Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 7

El parque nacional de Biscayne, es un parque nacional de los Estados Unidos ubicado al sur de Florida, entre las ciudades de Miami y Cayo Largo, donde la principal atracción es el buceo en los arrecifes de coral dentro de la bahía. En cuanto supe de esto no dude en ponerlo en mi itinerario, pues era justo lo que estaba buscando.

—¿Y por qué tenemos que acampar? —me preguntó un enfurruñado Edward sin apartar la mirada de la carretera.

—Edward, el noventa y cinco por ciento del parque es agua, dentro no hay hoteles ni moteles, sólo hay dos áreas de acampar y a las cuales se puede acceder únicamente en bote —respondí para después clavar de nuevo la mirada en el folleto que había conseguido.

—¿Por qué no eres normal como las demás mujeres? No lo tomes a mal, pero sería jodidamente genial que tu idea de aventura fuera salir de compras hasta reventar tu tarjeta —lejos de ofenderme, solté una sonora carcajada por sus palabras.

—Pues más vale que te acostumbres, yo estoy en una sintonía muy diferente a la de las demás mujeres que conoces.

—Créeme, me he dado cuenta de ello. Has cambiado, digo... no te pareces a la chica que conocí en preparatoria —asentí y no dije nada, no quería seguir por esa línea de tiempo y que nos llevara a comenzar a hablar sobre temas espinosos para ambos, no ahora que estamos en tregua.

Estiré la mano para encender la radio y ajusté el volumen no muy alto, antes de fijar de nuevo mi atención en el folleto. El resto del camino hasta el Biscaye lo hicimos sumergidos en un tenso silencio, la mención de nuestros años en preparatoria, por muy superficial que esta hubiese sido, había creado un ambiente tenso y nada agradable a nuestro alrededor.

Era cerca de media tarde cuando llegamos a nuestro destino, Edward estacionó el coche y bajamos, sacamos nuestras mochilas del maletero y fuimos en busca del hombre que nos llevaría a el área de campamento. Mientras íbamos en el bote no pude evitar sacar mi cámara y tomar algunas fotografías, acción que hizo reír a Edward.

—No puedes mantener guardada tu cámara ¿cierto? —sonreí y tomé un par de fotografías más.

—La verdad es que no, se ha convertido en una parte vital y muy importante de mí —y fue lo que me salvó de un horrible destino, terminé para mis adentros; él no tenía por qué conocer esa parte de mí vida.

No hasta que estuviera segura de que podía confiar en él, había estado pensando mucho en la posibilidad de contárselo, pero llegué a la conclusión de que lo mejor era esperar.

Clavó la mirada con interés en el paisaje que nos rodeaba, momento que aproveché para tomarle unas cuantas fotografías, se veía relajado y totalmente en paz, algo que lo hacía ver mucho más guapo de lo que ya era y no pude resistir la tentación de capturar esa imagen, y así tener la oportunidad de contemplarla en un futuro.

Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, chasqueó la lengua y negó un par de veces, se acercó a mí y rodeó mi cintura con sus brazos.

—Puedes tomarme todas las fotografías que quieras, siempre y cuando tú también estés en ellas. No pienso pasar por esa tortura solo —murmuró apoyando la barbilla sobre mi hombro y su cercanía me puso demasiado nerviosa.

—Pero si no es una tortura, es más, deberías sentirte realmente alagado de que te tomé en cuenta como mi modelo —se rió y su aliento chocó contra mi cuello causándome escalofríos—. Anda pues, sonríe —dije y recé para que no notara como mis manos temblaban a causa de mi nerviosismo, cuando alcé la cámara frente a nosotros.

Edward me ayudó a bajar del bote y no soltó mi mano hasta que llegamos al lugar donde acamparíamos, entre los dos armamos la tienda de campaña, que por esta ocasión tendríamos que compartir. Cuando terminamos, tendí una manta sobre el césped frente la tienda y me senté cruzando las piernas al puro estilo indio; un par de minutos después Edward se dejó caer a mi lado y suspiró con frustración.

—¡Oh vamos, hombre! Que un poco de naturaleza no va a matarte, ¿dónde está tu espíritu aventurero? —resopló y se recostó hacia atrás apoyándose en sus codos.

—Mi espíritu aventurero, ha estado encerrado en mi oficina por muchos años. Y ahí se encuentra muy bien, te lo aseguro.

—Pues... tal vez ya sea hora de que le dejes salir ¿no crees? —abrió la boca con la intensión de responderme, más sin embargo no pudo hacerlo.

—¡Hola! Mi nombre es Tanya Denali y somos vecinos —señaló la tienda de campaña a un par de metros de la nuestra, Edward se puso en pie tan rápido como si algo le hubiesen picado en el culo y le ofreció su mano a modo de saludo.

—Mucho gusto Tanya, yo soy Edward Cullen —le dio una sonrisa coqueta que él correspondió de igual manera, ¡infiernos! El muy cabrón estaba coqueteando con ella y en mis narices.

Tanya era una mujer alta y debía, muy a mi pesar y aunque se me retorcieran los intestinos, reconocer que era muy hermosa; su cabello lacio era de un lindo tono rubio rojizo, brillantes ojos color miel y tenía buen cuerpo. ¿Qué jodidos hacía una mujer como ella, en un lugar como este? Ella debería estar en algún Spa haciéndose tratamientos de belleza o de compras con sus amigas, no acampando.

—Ella es Isabella Swan, mi... amiga —¿su amiga? ¡¿El idiota acababa de presentarme como su amiga?! ¡Su amiga por el amor de Dios! Respiré profundo, me obligué a tragarme mi molestia y sonreír.

—¿Les gustaría acompañarnos a cenar? —sonrió ampliamente dejando a la vista sus blancos y perfectos dientes, la muy zorra tenía sonrisa de comercial de pasta dental.

Abrí la boca con toda la intensión de negarme, pero Edward se me adelantó aceptando.

—Nos encantaría, ¿cierto Bella?

—Oh sí, será todo un placer —respondí rebosando sarcasmo, esa cena sería una tortura para mí, al tener que presenciar el más que evidente coqueteo de esos dos.

Tanya se quedó charlando con él y unos minutos después se despidió, no sin antes volver a recordarnos lo de la cena; Edward volvió a dejarse caer a mi lado pero esta vez una sonrisa de satisfacción bailaba en su rostro.

—¿Sabes? Tienes razón, es tiempo de que deje salir mi espíritu aventurero.

—Tu espíritu aventurero y tú pueden irse mucho al maldito infierno —mascullé por lo bajo.

—¿Dijiste algo?

—¿Eh? Ah sí, te decía que voy a caminar un poco —me puse en pie y él también.

—No puedes ir sola, recuerda que las caminatas deben ser guiadas por un guardabosques —y lo recordaba, pero necesitaba un poco de tiempo a solas para tranquilizarme antes de que fuera y le arrancara los cabellos a Tanya uno por uno.

—No voy a perderme y...

—Está bien, ya que insistes en ir, yo te acompañaré —me interrumpió y negué casi de forma frenética.

—Quiero estar sola, así que por favor dame un poco de espacio, ¿quieres? —frunció el ceño ante mi cortante negativa pero no dijo más.

Di media vuelta y me alejé pisando fuerte. No era tonta o estúpida, sabía muy bien que si me alejada mucho sin un guía lo más probable es que terminara perdida, así que sólo caminé unos cuantos metros y lo hice en línea recta, apenas lo suficiente como para alejarme un poco del área de campamento.

Me senté apoyando la espalda en el tronco de un árbol, tenía que hacerme a la idea de que ya fuera Victoria, Tanya, o cualquier otra zorra la que se acercara a Edward con la intención de meterse en su cama él no se negaría, aunque nuestra... pseudo relación estuviera cambiando, no significaba que él fuera a enamorarse perdidamente de mí.

¡Dios, si apenas eramos amigos! Y eso ya era mucho decir, creo que lo más adecuado sería decir que somos conocidos que están siendo obligados a casarse; sí, en definitivo ese termino nos describía mucho mejor. Y por lo tanto, tenía que aprender a controlarme y hacer lo posible por matar mis sentimientos hacia Edward, pero si en diez jodidos años que no supe nada sobre él no he podido dejar de amarlo, ¿cómo voy a hacerlo ahora que está tan cerca de mí?

De pronto una lluvia de hojas cayó sobre mí sacándome de mi monologo interno, alcé la mirada encontrándome con un hombre sentado en una de las ramas del árbol, el cual me veía con una amable sonrisa en el rostro.

—¿Quién eres? —pregunté con curiosidad, el tipo bajó del árbol con un grácil salto y se sentó frente a mí.

Fue hasta entonces que pude verlo con claridad, era apuesto no iba a negarlo, su cabello rubio claro casi rozaba sus hombros y sus ojos azules me observaban con detenimiento.

—Mi nombre es Alistair —estreché la mano que me ofrecía y murmuré mi nombre—. Eres la chica que acompaña a la nueva presa de Tanya, ¿cierto?

—¿La conoces?

—Sí, más de lo que me gustaría —la mueca que apareció en su rostro sólo podía significar una cosa: él estaba enamorado de Tanya. Casi podía jurar que esa misma mueca aparecía en mi propio rostro al pensar en las conquistas de Edward—. Su hermana, Irina, es novia de mi mejor amigo, Laurent. La conozco desde hace cinco años, cuando ellos comenzaron a salir.

—Y en algún punto de esos cinco años, tú terminaste enamorándote de ella —afirmé y sus ojos se abrieron por la sorpresa.

—¿Soy tan obvio? —me preguntó, un suave y adorable color carmín cubrió sus mejillas.

—No, digamos que yo soy muy observadora —sonrió y alargó la mano quitando una hoja que se había quedado atorada en mis cabellos.

—Me agradas Bella —dijo con una sonrisa que no dude en devolverle.

Alistair y yo conectamos de inmediato y estuvimos charlando por un largo rato. Me habló sobre su trabajo, él y su amigo Laurent eran dueños de una pequeña compañía de publicidad en Chicago, hacía un par de años que habían comenzado y el negocio les iba de maravilla; yo por mi parte le hablé sobre mi trabajo como fotógrafa y lució francamente interesado en mi profesión.

El tiempo se nos pasó volando y antes de que nos diéramos cuenta, el sol había comenzado a descender; me ayudó a ponerme en pie y regresamos al área de campamento. Al llegar me encontré con la novedad de que Edward estaba sentado a un lado de Tanya, frente a la tienda de ella, charlando muy aminados con una pareja y los cuales supuse eran Irina y Laurent.

—¡Hey hermano! ¿Dónde te habían metido? —Alistair negó divertido y se encogió de hombros.

—Eso no te importa y deja de meterte donde no te llaman —todos clavaron las miradas en nuestras manos entrelazadas, cosa que no supe en qué momento había pasado, pero me apresuré a soltarlo—. Bella, ellos son Laurent y su novia Irina.

—Hola, gusto en conocerles. Alistair me habló mucho de ustedes —Alistair y yo nos sentamos, uno al lado del otro, y bastaron unos pocos segundos para que nos incluyeran en su charla. Aunque podía notar la nada agradable mirada de Tanya ir de Alistair a mí.

Después de cenar nos quedamos un poco más charlando, Laurent nos ofreció a Edward y a mí a que los acompañáramos por la mañana a una excursión; habían pagado por una excursión para seis personas, pero los dos amigos que iban a acompañarles tuvieron problemas de último momento y no pudieron venir, así que tenían dos lugares libres. Sin detenerme siquiera a pensarlo acepté la oferta, era una excelente oportunidad para comenzar con lo que me había traído aquí.

Casi media hora después Edward y yo nos despedimos, regresamos a nuestra tienda y nos preparamos para dormir. Me acosté en la colchoneta dándole la espalda, cerré los ojos y esperé a que el sueño se dignara a dejarme fuera de combate, pero el contaste movimiento de Edward no me me permitía dormirme.

—Bella, ¿estás dormida? —preguntó y solté un sonoro suspiro.

—Eso trato, pero te mueves más que una jodida culebra y no me dejas dormir —lo escuché reír y se removió una vez más, acción que me hizo rodar los ojos.

—¿Te gusta Alistair? —quise chillar y saltar de emoción al escuchar la forma casi despectiva con la que escupió el nombre de Alistair, mi nuevo amigo al parecer no era de su agrado y estaba celoso.

—Creo que eso es algo que no debe importarte ¿o si? —di que sí, di que sí, di que sí, repetía en mi mente una y otra ver como si fuera un mantra; chasqueó la lengua y se removió... una vez más.

—¿Podrías darte la vuelta? No me agrada la idea de charlar contigo cuando me das la espalda.

—¡Dulce Jesús! Por si no lo has notado Edward, está completamente oscuro aquí dentro, así que no hará mucha diferencia el que esté de espaldas o no... ¡pues no puedes verme! Claro, a menos de que tengas poderes sobre naturales y yo no esté enterada —una tenue luz iluminó el lugar, maldije por lo bajo y después de un momento me giré.

Edward estaba acostado de lado y sostenía una pequeña linterna de bolsillo en su mano, suspiró y dejó la linterna sobre la colchoneta entre ambos; tomó mi mano izquierda y frunció el ceño al ver mi dedo anular.

—¿Dónde está tu anillo de compromiso? —preguntó jugando con mis dedos.

—Lo dejé con mis cosas en el hotel, no quería arriesgarme a perderle. No creo que a tu mamá le hubiese gustado que eso pasara —habíamos dejado la reservación en el hotel abierta, no podíamos cargar con todas nuestras cosas y además necesitaríamos donde quedarnos cuando termináramos aquí.

—Sí, probablemente eso la enfadaría. Y no querrás tener que enfrentarte a una Esme Cullen cabreada, se puede convertir en tu peor pesadilla, te lo aseguro. Ni siquiera mi padre tiene el valor suficiente como para molestarla —murmuró con diversión—. Estuve hablando con Tanya, ¿sabes? Ella está enamorada de Alistair.

—Oh claro, está enamorada de él pero coquetea contigo —no pude evitar que mi voz reflejara mi molestia, pero al parecer él no lo notó o simplemente lo dejó pasar.

—Sobre eso, ella sólo quería darle celos, esperaba que él reaccionara y por fin le pidiera salir —¡madre mía! Cómo es que ambos podían ser tan tontos y ciegos, ahora entiendo el por qué Tanya parecía tan molesta cuando llegué con Alistair, estaba celosa.

—Pues por lo que a mí respecta puede estar tranquila, no tengo un interés romántico hacia Alistair. Además, él está enamorado de... ella —Edward soltó una carcajada y yo sonreí.

—Tal vez debamos ayudarles y darles un pequeño empujón.

—¿Pasarás de ser un lobo de Wall Street, a ser un Cupido en formación? Ese es un gran cambio —se encogió de hombros, aún no soltaba mi mano y con suavidad entrelazó nuestros dedos—. Bien, ¿qué propone señor Cupido?

—Por ahora dormir, ya mañana se nos ocurrirá algo. Buenas noche, Bella —soltó mi mano y apagó la linterna.

—Buenas noches —susurré y volví a girarme dándole la espalda.

Abrí los ojos con pereza y parpadeé un par de veces para acostumbrarme a la luz, hubiese querido seguir durmiendo por un momento más pero nos esperaban para una excursión. Fruncí el ceño cuando quise moverme para levantarme y algo no me dejó hacerlo, Edward seguía profundamente dormido, o al menos eso me decía su pausada respiración; pero uno de sus brazos estaba enroscado en mi cintura y sus piernas enredadas entre las mías, dejándome atrapada en medio de su firme agarre.

Sonreí y cerré los ojos dispuesta a seguir durmiendo, me encontraba muy cómoda y no cambiaría el estar entre los brazos de Edward por salir de excursión, ni aunque me dijeran que podría ver a un manatí volando.

La siguiente vez que me desperté, lo hice sintiendo unas suaves caricias a lo largo de mi desnudo brazo, me moví hasta quedar frente a Edward y mi corazón se saltó un latido al ver como sus ojos brillaban, haciéndolos ver más verdes y hermosos que nunca.

—Hasta que despiertas dormilona, tenemos el tiempo justo para levantarnos y reunirnos con Tanya y los demás —levantó la mano y apartó un mechón de mi cabello que caía sobre mi rostro, acomodándolo detrás de mi oreja.

—¿Y por qué no me despertaste? —se encogió de hombros, dudó un momento pero al final se acercó a mí y dejó un suave beso en mi mejilla para después ponerse en pie.

—Voy a esperar afuera mientras que te cambias —antes de salir me sonrió y suspiré clavando la mirada en el techo de la tienda.

Me cambié lo más rápido que pude, me puse un short de mezclilla, una blusa sin mangas color blanco y una ligera camisa a cuadros de mangas largas, las cuales me doblé hasta los codos; me calcé unas zapatillas deportivas y até mi cabello en una coleta alta.

Tomé la mochila donde llevaba mi equipo y me la colgué a la espalda, salí de la tienda y Edward negó con diversión al ver mi mochila.

—Nuestros vecinos nos trajeron café y panecillos —tomé la taza que me ofrecía y el panecillo de chocolate.

—Son muy amables, ¿no crees? —le di un sorbo a mi café, el cual me supo a pura gloria.

—Sí, lo son. Bella, sobre lo que hablamos anoche yo...

—No te preocupes por eso —lo interrumpí—, que yo me hago cargo de todo.

—Oh, y yo que estaba ansioso por hacer de Cupido —soltó un suspiro de lo más teatral y dramático, que me hizo reír.

—Anda, Cupido frustrado, ve a cambiate. Te esperaré con nuestros vecinos, comenzaré de una vez con mi plan —frunció el ceño de forma interrogante.

—¿Qué plan es ese?

—Ya lo verás —respondí y le guiñé un ojo.

Di media vuelta y comencé a caminar, mi plan era de lo más sencillo: darle celos a Tanya hasta hacerla estallar. Por lo que pude notar ayer por la noche, ella perdía el control de sus emociones más fácilmente que Alistair, así que sólo tenía que presionarla un poquito hasta lograr que perdiera por completo el control. ¡Oh sí, como iba a divertirme! Le haría un favor a Alistair y de paso me cobraría el mal rato que me hizo pasar Tanya, y su descarado coqueteo con Edward.

Quince minutos después estábamos caminando detrás del guardabosques. Desde que la caminata había iniciado, no me separé de Alistair más que para tomar algunas fotografías, me enganchaba de su brazo y le susurraba en el oído cualquier tontería que se me venía a la cabeza; tal vez esté mal decirlo, pero me estaba divirtiendo a lo grande. Tanya me veía como si quisiera reducirme a un pequeño puñado de cenizas, mientras Irina y Laurent veían con diversión el comportamiento de la rubia. Alistair me preguntó entre susurros qué estaba tramando y le pedí que confiara en mí, no preguntó más y se limitó a asentir.

He de admitir esperaba que Tanya no tuviera tanto control y estaba comenzando a desconfiar de que mi brillante plan resultara, más sin embargo, ella no fue lo suficientemente fuerte como para resistir.

Estábamos por llegar de regreso al campamento cuando pasó, me resbalé y Alistair se apresuró a detener mi caída envolviendo sus brazos en mi cintura, pegándome a su cuerpo tanto que nuestros rostros quedaron a escasos centímetros de distancia. Podía asegurar que a ojos ajenos, parecería que él iba a besarme.

—¡Aléjate de él ahora mismo, zorra! —chilló Tanya alejándome de Alistair con fieros empujones—. Y tú, más vale que no vuelvas a acercarte a otra mujer que no sea yo, ¿entendido?

Antes de que Alistair pudiera reaccionar, Tanya estaba sobre él besándolo como si no existiera un mañana.

—Bien hecho, si algún día decides cambiar de profesión podrías considerar ser casamentera —solté una sonora carcajada por las palabras de Edward.

Su brazo rodeó mis hombros pegándome a su costado y besó el tope de mi cabeza, me sería tan fácil acostumbrarme a esto, pero si al final no resultaba yo... ¡Al diablo con eso! Disfrutaría del momento sin pensar en el qué pasará mañana.

Habíamos estado en el Biscayne por cuatro maravillosos días, después de lo ocurrido el día de la caminata Tanya y Alistair por fin se hicieron novios, les conté sobre mi plan y una avergonzada Tanya se disculpó conmigo hasta el cansancio, por haberme empujado como lo hizo y por llamarme zorra. Por su parte Irina y Laurent, no dejaban de hacer bromas sobre el como la rubia perdió el control y casi había violado al pobre Alistair; y es que se habían olvidado de todo fuera de ellos dos y su... efusivo momento se había salido un poco de control.

Edward y yo nos habíamos convertido rápidamente en parte del grupo, compartimos con ellos un par de caminatas más, divertidos paseos en canoa y largas noches de charla frente al fuego. Fue en una de esas charlas que Tanya había soltado así sin más, que Edward y yo hacíamos una linda pareja, que era una lastima que sólo fuéramos amigos y que debíamos darnos la oportunidad de ser algo más; ambos nos habíamos removido con incomodidad y Laurent se apresuró a cambiar el tema al notarlo.

—¿Qué haces vestida así? —la voz de Edward me sacó de mis pensamientos.

Era nuestro último día en el Biscayne, de hecho nos íbamos en algunas horas más. Los chicos se habían marchado ayer por la tarde, querían quedarse con nosotros pero debían volver a sus respectivos empleos.

—¿Alguna vez has buceado? —contesté con otra pregunta y asintió.

—Sí, lo he hecho un par de veces —me dio una mirada cautelosa que me hizo sonreír.

—Genial, si quieres puedes venir conmigo. La principal razón por la que decidí venir aquí, fue porque quiero tomar algunas fotografías subacuáticas —soltó un pesado suspiro y negó con diversión.

—La verdad, es que no debería sorprenderme pero lo hace, ya perdí la cuenta de las fotografías que has tomado es estos días —me encogí de hombros restando importancia al tema—. Bien, voy contigo.

Antes de irnos desmontamos la tienda de campaña y recogimos nuestras cosas, dejando todo listo para marcharnos en cuanto volviéramos de nuestra última actividad.

Había practicado un par de veces con anterioridad la fotografía subacuática, pero sin duda no había visto algo tan impresionante como la variedad de vida silvestre en el Biscayne: especies de peces en peligro de extinción, una flora única, manatíes y tortugas marinas. Los buzos expertos incluso tenían la oportunidad de explorar naufragios, pero Edward y yo no contábamos con la experiencia como para hacerlo, así que no quisimos arriesgarnos.

—Admito que no fue tan malo como pensaba —me dijo Edward mientras subíamos nuestras cosas al coche.

—Me alegra escucharte decir eso —sonreí y cerré el maletero.

—Por favor, dime que no tendremos que acampar en los lugares que nos faltan por visitar —solté una sonora carcajada y negué.

—Descuida, no habrá más acampadas por el resto del viaje.

Nos montamos en el coche y nos pusimos en marcha rumbo al hotel, si tuviera que calificar nuestra estadía en el Biscayne, la clasificaría como alentadora.

En estos días había surgido un enorme acercamiento entre Edward y yo, a la menor oportunidad que tenía tomaba mi mano, besaba mi mejilla, me abrazaba por la cintura o los hombros, pero sin duda alguna las mañanas se habían convertido en mis favoritas, no había absolutamente nada mejor que amanecer entre los brazos de Edward.

Continuará...


¡Hola! Aquí les dejo el capítulo y espero que les gustara, estoy adelantando la actualización hoy y no mañana como correspondía pues fui victima de una "negociación" (cof, cof, manipulación, cof, cof) pero el próximo capítulo sí lo publicaré como corresponde. En el grupo de Facebook estaré publicando adelantos, así como también imágenes relacionadas al Fic y si gustan unirse encontraran en Link en mi perfil.

La información sobre el Parque Nacional Biscayne, la conseguí investigando en distintas páginas de Internt pues no le conozco, así que no sé hasta que punto esté correcta o errada.

Muchísimas gracias a quieres agregaron la historia a alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se tomaron un minutito de su tiempo para alegrarme el día con sus comentarios.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo viernes!