mejillas también se hallaban sonrojadas y sus labios secos y pálidos, podía saberse con sólo verlo que estaba pagando el precio de su descuido la noche anterior, sólo esperaba que al menos hubiese aprendido la lección.
Castiel tampoco se sentía muy bien, había pasado la noche entera dormido en el suelo incómodo y en consecuencia todos sus huesos dolían, aunque en realidad apenas había dormido, había tenido que cuidar de Dean, bañarlo, vestirlo, hidratarlo y escuchar sus incoherencias durante largas horas hasta que al fin se quedó dormido. Dean continuó insistiendo en que lo amaba, en que sus ojos eran la cosa más bella que había visto alguna vez, que los recordaba cada vez que miraba el cielo azul en la mañana y el brillo de las estrellas en la noche, pero por más bellas y poéticas que sonaran esas palabras, sabía que no eran reales, el Dean que conocía no diría algo semejante estando en sus cinco sentidos. Sabía que Dean había pasado años sólo en compañía de la música y de los libros, por lo tanto aquellas palabras quizás eran parte de un poema escrito por alguien más o tal vez era sólo la letra de alguna canción. Nadie nunca le había dicho algo semejante ¿por qué sería Dean el primero? Dean, probablemente el ser más hermoso que hubiese pisado la tierra, luego de salir de una fiesta donde todas las chicas morían por estar con él, donde capturaba todas las miradas tanto de mujeres como de hombres.
- Cas… - murmuró Dean con timidez, sin saber por dónde comenzar – siento mucho lo de anoche.
Pero ¿qué sentía, por qué se disculpaba? ¿Por haber besado a Meg? ¿Por haber causado problemas? ¿O acaso sentía sus palabras de amor insistentes hacía Castiel?
- Está bien – respondió, regresando de vuelta a su fachada inexpresiva – no tienes por qué disculparte.
- Por supuesto que sí, te causé problemas.
Castiel suspiró y frotó sus ojos con sus manos temblorosas, sintiendo un fuerte dolor de cabeza amenazar con partir su cráneo – no sabías lo que hacías, era mi deber advertirte.
- ¿No estás enfadado?
- No hay razón para estarlo – pero el tono de voz que usaba no convencía del todo a Dean, sin embargo no dijo nada al respecto, en su lugar cerró los ojos y volvió a recostarse en la cama.
- Voy a tomar un baño y luego prepararé el desayuno ¿quieres algo en especial? – preguntó Castiel, sintiendo la urgencia de salir de allí.
- No tengo hambre.
- Como quieras – respondió sin insistir antes de alejarse y casi al instante Dean volvió a caer dormido.
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Castiel tomó un par de aspirinas antes de entrar en la ducha, su cabeza dolía y sus pensamientos insistentes no estaban ayudando en absoluto. Quería con desesperación que Dean recordara las palabras que salieron de sus labios la noche anterior, pero en el fondo sabía que no eran ciertas… o tal vez tenía miedo de que lo fueran. Ambos eran inexpertos en las relaciones de pareja, sabía que Dean esperaría ver en él una luz guía que le indicara a qué ritmo llevar su relación, que le enseñase las cosas que debía hacer una pareja y solucionara cada problema que se atravesara en el camino. Pero Castiel no podía hacerlo, no sabía cómo cuidar una relación y con el tiempo sabía que esta se marchitaría… y como siempre sería su culpa.
Salió empapado de la ducha y observó su reflejo desnudo en el espejo, comparándolo con el recuerdo del cuerpo desnudo de Dean y su rostro angelical que se encontraban gravados permanentemente en su memoria. Su belleza no podía compararse con la de Dean, con esos músculos firmes, asa piel perfecta, esos ojos grandes y brillantes de alegría, esas pestañas imposiblemente largas, esos labios carnosos y rosados y esas pecas color caramelo salpicando su nariz. En cambio Castiel no tenía más que un cuerpo delgado y pálido, una postura encorvada y unos ojos tristes y dormilones, rodeados por unas enormes ojeras ¿por qué Dean habría de fijarse en él?
No se hallaba muy hambriento tampoco así que se preparó sólo un café y un par de tostadas para llenar su estómago adolorido y se sentó justo en frente del ventanal para observar el cielo azul del verano sobre la ciudad. Justo en ese instante alguien llamó a la puerta. Castiel suspiró, limpió su boca con la manga de su camisa y abrió la puerta, recibiendo al recién llegado con la misma cara inexpresiva de siempre.
- Hola, Balthazar – saludó con su voz carente de emoción.
- ¿No tienes nada mejor qué decir? – preguntó el otro desafiante, cruzando sus brazos sobre su pecho. Castiel se hizo a un lado para dejar pasar a su amigo y cerró la puerta tras su espalda – anoche se fueron sin decirme una palabra, sin decirle una palabra a nadie, así que será mejor que tengas una buena explicación para eso.
- La tengo –respondió con voz ronca y enojada – ¿acaso le preguntaste a tu amiga Meg por qué tuvimos que marcharnos?
La expresión en el rostro de Balthazar cambió del enojo a la preocupación en un segundo - Oh Dios ¿qué pasó?
- Esa chica drogó a Dean, eso fue lo que pasó. Sabías que odio las fiestas y que Dean aún no estaba preparado para ellas y aun así nos convenciste de llevarnos ante la peor compañía.
- Oye, oye, espera un segundo ¿Qué quieres decir con que "drogó a Dean"? quiero decir ¿está bien? ¿le hizo daño? – el rostro de Balthazar había palidecido por la preocupación, lo cual hizo que la ira de Castiel aminorara un poco, pues al menos podía ver que en realidad se preocupaba.
- No le hizo nada… por suerte. Ella simplemente le ofreció metanfetaminas o algo similar, le dijo que le harían sentir bien y ya sabes que Dean es demasiado tonto para haber sospechado lo que eran.
- Oye, sé que estás enojado, pero no tienes por qué hablar de él de esa manera, el chico no es tonto, simplemente no ha tenido la oportunidad de conocer las mismas cosas que nosotros, no te enfades con él, sabes que no fue su culpa.
- Lo sé, fue culpa de ella, fue tu culpa y también fue la mía.
- Cas… yo… lo siento ¿de acuerdo? Cuando los invité allí nunca imaginé que algo como eso pudiera suceder, quería que ambos se divirtieran, que Dean conociera nuevas experiencias.
- ¿Y qué clase de experiencias pensaste que podría encontrar en un ambiente como ese?
Balthazar bajó la cabeza, clavando su mirada en los pies descalzos de su amigo al quedarse sin argumentos para discutir - ¿está bien? – preguntó de nuevo tímidamente.
- Sí – respondió tras exhalar agotado - ahora mismo está descansando, debe estar sufriendo los efectos de la resaca, porque también bebió demasiado alcohol.
- Ya veo… en verdad lo siento, Cas, nunca quise que algo así sucediera, por favor no me prohíbas verlo – dijo medio en broma, intentando ofrecer sus sinceras disculpas de la única forma que sabía.
- Sí, sí, sólo olvídalo – respondió con indiferencia, jamás podría enojarse realmente con su mejor y único amigo.
Balthazar suspiró de alivio y se dejó caer en el sofá, poniendo los pies sobre la mesa de café al sentirse de nuevo en confianza y en un ambiente familiar.
- Espero que no te hayas enfadado también con Dean, porque ese chico te adora – comentó Balthazar entre risas.
- No lo creo – respondió Castiel sin preocuparse por ocultar su melancolía – simplemente depende de mí, no conoce a nadie más, sólo está intentando ganarse mi afecto porque teme que lo abandone.
- Justo cuando pienso que no podrías ser más idiota sales con algo así – Balthazar se frotó las sienes con frustración – ese chico te mira como si fueras la cosa más bella sobre la tierra, probablemente sea la única persona que realmente te admira por lo que eres… y sé que tú también sientes algo por él, no puedes engañarme.
Las mejillas de Castiel se sonrojaron en respuesta, no podía mentir, no cuando era tan obvio, no cuando todos habían visto sus celos y la manera en que se esmeraba por protegerlo.
- Está bien, Cas – continuó Balthazar – no te avergüences, cualquiera lo hubiera hecho. Si yo fuera unos años más joven, de seguro también me habría enamorado de él, sólo míralo, es guapo, es adorable, enérgico y se divierte con las mismas tonterías que tú. Están hechos el uno para el otro.
- Déjalo, Balthazar.
- No voy a dejarlo, no hasta verlos juntos. Cas, has estado demasiado tiempo solo, demasiado asustado para dejar que alguien se acerque a ti, pero Dean es inocente y realmente le gustas, él no te haría daño, es perfecto para ti, es justo lo que necesitas.
- ¿Y qué pasa con lo que él necesita? ¿en serio crees que soy la mejor opción para él?
- Cas, Cas, amigo, no entiendo por qué te sientes inferior a todos los demás. Sé que existe mucha intolerancia hacia las personas como nosotros, sé que ese chico Jordan te ha hecho creer muchas cosas, pero Dean jamás va a pensar de esa manera. Créeme Cas, no hay nadie mejor para Dean allá afuera, nadie va a cuidar de él como lo haces tú y nadie va a comprender mejor su situación.
- Gracias, Balthazar, pero prefiero no adelantarme a los hechos, no sabemos si Dean siente lo mismo, prefiero esperar a que sea él quien me lo diga.
- Y lo hará, así que es mejor que estés preparado y que dejes de buscar evasivas.
Castiel asintió y le ofreció una sonrisa llena de gratitud a su amigo, era incómodo el hecho de que supiera sus sentimientos por Dean, pero a la vez le hacía sentir mucho más tranquilo, como si un enorme peso hubiese sido levantado de sus hombros, como si aún tuviera un poco de esperanza.
- Bien, ahora que sé que ninguno de ustedes está en condiciones de salir de casa, me voy, tengo otros compromisos que atender– dijo Balthazar dirigiéndose a la puerta – y piensa en lo que dije, amigo, no dejes que la felicidad se escape de tus manos… la tuya y la de Dean. Si necesitas consejos, llámame, tengo más experiencia con las chicas, pero también tengo algunos trucos que enloquecerían a cualquier hombre.
El mayor palmeó la espalda de Castiel de manera amistosa antes de salir, dejándolo a solas con su mente llena de pensamientos contradictorios, sólo esperaba que su amigo tuviera razón.
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Pasaron las horas y Dean aún seguía durmiendo. Castiel comprendía que habían ido tarde a la cama la noche anterior y eso sumado a la terrible resaca que debía estar atravesando en ese momento probablemente lo mantenían agotado y clavado a la cama, pero Dean no era realmente un humano, había visto que su curación era más rápida que la de cualquiera y su cuerpo era mucho más resistente a enfermedades; normalmente siempre estaba saltando de alegría, desbordante de energía, devorando toneladas de comida, pero ahora no hacía más que dormir y se negaba a comer cualquier cosa, lo cual era preocupante. Con sus oídos sensibles quizás debió haber escuchado la llegada de Balthazar o por lo menos debió haber sentido su olor, pero en ningún momento Salió para saludarlo. El almuerzo estaba listo y servido, pero ni siquiera el olor fue capaz de hacer que saliera de su habitación.
Preocupado Castiel decidió acercarse, tocó la puerta, mas no hubo respuesta, así que procedió a entrar sin consentimiento. Dean se hallaba profundamente dormido en la cama, su pecho subía y bajaba con rapidez, respirando de manera desigual, su cabello se encontraba completamente despeinado, su piel sudorosa y su rostro enrojecido. Con cautela, Castiel posó una mano sobre su rostro, sintiéndolo más caliente de lo que debería, siempre era confuso examinar a Dean, no sabía si su temperatura corporal correspondía a la de un humano o a la de un lobo, pero por su apariencia y malestar debía suponer que tenía fiebre.
Sabía que la fiebre no era un síntoma de la resaca, algo debió haberlo hecho enfermar y él simplemente había ignorado las señales, como siempre, había fracasado una vez más, tal vez cuidar de alguien más no era tan sencillo como suponía. Había fracasado como médico, como amigo y como tutor de Dean.
- Dean – llamó suavemente, sacudiendo el hombro del más joven.
Dean tardó un momento en despertar, pero tras varias sacudidas, sus ojos verdes revolotearon hasta posarse confundidos en el rostro de Cas, sonrió levemente y estiró su brazo para acariciar la barba de Castiel, asegurándose de que fuera real. Aquel fue un gesto dulce, el cual ablandaba el corazón de Castiel y le hacía desear poder sentir esas manos suaves por todo su cuerpo.
- Dean, tienes fiebre ¿por qué no me dijiste que te sentías mal? – Castiel se sentó a su lado en la cama, apenas conteniendo su deseo de acariciar ese cabello rubio oscuro, humedecido por el sudor.
- Pensé que era algo normal después de todas las porquerías que tomé anoche.
- Las resacas no suelen producir fiebre, Hay algo más que afecta tu cuerpo y podría ser algo grave. Vamos, tengo que revisarte.
- No es necesario – dijo Dean agitando una mano para restarle importancia– sé lo que me pasa y no es nada grave, Cas. Sólo necesito transformarme, con todo el ajetreo de los últimos días, la mudanza, las compras, la ciudad… olvidé que mi lado animal tiene que salir de vez en cuando o de lo contrario toda esa energía acumulada podría dañarme, en especial con lo que sucedió anoche, mi cuerpo me pide transformarse para reparar el daño. Ya lo has visto antes ¿lo recuerdas?
Castiel recordó al lobo aullando, gimiendo y retorciéndose de dolor en el piso de su cabaña, cuando pensó que estaba muriendo, justo antes de enterarse de quien era Dean Winchester y quien era Max en realidad. Aquel no era precisamente un bonito recuerdo, el dolor en los ojos de su amigo no era algo que le gustaría volver a ver. Nuevamente pensó en lo descuidado que había sido por haberse permitido olvidar la condición de Dean como licántropo, de sus cuidados y sus limitaciones.
- Dean, lo siento, debí recordarlo – murmuró con un leve sonrojo en sus mejillas.
- No te preocupes, ni siquiera yo lo recordé, además sólo tengo que transformarme y estaré como nuevo, no es nada grave, hombre, no tienes que poner esa cara.
Castiel suspiró con alivio y asintió – De acuerdo, pero no vas a transformarte aquí, vamos a salir.
- No es necesario, puedo hacerlo aquí, no voy a romper nada.
- No quise decir eso, quiero que vayamos a un lugar donde puedas liberar toda esa energía, donde puedas sentirte libre… creo que lo necesitas ¿puedes esperar?
Dean asintió y sonrió con gratitud, era tan diferente la forma de pensar de Castiel a la de su familia. Castiel hablaba de su condición como si fuese algo natural, lo trataba como a una persona normal y eso le gustaba, se preocupaba por su bienestar antes que la seguridad de cualquier extraño y realmente confiaba en su autocontrol, no le temía como Bobby y su padre lo habían hecho siempre.
- Gracias, Cas – susurró de la manera más sincera, sabiendo que Castiel jamás comprendería la profundidad de sus palabras.
Agradezco a DCFE, LexiHolmes21 y Anithasakura por sus comentarios. Me disculpo por la tardanza, acabo de conseguir un nuevo trabajo y me queda poco tiempo libre, sin embargo procuraré actualizar tan pronto como pueda. ;)
