Cuando llegó la hora, Ana se despidió de él con un beso en la mejilla, deseándole buena suerte y recordándole que allí estaría esperándolo. Dean la abrazó con fuerza, intentando tranquilizarse con el aroma del champú que aún podía oler en su cabello, incluso después de tanto tiempo sin una ducha y no pudo evitar pensar que tal vez aquel sería el último olor agradable que percibiría y por eso quería guardarlo en su memoria.
Ahora se hallaba de pie en medio del coliseo, escuchando los gritos de los cazadores, algunos abucheándolo por su apariencia y otros animándolo, tal vez habían sido testigos de su pelea anterior, la que ante los ojos de los espectadores había sido una victoria.
Esta vez su oponente era una mujer, una mujer alta, muy delgada, de cabello rubio perfecto y ojos claros, podría decir que era bastante bonita, lo cual al parecer era una característica de su raza. La chica apenas parecía mayor que él y definitivamente no aparentaba ser más fuerte, eso explicaba por qué esta vez los cazadores habían decidido animarlo en lugar de gritar insultos. Sin embargo Dean no podía darse el lujo de confiarse por la apariencia de la chica, pues probablemente ella se habría criado en el bosque, cazando o siendo entrenada para matar, quizás por su experiencia podría vencerlo fácilmente.
El nombre de la chica era Ruby, pero con su mirada asesina, no podría encontrar nada dulce al pronunciarlo. El peso de ella era casi la mitad del suyo y su estatura, estaba muy por debajo de la suya. Los cazadores se reían de ella, todos apostaban por Dean, pero Dean no quería hacerle daño en caso de resultar más fuerte, ella no merecía morir así, sola y humillada… el problema era que Dean tampoco quería morir, mucho menos de esa manera.
Se les ordenó transformarse y pronto Dean se encontró de frente con un lobo similar a él,más pequeño y de pelaje menos abundante, tal vez un poco más claro, aunque de seguro sería confuso para quienes observaran desde las gradas.
La chica gruñó enseñándole los dientes, mirándolo con ojos asesinos, buscando el mejor momento para atacar.
- No quiero hacerte daño – intentó calmarla Dean, hablando en su mente justo como había aprendido de su anterior contrincante.
- Como si pudieras – respondió ella – este juego se trata de matar o morir, tú elige.
Entonces se abalanzó sobre él, sus colmillos buscaban su garganta, pero Dean logró esquivarla.
- Podemos idear un plan, ellos no saben que podemos comunicarnos – insistió Dean.
- No nos servirá de nada, si nos descubren nos matarán a ambos. Lo siento pero no quiero morir.
Sus colmillos se clavaron en la pata delantera de Dean, quien dejó escapar un aullido de dolor antes de retroceder y responder con otra fuerte mordida, rasgando la oreja de ella, simplemente con la intención de defenderse.
La chica no estaba dispuesta a negociar, Dean sabía que las palabras serían inútiles contra ella, no quería morir pero tampoco quería hacerle daño. Aun se preguntaba si lo correcto sería seguir el ejemplo de Dorian y sacrificar su vida con tal de no matar a alguien de su misma especie o asesinarla con tal de sobrevivir por aquellos que amaba.
La chica comenzó a correr en círculos alrededor de él, haciéndole sentir mareado, se movía tan rápido que apenas podía distinguir sus movimientos y tenía la certeza de que atacaría en el momento más inesperado. Los músculos aún lastimados de Dean le impedían moverse con tal agilidad, aún sentía dolor por las lesiones de su pelea anterior aunque estas habían sido mínimas. Se preguntó cómo Ruby habría logrado avanzar en la competencia sin salir herida, probablemente compensaba su escaso tamaño y masa corporal con astucia y agilidad. No podía permitirse subestimarla.
Mientras estaba perdido en sus pensamientos Ruby saltó sobre él, aterrizando sobre su espalda. Sus colmillos se clavaron dolorosamente en la pata trasera de Dean quien al intentar apartarse sólo consiguió que la piel se desgarrara. Los cazadores gritaban y abucheaban todos a la vez, sin embargo Dean, en medio de la niebla producida por el dolor, logró reconocer una voz que lo animaba.
- ¡Vamos, Dean, tú puedes! ¡tienes que ganar!
Fue la mención de su nombre la que llamó su atención y el hecho de que las voces sonaban demasiado familiares. Los hombres allí, solían tener voces graves y acentos toscos, pero aquellas eran las dulces voces juveniles de castiel y de su hermano, hablando con desesperación, gritando con todas sus fuerzas para hacerse oír entre la multitud, Dean jamás las confundiría, aunque ciertamente pensaba que estaría alucinando a causa del fuerte dolor de las mordidas en sus músculos y su piel desgarrada.
Pero entonces logró verlos, de pie en las gradas, saltando y gritando con desesperación, no podría confundir jamás la cabeza peluda de su hermano y el cabello oscuro y desordenado de Castiel. No parecían alucinaciones, se veían demasiado reales, incluso podía ver las lágrimas formarse en los ojos azules de Castiel; quería correr hasta allí y besar sus párpados antes de que las lágrimas cayeran, borrar la tristeza su rostro y cambiarla por una sonrisa brillante, también quería abrazar a su Sam, golpearlo por haber llegado hasta allí y meterse en problemas, para luego luego revolver su cabello con ternura. Quería más que nada en el mundo que fueran reales, que realmente estuvieran allí, pero a la vez quería que estuvieran a salvo y fuera de peligro… e iba a hacer hasta lo imposible para protegerlos.
Con entusiasmo renovado, se levantó del suelo y le enseñó a Ruby sus colmillos en señal de amenaza, no iba a permitir que lo asesinara brutalmente en frente de Castiel y de su hermano. La chica sólo rió en su mente, sin demostrar temor o compasión.
- Son tan lindos – se burló ella – me pregunto si tu hermano tiene las mismas inclinaciones que tú, porque no me molestaría esperar un par de años más mientras se hace mayor.
- No creo que seas su tipo, además va a odiarte si me lastimas.
- Pues lástima, porque tendrá que ver mientras destrozo tu garganta.
ooOoo
Ingresar al viejo coliseo no fue muy difícil una vez consiguieron la contraseña. El enorme guardia que custodiaba la entrada se había mostrado dudoso acerca de la edad de Sam, puesto que no permitirían el ingreso de menores, pero con su estatura no había sido muy difícil convencerlo de que acababa de cumplir la mayoría de edad. Los rasgos de Sam aún eran de cierta forma infantiles, pero su cuerpo alto, fuerte, de espalda ancha, lo hacían lucir un poco más como un adulto, lo cual en esta ocasión había sido una gran ventaja.
No estaban seguros de lo que se encontrarían allí hasta que entraron. Vieron las gradas llenas de decenas de cazadores, todos hablando en voz muy alta y haciendo apuestas; hablaban de un chico y una chica que se enfrentarían en batalla, pero no mencionaban nombres, sólo que aquel sería el segundo enfrentamiento y que ambos habían resultado inesperadamente vencedores en la pelea anterior, sin embargo todos parecían apostar por el chico, lo cual era natural, viniendo de un grupo de cazadores sexistas.
John y Bobby ordenaron a los chicos quedarse allí y averiguar de qué se trataba todo, mientras que ellos echaban un vistazo alrededor del lugar en busca de alguna pista de dónde podrían hallar a Dean y cómo podrían sacarlo, no obstante, procurarían mantenerse en contacto.
No había pasado mucho tiempo desde que se habían marchado, cuando los jóvenes de los que tanto hablaban los cazadores se presentaron ante ellos, completamente desnudos y expuestos al público, siendo empujados por un par de hombres vestidos con leñadoras y jeans desgastados, probablemente también cazadores. En ese instante el corazón de Castiel saltó hasta su garganta y Sam sintió una mezcla de alivio y horror al ver a su hermano desnudo y con su cuerpo lastimado, siendo tratado como un animal, pero aún con vida.
Castiel a su lado se levantó bruscamente, dispuesto a correr hasta Dean y golpear a los idiotas que lo sometían de tal manera, pero Sam logró agarrarlo del brazo antes de que diera el primer paso.
- ¡Espera, Castiel! – exclamó en voz baja para evitar llamar la atención – no seas imprudente, harás que nos maten a todos, a Dean incluido.
- Tenemos que detener esto, Sam, van a obligarlos a pelear como un par de perros callejeros.
- Sólo espera ¿quieres? Tenemos que tener un plan.
- ¡Pero no hay tiempo! Podría morir.
- Escucha, creo que Dean podrá lidiar con esa chica. Yo también quiero detener esto, quiero sacar a Dean de aquí más que nada, pero no podemos actuar impulsivamente y echarlo todo a perder.
Una lágrima de impotencia rodó por el rostro de Castiel, sin embargo asintió, debía reconocer que Sam tenía razón y estaba agradecido de que al menos uno de los dos fuese capaz de mantener la calma.
Castiel no fue consciente de lo que Sam y su padre hablaban a través del teléfono, sólo podía concentrarse en Dean, ahora en su forma animal, luchando desesperadamente por sobrevivir. Cada aullido, cada lamento de dolor, desgarraban su alma y gritar su nombre u ofrecerle palabras de aliento no era suficiente para hacerse oír por encima de la multitud, para que sus palabras llegaran a Dean.
Pero en algún momento del enfrentamiento, la pelea dejó de verse como una coreografía improvisada para convertirse en algo más inquietante y confuso a la vista; los lobos se unieron entre ellos en una masa de pelo dorado, colmillos y gruñidos, sus movimientos eran tan rápidos que apenas podían distinguirse y el parecido entre ambos animales no ayudaba en absoluto. Sólo podía ver que ahora había rojo mezclándose con el dorado y que tras una larga espera, uno de los animales cayó al suelo sin vida, pero Castiel no podía reconocer cuál era. Sabía que el oponente de Dean era más pequeño y de un pelaje ligeramente más claro, pero al verlos a ambos sucios, cubiertos de sangre y encogidos por el dolor, era difícil distinguirlos.
- No, no, no, por favor que esté bien – suplicó en voz baja, sin sentir la mano de Sam agarrando su hombro con fuerza, con el mismo miedo y la misma ansiedad que él sentía.
El corazón de Castiel se encogió lleno de miedo, miedo de haber perdido a Dean para siempre, estando tan cerca y sin poder hacer nada para salvarlo. Ya no tenía voz para gritar, sólo podía congelarse y temblar hasta que la incertidumbre terminara.
Entonces el lobo ganador se transformó y anunciaron el vencedor de la batalla. Allí en medio del coliseo estaba Dean, de pie, herido y cubierto de sangre, aunque no podía saber qué cantidad era exactamente suya. Pero lo más asombroso de todo era que Dean lo miraba, podía jurar que lo miraba directamente a los ojos, en algún momento de la batalla había logrado verlo y reconocerlo entre la multitud, sin embargo, la expresión en su rostro era inquietante; no había alivio, no había alegría, no había enojo… simplemente no había nada.
Castiel lo miró desconcertado, algo no estaba bien con Dean, había sobrevivido, pero no parecía sentir alivio o alegría por ello a pesar de los gritos de alabanza de los cazadores. De pronto, sin más, sus rodillas cedieron y cayó al suelo con los ojos entreabiertos, fijos en Castiel, no parpadeaba no se movía y Castiel temía que hubiese muerto. Al parecer, Jordan, aquella presencia que había llegado a odiar con intensidad, también temió lo mismo, pues al instante corrió al lado de su "mascota" para comprobar sus signos vitales y Castiel sintió de nuevo el alivio cuando anunció que seguía con vida, que sus heridas serían tratadas y que estaría de regreso al campo de batalla en cuestión de pocos días, listo para una nueva victoria.
Vio con enojo como se alejaba con el cuerpo de Dean sobre su hombro, como si fuera mercancía sin valor y se marchó por el mismo pasillo por el cual había llegado, el camino por el que deberían seguir una vez que la multitud se dispersara.
- Tenemos que seguirlo – dijo Castiel con desesperación.
- Lo haremos, sólo espera un poco. Papá y Bobby buscarán una ruta de escape, de manera que logremos salir sin ser captados por las cámaras. Nos dio órdenes de no hacer nada mientras tanto, pero no lo haremos ¿verdad?
- No, tenemos que encontrar a Dean cuanto antes.
Sam sonrió y apretó de nuevo el hombro de Castiel – Y lo haremos, te lo aseguro, no saldremos de aquí sin él.
- Entonces qué estamos esperando – hizo ademán de seguir a Jordan, pero Sam lo detuvo.
- No podemos entrar allí mientras que ellos estén mirando, ten un poco de paciencia o de lo contrario no conseguiremos nada.
- ¿Entonces qué propones? – preguntó con impaciencia.
- Son cazadores, sé cómo entretenerlos, voy a llamar su atención entonces tú seguirás a Dean, te alcanzaré más tarde.
- Ten cuidado – Sam asintió y se alejó, caminando directo hacia la multitud.
Se preguntó qué tendría Sam en mente, pero aunque le preocupara no iba a detenerlo, no si eso le permitía salvar a Dean. Sus manos temblaban nerviosas e impacientes al ver el brazo de Sam chocar bruscamente con el de un hombre fornido pero mucho más bajo de estatura, al principio pensó que se había tratado de un accidente, pero pronto se dio cuenta de que hacía parte del plan.
- Fíjate por donde vas, enano, podría pisarte – dijo Sam, mirando al hombre más bajo con desprecio, como si se burlara de su estatura, algo que Sam jamás haría si no estuviese actuando.
Vio como el rostro del hombre enrojecía terriblemente hasta parecer casi fluorescente, efectivamente Sam había tocado una fibra sensible.
- ¿Y tú quién demonios te crees larguirucho? – el hombre se enfrentó a Sam, empujándolo e intentando intimidarlo aún con su baja estatura.
- Oye, un "lo siento" es todo lo que tienes que decir – continuó Sam, sin dejarse intimidar ni un poco por el otro hombre.
- No hablarás en serio, fuiste tú quien me golpeó y luego me insultó, si alguien aquí merece una disculpa soy yo.
- Oh ¿es verdad? Tal vez no te vi ya que eres tan pequeño – Sam dejó escapar una ruidosa carcajada la cual el cazador no pudo soportar al sentirse el objeto de burla. Asestó un golpe en el rostro de Sam, el cual por poco lo derriba, pero Sam en su lugar sólo pareció sorprendido y con la habilidad de un luchador profesional, le devolvió el golpe.
Castiel no tenía idea de dónde el chico habría aprendido a actuar tan bien ni a luchar de esa manera, pero poseía unos reflejos excelentes para esquivar los golpes y una fuerza y agilidad inimaginables para golpear al otro, aunque tal vez era su deseo por rescatar a Dean el que lo motivaba.
Algunos cazadores se acercaron para intentar separar la pelea, pero Sam, fingiendo estar iracundo, comenzó a insultar y a golpear también a quien intentara acercarse… por supuesto, el otro hombre siguió su ejemplo e hizo lo mismo que Sam, convirtiendo la lucha en una pelea grupal, en una masa confusa de puños y patadas, donde nadie sabía con certeza quien era su oponente y por qué razón peleaban. Los cazadores que no se habían unido a la pelea, se habían quedado cerca para observarlos atentos y sonrientes, burlándose de lo absurdo y ridículo de la situación, comentando entre ellos y riendo a carcajadas, sin embargo aún conservaban la suficiente sensatez para no inmiscuirse.
Al verlos a todos distraídos, Castiel vio la oportunidad perfecta para adentrarse en los pasillos sin que nadie más se diese cuenta, Tal como Sam le había indicado, pero no llegó muy lejos, se ocultó tras la entrada preocupado por lo que pudiese sucederle a Sam, después de todo era sólo un niño y por más fuerte y listo que fuera, aún estaba en desventaja al enfrentarse a tantos hombres a la vez, en especial si todos eran cazadores.
De pronto una mano pesada se posó sobre su hombro, haciéndolo sobresaltar, un gemido no muy masculino escapó de su garganta y estuvo a punto de gritar, viendo a tiempo que se trataba de Bobby, mirándolo con su habitual ceño fruncido, aunque esta vez parecía más profundo… definitivamente aquello no era parte del plan.
- ¿Ustedes, muchachos, qué demonios creen que están haciendo? – preguntó Bobby, esforzándose por hablar en voz baja.
- Sabemos dónde tienen a Dean – explicó Castiel – no podíamos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que sacarlo de allí.
- Maldición, ustedes par de idiotas no traen más que problemas, jamás debí dejar que vinieran con nosotros.
Castiel no tenía argumentos para contradecirlo, sabía que de cierta manera Bobby tenía razón – pero ahora estamos aquí y no vamos a rendirnos hasta encontrar a Dean.
- Lo sé, por eso vendrás conmigo, no estarás seguro si te dejo por tu cuenta.
- ¿Qué hay de Sam? ¿está en problemas?
- John se encargará de sacarlo de allí, ahora sígueme y cierra la boca.
Castiel asintió y obedeció, confiaba en que John sería capaz de sacar a Sam del lio en el que se había metido.
El pasillo era demasiado profundo, tenía decenas de puertas que llevaban a habitaciones oscuras y vacías, y al final, habían grandes jaulas que hacían parecer el lugar como una perrera, podría ser una prisión, pero las celdas eran algo pequeñas para ello.
La luz era escasa, anaranjada y el lugar olía a polvo y humedad, lo cual hacía hervir la sangre de Castiel al pensar que Dean había pasado tanto tiempo encerrado en alguna de esas jaulas, quizás siendo torturado o siendo sometido a quién sabe qué clase de injusticias.
De pronto a lo lejos se escuchó un ruido como el de una celda al cerrarse y ambos hombres sintieron congelarse. Bobby tiró del brazo de Castiel y lo ocultó dentro de una de las habitaciones vacías, justo detrás de la puerta.
- Quédate aquí y no te muevas – le ordenó en voz muy baja, susurrando casi a su oído – voy a comprobar que esté solo, grita si algo malo sucede y no salgas a menos que te lo ordene ¿entendido?
Castiel asintió, agitando la cabeza demasiado rápido, producto del temor que sentía, incluso podía sentir un tronco de hielo formándose en lo profundo de su estómago una vez que Bobby desapareció. Procuró no respirar demasiado fuerte y su mano empuñó con fuerza el machete oculto debajo de su gabardina.
Dejó de escuchar cualquier sonido por largos minutos, ni siquiera podía escuchar los pasos de Bobby sobre el piso de cemento y el silencio lo angustiaba aún más, hasta que a lo lejos comenzó a escuchar el ruido de una segunda batalla que se celebraba en el coliseo, no quería imaginar lo que sucedería con los pobres licántropos que serían obligados a pelear a muerte, Dean había tenido suerte de sobrevivir dos veces hasta ahora, pero muchas criaturas inocentes no habían contado con la misma suerte. Se regocijó en el hecho de haber encontrado a Dean a tiempo, ya que dudaba que pudiese sobrevivir a una tercera batalla, pues sabía que Dean no era el más fuerte de su especie y sus heridas le impedirían defenderse correctamente, además, simplemente Dean no estaba acostumbrado a luchar…. Sólo esperaba que todo saliera bien ahora.
De pronto Bobby regresó, escondiéndose a toda prisa detrás de la puerta, justo delante de Castiel, y el más joven estuvo a punto de gritar de nuevo, avergonzado del hecho de ser un gran cobarde, porque estaba aterrado de que las cosas salieran mal, porque sabía que estaban arriesgando sus vidas allí y que aún habían posibilidades de perder a Dean. Bobby le indicó con un gesto que guardara silencio y quitó el seguro de su arma mientras miraba hacia el pasillo. Castiel no lo cuestionó, sabía que debía ser silencioso y confiaba en que Bobby sabía lo que hacía, aunque eso no quería decir que no le aterraba lo que estuviese a punto de suceder.
Entonces, una figura oscura y borrosa emergió del pasillo y pasó justo en frente de su puerta, caminando de manera despreocupada, sin la más mínima idea de que había alguien ocultándose allí, apuntando con su arma y Bobby en lugar de continuar oculto, saltó fuera de su escondite de manera ruidosa y justo antes de que el hombre pudiese darse la vuelta, lo golpeó en la cabeza con su revólver, haciendo que cayera inmóvil al suelo. Castiel pudo ver que se trataba de Jordan y una punzada de odio lastimó su pecho, nunca antes había sentido algo tan oscuro hacia un ser humano.
- ¿Está muerto? – preguntó Castiel.
- No, sólo está inconsciente, nos dará tiempo suficiente para recuperar a Dean antes de que despierte… al menos eso espero.
- Mátalo – le pidió Castiel, su voz temblaba pero su expresión era seria.
- ¿Qué? No estás hablando en serio.
- Jamás podría bromear con algo semejante.
- Escucha, no sé qué te haya dicho Dean acerca de nosotros, pero somos cazadores, no asesinos, no matamos humanos, por más tontos y despreciables que sean.
Castiel bajó la mirada avergonzado mientras sus ojos azules se humedecían – lo sé, tampoco yo y siento mucho pedirle que haga algo tan horrible, pero ya ha visto cómo Jordan puede obsesionarse con los licántropos y tengo miedo de que vuelva a encontrar a Dean. Si lo dejamos vivir, el volverá a buscarlo, o a mí, o a ustedes, y es muy probable que vuelva a causar daño… no quiero que Dean vuelva a pasar por algo así de nuevo.
- Lo entiendo, entiendo tu preocupación… pero…
- ¿Nunca antes ha matado?
Bobby miró al suelo con la mirada perdida durante algunos segundos, recordando a su antigua esposa y la cruel manera en que la había perdido – he tenido que hacerlo y déjame decirte que no fue nada agradable.
- Entonces entrégueme el arma, voy a hacerlo yo mismo.
- Espera, espera, muchacho, no estás pensado con claridad.
- ¡Soy el único que piensa con claridad ahora mismo! – gritó, sintiéndose avergonzado al ver el ceño fruncido con que el mayor le respondía – lo siento… pero no pienso dejar que Jordan se acerque a Dean de nuevo o a cualquiera de ustedes, tampoco soy un asesino y me aterra la idea de matar, pero es lo que tenemos que hacer por la seguridad de Dean.
- ¿Estás seguro de que no lo haces por venganza?
Castiel guardó silencio, considerando la pregunta durante largos segundos, como si no hubiese pensado antes en ello. Suspiró y al final respondió dejando caer los hombros tensos y rígidos - Sería un mentiroso si dijera que no, Jordan me ha causado demasiado daño para contarlo, pero creo que hay algo de razón en mis palabras ¿no lo crees?
- Lo creo, amo a Dean como si fuera mi hijo y si es por él mataré a quien quiera que se atreva a hacerle daño… pero, debes saber que no es tan fácil quitar una vida humana, eso te perseguirá por el resto de tu vida ¿estás seguro de que quieres hacerlo?
- No, pero no hay tiempo para discutir, tenemos que avanzar y tenemos que sacar a Dean de aquí.
Bobby sonrió y sacudió la cabeza – la paciencia no es tu mejor virtud ¿verdad?... pero tienes razón, no hay tiempo que perder.
La mano de Bobby tembló ligeramente al sostener el arma y Castiel pensó que iba a entregársela, pero no lo hizo, en su lugar apuntó a la frente de Jordan. En ese instante se percataron de que el hombre tenía los ojos abiertos, con una expresión adolorida, pero no mostraba aún lucidez.
- ¿Qué…? – intentó preguntar, llevándose las manos a la cabeza, confundido y lastimado.
Castiel se inclinó a su lado para ver su rostro de cerca – esto es por lo que le hiciste a Dean y por lo que me hiciste pasar… y pensar que alguna vez estuve enamorado de ti.
El hombre levantó la mirada y sus ojos se llenaron de terror al ver el arma apuntando directamente a su cabeza - ¿Qué? No Castiel ¡espera! – gritó Jordan mostrando el miedo y la desesperación en su mirada, pero Bobby disparó antes de que pudiese convencer a Castiel de lo contrario, con engaños y mentiras que sólo diría un hombre desesperado.
El cuerpo de Jordan cayó sin vida al suelo, la sangre brotando de su cabeza, mientras sus ojos permanecían en blanco. Castiel se apartó de un salto, mirando al cuerpo con ojos aterrorizados, nunca antes había visto un cadáver, su vida siempre había sido aburrida pero segura, lo peor a lo que se había enfrentado había sido a los insultos y a las burlas de sus compañeros de clase a causa de su orientación sexual, tal vez lo habían golpeado en una o dos ocasiones, pero nada demasiado grave. Sin embargo lo que estaba viviendo ahora era aterrador y tenía la certeza de que tal como había mencionado Bobby, cambiaría su vida para siempre.
Estaba a punto de hiperventilar, no se había dado cuenta de ello hasta que Bobby posó su mano firme sobre su hombro. El rostro del mayor estaba pálido, pero en calma, incluso se las arregló para ofrecerle a Castiel una sonrisa reconfortante, la cual apreció.
- Está bien, chico, yo lo hice, fue mi decisión, esto no tiene por qué atormentarte. Puedes estar tranquilo porque nunca más volverá a molestarnos. Ahora hay que ir por Dean, nos necesita.
Castiel asintió, tragando las náuseas e ignorando la presión en su cabeza síntoma del remordimiento.
Bobby se inclinó junto al cuerpo y del bolsillo de Jordan extrajo un llavero con una sola llave, tomó las armas que guardaba en sus pantalones y se alejó. Castiel corrió tras Bobby hacia el final de pasillo, hacia donde Dean debería estar esperándo.
- ¡Espera! – gritó Castiel deteniéndolos a ambos - ¡Las cámaras!
Habían cámaras de seguridad instaladas en el techo, mirando hacia ellos de manera amenazante y Castiel temía que en cualquier momento una multitud de cazadores llegara para acribillarlos.
- Está bien, John se está encargando de ello – Bobby lo tranquilizó, por supuesto, como buenos cazadores, ya habían pensado en ello.
Castiel asintió con alivio y ambos avanzaron hacia el final del pasillo, el cual se hacía más largo de lo que parecía en realidad, debido a la ansiedad que sentía de ver a Dean de nuevo, tenerlo entre sus brazos y jamás dejarlo ir.
Muchas gracias a LexiHolmes21 y a DCFE por comentar *un abrazo*
