Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 6

Me acurruqué contra el cálido cuerpo que se encontraba a mi lado en busca de un poco de calor, me encontraba de lo más cómoda y no quería tener que levantarme pero... un momento, ¿había un cálido cuerpo a mi lado? Abrí los ojos de golpe y me incorporé con un rápido movimiento que me hizo sentir mareada por unos cuantos segundos. La sorpresa me golpeó duro y solté un sonoro jadeo al ver que el cuerpo cálido a mi lado, pertenecía nada más y nada menos que a Edward.

Mi brusco movimiento lo despertó, frunció el ceño y recorrió el lugar con la mirada hasta detenerse en mí.

—¿Qué estás haciendo aquí, en mi tienda? —se estiró desperezándose, el movimiento hizo que su playera se deslizara hacia arriba lo suficiente para permitirme ver una buena porción de su marcado abdomen.

—Buenos días para ti también, Bella —un escalofrío recorrió mi cuerpo al escucharle llamarme Bella, una suave sonrisa adornaba sus labios y no había rastro de hostilidad en él.

No pude contenerme y solté una risita un tanto histérica, cuando volviera a Nueva York tendría que ponerme en contacto de nuevo con mi psicóloga quisiera o no, y ella me mandaría directo a un manicomio. Mi mente por fin había colapsado y oficialmente podía declararme loca, pues tenía que estarlo, si Edward me llamaba Bella y no me veía con hostilidad. ¡Oh mi Dios! Ya me veía encerrada en una blanca habitación acolchada por el resto de mis días.

—¿Estás bien? —me preguntó frunciendo el ceño con preocupación.

—No, no lo estoy. ¿Cómo diablos voy a estarlo si al fin me he vuelto loca de remate? —murmuré cerrando los ojos, se rió de buena gana y los abrí dándole una mirada enfadada.

—Tranquila, que no estás loca todavía. Anoche tuviste una pesadilla, te escuché gritar y vine para comprobar que estabas bien, te aferraste a mí como una sanguijuela y ya no me dejaste marchar —había humor en sus palabras, sí, pero no con la intención de avergonzarme, él sólo quería bromear conmigo como si fuéramos viejos amigos; al menos esa era la impresión que me daba.

—¿Por qué me llamaste Bella? —pregunté con la esperanza de poder desviar el tema y que no preguntara sobre mi pesadilla, de sólo acordarme me daban escalofríos y se me revolvía el estomago.

Después de todo, parecía que sí sería necesario ponerme de nuevo en contacto con mi psicóloga, aunque no quisiera reconocerlo necesitaba algo de ayuda, pues las pesadillas cada día eran más claras y reales. Incluso, tal vez necesitaría volver a la medicación para ayudarme a dormir.

—He comprendido que es tiempo de dejar el pasado atrás, podemos empezar de nuevo y tratar de conocernos mejor —pasó una de sus manos por su cabello despeinandolo en el proceso, pero no en el mal sentido de la palabras de parecer un jodido nido de gallinas, si no que le daba un toque demasiado sexy.

—Anoche me dijiste que estabas buscando vengarte de mí, y ahora me dices que quieres que seamos... ¿amigos? ¿Qué clase de juego es este, Edward? —pregunté sin intentar esconder mi desconfianza, no me iba a tragar el cuento de que de la noche a la mañana sus intenciones habían cambiado de forma tan radical.

—Sé que no confiás en mí, y no voy a mentir diciéndote que yo confío en ti; lo que estoy tratando de proponerte es que hagamos una tregua. Comencemos de cero, ¿qué me dices? —por varios minutos busqué en su rostro cualquier indicio de que me estuviera mintiendo, pero por más difícil que me resultara creerlo, no encontré más que sinceridad.

Suspiré y al final tomé la mano que me ofrecía, el contacto de su piel contra la mía, me hizo sentir como si una manada de caballos pisotearan sin contemplación mi estomago y solté su mano al instante.

—Tengo hambre —dije y me apresuré a salir huyendo de la tienda.

Había traído comida enlatada, no era precisamente de mi agrado pero tendríamos que conformarnos con eso, o tal vez podríamos tratar de pescar algunas truchas en el lago; claro que sólo si Edward sabía algo sobre la pesca, pues yo no tenía ni la más mínima idea acerca del tema.

Edward se reunió conmigo un par de minutos después, juntos preparamos un poco de café y unos emparedados de mantequilla de cacahuete y jalea de moras, nos sentamos y desayunamos sumergidos en una ligera y agradable charla. Cosa que nunca creí pudiera llegar a ser posible, no tratándose de nosotros dos. ¿Qué persona en su sano juicio creería que Edward Cullen e Isabella Swan algún día estarían así, desayunando juntos y hablando como si fueran amigos?

—Es un lindo caballo —dijo señalando con la cabeza a Luna.

—Sí, ella es hermosa. Es mía, Gio me la regaló la última vez que estuve aquí —hizo una mueca de desagrado cuando mencioné a Giovanni y fruncí el ceño confundida por su reacción.

—¿Hace cuánto conoces al tipo ése? —preguntó pellizcando con saña su emparedado.

—¿Sabes? Realmente deberías comenzar a dejar eso de referirte a mis amigos como "el tipo ése" —no lo iba a hacer, su mirada me lo decía, pero nada perdía con tratar. Solté un suave suspiro y agregué—: Lo conocí en la universidad, yo cursaba el primer año de leyes y él estaba en su último año en la carrera de agronomía.

—¿Leyes? Hasta donde tengo entendido estudiaste fotografía —muy tarde me di cuenta del gran error que había cometido, no debí decirle eso si quería evitar que hiciera preguntas al respecto, preguntas a las cuales no podía dar una respuesta. Al menos no de momento.

—Bueno... yo no... lo que quiero decir es que... —respiré profundo, concentrándome en dejar de balbucear y buscar una respuesta convincente—. Me di cuenta de que las leyes no estaba hechas para mí y lo dejé, poco más de dos años después me decidí por estudiar fotografía. Y tú ¿qué estudiaste? —me apresuré a cambiar el tema.

—Finanzas, mi padre quería que yo continuara con el negocio familiar —se encogió de hombros restando importancia al tema—. En algún momento llegué a pensar en estudiar algo relacionado al arte, en la preparatoria me gustaba dibujar y siempre llevaba mi cuaderno de dibujo bajo el brazo, pero ahora simplemente no me veo con un carboncillo en la mano creando obras de arte.

—Claro, prefieres ser un lobo de Wall Street.

—¡Por supuesto que sí! Al parecer algunas mujeres lo encuentran excitante, te asombraría conocer la cantidad de mujeres que han dormido en mi cama al saberlo —sobre todo si son una arpías en busca de dinero, tal y como lo es Victoria, me dije para mí misma sintiendo como mi desayuno luchaba por abandonar mi estomago.

—Yo... voy a tomar mi cámara e iré de excursión por allí, regresaré en un par de horas y a tiempo para comer —me puse en pie y fui en busca de mi cámara, necesitaba alejarme de él para que no notara los celos que sus palabras me habían provocado.

No había caminado ni siquiera cinco metros lejos del lugar donde estábamos acampando, cuando Edward me alcanzó e insistió en acompañarme, alegando que no quería quedarse solo y aburrido hasta que yo regresara.

Casi una hora después de caminar encontré un par de pequeñas y lindas aves sobre la rama de un árbol no muy alta, enfoqué mi cámara en su dirección pero antes de que pudiera activarla, la voz de Edward las hizo volar despavoridas.

—¿Cuándo regresaremos a Nueva York?

—¡Oh diablos, las espantaste idiota! —exclamé enfadada dándole un manotazo en el brazo, por su culpa había perdido la oportunidad de fotografiarlas—. Esas aves eran realmente lindas. Y contestando a tu pregunta, mañana regresamos a casa de Gio, si quieres puedes volver a Nueva York pasado mañana.

—¿Puedo? Querrás decir: podemos.

—Nop, yo no tengo planeado regresar de momento —cerró las manos en apretados puños y apostaría a que escuché sus dientes rechinar.

—No voy a permitir que te quedes aquí con tu... amigo —¡celos! Su rostro estaba desfigurado por la rabia y los celos. No voy a negar que eso me alegró, si estaba celoso era porque algo sentía por mí, algo que iba más allá del resentimiento. Al parecer, después de todo Giovanni sí que tenía razón.

—En primer lugar, no tienes derecho a decirme qué hacer o qué no. El que ahora estemos en medio de una tregua, no quiere decir que puedas tomar decisiones por mí —abrió la boca pero antes de que pudiera decir algo, me adelanté —. Y en segundo lugar, no tengo planeado quedarme con Gio, desde hace algún tiempo he estado planeando un viaje y no quiero retrasarlo más —su semblante se suavizo, aunque sólo un poco.

—¿A dónde tienes planeado ir? —seguimos caminando y le hice una señal para que guardara silencio, había vuelto a encontrar a las aves.

—Hasta ahora tengo seis lugares anotados en mi itinerario, pero he estado investigando y puede que agregue un par de sitios más si es que me terminan por convencer —respondí después de haber tomado un par de fotografías—. Es posible que regrese a Nueva York una o dos semanas antes de la boda.

—¿Qué hay sobre los preparativos? Nuestra boda no va a planearse sola ¿sabes? —él realmente sonaba preocupado por eso y se había referido al evento como nuestra boda, y no simplemente como la boda; termino que yo había estado utilizando cuando hablaba sobre el tema.

—Dejé todo en manos de tu mamá, la mía y dos de mis mejores amigas. Estoy segura de que ellas harán un excelente trabajo.

—Bien, si tú confías en ellas, no tengo nada que decir al respecto —me quitó la cámara de las manos y la estudió con la mirada, tal como lo hiciera con mi vieja Canon el día que nos encontramos en aquel parque—. Entonces ¿cuál será nuestro primer destino a visitar?

—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté realmente confundida y él sonrió, una sonrisa torcida que hizo temblar mis rodillas y fue un milagro que pudiera permanecer en pie.

—Para conocernos mejor tenemos que pasar juntos algún tiempo, algo que sería totalmente imposible si tú estás viajando por quién sabe dónde y yo estoy en Nueva York.

—No creo que sea una buena idea... es decir... yo no... y tú no... no... —cerré los ojos y respiré profundo para tranquilizarme y dejar de balbucear—. ¿Qué hay de tu trabajo? No puedes dejarlo botado así porque sí y ya —frunció el ceño y accionó la cámara, al hacerlo sonrió con suficiencia.

—Mi trabajo no es problema, mi padre estará más que encantado de hacerse cargo de todo sin mí por un tiempo. Además, me merezco unas buenas vacaciones —se paró detrás de mí y con uno de sus brazos rodeó mi cintura, tirando de mí hasta que mi espalda se apoyó por completo en su pecho—. Sonríe —murmuró rozando mi oreja con sus labios y a pesar de mi nerviosismo lo hice, sonreí cuando alzó la cámara frente a nosotros y la activó.

—Si así lo quieres, el primer destino en mi itinerario es el Parque Nacional de Biscayne, es una suerte que te guste acampar —recuperé mi cámara y me alejé de él, no pude evitar sonreír cuando lo escuché resoplar con frustración.

Un par de horas después regresamos a donde estábamos acampando, di un par de pasos en dirección a mi tienda con la intención de dejar mi cámara ahí, más sin embargo, no pude hacerlo; apenas tuve tiempo de soltar la cámara rogando para que no se rompiera, antes de que Edward me cargara sobre su hombro, corriera hacia el lago y nos lanzara a ambos dentro del agua.

Nunca me había reído y disfrutado tanto como en ese momento, Edward y yo jugamos en el lago por largos minutos como si fuéramos un par de críos, y no salimos del agua hasta que ambos estábamos tan arrugados como pasas.

Mientras comíamos, después de ponernos ropa seca, no podía dejar de pensar en cuánto me agradaba este nuevo Edward, el hombre que estaba frente a mí no tenía nada que ver con el Edward gruñón y desagradable que había sido hasta el día de ayer. Rezaba porque no fuera sólo una fachada, o parte de un retorcido plan para ganarse mi confianza y después hacerme pedazos.

Acaricié la cabeza de Luna por última vez, sin duda tenía que venir a verla con más frecuencia, ojalá pudiera llevarla conmigo a Nueva York, pero no sería justo para ella. Una solitaria lágrima rodó por mi mejilla y solté un suspiro afligido, a mi lado Giovanni soltó una divertida carcajada y le di una patada en la espinilla tan fuerte como pude, era un idiota insensible.

—¡Por Dios mujer! No es como si no fueras a verla de nuevo —dijo haciendo una mueca de dolor, di media vuelta ignorándolo y comencé a caminar de regreso a la casa, el taxi que nos recogería a Edward y a mí no tardaba mucho en llegar. Giovanni me alcanzó y rodeó mis hombros con su brazo—. No quiero que te marches enfadada conmigo, Belly.

—¡Ay Gio! Créeme que no podría enfadarme contigo ni aunque quisiera hacerlo.

—Me alegra escuchar eso. Y espero no tengan que pasar seis años más para que vuelva a tener noticias tuyas.

—Bueno, por lo pronto te veré en poco más de dos meses. Por qué vas a ir a mi boda, ¿cierto?

—Claro que iré, aunque a tu futuro marido se le derrame la bilis por mi presencia y crea que estoy ahí para robarme a la novia —me guiñó el ojo y sonreí.

—Si cambio de opinión en el último momento serás el primero en saberlo, lo prometo. Es más, hasta podemos fugarnos juntos —bromeé y soltó una sonora carcajada.

—Eso realmente me agradaría, tendré listo un plan de escape por si llega a necesitarse —me siguió la broma; antes de entrar a la casa me detuve plantándome frente a él.

—Nunca te agradecí como debía lo que hiciste por mí, me ayudaste a salir del hoyo en que estaba metida, enseñándome a valorar la vida de nuevo —tomó mi mano y con la punta de su dedo delineó una pequeña cicatriz, ahora un tanto difuminada por el paso del tiempo, que adornaba mi antebrazo.

—Sé que todo esto ha sacado a flote lo que pasó hace años, así como también estoy casi seguro de que tus pesadillas han regresado —abrí la boca dispuesta a negarlo pero no me permitió decir nada—. Te conozco muy bien así que no intentes negarlo. Bella, cariño, recuerda que físicamente ya no puede volver a lastimarte, no le permitas que lo siga haciendo de manera emocional.

—¿Y cómo hago para controlarlo, Gio? Creí que era más fuerte pero... no lo soy —acuñó mi rostro entre sus manos, obligándome a levantar el rostro lo suficiente como para que nuestros ojos se encontraran.

—Eres la persona más fuerte que he conocido, pasaste por un maldito infierno y aún sigues aquí, de pie y luchando; nunca dudes de tu fortaleza Bella —mis ojos se llenaron de lágrimas y parpadeé un par de veces tratando de alejarlas. Maldijo por lo bajo y me estrechó con fuerza entre sus brazos—. Tal vez no sea tan buena idea que Edward te acompañe en tu viaje.

—A estas alturas no hará mayor diferencia el que venga o no, tendré que superarlo tarde o temprano, ya sea de una u otra forma. ¿No lo crees? —apoyé la cabeza en su pecho y dejó un suave beso en el tope de mi cabeza.

—Y lo superarás, no tengo duda de que mi chica fuerte lo hará.

—Bella, nuestro taxi ya llegó —me separé de Giovanni y solté un sonoro suspiro al escuchar la tensa voz de Edward, a un par de pasos detrás de nosotros.

—Pues... supongo que ha llegado el momento de despedirnos. Te veré en Nueva York —asintió, le dio una mirada a Edward y sonrió antes de hablar lo suficientemente alto como para que él lo escuchara.

—Allí estaré cariño, y tendré listo nuestro plan de escape por si llegara a necesitarse, lo prometo. ¿Qué te parece una hermosa isla desierta, donde estemos solos tú y yo? —negué con diversión y me despedí de él con un beso en la mejilla.

Había arrendado un coche que nos estaría esperando en el aeropuerto de Florida, mientras caminábamos rumbo al estacionamiento, le di una mirada a Edward que estaba de lo más callado y pensativo, durante el vuelo apenas si habíamos cruzado un par de palabras y la duda comenzaba a hacer mella dentro de mí, ¿acaso se había arrepentido de acompañarme? Si era así, no entiendo por qué diablos no lo dice y se regresa a Nueva York.

Un hombre de unos cuarenta y cinco años, calvo, de baja estatura y con cara de enfado más que evidente, nos estaba esperando apoyado en un coche. Me tendió el contrato de arrendamiento para que lo firmara, y en cuanto lo hice, me entregó las llaves y se marchó mascullando por lo bajo cuánto es que detestaba su empleo.

—¿Quieres conducir tú? —Edward parpadeó un par de veces saliendo de sus pensamientos y asintió, metimos las maletas en el maletero y nos montamos en el coche.

—Es una suerte que alguien inventara el GPS —murmuró y yo no podía estar más de acuerdo con él, así nos ahorraríamos el tener que dar vueltas en busca del hotel donde nos hospedaríamos por el día de hoy, y mañana para llegar al Biscayne.

—Sip, realmente no me resulta atrayente la idea de terminar perdidos por allí.

—¿Por qué elegiste el Biscayne?

—Oh ya te enterarás cuando lleguemos allá.

Al llegar al hotel nos encontramos con la sorpresa de que sólo había disponible una habitación, era temporada alta de turismo y todos los hoteles se encontraban llenos a reventar; así que o tomábamos esa habitación, o nos arriesgamos a buscar en otro lugar sin muchas posibilidades de tener éxito y que alguien más nos ganara esta.

—Espero esta noche no tener que dormir en el suelo, dale un pequeño descanso a mi pobre espalda —podía notar que lo decía en broma; la cama era lo bastante grande como para dormir ambos sin mayor inconveniente, así que ¿por qué no hacerlo?

—Descuida, esta noche no tendrás que dormir en el suelo. Apuesto a que esos lindos sofás del recibidor son bastante cómodos —la habitación contaba con un pequeño recibidor, y los sofás ciertamente parecían cómodos, pero eran bastante pequeños como para que pudiera dormir de manera cómoda.

—Prefiero el suelo, me dará mayor espacio para moverme con libertad sin temor a caerme —atrapé mi labio inferior entre mis dientes para contenerme y no reír.

—Bien, podemos compartir la cama —sus ojos se abrieron con sorpresa, pero un par de segundos después sonrió ampliamente—. Y sólo lo hago porque estaremos cuatro días acampando, y tienes razón, tu espalda se merece un pequeño descanso.

—En agradecimiento te dejaré abrazarme todo lo que quieras —me guiñó el ojo y me sonrojé como si fuera una colegiala en su primer cita.

—¡Oh cállate! Todavía puedo cambiar de opinión y dejarte dormir en el suelo —le di la espalda para que no notara mi sonrojo y corrí a refugiarme en el cuarto de baño.

No sé si fueron las palabras que me dijo Giovanni, eso de que no debía permitirle me siguiera lastimando, o si tal vez fue que estaba cansada... o tal vez fue la tranquilidad que me embargaba al saber que Edward dormía a mi lado; pero lo que sí sé, es que esa noche, a pesar de que me quedé dormida en la orilla de la cama lo más lejos posible de él, dormí como hacía mucho tiempo no podía dormir, sin que me despertara una sola de mis pesadillas como en los últimos días desde que me volviera a encontrar con Edward.

Continuará...


¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo y espero que les gustara, como pudieron notar ya comienza a darse un acercamiento entre Bella y Edward, pero aún faltan cosas nada agradables que aclarar entre ellos y que pueden terminar por alejarlos... pero eso ya lo veremos en los próximos capítulos. Les recuerdo que en el grupo de Facebook estaré publicando adelantos e imágenes relacionadas al Fic, si les interesa unirse encontraran el Link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quieres agregaron la historia a alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se tomaron un minutito de su tiempo para alegrarme el día con sus comentarios.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo viernes!