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El dolor desapareció casi por completo tras una hora de larga agonía, entonces pudo moverse lo suficiente para comer de la bandeja que Jordan le había traído. Normalmente se habría negado a comer por orgullo, pero se encontraba demasiado hambriento e intuía que su próxima batalla demandaría un gran esfuerzo físico. Nunca se había enfrentado a nadie en una pelea, probablemente moriría, sin embargo su muerte sería segura si no se alimentaba y calentaba sus músculos.
No quería participar de esa locura, no quería que Jordan se hiciera rico a costa de un evento tan cruel, pero tampoco quería morir, apenas comenzaba a explorar el mundo, apenas comenzaba a conocer a la raza humana, quería volver a ver a Castiel, a su padre, a Bobby y a su hermano, quería disfrutar una vez más del aire libre, conocer la playa y la nieve, aún quedaba mucho por hacer, no estaba listo para morir y estaba dispuesto a hacer lo que estuviese a su alcance para sobrevivir, aunque tuviera que asesinar para lograrlo.
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Llegada la hora, los pasos de Jordan hicieron eco en el desolado pasillo y el corazón de Dean saltó hasta su garganta, su cuerpo comenzó a temblar descontroladamente por el miedo, sin embargo reunió todo el coraje que guardaba dentro para parecer tranquilo y desafiante.
El hombre abrió la puerta de la jaula con un chirrido ensordecedor y con un ademán le ordenó que saliera. Dean observaba de cerca cada movimiento de Jordan, en busca de una oportunidad para atacar sin permitirle activar aquel botón destinando a causarle tanto dolor, pero Jordan siempre estaba alerta y al haber sido entrenado como un cazador era demasiado hábil.
Jordan lo arrastró a lo largo del pasillo, caminando justo tras su espalda, estudiando todos sus movimientos, hasta que se detuvieron en lo que parecía ser un viejo coliseo. Había decenas de personas observando desde las gradas, estudiando su cuerpo desnudo y gritando palabras desagradables tales como "debilucho" "niñita" o "maricón" casi todos eran hombres mayores de constitución fuerte y apariencia sucia y todo ello lo hacía sentir expuesto y vulnerable, como si estuviese a un paso de una muy vergonzosa ejecución.
Del el otro lado del coliseo, emergió otro cazador empujando a otro hombre desnudo y algunos insultos y ofensas fueron gritados desde las gradas, sin embargo también obtuvo palabras de aliento como "más te vale ganar" todo apuntaba a que los cazadores apostaban por el otro… y no era de extrañar, ya que el licántropo parecía ser mucho mayor y mucho más experimentado que Dean; tal vez tenía unos 40 o 45 años, era de su misma estatura, sin embargo su cuerpo estaba mucho mejor construido con músculos grandes y firmes, sólo algunos cabellos plateados y algunas arrugas superficiales delataban su edad. Por lo menos Dean tenía la juventud de su lado, pero por lo demás no creía tener oportunidad de vencerlo.
Los cazadores presentaron a sus "mascotas" mencionando sus nombres, su peso, estatura y cómo habían logrado cazarlos. Jordan mintió un poco al respecto, queriendo verse ante todos como un cazador hábil y fuerte y de paso hacer ver a Dean como un licántropo más fuerte y aterrador, aunque ahora mismo el miedo en sus ojos verdes debía ser demasiado evidente. El nombre del otro licántropo era Dorian, superaba a Dean en peso aunque no en estatura y por supuesto había sido mucho más difícil de cazar que Dean. No había miedo en su mirada, sólo una terrible furia hacia los cazadores en las gradas.
Se les ordenó transformarse y dar inicio a la pelea, Dean sintió que el temblor en su cuerpo aumentaba al doble, mientras el otro licántropo lo miraba con simpatía, no parecía ser un mal hombre y desde luego, no quería matarlo, aunque tampoco creía que pudiese hacerlo. Dorian fue el primero en transformarse revelando la imagen majestuosa de un lobo negro con grandes y brillantes ojos azules, su cuerpo era grande, voluminoso e imponente y su pelaje abundante le hacía ver mucho más grande de lo que era en realidad. Dean se transformó también y ambos comenzaron a dar vueltas alrededor del campo de batalla, mirándose a los ojos, esperando el mejor momento para atacar.
Los gritos de los cazadores eran desesperantes, pero no más que el ruido de su corazón latiendo con fuerza dentro de su pecho. No se atrevía a dar el primer paso, sin embargo estaba atento para esquivar a Dorian en cuanto decidiera atacar.
- Hey, Chico – de pronto una voz grave y áspera resonó dentro de su cabeza, miró a todos lados pero no había nadie cerca de él, probablemente se había vuelto loco.
- Soy yo, Dorian, tu oponente, no te has vuelto loco – aquella voz volvió a repetirse dentro de su cabeza - ¿nunca antes habías visto a otro licántropo?
- Dean miró al otro hombre con los ojos muy abiertos, no tenía idea de cómo había logrado hablar dentro de su mente. Quería responderle pero no sabía si el otro podría escucharlo.
- Puedo escucharte – dijo Dorian en respuesta – sólo tienes que pensar en algo y yo te escucharé, inténtalo.
- ¿Sólo piensan mirarse todo el día? ¡Hagan algo, idiotas! – esta vez fue la voz del cazador que poseía a Dorian la que gritó.
- Muévete a la derecha – le indicó Dorian en su mente y antes de que Dean tuviese tiempo de preguntarle a qué se refería, el lobo negro se abalanzó sobre él. Dean se movió a la derecha tal como se le había indicado y así logró esquivarlo. Sin embargo, no podía comprender por qué Dorian le había advertido, pues pensaba que el objetivo de la pelea era matar a su oponente ¿entonces para qué advertirle de sus movimientos?
- No sabía que los licántropos podían hacer eso – comentó Dean en su mente – nunca había tenido la oportunidad de estar frente a alguien como yo, no desde que era un bebé.
- Es nuestra forma de comunicarnos – respondió el otro – los cazadores tampoco lo saben y esa es nuestra ventaja. Ahora atácame.
Dean se abalanzó sobre el otro y fingió querer morder su garganta, pero el lobo lo esquivó y lo empujó con su parte trasera, haciéndole perder el equilibrio, sin embargo no se lastimó, se recuperó de inmediato y continuaron dando vueltas, mirándose el uno al otro.
- ¿Por qué no me matas? – preguntó Dean confundido - ¿por qué me estás ayudando?
- No quiero matarte – admitió el otro.
- Sin embargo uno de nosotros debe morir.
Esta vez sin avisar, Dorian se lanzó sobre Dean y mordió su pata delantera con tal fuerza que un chillido agudo escapó de su garganta, en defensa Dean mordió la oreja del otro rasgando la punta levemente, haciendo que la sangre comenzara a emanar de la herida y el olor cobrizo inundara sus fosas nasales, pero el lobo mayor apenas gimió, se apartó de nuevo para continuar acechándolo.
- Lo siento por eso – dijo Dorian – tenía que parecer real. Mira, escuché tus pensamientos; puedo ver que eres demasiado joven y nunca has explorado el mundo porque te han mantenido cautivo, sé que tienes una familia y una pareja… mucho más de lo que tengo yo. Escucha, he vivido demasiado tiempo, he enterrado a todos los que me importan, creo que es justo que tú sobrevivas esta pelea.
El corazón de Dean se encogió ante las palabras del lobo, era difícil creer que estuviese dispuesto a sacrificar su vida para dejarle vivir ¿por qué arriesgaría tanto por él? un completo desconocido – oye, suenas como un anciano – intentó bromear, buscando ocultar su desconfianza.
- Tengo 150 años, tal vez no lo sepas, pero los licántropos vivimos alrededor de dos siglos, a veces más. Tú sólo has vivido 20 años y no puedo matar a un niño. He visto todo lo que el mundo tiene para ofrecer, tuve a mi familia… ya es tiempo de que todo termine.
- ¿Y qué pasa si nos rehusamos a pelear? – propuso Dean.
- Entonces nos matarán a ambos – el lobo saltó de nuevo y mordió la cola de Dean, lastimándolo, pero sin dejar heridas letales - ahora mátame.
Pero Dean se rehusó, entonces el lobo volvió a apartarse. Los cazadores abucheaban y gritaban insultos, también Jordan, pero Dean no quería atacar.
- No quiero matarte – suplicó Dean – nunca he matado a nadie, a nada.
- Siempre hay una primera vez. Te lo estoy pidiendo, te estoy dando mi consentimiento, sé que quieres vivir.
- ¡No puedo! - quería vivir más que nada, ver a su familia, ver a Castiel, pero a pesar de haber tenido antes la determinación, ahora no quería matar, no cuando Dorian demostraba ser una buena persona, no mientras Dorian no mereciera morir.
- Tienes que hacerlo. Escucha, voy a intentar morder tu cuello, vas a esquivarme y luego vas a morder mi garganta, justo debajo de mi oreja, quiero que lo hagas con fuerza ¿entendido?
- Lo siento – fue todo lo que pudo decir Dean, quería gritar, quería llorar, esconderse hasta que todo hubiera acabado, pero tenía que actuar, tenía que matar si quería sobrevivir.
- No te disculpes, sólo has lo que te digo y sobrevive, no hagas que me sacrifique en vano.
Tal como lo habían acordado, el lobo saltó sobre Dean y mordió su cuello, fue doloroso, había sangre emanando de la herida, pero no fue lo suficientemente fuerte para matarlo, entonces la adrenalina invadió el cuerpo de Dean, quien se retorció bajo la mordida de Dorian y con un ágil movimiento clavó sus colmillos con fuerza en su garganta.
El licántropo aulló de dolor antes de caer al suelo, montones de sangre brotaban de la herida formando un enorme charco escarlata a su alrededor y pronto la luz comenzó a apagarse lentamente de sus ojos azules. El sabor cobrizo de la sangre en la boca de Dean le producían náuseas y quiso vomitar justo allí en frente de todos, pero logró contenerse para correr al lado de su compañero caído y presenciar sus últimos momentos.
- Oh Dios – pensó Dean – lo siento tanto, no quería…
- Lo sé – Habló el otro en su mente mientras su vida se desvanecía – estoy feliz de que lo hayas hecho. Sin rencores, amigo.
Entonces sus ojos azules se tornaron grises y su cuerpo regresó a su forma humana, desnudo, cubierto de sangre, con su largo cabello enmarañado. Anunciaron el ganador de la batalla y los cazadores comenzaron a gritar, algunos celebraban, otros abucheaban, pero Dean apenas era consciente, todo lo que podía hacer era observar el cuerpo sin vida en el suelo, del hombre que acababa de dar su vida por él, el hombre a quien había asesinado.
Un fuerte golpe en la parte posterior de su cuello lo despertó de su shock momentaneo – reacciona, los cazadores se harán cargo del cadáver, ahora regresa a tu forma humana y vamos a atender tus heridas, aún quedan muchos más competidores a los que enfrentarte, pero puedes descansar por el resto del día.
Dean obedeció sin decir nada, se sentía agotado física y mentalmente, pero el dolor físico no era nada comparado con el dolor de su alma.
Una vez estuvieron de regreso en la jaula, Jordan revisó sus heridas. Había marcas de mordidas en su brazo derecho, su cuello, y uno de sus glúteos, probablemente por la mordida en su cola. La más profunda era la herida en su brazo, pero sanaría pronto, después de todo, los licántropos tenían la capacidad de sanar con rapidez.
Jordan desinfectó cuidadosamente sus heridas y las cubrió con un vendaje, al parecer ahora que Dean le había ayudado a ganar dinero, comenzaba a preocuparse por su salud… al menos hasta el final de la competencia.
- Tuviste mucha suerte allá afuera – murmuró Jordan – cuando te traje aquí, nunca pensé que pasarías la primera batalla, pero he ganado una buena suma de dinero gracias a ti.
Sin embargo Dean no respondió, continuó con la mirada perdida en algún lugar del suelo, como si no estuviera allí en absoluto.
- Deberías acostumbrarte a esto, no puedes deprimirte cada vez que ganes una batalla, tienes que disfrutarlo y sólo así ganaremos – continuó Jordan – yo ganaré dinero y tú conservarás tu vida. Ahora descansa, te traeré comida más tarde y como has sido un buen chico, tal vez te deje una manta.
Cuando estuvo seguro de que Jordan se había marchado, Dean se acurrucó en el suelo y se permitió llorar y una vez que comenzó no pudo parar, las lágrimas descendían sin control por sus mejillas, helando aún más su cuerpo. Desde pequeño le había jurado a su padre y se había jurado a sí mismo que nunca mataría a nadie, ni nada, ni siquiera un animal, nunca se comportaría como un monstruo… pero ahora acababa de matar a un hombre, a un hombre que no lo merecía; sabía que no había tenido otra opción, sabía que Dorian así lo había querido, pero la sensación de destrozar una vida no había sido para nada agradable. No quería tener que pasar por eso una vez más, pero tampoco quería morir, quería ver a Castiel y a su familia una vez más… se preguntaba qué estarían haciendo ahora mismo, si quizás lo estarían buscando o si aún no se enteraban de su desaparición.
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Se las habían arreglado para entrar en el apartamento de Jordan y ahora todos estudiaban cada rincón de la casa en busca de cualquier indicio de que aquel hombre había secuestrado a Dean y si tenían suerte podrían averiguar en qué lugar lo mantenía oculto… si es que aún lo tenía con vida.
Al principio no hallaron nada sospechoso, sólo alcohol y desorden, lo mismo que hallarían en la habitación de cualquier joven universitario, pero tras largas horas de búsqueda, oculto debajo del colchón, John logró hallar el diario del chico, pero no era un diario ordinario, era un diario de cazador, justo como el que él y Bobby guardaban. En él narraba cada una de sus hazañas desde que comenzó a cazar a la edad de 16 años.
En las páginas relataba historias sobre Wendigos, vampiros y fantasmas, pero a lo que más había dedicado tiempo y esfuerzo, era a los licántropos. Había cazado alrededor de 15, pensó que quizás 16 con Dean y enlistaba cada uno de sus puntos débiles, sus habilidades y características. John había estudiado ya aquellas características, aunque debía admitir que desconocía algunas.
Describía a los licántropos como criaturas del bosque que solían vivir en manada en lugares alejados a la civilización, aunque algunos de ellos lograban adaptarse a la ciudad y ocultarse entre las personas comunes. Eran criaturas tranquilas que pocas veces solían causar problemas, siempre y cuando su territorio o sus vidas no se vieran amenazadas ¿entonces por qué razón Jordan habría cazado a tantos? Tal vez al igual que Dean, los demás licántropos eran inocentes.
Solían cazar animales para alimentarse de su carne, consideraban alimentarse de carne humana como una práctica de canibalismo que muy pocas manadas aceptaban, usaban siempre sus dientes y su cuerpo pesado para atacar, como cualquier lobo común. Cualquier arma podría herirlos, sin embargo su cuerpo podía sanar mucho más rápido que el de un humano, no obstante eran especialmente vulnerables a la plata, una herida causada por un arma de plata tardaría mucho más tiempo en sanar si es que sobrevivían a ella.
John cerró el cuadernillo bruscamente, definitivamente aquel hombre sabía cómo herir a un licántropo y le preocupaba que Dean ya hubiese muerto bajo sus manos….Si tan sólo lo hubiera dejado salir de vez en cuando, si tan sólo lo hubiera criado de una manera diferente, si nunca le hubiese disparado, entonces nada de esto habría ocurrido, Dean estaría bien y a salvo, sonriendo nuevamente con su sonrisa infantil y sus ojos brillantes de alegría.
- ¿Encontraste algo? – preguntó Sam acercándose a su padre. John le enseñó el diario y dejó que Sam lo hojeara mientras Castiel se acercaba a ellos con curiosidad.
- Su pasatiempo favorito es cazar licántropos – explicó John y Castiel se estremeció.
- Puedo ver eso – respondió Sam - ¿Pero por qué los licántropos? Ha dicho que no son muy comunes y casi nunca suelen causar problemas ¿por qué un cazador se obsesionaría con ellos?
- Tal vez porque son más fáciles de cazar que otras criaturas.
- Ese tipo de cazadores siempre buscan situaciones extremas, algo que les produzca adrenalina, no trabajos fáciles - sugirió Bobby – tal vez tenga alguna razón para cazarlos, quizás por venganza.
- O tal vez los quiera para algo – propuso Sam – para venderlos al mercado negro o hacer abrigos con su piel – Castiel volvió a estremecerse – y si ese es el caso, entonces aún tenemos posibilidades de hallar a Dean con vida.
- Por su bien, eso espero – gruñó John – sin embargo tenemos que apresurarnos a encontrarlo antes de que sea demasiado tarde.
Sam volvió a hojear el diario, convencido de que cualquier pista del lugar al que su hermano había sido llevado debería estar registrada allí, después de todo ese era el objeto más preciado de un cazador con experiencia, cada monstruo, cada lugar, cada fecha, cada asunto importante debía estar plasmado allí.
- ¡Bingo! – exclamó entusiasmado llamando la atención de Castiel y los demás cazadores.
- ¿Lo encontraste? ¿descubriste en dónde lo tienen? – preguntó Castiel ilusionado, con los ojos amplios y brillantes de esperanza.
- No exactamente, pero quizás tenga una pista ¿ves este número? – preguntó señalando el respaldo del cuaderno, una pequeña inscripción apenas legible – creo que pueden ser coordenadas.
Para Castiel eran solo números, podría ser cualquier cosa, un dominio, un número telefónico, una identificación, pero confiaba en la inteligencia de Sam, el chico era demasiado listo para su edad y tenía experiencia en esas cosas.
- Bien pensado, Sammy – elogió su padre revolviendo su cabello con cariño, olvidándose del enojo que antes sentía por haberle mentido acerca de Dean – ahora debemos investigar si tienes razón a dónde nos llevaría y si es posible llegar por tierra.
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De alguna manera Dean había logrado quedarse dormido después de haber llorado durante horas, agotado por la batalla, los golpes y las descargas eléctricas. Despertó de nuevo por el sonido de los pasos de Jordan, escuchó la jaula abrirse y el olor de la comida inundó sus fosas nasales, pero no tenía hambre, todo lo que quería era dormir y despertar en su cama al lado de Castiel… o al menos de vuelta en su habitación en casa de su padre.
- Despierta, Dean, te he traído la cena.
- No tengo hambre – murmuró sin abrir los ojos.
- Tienes que comer o de lo contrario van a pulverizarte en la pelea de mañana.
- No me importa.
- ¿Acaso quieres morir? – Dean se encogió de hombros – pensé que querrías ver a Castiel de nuevo.
- Los ojos de Dean se abrieron ante la mención del nombre de Cas y fulminó a Jordan con la mirada
- Mira – continuó Jordan – te prometo que si logras sobrevivir, dejaré que te vayas, sólo quiero que me ayudes a ganar dinero, me haría rico si lograras llegar hasta el final. Pero sólo lograrás ganar si te alimentas bien.
Dean lo miró con recelo, sin embargo asintió, quería ver a Castiel con desesperación, quería regresar a su vida y no podía permitir que el sacrificio de Dorian hubiese sido en vano. Así que recibió la comida y se obligó a comer hasta la última migaja.
- Así me gusta – elogió Jordan. Más pisadas se escucharon resonar en el pasillo alertando a Dean de la llegada de otras personas, entonces Jordan volvió a hablar – escucha, Dean, quiero que conozcas a alguien más, ella es Ana y te hará compañía por esta noche.
Los ojos de Dean se encontraron con los de la chica, una pequeña pelirroja de cabello corto y mirada asustada, tan desnuda como Dean. Fue empujada bruscamente dentro de su jaula y un gruñido animal salió de su garganta al caer al suelo, mirando al cazador que ahora era su dueño, de una manera amenazante. Se preguntaba por qué los habrían puesto juntos cuando había tantas jaulas vacías.
- Pon atención, Dean-o, hay algo que quiero que hagas por nosotros – habló Jordan con su estúpida sonrisa torcida – como sabrás, los licántropos no son criaturas muy fáciles de hallar, creemos que no son muy comunes por estos lugares, sin embargo hay personas dispuestas a pagar grandes sumas de dinero por obtener alguno, mucha más de la que obtendría de este evento si resultáramos ganadores, por lo tanto mi amigo y yo, hemos elegido nuestras mejores mascotas, sanas y hermosas, para concebir un cachorro.
Ana miró horrorizada y jadeó con sorpresa, cubriendo su boca con sus manos, pero Dean no lograba comprender lo que Jordan le pedía que hiciera.
- ¿Un cachorro? – preguntó confundido - ¿para qué querrían uno? Además ¿qué podría hacer yo?
- En realidad desconozco los fines, tal vez quieran entrenarlos, coleccionarlos, hacer experimentos con ellos… no me importa, lo único que me importa es el pago, así que lo que te estoy pidiendo es que seas un buen chico y tengas sexo con Ana, necesito que de su vientre nazca un cachorro fuerte y hermoso… ya puedo imaginarlo con su cabello y con tus pecas, pagarán millones por tenerlo.
- ¿Y si me niego? – preguntó Dean.
- No puedo matarte a ti ya que te necesito para ganar dinero, así que mataré a Castiel – dijo cruelmente y sin vacilar.
- ¡Maldito hijo de puta! – en segundos Dean estaba gritando histérico, golpeando los barrotes de su prisión, deseando poder alcanzar a Jordan y desgarrar su cuello – prometiste que lo mantendrías fuera de todo esto, dijiste que no lo matarías.
- Y no lo haré, pero mi amigo aquí... – señaló al enorme cazador que poseía a Ana – a él no le importaría matar a un ser humano, de hecho, ya lo ha hecho antes.
- Te mataré si lo tocas, ya he matado también una vez, no me importaría hacerlo una segunda vez si puedo ver tu horrenda cara hecha pedazos – amenazó Dean con la voz más fría y oscura que Jordan jamás había escuchado en él – y te juró que tu muerte será muy lenta y muy dolorosa.
- No te tengo miedo – respondió Jordan, aunque era mentira, pues aquella amenaza había logrado hacer que sus vellos se pusieran de punta.
- Lo siento, pero ese tipo Castiel no significa nada para mí, es mi vientre el que van a utilizar ¿qué sucederá si yo me niego? – Ana habló por primera vez con un tono desafiante.
- Si accedes, te daré la libertad – propuso el otro cazador – y si te niegas, entonces te mataré, tengo otros lobos que podrán enfrentarse en batalla, no te necesito para eso, después de todo eres demasiado flaca, no sobrevivirías a la primera pelea… aunque probablemente Dean aquí pueda tomarte a la fuerza.
- Lo dudo – dijo ella, burlándose de la apariencia de Dean, que aunque no era frágil, podía ver su juventud y la inocencia en sus ojos, no era la mirada de un asesino, ni un violador, aunque debía suponer que por aquel Castiel que tanto mencionaban, sería capaz de hacer cualquier cosa.
- Lo haremos – respondió Dean – lo haremos por voluntad, sólo danos algo de tiempo y privacidad.
- Lo siento, chico, no tenemos tiempo.
- Sólo unas horas.
- Tendrán toda la noche para hacerlo – respondió Jordan – hay cámaras en este lugar, así que no intenten mentirnos, ahora, la noche es de ustedes.
Ambos cazadores se retiraron, dejando a los licántropos en soledad. Ninguno de los dos quería hacer nada, pero estaban obligados a hacerlo, no tenían más opción, todo sería por el bien de Castiel y de ser posible, por su preciada libertad.
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Muchas gracias a DCFE por comentar, un abrazo ;)
