En la mañana, Dean recibió una llamada, era Sam, su hermano y estaba feliz de poder escuchar su voz. Era la primera vez que lo llamaba desde que había llegado a la ciudad y había demasiadas cosas que quería preguntarle, demasiadas cosas que quería decirle.
- ¡Sammy, en verdad eres tú! pensé que nunca me llamarías – exclamó con emoción.
- Por supuesto que lo haría, Dean, sabes que aún me preocupo por ti. Dime ¿estás bien? ¿Qué tal te ha tratado la ciudad?
- Ha estado bien, algo ruidosa sin embargo, pero aún intento adaptarme – puso el teléfono en su otro oído y se dejó caer sobre la cama mientras hablaba.
- Sólo ten un poco de paciencia, te gustará.
- Lo sé, no todo es ladrillos, cemento y suciedad, también hay lugares divertidos y mucha comida deliciosa, me gusta estar afuera a pesar de todo.
Sam rio con alegría, incluso Dean pudo sentir su alivio a través del teléfono – en verdad me alegra que te estés divirtiendo ¿has hecho amigos?
- Sí, Castiel tiene un amigo llamado Balthazar, es muy divertido y ha sido muy amable conmigo, es un buen tipo, tienes que conocerlo algún día… aunque creo que es algo mayor para gustarte.
- Aun así creo que estaría bien encontrarme con él algún día ¿y qué hay acerca de Castiel? ¿te llevas bien con él?
Hubo un momento de silencio, en el cual Dean agradeció internamente el hecho de que Sam no pudiera ver su sonrojo – De hecho, hemos pasado a ser algo más que amigos.
- ¿Qué? – exclamó Sam con incredulidad, parecía como si estuviese a punto de echarse a reír, aunque sin poder ver su rostro, Dean no podía descifrar si en realidad estaba disgustado – ¿qué quieres decir con que ahora son algo más que amigos? ¿entiendes lo que eso significa?
- Sé lo que digo, Sam, no me trates como si fuera un idiota.
- Lo sé, lo sé, no eres tonto, sólo algo… inocente… a veces – Sam suspiró y calló durante unos segundos antes de volver a hablar – entonces, realmente tú y Castiel…
- Estamos juntos – completó la frase – en una relación.
- Escucha, Dean ¿sabes que no se supone que los hombres tengan relaciones con otros hombres, verdad?
Dean resopló con enojo y apretó el teléfono con fuerza – nunca imaginé que fueras un homofóbico.
- ¿Qué? ¡No! no Dean, no quiero que pienses eso, no era mi intensión – por su voz sonaba realmente arrepentido y avergonzado – sólo quiero asegurarme de que sabes lo que haces, sólo intento protegerte.
- No tienes que hacerlo, puedo cuidarme solo. No es que no aprecie tu preocupación, pero eres el hermano pequeño, no tienes que preocuparte por esas cosas.
- Sin embargo lo hago, te he estado protegiendo de Bobby y de Papá durante todo este tiempo, te prometí que te mantendría a salvo y por lo tanto es mi deber protegerte.
Dean no tuvo más opción que suspirar y callar, no podía negar que Sam había hecho grandes esfuerzos por ayudarlo y no tenía palabras para convencerlo de que ese no era su deber, así que prefirió cambiar el tema - ¿Cómo están ellos? ¿Siguen buscándome?
- Bobby aún lo hace, Papá ya ha perdido la esperanza, está deprimido y a veces quisiera poder contárselo todo, pero sé que lo primero que haría sería buscarte y encerrarte de nuevo. Pero no hay de qué preocuparse, se repondrá y por ahora todo está bajo control.
- Cuida de ellos, no dejes que se preocupen demasiado… y tú tampoco te preocupes tanto por mí, estoy bien, soy feliz aquí.
- Lo haré… y Dean, quiero que sepas que respeto tu decisión, jamás te juzgaría por tu sexualidad. Castiel es un buen tipo y espero que te haga feliz.
Dean exhaló con alivio y sonrió – gracias, Sammy, significa mucho para mí – ambos se despidieron con afecto y luego colgaron.
Dean salió de la habitación y se dirigió a la cocina para tomar su desayuno, todo lo que quería ahora mismo era sentarse cerca de Castiel y disfrutar del tocino mientras platicaban, pero lastimosamente no estaban solos; pudo escuchar la voz de Balthazar hablando con Castiel mucho antes de hacer presencia en la sala de estar y por la forma en que su voz se alzaba con insistencia pudo saber que se trataba de una conversación seria, así que prefirió escuchar desde el pasillo en lugar de mostrarse e interrumpirlos.
- Cuando ellos se enteren no van a estar para nada felices – decía Balthazar.
- No se van a enterar, no tienen por qué hacerlo – respondió Cas con exasperación.
- Son tu familia, por supuesto que tienen qué hacerlo, algún día vendrán a verte y si descubren que vives con un chico, van a enfadarse, y tal vez no por el hecho de que seas gay, sino por el hecho de que no les hayas hablado al respecto.
- No necesito la aprobación de mis hermanos.
- Pagan tu apartamento, tu carrera y tus demás gastos, te envían montones de dinero cada mes, controlan cada centímetro de tu vida ¿crees que no les va a interesar el que estés con un chico?
- Pensé que estarías feliz por nosotros, si hubiera sabido que sacarías el tema de mi familia, jamás te lo habría contado.
- Cas, sabes que soy tu amigo, es mi deber aconsejarte, no sería un buen amigo si te hiciera pensar que estoy de acuerdo contigo en todos tus errores.
Castiel suspiró y cerró los ojos agotado por la discusión – simplemente no creo que sea un buen consejo.
- No pierdes nada con hablarles – insistió Balthazar.
- Podría perder mi carrera, mi apartamento y mi dinero.
- Será peor si no se lo cuentas, además, Dean es un chico maravilloso, estoy seguro de que lo apreciarán.
- ¿Y si no?
- Entonces puedes conseguir un trabajo como la gente normal.
- Cualquier trabajo que consiga no será suficiente para pagar mi carrera, este apartamento y cubrir los gastos de Dean.
- Dean podría irse conmigo en ese caso, me agrada, no tengo ningún problema con dejar que se quede en mi casa.
- Estaría loco si permitiera que se quede contigo para que puedas corromperlo.
Balthazar estalló en risas, golpeando con la palma de su mano la superficie de la mesa – no me digas que sigues enfadado por lo de la otra noche.
- No, pero eso no quiere decir que confíe en ti para dejarte al cuidado de Dean.
- Está bien, amigo, sé que eso no sucederá, sólo piensa un poco en lo que dije, sé que a tus hermanos no les gustará saber que están cubriendo los gastos de una persona más sin que se les haya informado y si se enteran de alguien más, no estarán muy felices. Ahora si me disculpas tengo trabajo que hacer. Saluda a Dean de mi parte.
Una vez que se marchó, Castiel suspiró y se dejó caer sobre el sofá. Dean vio aquella como la oportunidad para salir y se acercó con timidez.
- ¿De qué fue todo eso? – preguntó confundido.
- Nada importante, Balthazar sólo venía para saludar.
- Si no me equivoco quería que le hablaras a tu familia acerca de mí.
- ¿Sabes que está mal espiar las conversaciones ajenas? – respondió Castiel con un leve tono de molestia en su voz.
- Mis oídos están mejor desarrollados que los tuyos, podría escucharlos a metros de distancia aunque no lo quisiera.
- Sin embargo este no fue el caso, estabas espiando.
Dean bajó la mirada avergonzado, no obstante la preocupación seguía en su mente y no podía callar.
- No quiero causarte problemas.
- No lo haces.
Castiel se levantó del sofá, sin atreverse a mirar a los ojos de Dean y caminó hacia la cocina para preparar el desayuno, podía sentir la mirada de Dean seguir sus movimientos, sin embargo lo ignoró hasta que el otro se atrevió a hablar minutos después.
- ¿No planeas hablarle a tus hermanos acerca de mí?
- No lo encuentro necesario – habló de espaldas a él, concentrándose en la tarea de cocinar.
- Algún día tendrán que enterarse.
- Entonces les diré que eres mi compañero de piso.
- ¿No piensas decirles la verdad algún día?
- ¿A qué verdad te refieres? ¿a que eres un licántropo que huye de su familia porque piensan que puedes ser peligroso y quieren enjaularte? Creo que es mejor ahorrarnos esos detalles.
- Me refería a lo que somos… tú y yo.
Castiel se dio la vuelta para mirarlo con confusión - ¿Y qué se supone qué somos?
Dean sintió su corazón partirse ante la pregunta y la mirada fría de Castiel, pensaba que ya habían superado todas las inseguridades, que todo estaba claro entre ellos, pero ahora parecía como si Castiel se hubiese olvidado de todo lo sucedido la noche anterior.
- Pensé que eso estaba claro.
- No, no lo está, Dean, aún no nos sentamos para discutir lo que queremos ser y lo que haremos a partir de ahora.
- ¡Tuvimos sexo anoche! ¿qué crees que somos?
- Baja la voz – ordenó Castiel avergonzado – Mira, el hecho de que hayamos tenido "sexo" no nos convierte oficialmente en una pareja.
- Tal vez no, pero te dije lo que sentía por ti y pensé que sentías lo mismo, pero ahora veo que todo lo que querías era eso, tener sexo y nada más, ahora entiendo por qué siempre me enviaste señales tan confusas.
- ¿Qué? ¿En verdad piensas eso de mí? Sabes que no soy ese tipo de persona.
- En realidad me doy cuenta de que no te conozco, Cas, cambias completamente de la noche a la mañana, de blanco a negro, de frío a caliente… y nunca sé lo que estás pensando. Escucha, viví durante 15 años encerrado en una habitación donde mi única preocupación era qué haría para cenar o cuándo volvería Papá, como sabrás, no estoy acostumbrado a lidiar con algo tan complejo, así que te pido, te ruego que hagas las cosas claras para mí, que seas sincero y digas lo que quieres en realidad, no esperes a que lo adivine porque claramente no lo estoy logrando.
Al terminar, su rostro estaba enrojecido y sus ojos aguados, quería llorar, quería golpear el bonito rostro de Castiel hasta hacerlo reaccionar, hasta sacar los pensamientos de esos labios que permanecían sellados, pero en su lugar se levantó bruscamente del sofá y se alejó para encerrarse en la tranquilidad de su habitación, olvidándose completamente del desayuno, de todos modos había perdido el apetito.
Castiel por su parte apagó la estufa, agarró sus llaves y salió enfadado del apartamento, pensó en tomar su auto, pero al final decidió que caminar le ayudaría mejor a despejar su mente. Estaba molesto porque Dean era demasiado insistente y pretendía llevar las cosas demasiado rápido. En ningún momento le había dicho a Dean que no le quería, que lo que hicieron la noche anterior no significaba nada para él, simplemente quería hablar un segundo, aclarar las cosas, hacer planes y trazar una ruta para su relación, pero Dean se estaba saltando los pasos, quería comunicar su relación a su familia sin antes saber si ambos serían lo suficientemente fuertes para soportarlo, para soportarse el uno al otro, para mantener viva su relación el tiempo suficiente ¡no llevaban juntos ni siquiera un día!
Buscó entonces un lugar más apartado, más vacío y silencioso para poder calmarse y meditar acerca de la situación, se recostó sobre el prado y cerró los ojos para disfrutar del viento, tal vez más tarde podría ir a comprar algo para comer y llenar el doloroso hueco en su estómago… aunque probablemente este no estaba allí a causa el hambre.
ooOoo
Dean escuchó la puerta cerrarse y supo de inmediato que Castiel se había marchado. No había estado solo desde que había escapado de casa, por lo tanto se sintió un poco inquieto, pero sabía que Castiel regresaría pronto y entonces podrían hablar con más calma. A veces su temperamento lo traicionaba, después de todo aún no se acostumbraba completamente a socializar con las personas, su mente era mucho más compleja de lo que pensaba, hablar con ellos era muy diferente a lidiar con Bobby o con su padre, todo allí era mucho más difícil de comprender y eso lo hacía sentir frustrado. Las cosas no sucedían siempre como en los libros o en las películas, todo era impredecible, todo era engañoso, ya ni siquiera sabía qué pensar. Esperaba que Castiel pudiera ayudarlo a comprender el mundo, a comprender a las personas, pero en su lugar sólo lograba confundirlo aún más.
Amaba a Castiel con desesperación, lo que habían hecho la noche anterior había sido la experiencia más hermosa de su vida, sin embargo le preocupaba que Castiel no pudiese verlo de la misma manera, que no lo amara también y eso le llenaba de temor. Podía sentir el rechazo en cada una de sus palabras y el dolor que eso le producía era superior a cualquiera que pudiese experimentar, ni siquiera se podía comparar al dolor que sintió cuando su padre le disparó o cuando pasó casi una semana entera sin transformarse en la cabaña.
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Pasaron las horas y Cas aún no regresaba, Dean comenzaba a temer que no volviera esa noche. Era absurdo el hecho de que había pasado casi toda su vida en soledad, pero ahora no la soportaba, aunque debería estar acostumbrado a ella. Preparó el almuerzo con la esperanza de que Castiel regresara cansado y hambriento, pero eso no sucedió, ahora era de noche y comenzaba a temer que algo malo hubiera pasado. Pensó que quizá sería mejor salir a buscarlo, pero no conocía muy bien la ciudad y sabía que lo único que lograría sería perderse. Decidió entonces que lo mejor sería llamar a Balthazar, la única persona que podría ofrecerle algo de ayuda.
Tomó el teléfono e intento llamarle, pero no contestó, probablemente aún estaría trabajando o conociéndole, habría ido a algún club para divertirse con alguna mujer… u hombre, ahora la única opción que le quedaba era tener paciencia y esperar a que Balthazar cogiera el teléfono o que Castiel regresara en cualquier momento.
Se recostó en su cama con un libro abierto en la mano, aunque ciertamente no podía concentrarse, tuvo que leer las mismas líneas por lo menos tres veces, aún sin comprender las palabras escritas en las páginas, su preocupación por Castiel era tan grande que no podía lograr concentrarse en otra acción.
De pronto escuchó la puerta principal abrirse y cerrarse delicadamente, si no fuera por sus oídos desarrollados jamás lo hubiera escuchado. Su corazón dio un salto y corrió hacia la sala de estar donde imaginó que estaría Castiel, hambriento, con los hombros caídos y la mirada triste, pero en su lugar se encontró con la persona que menos esperaba ver dentro de su casa, devolviéndole la mirada con una sonrisa siniestra.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Dean, sus ojos abiertos con sorpresa mientras su cuerpo asumía una postura de defensa.
- La puerta estaba abierta y sólo pasaba para saludar – dijo Jordan encogiéndose de hombros, pero Dean sabía perfectamente que la puerta había estado cerrada desde que Cas había salido – además ya que estás solo pensé que necesitarías algo de compañía.
- ¿Y cómo sabes eso?
- Vi a Castiel salir en la mañana y por lo visto aún no regresa. Somos vecinos, es normal que me entere cuando ustedes discuten, ya saben, las paredes son delgadas.
- No pensé que te importara – comentó a la defensiva, todo lo que quería era que el hombre volviera a salir y lo dejara en paz.
- Mira, amigo, me siento muy mal por nuestra última discusión, había tenido un mal día y creo que fui bastante grosero con ustedes, en especial contigo, por eso quería ofrecerte mis disculpas.
Dean se sintió confundido por el repentino cambió de actitud, pero su padre y Castiel le habían enseñado que los seres humanos eran impredecibles, que cambiaban de la noche a la mañana, que un día podían odiar a alguien a muerte y al día siguiente sentirse completamente enamorados, así que pensó que aquel cambio no sería del todo extraño viniendo de un ser humano.
- Ya veo - respondió Dean – me alegra que hayas cambiado de opinión con respecto a nuestra relación. Está bien, puedo perdonarte siempre y cuando prometas que no volverás a molestar a Cas.
- Oh no lo volveré a hacer, lo prometo.
- Bien, entonces estamos en paz, ahora puedes irte.
Pero Jordan no hizo ademán de moverse – De hecho quería que fuéramos a dar un paseo, tal vez comer algo ¿qué dices?
- No gracias, estoy preocupado por Cas, aún no regresa y prefiero esperar para asegurarme de que esté bien.
- Oh te aseguro que está bien, simplemente está enfadado, seguramente no quiere verte ni hablar contigo, así que debe estar esperando a que te vayas a la cama para poder regresar tranquilamente.
- ¿Eso piensas?
- Estoy seguro, todos hacemos eso cuando discutimos con alguien. Vamos, Dean, yo invito.
Dean sacudió la cabeza y se apartó – lo siento, aun no me agradas, ni siquiera confío en ti.
- Auch – exclamó el hombre entre risas fingiendo dolor – eres muy sincero, claramente te cuesta comprender los sentimientos humanos. Es una lástima, quería hacer esto de una manera más fácil, no quería tener que lastimarte…. No aún.
- ¿Qué? – Dean preguntó mientras retrocedía, con la esperanza de haber escuchado mal o que se tratara de una broma, pero el hombre había sacado un arma extraña de su bolsillo similar a una pistola de juguete y apuntaba directamente hacia él. No era un rifle o un revólver, pero ciertamente no era un juguete y estaba seguro de que podía hacer daño.
Jordan disparó el arma y un extraño sonido como el de una corriente eléctrica resonó en la habitación, Dean intentó correr para esquivarlo pero de pronto un terrible dolor invadió todo su cuerpo, como si miles de agujas atravesaran su piel. Sus rodillas de pronto dejaron de soportar su peso y cayó al suelo golpeándose la cabeza contra la esquina de la mesa, dejándolo adolorido y desorientado, sus músculos no respondían, se movían de manera involuntaria con dolorosos espasmos, pero no podía lograr que se movieran según sus órdenes, estaba indefenso a merced de un hombre loco, probablemente estaba muriendo y no podía hacer nada para salvarse.
- Cálmate, amigo, es sólo un taser – explicó el mayor enseñándole el arma – no va a matarte, sólo te causará un poco de dolor y te inmovilizará lo suficiente para sacarte de aquí.
Dean quería luchar, quería escupir en la cara del hombre, pero no tenía la fuerza para hacerlo, apenas podía permanecer consciente, ni siquiera podía enfocar correctamente la cara del tipo. Sintió como Jordan lo levantaba con cierta dificultad y lo cargaba sobre su hombro antes de guardar su arma y alejarse, cerrando la puerta al salir, al menos podía consolarse con el hecho de que Castiel no había estado en casa y por lo tanto no había salido herido.
Pocos minutos después, Jordan lo dejó caer en el asiento trasero de su auto, ató sus muñecas y sus tobillos y luego amordazó su boca para que no pudiese gritar por ayuda.
- Todo está bien, Dean, tengo grandes planes para ti, ya verás.
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Al caer la noche Castiel se hallaba mucho más tranquilo, había tenido tiempo de sobra para reflexionar y había llegado a la conclusión de que había actuado como un completo idiota. La discusión con Balthazar lo había dejado con un humor de perros y se había desquitado con Dean, era claro que el chico era insistente y estaba ansioso por formalizar su relación, pero Castiel debía comprender que era su primer amor, que nunca había estado con nadie y no sabía cómo manejar sus sentimientos ni el ritmo al que debía llevar una relación, los libros y las películas estaban destinados a ser cortos y por lo tanto las relaciones allí se desarrollaban de una manera mucho más rápida y esas eran las únicas referencias que Dean tenía acerca del amor. Se suponía que era el deber de Castiel enseñarle, ayudarlo a comprender, pero en su lugar lo único que estaba logrando era confundirlo.
Dean de seguro pensaba que Castiel no tenía idea de lo que quería, pero Castiel lo sabía desde mucho tiempo atrás, amaba a Dean, quería tenerlo todo con él, pero estaba asustado y sus inseguridades siempre habían sido un obstáculo, por esa razón aún seguía solo y sin experiencia alguna en el amor. Pero esta vez no podía permitirse perderlo, tenía que ser sincero y aclarar las cosas antes de que Dean se hartara de su indecisión y decidiera dejarlo.
Regresó a casa caminando, compró un par de hamburguesas en el camino suponiendo que Dean no habría preparado nada aún para cenar y aunque lo hubiese hecho, nada sería mejor que un par de hamburguesas Para suplicar su perdón.
Al entrar en su apartamento no notó nada diferente, todo parecía en orden, así que dejó las hamburguesas sobre la mesa y llamó el nombre de Dean, sin obtener respuesta. Estaba decidido a platicar y arreglar las cosas, pero al parecer Dean seguía enfadado.
- Dean, he traído la cena – gritó con la esperanza de que aquello lo hiciera salir de su habitación, pero no lo hizo, tal vez ya se había ido a la cama.
Castiel se dejó caer sobre el sofá y le dio un mordisco a su hamburguesa, cerrando los ojos para disfrutar del sabor, entonces su teléfono sonó, interrumpiendo el buen momento.
- ¿Hola? – contentó con desinterés.
- Hey Cas – saludó Balthazar del otro lado de la línea - ¿estás en casa?
- Sí, acabo de llegar… ¿por qué lo preguntas?
- Recibí una llamada de Dean hace algunas horas, he intentado regresársela pero no contesta el teléfono – se hizo el silencio, sólo escuchaba el zumbido al otro lado de la línea - ¿Lo has visto ya? – añadió Balthazar.
- No, seguramente se ha ido a dormir.
- ¿Podrías comprobarlo? Estoy preocupado, hombre, llevo horas intentando hablar con él.
La preocupación se instaló también en el pecho de Castiel, quien dejó de lado su hamburguesa y el sofá – de acuerdo, iré a comprobar, te llamo luego.
Dejó caer el teléfono bruscamente sobre el sofá antes de acercarse a la habitación de Dean. Las luces estaban encendidas y la puerta entreabierta, pero todo parecía en silencio.
- Dean, voy a entrar – gritó desde afuera, pero no obtuvo respuesta. Entonces entró sólo para encontrarse con una habitación vacía.
Había un libro abierto y olvidado en la cama al igual que el teléfono de Dean, pero por lo demás todo estaba en orden, el baño estaba vacío, al igual que las demás habitaciones, sin embargo la ropa de Dean seguía toda en su lugar. Entonces la mente de Castiel comenzó a imaginar miles de probabilidades ¿y si Dean se había marchado con Sam? O tal vez quería llegar a casa de Balthazar y se había perdido en el camino, tal vez alguien lo había asaltado y ahora se encontraba herido y sangrando en las calles, aunque lo más probable era que Dean lo había abandonado, se había cansado de su actitud y se había marchado.
Sintió la desesperación crecer en su pecho y sus ojos se llenaron de lágrimas - ¡maldición! – gritó lleno de ira y frustración, golpeando el jarrón de la mesa con tal fuerza que se hizo trizas en el suelo. Era un jarrón costoso y ciertamente su hermano Gabriel estaría molesto de saberlo, pero a Castiel no le importaba nada más que Dean.
Miró los trozos del jarrón esparcidos a sus pies y fue entonces cuando se percató de unas pequeñas gotas de líquido carmesí pintando la esquina afilada de la mesa y el suelo junto a ella. Miró sus manos para asegurarse de que no se hubiese cortado, pero ellas estaban intactas ¿entonces de dónde provenía la sangre?
De pronto su mente se iluminó y luego se llenó de oscuridad; la sangre era de Dean.
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Gracias a Anithasakura, DCFE y LexiHolmes21 por sus comentarios, actualizaré tan pronto como pueda.
