Ayudó a Dean a llegar hasta el auto, acomodándolo en el asiento del copiloto, donde pasó durmiendo la mayor parte del trayecto. Aún lucía pálido y enfermizo, pero Castiel tenía la certeza de que iba a estar bien.

Condujo por un tiempo aproximado de 40 minutos, hasta detenerse en lo que la gente común llamaría la mitad de la nada. Entonces observó el rostro dulce y tranquilo de Dean al dormir y deseó poder contemplarlo durante horas, poder contar cada una de sus pecas y cada movimiento sutil debajo de sus párpados, quería averiguar si sonreía en sueños, roncaba ligeramente o murmuraría palabras sin sentido, pero no podía permitir que cayera la noche y oscureciera mientras aún estaban allí, así que procedió a despertarlo y por más que quería hacerlo con un beso, se limitó a tocar su hombro con suavidad, como siempre lo hacía.

- Dean, despierta, hemos llegado.

Los ojos de Dean se sacudieron bajo sus párpados antes de abrirlos y recibir a Castiel con la misma sonrisa encantadora de siempre, no podía evitarlo, su corazón se llenaba siempre de alegría al ver el rostro de Castiel con esos ojos azules dormilones.

Castiel bajó del auto y le ayudó a salir, aun sabiendo que sería capaz de hacerlo por su cuenta, sin embargo Dean se lo permitió sólo para poder sentirlo cerca.

Los ojos de Dean se abrieron con asombro y alegría al ver el lugar donde se encontraban. Pudo reconocer que se trataba de una montaña, completamente desierta, sin casas o personas a la vista, pero cubierta de árboles, con una hermosa vista a la ciudad. Había extrañado ver los diferentes tonos de verde que se reflejaban en la hierba y en las copas de los árboles, el olor de la naturaleza y el viento fresco del verano.

- ¡Esto es hermoso, Cas! - exclamó con emoción.

- Pensé que sería mejor para ti transformarte en un lugar donde pudieras correr, además podía ver que la ciudad estaba abrumándote, pensé que te haría bien alejarte de ella unas cuantas horas.

- Y acertaste – respondió con una sonrisa.

Sin esperar más, Dean comenzó a despojarse de su ropa, los ojos de Castiel se ensancharon y quiso mirar hacia otro lado, pero se encontró sin la voluntad para hacerlo, en su lugar vio cada una de las prendas de Dean encontrarse con el suelo y su blanca piel desnuda resplandecer bajo el sol de la tarde, parecía una obra de arte, la forma en que los colores del atardecer se reflejaban en su piel como si se tratara de un lienzo en blanco, Castiel quería pintarlo o al menos poder fotografiarlo para guardar su retrato por siempre y verlo todos los días cuando Dean se hubiera ido, cuando se hubiera marchado con Sam o alguien más y ya no recordara más a Castiel.

Los pensamientos oscuros se disiparon de su mente cuando Dean se ubicó en cuclillas y de su piel perfecta comenzó a brotar un espeso pelaje de color dorado, sus dedos comenzaron a cambiar de forma, sus uñas crecieron largas y afiladas, una larga cola brotó de su columna vertebral y un enorme hocico transformó su rostro, acompañado de unas grandes orejas puntiagudas y unos ojos verdes con un brillo sobrenatural en ellos. Era tan hermoso como su forma humana, era realmente majestuoso, con una enorme figura robusta e imponente, sin embargo aquel brillo juguetón en sus ojos y el balanceo de su cola le hacía imposible verlo como algo más que un cachorro travieso.

El lobo lamió la cara de Castiel en agradecimiento, haciéndolo reír por primera vez en el día y Dean amaba poder sacar esas hermosas sonrisas de los labios de Castiel, así que continuó corriendo a su alrededor, ladrando y dando vueltas en el aire, sólo para escuchar de nuevo aquella risa que tanto amaba.

- En realidad tenías mucha energía acumulada – exclamó Castiel entre risas – tal vez pueda ayudarte a liberarla.

Castiel se levantó del suelo para recoger una ramita seca que yacía a los pies de un enorme árbol y sus ojos brillaron de alegría antes de agitarla frente al rostro confundido de Dean y lanzarla por los aires con toda la fuerza que tenía – ¡ve por ella, muchacho!

Dean comprendió la señal y corrió tras la ramita, recogiéndola en su hocico con cuidado de no romperla para traerla de vuelta a Castiel completamente cubierta de saliva.

- En verdad no pensé que fueras a traerla – dijo riendo nuevamente y si eso hacía reír a Castiel, Dean podría hacerlo durante toda la noche. Así que saltó dando vueltas en el aire y ladró un par de veces para que Castiel volviera a lanzarla.

- Muy bien, como tú digas, ¡ahí va!

Dean amaba la manera en que Castiel actuaba frente al lobo, parecía más tranquilo y en confianza, parecía actuar como él mismo. Tal vez cuando estaba con él, se olvidaba de todos los prejuicios que guardaban siempre los seres humanos, recordaba que Dean no era realmente uno de ellos y por tanto no actuaría ni pensaría nunca igual que el resto.

Jugaron y corrieron juntos durante horas, hasta que el sol comenzó a ocultarse, debían ir a casa, pero Dean parecía tan feliz al aire libre que Castiel decidió que podían quedarse un poco más. Se recostó agotado sobre el pasto, mirando al cielo anaranjado y pronto Dean posó su cabeza peluda sobre su regazo. Castiel sonrió con ternura y comenzó a acariciar su pelaje suave y abundante, viendo con fascinación la manera en que Dean movía las orejas y suspiraba de placer. Se preguntó lo que sentiría al estar en aquella forma, si Dean percibía las cosas de la misma manera que al estar en su cuerpo humano, si entendía las situaciones igual, si el roce de sus dedos sobre su pelo, sus orejas y su piel se sentiría más intenso.

De pronto las orejas se encogieron en la enorme cabeza del lobo, el pelaje abundante comenzó a desaparecer al igual que la cola peluda, los huesos de sus extremidades comenzaron a cambiar de forma, parecía doloroso, pero Dean permanecía en calma y no emitía sonido alguno, por último el largo hocico se encogió convirtiéndose en una nariz pecosa. Ahora sobre el regazo de Castiel no había un lobo imponente y majestuoso, había en su lugar un ser humano hermoso, de piel suave y perfecta, completamente desnudo… nuevamente Dean había elegido el peor momento para regresar a su forma humana.

- ¡Por Dios, Dean! – exclamó Castiel, sonrojándose intensamente y apartando la mirada.

- Algún día vas a acostumbrarte – respondió Dean entre risas, sin embargo no se apresuró a cubrirse, ni apartar la cabeza del regazo de Castiel.

- Si te soy sincero, dudo que pueda hacerlo.

Pero Dean no podía comprender con claridad lo que significaba su respuesta - ¿Te gusta lo que ves… o te resulta incómodo? – preguntó levantándose ligeramente, pero permaneciendo aún demasiado cerca de Castiel, quien aún no se atrevía a mirarlo a los ojos.

- Me resulta incómodo porque me gusta – respondió con sinceridad – Eres hermoso, Dean y soy gay, por supuesto que me gusta.

- Entonces no te avergüences y simplemente mírame – tomó la barbilla de Castiel entre sus manos, forzándolo a mirar en su dirección, aunque el sonrojo en las mejillas de Castiel se hiciera cada vez más intenso – no me molesta que me observes, no sé por qué razón pero me gusta, me gusta sentir tu mirada.

Los ojos de Castiel observaban hambrientos el cuerpo perfecto del más joven, sin dejar un solo centímetro de su piel sin evaluar, al observar su entrepierna semidura pudo ver que a Dean realmente le agradaba sentir su mirada. Quería tocarlo, sentir su suavidad, pero no se atrevía a dar el primer paso, no sin saber que Dean realmente comprendía lo que hacían y realmente quería hacerlo.

A Dean por otro lado le gustaba sentir la mirada de Castiel llena de fascinación sobre su cuerpo, le gustaba escuchar sus pensamientos, que le recordara lo hermoso que era. Castiel también era hermoso y Dean quería poder hacérselo saber, pero comprendía que Castiel veía la desnudez de una manera muy diferente, que tenía el pudor del que él carecía y su sentimiento de inferioridad le impedía sentirse hermoso y deseado… así que Dean tenía que decírselo, se lo recordaría cada segundo hasta que estuviese convencido de ello.

- También eres hermoso, Cas, tienes que saberlo; tienes los ojos más azules que haya visto alguna vez, la sonrisa más hermosa, aunque casi nunca me dejas verla y tu cuerpo, simplemente no puedo dejar de mirarlo.

- ¿Por qué dices todo esto ahora? – a Castiel le costaba pensar que no hubiesen razones ocultas detrás de sus palabras.

- Porque recuerdo todo lo que te dije anoche… no me creíste porque pensabas que las drogas estaban jugando con mi mente, pero ahora estoy bien y sigo pensando lo mismo, sigo sintiéndome de la misma manera. Cas, no importa a cuántas personas conozca, sólo quiero estar contigo.

- ¿Por qué? – preguntó Castiel con los ojos aguados – puedes elegir a cualquiera, puedes tener a quien desees ¿por qué a mí?

- No me importa que no vayas a fiestas, que no te emborraches cada noche y que no pienses sólo en sexo como crees que todo el mundo lo hace, sólo quiero estar a tu lado sin importar lo que hagamos. Hoy me he divertido como nunca y no hubiera sido lo mismo si hubiera estado con Balthazar… o con Cassie.

- Pensé que te gustaba – murmuró tímidamente – ayer cuando te vi bailar con Cassie y cuando te encontré besándote con Meg…

- Lo hice porque me lo pediste, querías que experimentara con otras personas y así lo hice, pero no lo disfruté, Cas, lo juro. No me gustan las chicas, nunca antes había tenido cerca a una mujer y por lo tanto no puedo sentir atracción por ellas, fue divertido bailar, pero no quiero nada más con ellas, ni siquiera me interesa volver a ver a Meg después de lo que hizo.

Castiel permaneció en silencio, demasiado temeroso para decir alguna palabra, quería estar con Dean desesperadamente, pero tenía tanto miedo que creía mejor no comenzar nunca una relación en lugar de arruinarla en el futuro. De todos modos, Dean se iría, se marcharía con Sam ¿y entonces que pasaría con él? ¿Y si no era lo suficiente para Dean y al final sucedía lo mismo que con Jordan?

- Cas, te prometo que no voy a hacer nada para herirte, te amo y te juro que nunca voy a dejarte… a menos que no quieras estar conmigo – su voz temblaba al decir aquellas palabras y Castiel se dio cuenta de que Dean sufría también con su rechazo, que sentirse rechazado en su primer enamoramiento quizás le quitaría toda la confianza en sí mismo. Pero él en verdad quería a Dean y el chico no merecía su trato.

- Si no quieres estar conmigo es el momento para ser sincero – continuó Dean - ya me has dicho que te intereso, pero no pareces querer algo conmigo realmente. No te entiendo, Cas ¿qué es lo que no te gusta de mí? Porque puedo cambiarlo, sólo dime.

Castiel exhaló un suspiro, no podía soportar ver a Dean preocuparse de esa manera cuando no había nada de malo en él, cuando Castiel era el verdadero problema.

- No tienes que cambiar nada, Dean, eres perfecto tal como eres, mucho mejor que yo y eso es lo que me preocupa, quiero estar contigo pero tengo miedo de no ser lo suficientemente bueno para ti y que algún día termines odiándome tal como…

- ¿Como Jordan? – lo interrumpió con furia – ese tipo es un idiota y me ofende que pienses que puedo ser como él, yo jamás pensaría mal de ti, Cas, y lo sabes.

Castiel inclinó la cabeza y bajó la mirada - Tienes razón, no eres como él, lo siento.

- Está bien, no te disculpes, entiendo que te hizo daño, sólo quiero que dejes esa experiencia en el pasado y te permitas sanar.

Al contrario de lo que esperaba Dean, Castiel comenzó a reír suavemente – Lo siento, pero no puedo tener una conversación seria contigo mientras sigas desnudo.

- ¿Quieres que me vista?

Castiel podía ver la piel de Dean estremecerse bajo el frío de la noche, pero no quería que se vistiera, quería cubrirlo con su cuerpo y darle su calor corporal – no – se encontró respondiendo sin darse cuenta – quiero verte un poco más.

Dean sonrió triunfante y se ubicó más cerca de Castiel – como tú digas – susurró a su oído, entonces sus labios volvieron a encontrarse con los de él, unidos en un beso puro y casto. Las manos de Castiel comenzaron a acariciar inconscientemente el cuerpo del más joven, sus hombros, su espalda, hasta llegar más abajo, pero a Dean no pareció importarle, por el contrario profirió un fuerte gemido de placer, el cual destrozó la poca cordura que le quedaba a Castiel.

Se separaron para tomar aire, ambos mirándose a los ojos en busca de aprobación y al verla reflejada allí continuaron besándose esta vez con más pasión, la lengua de Cas exploraba tímidamente cada centímetro de la boca de Dean, quien intentaba corresponderle de manera inexperta. El sol se había ocultado por completo, estaba oscuro y hacía frío, pero a ninguno de los dos le importaba en absoluto.

Dean volvió a apartarse ligeramente, observó las mejillas sonrojadas de Castiel y las pupilas increíblemente dilatadas, el azul de sus ojos había desaparecido casi por completo, pero aún lucía sorprendentemente bello. Comenzó a deshacer los botones de la camisa del otro hombre, esperando que protestara en algún momento, pero nunca lo hizo, permitiendo que su pecho quedara completamente expuesto ante los ojos de Dean, quien observó con fascinación los suaves músculos de su pecho y su palidez resplandeciente. Luego se deshizo lentamente de los pantalones, sorprendiéndose de que Castiel le permitiera desnudarlo. Contempló su cuerpo desnudo durante largos segundos, sintiendo la excitación crecer entre ambos.

- Eres hermoso – repitió Dean.

- Ya lo has dicho – respondió Castiel en un susurro áspero.

- Pero quiero que me creas, porque sabes que siempre soy sincero.

Castiel se trasladó para besar el cuello de Dean, quien dejó escapar un jadeo de sorpresa, cada sensación era nueva para él y a Castiel le encantaba la idea de ser el primero, de ser quien le enseñara aquello. Las manos de Dean se movían de manera inexperta, recorriendo todo el cuerpo de Castiel. Cas tenía un poco más de experiencia, pero sus manos también se movían con timidez y suavidad extrema, ambos eran mayores, eran más que adolescentes, pero aún conservaban intacta su inocencia y eso hacía que todo fuera más bello, porque ambos sabían que lo que hacían iba mucho más allá del sexo.

- Más rápido, Cas – suplicó Dean, sintiendo acercarse al clímax.

- No hay prisa – respondió Castiel a su oído temiendo que todo terminara pronto, que todo fuese un sueño y que al despertar, ya Dean no estuviera a su lado.

Ambos frotaban sus cuerpos con frenesí, sus labios besaban cada centímetro de piel expuesta y sus manos tocaban con curiosidad todo lo que hallaban a su paso, lo cual era fascinante. Castiel había planeado que duraran horas en aquel hermoso acto, pero siendo ambos tan inexpertos, terminaron mucho antes de lo previsto, aunque no podían negar que lo habían disfrutado. Al final permanecieron abrazados sobre la hierba, demasiado agotados para cubrirse del viento frío.

- Cas, en verdad me alegra que seas el primero.

Castiel no respondió con palabras, pero sus labios besaron la frente de Dean en un gesto de afecto y agradecimiento, estaba feliz de haberlo conocido y de haberle dado una oportunidad, no le importaba que no fuese humano, porque eso era lo que más amaba de él, ya no sentía temor por ello, confiaba en Dean y su autocontrol, bastaba con conocerlo unos segundos para darse cuenta de que era completamente inofensivo.

- Es tan extraño… – murmuró Dean soñoliento.

- ¿El que estemos desnudos y abrazados al aire libre en plena noche? – preguntó Castiel con una sonrisa.

- El que puedas aceptarme en mis dos formas; Sam era el único que lo había logrado hasta ahora y tú por alguna razón lo aceptaste demasiado pronto, incluso prefieres mi forma animal que es la que todos suelen temer.

- No prefiero al lobo, los quiero a ambos, sólo que de manera diferente, de todos modos jamás podría temerte, no eres intimidante en absoluto, eres como un enorme cachorro y ya sabes cuánto me gustan los perros.

- Lo sé, es sólo que pareces más tranquilo cuando estoy en mi forma animal, sonríes y actúas como tú mismo.

- Eso es sólo porque no quiero besar al lobo – admitió – cuando estoy frente a ti, comienzo a pensar miles de cosas, qué pensarás de mí, si sientes lo mismo que yo, cuando te cansarás de verme y me dejarás… en cambio cuando estoy frente al lobo, olvido que eres humano, que eres la misma persona y todos esos pensamientos dejan de importarme.

- Pero sabes que no pienso de esa manera ¿verdad? Te amo, Cas y es de verdad, no es algo que vaya a superar y olvidar en corto plazo.

- Lo sé, ya me lo dijiste.

- Y seguiré haciéndolo hasta que me creas y no sé cómo pero voy a demostrarlo.

Castiel sonrió con afecto y abrazó con más fuerza el cuerpo tibio de Dean, inhalando su aroma a tierra mojada, suplicando internamente jamás despertar de aquel sueño.

Al cabo de pocos minutos, ambos se vistieron y condujeron de vuelta a casa, la salud de Dean se había recuperado por completo y Castiel hizo una nota mental para no olvidar de nuevo el hecho de que debía transformarse regularmente.

Sin embargo al bajar del ascensor, se toparon de nuevo con Jordan, quien al verlos dejó escapar una risa sarcástica acompañada de una mirada de total desprecio. Dean quería partirle la cara, pero logró contenerse, no quería que Castiel se enfadara como la última vez. Jordan miraba las manos unidas de ambos hombres y la cercanía de sus cuerpos con una expresión llena de asco.

- No puedo creerlo, después de todo sí era tu novio, ahora entiendo por qué te enfadaste tanto la última vez. No debería sorprenderme, de todos modos ustedes dos, par de raros, están hechos el uno para el otro, ambos son una abominación y deberían avergonzarse de lo que hacen, pero en su lugar caminan de la mano como si fuera algo natural.

- Lo que hacemos no debería importarte – respondió Castiel – no tiene nada que ver contigo.

- A menos que estés celoso – intervino Dean inoportunamente– porque tengo todo lo que tú rechazaste. Castiel es el hombre más maravilloso que haya conocido y estoy seguro de que ya no le interesas, después de todo yo puedo hacerlo más feliz de lo que tú jamás podrías.

El hombre soltó de nuevo una carcajada – te equivocas, no soy como ustedes, no me interesa tu novio en lo más mínimo. Castiel tiene razón, lo que hagan no tiene nada que ver conmigo, por eso no deberían hacer lo que hacen en público, es antinatural y es repulsivo.

- Es amor, es sólo eso – refutó Dean.

- En su forma más retorcida – añadió Jordan - Escucha, hay demasiadas cosas antinaturales caminando sobre la tierra y ustedes dos son una de ellas, en especial tú – dijo golpeando el pecho de Dean con el dedo índice, al tiempo que enfatizaba la palabra – y no sabes cuánto detesto encontrarme con este tipo de cosas.

Entonces se marchó, caminando con pasos firmes y furiosos hacia el ascensor, dedicándoles una mirada llena asco y rencor antes de que las puertas se cerraran. Dean se quedó atónito, aterrado, de pie en medio del pasillo y Castiel tuvo que poner una mano sobre su hombro para hacerlo reaccionar.

- Está bien – dijo con voz suave – es sólo un idiota, hay muchos como él en el mundo, no debes prestarle atención.

- ¿Y si sabe lo que soy?

- ¿Qué?

- ¿No escuchaste lo que dijo? Dijo que soy antinatural, una abominación ¿y si sabe que no soy humano?

- Se refería a ambos, Dean, a nuestra sexualidad, es sólo un imbécil intolerante, no dejes que te asuste.

Dean asintió con un suspiro, Castiel tenía razón, simplemente estaba actuando paranoico, debía saber que las personas comúnmente no sabían nada acerca de lo sobrenatural, no sabían nada sobre licántropos, por lo tanto Jordan no tenía por qué saberlo.

- De todos modos, gracias por defenderme – dijo Castiel.

- Lo decía en serio, eres la persona más maravillosa que haya conocido y recuerda que voy a repetirlo hasta que lo creas de verdad.

Castiel sonrió con afecto, olvidándose de la mala experiencia que acababan de pasar, la sonrisa de Dean y sus tiernas palabras lograban siempre ese efecto en él.

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Muchas gracias a LexiHolmes21 y a DCFE por sus comentarios, trataré de actualizar tan pronto como pueda.