Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 9

El sonido de mi móvil me despertó, gruñí por lo bajo y aun sin abrir del todo los ojos tanteé sobre la mesita de noche y lo tomé, tuve que parpadear un par de veces para poder distinguir el nombre de quien me estaba llamando y maldije por lo bajo, al ver que eran las 3:00 de la mañana. Había olvidado por completo apagar el molesto aparato antes de dormir, y aquí estaban las consecuencias de mi descuido.

—Realmente espero que tengas una buena razón para llamar a esta hora —murmuré con voz adormilada y baja para no despertar a Edward.

Lo siento Bella, pero he tratado de localizarte desde hace días y hasta ahora lo pude hacer.

—¿Qué pasa? Si me estás llamando a ésta hora de la madrugada, es que algo importante debes decirme —bostecé y luché por mantener los ojos abiertos—. O al menos, por tu bien, es lo que espero.

Todo depende de cómo lo veas, para mí no es algo del otro mundo, pero otras personas lo ven como el anuncio del nacimiento del anticristo. Jonathan tuvo una pelea histórica con Victoria, la sacó de la campaña publicitaria del perfume y convirtió sus fotografías en confeti, literalmente —al escuchar esas palabras todo rastro de sueño desapareció, para nada era una buena noticia y ya me imaginaba lo que vendría a continuación—. Él ya tiene un remplazo y quiere que tomes las nuevas fotografías lo antes posible, no puede seguir retrasando la campaña.

—Jane, no puedo hacerlo. Estoy fuera de la cuidad y no tengo planeado volver de momento.

Eso ya lo sé y tú tendrás que llamar a Jonathan para decírselo, se pondrá como una maldita fiera cuando se entere de que no regresaras. Bella, no quiero morir a los veintiséis, estoy en la plena flor de la juventud y además acabo de conocer al hombre de mi vida —rodé los ojos por sus palabras, este sería el sexto hombre su vida que conoce en los últimos dos meses.

—Te dejo a cargo de la sesión, eres una excelente fotógrafa y confío plenamente en ti —chilló y comenzó a enumerar las mil y una razones por las cuales no lo haría—. Jane... Jane... ¡Jane escúchame! —Edward se removió ante mi grito pero no se despertó, tratando de no ser muy brusca salí de la cama y me metí al cuarto de baño—. Lo harás de maravilla, ten un poco más de confianza en ti.

No si confianza es lo que me sobra. Pero el hombre te quiere a ti, única y exclusivamente a ti, no a mí ni a nadie más.

—Jane, no me hagas esto, no puedo volver ahora que las cosas entre Edward y yo parecen ir por tan buen camino. Te juro que buscaré una manera de recompensarte, ¿sí? ¿Por favor? —la escuché soltar un pesado suspiro y sonreí aliviada, la había convencido.

De acuerdo, lo haré. Pero si algo sale mal y Jonathan me lanza por la ventana de su oficina, serás la única responsable de mi muerte —bajé la tapa del inodoro y me senté.

—Claro, y te prometo que en persona me encargaré de que tu funeral sea espectacular si eso pasa —la escuché maldecir por lo bajo y cambié de tema, antes de que lo pensara bien y se retractara—. Jane, por favor dime que grabaste el momento en que la mandó al diablo.

¡Por supuesto que sí! Pero si el video ya está circulando en Internet, yo no he tenido nada que ver. Palabra de niña exploradora —me mordí la lengua para no saltarme riendo a carcajadas, conozco a Jane desde hace varios años y puedo apostar a que lo puso en circulación al segundo siguiente de grabarlo.

—Sí, tú serías incapaz de hacerlo —murmuré rebosando sarcasmo—. En cuanto regrese tendrás que mostrármelo.

Claro, cuenta con ello. Nos reuniremos con Alice y Rosalie en tu departamento, tendrás que tener a la mano palomitas y sodas, será mejor que ver una película en el cine. Nos divertiremos a lo grande, te lo juro —dijo con diversión para después soltar un sonoro suspiro—. Te llamaré cuando termine con el trabajo. Claro, si es que Jonathan no quiere poner a prueba mi capacidad para volar.

—Bien, aunque no te puedo asegurar que me localices con facilidad. Mi móvil está apagado la mayor parte del tiempo —mamá seguía insistiendo en que volviera a Nueva York cada que hablaba con ella, así que apagaba el móvil para evitar sus llamadas y en cambio yo le hacía cortas llamadas de vez en cuando.

Oh ya entiendo, el chico Cullen y tú no quieren interrupciones. Sabes que las personas normales se casan y después se van de luna de miel ¿cierto? —soltó una sonora carcajada, y casi podía imaginármela con una expresión pícara en el rostro.

—¡Jane! —chillé sintiéndome avergonzada—. Edward y yo no estamos durmiendo juntos... Bueno, sí dormimos juntos pero no... Lo quiero decir es que... ¡Oh maldición! Él y yo no hemos tenido sexo.

Oh-oh ¿acaso es frustración lo que detecto en tu voz, mi querida amiga? —solté un suspiro y apoyé los codos en las rodillas.

—Puede ser que esté... un poco frustrada, sí... pero es que Edward es...

Caliente como el jodido infierno —me interrumpió—, no tienes que decírmelo, lo vi en tu fiesta de compromiso y me di perfecta cuenta de ello con mis propios ojos.

Casi cinco semanas después de dejar Florida, Edward y yo nos encontrábamos en Colorado. Él había tomado por completo el control de nuestro itinerario, planeando todas y cada una de nuestras actividades, poniendo especial interés en no dejar fuera los lugares que yo había marcado para visitar, algo que me encantaba tengo que admitir.

Pasamos una semana y media recorriendo California, visitamos el Parque Nacional de Yosemite, el Parque Nacional Redwood y otros Parques de Secoyas Rojas; como Jedediah Smith, Del Norte Coast y Prairie Creek Redwoods. Estos tres últimos trabajan en conjunto con el Parque Nacional Redwood para proteger casi la mitad de secoyas costeras del mundo, los árboles más grandes del planeta y que llegan a medir más de ciento siete metros de altura. También estuvimos en Wyoming, donde conseguí unas increíbles fotografías de la cordillera Teton; en Kentucky, donde visitamos la Cueva del Mamut, que es el sistema de cuevas más grande conocido en el planeta; y en Utah, tuvimos la oportunidad de ver las peculiares formaciones de arenisca conocidas popularmente como "hoodoos".

Y ahora estábamos en Colorado, un lugar que yo no tenía contemplado en mi itinerario y donde pasaríamos las próximas tres semanas entes de regresar a Nueva York, unos días antes de la boda. Edward tenía un amigo aquí, el cual junto con su esposa e hijo pasarían una temporada en Chicago y al estar su casa deshabitada, nos la había ofrecido para quedarnos. Edward no dudó ni un momento en aceptar, me propuso que canceláramos lo que restaba del viaje y no pude negarme.

Usa tus encantos para seducirlo, no es como si fueras una quincenaria virgen, eres una mujer que sabe cómo despertar la pasión en un hombre. ¡Diablos! El tipo será tu marido y nadie te reprochará si tienes sexo salvaje y desenfrenado con él —la voz de Jane me sacó de mis pensamientos, recordándome que seguía al otro lado de la línea.

—¿Sabes? No soy una puta que va de cama en cama, y es precisamente así como lo has hecho sonar —le reproché y resopló ruidosamente.

No fue eso lo que quise decir y lo sabes. Lo que pasa es que tienes miedo, miedo a que él te rechace y por eso no das el primer paso.

El problema no es que no hubiese tratado de seducirlo o dado el primer paso, en estás casi cinco semanas más de una vez las cosas entre nosotros habían subido de temperatura considerablemente, pero Edward siempre se apartaba de mí con cualquier escusa. Él evitaba a toda costa llegar a algo más que algunas caricias y besos apasionados, dejándome excitada y realmente frustrada.

—Llama a Jonathan y dile que te he puesto a cargo de la sesión, que si tiene algún problema con ello puede buscar a alguien más que haga el trabajo, pero que por ninguna maldita manera voy a regresar ahora —Jane resopló molesta por el drástico cambio de tema.

A la orden, jefa —casi podía imaginármela haciendo su típico saludo militar—. Y lamento haberte despertado.

—No hay problema, adiós y suerte con Jonathan —corté la llamada y apagué el móvil.

Volví a la habitación y me metí de nuevo a la cama, no pude contener mi sonrisa cuando el brazo de Edward rodeó mi cintura en un acto reflejo, soltó un suspiro entrecortado y murmuró entre sueños algo que no logré entender con mucha claridad, pero me pareció escucharlo decir mi nombre. Cerré los ojos, y pocos minutos después, me quedé dormida otra vez.

Iba de un lado a otro por la cocina, tarareando Welcome To The Jungle de Guns N' Roses que sonaba en ese momento en la radio mientras preparaba el desayuno. Puse la fruta que recién había cortado en dos platos y los llevé a la mesa, tomé el plato con las tostadas y también lo puse sobre la mesa; me acerqué a la nevera para buscar la leche, pero antes de que pudiera abrirla unos conocidos brazos rodearon mi cintura.

—Buenos días —murmuró rozando con sus labios el lóbulo de mi oreja.

—Buenos días —respondí girando el rostro lo suficiente para ver a Edward, atrapó mis labios en un beso que de casto tenía más bien poco y apoyé por completo la espalda en su pecho, entregándome sin reservas al beso.

La posición no era la más cómoda del mundo, así que sin romper el beso me giré enredando mis brazos en su cuello, una de sus manos subió lentamente por mi espalda hasta llegar a mi nuca enterrándose entre mi cabello, y solté un gemido que murió ahogado en sus labios cuando me apretó aún más contra su cuerpo. Poco a poco el beso fue bajando de intensidad hasta convertirse en unos suaves roces, Edward atrapó mi labio inferior entre sus dientes y tiró con suavidad de el antes de romper completamente el contacto.

Solté un tembloroso suspiro, no me aparté de él hasta que sentí que mis piernas dejaban de amenazar con doblarse y hacerme caer, abrí la nevera y tomé el envase de la leche.

—Tendremos que ir de compras, la nevera y la despensa están casi vacías —Edward sacó un par de vasos de la alacena y nos sentamos.

—Podemos ir después de desayunar —asentí y me llevé un trozo de fruta a la boca.

De forma distraída comencé a remover la fruta en mi plato, recordando la conversación de la noche pasada con Jane. Podía darme cuenta de que Edward se sentía físicamente atraído por mí, la forma en que me acariciaba y besaba eran un claro indicio de ello, pero lo que no lograba entender es el por qué evitada llegar más allá de eso.

¡Dios! Casi me hacía sentir como si fuéramos un par de virginales adolescentes, que están por descubrir su sexualidad y al último momento el pánico los hace echarse para atrás.

—¿Bella? —parpadeé saliendo de mis pensamientos cuando la mano de Edward se agitó frente a mis ojos—. ¿Estás bien? Parecía que estabas a kilómetros de distancia.

—No es nada importante —comí un par de trozos más de fruta—. Un contratiempo con el trabajo.

—¿Necesitas regresar a Nueva York? —me serví un poco de leche y tomé un sorbo.

—No, alguien más se hará cargo de resolverlo por mí —me apresuré a terminar mi desayuno y me puse en pie—. Yo preparé el desayuno y tú lavas los trastes sucios, es un trato justo. ¿No crees? Voy a cambiarme.

Antes de que pudiera protestar salí de la cocina, Edward me había dicho que nunca en sus veintiocho años había siquiera levantado un plato de la mesa, pero para todo hay una primera vez en la vida ¿no?

Cambié mi pijama por unos leggings negros, un suéter ancho de color marrón claro, que me llegaba a la mitad de los muslos y caía dejando uno de mis hombros al descubierto; até mi cabello en una desordenada coleta alta y me calcé una bailarinas. Era un atuendo cómodo y para nada sexy o elegante pero sólo íbamos al súper mercado, no a un importante evento de moda o una reunión de la alta sociedad.

Me apoyé en el marco de la puerta de la cocina, Edward aún seguía parado junto al fregador lavando los trastes sin dejar de mascullar algo que no alcanzaba a escuchar por la distancia. Enjuagó el último plato y antes de que lo dejara en el escurridor, se le resbaló de las manos cayendo al suelo hecho pedazos, maldijo y se agachó a recogerlos.

—¿Deberíamos reponerlo? —botó los trozos a la basura, se acercó a mí y me recorrió de pies a cabeza con la mirada.

—No, Eleazar y Carmen no lo echaran en falta cuando regresen —se encogió de hombros restándole importancia al tema—. ¿Estás lista? —asentí y juntos caminamos hasta el garaje.

Eleazar y Carmen habían sido muy amables en ofrecernos su casa, y además, dejando su coche a nuestra entera disposición.

No nos tomó más de media hora llegar al súper mercado, tomamos un carrito para la compra y comenzamos a buscar lo que llevaríamos. Me sería muy fácil acostumbrarme a esto, recorrer los pasillos del súper mercado acorralada entre los brazos de Edward y el carrito, que apoyara la barbilla en mi hombro cuando me tardaba más de la cuenta revisando las estanterías en busca de algún producto, o que metiera algo al carrito cuando creía que no lo estaba viendo, tal como lo haría un niño pequeño.

Una hora después estábamos caminando hacia el área de cajas, me detuve en seco al recordar que nos faltaba el suavizante de telas, fui a buscarlo y Edward se quedó haciendo fila para pagar. Tomé el primer bote de suavizante que vi y me dispuse a regresar, más sin embargo una voz vagamente familiar me hizo detener en seco.

—¿Isabella Swan? —giré la cabeza en dirección a donde provenía la sorprendida voz y casi me desmayo al ver de quién se trataba—. Pero mírate, estás hermosa. ¿Qué haces en Colorado? —se acercó a mí y me besó en ambas mejillas.

—Estoy de vacaciones ¿y tú?

—Vivo aquí, acabo de mudarme por trabajo hace un par de meses —y para mi mala suerte teníamos que encontrarnos, ¡diablos! Tengo que irme antes de que a Edward se le ocurra venir a buscarme; pensé nerviosa.

—Riley, fue genial verte pero ya tengo que irme y...

—Espera —atrapó mi muñeca con suavidad impidiendo que me alejara—, ven conmigo a tomar algo. Hace años desde la última vez que nos vimos y me gustaría charlar contigo.

—Lo siento mucho Riley, pero no puedo —me solté de su agarré y frunció el ceño—. Mi prometido está esperándome en la caja.

—¿Tu prometido? —asentí y le mostré mi anillo de compromiso—. ¿Y, quién es el afortunado?

—Edward Cullen —soltó una sonora carcajada y me dio una mirada llena de diversión.

—Esa fue una excelente broma, Bella. Muy buena en verdad. Si no quieres decirme quién es el tipo con que vas a casarte, está bien, pero no tenías que inventar algo tan absurdo como eso.

—No es broma, y tampoco estoy inventando nada Riley. Voy a casarme con Edward en poco más de un mes.

—¿En serio Bella? ¿Vas a casarte con el Nerdo Cullen? —apreté con fuerza la mandíbula, luchando contra las ganas de borrar la sonrisa de su rostro a bofetadas—. ¿Sabes? Siempre creí que él y la loca de Gianna terminarían juntos, eran la espantosa pareja perfecta.

Abrí la boca dispuesta a decirle un par de cosas, pero las palabras se atoraron en mi garganta y un escalofrío recorrió mi cuerpo, al ver a un tenso y enfadado Edward parado detrás de Riley.

—¿Bella, encontraste lo que buscabas? —Riley abrió los ojos de forma cómica cuando vio a Edward, y si el momento no hubiese sido tan tenso, me hubiera reído de su expresión.

—Sí, vamos —al pasar a su lado, tomó mi mano con fuerza y tiró de mí llevándome casi corriendo por el pasillo rumbo a la caja.

Durante el trayecto de regreso Edward no dijo ni una sola palabra, tenía el ceño fruncido y todavía seguía molesto, la forma en que aferraba el volante del coche como si quisiera romperlo en dos era una clara e innegable señal. En cuanto llegamos se bajó del coche y sacó las bolsas de la compra de la cajuela, abrí la puerta de la casa y pasó por mi lado sin siquiera darme una mirada.

—¿Qué diablos pasa contigo, Edward? —le pregunté yendo detrás de él hacia la cocina.

No me respondió y dejó las bolsas sobre la mesa, antes de que pudiera salir huyendo de la cocina, me planté frente a la puerta bloqueándole el paso.

—Estás así por nuestro encuentro con Riley, ¿verdad? —su tensión aumentó, si eso era posible, y la rabia brillo en sus ojos.

—Muévete —siseó amenazante y, a pesar de que me dio algo de miedo al ver la expresión furiosa en su rostro, no lo hice.

—Edward, por favor, hablemos sobre esto.

—Bien, si quieres hablar entonces comienza por decirme una cosa: ¿por qué formaste parte del grupo que hizo de mi vida una mierda durante tres malditos años? —cerré los ojos y respiré profundo, había llegado el momento y no podía dar marcha atrás—. ¡Con un demonio, responde!

—Porque quería me notarás, que te dieras cuenta de que existía —respondí con un bajo susurro evitando hacer contacto visual con él.

—No me jodas Bella, ¿en verdad piensas que voy a creer esa mierda? —sus manos permanecían cerradas en apretados puños a sus costados, sin apartar la mirada de mí y poniéndome mucho más nerviosa de lo que ya estaba, dio un par de pasos alejándose y sentí el impulso de salir corriendo—. ¿Tienes al menos una mínima idea del infierno que Riley, Tia, Benjamín y tú nos hicieron vivir a Gianna y a mí?

—Yo sé muy bien lo que es vivir en el infierno, Edward —mis lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas y no hice nada por tratar de contenerlas—. ¿Sabes? Tal vez suene demasiado trillado y cliché, pero el primer día de clases me enamoré de un chico nada más verlo —abrió la boca con la intención de decir algo pero no le permití hacerlo—. No, déjame hablar y después puedes decir lo que te venga en gana.

Debía decirle todo sin interrupciones, o de lo contrario, no tendría el valor de hablar y necesitaba de una vez por todas cerrar ése espantoso capítulo de mi vida, para así poder encontrar un poco paz; me dio un brusco asentimiento y tomé una profunda respiración antes de continuar.

—Él fue lo primero que vi cuando aquella mañana entré al aula, estaba hablando con la chica sentada a su lado y una tímida sonrisa bailada en su rostro. Pasé días observándolo, sintiéndome como una maldita acosadora pero no me importaba, lo único en lo que podía pensar era en si sus cabellos cobrizos se sentirían tan suaves entre mis dedos como parecían —su ceño se frunció al no comprender mis palabras pero no dijo nada, algo que internamente agradecí—. Sé que cometí un error, debí ser valiente y acercarme a él para decirle que estaba enamorada de él desde el primer momento en que lo vi, más sin embargo busqué la forma equivocada de llamar su atención y lo lastimé.

—Esto es... es... ¡Maldición! —tiró de sus cabellos con frustración y comenzó a caminar de un lado a otro por la cocina, como una fiera enjaulada—. ¿Cómo puedes si quiera atreverte a inventar algo así?

—No es un invento... es la verdad. Lo lamento tanto Edward... pero yo te amaba y no... no me atrevía a decírtelo... y Gianna... ella... —cerré la boca deteniendo mis tontos balbuceos al darme cuenta de lo que estaba por decir.

—¿Gianna qué? ¡Maldita sea, no te quedes callada y termina lo que ibas a decir! —se acercó a mí y me sujetó con fuerza por los brazos, sacudiéndome un par de veces.

Gianna sí se había dado cuenta de mi interés hacia Edward, un día me abordó en un desierto pasillo y me dijo que ella era la novia de Edward, me exigió que me mantuviera alejada y me acusó de querer jugar con él. Después de esa charla estaba dolida, herida y celosa, una muy mala y explosiva combinación de sentimientos; escuché sin querer una charla entre Benjamín, Tia y Riley cuando planeaban una broma para Edward y Gianna, me acerqué a ellos y el resto fue historia.

Un par de meses después me enteré de que Gianna me había visto la cara de idiota, que ella sí estaba enamorada de Edward pero él solamente la veía como a una buena amiga. Cuando descubrí la verdad ya era tarde para arrepentimientos, al menos eso pensaba yo en ese momento, así que seguí a lado de mis amigos; prefería que me viera con odio a que me ignorara por completo.

—Suéltame, por favor Edward me estás lastimando.

—No, no hasta que me digas ¿qué con Gianna? —ella fue su única amiga y no podía decirle la verdad, al menos no ahora, estando tan molesto no me creería. Lo mejor era esperar a que se calmara un poco.

—Nada, por favor suéltame.

—¡Dímelo! —me exigió enterrando con más fuerza sus dedos en la sensible carne mis brazos, las mangas largas de mi suéter me protegían un poco, pero no lo suficiente como para no sentir el punzante dolor, e incluso estaba segura de que me dejaría algunos moratones en la piel.

—Me dijo que tú y ella eran novios, y me exigió mantenerme alejada de ti.

—Ella era mi mejor amiga, siempre la vi como a una hermana.

—¡Pero yo no la sabía! —grité sintiéndome desesperada—. Creí en sus palabras y eso me llevó a aliarme con Riley y sus amigos.

—¡Maldición Isabella! No quieras hacerla responsable de la mierda que tú y tus amigos hicieron, no voy a permitir que la insultes de esa manera —sus ojos se habían convertido en dos fríos pozos de hielo y respiraba con dificultad.

—No he querido decir eso, yo... —con un brusco movimiento me hizo a un lado soltándome, estuve a punto de caerme pero logré mantener el equilibrio y evitar dar de bruces contra el suelo.

Caminó fuera de la cocina y aunque mi instinto de supervivencia me decía que lo dejara irse solo para que se tranquilizara, le ignoré por completo y fui tras él.

—Edward, por favor espera. ¡Con un demonio, detente! —salió de la casa cerrando con fuerza la puerta, tanto que creí la echaría abajo.

Quería gritar, tirar o romper algo para aplacar el dolor, la rabia y el miedo que sentía desgarrarme por dentro, pero no lo hice; apoyé la espalda en la pared, me deslicé hasta sentarme en el suelo y seguí llorando.

¿Cómo había cambiado todo en tan sólo unos malditos minutos? Esta vez no sería como la discusión que Edward y yo tuvimos en Florida a causa de Victoria, esta vez podía estar segura de que todo había llegado a su fin y no sabía si iba a poder soportarlo, no después de los maravillosos días que había pasado a su lado.

Continuará...


¡Hola! Aquí les dejo el nuevo capítulo y espero que les gustara, o al menos no lo odiaran. ¿Qué opinan, será que ahora sí se termino la relación entre Edward y Bella? Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo viernes!